Distrito Dos

Hace seis años

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Lan XiChen tenía un único anhelo en la vida. Y eso era ver feliz y sonriendo a su lindo hermano pequeño. Aunque eso último no parecía estar en la naturaleza de este.

Para Lan XiChen era suficiente saber, que había alguien en el mundo a quien tenía que cuidar con todas sus fuerzas; como para llevarlo a cometer los actos más imprudentes que alguien se pudiera imaginar.

Él lo daría todo con tal de ver a su hermano feliz.

Por lo tanto, no representaba problema para él, buscar libros antiguos entre sus vecinos que tuvieran información para contrarrestar los terrores nocturnos que tenía su hermano.

Anhelando que algunos de los pocos que había encontrado, tuviera alguna solución para el asunto. Decepcionándose al comprobar que los pocos habitantes que tenían uno, por lo regular eran de historia y similares al que tenía su tío. Sin muchas referencias y con poca información.

Llenándose de frustración al no encontrar una solución a las pesadillas; a las que no le encontraba razón lógica ni motivo aparente. Lan XiChen, junto a sus padres y tíos, se aseguraban de que su pequeño hermano no viviera intimidado por los prejuicios que le dictaban los profesores del capitolio en la academia. Se aseguraba de consolarlo y tranquilizar su mente cuando volvía; cansado y asustado por los adultos que decían tener la razón.

Si por él fuera, no permitiría que su hermano asistiera a la escuela y se encargaría de llevarlo lejos de todo y de todos. Evitando que se viera intimidado por las constantes amenazas de los profesores; al ver que su hermano tenía un talento sobresaliente sobre su energía.

Mismo talento que lo hacía estar en la mira del capitolio.

Junto a su padre había buscado ayuda de los revolucionarios de la zona. Quienes llevaban tiempo merodeando a sus alrededores por ser los últimos de la familia Lan. Los antiguos gobernantes del reino.

A veces -por no decir siempre- a Lan XiChen le costaba creer en las cosas que esas personas predicaban como la verdad absoluta: que Gusu debió ser mucho más poderoso que YiLing si lograron salir a flote a pesar de la invasión y la caída del imperio. No sabía si esa gente era o muy orgullosa o muy tonta. Y si lo pensaba más objetivamente, puede que fueran una combinación perfecta de ambos.

No negaba que todo lo que prometían sonaba tentador y, sobre todo, olía a libertad. Pero era bien sabido, aún a su corta edad, que nadie podía aspirar a derrocar al capitolio. Y tenía miedo de que la influencia de esas personas fuera lo que causara la angustia nocturna de su hermano.

A quien se encontraba abrazando en ese momento mientras tarareaba una nana con su armoniosa voz. Logrando que el pequeño WangJi dejara de temblar entre sus brazos. Siempre que acudía al cuarto de su hermano, era de madrugada y en días en los que amanecía especialmente nublado. Y entre sus crecientes temores, estaba que su hermano fuera el causante de ese clima tan poco usual en verano.

—Hermano. — La voz adormilada de WangJi lo sacó de su línea de pensamientos y lo hizo dejar de tararear dulcemente para él.

—¿Si, WangJi?

—¿Es cierto lo que dicen en la academia?,¿que nuestros antepasados querían encontrar la forma de gobernar todo el mundo?

Suspiró con pesar. Así que por fin habían llegado a las clases de historia. Por estar tan concentrado buscando soluciones al creciente problema de WangJi con su energía, olvidó advertirle que nada de lo que decían las personas del capitolio era verdad.

—Por supuesto que no, WangJi. La verdadera historia de nuestras generaciones pasadas, ni siquiera nosotros la sabemos con exactitud.

—¿Entonces por qué la maestra nos hizo decir esas últimas palabras al final de la lección?

—¿Qué palabras?

—Agradecemos la justicia al capitolio...

— WangJi. — llamó, no quería escuchar a su pequeño hermano repetir esas palabras. Por lo que lo detuvo antes de continuar y trató la forma de controlar su rabia. —Escucha con atención, WangJi. El capitolio tiene protocolos que nos obligan a seguir porque ellos tienen el control. Pero no significa que sea la verdad absoluta.

—¿Entonces cuál es la verdad?

—Es complicado de saber. Pero no tienes que preocuparte por eso. Mientras vayas creciendo, te iré contando lo poco que sé sobre lo que cuentan los ancianos y el tío.

—Mn. Gracias a ti me siento más seguro. — con eso el corazón de Lan XiChen se conmovió.

—Mientras viva, velaré por tus sueños, no permitiré que nada te pase.

Con eso dicho siguió cantando en voz baja para que lograra dormir. Y cuando creyó que estaba dormido por fin, lo escuchó hablar de nuevo en voz baja.

—Hermano, ¿de dónde conoces esa nana? Nuestra madre dijo que no la conocía cuando le pregunté.

Lan XiChen lo pensó un poco antes de contestar. Devanándose el cerebro e intentando recordar.

—La verdad, WangJi... es que no recuerdo en donde la escuche. — se rió un poco. —Pero estoy seguro de que la escuché en algún lado. Solo no recuerdo en dónde.

—¿Mn?

—Pero si logro recordar, te lo haré saber.

Luego de eso, su dulce y lindo hermano menor se quedó profundamente dormido. Él se quedó un rato más en su habitación para comprobar que no volviera a despertar por culpa de una pesadilla.

Al darse cuenta de que no parecía que fuera a despertar otra vez, por fin apagó la pequeña lámpara que llevaba consigo y se dispuso a bajar las escaleras para comprobar si su padre todavía seguía despierto.

