"¿Más niñitos, Rose?", se rió Lissa, al pasar el susto, "¿qué crees que somos, guardería?, ¡Y los primeros sobrevivientes!; que ya están mejor, en todo caso. Alberta los acomodó en una habitación grande, para que estén cómodos, claro. Los niños.. irán a la guardería" se apenó, "como los animalitos".
"Y si... les pedimos a los guardianes y a todos los adultos -morois incluídos- que... ejerzan de madres y padres adoptivos?, uno por cada uno. Pero todos colaborando, claro. Tal vez, quizás, algún día, realmente quieran adoptarlos, ¿sí?, sólo necesitan amor y alguien que los quiera por lo que son".
"Eso suena precioso, pero me preocupa la comida. No sólo por ellos, por todos, me temo... ¿cómo les fue en la casa del molino?".
"Encontramos un poco, sí. Aunque no lo creas; no es un tipo previsor, el tal Vik. Pero nos faltan unas dos ó tres visitas. Después hay que marcarla, para vaciado. Lástima lo de los prados. Podríamos cultivar, pero es demasiado lejos. Tendremos que extendernos más allá del asentamiento... Poner un área de seguridad, por cada paño cultivado... y necesitamos volver al poblado. Aún nos queda la mitad... y quiero que empiecen a vaciar de lo grande, pero también me preocupa la falta de combustible".
"Lo sé. Por lo mismo, debemos ampliar el rango de búsqueda. Los autos abandonados y todo eso. Es metal, ¿cierto?, ¡y lo necesitamos tanto!, ¿sabes?, algunos muchachos del taller de mecánica, postulan que una estaca de acero de damasco, con una o dos pulgadas de plata, funcionaría perfecto. La idea es hacerla más... afilada y larga. Pero más liviana. Necesitamos mucho metal y muchísima plata..."
"Tú y Sonja... ¿podrían probar si el oro puede ser... encantado?, tal vez, crear cuchillos mata zombies, o algo así. Sino, úsenlo para tapar hoyos o lo que sea. No sirve para intercambiar... por ahora... pero más adelante, puede llegar a valer su precio... en muchas cosas, incluso comida".
"¿Los han visto?, ¿a los carroñeros?".
"A la distancia, sí. Armados hasta los dientes. Matan zombies por doquier. Roban y matan a quienes se cruzan en sus caminos..."
"¿Traerán más zombies, como combustible?, hay que ir limpiando de ellos. A todo esto... el área de informática, logró hackear a los alquimistas... han descubierto muchísimas cosas útiles.."
"¿Están... vivos?"
"No hay señales. No han accedido a los servidores en ... bastante tiempo. Y sip, son muchos. Pero no saben pelear, y sus fórmulas no matan zombies. Así lo registran. Tampoco strigois, de los que caminan. Solo cuerpos inertes. Y los necesitamos de combustible, me temo. Todo ha de ser combustionado, Rose. Ya no podemos esperar más. Es tiempo de cosecharlos".
"¿Las chimeneas funcionan bien?, si una brizna de aire se filtra... tendremos a toda Montana sobre nosotros. Y no será bueno".
"También hace falta metal para mantenerlas, ¿cierto?, un autito o dos, desarmados, nos dará armas y materiales... Por ahora".
"Los traeremos, pero prueba con el oro, mezclado o puro. Si la plata mata al strigoi..."
"¿El oro puede matar al zombie?, puede servir. Lo intentaremos... todo".
Volvieron al poblado, a revisar las casas y conseguir... combustible zombie.
Sip, eso (¡Y eran bastante más combustibles que los simples restos humanos!).
Esta vez, debían descabezarlos y llevarlos a los hornos crematorios.
Sonaba brutal.
Sobre todo para Rose, que veía las almas descarnadas y flotando a pedazos por el lugar.
"Ya, Rose, convoca a las almas y que se suelten, así podremos... despacharlos rápido", dijo Alberta, ubicándola en una casa segura, rodeada de dos novicios... y en un cuarto sin ventanas.
"Recuerden, no los confronten. Ellos siempre son más... Y más... si pudiéramos generar polos antizombies..."
"Y cosechar a la luna, que es de queso... ¿que..?", se detuvo, al verla paralizada.
"Una imagen, es todo".
"Dónde, qué..."
"Las cuevas... Un ataque strigoi en St. Vlad... rompieron las barreras, que destrozaron un grupo de imbéciles moroi... Pero fuimos a rescatar a los secuestrados... Dimitri... cayó"; lo miró, "dos días después, cuando fueron por los muertos.. . él no estaba. Mi madre estaba en St. Vlad, por lo del rescate... yo... viajaba a Rusia, para... ayudarlo a liberarse, pero peleamos y caíste a un río, algo como Nova... Novik. Algo. Te dí por muerto. Pero no lo estabas... y casi mataste a Lissa... y entonces..."
"¿Rose?, qué más pasó, dinos", instó Alberta.
"Lissa... y tú, Cris... habían sido secuestrados, pues Dimitri...", lo miró, "me quería muerta... Pero... algo extraño pasó. Lissa... tomó algo que aprendió -ayudándome- y lo hizo real... Te trajo de entre ellos. De entre los strigois. Con su magia, en una estaca".
