"Dimitri, tienes que ver esto", lo llamó Cristian Ozera, asomando en la joyería, "¿joyería, grandote?, ¿va en serio la cosa?", se acercó a curiosear, "cosas con rosas te aseguran ser snack de zombies y pasto de strigois, así que olvídalo. ¡Y no sé si a ella le interese una roca tan grande!", señaló un anillo de plata con un diminuto zirconio rojo engarzado en él, que Dimitri tenía en su mano.

"Harías bien en buscar algo tú también, Lissa no es de las que se quede sentada en espera de la roca" y le mostró otros anillos, cada uno con cristales o piedras más y más grandes.

"Buscaré alguna cosa antes de irnos. ¡Tienes que ver esto!, si no fuera que estaba oculto... ¡jamás lo habríamos visto!".

Afuera, un grupo de ellos rodeaba algo.

Y le hicieron espacio a Dimitri, para que lo viera.

Una figura humana.

Un strigoi.

Muerto.

A la luz de sol.

Los ojos aún tenían el tinte rojo, tenía colmillos, y era evidente que había sido humano al ser transformado.

Y los humanos no son vampiros.

¿Cierto?.

Salvo vampiros psíquicos, pero ese no era el tema.

"La onda expansiva", dijo Cristian, "¿verdad?, arrancó al strigoi de cuajo, pero no volvió el alma humana, o simplemente murió. No estamos tan cerca, y esa onda fue fuerte".

"Y sólo dos SK", dijo Alan, "¡qué haríamos con más!"

"Usuarios son los que no declararon magia, ¿verdad?"; dudó uno de los moroi, uno de los profesores, "debemos tener registros de ellos. Fichas médicas y todo eso. Y deben aún estar... en alguna parte. Estoy seguro de eso. Esos papeles jamás fueron quemados o reciclados. Se guardan..."

"En la última bodega de la biblioteca", aseguró otro, "podríamos saber quienes son, al final. Y con la net, podemos intentar ver si están vivos... Si pasaron por St Vlad, podemos usarlo como telón de fondo... Alberta y Ellen llevan acá mucho tiempo, y deben recordar a varios de ellos".

"Si dos... arrancaron al strigoi de este hombre, a esta distancia, ¿qué harán los 10 de Vlad?", dudó Cristian

"El mismísimo Árbol de la Vida", concluyó Dimitri. "Limpiar la tierra de ellos. O al menos, un gran perímetro":

"Lástima que no limpie de zombies", dijo Alan, pero algo sería mucho, en estos momentos.

"Tómenlo, pero con precauciones", dijo Dimitri, "le haremos una... ¿autopsia?, ¿necropsia?"

"Strigopsia, Dimitri", dijo Cristian.

Casi saltando de entusiasmo.


Cuando el último auto entró, el tec de turno sonrió -ufano-, y apagó los drones.

Tenía datos interesantes que compartir.

"Los encontré, Bertie. Creo que es un 60% seguro -o más- que los malos están parapetados en el mall de Missoula. Detecté mucho movimiento. Demasiado, y no son zombies, estoy seguro. Ustedes salieron, cruzaron la carretera, y ellos comenzaron a circular, como hormigas. Nos vigilan. Pero aún no saben en dónde estamos. Y sería bueno que eso... siga así". Se rascó la cabeza, de rulos rebeldes y ya medios rastas.

"Debemos rodearnos de zombies a diestra y siniestra", dijo Dimitri, frunciendo el ceño, "sólo así verán sólo a un amasijo de ellos y no a nosotros... Y es invierno. Esto se complica"

"Y si... ¿les enviamos a un amasijo a ellos?, sugirió Cristian, interesado, "quizás algunos de aire pueden mantener algo allá arriba, que meta ruido, y moleste a los zombies, y los mande hacia ellos".

"Sería..."

"Una masacre, pero suena cool", dijo Mia, "ellos nos quieren muertos. Nosotros nos queremos vivos. Así tendrán mucha ocupación. Pueden encerrarse entre esas cuatro paredes... por meses, y no salir. Y nosotros necesitamos salir cada vez más. Ya queda... de nada, me temo. La tierra ya no coopera. Agua tenemos, gracias a la nieve. Pero lo demás... nada. Y el descontento sube y sube. El hecho es que si los dejamos irse... se sabrá de nosotros. Más temprano que tarde".

"Esto... debemos llevarlo a Consejo", dijo Rose, "no cargaré -innecesariamente- con una masacre en mi vida, si podemos hacer alguna otra cosa. No por ellos, pero por nosotros".


No hubo muchos habitantes que quisieran otra alternativa.