Justo cuando estaba por salir, escuchó un aleteo proveniente de la ventana. Al voltear se dio cuenta que una extraña ave negra emprendió el vuelo de inmediato. No la pudo distinguir bien, pero le pareció extraño que hubiera aves despiertas a esa hora de la noche. Quiso evaluarla más detenidamente pero no le dio tiempo de hacerlo.

Revisando que la ventaja estuviera apropiadamente cerrada, por fin se retiró de la habitación de su hermano y bajó las escaleras para encontrar a su padre. Quien estaba sentado en uno de los sillones de la sala y ojeaba diferentes libros a la vez. Al escuchar sus pasos, volteó a verle sobre el hombro y suspiró cuando lo vio terminar de descender por las escaleras.

—¿A-Huan, por fin se durmió?

—Así es, padre. Dudo que vuelva a despertar, pero estaré al pendiente por si acaso.

—Te lo agradezco.

—Padre, ya he revisado esos libros. Mañana tengo que devolverlos. Por favor descansa. No encontraremos nada útil ahí.

—Si, es solo que quiero cerciorarme.

—Padre...

—A-Huan, debemos encontrar una solución lo más pronto posible... El próximo año A-Zhan cumplirá los doce y estará en edad de ser elegido. Si no nos damos prisa...

—Encontraremos algo. Ya lo verás. Aquellos hombres con los que hablaste hace poco, puede que tengan una solución.

—No confío del todo en esa gente. Pero si pueden encontrar algo que ayude a tu hermano, los mantendré cerca el tiempo necesario.

—Algo se nos ocurrirá. Mientras tanto, ve a descansar. Mañana tienes turno doble y si no descansas apropiadamente pueden sospechar de ti.

—Tú también descansa, hijo. Haces más por esta familia de lo que yo he hecho.

—No digas eso, padre. Al final de cuentas eres tú quien responde por nosotros.

No hablaron más después de eso y Lan XiChen vio a su padre arrastrar los pies por las escaleras, mientras él miraba por última vez los libros que había conseguido. Entre ellos estaba el de su tío. Y la verdad es, que no había nada de valor en esos libros que ayudaran a su pequeño hermano. Solo algunas referencias a la antigua cultura, algunas imágenes de los gobernadores, referencias a la primera y segunda guerra; y otras cosas históricas que no le decían nada sobre cómo ayudar a su hermano.

Cerró uno con frustración y un poco más de fuerza de la necesaria. Tanto así, que parte de la cubierta se desprendió un poco. Se asustó. Ese libro se lo habían encargado con especial énfasis. La señora le dijo que lo cuidara mucho y lo quería de vuelta intacto. El tono de voz anunciaba consecuencias de no ser el caso.

Estaba por levantarse para buscar algo con que repararlo, cuando se dio cuenta que había un trozo de pergamino que sobresalía de la cubierta. En realidad, el forro del libro no estaba muy seguro desde el principio y ese pergamino era la causa de ello.

Lo sacó con cuidado, procurando no dañar más la cubierta en el proceso y tampoco arrugar el papel. Fue difícil pero cuando terminó de salir, se dio cuenta que era un papel tan antiguo que podría deshacerse entre sus dedos con el mínimo movimiento. Se veía incluso más viejo que el propio libro de donde salió. Lo desdobló con cuidado y sus ojos se agrandaron cuando los caracteres fueron claros en el papel.

Eran bocetos de talismanes.

La alegría inundó su ser. Tanto, que estuvo a punto de ir a despertar a su padre, para que juntos descubrieran la manera de usarlos y averiguar para qué servían. Pero decidió no hacerlo, después de todo le había costado convencerlo de irse a dormir.

En los tiempos en los que vivían, su cultura y las formas de cultivo más allá de la explotación de la energía de su elemento, como talismanes, espadas y runas; estaba perdida hasta la extinción. El capitolio y los conquistadores se aseguraron de que no les quedara nada en que apoyarse para ayudar a su cultivo.

Asegurándose de que, al crecer, sólo obtuvieran la información necesaria sobre cómo manejar su energía elemental. Las historias de los ancianos decían, que se llevaron solo los textos más básicos al capitolio para poder extraer la información primaria del cultivo, para que su núcleo no se formara más allá de lo necesario. El resto de los textos que ayudaban a profundizar más en el tema, fueron destruidos en cada reino.

Se corría el rumor de que solo el distrito cuatro había podido conservar viejas recetas y algunos conocimientos de talismanes. Pues eran especialistas en la materia y la memoria les ayudó a guardar lo más esencial del tema. No garantizando así, que la información permaneciera intacta, y con el tiempo también olvidaron lo más importante.

Encontrar esto era un tesoro. Un tesoro, que bien les podría servir de muchas maneras más allá de lo que estaba buscando para poder ayudar a su hermano. Lan XiChen lo examinó con más detalle mientras pensaba en eso, y buscó un cuaderno para poder copiar los caracteres.

Pero poco le duró la esperanza que ese pequeño descubrimiento le dio, cuando vio un símbolo en específico que le causó escalofríos. Si bien era cierto que mucha de la información estaba perdida, se mantenía la precaución hacia ciertas prácticas con las que se debía tener cuidado.

Detallando más despacio lo que tenía entre sus manos, se dio cuenta que eran runas de talismanes de energía distorsionada. O como lo conocían los ancianos: cultivo demoníaco.

A pesar de no reconocer la mayoría, se dio cuenta que los grabados y las letras representaban perturbación, resentimiento, agonía, pesadilla y había un último que definitivamente no pudo comprender. No entendía cómo es que un pergamino de esa naturaleza estaba en un viejo libro de historia.

