"Alerta, Rose; carroñeros", Lissa recibió el mensaje del tec del dron de vigilancia, y ella avisó a Fluffy, que se lo transmitió a Rose.
"Carroñeros", dijo, por intercomunicador, y todos los automóviles se pusieron en formación. Tomaron las armas y esperaron.
Los morois se parapetaron tras las ventanas, con sus magias listas.
Ahora verían si la magia detenía una bala.
"¡Alto allí, forasteros!", gritó una voz ronca y desagradable. "Los hemos estado vigilando, ¡van y vienen, van y vienen!, ¿a dónde van?, van a compartir o los llenaremos de balas".
"Inténtalo", Rose amplificó su voz, "crecí acá, imbécil. Conozco la zona como si hubiera nacido acá... Y sip, sabemos de ustedes. Van saqueando y matando, de acá para allá, y arrasan como las plagas de Egipto. Dejan sólo la muerte a su paso. ¡Sé quienes son!".
"Vamos a tener que pasarlos por plomo, entonces", gritó la voz.
Y sonaron los click de las armas.
Los guardianes prepararon las suyas.
"Ok, muchachos, bloqueen las de ellos con viento. Que se enlentezcan lo más posible. Debemos ser rápidos. Si los matamos, se volverán zombis a la primera. Y quiero esos autos enteritos. Se ven... nuevos y sanos. Sin demasiados agujeros. O abolladuras... porque saben que sí habrá muertes y será feo, ¿cierto?".
"Matar o morir", dijo un moroi, frotando una mano contra la otra, "esa casa es nuestra. No podemos dejar que la encuentren... o la saqueen. Y el asentamiento es nuestro. Y lo defenderemos a dientes y uñas... Nuestro St. Vlad es querido y lo vamos a defender. Aunque nos cueste la vida, no lo podemos perder".
El nuevo lema de St. Vlad.
El lema de la igualdad.
El lema del asentamiento de St. Vlad de Montana.
Primera ronda de balas de los carroñeros.
Los mejores tiradores de entre los guardianes respondieron, y los moroi frenaron las balas enemigas, mientras otros empujaban las de su gente.
Se oyeron gritos. Y caídas.
Ya habían muertos.
"Diez...", comenzó a contar Rose, llevando la cuenta, "nueve...", al uno, sabían que -posiblemente-, los muertos serían los nuevos zombies.
Y lo peor, el ruido atraería a más zombis.
"Segunda ronda", susurró Alberta, "prepárense. Deberemos volver a St Vlad, apenas terminemos acá. Rose, avisa a Lissa. Que nadie más salga, por ahora. Podemos manejarlo, por ahora".
"Necesito un arma. Es mi momento, no me lo impidas".
"Apunta, tira del gatillo con fuerza, recarga", dijo Dimitri, mostrándole cómo. "No son automáticas, tienen 5 tiros. Procura usarlas en diferentes blancos móviles. NO son eternas, Roza", y le acarició el rostro, en un gesto instintivo de gran intimidad.
El primero que se permitía demostrarle.
Y todos sonrieron. Incluso Lissa, que lo pudo percibir a través de Fluffy.
Tres rondas más tarde, el grupo de Rose estaba intacto... y todos los demás, eran zombies.
"Revisen los autos, decapítenlos, súbanlos a alguna parte y tomen los autos. Debemos volver a St. Vlad a todo escape", dijo Alberta, "Seguro, están vigilando, o esperándolos, y saldrán al camino por ellos. Debemos estar lo más cerca de nuestro asentamiento, para evitar que nos descubran... Mientras más tarde, mejor".
"Habían libros de magia en alguna parte, ¿cierto?", se recordó Rose, de pronto, "los tiene, ¿quién?".
"Nadie. Iban a..."
"Si están enteros, pásenselos a Sonja. Quiero que intenten... replicar el hechizo de Hogwarts. Quiero que sea invisible a los profanos. O se perciban sólo zombies en el camino. Un espejismo. Hologramas... Las almas en pena no siempre se ven, y no siempre andan en paz, y las usaré, de ser necesario".
Alberta sabía que no podía discutir con la lógica de Rose, así que se guardó la opinión.
Si Rose lo creía, podría ser cierto. O tal vez no.
Y si eso pasaba, Rose se encogía de hombros, decía que no había funcionado, y seguía adelante.
Llegaron una hora después, y cerraron St Vlad a cal y canto.
Pusieron un toque de queda provisorio, y todos se refugiaron adentro.
Era necesario.
La seguridad era lo primero, claro.
Los drones y las cámaras ocultas, vigilaban los 4 costados, el camino y la casa que estaban limpiando.
Y la noche cerrada llegó.
En la mañana, Rose saltó de la cama (compartía el cuarto con Lissa, que seguía durmiendo).
En el suelo -entre cojines y mantas- Fluffy levantó la cabeza y las orejas se levantaron, en espera de instrucciones.
"Lissa", dijo, sin palabras, y Fluffy trepó a la cama, enroscándose en torno a Lissa, que lo rodeó con sus brazos en su sueño, y siguió durmiendo.
Salió en pijamas hacia el pasillo, y caminó hasta la recepción.
Alberta y Dimitri llegaban, totalmente vestidos.
Y Rose se sentía -extrañamente- desnuda (ante él, claro).
El pijama marcaba todo su cuerpo -de arriba a abajo- y quiso devolverse a vestirse, pero no lo hizo.
