La moroi se movía -presurosa- por la ciudadela.
Había acudido -infructuosamente- al Capitán Croft, para conseguir a otro guardián para su complicado hermano menor.
La asignación ya había cerrado, estaban a mitad de temporada y -simplemente- no podían sacar a alguno -de alguna parte- para asignarlo al pateperro Lord moroi.
Además, el guardián debía estar bien rankeado, porque el mencionado Lord moroi era hermano de una Princesa.
Su hermana -una de las Senior Ladies de la familia Szelsky- había sido electa por los Szelsky -en su plenario- a la muerte del Viejísimo Príncipe.
Y él -su hermanito menor- había pasado a ser -ahora- un Senior Lord, simplemente por remolque.
Una joven guardiana pelirroja la observaba ir y venir, muy interesada.
Sabía quién era. Sabía que buscaba.
Pero no podía, simplemente, abordarla.
Así que para eso usó su mejor carta de presentación.
A los Dragomir.
Ellos -los Dragomir, de ellos hablamos- querían retener a Rose -su ultra independiente y única hijita- cerca de la débil Lady Vasilissa Dragomir -la menor de la familia-, el mayor tiempo posible.
Así que le comentó a Lady Dragomir -madre de Lady Vasilissa- que había visto a la nueva Princesa, y que estaba interesada en una entrevista, para así poder costear -de mejor manera- los gastos de su hija.
Usó su carta de madre angustiada con ella.
Y le habló de los costes de la maternidad para una simple guardiana -como ella, claro-, que no le permitirían enviar a Rose a alguna Academia -¡menos a St. Vladimir!- y eso decidió a la moroi, a hablar con su esposo y con su suegro; que decidieron hacerle una visita -informal, ya no la acostumbrada, de cortesía- a la nueva Princesa y a su hermano.
Si lograban que Janine entrara al servicio Szelsky, Janine les agradecería... enviando a su hija a St. Vladimir.
Y Rose estaría allá con Vasilissa -obviamente- por siempre... jamás.
La Princesa Szelsky fue amable y los oyó con interés.
La historia parecía... diferente a todas.
Ok. Entonces... la menor de los Dragomir -una uni familia, una auténtica rareza entre los royals moroi- era apenas una niñita... ultra tímida.
Sip, la recordaba.
Angustiosamente tímida, diría ella.
Y no iba a una guardería. No se podía adaptar a sus reglas.
Agonizaba de la sola idea de separarse de su madre.
Y tampoco tenía compañeros de juego, de la raza que fuera.
Les tenía mucho miedo.
Pero un buen día... El Príncipe Frederick -el patriarca del Clan Dragomir y padre de Lord Eric- los presentó con una recomendada de Abe (¡y de Abe, además!), una joven guardiana pelirroja, con una hijita apenas mayor que la niñita moroi.
La niñita dhampir era fuerte -dónde la otra era débil-, independiente -dónde la otra era cobardemente miedosa de sí misma- y con una apabullante personalidad, empacada en un muy pequeño -y peligroso- envase.
El Príincipe Frederick se guardó para sí mismo -no obstante- que la niñita dhampir tenía el hermoso rostro de su madre; pero su tonalidad, ojos y cabellos le recordaban -y más que vívidamente- al otro moroi. Abe.
Un hombre muy peligroso, al que era mejor escuchar... y atender.
Cuento corto.
La miedosa niñita moroi se sintió -mágicamente- atraída al brillo de la niñita dhampir.
Todo iba bien allí, pero el problema vendría cuando Lady Vasilissa partiera a la Academia... y la otra, no.
Su madre -guardiana, ya lo dijimos- no ganaba lo suficiente para enviar a su hija a una escuela moroi.
O a alguna igual de decente (o eso decía la angustiada Lady Dragomir).
Así que Lady Dragomir le pidió -¿suplicó, más bien?- que le diera una oportunidad.
Y la Princesa, que no tenía nada que perder, pero mucho que ganar.
Accedió.
Después de todo, aunque no sirviera para su hermano, podía asignarla a otro de sus familiares, y hacer rotar a los guardianes asignados, hasta que alguno llegara a su hermano.
Bueno, ella no.
Su Guardián en Jefe, claro.
"Díganle que venga. Hoy de preferencia. Le avisaré a Art... Si todo sale bien, la pequeña Vasilssa podrá mantener con ella a su amiguita dhampir".
Arthur -uno de los guardianes más renombrados del mundo moroi- estaba listo para evaluar a la joven guardiana, que veía con tan alta recomendación.
Algo... demasiado inusual, para dejarlo pasar.
¿Sería, acaso, hija del viejo Dragomir?.
Una sola mirada, y decidió que no.
Imposible. Nada señalaba a un Dragomir.
Era demasiado... ella.