Probablemente, quien lo puso ahí lo hizo con intención de ocultarlo de los propietarios; procurando que no fuera encontrado por el capitolio. Eso tenía sentido si era objetivo al respecto. No quería imaginarse qué hubiera hecho esa gente con esos talismanes. Y a juzgar por cómo se había desprendido de la tapa, era lógico que no había sido encontrado por nadie más hasta que él casi rompió la cubierta.

Decidió que sería un secreto hasta que lograra identificar cada uno de los caracteres. Centrando su atención en el de "pesadilla". Para poder averiguar si tenía un opuesto que ayudara al problema de su hermano. El resto podía esperar.

De hecho, el resto ni siquiera le interesaba. Los sueños de su hermano no eran normales, y el que se estuvieran volviendo más frecuentes empeoraba el asunto. Su energía también estaba creciendo a pasos agigantados y eso era lo más preocupante. Pero para ese problema en específico era su madre quien estaba buscando una solución. O, mejor dicho, la solución estaba casi lista.

Por lo tanto, se centraría en el problema restante.

Con ese proyecto entre las manos, pasaron las siguientes dos estaciones en su vida. Y cuando menos se quiso dar cuenta, su pequeño hermano estaba cada vez más cerca de cumplir los doce, y se acercaba la cosecha para los próximos juegos.

Lan XiChen hizo todo lo que pudo por averiguar cómo usar ese talismán de pesadilla y encontrarle su contraparte. Y no le quedó más remedio que acudir a un anciano muy allegado a su tío, que tenía mayor percepción para esas cosas.

El hombre estaba entre aquellos que aseguraban que podían usarlo de alguna forma para derrocar al capitolio. Por eso le había costado buscar su ayuda.

—Jovencito Lan, ¿estás seguro de que no encontraste nada más aparte de este talismán?

—Seguro. Lo encontré por accidente en un libro de una vecina.

—Ya veo.

Lan XiChen aseguraba, que si aún siguieran manteniendo las miles de reglas que antes regían al antiguo reino, estaría en graves problemas. Pero ninguna de las personas que se congregaban con los revolucionarios era de su completa confianza. Y estaba seguro de que no le darían un buen uso a la información que había encontrado.

Y por extraño que parezca, su vecina ni siquiera notó el daño a la cubierta del libro, ni cuestionó nada al respecto. Incluso le había regalado algo de fruta esa tarde cuando regresó el manuscrito. Se sintió un poco culpable, pero la fruta estaba deliciosa.

Aun así, guardó el pergamino hasta que fue necesario que lo destruyera. Agradeciendo el hecho de tener una buena memoria y haber memorizado los caracteres de los talismanes. Siendo honesto consigo mismo, no creía que alguno le fuera a ser útil. Sobre todo, aquel del que no entendió nada. Guardaría la información, solo por si acaso. Pero no se la daría a esa gente de las reuniones clandestinas.

Por fortuna el talismán modificado que habían fabricado ayudó a la perfección al sueño de WangJi.

El alivio volvió a su vida, y por fin pudo tener noches de sueño ininterrumpido gracias a eso. No era que le molestara tener que despertar para cuidar de su hermano, pero sin duda era muy reparador dormir toda la noche las horas estipuladas.

Además, gracias al invento de su madre, la energía de Lan WangJi estaba controlada. Pero no era nada agradable ver al preadolescente sufriendo al desgastar su energía, recibiendo las inyecciones y bebiendo tés amargos que lo dejaban cansado y pálido.

Eso hacia sufrir a toda su familia por igual. Incluso sus tíos estaban preocupados. En especial su tío al ver la condición en la que terminaba su hermano luego de cada descarga de energía. Al menos con eso se aseguraban de que en su primera revisión no tuviera problemas. O por lo menos eso esperaban.

Sin embargo, poco les duró la escasa tranquilidad que sintieron al saber que la energía de su hermano estaba bajo control.

Poco después de que Lan WangJi cumpliera los doce, el capitolio decretó el cambio en la edad de revisiones de energía. Era imperativo que cada niño que recién cumplía los doce, fuera llevado a su primera revisión en cada distrito. Dicho decreto se dio justo antes de la cosecha para los próximos juegos.

Aquello fue un balde de agua fría para cada familia en todos los distritos. Sobre todo, en el distrito dos. Cuyos jóvenes empezaban a mostrar un talento muy temprano, y un nivel de energía que ponía nerviosos a los padres de familia y alteraba al gobierno.

Nadie podía oponerse, y así fue como Lan WangJi tuvo que presentarse a la torre de regulación para realizar su primera prueba. La vaga explicación que se dio sobre el asunto: se habían reformado las máquinas en las que se hacía la evaluación, ya no era necesaria una muestra de sangre, además la tarjeta que les daban al salir era diferente.

Tenía un chip justo al centro, el exterior era transparente y solo al ponerlo a contraluz mostraba los caracteres del nombre del propietario. Las tarjetas de los adultos, también fueron cambiadas por ese nuevo diseño conforme se iban presentando a la evaluación regular.

Lo único que pudieron hacer, fue instar a Lan WangJi a que desgastara su energía más fervientemente y le inyectaron una dosis más concentrada del suero. E incluso en sus comidas, sus bebidas fueron reemplazadas con el brebaje que contribuía a su desgaste interno.

Cuando se presentó a la evaluación, toda su familia lo esperó fuera de la torre. Al salir nada parecía fuera de lo normal, comparado con algunos de los niños que salieron asustados con un agente tras de sí. Viendo que la primera prueba de Lan WangJi había resultado sin inconvenientes, Lan XiChen se permitió sentir un poco de tranquilidad.

Hasta que llegó la víspera de la cosecha.