Muchos habían sido atacados, emboscados y amenazados por esos forajidos, y no los querían cerca.

Habrían bajas -cierto- pero parecía que el 90% del mundo había caído ya.

El mall era un lugar enorme, y bien protegido, podrían estar a salvo... por un rato.

Lástima de los recursos, pero ya debían ser ínfimos.

El alcohol y las armas eran lo primero consumido.

Luego, lo que quedara.


Lo hicieron durante la noche cerrada del mismo día del Consejo.

Enviaron varios drones en la cercanía, y arrojaron cosas sonoras en el perímetro.

Juguetes a cuerda, en su mayoría, con el último rastrojo de la energía de las pilas que los movían.

Y esperaron.

Y resultó bastante bien.

Ellos -los carroñeros- ya eran bulliciosos, de jolgorio casi todo el día.

No era nada raro que algo se saliera de control

Y eso parecieron creer, a juzgar por las imágenes térmicas.


No habían registros históricos -morois o dhampirs- de una strigopsia, así que había varios interesados en observarla.

Todos coincidían en que había sido humano al ser convertido.

Y strigoi al ser... ¿centrifugado? O algo así.

Así que la doctora y Bia se abocaron a la interesante tarea de abrirlo y revisarlo de a pedacitos, con la ayuda de los profesores de Ciencias Naturales y Biología.

"¡Qué interesante!", dijo la doctora, "miren acá. Los pulmones están... pegados, como inútiles. Al igual que todo el sistema digestivo. El estómago es poroso, pero... el intestino está como unido entre sí", levantó el paño y miró los agujeros excretores, levantando la mirada, totalmente sorprendida, "¡la uretra y el ano están cerrados!".

"Sólo sangre es lo que consumen, y la consumen completa"; dijo una de las profesoras, "el agua, el plasma y todos sus componentes... ¡es increíble que puedan mantenerse... bueno, en movimiento!, son como pandas, o koalas, con un único mononutriente. Para hacer la cantidad de calorías, digamos 1500, ¡requieren muchísimos litros de sangre y fresca!".

"Sanguijuelas", dijo Bía, "las ví en la uni. Son sanguijuelas. Pero las otras, cuando se llenan, se sueltan. Y excretan el líquido. ¿Estos no?"

"Suerte que nunca has visto uno en acción, son terroríficos. Y te paralizan de miedo", dijo Dimitri, "los recién egresados que sobrevivían eran... un 50%, pero aún así... muchos queríamos serlo. Nos jurábamos intocables. Eso nos hacían creer".

"Monstruoso", dijo Bia, curioseando más dentro del strigoi.

"Si no lo quemó el sol, ¿decaerá como un cuerpo normal?, ¿podríamos dejarlo en algún lugar y observar?, un cuerpo no hace la diferencia en los hornos, ¡pero sería un valiosísimo aporte a los conocimientos!".

"No veo que no podamos", dijo la doctora, "lo entraron, ¿cierto?, y simplemente no se quemó en las barreras. Lo oscuro y maligno en él... simplemente se esfumó. Volvió a su origen. Es como un moroi, pero en strigoi... ¡fascinante!, ¿crees que puedas encontrar más sobre eso en los manuscritos de Vlad, Rose?, igualmente, van a revisar la biblioteca, por lo de los otros usuarios, ¿podrían, no sé...?"

"Yo me encargo, doc. Igualmente, tengo una agenda propia en el escarbe en la biblioteca"


Dieron vuelta la biblioteca y sus bodegas -las habían pasado por alto, en realidad- hasta hallar las fichas de los alumnos moroi, marcados sin elemento visible.

La última registrada, no era Lissa, extrañamente; sino una joven egresada el mismo año que André Dragomir lo haría.

Su nombre era Nina Sinclair.

Su hermana Olive -dhampir-, había egresado como guardiana el mismo año en que Rose y Lissa habían ingresado a la escuela intermedia, así que no la habían conocido.

Tampoco recordaban a Nina, pero no era raro.

Los morois de los cursos superiores no se trataban -o no se llevaban mucho, la verdad- con los que llamaban los pergenios chicos de las otras dos escuelas -elemental e intermedia- y sólo los que tenían familiares allí -como André Dragomir- tenían un atisbo de relaciones decentes con ellos.

El hecho era que Ellen Kirova y Alberta si las recordaban.

Y eso podría permitir ubicarla a través de la net, si estaban vivas.

Ya sería cosa de horas.

O días.

O nada, absolutamente nada.

Los otros usuarios contemporáneos -o morois sin elemento identificable, como lo registraron- eran Sonja, un tal Bevis Johns -de Palm Beach- y el más lejano registrado... era Robert Darú, ya consumido como combustible.

