Iban saliendo los Dragomir, cuando se cruzaron con Janine, que venía de revisar la seguridad -por enésima vez desde que había llegado- para informarle a Alberta de sus hallazgos.

"Guardiana Hathaway", la saludó Milady, el corazón casi arrancándose del pecho.

"Sus Altezas", apenas hizo una inclinación de cabeza, "me pareció ver a dos niñitos moroi con Rose, pero no sospechaba que eran sus hijos".

"Nuestra Lissa vendrá en otoño", explicó Milady, más calmada, "André ya está acá. ¿Vuelve a la corte?, ¿podemos llevarla?", ofreció, tras una rápida mirada con su esposo.

"No, gracias. Milord Szelsky pasará por mí, camino a alguna otra parte... Hasta entonces, puedo disfrutar a mi rosa salvaje".

"Ah... ¡oh, claro!, no ha podido verla mucho, ¿cierto?":

"No echa mucho de menos a su mami, realmente. Con nueve meses en mi guata, le bastó, al parecer", y todos miraron al planísimo vientre de la joven guardiana.

¿En serio había dado a luz a ese bólido?, ¿y, dónde la había guardado?, ¿en la nube?, ¿en una carpeta virtual?.

"¿Vamos por los niños?", sugirió Alberta, "Ya anochece, y creo que es mejor que se queden acá esta noche. ¿Quizás a Vasilissa le gustaría acampar con Rose, en su refugio?", sugirió.


Allá estaban los 3 niños, en una cabaña casi al borde de la escuela -con dos jóvenes guardianes de niñeros, obviamente- intentando aprender cómo esgrimir una espada (nunca jamás una estaca) para ¿matar dragones?.

Sip,

Eso parecía.

Los guardianes participan del jolgorio, disfrazados de dragones (o sea, con algo como telas verdes encima y gruñendo) y con una linterna en las cabezas (por el fuego) recibiendo las estocadas (y puñetazos) de esos tres matadragones.

Bueno, de dos muy torpes y una extremadamente seria y profesional.

"Caballero Rose" llamó Alberta en voz alta, entrando, "vienen por Vasilissa y André"

"Oh", dijo Rose, sin soltar su espada, "oki. Tan efemito. Ta bien ke lo kera ello", se encogió de hombros. "Mami, no aceke, tan efemito, puede efema tu".

"Son moroi, Rose, no es contagioso", se rió Janine.

"Eso dije yo. Modi. efemito. Tu puede efema. Tu tení uno modi efemito alla".

"¿Y tú, no puedes enfermarte?", dudó el Príncipe Dragomir, riendo.

Oh. No.

"¡No!, ¡yo no modi!, yo matadagone. Yo gande. Ello efemito. ¿tu modi?, ¿tu efemito, sip?, ¿a sopita piopio, Beti?"

"Sí, Rose, se quedarán por una sopita de pollo, claro", se rió Alberta, y todos salieron, incluso los dragones de prueba.

Obviamente, todos a tomar una sopita de pollo, a insistencias de Rose.

Y no pudieron pararse de la mesa hasta vaciar un buen tazón.


Los niños del pre-ciclo -los preescolares- estaban liberados del uso de uniforme, y del pesado horario nocturno.

Así que convencer a Vasilissa de que no llevara TODOS sus vestidos de princesa Disney a la escuela, fue toda una hazaña.

"Peo mami, si Dous kaballeo, ¡keo veme como pincesa!", chilló, pateando el suelo, frustrada.

"Se romperán, y nadie va a repararlos, Lissa. Ya estás muy grande para ellos, ¿ves?", y le mostró el que tenía puesto, que apenas le pasaba del cuello.

Al final, su madre la convenció de que llevara SOLO los que le cerraban, y Vasilissa debió -a regañadientes- dejar por lo menos un cuarto de todos ellos.

Los olvidaría, seguramente -rogaba su madre- mientras los embalaba, para ocultarlos de su vista.


Habría sugerido regalarles algunos a Rose; pero -sospechaba- que perdería rápidamente su favor si sugería que Knight Rose... vistiera de princesita Disney.

A menos que...

Y rebuscó entre sus propias cosas infantiles -a salvo en cajas en el ático de su casa en la ciudadela- y bajo la curiosa mirada de su marido.

"¡Si!", exclamó, feliz, sacando -de muy al fondo- un elaborado traje, con todo y capa.

"¿Un traje de... caballero?, ¡oh, Rose, claro!, genial".

"De La Princesa Caballero", corrigió, "yo crecí fuera de acá, ¿recuerdas?, ¡y era lo máximo!, una princesa, que la criaron como niño, porque sus padres temieron decir que era niña. Así que creció... bueno, como Rose. Fuerte y valiente. ¡Todas queríamos ser como ella, en el colegio!".

"Querían ser como las novicias dhampirs, ¿cierto?, fuertes y valientes, que salían y mataban dragones, o strigois. Lo mismo".

"Cadetes, Eric. Las llamaban cadetes. No eran monjas. Eran cadetes para ser guardianas. Y sí, eran todas así. Fuertes, saludables y valientes..."

"Cadetes... me gusta eso. Entonces, ¿Rose es...?"

"Una estudiante. No ha pasado las clasificatorias, ¿cierto?, esas eran las cadetes... las Huríes querían ser las guardianas de los moroi... pero las walkirias... querían ser como Rose":

"Guerreras", asintió.