Lan XiChen supo que todo estaba a punto de cambiar la mañana del día antes de la cosecha. Amaneció con la sensación de que había soñado con algo de suma importancia, pero sin saber de qué se trataba e intuyendo que algo malo estaba por suceder.

No recordaba qué era lo que había soñado, pero la sensación de alerta que le quedó en lo profundo de su ser.

Hacía unas semanas que había empezado a trabajar en las plantas de energía. Los encargados del lugar, como toda persona perteneciente al capitolio, miraban a las personas con desprecio y les ponían carga extra que hacer. Lan XiChen hacía lo posible por pasar desapercibido. Su tío tuvo ciertos altercados con el encargado y de vez en cuando, este se tomaba la molestia de rematar con su padre, y lamentablemente, ahora con él.

Afortunadamente, ese era el día antes de la cosecha, por lo que los encargados anunciaron el termino de las actividades más temprano. Y el joven Lan no podía evitar sentirse agradecido.

Al ir saliendo por orden de edad, no pudo encontrar ni a su padre ni a su tío a la salida, por lo que se dispuso a continuar su recorrido en soledad. Aprovechó para caminar un poco cerca de los muros que marcaban el final del distrito para sentirse en paz. Era su lugar secreto. De vez en cuando iba allí para pensar y poder respirar aire puro, escuchando el ruido del agua correr y sentir la brisa húmeda que se desprendía de la corriente.

Se sentó tranquilamente a la orilla, viendo hacia arriba cuando sintió que no estaba completamente solo.

Ser un cultivador elemental, siempre le dio la ventaja de estar alerta y tener una noción más amplia de las energías que lo rodeaban. Eso era algo que ni siquiera el capitolio, con sus formas de limitar el cultivo, podían hacer.

Al evaluar su entorno, se dio cuenta que en realidad solo se trataba de un ave negra. Nunca antes había visto un ave parecida. El ave se le quedó mirando y, al verla con más detalle, sintió como si le estuviera devolviendo la mirada a una persona en lugar de a un animal. Esta ladeó un poco la cabeza, y soltó un silbido bastante armonioso cerca de él. Una composición, de lo que Lan XiChen pudo identificar, como de unas cinco notas.

El animal repitió la melodía por aproximadamente cinco minutos, hasta que pareció haberse aburrido de cantar y se fue. Extendiendo sus alas bastante peculiares, y volando un par de veces alrededor del lago, para después irse en un rumbo desconocido. Durante todo ese tiempo, Lan XiChen la observó con una sensación en su interior que lo dejó bastante confundido.

Sacudió su cabeza y se puso de pie dispuesto a volver a su hogar. Pero al hacerlo, se sintió extrañamente inquieto y un palpitar en su cabeza lo hizo tambalearse peligrosamente en la orilla del fuerte.

Se recuperó justo a tiempo para no caer hacia una muerte segura.

Cuando llegó a su casa, su padre ya hacía rato se encontraba ahí. Y le pareció extraño que su hijo se tardara tanto en aparecer.

—A-Huan, te tardaste un poco. ¿Tuviste alguna clase de problema?

Lan XiChen en realidad no había tenido ningún problema. Y no creía que… Con un sobresalto, se dio cuenta que se había tardado más de la cuenta en su pequeña caminata. Por un momento se sintió confundido. Pensó que no se tardaría mucho, pero al parecer, no era así.

Estaba anocheciendo cuando llegó y ni siquiera lo notó.

—Lo siento, padre. Solo di un pequeño paseo. No pensé que me tardaría tanto.

—No te preocupes. Siempre y cuando no hayas tenido ningún problema, está bien que pasees de vez en cuando. — respondió con una sonrisa cansada.

—A-Huan, ven y siéntate. La cena está lista.

—Gracias madre.

Antes de sentarse, se dio cuenta que su hermano se encontraba haciendo su tarea en la sala. Se acercó y con cuidado de no interrumpir, le acarició un poco la cabeza para hacer notar su presencia. WangJi le devolvió una inclinación de cabeza con su típica seriedad. A Lan XiChen le parecía un poco extraño que su lindo hermano no cambiara mucho de expresiones. Pero siendo su hermano, conocía a la perfección sus estados de ánimo. Aunque estos no se reflejaran en sus facciones.

Cuanto estuvieron todos en la mesa. Su padre soltó un suspiro bastante cansado. Era como en aquel entonces. Como hace cinco años, cuando Lan XiChen tuvo que presentarse a la primera cosecha.

—Mis querido hijos, no quiero que lo que pase el día de mañana nos afecte de alguna manera. Debemos tener confianza en que no hemos llamado la atención, y en que todo estará bien. —su padre se dirigió a Lan XiChen con una mirada tranquila, pero en el fondo preocupada. Y él sabía que no era precisamente por quien se preocupaba. —A-Huan, eres un hijo maravilloso. Y quiero que tengas siempre presente que, pase lo que pase, siempre estaré muy orgulloso de ti. —luego se dirigió a su hermano. —A-Zhan no tengas miedo de nada. Siempre estaremos a tu lado, pase lo que pase.

Con esas palabras dieron por iniciada la cena en completa calma; sin embargo, en el fondo todos sabían que era un gran peligro al que se enfrentaban. Pero nadie quería poner en palabras lo que pasaba por sus mentes en esos momentos.

Luego de comer, Lan XiChen se fue a dormir todavía sintiéndose inquieto por lo que había pasado esa tarde, pero prefirió no pensar en eso para no torturarse con cosas que no entendía. Y menos aún con cosas que no habían tenido lugar todavía.

Pese a querer mantenerse sereno, esa noche casi no durmió.

