Idus de Maia, atardecer
"Recuerdo a esas aguas turbulentas. Mis brazos y piernas pesaban tanto como las robustas maderas de los cedros del Líbano.
No sentía más el dolor que aquel que rompía mi cuerpo. No me podía mover, no más.
Sólo veía la negrura de las aguas, y no el color de las piedras azules que a veces veía en manos de los mercaderes de lejanas tierras.
"¡Oh Dios mío, no quiero morir aún!", yo gritaba al Cielo. "¡He logrado lo que ninguna antes que yo, y no puedes... no tienes el derecho de llevarme ahora, no después de lo que me diste!". Un sonido como un pájaro sonaba en mi cabeza y hacía eco adentro mío.
"Todo estaba oscuro. Mi cabeza estallaba. Quería respirar, abrí mi boca y sólo había agua. Algo se quebró en mí interior... y ya no sentí más dolor".
"La inundación que la mató por primera vez"; se dijo Rose, acomodándose para seguir leyendo. Su mente iba traduciendo los párrafos de una escritura antigua a un lenguaje sencillo y más moderno.
Supuso era la misma Anna la que lo hacía por ella.
O Lady Marjorie.
O ambas.
O todas, antes que ellas.
"Miré hacia arriba y después hacia abajo. Y vi mi a cuerpo ya roto por la fuerza de las aguas, flotando, liviano.
En lontananza, Sär Vladimir Draconia departía con unos u otros Sires, y no me veían morir.
Entonces, ellos me vieron flotar y corrieron hacia mí.
Vladimir era ya viejo, pero saltó como un joven lebrel a las aguas traicioneras.
Mi cuerpo flotaba y se alejaba, boca arriba. Los ojos sin ver. La boca sin respirar.
"¡Ayuda!, gritaba Vladimir, ¡Oh Dios, no me la arrebates ahora, tras otorgármela y en buena lid!"
"Pero después de ese dolor, yo ya había dejado de luchar contra las aguas. Y me dejé ir. El dolor en mi cuerpo pasó, también.
Estaba en paz. No sentía el frío. Sólo el silencio. Y la oscuridad rodeándome, como una manta en los brazos de mi madre, ahora ya muerta.
Vi mi vida frente a mis ojos. Vi mi cuerpo sin vida en las aguas feroces.
Vulnerable. Débil. Roto.
"Vladimir me arrancaba de las aguas, con ayuda de los otros hombres que cerca andaban.
"Lo siento, Sär Vladimir", susurré al viento, "ya es tarde para mí".
Pero ese cuerpo y esos hombres ya no tenían que ver con mi vida... o mi muerte,
Así que floté.
Algo me tiraba hacia... alguna parte.
A algún lugar... como una cueva llena de sombras.
A lo largo de las paredes había agujeros altos, y parecían haber unos otros de pie, mirándome.
Parecían sonreír, al menos, amables.
Algunas me eran familiares, de alguna forma, pero se iban tan pronto llegaban.
Al final de la cueva había una luz.
Había un otro sentado, y la luz emanaba de él. Y me convocaba.
Y yo sólo quería ir y ser envuelta en esa luz.
Los otros parecían aprobar mi accionar.
Intentaba llegar, pero el final de la cueva parecía cada vez más lejos de mí.
"¡Parabatai Anna Fyodorovna!", me llamó una voz.
No provenía de ellos. ¡Oh no!, provenía de aquellos otros.
Los del mundo de los vivos, una voz llena de dolor y angustia.
Intenté detenerme.
Quería saber de quién era esa voz.
Luché contra el poder de esa luz que me convocaba.
"¡ Anna!".
Yo quería volver a oír esa voz, calmar su dolor y abrir mis ojos para verle.
El que estaba sentado me llamaba, con ferocidad.
Y una nueva voz resonó en mi cabeza.
"¡Ven!", exigía. "Completa tu camino. No puedes volver atrás".
La fuerza que ejercían en contra mía era lo más poderoso que jamás conocí.
Algo tiraba de mí.
Luché contra esa fuerza, con todo lo que yo era.
Me detuve y no avancé más.
Los otros en las paredes se enfurecían con mi demora.
"¡Anna, regresa a mí!". Era una voz llena de vida y de dolor... por mí.
Y me obligué a retroceder.
El que estaba sentado se levantó.
Era alto como un árbol. Poderoso. Imperioso.
Oscuro y malicioso.
Ya no tenía luz, sino luces blancas que parecían rayos furiosos.
Me obligué a alejarme de ese lugar.
Los de las paredes murmuraban, hostiles.
Sus dedos intentaron cogerme.
El que ahora estaba de pie creció ante mis ojos.
"¡No puedes regresar!, ¡eres una de nosotros ahora!", gritó en mi propia mente.
"¡No!", grité, sin palabras. "¡No pertenezco acá!, ¡no es mi tiempo!"
"¡Anna!", volvió a llamarme la otra voz, que me daba fuerza para resistir el poder que tiraba de mí.
Tuve que pelear contra ellos.
Me iba volviendo fuerte a medida que lo hacía.
Y fue regresando más rápido de lo que había entrado.
De vuelta a la vida. ¡A mi propia vida!.
"¡No puedes regresar!", volvió a gritar esa voz terrible. "¡has venido demasiado lejos!, ¡nunca podrás regresar!"
"¡Voy a vivir!", grité dentro de mí.
"¡Iremos por tí. Caminaremos hacia tí. Te traeremos de vuelta".
"¡No!", grité, "¡no los dejaré!".
"¡Podrás ganar una vez. Puedes incluso hacerlo dos veces. Si a la tercera no te conseguimos, ¡no vivirás tras la cuarta!" vociferó, "¡regresarás para Ioannes Deus!"
"Y la cueva... desapareció.
Los otros de las paredes y la luz, también.
"Sólo quedaba la oscuridad.
Luego vino una luz que llenó mi cabeza.
Traté de hablar, pero sólo pude toser.
Y sentí mucho dolor en el pecho.
Entonces me di cuenta.
Estaba viva otra vez".
"¡Chuuu, Pobre Anna!"; susurró Rose, cerrando el manuscrito y levantándose.
Debía volver con los otros, que debían andarla buscando.
Tras lo vivido por Anna, jamás subvaloraría los momentos felices, con todos y cada uno de ellos.
Incluso Ellen Kirova, algunos de los apestosos royal moroi que aún se creían el hoyo del queque (Jessi y Ralf, entre ellos, ¡puaj!) y sobre todo su siempre ausente madre, a la que le daría un abrazo de oso apenas se pudieran conectar.
Así, al menos, le estrujaría hasta la última gota de sus secretos.
Así que eran las descendientes del Rey Robert, ¿eh?, eran Bruce por derecho. Hathaway era sólo un encubrimiento.
Porque el Sir moroi no es mencionado más.
Eran las descendientes de la Princesa Marjorie Bruce y punto.
He aquí algo que no es totalmente mío. O para nada mío.
El libro del que está tomado esto se llama Walkers. Yo lo copié, traduje -del inglés- y adapté a esta historia. Incluso fue hecho película, años atrás.
Intenté darle un tono algo más clásico, como si en realidad hubiera sido escrito siglos atrás.
La Princesa Marjorie Bruce es un personaje histórico escocés. Hija del Rey Robert, estuvo cautiva durante parte de su niñez y juventud. rescatada y casada posteriormente, murió a poco de nacer su hijo Robert, que sería el Rey Robert II.
Los Idus hacen referencia al Calendario Juliano, imperante en el momento de la historia de Anna y Vladimir. Esto es Bizancio al inicio de las cruzadas, año 1200 DC aprox.
