Rose puso atención a un signo -casi oculto tras unos árboles- cerca de un pequeño stripcenter que el resto del equipo rastrillaba.
En cada auto quedaba una persona de turno, para tenerlos listos en caso de emergencia, así que tenía una disyuntiva.
Le hizo una seña a Lawrence, un joven guardián que llegó con Dimitri -cuando las recolectaron- y él se acercó, nervioso.
Era así, nervioso como un ratoncito.
"Quédate acá. Hay algo allá, y necesito verlo", y se bajó del vehículo.
"Pero Rose..."
"Quédate. Ya vengo. Y debes estar más atento. Es de día, pero puede haber de todo en esta parte del camino. Ojos abiertos. Armas listas. Ya vengo".
Y lo metió al auto como si fuera un embutido.
Y caminó hacia el misterioso signo entre los árboles.
Sacó su pistola y verificó el cargador. Llena.
Las estacas en los soportes en cada muslo.
Y abrió la puerta, cuidadosamente.
Adentro estaba todo oscuro, pero extrañas luces parecían tintinear acá y allá.
Había una sombra en el fondo.
Rose no percibió -nada- que fuera algo muerto.
Sino que era algo muy vivo y que respiraba casi como comiéndose el aire de vuelta.
¿Un carroñero, tal vez?
"Suelta el arma y arrójala hacia acá", le dijo una voz muy profunda.
Falsa. Porque era femenina.
"Afuera está mi gente. Aunque me dispares, no vivirás más de un minuto, así que muéstrate. Y seré... algo..."
Pero se detuvo al ver asomar a una mujer.
Joven, de unos 25 años.
Dhampir. Y era alguien a quien creía conocer.
Una guardiana. Asignada desde la Academia misma al hermano de una joven moroi.
Y el chisme le vino a la cabeza, de pronto, pero de esa otra vida.
Dos guardianes de los Bádica.
Mikaela -de la academia- y un otro guardián que no conocía, huyeron juntos.
Irían a buscar trabajo entre los humanos, comprarse una casa, casarse y... ¿adoptar un bebé?, no recordaba el orden.
"Mikaela, ¿verdad?, quizás no me recuerdas. Soy Rose Hathaway. Me arranqué de St Vlad con Vasilissa Dragomir. Quizás eso sí lo oíste. Y me recuerdo que tú habías sido asignada a Xander Bádica, justo antes de... nuestras vacaciones".
"¿Hathaway?, ¿es en serio?", guardó su arma y se acercó a mirarla.
Se paró frente a ella. Y sonrió.
"Te recuerdo, claro que sí. ¡Eso fue un escándalo!. Tuvimos al mismísimo Croft en St Vlad. ¿Así que estás viva?, ¿qué haces acá?, ¿y de qué gente me hablas?"
"Los guardianes están haciendo un rastrillo en la zona... ¿por qué no te vienes con nosotros?, no tenemos mucho, pero los acomodaremos en alguna parte. A tí y a... ¡oh, perdón, que descortés!", y se llevó las manos a la boca.
Si estaba sola era porque...
Algo inesperado pasó, entonces.
Alguien más entró, y lo hizo con otro guardián.
"¡Mika, son los guardianes de St Vlad!, ¡siguen vivos!", entró gritando y se detuvo en seco, al ver a Rose.
"¿Oíste hablar de Rose Hathaway alguna vez, amor?", y Rose le ofreció su mano, que él tomó, apabullado. "Rose, mi esposo, Roger Moore", y Rose lo miró, los ojos como platos.
¿Roger Moore, en serio?
El otro guardián -al verla- volvió a salir, pues ella tendría todo controlado.
Supuestamente, claro.
"¿Y La niña Dragomir...?", dudó Roger, al mirarla.
No le parecía que era la rebelde sin causa que le describieron en ese tiempo.
Ésta era una joven mujer muy segura de sí misma...además de -muy- armada y peligrosa.
"Abrigadita en St. Vlad", dijo Rose, "tiene otras cosas por hacer. Le dije a Mikaela que se vinieran con nosotros. No creo que tengan demasiados clientes de... lo que sea que vendan acá", y se giró a mirar, forzando la mirada.
"Éste es nuestro SexShop y yo... Soy una Dominatrix", dijo Mikaela, riendo, "me llamaban Lady Godiva", y Rose se volvió a mirarla, con la boca más abierta que un pez sacado del agua.
"Y yo soy su Sub", reconoció Roger, riendo a mandíbula batiente.
"¿SadoMasoquismo y esas cosas?", y sus ojos se abrieron más y más, y se llenaron de brillo y comenzó a salivar ¡con la pura idea del tesoro que ahí había!
"Veo que algo sabes, Rose", le dijo Mikaela, "tienes todas las características para ser una. ¡y OH! ¡Tu madre lo era!, ¿nunca te contó que tuvo que convertirse en una... para entrar en un sub mundillo moroi?, ¡y salió embarazada de esa experiencia!"
