Las caras de los vecinos de Dimitri y Rose -en la mañana siguiente- lo dijeron todo.
Levantada de cejas, sonrisitas cómplices, golpeteos en la espalda de él.
¡Y miraditas al - ¡más que satisfecho!- paquetote, también!.
Además, Rose hizo algo impensable.
Soltó la mano de Dimitri ¡y agarró el paquete(¡sí, el suyo de él!)!. Y si ella no hacía acto de propiedad, ¿quién?
"¿Vamos, Mi Mitri?, tenemos cosas que hacer... y a algunos por...", y levantó las cejas a las chicas que los observaban, que chillaron como fangirls.
"Deberíamos tener un pabellón o un piso sólo para parejitas", gimió Stan Alto, "¡Estos dos no nos dejarán dormir nunca más!"
"Los carroñeros se agrupan", dijo el tec.
Había citado a algunos pocos -para esa misma mañana-, porque habían cosas que ellos debían decidir.
Porque si fuera por él...
"Están peleando -aún- con los zombies, pero ya están despejando una salida. Mala cosa. Tenemos que irnos con más cuidado... quizás deberían salir a hacer otra recolección, antes de que ellos puedan salir de nuevo", sugirió a Dimitri. "Y supe que andas buscando la roca para ofrecersela a Rose", sonrió, travieso, al ver su cara congestionada, "¡Lo sé, somos unos chismosos, pero las redes sociales no han estado tan activas, por los zombies, tú sabes. Bueno, te tengo un mapa nuevo. Hay varios boliches en la zona, no muy visibles. Había un viejo polaco -Setrakian era su nombre- que tenía una tienda de empeño y acumulaba sobre todo plata. Algo con que era un metal puro y algo así. La cambiaba por oro y joyas. No creo que hayan saqueado la tienda o lo hayan hecho a fondo. Y debe tener libros demasiado raros. Dicen que al tipo le gustaba el ocultismo... Y que se protegía de... ¿adivinas qué?, ¡strigois!"
"¿Strigois?, ¿así, con ese nombre?", dudó Sonja.
"¡Uno al menos -al parecer- y no Humano, cabrón!, el hecho es que los que lo conocieron, dicen que sobrevivió a un campo de concentración y que allí se topó con vampiros de verdad, que ellos -su gente- llaman..."
"Strigois", complementó Dimitri, sombrío.
"Que habían unos varios depredando el campo de concentración, y parecían simples humanos a simple vista. Evitaban la plata, el metal. Y por eso el pobre Setrakian la coleccionaba. Temía que fueran por él, que sobrevivió y que conocía su secreto".
"¿Y cómo sabemos de él?". Preguntó Cristian, sorprendido.
"¿Y cómo crees?, ha proveído de plata para las estacas... desde hace años. Lo encontré en un registro, encriptado. El viejo puede o no estar vivo. Y si ya sabe de los strigoi, podria ser útil traerlo acá", y les pasó el mapa.
A sabiendas de que los carroñeros estaban empezando a moverse, organizaron rápidamente nuevas excursiones a los alrededores, llevando siempre a un soñador con ellos.
Iban a limpiar -lo más que pudieran- de las clínicas médicas y veterinarias, y a revisar todo lo que quedara en el camino.
Todos los estamentos del asentamiento pedían de todo.
Ropa, mantas, utensilios, libros de lectura, armas, juguetes, metales, fibras, combustible y -obviamente- comida.
Si hallaban, claro.
Las cadenas proveedoras estaban rotas hacía mucho tiempo atrás.
Y lo fresco, hacía mucho tiempo que ya no existía.
Pero lo enlatado -o en conservas- aún podía ser aprovechado.
Y todo debería ser reciclado, reutilizado, reinventado y todas las re -como en recolectado, etc- que se les ocurriera.
Acarrearon a cuanto zombie encontraran -bien muertos, claro- además de todo lo que encontraran en el camino.
Forrajearon las hierbas silvestres comestibles -con todo el cuidado de ese nuevo mundo- y vaciaron a los automóviles de las pocas gotas de gasolina y neumáticos-y de todito lo acarreable- que pudieran tener. Y los dejaron a la vera del camino, para llevarlos en algún momento al asentamiento, para deshuesarlos.
Era metal, y era siempre valioso. Y necesario.
Cada lugar fue meticulosamente revisado esta vez.
