"Que los muertos caminaban", caviló Dimitri, sombrío.

"Yo lloraba sin control. ¿Por qué a mí me perseguía la muerte?, ¿acaso... era mi castigo por volver de entre las sombras de la muerte?, ¿por no querer seguir muerta?

"Vladimir se sentó a mi lado, y me hizo beber algo. Fuerte.

Algo típico que tomaban ellos, los hombres; pero dijo que yo había sido como ellos.

Era un guardián. No. Una guardiana.

"El tema es este, Carísima Anna", me dijo, tomando mis manos entre las suyas, "fuiste atacada por dos... Caminantes. Estoy seguro de que esos dos... ya estaban muertos, el de la carreta y el gigante. He visto demasiada muerte, como para no saberlo. La pregunta es... por qué".

"¿Es mi castigo por... querer volver de la muerte, cuando me ahogué?", susurré, llorando, "en la cueva había otros que me miraban y una voz que me dijo que no podía volver a la tierra de los vivos".

"No lo sé, carísima Anna. Nunca lo he visto antes. Pero sé de quién nos puede ayudar"

"¿Quién?", ya dudaba de si alguien en la tierra de los vivos podría.

"Es... una Vrajitoare", bajó la voz.

Una bruja!", me persigné.

Yo también seguía la fe del Cristo Blanco, aún educada como estaba en las creencias del Mitra Solar.

Y en ambas, una de ellas... no era -o del todo- bien mirada.

"¿Una pitonisa o una...?", tantié, creyendo en su buena fé.

"Una Vrajitoare, carísima Anna. Su padre... era similar a mí, en muchas cosas. Y ella... recibió los dones de esa forma. ¡Oh,no todos miramos mal a la sabiduría de nuestros ancestros!; harías bien en comprenderlo".

"Entonces, ¿me llevarás con ella?"

"Ella nos avisará cuándo quiera verte, no antes. Vive... oculta. Demasiadas veces la han acusado de bruja. No quiere más con la vida. Porque no puede evitar...ver más allá... de lo evidente a nuestros ojos. Y fue ella quién me hizo llegar el mensaje. Nos esperaría... cuándo ella dijera que estaba lista para vernos.".

"Fue así como, cuándo la luna menguó, que nos dirigimos a la parte... casi prohibida de nuestro reino. Aquella que sólo hollaban los desesperados.

"Buscamos a la de Villadiego", dijo Vladimir al sereno, dándole algo en las manos.

Una moneda, supongo.

"¿La bruja, Señoría?, vive muy al fondo, en la parte más oscura. No les aconsejo... hablarle. Está loca".

"Pero ella no lo parecía tanto, cuando nos esperaba en la puerta.

Nos hizo pasar a un lugar apenas iluminado con velas.

E hizo a Vladimir sentarse muy lejos de nosotras.

"¿Qué quieres?", me ladró.

"Si le cuento lo que me pasó..."

"Caminaste en la tierra de los muertos. Es lo que te pasó, Isha", entonces supe que era judía, sólo ellos llamaban así a las mujeres, sin distinción, así que esperé su sabiduría... si la tenía. "Estás rodeada por la muerte, vives en medio de ella. Cruzaste antes de tu tiempo y no pertenecías. Es lo que pasó. Pero llegaste demasiado lejos, demasiado adentro. Viste y oíste demasiado. Y la muerte te quiere de vuelta".

"Es lo que siento", reconocí, casi con un gemido.

"Alguien a quien aprecias te invocó de vuelta y volviste. Ahora la muerte ha cruzado su propio umbral para alcanzarte. Eres valiente. Una guardiana de verdad. Has luchado en su contra y has prevalecido en la vida que reclamaste. Pero la muerte es muy poderosa. La muerte toma muchas formas y no se está quieta en las sombras. Esto no ha terminado para tí. Habrán más y tú lo sabes".

"Cuatro veces. Cuatro tiempos es lo que oí. ¿Sobreviviré a dos más, Venerable?"

"Eso no me fue revelado. Debes ser una guardiana de verdad y vigilar todo el tiempo. La muerte tiene mucho poder, pero hay cosas que no puede hacer. Y no puede levantar a los ya muertos y en sus tumbas para ir tras de tí. Sólo el que ha muerto recientemente, como tú lo hiciste. Con el cuerpo aún útil y fuerte. Tras el cuarto, la muerte perderá todo su poder sobre ti. Y en los Ioannes Deus su poder se extinguirá"

"Eso también lo oí. Pero no sé..."