"Y prefiero, mil veces, que Rose sea una guerrera, a que sea una Hurí"

"Y la proteja porque son amigas, y no porque es moroi", completó el Príncipe, asintiendo. "La amistad puede ser eterna, entre ellas... Pero no siempre puede ser que nuestra Lissa sea su moroi, ¿cierto?. Bueno, yo me ocuparé de eso... tal vez... tú puedes ubicar a personas de tu vieja escuela, y conseguir libros o manuales de formación de las Walkirias".

"Conozco a la persona perfecta"; sonrió Milady, asintiendo.


Lord Leo Szeslky también revisaba sus cosas.

Iría por Janine, rumbo al aeropuerto y a su siguiente ruta, y quería llevarle algo a Rose, para congraciarse con ella.

Si la mantenía contenta, mantendría a su lado a su eficiente -y letal- guardiana.

Un adorno terminaría en su cabeza -aunque fuera una estatuilla de un Dragón... de Komodo- ¿y un libro?, tenía algunos interesantes, por allí, que encontró en diversos mercadillos.

Había uno -animado, incluso- de un dragón, alérgico a las margaritas, y tenía una amiga, que siempre le llevaba, ¡Margaritas, sí!.

Lo había divertido de chiquillo, y confiaba en que divertiría a la hija de Janine.

Por las moscas, agregó un volumen de segunda mano -y no empastado- de Animales Fantásticos.

Podía leerlo más adelante, una vez que aprendiera a leer bien.

Ufano, guardó ambas cosas en una bolsa de papel marrón -si era como Janine, las cosas frufrú le reventaban- y terminó de hacer sus maletas.


Rose miró -alternativamente- el traje de caballero y el libro de dragones, y sonrió, más feliz que una lombriz (de tierra, pero en una compostera, claro), e hizo a ambos una reverencia, que dijo más que las miles de palabras que no les diría.

"Sí, también puede jugar a la princesa"; susurró Milady a ambos varones, "aún es una niñita pequeña, y el mundo de afuera es demasiado cruel... Sólo espero... que proteja a nuestro bebé de dragón", susurró a su esposo.

"Lo hará", dijo Janine, acercándose, "la pequeña Lady... es ya de su manada, y no la dejará. A sol o sombra. Estoy segura de eso".


Rose leía los libros que le iban regalando, y ávidamente.

Había leído los de dragones, los cuentos, los de animales fantásticos... y, sobre todo, los de las Walkirias.

Le llamó la atención que les dijeran de otra forma -cadetes-, y entre ellas, las calificaran de dos diferentes formas -Huríes y Walkirias- y las formaran diferente, aún siendo todas... bueno, cadetes.

Las Huríes eran buenas guardianas, responsables y siempre respetaban a sus moroi, aunque sabían mantenerlos a raya.

Las Walkirias eran totalmente guerreras -reconoció la formación de su madre, claramente- y, aunque buenas guardianas, eran mejores cazadoras, recuperadoras y rescatadoras.

Se aseguraban de que las zonas estuvieran libres de, bueno, todo.

Y sip, ascendían rápidamente.

Su madre y Alberta eran de ésas.

Guerreras entre hombres.

Admiradas y odiadas.

Y ella sería asi.

Evidentemente


El invierno de sus 15 años -a meses de sus 16 años- trajo la pluma que desequilibró su delicada balanza de Ma'at.

Iba con los Dragomir -y con sus dos guardianes-, por un camino nevado y demasiado resbaladizo.

Conducía un guardián, y a su lado, iba el Príncipe.

En la segunda fila, iba Milady y su guardián.

En la tercera fila, iban los 3 niños.

Los dos Dragomir y Rose..

André ya tenía 18 años y era llamado -ya oficialmente-, Lord André.

Había sido presentado a la Reina en el baile de Navidad, ese año.

Su hermana Vasilissa, había recién cumplido los 15 años y -aunque una Lady, por nacimiento- era llamada Mz Vasilissa.

Sería llamada Lady, también, a sus 18 años.

Rose era aún una estudiante en la Academia St. Vladimir.

No había rendido sus clasificatorias -le correspondian al final de ese curso, el Junior, junto a su clase- y estaba muy ansiosa de pasar de estudiante a cadete-Walkiria (y no a novicia-Hurí, claramente).

Pero había accedido a acompañar -o escoltar, más adecuadamente- a Vasilissa, su amiga moroi.

Porque eso eran, a esta altura.

Amigas.


Algo extraño le pasaba al automóvil.

Simplemente, no respondía.

El volante no respondía.

Los frenos no respondían.

E, incluso, el seguro de las puertas no respondía.

Parecía un viaje al desastre, y, siguiendo las instrucciones del Príncipe; el guardián intentó conducir a un lugar seguro, para intentar frenar el automóvil; a la mala, de ser necesario.

Pero era noche cerrada, hacía frío, el camino estaba vacío y el automóvil no quería hacer lo que los humanos querían.

Y los condujo directo a un gigantesco árbol, a la vera del camino.

El golpe fue tan brutal, que mató al guardián y al Príncipe, de inmediato.

Milady tuvo apenas unos segundos para gritar.

"¡Walkiria!", antes de que fuera la siguiente, junto a su guardián, en morir.

La tercera fila no tuvo mejor destino.

Rose se abalanzó en proteger a su amiga, y recibió la fuerza del impacto; con las palabras de Milady, aún sonando en sus oídos.

Lord André también murió, a los pocos minutos.

Y Vasilissa, apenas viva, movió -desesperada- a su amiga dhampir -sip, a la Walkiria- hasta lograr que respirara.

El resto es historia.

Y aquí... estamos ahora


El final del Flashback que es el inicio de la tercera parte, La Reina Oscura.

La tercera parte, como tal, la retomaré el próximo lunes.

Hasta entonces, ¡estén a salvo de todo!

Trei