Las fichas entre Bevis y Robert... habían sido arrancadas de cuajo.

Ninguna sorpresa allí, ese debió ser Viktor Dashkov, que era parte del Consejo de Padres y del Directorio de la Academia.

Eso significaba que Bevis no había podido ser ubicado o había revelado algún elemento.

Pero eso era sólo en St. Vlad.

St. Basil y Adler debían tener sus propios registros, o eso suponían... o esperaban.

"Por eso el Consejo me llamó a trabajar acá", dijo Sonja, uniendo cabos, "él sabía de mí. No pudo atrapar a esta Nina y aprovechó que soy profesora de primaria, para ofrecerme un trabajo, recién graduada. ¡Ya me parecía raro a mí!. Lo atribuía a que era moroi, ¡no!; nunca fue por eso... ¡mal parido!", y soltó una cantidad de "#$%&%$#" que dejó a todos boquiabiertos.


Rose se había adentrado más y más en las cavernosas superficies de las bodegas de la biblioteca.

A solas con una linterna entre los dientes, iba cada vez más adentro , hasta llegar a un espacio tan reducido, que debió pasar a gatas y luego, como oruga, hasta arrastrarse y quedar casi encajada.

Algo le decía que debía lograrlo.

Extendió ambas manos, dejando la cabeza pegada al suelo y estirando el cuerpo a su máxima expresión, cuando las yemas de sus dedos tocaron algo, cubierto de polvo, telarañas y... telas.

Se estiró más, como si fuera un gato, y puso cogerlo con apenas el roce de los dedos.

Empujó su cuerpo más y más -casi a punto de ruptura y desgarro- y pudo asir uno de los bordes duros del paquete.

Sabía que si tiraba de la tela, perdería toda posibilidad.

Así que lo aferró con toda su fuerza y lo fue jalando hasta llegar a su cabeza, y allí lo cogió entre sus dientes.

Ahora venía lo divertido.

Debía retroceder.

Sus pies y piernas comenzaron a hacer tracción inversa, hasta desencajarla del minúsculo agujero en la pared, y volver a quedar como oruga.

Luego, la oruga se volvió una gatita.

Hasta que finalmente, Rose se logró poner de pie.

Con la linterna entre sus dientes y el paquete firmemente sujeto entre su ropa y bajo sus brazos.

Lo desenvolvió y lo miró con los últimos resquicios de luz, que se colaba por las ventanas.

"El diario de Anna", leyó, "Traducido para los custodios del legado de Sär Vladimir Draconia; por su última encarnación, Lady Marjorie Bruce-Hathaway. Hija de la Princesa Marjorie Bruce y Sir Rudolf, el único moroi que era vasallo del Rey Robert The Bruce".

"Esto debe ser una total y absoluta broma", se dijo Rose, "Hathaways, ¿eh?, ya en la era del Rey Robert".

Así que se sentó a leer.


"Supe que era ella desde mis primeros días de vida.

Anna, la custodia de los secretos de Sär Vladimir.

Anna, la que había saltado de cuerpo en cuerpo y de alma en alma por 5 centurias.

¿Condenada a vagar sin descanso?

"Ella no lo veía así.

Era su misión llevar a término lo empezado por su Parabatai, en los lejanos días del lejano Bizancio.

"Vigilar en las sombras que la progenie sobreviviera.

La de él.

Y la que ella escogiera.

"Tras varios intentos, impulsó a la ya debilitada Princesa -Marjorie, mi madre-, a enamorarse brevemente del vasallo de su propio padre, uno de los enviados a su rescate.

Tuvieron que ocultar mi nacimiento.

Y él -mi padre- tuvo que ocultarle a mi propia madre mi raza.

Dhampir, nos llamaban.

"Fue su propia hermana -casada con Sir Agusthos Hathaway- quien me crió, como si fuera su propia hija.

Nadie -los humanos, digo- diferenciaba que yo no era como los otros niños.

Que no era moroi.

"No tengo demasiado tiempo para leer e interpretar estos rollos que han llegado a mis manos.

Así que escribiré lo que leo, no importando si me equivoco.

"Tras 5 centurias, ya se están destruyendo.

El tiempo no ha sido benévolo.

"Han pasado por todas las vidas de Anna.

De los Draconias a ellas.

Y de ellas a los Dragomir.

Y de vuelta.

Y ahora... a mí.

"Siempre protegidas sus palabras.

Pero es mi tarea continuar, y para eso debo revelarlas.

Y sólo así podré descansar, algún día".