Y sus peores miedos se volvieron realidad cuando, con una actitud pomposa y un entusiasmo de lo más falso, la delegada de ese año del distrito dos anunció con alegría el nombre de Lan WangJi en el escenario.

En una ocasión, Lan XiChen estaba recolectando frutos cerca del bosque; la rama del árbol donde trepó para poder conseguir unos nísperos para su hermano no era muy firme. Al intentar alcanzar uno que se veía especialmente maduro, su pie resbaló y cayó de espaldas al suelo. Sintió todo el aire abandonar sus pulmones, un dolor que permaneció por un par de horas y la desolación de caer al vacío arraigada a sus entrañas mientras caía.

Esos sentimientos, eran muy parecidos a lo que sintió cuando escuchó el nombre de su hermano saliendo de la boca de esa mujer. En especial al ver la palidez de su hermano, contemplar la desesperanza de su madre y el miedo en el rostro de su padre y tíos.

Su propio dolor al ver a su hermano subir con la misma expresión en blanco que le caracterizaba, se hizo más profundo cuando pudo distinguir el miedo y la angustia en esos brillantes ojos dorados. El pequeño WangJi no tenía porqué pasar por algo tan horrible como lo eran los juegos.

Así que cuando la delegada pidió voluntarios. No tuvo dudas de lo que debía hacer.

Cuando se encaminó con pasos decididos al frente de las demás personas, no se atrevió a voltear a ver a sus demás familiares. E intentó ignorar por completo la expresión de su hermano cuando lo vio hacer eso.

—Yo me ofrezco como voluntario.

Fueron las palabras que marcaron el inicio de su caída al abismo.

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XXX

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Sus padres entraron primero a despedirlo.

Su madre no dejaba de llorar, pidiéndole que tuviera cuidado. Que tratara la manera de volver, de hacer lo posible por regresar sano y salvo. Su padre estaba callado, pero su expresión dejaba en claro su preocupación. Y lamentablemente, sus tíos no pudieron entrar a despedirlo.

Después llegó el turno de su hermano de despedirlo.

Cuando lo vio pasar por la puerta, lo abrazó. Su hermano temblaba; su rostro naturalmente estoico e inexpresivo estaba arrugado por la preocupación. Había pequeñas lágrimas en sus ojos que se apresuró a limpiar con sus dedos.

—Hermano…

—WangJi, permíteme hablar primero. —aunque con dificultad, asintió. Eran escasas las ocasiones en las que su hermano decidía tomar la palabra. Y aunque le dolía, tenía que interrumpirlo. — Tu deber es mantenerte en un perfil bajo. No permitas que tu energía siga aumentando. Haz todo lo que te piden nuestros padres y tíos.

Su hermano se veía con intenciones de interrumpirlo. Pero era tan educado y en esta ocasión se encontraba sin saber que responder a sus peticiones. Pese a sentirse inconforme, volvió a asentir y respondió a la petición de su hermano de verbalizar sus promesas.

—Está bien.

—Y también, no quiero que te mortifiques por esto.

—¿Por qué lo hiciste? —había un temblor inconfundible en la voz de Lan WangJi. —No tenías que hacerlo, si salí seleccionado…

—Hago esto porque no puedo soportar perderte, WangJi. Tienes que ser fuerte a partir de ahora. —interrumpió a su hermano. No quería que se sintiera culpable de nada. — El deber de todo hermano mayor es velar por sus hermanos. WangJi, mientras viva, mi deber es protegerte de todo.

Con esas palabras Lan WangJi ya no pudo contener más su llanto. Y sin contenerse en lo absoluto, lo abrazó con fuerza, haciendo que sus lágrimas mancharan parte de su ropa, eso lo estremeció por completo. Trató de contener su propio lamento. Su hermano ya no dijo nada más. Aun en su abrazo, le dijo las últimas palabras que le diría a su hermano pequeño.

—Te amo, WangJi. Este hermano, será el sacrificio para que puedas seguir al lado de nuestra madre y tener una vida tranquila.

Después de esa despedida, obligaron a su hermano a separarse de él.

Los agentes tuvieron que sacarlo por la fuerza. El pequeño se negaba a separarse de los brazos de su hermano mayor. Al ver su actitud, quedó claro para Lan XiChen que su hermano de verdad estaba afectado por la situación. Pues nunca antes lo había visto mostrar una actitud desafiante hacia alguna autoridad. Y esa fue la primera vez en su vida que lo pudo ver, no siendo totalmente obediente a la autoridad.

Aquello le partió el corazón.

Cuando conoció a la despampanante mujer que era su delegada para los juegos, no pudo evitar sentir cierta aversión hacia ella. Esta los miraba con antipatía y cierto desdén.

Según los rumores, todas las personas del capitolio tendían a tratar de la misma manera a los tributos que eran enviados a los juegos. Más que nada porque querían hacerles saber que en realidad sus vidas, básicamente, estaban en sus manos.

—Esto es una oportunidad única en sus vidas, queridos. — habló la mujer. Lan XiChen en realidad ni siquiera se preocupó en recordar su nombre. —La llegada a la gran ciudad será dentro de dos días y medio. Así que asegúrense de descansar apropiadamente, una vez que lleguemos tendremos que cumplir con una agenda muy apretada. También pueden comer lo que gusten, pedir lo que quieran; después de todo, ustedes son nuestros invitados especiales.

Con "invitados especiales" no se refería a nada bueno en realidad. Y con "única en sus vidas", en realidad quería decir: lo último de sus vidas.

