Dimitri POV
Me levanté para mirar -pensativo- por la ventana.
¿Ya comencé a volverme pensativo, otra vez?, pero esta vez debía contenerme.
Porque eso con Rose... no era bueno.
"Cada día -desde que todo esto comenzó- intento encontrar algo nuevo, alguna nueva sensación que ya no tuviera o recordara. Alguna cosa que hubiera olvidado. Belleza que no había visto".
Me volví a Rose, que me observaba, algo confusa, e intenté sonreír
"Pareces en shock, amor. Pero sí, busco la belleza en cualquier lugar... y tu pelo, ese día en el bosque...¡era tan hermoso!, como lo es ahora".
Rose enrojeció bajo mi mirada -¡se veía tan dulce, así!- y bajó la mirada, algo confusa.
¿Acaso no me entendía?, ¿o acaso mis ojos le decían lo opuesto a mi boca?, inconcebible.
Los sentía tan ardiente como el resto de mí.
Quizás necesitaba ser más... explícito con mis sentimientos por ella.
¿O acaso se sentía sorprendida, o triste, o sentía culpa?
"¿Por qué me miras así?", me dijo, de golpe.
¡Oh, sonaba tan confusa!.
Moví la cabeza, sonriendo para calmarla.
"Muchas veces, nos perdemos detalles importantes. Como que no es sólo tu pelo el hermoso. Eres tú. Eres hermosa. Tanto, que le duele no mirarte a cada segundo".
Su rostro se volvió encendido, como si... toda sangre se hubiera aglutinado en su rostro.
Como si no pudiera respirar... ¿de la emoción, tal vez?, porque jadeaba, levemente.
Y por un minúsculo segundo -por el espacio de un latido- la misma sensación pareció embargarnos.
De que nos hemos conocido por siempre. Como si estuviéramos -ya- vinculados, de corazón a corazón.
"Hablando con Sonja, dijo que -ambos- éramos lo mismo. Que siempre lo hemos sido. Y que a veces hemos querido resistirnos a esa verdad".
Sonreí -más- ante su adorable confusión.
"Ella dijo que nuestras Auras son... similares, sino iguales. Nos iluminamos de sólo vernos, estamos totalmente en sintonía, tú y yo.. Y que es más que amor lo que hay entre nosotros, Roza. ¿verdad?", caminé hacia ella, a salvo -y sentada- en mitad de nuestra cama.
"Te amo, Dimitri", me susurró, cuando me senté a su lado.
Con esas simples palabras, todo mi universo cambió.
El tiempo... pareció tener la duración de un -sólo- latido.
Rose me miraba como si mis ojos -y mi voz- fueran todo su mundo.
Y de pronto -por una fracción de segundo- pareció creer estar en el mundo de los sueños.
Así que la cogí entre mis brazos, para que sintiera mi piel y el calor de mi sangre -que ardía por ella- y viera lo real que nosotros -dos- éramos.
"Y yo te amo -y muchísimo- Roza", y entonces, la besé.
"¿Desde... cuándo?", me preguntó con una -muy pequeña- vocecita, casi un maullido.
"Desde siempre, Roza. Desde ese primer segundo". Y besé su pelo, suavemente.
Intenté poner todos mis sentimientos en mi voz, para que no quedara dudas.
"Cuando te veo, sólo veo lo que eres, tu esperanza, tu fe, tu bondad. Todo eso te hace tan hermosa... tan hermosa", y acaricié su rostro. "Fuiste tan extraordinaria en ese primer encuentro -tan feroz, tan decidida- y fuiste aún más que eso. Tu energía se hizo más poderosa y la controlaste por completo. Eres la mujer más maravillosa que -jamás- conoceré. Y amarte como te amo es lo más maravilloso de -y en- mi vida".
Roza se irguió para mirar dentro de mis ojos.
Los suyos se veían muy oscuros y brillantes y yo los amaba tanto.
Puso sus manos sobre mi pecho, para sentir como latía -constante y fuerte- mi corazón, y -sólo- por ella.