"La noche entre las noches para todas las criaturas que no son de la tierra. La noche cuando los espíritus vuelan libres y los muertos... caminan. Una noche para los aquelarres de hechiceros y brujos".

"Solsticio, Anna. la Venerable habla del solsticio", explicó Vladimir, sombrío.

"Extranjero", dijo la mujer, con voz monótona, pero siempre mirándolo, "no pareces de raza vil o necio", y él inclinó levemente la cabeza, quedándose callado.

Era un cumplido, en los labios de esa vieja vidente.

"En los idus de Ioannes, tras el solsticio, en efecto, la muerte deberá retirar su reclamo sobre tu vida".

"¿Ves algo más de mi vida, o Venerable que todo lo ves?"

"Uno de los caminantes será alguien que puede que conozcas. Y veo más sangre y fuego. Debes estar siempre atenta a los detalles... ".

"¿Cuáles?"

"La muerte usará cualquier cuerpo disponible, pero todos estarán dotados de lo mismo. Rapidez, fuerza, habilidad de caminar y voz. Pero si están rodeados, la orden es abandonar el cuerpo, y dejarlo decaer. No pueden quedarse adentro, o quedarán atrapados de por vida... y sin vida. Condenados a vagar por la tierra, hasta el final físico de sus días. Ahora debes irte, guardiana. Que los Dioses antiguos y nuevos vayan contigo".

"Aquí terminan los idus de Maia", dijo Rose, cerrando el manuscrito y bostezando. ¿qué descubrimos?"

"Que dos de 4 zombies atacaron a Anna, porque ella... volvió de entre los muertos. Ellos... no pueden conservar el cuerpo reanimado... o vagarán con esa forma hasta el final de sus días. O sea, hasta que se pudran, por lo que supongo. Y Vlad no sabía de otros como ellos, como los caminantes, como él los llamó. Y menos de otros perseguidos por... tú eres SK, Rose. ¿acaso te pasó algo similar?, ¿algo te empezó a pasar?"

"No recuerdo nada. Absolutamente nada. El accidente. Y desperté en el auto, cuando Lissa me remecía o eso creía yo.. Y luego oscuridad y despertar en la la academia. Me dijeron que me pusieron en coma -por unos días- por la recuperación, y así fui llevada a la academia. Cuando me quitaron la medicación, Lissa ya había vuelto del funeral y había sido... coronada como la Princesa Dragomir... no hubo sombras o zombies particularmente siguiéndonos, seguían y se comían a todos por igual. Si andaban tras de alguien -o algo- no era a nosotras. O a mí".

"¿Y Mikahil?, ¿qué hiciste con él?, ¿lo viste... cruzar o algo?":

"No. no le dejé moverse de allí, sobre su cuerpo. Tiré de él hasta que se se fundió con su cuerpo mortal. No le permití moverse o flotar o algo así".

"Ninguno de ustedes estuvo tan adentro de la muerte, entonces. Pero Anna... estaba realmente muerta cuándo Vlad la trajo de vuelta... hasta ahora. Los zombies de Anna sólo la han atacado a ella. Bueno, al huésped, pero es porque estaba en el camino, ¿verdad?. Y la... ¿Rose?, necesito hablar con mi abuela. Es como esa anciana, la de Villadiego...", se echó a reir, "¡claro, que idiota!"

"¿Qué?, ¿qué recordaste?"

"Esa mujer no es de alguna parte llamada Villadiego. Es un antiguo dicho, tomar las de Villadiego. Cuando un extranjero llegaba a un lugar y se... mimetizaba con las gentes del lugar, siendo imposible identificarlo... y Anna dijo que ella era judía. Por eso era de las de Villadiego. Ella era extranjera, pero sabía que Vladimir también lo era. Otro de las de Villadiego".


Rose y Dimitri no habían contado a nadie los hallazgos, y no lo harían hasta terminar todo el texto.

Rose lo mantenía oculto en una caja, caratulada... ejem... juguetes sexuales SM.

Esa -obviamente- fue idea de Rose, ante el pudor de Dimitri.

Dos noches después, se acomodaron en la cama, para seguir con los fatídicos días de junio, el inicio del fin de la historia de Anna... o el fin del principio de sus propias historias, en los tiempos modernos.


Seguimos con The Walkers. increíble que un libro escrito con otra temática, se pueda insertan tan fácil acá.

Buen fin de semana a todos. nos vemos a la vuelta del Finde