El viaje en el tren bala hacia el capitolio se le hizo un borrón al joven Lan. Con las miradas desdeñosas de los agentes cada que pasaba cerca de ellos. Las adulaciones exageradas de la mujer, las miradas aterradas de su compañera de distrito, lo hicieron más difícil y agotador. No sintió la necesidad de recordar el nombre de la chica, ella tampoco se molestó en recordárselo. Tal vez era lo mejor.

Durante el camino, no hizo más que pensar en su familia, en su hermano, sus tíos; en las pocas personas con las que logró entablar una pequeña amistad en las plantas de energía. Todas aquellas personas que habrían querido ir a despedirlo. Y aunque a regañadientes, se hizo a la idea de que, muy probablemente, no tendría la oportunidad de ver a su hermano crecer. Él mismo no tendría la oportunidad de formar una familia. Y todo lo que le esperaba de ahora en adelante era solo sufrimiento.

Y eso sin tomar en cuenta que, en realidad, iba a tener que quitarle la vida a más alguien muy probablemente.

No quería pensar en eso. No quería pensar en que tal vez, si no era lo suficientemente habilidoso, también iba a perder la vida y muy probablemente no volvería a ver a su familia.

Y por supuesto, su llegada al capitolio lo deslumbró por un momento como para olvidar el porqué estaba ahí en primer lugar. El lugar era abrumador. Edificios imposiblemente altos, gente de lo más llamativa, comida de lo más exótica, vehículos que se conducen por sí solos y, por supuesto, ese tratamiento de belleza de lo más invasivo. Uno de los estilistas le dijo que era imprescindible y demasiado necesario para el momento de estar dentro de la arena. Que, en ese momento, no tenía ni idea de cómo podría llegar a ser.

—El protocolo es que después del desfile, les enseñaremos sus apartamentos y entonces podrán descansar. Lamento que tengan que esperar hasta entonces. Pero no se preocupen, beban esto y así no tendrán problemas para mantenerse despiertos. —les dijo su delegada al verlos al borde del colapso después de estar horas encerrados con los estilistas.

La bebida que les dio era amarga, mucho más amarga que cualquier café normal que hubiese probado. Pero no quiso preguntar por qué era así. Sin embargo, los efectos fueron los que la mujer dijo, y apostaba que el café normal no tenía un efecto tan fuerte.

La preparación para el desfile fue otro proceso que lo avergonzó demasiado. Aunque no tanto como el verse expuesto ante los estilistas durante el tratamiento de belleza.

Lan XiChen al menos sabía, que no era el único en las mismas condiciones desfavorecedoras alrededor. Los demás tributos, se veían igual de incómodos y extrañamente despiertos por igual. Asumió que a todos les habían dado ese café que los espabilo de manera poco normal.

Eran los noventa y nueve juegos del cultivo. Debido a eso, y porque por poco no era un vasallaje, los trajes con los que los vistieron no eran tan llamativos, los carruajes no tenían adornos más que un par de lazos; se buscaba que ellos fueran el enfoque principal.

Todo eso, Lan XiChen lo vivió con un sentimiento de pesadez en su interior que lo hizo ponerse de un estado de ánimo, que nunca había experimentado pese a las dificultades en los distritos. Se permitió sentir todo el rencor bien escondido que sintió durante toda su vida hacia las personas del capitolio y hacia el famoso presidente misterioso.

Dándose cuenta de que, desde hace muchos años, toda su gente estuvo proveyendo para usurpadores que veían el espectáculo desde sus asientos lujosos. El sentimiento mezquino que lo invadió fue bastante repulsivo cuando vio a los hombres sentados en esas sillas de madera fina, viendo hacia los jóvenes en los carruajes con altanería desde sus posiciones en esa plataforma.

Sentimiento que se intensificó, cuando estuvo dentro de la ostentosidad de la residencia que les habían asignado. Todo demasiado nuevo, brillante y por supuesto, a costa de la esclavitud de los distritos. Y por si eso fuera poco, se veían obligados a entretenerlos con los juegos a cada cierto tiempo.

El antiguo reino de Gusu, según lo que sabía, tenía prohibido guardar rencor y cosas similares como una regla con la que mantenían sus corazones limpios de toda corrupción. En la actualidad, ese desprecio era algo que nadie dentro de cualquiera de los distritos podía afirmar no tener. Así que incluso en ese sentido les habían robado más de lo que imaginaban.

Su tío le había contado un poco respecto a algunas cosas que se mantuvieron como historias dentro de las familias. Sobre cómo fue el antiguo reino, sobre cómo se esforzaban por mantener el ideal de la justicia; y era por eso, habían sido de los pocos que buscaron oponerse a la conquista de los invasores.

Durante su segundo día en el capitolio, su delegada se presentó alegremente en su habitación para despertarlo, anunciando que ahora empezaba el entrenamiento para los juegos.

Eso lo inquietó. Recordaba que siempre era así, pero con tantos sentimientos negativos, lo olvidó por completo. y la inquietud se debía a que, pese a que todos lo sabían, no sabían cómo se llevaba a cabo.

—¿Qué clase de entrenamiento? —preguntó durante el desayuno. Luego de haberse levantado inusualmente temprano. Cosa con la que su delegada se veía especialmente entretenida al verlo tan afectado por la hora.

—Lan XiChen, ¿sabías que, en la antigüedad, tu gente mantenía un horario bastante estricto? Esta era la hora a la que solían despertar.

—Si. —respondió simplemente. De cierta forma no le agradaba la manera en la que se expresaba de los suyos, queriendo aparentar que sabía más de ellos, que ellos mismos. Y al ver la hosquedad con la que habló, la mujer solo pareció reír internamente.

