En ese nuevo día de forrajeo, debían terminar de limpiar la primera capa de todas las casas del poblado.

Todas.

Incluída la de los strigois, que -efectivamente-, ya eran zombies a esa altura.

Los arqueros -usuarios de fuego, en su mayoría- se habían parapetado sobre los techos.

Eran el apoyo y soporte de los dhampirs, que llevaban a cabo las peleas, y debían ser rápidos para defender a sus grupos de ataque.

Otro grupo -que estaba oculto- iba descabezando a los zombies caídos, apilándolos, y subiendolos a carretillas para llevarlos al remolque, pues ya eran leña.

¡Y harta falta que les hacía en los hornos!


Al comenzar el atardecer, todas las casas estaban... indexadas.

De cada una tenían un listado de lo que quedaba y era difícil de mover, o desmontar.

Más animalitos -en distinto estado, pero todos vivos- algunos sobrevivientes sanos... y muchos ya... destinados a morir, muy pronto.

El parásito ya se los comía.

Nada que hicieran por ellos evitaría su triste y negro destino.

Asi que ellos fueron dormidos, y dejados -juntos- en una sola casa.

Cerrada y marcada, como en tiempos de la peste negra.

La próxima vez que pasaran por el poblado, ellos recorrerían el camino a la liberación por el fuego.

No eran verdugos -para acelerar sus muertes- así que optaron por dormirlos, para que no sufrieran el doloroso proceso de volverse zombies, estando conscientes.

Dejaba una huella de miedo y dolor en el alma, que alimentaba al parásito y por toda la eternidad.


"Ya sólo quedan los muebles", dijo Stan, secándose el sudor"; "hay mucha madera y metal entre las cosas que quedaron. Tendremos para unos cuantos días... algunas aún tienen agua corriente, que suertudos".

"¿Podemos hacer un pozo en esas casas, o algo así?", se interesó Mía, que iba con ellos, "los de agua y tierra, podríamos intentarlo. Si una o dos aún funcionaban, tendríamos suficiente agua para varias semanas... ¿hay algún riachuelo o algo así, por acá?".

"Los de tierra podríamos crearlo", dijo otro, ufano de ese los de tierra, "con un mapa, podríamos diseñarlo y lograr que el agua fluya y pase por fuera de St. Vlad. Así, a nadie le causaría... demasiada sospecha... Y lo mejor, ¡nadie pagará esa cuenta!", e hizo high five con Mía.

"Véanlo con los profesores, y volveremos con ustedes y con todo lo necesario. Por ahora, déjenlas con unas goteras, para que no se cierren", dijo Dimitri, "Tenemos que volver por la madera... y pronto. Y ver cómo... proteger el área. Si está libre, nos puede servir de refugio... si ya no podemos defender a St. Vlad...".

"Túneles", susurró el muchachito, tocando las paredes, "no sé si el material resista, pero, si intentamos unir los sótanos, y hacerles una salida al campo... quizás se podría...".


Camino a casa, uno de los bebés se apegó a Alberta y ella lo acunó, instintivamente.

Era un encantador niñito de piel color caramelo y pelo negro y crespo, con unos hermosos ojos y larguísimas pestañas.

"¡Mami!", le dijo, y se acurrucó a su lado, calmándose.

El corazón de Alberta comenzó a llorar de pena y amor.

"Adóptalo", le susurró Dimitri, que iba en el vehículo, conduciendo, "todos los niños necesitan amor, y ya hay demasiados huérfanos. Y muy pocos adultos entre nosotros... Te adoptó, no lo rechaces".

"Pero yo... Dimitri, no sé cómo ser una madre":

"Janine Hathaway tampoco", le recordó, "criaste a Rose, ¿lo recuerdas?, es la prueba de fuego, Mírala. Es fuerte e independiente. Si quieres... Hablamos con el Padre A., para que haga un bautizo grupal... ¿tú crees que alguien va a preguntar por papeles, Alberta?, ahora, eso no importa ya. Para nada".


Demoraron toda una semana; entre vaciar las casas de muebles y otros artefactos - movibles, siempre, no eran compañía de mudanza (uno de eso camiones sí que serviría)- y resto de cosas útiles y crear un rudimentario sistema de agua, para atraer el agua aún fluyente de algunas las casas.

El apenas visible riachuelo -hecho sobre una cama de piedras- llegaba a otro más grande, y pasaba cerca -pero no en la puerta misma- de St. Vlad, en dónde habían hecho un pozo, para ir echando el agua del riachuelo.

Tenía un ingenioso sistema de rebalse interno -como un lavamanos- por el que St. Vlad tiraba del agua, a través de los muy arcaicos -y utilísimos- tornillos de Eurípides.

