"Rose, te buscábamos", entró Dimitri, "¿y por qué estás cubierta de polvo y de telarañas?, ¿quiero saberlo?, odias a las arañas". Movió la cabeza, confuso.
"Encontré el diario de Anna, bueno, no el original, me temo. Fue traducido por... alguien. Es muy complicado de explicar. Anna era... multifacética y multitasking y se las ingenió para que llegara a las manos de una joven dhampir, hija de una princesa escocesa humana y de un moroi, vasallo de su padre, que era el Rey en Escocia, por esos años".
"¿Y?"
"Realmente, al parecer, es mío por derecho. La joven dhampir se llamaba Lady Marjorie Bruce-Hathaway", sonrió y levantó las cejas, remarcando el Hathaway, obviamente. "Hija de la Princesa Marjorie Bruce de Escocia y criada por los Hathaway -una familia noble y moroi- escocesa. Y ella -aunque hija de esa Princesa y de ese moroi NN, un Sir, en todo caso-. dice ser la última encarnación -conocida- de Anna".
"Es mucho para procesar y está muy oscuro. Anda, vamos. Lo leerás en...", dudó.
Tras el episodio del Domo, Rose no pasaba todas las noches con él.
Y sólo conversaban... o dormían, de dormir.
No de tener sexo.
No se atrevía a invitarla permanentemente a su habitación.
No la iba a presionar, porque le iba a proponer que... se casaran, apenas pudiera tener listo el anillo de plata.
Si ella quería esperar ese día para... bueno, tener sexo (o hacer el amor, y el prefería esto último), la iba a esperar.
Si quería ya, también lo aceptaba.
Lo dejaba a su elección.
"Si no te molesta... quiero leerlo contigo a mi lado, ¿sí?", se hizo la gatita melosa, "Lissa lo único que quiere es tener a Cristian con ella. Y si él se cambia con ella... yo... ¿puedo hacerlo contigo?, no te molesta, ¿cierto?".¿eso fue un maullido, Rose?, ¡te queda!
"Te amo, Rose. y quiero tenerte en mi cuarto y en mi cama, sería el mayor y mejor regalo en estos tiempos. Y será como tú lo quieras hacer".
"Entonces, hoy mismo me voy a vivir contigo. Y lo sigo leyendo. Quiero saber qué más tiene que decir nuestra querida Anna".
"¿Qué pudiste leer hasta ahora?".
"Cuando se ahogó. Su muerte. Cruzó el umbral, la quisieron retener. Y volvió. E irían por ella, ¡le dieron un plazo, Dimitri!".
"Muy de SK, eso de ir a dónde no los llaman", y se la llevó de la mano, pues quería que todos supieran que... iban a vivir juntos, a partir de ese día.
Ni que decir, que Lissa -y Cristian- eran los más contentos.
Así que los varones fueron a sus respectivas man cave, para recoger y ordenar.
Cristian lo hizo para cambiarse a su nuevo cuarto -¡anda a pedirle a Lissa que embalara todo lo que tenía! Dando vueltas por allí-, y dejar ese lugar a disposición de otra -u otras parejas o personas- Y Dimitri, para recibir a Rose.
Dimitri no tenía mucho que adaptar en su cuarto para Rose.
Era el mismo que usara en sus tiempos -normales- en la academia, y que él no había podido acomodar más a su gusto, por todo lo que había pasado.
Tenía ahora -sí- un algo convertido en estufa, muchas más mantas de las que podía necesitar, pero que retenía por las moscas, y guardaba celosamente sus libros (¡y debajo de la cama!) y la poca ropa que circulaba por la academia... Y que le cabía, claro.
Así que hizo espacio para la ropa de Rose en su closet -casi vacío- movió algunos muebles, puso una planta en la ventana -para que pareciera más... hogareño- e incluso acomodó una cajita en una esquina -con un cojín ya algo derruido y un viejísimo sweater, aún calentito- para hospedar a Puppy, una vez que pudieran recibirlo.
Y no conforme con eso, tomó a Rose entre sus brazos -una vez que todas sus cosas se hubieran cambiado de casa, claro-, y caminó con ella desde su cuarto -ahora de Liss y Cristian- al de ellos dos, el suyo propio.
Su propio -y apenas acogedor- hogar.
Pero suyo propio.
Y la dejó sobre la mullida cama, sentándose a su lado.
"Yo nunca he tenido sexo, Dimitri", le dijo Rose, de sopetón, "y no sé... no sé... si aún quiero. Es decir, ¡te amo y te quiero entero y por entero!, pero todo esto ha sido... demasiado rápido entre nosotros... y si sólo me quieres en tu cama para... eso. Para tener sexo, me temo..."
"Te quiero acá, porque te amo y quiero estar siempre contigo. Puedo esperar. El invierno no será eterno y la primavera ya llegará".
"No sabemos si estaremos acá, Dimitri. Así que... no quiero esperar toda mi próxima vida. Si ha de pasarme... algo, no será antes de hacerte el amor... pero no hoy ni ahora. Pero será..."
"No tienes que prometerme nada, Rose"
"No es una promesa. Es una certeza", y se enroscó entre sus fuertes brazos, ronroneando como si fuera una gatita melosa.
Aparentemente, eso era, ¿verdad?
"Volví a recordar lo que me había pasado, algunos días después", comenzó a leer Rose en voz alta, para Dimitri, que estaba junto a ella en la cama, "el pánico al ahogarme, el salir de mi cuerpo que flotaba en aquellas aguas turbulentas, ver mi vida pasar, esa fuerza poderosa que tiraba de mí... la caverna, los otros en las sombras, la poderosa luz que emanaba del que estaba sentado.