—No es nada complicado. Ya sabes, dentro de poco se enfrentarán a algo que les exigirá bastante de sus habilidades. Así que deben estar preparados adecuadamente.

La conversación murió con esa vaga explicación.

Tenían exactamente tres días, para aprender lo más básico de la supervivencia para entrar a la arena. Además de aprender a pelear entre sí en caso de que fuera necesario. Cosa que según lo que había visto de los dos juegos que recordaba, era necesario, en su mayoría, al momento de entrar a la arena el primer día. El resto, debían arreglárselas para conseguir agua, comida, y de ser posible llegar hasta el final con vida.

—Se que algunos están ansiosos por aprender a pelear. Pero deben tomar en cuenta, que la mayoría aquí no morirá por un arma que puedan conseguir en la cornucopia al inicio de los juegos. Algunos, lo harán por causas naturales. Treinta por ciento por deshidratación. Veinte por ciento por el clima. El otro cincuenta por ciento, por no saber buscar comida.

» Deben ser conscientes de que, al ser cultivadores elementales, el clima les afectará de manera diferente de las personas aquí en el capitolio. Sus habilidades para manipular a la naturaleza les serán de ayuda, pero también podría jugar en su contra. Durante estos tres días de entrenamiento, aprenderán otros usos para sus poderes que les fueron negados en sus distritos.

Eso era algo que todos allí sabían.

Durante los juegos, siempre, después de los días de preparación por los que ahora iba a tener que pasar Lan XiChen, todos se daban cuenta, que el manejo de los tributos sobre sus elementos era considerablemente diferente a cuando estuvieron siendo explotados en sus distritos.

Con certeza, Lan XiChen podía decir que esos fueron los tres días en los que se sintió realmente libre.

Aprovechó para poder desquitar su rabia hacia el capitolio con las sesiones de pelea contra los simuladores. Aprendió los conceptos más básicos para usar su control con el agua que no implicara trabajo; algo que lo llevó a entender porque el capitolio le tenía miedo a que explotaran sus habilidades.

No sabía si era solo con los tributos, que obviamente fueron seleccionados por su considerable avance en poco tiempo, además de sus niveles de energía; que estaba seguro era destacable independientemente del elemento.

En ese tiempo tuvo la certeza de que la cosecha era solo un espectáculo, con el que sacaban de los distritos a los potenciales peligros de la población.

Cada maestro de elementos dentro de ese complejo, era francamente impresionante. Al ver el alcance de sus habilidades, por un momento Lan XiChen temió no ser capaz de pasar siguiera de la primera hora en la arena.

Y en ese momento, se preguntó por qué habían elegido a su hermano cuando solamente había pasado por su primera revisión de energía. No es que al aprender todo lo que aprendió en esos tres días se considerara mediocre, era solo que eso lo intrigaba bastante. ¿Por ser descendientes de la familia real? Si fuera el caso, su tío o incluso su padre hace tiempo hubiesen salido seleccionados. Incluso Lan XiChen era una opción más pronta que su propio hermano menor.

Con esos pensamientos, el temor de no poder averiguarlo lo invadió con pesadez. Así que se propuso que lo iba a lograr costara lo que costara.

Al finalizar el tercer día, se dio cuenta que la mayoría lo miraba con cierto recelo por su gran avance y la gran fuerza que había adquirido en tan poco tiempo.

—Eres descendiente de una familia real. —le dijo el instructor al finalizar la prueba final. —También te ofreciste voluntario por tu hermano menor.

No habían sido preguntas y algo en su mirada no le gustó para nada. Así que en lugar de decir algo, solamente asintió hacia el hombre.

Al ver que no estaba respondiendo, el instructor suspiró y le dio una mirada que no pudo descifrar. Puso su mano en su hombro y le dio un apretón; pese a sentirse incómodo con el toque no se alejó y lo miró extrañado.

—Haz lo que sea para lograrlo. —no dijo nada más y lo hizo salir para evaluar a la siguiente persona.

Sus palabras le dieron un mal presentimiento.

En la prueba final sacó un nueve de diez. Cosa que, según su delegada, le garantizaba posibles patrocinadores. Personas que le convenía conseguir para garantizarse una supervivencia más prolongada dentro de la arena.

—Felicidades, XiChen. Con esa puntuación, seguro muchos apostarán por ti. —Su delegada desde hacía algún tiempo lo trataba más familiarmente. No le gustaba.

—Gracias.

—Durante la entrevista debes ganarte al público. Así que saca tu mejor sonrisa. —le decía, mientras le buscaba alguna imperfección en la ropa que le habían dado para la noche de la entrevista de los tributos.

—¿Algo más o menos así? —sonrió hacia la mujer y esta dio un pequeño chillido de emoción.

—Van a amarte. — Lan XiChen no sabía si fue su imaginación, pero la escuchó un poco ahogada.

Faltaba poco para que fuera entrevistado frente a todo el país, y Lan XiChen pensó en algunas cosas antes de estar frente a todos.

En los días que llevaba en el capitolio, algo dentro de él era diferente. Podía decir con certeza que nunca se había sentido tan revitalizado; su energía fluía diferente y había algo en el ambiente que le daba una cierta calma. Por otro lado, aunque sonreía como siempre, sentía que nunca había sido tan falso en toda su vida. Algo que no le molestaba tanto como pensó.

No estaba en su casa, pero se sentía como si lo fuera. Cosa que pudo diferenciar durante el entrenamiento, debido a las prácticas de meditación que le enseñaron y la forma en la que le enseñaron a conectar con su elemento.

—Vaya, el joven voluntario. —fue el saludo del presentador. Lan XiChen estaba seguro de que todos en el país conocían su nombre, pero por alguna razón él lo olvidó en ese momento. —Toma asiento querido. Ciertamente es una novedad que haya un voluntario. Eres uno de los pocos en la historia de los juegos. Si no el primero.

