—¿Te sientes bien?—Pregunté.

Ella parecía pensar su respuesta, para finalmente asentir con una media sonrisa.

Se veía tan tranquila, nada comparado con lo destrozada que se veia cuando hablo con su padre. Yo me destrose al verla así, con su rostro empapado de lágrimas y al escuchar su voz quebradiza. Y no pude imaginar todo lo que paso antes de conocernos, se me herizaba la piel de tan solo pensar que alguien como ella, tan libre y sin prejuicios, que encontraba los detalles de la vida tan emocionantes, se sintiera humillada, como un chiste e incuslo un objeto.

Me apretó el pecho pensar en eso, ¿hace cuánto se sentía así?¿por qué no lo había mencionado?

—Tamaran llamando a Robin.—Dijo pasando una mano por mis ojos.—¿Ese comentario de que te ves mucho más lindo sin el antifaz te afecto?

Reí apartando su mano, saliendo de mis ensoñasiones.

—No me quedaría en shock por algo que ya se.—Bromeé, causando que ambos soltemos un par de risas.

Eso no duro mucho, ya que de repente nos habiamos quedado en silencio, el cual no fue ni incomodo pero tampoco algo con lo que me sintiera comodo, era como un silencio inquietante.

Quizá por la reciente pelea de padre a hija, de la cual había estado presente, y me enteré de cosas que, a pesar de tener interés, no sabia si estaba listo para escuchar ¿Acaso tenia miedo de lo que podria llegarme a decir Kory?

—¿Estas seguro de que te sientes bien? Pareces nervioso.—Me permití estarlo de verdad cuando paso un de sus dedos por mi frente, apartando mechones sueltos de mi cabello, que, después de haber pasado días sin bañarme, estaban sin gel.

—Bueno...—Me mordi el labio, dejando que el resto de su mando paseace entre los mechones de mi cabello.—Escuché todo lo que dijeron antes, y me preocupe, yo jamas te había visto así y solo...—Tome una respiracion.—Solo queria saber si realmente te sientes bien.

Agarre su muñeca y me voltee para verla, ella detuvo sus caricias. Ella me sonrio tranquila, con su rostro sereno como si de alguna forma supiera lo que iba a decir.

—Estoy bien, soy fuerte.

—Se que eres fuere, pero no me refiero a eso.—La mire a los ojos, y Kory se digno a suspirar.

—Lo se.—Miro hacia otro lado y luego volvió a mirarme, como si hubiera refleccioando algo antes de hablar.—Los tamaraneanos estamos impulsados por las emociones, algunos creer que nos dejamos dominar por eso, y se creen con el derecho de pensar que somos inferiores. Hoy yo...me deje someter y actué de forma estúpida, y pensar que me comporte como los demás esperen que haga me hace sentir enferma...y frágil. Además de que recordé cosas, muchas cosas.

—No eres frágil por reaccionar así, todos tienen sus momentos en los cuales simplemente no puedes soportar todas las cosas. Y sobre todo, tampoco debería importante lo que digan los demás.

En todo el momento que hable, ella solo supo mirarme con una sonrisa y una ceja hacia arriba.

—¿Paso algo?—Pregunté, pareciese que tubería ganas de reírse.

—No, nada, es solo que es raro que me estés hablando de esto, tu, el chico que no sabía expresar correctamente sus emociones.—Dijo, moviendo la cabeza para que yo no la viera reírse.

—Okey, sabes que Batman no me enseñó a como hacerlo de manera saludable.—Confesé, levantado las manos para demostrar mi inocencia.

—Podrías tomar clases ¿sabias que la inteligencia emocional es bastante importante aquí? Aunque creo que no las necesitas, has cambiado mucho desde que llegamos.—Hablo, volviendo a recostarse a mi lado.

No le tome importancia a ese movimiento, ya que me encontraba pensando ¿en serio había cambiado?

—¿Hablas en serio?

—¿Sobre si cambiaste o las clases?

—Ambas.

—Bueno, ¿en serio no lo has notado? El Robin que conocí hace dos años no hablaría sobre sus emociones o tampoco daría consejos de cómo expresarlas, mucho menos se sacaría la máscara y ¿Acaso es mi idea o en ningún momento te has preocupado por lo que puede estar pasado en Jump? El antiguo Robin sin duda alguna estaría paranoico por saber que es lo que sucede.—Y cuando termino de hablar, me di cuenta de que tenía razón.

