"Ahora, debes escucharme, Sär Rouza, esto es lo que deberás hacer", y susurró en su mente las nefastas palabras oscuras, destinadas sólo a ella.

Rose les suplicó que no.

Pero no la escucharon.


La oscuridad era demasiado fuerte, como para no hacerlo.

Para no intentarlo.

Pero ella podía perderse a sí, y todos con ella, si lo hacía.

Ella era el polo -el golem- principal.

Había sido escogida -y por su propia gente-, como tal.

El día en que fue escogida como (Reina) Regente.


Pero los otros (golem, polos, SK) .a los otros debería buscarlos.

O la oscuridad se extendería más y más.

El reinado de los strigois ya había acabado, le dijeron.

Porque el depredador mayor ya había probado su carne. Y su sangre.

Y los había convertido en ellos.


Y los strigois -pese a lo que todos creían- tenían una cuota de aguante máximo, casi nunca puesto a prueba.

Cuando ya se habían digerido a sí mismos, cuándo no eran más que huesos y piel.

Cuándo sólo quedaba vivo su cerebro y su mente... Si no hibernaban, se volvían locos y muchos, se arrojaban de un acantilado, para que los quemara el sol.

O se arrojaban en una hoguera.


Contaban las leyendas oscuras que muchos strigois rescataron a condenados a la brujería, para tomar sus lugares y morir en la hoguera.

Tanto era el dolor que tenían, que el fuego sólo podía ponerle fin a esa agonía.

Porque al final mismo... su alma mortal tomaba el control, y veía la maldad y el dolor hacia atrás.

Y -a menos que fuera un demonio en piel humana o un desalmado (y no podrían compartir el espacio con un strigoi, claro)- las almas humanas sufrirían su infierno en la tierra. Verían -y viajarían- con sus víctimas y eso no se acabaría, hasta que esas almas sufrientes ya no pagaran por todo el mal que el strigoi les provocó.


Eso sonaba muy lindo y muy útil en el papel -que Vlad quería para ella,claro-, pero no era su realidad.

Y Rose salió corriendo del lugar, y corrió hasta las puertas, y saltó las rejas -que se negaron a abrir para ella- y gritó, lo más fuerte que pudo, hasta atraer a una jauría (de zombies, claro) que iba por allí (¿cureoseando?).

Y, entonces, sacó su estaca -la nueva, de metal con plata- y un cuchillo bañado en oro -para probar en terreno- y comenzó a pelear contra los zombies.

Detectó a los que fueron strigois alguna vez, y pudo ver esa majamama negra, rodeando sus auras muertas -¡Oh, qué festín para el parásito , un alma y un ente juntos!- y notó su grito desesperado al atacarla.

Era su último vestigio de lo que alguna vez fueron.

Ojos y manos primero.

Brazos y rodillas, después.

Y luego, la estaca afilada -primero- para ver si la plata servía de algo contra ellos.

Nop. Nadita.

Obvio, rompía los corazones -¡a cualquiera!- pero no los detenía.

Así que sacó su cuchillo dorado, e hizo lo mismo.

No una, sino y muchas veces, hasta que todos quedaron inertes.

O lo suficientemente inertes.

Y -entonces- miró hacia arriba, hacia lo que fueron sus auras.

Y vio al parásito clavado a la tierra.

La cuerda de plata no flotaba.

Estaba totalmente pegada a la tierra.

Como el aguijón de una abeja, clavado.

Si... se movían... ¿morían?.

Y Rose lo pateó lejos.

Y el zombie... con un aullido...

¿Murió?.

No tan así, lástima.

Pero ya no era el mismo, ni lo sería, jamás.


"Vaya, vaya, guardiana", sonó una voz, en la espesura, "quién lo diría, ¿con qué lo hiciste?, te divertiste, por lo que veo. Deberías compartir tus juguetes, si no quieres que te coma, muchachita", y asomó un -muy- desnutrido strigoi.

Rose se encogió de hombros, y le arrojó ambas armas.

Tenía una teoría, y si ese -amable- strigoi, la ayudaría a probarlo, mejor.

Evitaría un quebranto de cabeza.

Por las moscas, absorbió más y más de la oscuridad de Lissa.

Pobre, se sentiría totalmente drogada cuando acabara de chupar toda esa mala energía drenada, pero estaba dentro de -¿St, Sär?- Vlad.

Y eso la protegería.

Algo.

El strigoi tomó la de plata, y la soltó con un exabrupto, pateándola lejos.

"Mala niña", aulló de rabia, "cambiaron el formato, ¿eh?, casi me engañas. Casi... ¿y esto, qué es?", y tomó la de oro y atacó a uno de los zombies aún... enteritos, y éste se volvió y lo mordió en la mano del cuchillo.