"Rose... eso... "
"No ocurrirá. Lo sé. Yo... ambas teníamos 18 años. Pero ese secreto... una mujer de algún lugar llamado como Baya, en Siberia; me lo dijo. No así, pero dijo haberlo oído de quién lo hizo... Y mencionó a Robert. Él lo sabía. Y lo explicó".
"¿Robert... Dashkov?", dudó Dimitri, masticando la historia.
"Darú. Su apellido es Darú".
"Esa mujer de Siberia... debe ser Oksana. Si es así, hablas de Baia, donde yo nací y crecí... mi abuela decía que ella... Oksana era... una moroi diferente, por no tener un elemento", susurró Dimitri. "Están en St. Basil, ¿cierto?".
"Es fácil corroborarlo. Yo hablaré con Janie. La próxima vez que logremos conectarnos, claro".
"¿Robert te lo dijo?, ¿a cambio de qué?, ¿en qué circunstancia?"
"Secuestró a Lissa... lo enjuiciaron... Robert exigió que lo soltara. Lo hice... y también lo maté, después, pero accidentalmente.. Estaba Sonja con nosotros. Y me dijo... que vigilara que Robert no quisiera traerlo como su SK. A Víktor. Supongo que Robert murió... lo... abandonamos, después... de... ", se detuvo, nerviosa.
"¿Qué fue ahora?". La intentó calmar Dimitri.
"Una loca moroi, de pelo negro; mató a Tatiana y plantó una estaca mía. Dimitri, por instrucciones de Lissa, me... secuestró de Pensilvania... ¡Oh, por todos los Dioses!", casi cayó al suelo, del shock del recuerdo, "Alberta, ¿quién es una tal Jill, algo?".
"¿Jill Mastrano, de la intermedia?, es una jovencita dhampir, muy activa y feliz... ¿por...?"
"¿No es moroi?"
"No. Dhampir. Su madre era prima de Sonja, creo".
"Si es la misma... Esa Jill... es hija de Eric Dragomir", susurró, "es o era, el quórum de Lissa".
"¿Y, por qué llegaste a eso?, ¿que viste exactamente?", dudó Dimitri, interesado.
"El alma de Tatiana -estaba muerta, ¿recuerdan?- "les recordó al ver sus caras, "me insistió en un papel, que alguien me entregó. Ahí mencionaban que Lissa tenía quórum. Tatiana la quería en el Consejo...y yo la quería... como Reina".
"¿Reina Vasilissa?, vaya vaya. Pero Lissa te dejó el trabajo a tí. Tal vez, por eso te mostraron lo que no fue, ¿cierto?". Dijo Alberta, calmándola.
"Lo que no fue", miró a Dimitri, con una lágrima recorriendo su mejilla, "tal vez...", y se volvió a Alberta, a quién le susurró. "Me dijo... que el amor se desvanece... el suyo lo hizo por mí... lo hizo. Después que recorrí el mundo por él".
"¿Lo amas, Rose?", le susurró, el corazón apretado... y feliz por ella.
Rose sólo asintió.
"Creo... que sí", reconoció en un susurro.
"¿Entonces?, ¿por qué no tantearlo?". Murmuró.
"Porque recibí un balazo por él... la loca moroi de pelo negro me disparó... para quedarse con él", finalizó. "Y yo morí, al fin".
"¿Fue muy grave lo que pasó, que está llorando, allá adentro?", susurró Dimitri a Alberta, mientras entraban en la primera casa.
"¿La verdad larga, o la versión corta?. La corta, por ahora. Le dispararon a matar... por tu causa. La misma que mató a Tatiana".
"¿Moroi, pelo negro... y algo loca?, ¿Tasha Ozera hizo eso?, ¡uff!", se rascó la cabeza, "salí con ella, sí. Intentó envolverme en un conjuro de lujuria... ¿pero matar por mí?, espera... ¿Rose y yo... éramos algo, en esa versión de los eventos?".
"Tú dimelo".
"Es tan poderosa como hermosa. Tan hermosa que me duele mirarla.. Antaño, si me hubiera permitido amarla, no habría podido defender a Lissa, porque lo habría hecho por Rose".
"Entonces, si en esta vida la amas, ¡protege a Rose!, por favor, Dimitri. No dejes que le hagan daño. Lissa está más segura que la misma Rose. Ya su edad es irrelevante. Ese mundo ya no existe. Quédate con ella, si la amas. Ya murió por tí, en otra realidad. Que eso no ocurra acá, por favor".
"No pasará. Me arrojaré frente a ella, si es necesario, pero no van a tocarla".
"Ella no ha de querer eso. Que te arrojes frente a ella, para defenderla y morir. ¡Oh, no!, ella... te quiere como su igual. Dos mitades de un todo... como tiene que ser", suspiró, envuelta en sus recuerdos.
"¿Quién fue, Alberta?, ¿Antuco u otro novicio?, de esa historia que nos rompió el corazón".
"Monty Antuco, es verdad...", reconoció.
"¿Y nunca más...?".
"Yo no me permití amar, nunca más. No lo hagas tú. No cometas ese error. Pero cuídate de la loca moroi de pelo negro, aunque no esté viva... debe andar buscándote".