El papel y otros materiales fácilmente acarreables fueron apilados en cuanto resquicio libre les quedaba en los autos en que se movían -habían cargado a los zombies en los techos, en una especie de canastas- y se llevaron todo lo orgánico, para seguir intentando hacer bio combustible y compost.
Las cosas demasiado pesadas -mobiliario médico, exhibidores y cosas así- fueron apiladas en puertas y ventanas, como una señal que era sólo lo que quedaba... y dejaban uno que otro zombie -atado al piso por los cuchillos dorados- para desmotivar a los curiosos.
Y como reserva, claro.
"¿Señor Setrakian?", Dimitri se acercaba -muy cautelosamente- a la puerta de la oculta tienda del viejo polaco.
No tenía demasiadas esperanzas de hallarlo vivo, pero sí de encontrar lo que buscaba.
"Señor Setrakian, voy a entrar... soy un cazador de strigoi. Ud. nos conoce, lo sé".
Y abrió -muy cuidadosamente- la puerta del lugar, curiosamente, apenas cerrada.
Adentro, un viejo lo observaba, con un rifle entre sus cansadas manos.
"Soy Dimitri Belikov, y soy...", le dijo
"Sé lo que eres, cazador. Los llaman guardianes, ¿verdad?" Dimitri asintió, "saca tu estaca. Quiero ver si la plata es de las mías".
"Soy ruso, Señor Setrakian".
"Vendo a los cinco continentes por igual, muchacho. No he vivido tanto como para no conocer mi negocio. Anda, pásamela. Muy cuidadosamente".
Dimitri la sacó de su bolsillo y la hizo rodar por el piso, sin pisarlo.
Setrakian sonrió, y la cogió.
"Es de las mías. Buena plata. Me tomó años armar esta barra. Puedes pasar, guardián. Por la pared. ¡Y no pises nada o lo lamentarás!. Hay tres males en esta tierra. Strigois, zombies y saqueadores. Y yo he matado de los tres tipos".
Dimitri caminó en puntillas por una estrecha franja de piso -junto a las paredes- y llegó frente a Setrakian, que le hizo una seña y Dimitri pisó donde le dijo.
Con alivio, no estalló o se incendió nada.
"¿Entonces?, ¿qué buscas acá, guardián?, ¿más plata?, ¿oro?, ¿joyas?".
"La plata siempre sirve, Señor", inclinó respetuosamente la cabeza. "Hemos desarrollado una estaca con base de acero damasquinado y con muchas capas de plata... tratada. Y el mismo sistema, pero con oro... y eso hace magia en los zombies".
"¡Eso no lo había oído!", le invitó a sentarse, "anda, cuéntame más. En estos dias, no recibo tantas visitas... vivas o con buenas intenciones".
"Los... ata de alguna manera a la tierra, a los zombies. No los mata, pero quedan... raros. Los usamos de... distractores, así tenemos material a mano para... usarlos en las calderas".
"La escuela de cazadores sigue en pie, por lo que veo".
"Ahora es el Asentamiento de St. Vlad. y queremos que venga con nosotros. Estará más seguro":
"¡Ni lo sueñes, muchacho!, estoy bien acá. Tengo de todo, para los años que me quedan. Tengo un problema en el corazón y sé que no viviré demasiado. Pero sí colaboraré con ustedes. ¿Quién es el líder?, ¿la preciosa pelirroja o la espectacular mujer negra?, ¡ah, si fuera más joven, qué trío armaría con ellas!".
"¿Pelirroja?, ¿y una de piel negra?, espere, ¿Janine y Alberta, ellas?", se sorprendió.
"¡Ellas mismas!, ¿están vivas, al menos?"
"Alberta es una de las Consejeras y está más que viva. Janine estaba en Rusia. Es... su hija la que está a cargo"
"¿La pequeña Rosie?, ¿es en serio?, ¡si tiene apenas...!"
"Casi 18 años, Señor", sonrió Dimitri.
"¡Chú!, el tiempo sí que ha pasado. Así que ahora es toda una mujer, la pequeña Rosie... recuerdo haberle regalado un par de libros sobre strigoi, e incluso una o dos pequeñas dagas de plata... ¡no cómo las de ustedes!, pero sí, parecidas. Y entonces, muchacho, ¿oro y plata?, ¿tienen comida?, a mí me sobrará, lo sé. He acumulado raciones desde que llegué acá. Cuando ví que los strigois no eran sólo una lacra nazi... si no me veían, no me tendrían".