Rudimentario, ¿sí?, pero muy útil.

La magia de tierra y agua había sido fundamental.

Un poco de magia por aquí y por allá, y el agua se seguía moviendo, hasta llegar al pozo y de allí a los tornillos, movidos con la magia de tierra.

Además, el rebalse tenía un buen tamaño... como para usarlo como zona de escape.

Muy útil, realmente.


La purificación del agua que llegaba y de la que se usaba, fue fuente de nuevos problemas.

No podían darse el lujo de enfermarse de tifus, por beber el agua contaminada.

Así que debieron desviar ambos sistemas hacia gigantescas ollas -hechas con los metales de automóviles y electrodomésticos que encontraron cerca- en dónde filtraban y hervían las aguas, para reciclarlas.

Obviamente, el lavado de ropa y de ellos mismos quedaba restringido a lo mínimo -para no intoxicarse con el olor a... capas de suciedad y mugre acumuladas por días, semanas o meses- y esa agua era duramente saneada. Hasta que quedaba totalmente libre de... todo.


La basura también era otro tema importante de no olvidar.

Muchas pestes y enfermedades se propagaron por la basura acumulada, y ese tema debía ser acuciosamente atacado.

Se iba -diariamente- a los hornos.

Nada debía quedar al azar, si querían sobrevivir.


"El invierno está en la puerta", comenzó Dimitri, seriamente, "no podremos salir, o deberemos hacerlo muy cerca de nosotros. Con nieve y más oscuridad, todas las actividades deberán localizarse adentro... ¿empezaron los invernaderos?", preguntó.

Varios asintieron, entre nervioso y preocupados.

"El mall de Missoula no es opción", dijo Alberta, harta de oír la sugerencia en los pasillos, "Eso debe ser un antro", y Kirova asintió, vehementemente.

"Demasiada distancia, demasiado tiempo", masculló Alto, mirando un mapa. "Pero, necesitamos de todo, en realidad. Pero deberíamos ser el triple de nosotros, para tan solo llegar a la esquina":

Uno de los nuevos... dhampirs -uno de los sobrevivientes, claro- parecía cavilar. Y mucho.

De pronto, sonrió.

"Hay -o había- un ñato. Un prepper. Puede -o no- estar vivo, claro. Era un total anacoreta, de esos que compran a reparadores de tecnología antigua, todas sus máquinas y herramientas. Pero era un buen tipo. Convidaba cosas, intercambiaba, en realidad. A mí me ayudó a montones, los pocos días que me ayudó, antes de patearme ajuera, claro. Es totalmente paranoico. Si tenemos demasiado cuidado... yo los llevo", se encogió de hombros. "Sólo un automóvil, me temo. O se asustará. Dos más, pueden ir de escoltas y ocultarse. La situación no es... como para andar lalalai por allá ajuera, pueh'"

"Yo voy. Me necesitan, igualmente", dijo Rose. "Y quiero a Alberta. Dos mujeres solas e indefensas... podemos -y sabemos- dar pena, ¿sí?. Nos llevamos a Mía, que se ve debilucha".

"Yo voy en el segundo vehículo", Dijo Dimitri, "con Joe y Cristian, además de Mason".

"Y yo", dijo Alto, "me llevo a... sip", hizo sonar la P, "Lawrence y Abby".

"Necesitan algo para comunicarnos entre sí", dijo Joe, "¿qué tenemos?, vasitos y cuerdas es tierno, pero... ¡larga distancia, chiquillada!", y se frotó las manos.

"¿De dónde dijiste que venías?", dudó Kirova, algo molesta por sus ininteligibles dichos y su acento, como de dialecto.

"¡Chiguayante, pueh'!", exclamó, más campechano que nunca.

"Claro", masculló Kirova, preguntándose en qué remoto y olvidado pueblito, de algún estado limítrofe, estaría esa... ¿Yante?, o algo. Era Inuk, probablemente, decidió.

Claro. De Alaska, y pegada al Ártico mismo, evidentemente.

Muy pegado.


Jajá!, obvio que a Kirova, mi compatriota le sonaría algo -¡o mucho!- como dialecto.

Chiguayante está muy al sur de Chile, y muchos hablan así en este país, por diversión o hábitos


Le dejo una tarea, para pensar ¿cómo comenzó la pandemia zombie?

si recuerdan en la 1ra parte, se menciona un grupo medio -o totalmente- bio anarca, que fueon los responsables del apagón, que sacó a Lissa y A Rose de la ciudad.

Ok. Pero... y?, de eso a zombies comiéndose a los strigois...

Nos vemos la proxima semana.

¡Los leo!