Así que acaricié sus delicadas muñecas, sintiendo también el calor que de ella emanaba.
Levantó la mirada y al mirarme, vio el amor que de mí irradiaba.
Y el deseo que me carcomía vivo.
Y en respuesta, abrió más sus manos, para alcanzar a cubrir más de mí.
Sus dedos parecieron curvarse y clavarse más y más adentro de mi piel, extrayendo de mí no sólo mi calor, sino todo mi ser.
Y yo estaba feliz con eso.
"Sonja me dijo que una pareja no puede compartir una sola alma o una sola aura"; acaricié más sus manos, mientras le susurraba, "pero todo eso -nuestras auras y nuestras almas- no están hechas para estar -o ser- separadas. Encajan como en un puzle. Dos personas que buscamos hacer algo mejor que nosotros mismos".
Y me incliné para besarla.
Para transmitirle mi emoción. Lo que sentía por ella.
"Siempre estuve... no, no es así", dijo Rose, moviendo la cabeza para aclarar las ideas, "siento que siempre estuve en standby -nadie realmente me interesaba o importaba- hasta que te ví. Bueno, peleamos y todo, pero es como que fuimos derrumbando nuestros muros y nos encontramos, tú y yo. Al fin. Y tanto tú como yo... estábamos -no hechos, pero diseñados- para estar con el otro. Eres para mí lo que soy para tí y punto. Siempre"
Esos muros se resquebrajaron y cayeron, al fin -o eso sentí yo- y si mantuvimos algo oculto o guardado, ya no estaba más.
Rose entonces tiró de mí y hacia su boca hambrienta.
Y rodeé su cuerpo para que fuéramos uno, al fin.
Y la levanté, para que quedáramos en la cama, con ella arriba -como le encantaba- y yo como el sumiso que quería ser, por una vez en mi vida.
Cada fibra de su cuerpo -no sólo de su piel- parecía ondularse bajo mi tacto.
Y mi deseo se encendió más y más aún.
Pero también mi necesidad de amarla.
La necesitaba -no sólo en lo físico, era evidente- porque mi corazón y mi alma clamaban por ella.
No era lujuria... no era amor.
Era más que eso.
Era mucho más.
Sentía... como si eso -los besos, las caricias, el instante previo a ¿hacernos el amor?, ¿o al HieroGamos?, no lo sé- nunca hubiera pasado, en esta existencia o en las anteriores.
Y cuándo ella se deslizó hacia mí -como para absorberme por entero- fue como si llegara a casa -a nuestro hogar ancestral- al fin.
"Roza", murmuré, una y otra vez, como una plegaria.
"Ya estoy acá, amor. Sólo... date por entero, que acá te espero", susurró de vuelta, "ya no temas más... nos pertenecemos y lo sabes", sus cabalgatas eran suaves como ondas en un estanque "si nos separamos, es cómo dividir algo entero".
Acaricié sus brazos, que se apoyaban en mi pecho -que ardía con su contacto- y fui moviéndome conforme ella lo deseara.
Ondulándonos conforme las mareas nos llevaran.
Y mi Roza se deslizaba hacia mí -más y más- como si no alcanzara demasiado de mí para aferrar.
Más y más adentro.
Más y más profundo.
Hasta que hizo click algo en ella.
Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
Su hermoso pelo negro cayó hacia su espalda y de su boca salió un profundo y gutural sonido.
No un grito o un aullido.
Algo más... del interior mismo.
Yo ya no podía aguantar más.
No era eso del "macho" o estupideces así.
Pero ya no podía.
Por ella... todo.
Y entonces mi Roza comenzó a ondularse con mayor rapidez, sin abrir los ojos, más y más rápido; más y más sinuoso, y sentí como si exprimiera de mí mi vida misma.
Y no me importó.
Ya jamás nada lo haría, si estaba así con ella, al final de todo.
Rose POV
Cuando -al fin- terminamos, fue como si no pudiéramos estar lo suficientemente cerca del otro.
