"Idus de Juno", retomó Rose, temiendo lo peor.

Dimitri la abrazó, muy fuerte.

Y allí juntos -en la cama- se aprestaron a oír la última parte de la -oculta- historia de Anna Fyodorovna, la -Parabatai- Shadowkissed de Sär Vladimir Draconia.

"Vladimir quiere que dejemos Constantinopla. Que nos vayamos a alguna otra parte sin gente. No quiere oír nada más. Además de que se esparcía el rumor de que había una plaga -como la de los años de Justiniano- y muchos quieren huir, y él con ellos.

"No podemos decirles que me persiguen a mí, o me devolverán a las aguas y a la muerte.

¡Oh, y eso a muchos les encantaría!.

Y muchos ya ofrecían a sus propios guardianes para que Vladimir escogiera a un Parabatai adecuado. ¡No a una mujer!.

"Es de bárbaros", escupían en mi presencia.

Incluso, algunos ofrecían transarme por sus hijos.

Que yo me desposara con uno y el siguiente en edad se volvería el -guardián- Parabatai de Vladimir.

"Pero Vladimir les repetía que gané y en buena lid, aunque fuera mujer -o bárbara- o lo que sea.

No quiere a otro. O a otra, claro.

Dice que... yo lo entiendo.

Lo escucho. Aún en sus silencios y dolores del alma

Y no sólo eso... sino que parezco sanarlo"

"Aún no lo conecta, nuestro viejo Vlad", dijo Dimitri, "sí sabe que ella... es diferente. Pero lo atribuye al ritual del Parabatai, el que lo une con -y al- guardián. Con Anna, que no lo es, legalmente hablando. El término sobre ella -shadowkissed- parece ser muy posterior a ellos. Contemporáneo a nosotros, incluso".

"¿Sigo?, ¿estás cansado?, fue un largo día para ambos".

"Sigue, amor. Necesitamos saber"

"Ok", sonrió ella.

"Uno de los que insistía era uno de los notables.

Alguien como... él"

"Nuevamente el signo de esos cuatro", murmuró Dimitri, "seguro no es el de tierra, tu otro ancestro. Me recuerda a Dashkov, por lo... insistente".

"¡Wuácala!, mejor sigo"

"Y vendría a negociar mi matrimonio, a cambio de alguno de sus hijos.

¡Él mismo ofreció casarse conmigo!, ¡horror de horrores!.

"Su nombre era Julianus.

Era uno de los de fuego. Tenía muchos más inviernos que Vladimir, y tenía -aún- cinco hijos varones, viriles y sin esposas.

"Y por respeto a Vladimir, yo debía estar en la casa, vestida como una mujer modesta, y bajar la vista y no abrir la boca... hasta que Vladimir pudiera despacharlo.

Mejor dicho, sacarlo fuera de su casa, sin insultarlo, digo.

"Luego yo podría aullar de rabia como un lobo estepario.

No antes. Nunca durante.

"Anochecía. Y Julianus no llegaba.

La comida debió ser calentada de nuevo y así mismo se la volví a servir a Vladimir, rezongando la falta de modales de ese hombre, el que estaba invitado.

"Entonces, un golpe resonó en la noche. Y en la puerta.

"Atrás", dijo Vladimir, tomando una daga, "no te acerques, Anna", y apenas abrió una rendija.

Y allí vio al otro hombre. Julianus.

"Sus ojos no tenían vida. La piel de su cara era de un color más oscuro que el rojo. Su lengua estaba hinchada.

Su olor a muerte era horrible.

Anna, es uno de ellos!", gritó Vladimir, e intentó cerrar la puerta, pero ese otro -eso, mejor dicho- la empujó de un golpe, y lanzó a Vladimir contra el muro.

Entonces caminó hacia donde yo estaba.

"Yo ya no tenía salida.

Vladimir estaba como muerto, pero nuestro vínculo decía lo contrario.

Lo único que nos separaba era... nada. La nada misma.

"Entonces mis manos tocaron la botella del mosto que Vladimir abrió, para homenajear a... eso.

Estaba llena y era pesada.

"Tenía sólo una alternativa. Dos, en realidad.

Golpearlo con ella... o quemarlo.

¿Acaso el fuego podría detener a un ...caminante?".

"Es el tercero", dijo Dimitri, "Anna va a quemarlo. Buena forma de pensar. Me recuerdas a ella, Rose".

"Somos casi la misma", se encogió de hombros.

"No. Que Anna haya buscado un nuevo cuerpo y sea una posible ancestro tuya, no te hace ella. Anda, continúa", la animó.

"Lo miré y él me miró. Tomé la botella y la vela y lo enfrenté, furiosa.

¡No sólo pretendía casarse conmigo, sino matarme!, ¡oh, eso sí que no lo permitiría!, así que le arrojé el vino y blandí la vela, amenazadoramente.

¡Y se encendió!.

Así que corrí a la puerta, ¡no sin antes arrastrar a Vladimir afuera, conmigo!.