La paz que sentía, mi deseo de estar entre ellos.
La voz que me llamaba de vuelta. La voz de Vladimir.
La furia de ellos, que intentaron retenerme cuando volvía a mi cuerpo.
Respirar... como si fuera mi primera vez.
"Algo diferente a todo lo conocido me había sucedido.
No había sido un sueño, porque todo estaba claro como la luz del día para mí.
Yo había muerto en esas aguas. Y había vuelto a mi cuerpo, viva.
Debería ser la mujer más feliz de toda la Cristiandad por eso, la más agradecida.
"Pero una sombra y una duda me torturaba. Esas palabras finales.
¡Podrás ganar una vez. Puedes incluso hacerlo dos veces. Si a la tercera no te conseguimos, ¡no vivirás tras la cuarta! ¡regresarás para Ioannes Deus!"
"Oh my guau", susurró Dimitri, usando la interjección favorita de Rose (Fluffy parecía decirla siempre -en su tono de Husky-, y Rose la traducía así), "Anna tuvo una experiencia fuerte... siempre lo pasaban por encima. Se ahogó y Vladimir la salvó. ¡Grande Vladimir!, pero hay demasiado más en la historia de lo que nosotros pudiéramos saber".
"Y esto sigue. Dice algo así como...", comenzó a murmurar, "ya, Anna fue llevada por Vladimir a la casa de un galeno, quién le dijo que Anna no parecía ahogada. Sino viva. Y que lo miró como sospechando de una broma".
"Debe haber sido humano", explicó Dimitri, "Es Constantinopla, Bizancio. Ya eran Cristianos tras Constantino. Seguramente, Vlad y los otros se cuidaban mucho de andar haciendo magia por allá. Si Vlad le dijera que ella se ahogó y él... bueno, la historia sería otra. Pero sigue".
"Ok. dice Anna que... ¡Dioses, esta letra!, Anna dice que salían de la casa del Galeno cuando... la atropellaron"
"¡Pero cómo!, ¿acaso sospechaban que ella..?"
"Una carreta se fue en mi contra. Salté y la carreta... se estrelló en contra de una casa. El que conducía bajó de ella, caminó hacia mí... y cayó muerto. A mis pies"
"¡Qué suerte!".
"Dice acá que casi queda la tendalada. El galeno salió de su casa, se arrodilló junto al cuerpo, y se levantó bruscamente y se alejó, haciendo un gesto contra el mal de ojo. Creyó que había muerto de alguna clase de peste, o algo así. Porque sus ojos eran vidriosos -los del cadáver, obvio- y olía como a muerto... y dio órdenes de quemarlo de inmediato, no de enterrarlo, bien afuera de la ciudad y que las casas que colindaban a la suya, fueran puestas en cuarentena ".
"Eso suena demasiado moderno", y Rose le mostró el texto.
Sip, decía claramente algo así, en su enrevesado dialecto.
"La esposa de él insistía en que no estaban enfermos o contagiados, y por poco y no les quemaron la casa y todo", siguió leyendo. "Vlad se llevó a Anna de ese lugar y la ocultó por unos días, hasta que todo se calmara... y escucha esto...dice que días después, Vladimir esperaba a... alguien que habría podido ayudar, pero no pudo", dijo Rose, retomando la historia de la misma Ana.
"Y yo aún estaba en su casa, pero para nadie era ya extraño. Vladimir me dijo que... su visitante sabía cosas, era como un... augur. Eso parece decir", y miró con más atención.
"¡Oh!, escucha esto. Sigue hablando Anna".
"Oímos ruidos afuera y apenas asomamos a la ventana, vimos al invitado de Vladimir luchando a muerte en contra de un gigante, que lo cogió del cuello y lo lanzó muy lejos. El huésped de Vladimir gritó algo como "¡eres uno de ellos!", pero no pudimos hacer nada para ayudarle. Porque el gigante se vino contra nosotros y rompió la puerta de Vladimir.
"Pero no iba por él. Iba por mí.
Quería matarme.
Salí corriendo y gritando y pidiendo ayuda en nombre de Vladimir y muchos otros corrieron tras el gigante, y lo ¿molieron? A palos y seguía agitándose. Y luego..." y Rose miró a Dimitri.
"Cayó muerto a sus pies, supongo", completó Dimitri, frunciendo el ceño.
¿Por qué eso sonaba a... un zombie moderno?. Porque a eso sonaba.
Por eso la instó a continuar.
"Los guardianes corrieron también al lugar. Dice guardianes, Dimitri. No guardias, no soldados", aclaró Rose, acomodándose más apegada a su cuerpo cálido y fuerte, "...y todos repetían lo mismo. El gigante perseguía a esa muchacha, que gritaba. Lo golpeamos entre todos. Seguía moviéndose. Y cayó muerto. Los guardianes lo revisaron y también hicieron un gesto como de mal de ojo. Y yo también vi por qué. Ese gigante... parecía haber muerto. Pero antes de ahora. Por su cuerpo hinchado. Por su olor como a muerte. Por sus ojos vidriosos. Los guardianes lo subieron a una carreta y lo llevaron para... quemarlo, si. Eso les dijo Vladimir. Que hablaran con el galeno. Que ya había pasado. Que podía haber... una plaga. Y que parecía que los... muertos caminaban".
Seguimos con el libro The Walkers, pero con las pinceladas que conectan a esta historia, ¿cierto?
se nos viene un interesante giro en la historia y... Adrián, que ¡sí, está vivito y coleando!, así como Janine y Abe, los suegros del año, jeje.