Nos sujetamos con firmeza, todo en nuestros cuerpos enredados en el otro, como si el acortar la distancia compensara la que hubo al inicio, entre nosotros.
Cerré los ojos, para sentirlo con mis otros sentidos, y suspiré sin querer.
Se habia entregado por entero, y lo sabía.
No había dejado nada para sí.
Ni yo, para mi misma.
¿Y a quién le importaba?, a nosotros no, evidentemente.
"Que bueno que aceptaras que me viniera a vivir contigo, ¿verdad?", ronroneé a su oído, "así puedes perder el control en privado"
"¿Oh, sí?, mi autocontrol es bueno, Roza"
"Pues no me lo pareció", dije, melosa.
Como una gatita que encontró un gigantesco pote de crema...y, ¡upsy!, ¡si taba cholito!
Él sonrió una de sus hermosas sonrisas, que hacía a mi corazón expandirse más allá del universo por conocer.
"Sólo espera a la próxima vez. Serás tú quién ya no tenga más autocontrol con todo lo que deseo hacer contigo y en tí..."
¡Oh, cómo ardió mi sangre ante sus palabras!.
"Tal vez no halla una vez... si no hablas con mami y papi, como un muchacho decente", y me incliné a besarlo
Éramos iguales, él y yo.
Recosté mi cabeza sobre su pecho y lo sentí relajarse.
Y mientras nos manteníamos tan cerca cono podíamos, el sueño comenzó a llegar.
"Hablaré con quién tenga que hablar, Roza", susurré, "si fijas la fecha que debes fijar", sonrió, y se movió para abrigarnos.
"Fijaré la fecha que tenemos que fijar... si me llegas con el anillo y la roca con el que me tienes que llegar"
Y él sólo sonrió.
Pero la noche enfriaba nuestros cuerpos.
Ya sólo nuestros corazones ardían.
Pero no importaba.
Porque nos teníamos, y era lo que -realmente- importaba.
Dimitri observó -al fin- el resultado de su arduo trabajo engarzando la piedra en el anillo de plata.
Los anillos -para ella y él- tenían los grabados del tatuaje Parabatai, y ambos llevaban piedras similares, pero el de Rose -de su Roza, pensó, romántico- era, también, un anillo de compromiso y de bodas.
"Ya es hora de que la pidas a su madre y a su padre, muchacho", le dijo Setrakian, guardándolos en una bolsita de terciopelo, "no dejes pasar el tiempo. Algo grande se nos viene. Los carroñeros se reagrupan y la magia -del mundo- se debilita más y más... y los veremos surgir".
"¿Qué?", se preocupó Dimitri.
"Sólo hemos visto a dos tipos de strigoi, muchacho. Y si es cierto que todos provienen den mismo ángel maldito, entonces nos faltan partes..."
"¿Y si los zombies son una parte?, ¿los pies, por ejemplo?, porque se mueven, solamente. No parecen pensar. Sólo se mueven para comer".
"Interesante idea, muchacho. Consultaré las fuentes, y te comentaré".
"¿Tiene el Occido Lumen acá, para echarle un ojo?"
"¡Oh, no!, tengo apenas retazos que he ido recopilando... cada vez que lo sacaban a subasta, algo muy malo pasaba... la última vez... hubo un horrible incendio y consumió la casa de subastas... por completo. Nunca lo encontraron, Dimitri. Nunca lo encontraron..."
"¿El de Siberia podría tenerlo... a buen recaudo?"
"Él o cualquiera de esos, puede ser. Está hecho de plata -no dudo que encantada- y, a lo más, lo tiene oculto. Sólo le puede leer -en realidad- bajo la total luz del sol".
Sonja y Lissa se lograron conectar -a la net dreamer, claro- días después y esta vez para conectar a Rose y a Dimitri con Janine, y -posteriormente- intentarlo con Rose y Abe Mazur, a través de Pavel, quien fuera su guardián principal... si es que ambos estaban vivos, claro.
Y si los podían encontrar, además.
HieroGamos. Unión o Matrimonio Sagrado.