"Eso intentaba cogerme, asirme.

Y también apagar las llamas que lo recorrían.

"Arrastré a Vladimir por la calle, pidiendo ayuda a gritos.

Toda clase de personas se acercaron a ayudar y a ver qué pasaba.

Levantaron a Vladimir, que volvía en sí.

"Y otros intentaron ayudar a... lo que fue Julianus.

Que, con un grito..."

"¿Cayó muerto -otra vez- a los pies de Anna?", completó Dimitri, moviendo la cabeza. "Suerte que nadie relacionó esas... muertes por la peste con la cercanía de Anna".

"Queda uno, Dimitri. Sabemos que Anna... no murió por manos de ellos, ¿pero, y Vladimir?, sabemos que murió... de viejo. Pero, ¿viejo, según ellos o viejo, según nosotros?"

"Terminemos, entonces. Salgamos de dudas. No debe... faltar demasiado. Estamos en los idus de Jano, que es Junio. Y debemos estar muy cerca del solsticio".

"Ok... veamos... ¡ah, sí!. Vamos, entonces...

" Vladimir no me quiere acá en solsticio, que dice que es mañana.

"Habrá una gran fogata y festividades, con los gritos de ¡Mitra ha vuelto!.

Sí, es algo pagano, pero algunos aún respetan las tradiciones. Y mientras no hagan daño a nadie...

"Yo era así antes de aprender a pelear.

¿Qué pasó conmigo?, quizás era hora de volver a ser como esa niña.

"Así que iría a esa hoguera.

Si algo pasaba, pasaría.

"Y con demasiada gente acudiendo a los festejos, nada -ninguno de ésos- podría atacarme, sin que alguien de los vivos lo note, antes".

"Sip, eres tú", dijo Dimitri, bonachón, "a la parranda, y que los zombies se pudran afuera".

"¡Literal!", rió Rose, siguiendo.

"La noche de Jano el Bifronte, las hogueras estaban listas para recibir a los visitantes.

Algunos le decían la Noche de Ioannis, otros simplemente Solsticio. Para mí, era el límite entre mi vida y volver a la muerte.

Vladimir y yo llegamos a las hogueras al caer la noche.

"Él estaba dispuesto a todo para mantenerme viva.

Aferraba una espada con la fuerza de sus años menguantes, y yo tenía una daga oculta entre mis ropas de mujer.

"Hay demasiadas sombras y demasiados rostros entre ellas", le dije a Vladimir, "están... aullando de dolor, de pena, de sufrimiento. Ellos... no están acá, ya no más"

"¿Es alguno de ellos o son todos ellos?".

"No lo son. están ... sólo muertos"

"¿Y por qué los ves ahora y no antes?,¿tiene que ver con...?"

"Desde que volví, Vladimir, los veo en las sombras. Pero no son ellos a quienes les temo". Y de pronto, todas las sombras se volvieron a mirar a alguien que venia hacia nosotros "¡Oh, dulce Mitra!", casi maullé lastimeramente y nos volvimos a mirar al cuarto.

"Un muchacho de unos pocos años

El rostro desfigurado y sangriento.

El cuello roto.

Y arrastraba los pies.

"Debemos dejar que se acerque, no podemos atacarlo, o creerán que... lo queremos matar", le dije, reteniendo a Vladimir contra su voluntad, "vamos hacia la hoguera. Lo que será, será. Pero no lo dejaré llevarme con ellos, no hasta que sea el momento en que yo ya no pueda postergarlo".

"Las sombras me miraban -y me cercaban-, aullando en el viento, pero no hacían nada más.

Pero él... eso... sí.

Y caminó hacia mí, las manos extendidas y la la boca abierta, con un grito gutural.

"Di un grito muy infantil, como para llamar la atención de los más cercanos.

Y algunos se volvieron a ver.

Y todos los ojos se abrieron de par en par.

Detenganlo, va directo a la hoguera!", grité, "parece estar ciego".

Y muchas manos se estiraron para frenarlo.

Pero eso seguía adelante, mientras yo me iba alejando y ocultando tras los otros que estaban allí.

No quiere detenerse, está poseso!", gritó una mujer, intentando darle un empujón y alejarlo de la hoguera, pero eso la empujó y la sacó del camino.

Llegaron corriendo los guardianes y pelearon con él, intentaron detenerlo, sin lograrlo.

Y con un aullido inhumano, se abalanzó hacia mí, intentando cruzar la hoguera.

"Miré a mi alrededor, aterrorizada y dispuesta a seguir viva.

E hice lo impensable.

"Convoqué a los muertos.

Les dije que eso era sólo un cuerpo, que debían detenerlo y así podrían utilizarlo -si era su deseo-, para volver a la tierra de los vivos. ¡Sí!, les mentí ¿y qué?, ¡yo estaba viva y yo quería seguir estándolo!.

Ellos eran sólo sombras sin un cuerpo. Y él... eso. Era un cuerpo sin alma. Sólo uno de los caminantes del mundo de los muertos.

