Primer ataque.
Arthur levantó la estaca y se fue sobre ella.
Janine giró la suya -con el objetivo de que Arthur intentara frenarla con sus manos- y soltó su sujeción cuándo él lo hizo.
Aprovechó la acción, usando su cuerpo como péndulo, y lo pateó en el estómago, haciéndolo retroceder y botar ambas estacas, de la impresión.
Janine rebotó hacia atrás, y pateó las estacas muy lejos de ellos.
Y entonces sonrió.
¡Oh, esa sonrisa!, le valdría el apelativo de la gata infernal, hellkat o la escocesa infernal, según quién fuera a decirlo.
Su espalda -mojada- mostró -por la camiseta, que actuaba como piel- la fila de molnijas, ¡y a ambos lados!.
"¡Ya sé quién es ella!"; saltó un guardián, uno muy joven, como un nervioso zorrito, "¡HellKat!", aplaudió, feliz de conocer a su heroína.
"¿Y, de dónde sabes que es ella?", dudó otra, mayor.
"Comics", se encogió de hombros, "circulaban en el cole... ¡Estaba Arthur y todo!".
"Claro. Comics", movió la cabeza la guardiana.
"¿Sin estacas, Janine?, arriesgado, ¿sabes?, puedo partirte en dos", la intentó disuadir Arthur.
"No seas machista, Schoeremberg. Las chicas tenemos nuestras armas. Puedo darte vuelta y dejar tus pies brotando por tus ojos, ¡y ni te darás cuenta!", y le hizo el universal movimiento de ven, con la mano.
El sol bajaba. Y se fijó en el pelo de Janine, que refulgía, rojo.
No con los colores del atardecer. Sino del infierno mismo.
Y Arthur supo que perdería con ella.
Estaba hecha de algo diferente a todos ellos.
"Art va a perder", le dijo el joven Lord a su hermana, en susurros, "esa jovencita lo va a dejar... partido en pedacitos. Me da escalofríos... ¿puedo quedarmela?".
"Eso pretendo", reconoció la Princesa.
Ambos guardianes se fueron girando, intentando que el otro no notara si tenía puntos débiles.
Ya no podía fiarse de sus ojos.
No podía pensar que ella era muy joven, o menuda, o cualquier cosa.
Sólo quería salir de allí, y vivo, si era posible
De una pieza, de preferencia.
Janine ya no podía usar el truco del aereal o del peldaño, pues ya los había mostrado.
Tampoco el tornillo, ideal para hombres tan altos y fuertes como Arthur.
Necesitaba algunos segundos para ver desfilar -mentalmente- todas sus alternativas.
Y no pretendía demorarse tanto en llegar al tercer asalto.
Por su parte, Arthur iba descartando todos sus años de experiencia, en trabajo de campo y en el exterminio strigoi.
¿Qué le quedaba?, bueno... algunas cosillas bajo las mangas, ya arremangadas.
Debía ganar tiempo, hasta tener alguna idea... de cómo salir bien parado.
O vivo, realmente.
Sí, eso. Vivo.
Janine sabía que no se ofrecería en bandeja, si quería salir con su dignidad intacta.
Y no quería que le regalaran la pelea, ¿para qué?.
Era suya por derecho.
Así que atacó.
Y partió golpeándolo en el interior del codo, con un certero puñetazo, a la par que recibía uno en el hombro derecho.
¡Ja!, la táctica distractiva sirvió.
Janine era zurda.
Ambidestra, realmente.
Como su hija, Rose.
Arthur no podía usar bien el brazo derecho.
Le dolía el certero puñetazo y eso debilitaría sus siguientes movimientos.
Y, para colmo, Janine empezó a saltar y a rodearlo, haciendo movimientos de boxeo, con ambas manos..
Él se giró, para esquivarla, ¡Y zas!, piquete de mosquito a un ojo, no con las yemas de los dedos, sino con los nudillos.
Sin nada que perder, Arthur decidió usar su mejor arma. Su cuerpo.
O sea, su fuerza -bruta- y sus legendarios agarres de mano.
Y asentó el primer punto -real- a su haber, al casi romperle la muñeca, al evitar un nuevo golpe.
Todo valía en el amor y en la guerra... y en la defensa de tu honor, al parecer.
En efecto, los huesos de Janine eran como de pajarito.
Sintió el crack con mucha satisfacción.
Ya habría tiempo para sentir culpa.
¿Culpa?, ¡esa diminuta guardiana casi lo dejó ciego de un ojo!, así que estaban a mano.
Y eso... amoscó a Janine.
Y decidió dejar de ser amable y cortés, y sacar las garras.
Usaría las uñas, si fuera necesario.
Pero ganaría.
Y corrió hacia él, como una salvaje.
Y con un salvaje grito de guerra en un inteligible idioma.
Las manos engarfiadas, los dientes visibles, los ojos inyectados de sangre.
Ya nada le importaba, ni las reglas, ni el público (¡y pucha que la gozaban!), ni nada.
Él debía retorcerse de dolor.
Ningún hombre tenía el derecho de trapear con ella el piso, fuera de la raza que fuera; y por la razón que fuera.
Arthur extendió ambas manos hacia adelante, para cogerle las muñecas y doblarlas, pero ella cayó al suelo -esquivándolo- ¡y clavó sus garritas plateadas en sus bolitas!.
¡Auch!, ¡eso debió doler!.
Y Sip, Arthur cayó al suelo, retorciéndose de dolor.
Janine lo empujó sobre su espalda, y le pegó un puñetazo al pecho, que sí pareció matarlo... pero de un infarto.
"¡Muerto!", gritó, ufana, levantándose de un salto. "¿Alguien más requiere castración de urgencia?", gritó, ufana y muy burlesca.
Y todos los varones, muy autoconscientes de sus... alicaídos paquetitos (que buscaban esconderse, a esta altura), dieron un paso atrás, ante la sorpresa de todas las mujeres presentes, que se echaron a reír... en sus caras.
Pero ya estaba choreada de todo eso, así que lo dejó moverse... un poco.
Para recuperarse, claro.
Y Arthur cometió el imperdonable error de girarse y apoyar un codo en el suelo, dejando libre el otro brazo.
Janine se movió y se deslizó hacia el suelo.
Cogió el brazo e hizo palanca, con su propio cuerpo.
Arthur cayó pesadamente al suelo,
NO podía soltarse.
No tenía como.
Su balance era nulo y el dolor...
"¡Me rindo!", gritó.
NO. Aulló.
Sip, Él. Arthur Schoeremberg. El mejor guardián de los últimos años, aceptaba -y reconocía- su derrota -y a viva voz- en las manos -y garras- de una joven guardiana, que no medía más de 1.50 y no pesaría más de 50 kilos, y eso, con la ropa mojada.
Sip. eso... ¡debió de doler!. Art era un buen tipo, pero Janine no aguantaba que nadie se creyera superior, si no podía demostrarlo.
Art no pudo, claramente.
No soy experta en algún tipo de lucha y describir lo que veo o imagino, quita mucho de la imagen, así que lo hice simple.
Tengo la imagen de Black Widow arañando las bolas de Thanos, ¡lástima que no lo hicieron así!