"Unos pocos zombies, y los carroñeros si salieron a buscar a los otros, pero no encontraron nada, afortunadamente; ya que deshabilitamos los gps satelitales de los autos. Igualmente, rastrillan el camino en dónde fue la escaramuza. No podemos salir en días, y, probablemente, con mucho sigilo. Pero no han hallado la casa, afortunadamente".
"Entonces, trabajaremos acá. Tenemos mucho que organizar. Cada área debe tener inventariado todo lo que les corresponde, y que repartan las pocas mantas que llegaron, para que tengan en sus habitaciones. Hay que ver cómo caldear estos iglú, porque se congelarán sin calderas. Que se disponga de comida muy caliente en las mañanas y en las noches... Tal vez... ¿cómo están agrupados?".
"Algunos de a dos y unos pocos, de a tres, creo", susurró Alberta.
"Permitan a las parejas dormir juntas", la miraron como si estuviera loca. "¿Qué?, los dhampirs no podemos... y a las chicas moroi, están vacunadas o con chip o como se llame. Así ahorraremos espacio a caldear, pero se darán calor mutuamente. Pueden llevarse a un gatito o perrito de guatero con uñas. Necesitaremos ese espacio, Bertie. Obviamente, no estoy hablando de parejitas de 14 ó 15 años, que saltan de uno a otro ¡aún ahora!. Hablo de los mayores. Todos necesitamos ese calor humano, como se lo das a tu propio bebé. Y esa casa debe quedar lista... quizás, en verano, podamos convertirla en otro asentamiento aprovechable, si encontramos la forma":
Alberta notó la inflamada mirada de Dimitri a Rose, y sonrió para sus adentros.
Sip, Rose enseñaba todo su cuerpo, estando totalmente cubierta; y él era, claramente, un hombre al que Rose tenía loco..
Con la que quería compartir su cuarto, y su cama... Y su corazón.
Demoraron mucho más de lo esperaban en vaciar la casa, pues los carroñeros patrullaban el área con mayor atención.
Ya no podían hacerlo como caravanas.
Salían unos 5 automóviles al alba, cruzaban justo antes de que ellos pasaran por el camino, y el siguiente grupo -también de unos 5 vehículos- esperaba la señal, y se cruzaba con el que venía de vuelta, camino a la casa.
Eso ralentizaba el proceso, así que debían maximizar el proceso.
Y recolectaban algunos zombis, como leña, además; que cargaban en los techos de los automóviles.
Pero, al final, el último vehículo llegó de vuelta, cargado con lo último que podían trasladar.
Y habían soltado a un puñado de zombis... como si fueran guardianes de la casa, jeje.
Así, nadie se atrevería a explorar una casona llena de zombis.
Afuera, ya caían los primeros copos de nieve, y St. Vlad se preparó para pasar el invierno.
Las salidas serían breves y puntuales.
Necesitaban traer ya las cosas grandes -antes de que el invierno los bloqueara del todo-, así que el taller de mecánica cortó un vehículo en dos, y lo convirtió en remolque.
Y al resultar, hizo varios modelos (¡cómo se divertían los de fuego y tierra en el proceso!. Y no faltaban los de los otros dos elementos).
Los auto-remolques se dirigieron -primero- a la casa de Art, en donde recogieron todo lo que quedaba.
Y plantaron algunos zombies -de reserva, claro- para que se vieran en las ventanas.
Luego, a la antigua casa de Sonja y Mikahil, en dónde también recogieron todo, y dejaron más de reserva (los caminos debían estar bien despejados, para ir y volver rápido ¿cierto?)
Después, al bendito poblado, que aún les proveía de agua (la casa de Sonja y la de Art estaban demasiado lejos de St Vlad, como para mover el agua, sin ser detectada, lástima. Pero ya se ocuparían de eso).
Y, finalmente, a la casa del molino, en donde todos eran zombies.
Robert y Natalie se habían comido a Viktor y a sus guardianes, y ahora se mordían entre ellos, eternamente encerrados en la casa.
Así que Mikahil los decapitó -no los llevaría pataleando a St Vlad- y los echó al remolque, sin miramientos.
Había que vaciar la casa y pronto.
Fue revisada de arriba a abajo, se recolectó todo -en varios viajes- y, finalmente, se dejó a la reserva (recolectada de los caminos) adentro y en el prado.
Quién pasara por allí, sólo vería a los zombies, que a cada momento se veían más y más ferales y hambrientos.
La última fue el País de las Maravillas, en donde casi todo St Vlad -literal- tuvo acceso a visitar y recolectar.
La doctora y Deidre encontraron equipo médico aún utilizable, y toneladas de alcohol -¡no para beber, lástima!- y algodón.
Sonja y Lissa rescataron muchos libros de diferentes temáticas, como Reiki, Digitopuntura y esas cosas.
Los tec, encontraron toneladas de diagramas y herramientas, y las escamotearon todas.
Y al fondo del sitio, Fluffy encontró una camada de perritos huérfanos, que aullaban lastimeramente.
El criador -el prepper paranoico- al parecer los había usado para alguna cosa, tiempo atrás.
Rose recordó al primer animal -al primer ser vivo- que jamás hirió... y mató,
El gato con el cuello torcido, de los primeros días.
Y se echó a llorar, recogiendo a todos -y a cada uno- de los débiles perritos.
Y fue entonces que Rose se permitió pensar en su madre, y quiso oírla, por fin
¡OH!, hemos llegado al fin de la Primera parte, como ya les anuncié.
La Segunda parte está escrita y la estoy revisando.
Cómo spoiler, reviso las teorías de la creación de los strigois.
Sip, los zombies son mayoría, pero llevan 1000 años batallando a los strigoi. Y pueden ser los culpables, ¿cierto?
