"O ese muerto era cataléptico y cruelmente hicieron de todo para hacerle creer que volvía de entre los muertos o..." comenzó Sonja.
"O realmente hicieron la peor estupidez de la tierra", completó Mikahil.
"Necromancia", movió la cabeza el Padre A. "lo que nos faltaba, ¿cierto?, ¿magia negra en su máxima expresión?".
"O es magia necromántica o un experimento siniestro", dijo Cristian, "en ambos casos, la cagamos. La cagaron. Es lo más cerca que estamos del origen. Y es monstruoso".
"¿Dicen que éstos... enterraron vivo a uno de los suyos para volverlo... qué?", dijo DImitri, duramente.
Pero no hacia ellos, claramente.
"No lo sé, Dimitri", Rose movió la cabeza, "sólo sé que nada sé y ni de eso estoy segura", susurró, "Tenemos dos -no, tres- temas entre manos. Strigois, zombies y el apagón. ¿Estarán relacionados?, no lo sé".
"¿Pudiste ver algo de ellos?, ¿alguna cosa?", dudó Lissa, temblando, "¿el... muerto, tenía...?".
"Nada. No vi nada raro. No tenía nada. No tenía alma", susurró Rose, temblando.
Se quedó cavilando mucho rato, y todos la observaron.
De pronto levantó la cabeza y miró al vacío.
Mikahil fijó la mirada y vio algo borroso.
Anna.
"Mi diario", le dijo, "debes leer mi diario", y se desvaneció.
"Padre A., ¿dónde dijo que estaba oculto el diario de Anna?", dudó Rose.
"No dije. No sabía que tenía uno", dudó.
"Pues hay que encontrarlo"; dijo Mikahil, Anna... acaba de mencionarlo".
Dos días después de la llegada de Bía, que era la nueva veterinaria residente.
Había entrado a estudiar veterinaria y-aunque no avanzó mucho- tenía consigo algunas cosillas muy útiles.
Y amaba a los animales.
Y ellos... a ella.
La terapia era mutua
"Necesitamos insumos", dijo Bía a la doctora, "¿tenemos?, no digo veterinarios, pero médicos en general.
"Casi nada", rezongó, "ya no tenemos dónde buscar, que sea cerca. Me temo que debemos ir más y más lejos, y arriesgarnos más y más... Incluso, puede haber más gente sola, allá afuera, apenas sobreviviendo".
"Y animalitos. Esto era rural. Pueden quedar pollitos o algo así, ¿tú crees?, ¿no?, yo tampoco. ¿Con quién hay que... suplicar?".
"Con Rose".
"¿No es muy joven para ser...?", dudó.
"Sí. Sí lo es. Pero Rose... es más que única. La conozco hace años. Increíble, era toda una rebelde de ideas propias en los primeros años. Pero esas ideas... ahora nos salvan la vida. El asentamiento fue su idea".
"¿Y qué era antes, sino?, ¿una de esas... comunidades cerradas?"
"Una escuela. Un internado", reconoció la doctora. "St Vladimir era una academia"
"Para vampiros y semi-vampiros", completó Bía, "ya comprendo. Hablaremos con Rose, entonces. Parece la más..."
"¿Cuerda?"
"No, la más dispuesta a sobrevivir".
"Ok, gente, tenemos que hacer visitas de doctor acá, acá y acá", Dimitri señaló en el mapa las consultas médicas y clínicas más cercanas a ellos.
Era indispensable surtirse de equipamiento médico.
Tanto suplicó la doctora -y con razón- que debieron programar una salida.
Una de las tantas que deberían hacer -a partir de ese momento-, si querían sobrevivir el invierno zombie.
"Saldremos apenas claree el alba. Sean rápidos y volveremos lo más rápido que podamos. Apenas tenemos gasolina, así que se agradece si consiguen más... ¿qué más?, bueno, combustible de caldera también y todo lo útil. Avisen si encuentran señas de los carroñeros... es la primera vez que intentaremos conectarnos por la net dreamer, así que todo puede pasar. Sé que no todos -o casi nadie- cree que esto puede resultar. Pero es lo único que tenemos, por el momento".
8 autos se aprestaron a salir, cada uno con dos guardianes, un usuario de algún tipo de magia y un dhampir no guardián. Todos armados con estacas, cuchillos y sip, armas de fuego.
Afuera ... no era un videojuego.
Era la vida real.
Y apestaba.
La net dreamer era una loca idea de Rose (obviamente).