Y todos esos espectros se abalanzaron sobre eso y pelearon para conseguir ese cuerpo.

"Un grito inhumano se volvió a levantar de su garganta muerta.

Había tropezado y caído al borde de la hoguera y se incendió entero.

Y el cuerpo cayó completamente entre las llamas, liberándose del ente y consumiéndose por entero..

Frente a mí.

"Y en esos momentos, el sol salía.

La noche de los festejos del solsticio... -de los Ioannes Deus- había terminado

Y nuevamente, yo era dueña de mi vida".

"Aquí acaba la narración original, Dimitri", movió el diario a sus rodillas. "Luego hay diferentes notas de diferentes mujeres, que hablan de sus intentos de leer estos manuscritos. Esos nombres son de diferentes partes. Y las fechas también. La única que realmente pudo y escribió algo sobre eso es Lady Marjorie Bruce". Lo miró, "escucha el final, digno de una película de Drácula", y pusieron atención en las últimas palabras del diario.

"Noche de St John.

El Castillo de mi familia fue vendido.

Prometieron llevarlo a las lejanas tierras de las que llamaron Las Indias Occidentales, en los terrenos conquistados por los descendientes de aquellos sometidos en los lejanos días de la Britannia, por los romanos.

"Será armado roca por roca y torre por torre en esos terrenos vírgenes y dicen que allí instruirán y protegerán -a salvo- a nuestra gente, que aún huye de las persecuciones religiosas y las guerras.

Ocultará nuestros secretos fuera de estas tierras infestadas de muerte.

"Una vez recreado en su nuevo hogar -¡tan lejos de aquí!-, encerraré -aquí mismo- estas hojas a salvo de ojos curiosos. Las recibí de la última portadora, y deberán esperar a la siguiente.

Que no soy yo.

"No volveré a hollar las tierras de mis antepasados.

Dejaré atrás la muerte y la sangre que nos persiguen hace demasiado tiempo.

Dejaré atrás la maldición que cargamos los moroi, y quizás en esas nuevas tierras, podamos recomenzar.

Y ver al sol a la cara, sin quemarnos por creernos dioses, como en la lejana Bizancio.

Alexandra Dragomir"

"Alexandra fue... la primera reina moroi de Pensilvania", complementó Dimitri, "no sabía que había traído el castillo de su propia familia, para crear... ¿qué, una academia?".

"¡Debe ser esta academia, Dimitri! Y ella es descendiente de Vladimir Draconia, así que le dieron su nombre. Sär Vladimir. Y lo cambiaron a St. Vlad, seguramente."

"Y Tú eres la actual descendiente de Vladimir Draconia, Rose. Y ella -Alexandra, supongo- te llevó al diario... esta siempre ha sido tu casa e ibas a volver a ella... por mi mano o por la tuya propia".

"Siempre has sido tú, amor"; dijo Rose, "en ese presente que no fue... o en este que vivimos. Siempre has sido tú". Sonrió, "espera...", cerró los ojos un segundo, algo pulsaba en su ojo mental.

"¿Qué?"

"Un recuerdo, nada más. Yo hice lo mismo que Anna, pero fue en Rusia. Convoqué a las sombras. Las lancé... contra tí, el tí strigoi. Para huir".

"Eso terminó bien, ¿verdad?, digo, me trajiste de vuelta a mí, en versión dhampir".

"Sí. yo fui a Rusia a matarte, liberarte. Pasé por tu casa en Baia, conocí a Oksana. Me secuestraste, logré huir, Oksana y Mark me hablaron de ese... mito. Lo convertimos en realidad... y volviste".

"No debe haber sido fácil"

"Para mí no lo fue. Me rechazaste y me dijiste que tu amor por mí se... desvaneció", le pegó en el hombro, como un recordatorio que no podía volver a hacerlo más, "y la loca de tu ex novia moroi mató a tu tía Tute -la Reina-, y plantó evidencia en mi contra, para que me mataran y así quedarse contigo".

"¿Loca, ex novia y moroi?, ¿hablas de Tasha Ozera?, ¿es en serio?", se sorprendió.

"No lo dudaste ni un segundo".

"Es... obsesiva, lo reconozco. Su único tema -por un año- fue Vinh, asesinado por su hermano o algo así. Luego Iván... y finalmente... yo. Y fue cuándo todo esto comenzó y me -literal- arranqué a St. Basil, en donde necesitaban refuerzos. ¿y te...?"

"¿Disparó directo al corazón?, ¡oh, sí!"

"¿Tú no...?"

"No. sólo dejé de ser SK cuando reviví por mi misma", susurró Rose, "lo que no sé, es si vi algo como lo que dice Anna, o no..."

Y olvidó el tema -y el manuscrito- para meterse bajo su polera y ronronear, mimosa, mientras él le besaba el pelo y la atraía más y más hacia sí.


Aquí terminamos con Walkers, para retomar la historia.

¿dudas, comentarios?, los leo.