Ya estaba muerto, en todo caso.

La mordida se expandiría más y más y se volvería zombie.

Con otro aullido de rabia, intentó acuchillarlo más aún, y el zombie... ¿respondió, mordiendo?, ¡que cool!, era divertido de ver.

Sip, su teoría no era perfecta, pero, tampoco errónea.

Las nuevas estacas sí herían a los strigois.

Las de oro, sí lastimaban a los zombies.

Y en manos de los strigois, sacaban de quicio a los zombies.

Sería divertido hacer correr el rumor entre ellos, de que un strigoi podía pelear contra un zombie con un cuchillo de oro.

O bañado en oro.

Y entonces, Rose absorbió todísima la energía oscura de Lissa y, a través de ella; la de Sonja.

Y se acercó al strigoi, y lo cogió de la solapa, y lo miró, directo a los ojos, presionando la energía oscura dentro de él.

"Vas a ir por allí y dirás a todos tus amiguitos strigoi que viste a alguien -quizás un humano, no lo sabes- que usaba un cuchillo de oro para pelear con los zombies. ¡Y le resultaba!, estabas demasiado lejos como para tomar el cuchillo. ¿Pero sabes qué?, quizás era un carroñero. Ellos acumulan de todo. ¡Deben tener oro!. Y serás más que convincente. Y los llevarás a cazar zombies. Unos pocos a la vez, por cada grupo. Entonces, ¿serás convincente?", y presionó la oscuridad del espíritu muy dentro de él, hasta vaciarse (casi) por entero..

Esa masa oscura rodeó al parásito que se gestó con la mordida, y forzó su compulsión de espíritu (oscuro) en el strigoi.

Y éste asintió, sin fuerza o poder.

"Ahora, ¿mi cuchillo?", y él se lo pasó, "y, por supuesto, me enviarás de vuelta mi estaca".

"Sí, Mi Reina", murmuró.

"Me gusta. Para tí y todos los tuyos seré la Reina Oscura. ¿Cómo me llamo?"

"La Reina Oscura, Mi Reina", repitió, monótono.

"Ahora, vete".

"Sí, Mi Reina".

Y Rose tomó el cuchillo, atacó al último zombie y lo ató a la tierra.

Ya serviría para las prácticas de tiro y decapitación rápida de las generaciones más jóvenes.


"Caminaste frente a los zombies", susurró Alberta, tras verla entrar, "¿qué... descubriste?".

"Las estacas siguen sirviendo contra los strigoi. Podemos tomar todas las de reserva y fundirlas, para que todos tengan sus armas. Los cuchillos de oro, al menos a mí me sirvieron. No los mata, pero... los amarra. Es como pasa con las abejas. Si se mueven, se rompe el vínculo con el parásito. Este vínculo se disolverá en algún momento futuro -sin que nada que haga le pueda servir- y puede pasar que quede atrapado en un cuerpo realmente muerto y vacío, sin nada de que alimentarse, hasta que se haga polvo, y entonces... los absorberá la tierra o se lo llevará el aire. No lo sé. No hay... pruebas".

"¿Y esos, los de afuera?".

"Úsalos de entrenamiento. No podemos entretenernos en esperar a que se mueran del todo. O no tendremos más combustible".

"¿Te sientes mejor?".

"Sí, Y necesito una reunión. Sonja, Mikahil, el Padre A., Lissa, Cristian Ozera, tú y... Dimitri. Nadie más. Lo más pronto posible. De preferencia muy temprano. En la capilla, bajo la luz. Que el Padre A. pida permiso a Vlad y le pida el pergamino. ¡Que no lo haga sin hacerlo!"

"¡Oh por Dios!, ¿está aún por acá, aún 1000 años después?".

"Están. Y choreados, por tanta estupidez. Atados por un conjuro. Anna lo dijo, para... que él no se fuera. Y lo dijo para sí... cuando se sacrificó, al tirarse del acantilado... como el de la mamá de Harry Potter, ¿el que lo protegió?, bueno, Anna protegió el legado de Vlad, a través de su muerte".

"La iban a quemar por bruja, Rose", le recordó Alberta.

"Manejaba 5 elementos a la perfección, Bertie. ¿En serio crees que la podrían quemar?".


muy bien, entramos de lleno a la parte más rara (y probablemente oscura) de esta historia.

Como dije, tocaré de oído, quedará en stand by en algún momento y se retomará, y así espero llegar a buen puerto.

Les iré avisando, ¿sí?

Cuidense

Trei