—Hice lo que tenía que hacer. —respondió con una sonrisa, que por alguna razón inquietó al hombre frente a él.

—¿Cómo ha sido tu experiencia en el capitolio?,¿esperabas que fuera tan magnífico? —preguntó el hombre con una sonrisa forzada.

—¿Se refiere al lujo exagerado?,¿o a la excentricidad de la gente?

El hombre se rió fingiendo alegría. Como si se estuviera riendo de las travesuras de un perro.

—Supongo que tu gente no acostumbra a ver cosas así.

Oh…

—Nos gusta más la belleza natural con la que nacemos. Afortunadamente no nos vemos en la necesidad de mayor cosa para verlo. —respondió, sin caer en las provocaciones del presentador.

La risa de todos los presentes ahora era mezquina. Lan XiChen apostaba a que había tocado una vena sensible. No le importó.

—Obtuviste un nueve en tu evaluación final. —dijo, claramente buscando cambiar de tema con incomodidad. —Una de las mejores calificaciones. Si no la más alta.

Era la segunda vez, que ese hombre buscaba restarle importancia a sus actos durante los juegos. Lan XiChen se sintió un poco atrevido.

—He aprendido bastante y ahora me siento confiado. Como en casa. —habló con cierto énfasis con la última frase. Cosa que puso nervioso -por alguna razón que no logro entender- al presentador. Este se removió incómodo de nuevo en su asiento y siguió diciéndole cosas, que francamente le importaron poco y a las que respondió de manera sencilla y sin muchas palabras.

Esa noche, después de la presentación, su delegada les dijo que comieran todo lo que quisieran. Dando a entender con sus palabras que, obviamente, no tendrían buena comida una vez empezados los juegos. Y posiblemente, queriendo implicar que era la última buena comida de sus vidas.

Parecía una venganza por las palabras de Lan XiChen en la entrevista. Y ya a estas alturas, incluso pudo notar que ni siquiera su compañera de distrito se sintió ofendida con eso.

No pudo dormir mucho esa noche, pero se forzó a hacerlo y para lograrlo, meditó un poco como le habían enseñado en el centro de la cama para poder lograrlo. Y mientras estaba en ello, por alguna razón que no logró comprender, meditar se le hizo más fácil estando en la privacidad de esa habitación. Estando sin los demás tributos a su alrededor, escuchando sus respiraciones y ocasionales suspiros, incómodos, asustados y demás cosas que por algún motivo podía sentir.

En ese momento, mientras estaba solo, recordó que su tío tenía una habilidad para medir las corrientes del poder elemental de las personas y su padre decía "escuchar", el flujo de la energía. Quizá Lan XiChen también tenía alguna habilidad que no había tenido tiempo de descubrir. La comprensión de eso le ayudó a enfocar más sus sentidos y ver que tan lejos podía llevar esa sensibilidad.

De repente todo se sintió más nítido.

De cierta forma, tenía la sensación de que podía oír las corrientes de la electricidad correr por el cableado; sentir la forma en la que el aire acondicionado corría por los canales; oír como el aire de afuera soplaba con fuerza contra la ventana. Aunque de cierta forma, la vegetación de los alrededores se sentía fuera de lugar. Tal vez no eran plantas naturales, después de todo, las había visto demasiado vibrantes para ser normales.

Su energía se concentró de tal forma que se sentía flotar, pero no de mala manera. Era revitalizante incluso. Pese a lo artificial en las plantas, la invasión brusca de materiales extraños en las construcciones, esa… cosa muerta dentro de las personas del capitolio, ese correr de la electricidad que producían sus aparatos demasiado tecnológicos; había algo que le daba sensación de que la tierra, el ambiente, aquello que rodeaba al capitolio y aun no estaba contaminado, le tenía cierto… afecto.

Como un hijo que sí pertenece a su hogar. Como uno de los pocos habitantes bienvenidos dentro de ese lugar. Cosa que no pasaba con los invasores que lo reclamaron hace tiempo.

"Hace daño"

Pese al sobresalto que le causó el percibir ese sentimiento como una pequeña voz en su cabeza, no abrió los ojos y continuó con su meditación.

"Falta poco"

De un momento a otro, una corriente de energía más fuerte de la que producía con su meditación lo recorrió por completo. Y un estallido en el centro de su diatan tuvo lugar.

"Se fuerte"

El susurro no le causó tanta impresión como lo que ahora sentía en el centro de su energía.

Su tío y su padre le habían dicho que, nadie después de la caída del imperio había experimentado algo igual; por lo que no pudieron describir el sentimiento, lo que causaba, la sensación que producía y el cómo se desarrollaba. Mucho menos pudieron explicar en qué momento lograba desarrollarse. Pero Lan XiChen tenía la certeza de que sabía, y sin que nadie tuviera que aclararle, lo que le había pasado.

Lan XiChen había desarrollado un núcleo dorado en tan solo una noche y con tres días de entrenamiento.

tal fue su emoción, que no se dio cuenta que un ave parecía mirarlo desde el balcón de su habitación.

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N/A:

Pido disculpas por la demora, posibles errores y porque este capítulo esté dividido en dos partes. Originalmente iba a ser solo uno, pero ya son 15 páginas y qué es la vida sin un poco de emoción. XD

En la próxima actualización, voy a republicar los capítulos anteriores por una edición en tildes, gramática y otras cosas menores. Jeee, también haré unas notas generales de lo que llevamos hasta ahora.

Sin más que decir...

Gracias por leer. By