Recién ahora me daba cuenta de que...bueno, tenía responsabilidades que cumplir en la tierra, al igual que los demás, solo que no quería volver, no por el momento.

—Tu si que eres observadora.—Comente, relamente intrigado por lo que había hecho relusir.

—Estar tanto tiempo con el líder me ha afectado.—Se mordió el labio y rio.

La mire reírse y me di cuenta de que ella también había cambiado, no era la misma chica que conoci cuando cayó a la tierra, enojada y de algún modo frustrada con el mundo que la rodeaba, o más adelante, cuando apenas llevaba un año en el tierra y todo le parecía asombroso, tanto que parecía una niña, incluso ahora sigue siendo así, solo que ahora, esta más adaptada, o quizás simpre fue así, grasiosa, amable, (apesar de no conocer la palabra) segura, casi como una líder.

—Tu también has cambiado, un poco.—Kory arqueo una ceja.—De verdad, pareces más...una líder, supongo que eso está en tus genes.

—No me hagas reír.

—Lo digo en serio, estas más madura.

—¿Madura?—Me miro, y ella parecía volver a entrar en sus pensamientos para perderse en ellos.—Bueno, tal vez.

Frunci el ceño. Conocía a Starfire, y lo que más me gustaba de ella era que fuera tan libre y honesta, que no tenía miedo de decirte las cosas en el momento y no era vacilante. Esta era una de las primeras veces en las que ella se quedaba sin lanzar algún comentario. Supongo que así se sentía ella cuando yo la ignoraba para concentrarme en el trabajo, y me sentía fatal.

—¿Y que hay de las clases?

—Si, eso, en realidad son unas clases de auto descubrimiento y desarrollo emocional, todas las intuciones lo tienen. Eran muy divertidas, aunque deje de tomarlas.—Hablo, con ese tono nostálgico como lo hacía en la tierra.

—¿Porqué dejaste de tomarlas?—Tome su mano y me quede sosteniendola.

—En ese momento mi padre nos había enviado a Okaara, deje el estudio para centrarme más en las fuerzas militares.—Dijo con simpleza.

Me apoye sobre los hombros para mirarla fijamente.—¿Fuerzas militares?¿Osea que mi novia es una militar?

—No exactamente, estuve tres años allí y tengo el titulo, pero hasta el momento no me han dado ningún puesto.—Explicó brebemente.

—¿El título de princesa no cuenta?

—Somos guerreros Dick, incluso los reyes tienen que tener algún rango militar o por lo menos tener en ejército.—Me miro obvia, como si lo que estubiera preguntado fuera algo estúpido.

—¿Y de donde sacan tantos militares?

—La cultura guerrera esta bastante impuesta, por lo que muchas personas se inscriben y pasan los tres años entrenando con los señores de la guerra.— Dijo, volviendo a estar tranquila y de cierta forma, más ligera.—Por eso Phy'zzon, a pesar de no ser de la realeza, tiene bastante poder.

—Osea que no es obligatorio.—Ella asintió.

—Es totalmente voluntario. Aunque debo decir que no estuvo tan mal, pero si son muy duros y competitivos, mas que nada competitivos.—Se mordió el labio, y continuo hablando.—Una vez me tuve que enfrentar a un duelo con Blackfire, en uno de los grandes torneos que se celebraban allí.

—¿Y ganaste?

—Komand'r hizo trampa y por poco casi me mata, había asesinando a mi caballo y me arrastro por toda la arena, cosa que no era parte de las reglas, pero a ella todo le daba igual. Cuando logre liberarme ella se cayó por una grieta, pudo aver muerto allí ya que en ese entonces no podía volar, pero la rescate.—Y cuando dijo eso, no supe descifrar si hablaba con pena, enojo o arrepintiendo.—Me golpeó un par de veces por hacer eso hasta que los señores de la guerra aparecieron y la echaron por romper todos los valores éticos y morales del lugar sagrado.

—Y pasar de todo eso tu...

—La seguía queriendo.—Terminó la frase por mi.—En ese entonces, era mi hermana y a pesar de todo la quería pero...no se si la odio o quiero que me deje en paz. Hace rato que me siento estúpida por haberle dado una oportunidad en la tierra.

—¿Luego de todo ese tiempo no la volviste a ver?¿Y nisiquiera te dijo perdón? Blackfire es...—Y esta vez ella no me dejo terminar.

—En realidad Blackfire fue quien...