"Todo lo que nos pueda otorgar, Señor. No somos sólo nosotros. Tenemos a más personas con nosotros. Y todo se acaba. ¿En serio que no quiere...?"
"Te prometo algo, muchacho. Les haré saber cuándo, para que tengan todo lo que quede. ¡Oh, sabré hacerlo!, los he visto -van y vienen- llevando cosas, llevando zombies en los autos, pero ya estoy demasiado viejo -y cansado- como para andar por allí y serles útil... esta pelea es de ustedes. Yo sólo fui una... ¿cómo le dicen?, un colateral".
"Necesito -entonces- de su plata más pura, Señor. Debemos proteger a algunas personas con magia, y para eso debemos usar la más pura de ellas".
"¡Ah!, por mucho que ambas lo negaban, ¡sabían que hacían magia!".
"Ellas, no. Son como yo".
"¡Oh, lo supe al verte!, no necesitas decírmelo, muchacho".
"No quisieron... ponerlo a Ud. en nuestra contra, creo yo. Los que hacen magia también pueden ser llamados... vampiros. Pero éstos nacen y mueren. Chupan sangre -sí- pero también comida. Y caminan bajo la luz. Les llamamos... moroi. Y nosotros somos los dhampirs, parte de ellos y con ancestros humanos".
"Quiero ver a uno de sus moroi. Verlo con mis propios ojos. Que no son..."
"¿Strigois?", sonrió Dimitri.
A los pocos minutos, entraba Cristian Ozera, con el mismo cuidado que lo hiciera Dimitri.
Setrakian lo miró atentamente.
Miró sus colmillos, y probó su sangre.
"Estás enfermo en la sangre, muchacho", le dijo.
Luego, miró la palma de su mano.
"Los strigois no tienen estos signos de identificación", les dijo. "¿Qué magia tienes?".
"Fuego, señor"; dijo Cristian, mostrándole su magia.
"¡Ah, los cuatro elementos, claro!, ¿y el Schin qué es, cómo se manifiesta, entonces?"
"¿El quinto elemento?, le llamamos Espíritu. Por el primero conocido. Un hombre bisantino -o que vivió en Bizancio- llamado Vladimir Draconia".
"¿Baldomerus Draconis, el Alquimista?, ¿él?"
"¡Obvio, Alquimia!, viejos zorros", casi escupió Cristian, y Dimitri abrió los ojos, como platos. "Los 5 elementos, 5 notables... 5 estúpidos moroi jugando a ser Dioses".
"¿Y qué dices que hicieron, muchachos?", se rió Setrakian.
"Strigoi. Él... y los otros trajeron algo. Creemos que fueron strigois".
"Uhm. No estoy tan seguro. ¿aparecer, así de la nada, hace 1000 años?, ¿así de la nada?, ¿a título de nada?".
"Señor... quizás esta conversación sería más segura... en otra forma. Tenemos una forma de comunicación, la llamamos la net dreamer. Literal, nos conectamos por sueños, que monitorean las dos usuarias de ese Schin que Ud. Mencionó. En estos momentos, están conectadas. Le podemos enseñar o.. Ayudarlo a conectarse. Como prefiera".
"Interesante. Me interesa. Sobre todo, el pasar mis conocimientos a quienes lo puedan usar. Bien. quiero conectarme con la diosa de Wakanda y con Rosie, ¿es posible?"
Dimitri sonrió.
"¡Oh, Alberta estará... fascinada!".
Insistió en quedarse en dónde estaba.
Dijo que quería estar ahí cuando su momento llegara.
Había proveído de muchos metales -y piedras, pero a Dimitri- al equipo, y había obtenido -a cambio- una estaca y un cuchillo dorado.
Que dijo que le bastaría hasta el final de los días.
Como un hombre vivo.
Pero Abraham Setrakian se unió a la net ese mismo día, después de darles a Dimitri y Cristian todo de lo que podía prescindir.
Su testamento en vida.
Setrakian es uno de los personajes principales de la serie de libros The Strain, de Guillermo del Toro y que hicieron serie de TV
Sobreviviente de un campo de concentración en dónde se encontró con un strigoi, nacido del cuerpo desmembrado de un ángel maldito.
Aunque son diferentes tipos de strigoi, la historia de Setrakian será mencionada de cuándo en vez.
Estoy intentando poder dar coherencia a todo lo que pasa en la historia, sorry si los aburro con mis referencias literarias
nota de mí: no sé si mañana alcance a publicar un nuevo cap. no por falta de él, es por el tiempo.