Demasiado escocesa.
"Regla 1 de 3, Guardiana...", ¿se la habían presentado?, no creía haber oído su nombre.
"Janine Hathaway, Guardián Schoeremberg", y se sacó la chaqueta, enrollándose las mangas de la polera (¿no usaba una blusa reglamentaria?, ¡qué osada!)
"¿Lista?", el experimentado guardián miró críticamente a la diminuta guardiana, buscando sus puntos débiles.
Era pequeña, así que posiblemente era muy liviana -como un pajarito-, llena de energía que no sabía bien cómo dirigir, impetuosa y muy deseosa de mostrar su valía.
Pero Janine Hathaway... no estaba rankeada como BM1 por nada.
La más joven de su generación, entre los hombres.
Porque no había mujeres en ese grupo.
¿Más arriba?, sólo dos.
Alberta Petrova -Capitana en St. Vladimir- y Galina Sarapova -Capitana en St. Basil.
.Era su hora de hacer público todo su esfuerzo.
Físico, mental, y económico.
Los años de sacrificio -para ella y su hijita- al fin servirían para algo.
Ligera como el aire, Janine sorprendió a Arthur, y de la mejor manera.
Gritando como salvaje, corrió hacia él.
La estaca -de práctica- levantada, pero sólo a la altura del estómago.
Él intentó frenar a la impetuosa -¿y despistada?- guardiana, sujetando la estaca.
Janine la soltó en ese segundo, saltó sobre ella -usándola de escalón- e hizo un movimiento de tornillo en el cuello del experimentado guardián, cayendo por su espalda, golpeando sus rodillas y haciéndolo caer.
¡Y con su propia estaca!, ¡sí, la de él!, lo apuñaló ferozmente en el corazón.
La posición -dentro de los guardianes Szelsky- ya era suya.
Pero ella quería el oro.
La segunda mejor posición, la de guardiana del hermano de la Princesa.
"Faltan dos", le dijo, calmando su respiración, "no estoy acá para ser otra simple guardiana. Tengo cosas por pagar".
La Princesa y su hermano, oyeron del mismísimo Arthur que la joven quería la posición, y pelearía por ella.
Contra él mismo -obviamente- otra vez.
Y ellos -y todos- salieron a ver la batalla (campal).
"¿Reales?", sugirió Janine, sopesando las estacas de ejercicio, con un poco de desprecio.
"Atrevida, me gusta eso", dijo Arthur, quitándose la chaqueta y la camisa reglamentaria, y quedando sólo con una camiseta blanca. Como ella. "Pietr, tráenos las de reserva", pidió al guardián que hacía de referee, mientras le entregaba las de prueba a una guardiana que asistía a las prácticas.
Janine lo observaba, la estaca de plata algo suelta en su mano.
Arthur tendría unos 45 años.
Grande, tanto hacia arriba como hacia lo ancho.
Eso lo haría pesado.
Podía ser ágil, pero sus huesos eran pesados.
"Quizás", se dijo Janine, "si intento otro acercamiento... es demasiado grande, como para vencerlo mano a mano... ¡Y quiero ese puesto!. Arthur se hace... demasiado Senior, lástima. Quiero sucederlo, en buena lid". Caviló.
Janine tenía una serie de coreografías y repertorios a su haber.
Había aprendido de guardianes, dobles de riesgos, Maestros en diversas disciplinas y luchadores de lucha libre.
Y había amalgamado una serie de movimientos que le resultaban.
Después de todo, los strigois también tenían brazos, piernas, cuello y... ojos.
Y su tasa de recuperación era... bueno, rápida.
Pero no instantánea.
Y quería hacerlo rápido, sin humillar al respetado guardián.
NO quería dar un espectáculo, realmente.
Tenía una hija a la que ir a buscar.
Además, sólo quería la posición disponible.
Y que nadie se atreviera a disputarla.
"Allá vamos", se dijo, tomando la posición.
"Ella lo quiere hacer picadillo", decía uno a otro, susurrando, "sus ojos son ardientes, pero por detrás, se ve que hay una máquina asesina".
"¿Pobrecitos los strigoi?", susurró otro.
"¡Nah!", dijo el primero.
Un pequeño caramelito de la segunda parte, que puede -o no- explicar alguna cosa.
Estaba escrita para otra historia que alimentó a la recicladora de papel, y que decidí reciclar, -la primera parte- porque me gustó mucho.
¡Ya verán porqué!.
Espero sus comentarios.
¿cómo se originaron los strigois, en realidad?, ¿y los zombies?, ¿qué creen?.
Tengan un excelente fin de semana.
Sandy, cariño, cuidate y siempre arriba el animo.
A todos los que dejan siempre un mensaje en los comentarios, un gran abrazo.
Trei