Era una matrix, formada por las dos usuarias de Espíritu -Lissa y Sonja, obviamente- que se mantenían en la proyección de los sueños -juntas o separadas- junto a otras personas, que iban en los vehículos, y que también... soñaban.
Obviamente.
Eran esas personas quienes entregaban la información de ida y vuelta, para así tener -de primera mano- una respuesta o una reacción.
Los tec se ocuparon de rastrillar el área por días, y aún no encontraban a los carroñeros.
Esperaban -secretamente- que esta misión... fuera el cebo perfecto, para que salieran de su escondrijo.
Las consultas y clínicas médicas quedaban bastante alejadas.
Y eran -cada una- un completo desastre.
Las personas que iban en los grupos eran los que llevaban las listas médicas.
Y eran los nuevos aprendices médicos.
Así tal cual.
En la primera consulta... todo era un caos.
Habían como 10 zombies -muy agresivos entre ellos- y se volvieron a ellos, apenas entraron.
Los guardianes atacaron de inmediato.
No era que fueran descartables o nada de esa antigua publicidad moroi.
Pero tenían entrenamiento.
Y sabían cómo usarlo.
Luego, los morois atacaron, usando sus elementos, y los dejaron... rip.
Realmente rip.
Así que los rodaron a la puerta, para cargarlos en el techo -cosa que hacían los otros de los equipos-, y así usarlos de leña.
Luego vino el trabajo en el lugar.
Ellos sí sabían que buscar, al contrario de la marea de gente que ya pasó antes, y buscó... bueno.
Lo que buscaría cualquier persona en ese caos.
"Jeringas", dijo uno, y anotó en la libreta.
Al parecer, no estaban anotadas, pero siempre eran útiles.
"Gasas limpias y tijeras. Por toneladas. Hay que marcar para volver", dijo otro, sacando un buen montón, y dejando el resto junto.
"¡Penicilina!", saltó un tercero, casi haciendo un baile de la victoria. "También hay ropa quirúrgica y otros tipos de medicamentos inyectables. Algunos instrumentos quirúrgicos... y ¡bubis!", y se volvió a ellos, con los implantes en las manos, y los movía como si fueran gelatina.
"Vaya, vaya!, dijo uno de los guardianes, "un... cirujano plástico escondido. ¡Quién lo diría!, yo vine un par de veces. Por lesiones, ¡no por estiramientos o pechugas!", explicó.
"No necesitas aumentar la copa", dijo uno de los moroi, riéndose, "ya eres... C ó D, con todo ese ejercicio".
Y el guardián sacó pecho, casi reventando su chaqueta.
Y todos se echaron a reír, cargados de todo lo que encontraron.
Dejaron adentro algunos zombies de marcaje, para que no pareciera que anduvieron... curioseando, y continuaron al siguiente punto.
El primer auto salió hacia el asentamiento -cargado de provisiones-, y el soñador avisó a Sonja -de turno en la net- que avisó que uno venía y que saliera el siguiente.
Siempre debía haber más de uno.
Por las moscas.
Se cruzaron ambos autos -a mitad de camino- y se sintieron contentos de que otra locura de Rose... los haya -nuevamente- salvado del desastre.
Los otros lugares estaban en similares condiciones.
No habia sobrevivientes, pero sí... muchas cosas raras.
Ocultas.
Y otras no tanto.
Pero ya no importaba... tanto.
¿Verdad?
Dimitri escarbaba en el último lugar marcado en el mapa.
Un strip center con pequeños locales comerciales variados.
Con las puertas rotas y en total destrozo.
Él buscaba la plata para su proyecto secreto.
Para pedir a Rose que se uniera a él.
Se casaran.
Si. eso.
Por eso seleccionó el strip center como última parada.
La posibilidad era mayor.
Nadie pensaría en llevarse la plata para hacer balas con ese metal, ¿cierto?
Cazaban strigois y zombies, en ningún caso... hombres lobo.
O eso esperaba.
En todo caso, el pet shop era promisorio.
Bía estaría feliz con todo ese material.
Había sacos por montones, y camitas y medicinas.
Curiosamente, no habían pasado muchas personas -o zombies- por allí.
Ni animales, tampoco.
Habría que volver más adelante.
Y pronto.
Había ropa en alguno de los locales.
Y más cosas útiles.
Lástima lo lejos que estaba.
Demorarían demasiado en regresar.
En la última tienda -de bisutería y accesorios- Dimitri encontró lo que tanto buscaba.
Accesorios y joyería de plata.