Antes de que ella pudiéra terminar, una chica cruzo la puerta, juntando las palmas de las manos y con la cabeza gacha, como si estuviera rezando, bueno, cuando entro parecía casi arrodillada sobre el piso.

Ella hablo sin levantar la cabeza, Star asentía a todo lo que ella decía.

—¿Que esta diciendo?—Pregunté, cuando finalmente la sirvienta terminó.

—Hubo ciertos cambios en el calendario. El príncipe Karras y su familia llegaron antes de tiempo.—Soltó un suspiro y mis nervios volvieron a aumentar.

—¿Karras?¿Ese mismo Karras?—Una sonrisa se asomo en su rostro y yo fruncí el ceño.

—¿El chico con el que papá planeaba casarme? Si, ese mismo ¿Estas listo para conocerlo?—De repente se encontraba muy feliz, ya que salto de la cama y dio un fuerte aplauso.—Se van a llevar muy bien, eso espero.

—¿Esperas?—No sone muy convencido por lo que ella rio.

—Si, no te preocupes.—Sonrió antes de hacer una seña con la mano.—Seguro los demás ya están preparados, ve a cambiarte.

—¿Otra ves?—Me queje, dejándome llevar por la sirvienta.

—¡No te quejes!—Y antes de que pudiera decir algo más, tres chicas más entraron a la habitación y cerraron la puerta.

Karras...me daba un poco de curiosidad saber quien era. "El príncipe del Sur", había escuchado muy pocas cosas sobre el, pero me vastaba saber que era lo suficientemente buen partido como para querer hacer que se case con Koriand'r.

—Te pondré esto.—La chica a mi lado me ofreció un pequeño aparto.

—¿Que es?

—Un traductor instantáneo, tus amigos también se lo pusieron para poder hacer el turismo.—Levantó más la mano y la acerco a mi oído.—No va a doler.

Luego de eso sentí un pequeño pinchazo agudo en mi oído. Me gustaría saber como clasifican "dolor" aquí.

—¿Como funciona?—Me toque el oído, esperando encontrarme con sangre.

—Es instantáneo, ya está funcionado en realidad.—La chica bronceada me sonrió y me acompaño hasta la habitación.—Así evitamos tocar todo el tiempo a los extranjeros.—Ella me abrió la puerta y dejó que pasara.—Volveré en unos minutos.—Y cerro.

Me toque el oído otra vez, sorprendido. Realmente aquí tenían mucha tecnología, más que en la tierra, aunque con todo lo que había visto hasta ahora, probablemente cualquier lugar estuviera más desarrollado que la tierra. Naves interestelares, máquinas que controlan el clima, traductores instantáneos. ¿Y a ellos los llamaban inferiores?

Cuando la chica volvió a tocar, lo único que cambie de mi apariencia, fueron los pendientes, los cuales, si me quedaban bien, al igual que el negro.

—¿Listo?—Toco la puerta y la abrió.

—Listo.—Sonreí saliendo de la gran habitación.

—Los demás están esperando en la sala del trono.—Esa misma chica abrió una gran puerta en la que se vio el salón y al rey sentado en su trono de oro.

Trague saliva y me posicione junto a los demás, que parecía igual de intimidados que yo, al menos eso esperaba.

—Soy yo ¿o hay mucha tensión?—Se atrevió a hablar en un susurro Chico Bestia.

—Esta vez tienes razón, Bestia.—Y Raven me miró de reojo.

Y por mi propio bien, no dije nada.

Las trompetas comenzaron a tocar, justo a tiempo cuando Star llegó y se paro a un lado de su padre. Ella, en vez de mi, si se habia cambiado de vestuario.

La gran puerta se abrió, y cuatro personas entraron. Me sorprendi un poco al verlos, porque eran un poco bastante diferentes a todos los tamaraneanos que había visto o quizás solo era la ropa. Llevaban prendas largas y no mostraban ningún trozo de piel, solo los hombros, su piel era menos bronceada y todos eran rubios y de unos potentes ojos azules.

Los mire uno por uno. Al padre, que tenía un rostro serio y algo arrugado, demacrado por ser un rey. La madre, igual de seria, pintada con un rostro triste. La hermana, sonriente de oreja a oreja, mirando directamente a Kory y finamente el hermano...Karras, alto y fuerte, con unos rizos rubios perfectos y una mandíbula marcada en una perfecta L, su traje negro perfectamente planchado, derecho y con las manos entrelazadas hacia adelante.

Ese era Karras.

—Bienvenidos a Tamarus, su alteza.