"¿Conmigo?", dudó Rose, levantando las cejas.
¡Todo podía ser en esos días!
"Contigo. La llamaban Lady Marion, porque era la bienamada de..."
"¿Robin Hood?, ¿es en serio?, no estás describiendo a mi padre, ¿o sí?, ¡sí, claro!"
"¿Zmey es tu padre?, ¡este mundo es muy chico!, apenas un pañuelo!", aplaudió Mikaela. "Me dará pena dejar ir todo esto, pero ya no podíamos quedarnos más. Nos iríamos apenas dejara de nevar, pero..."
"¡Oh!, no tienen que renunciar a nada"; dijo Rose, las mejillas enrojecidas y la saliva cayendo al suelo y -casi- formando un charco.
"¡OH!, lo quieres, ¡tienes un novio!", supo Roger de inmediato.
"Dimitri Belikov", reconoció.
""¿Alto, de pelo oscuro y guapísimo?, ¿Y quieres volverlo tu sub, verdad?", se rió Mikaela, "¡OH, eso vale la pena ir a verlo!".
"Espera un momento... ¿Lady Marion?, ¿cómo lo... supiste?, ¡eso debió haber sido top secret!"
"Fue mi Maestra, Rose. Ella debía transferirlo, era el acuerdo. Y cuándo supo que yo... que nosotros... ella me tomó bajo su égida y me -nos- abrió los ojos... ¡Payback!".
"¡Yessss!", y Rose levantó ambas manos, haciendo high five con ellos dos.
Rose se permitió llevarse una caja -personal- con algunas cosillas de práctica.
Esposas de peluche, tangas comestibles, aceite de masajes, anillos varios -y no para los dedos, aclaremos- bolitas para diferentes usos, látigos, antifaces, vibradores de toda clase de formas, ¡y disfraces, muchos disfraces!, después de todo... estaba por casarse, y pasaría la luna de miel entre muchas personas.
Ojalá se pudieran agenciar algún rinconcito más privado para esos días, pero el espacio ya era -demasiado- limitado.
Y harían espacio para Mikaela y su esposo... y TODAS sus cosas. Obviamente. A nadie le arrancaban sus propiedades, y podían alojarse con lo que era personal.
¡OH!, ¡y todo eso sí que era muy personal!
Mikahil entró de improviso, y se frenó en seco al ver al trío.
Reconoció a Mikaela de inmediato, y la envolvió en un gran abrazo, haciéndola girar en el aire.
Luego abrazó a su esposo, y le palmoteó en la espalda.
Y se volvió a Rose, y levantó una ceja al ver la caja en sus manos.
"¿Algo más que necesiten llevarse ya?, ¿ropas, comida, o mascotas?, porque ya después no hay vuelta. Nos llevaremos todo lo demás para que sirva al asentamiento. Y no tenemos demasiado tiempo, la vuelta es larga y tenemos que cruzar las puertas antes de la puesta del sol".
"Tres gatitos, un perrito y un hámster", reconoció Mikaela, "algunas cosas útiles y sería todo", suspiró.
Ya -casi- no les quedaba nada de todo lo que lograron construir.
Pero al menos, estaban vivos.
"Yo que ustedes... almaceno todo esto. Para el futuro... serán más que necesarios, muy pronto... el nivel de locura es casi máximo. Y esto aliviará... los ánimos... ¿y qué le llevaste a Dimitri, Rose?, ocúpate de que sea de su talla. No existen los ticket de cambio en zombieland", y se echaron a reír, mientras embalaban todo lo que podían.
Pero Rose quedó fija en el suelo, y revisó la caja ¡una y otra vez!.
"¿Los tienes, pero en extra grande?, ¡no es un juego de calcetines lo que guarda en el pantalón!"
Y se volvieron a mirarla.
"¿Big Boy, eh?", Mikaela levantó una ceja hacia Mikahil.
"Y al parecer encaja... bien con ella", dijo, Mikahil -asintiendo-, el doble sentido muy claro.
"¡Y sí que encaja bien conmigo!", dijo Rose, "así que necesito los extra grandes, ¡y con repuestos y pilas, por favor!"
"Hay un orfelinato por acá, ¿cierto?", preguntó Mikahil a Roger.
Iban en el mismo auto, mientras Mikaela iba con Rose, y el auto de ellos lo ocupaban los copilotos de Mikahil y el de Rose, cargados con más cosas.
"Se supone, pero... es un antro de los que ustedes llaman carroñeros. O sea, si lo fue, pero mucho antes que todo esto. luego, lo convirtieron en internado y al final es externado -como para tapar todo el daño hecho a los niños huérfanos- el sacerdote a cargo... me parece que está en acuerdos con los carroñeros del mall... él le envía a los niñitos rebeldes, y recibe cosas, a cambio. Lo usan como cantos de sirenas, Mikahil. Las personas oyen su mensaje por radio y van corriendo a ayudar, o a pedir ayuda... y no vuelven a salir. No sé si quedan niños, la verdad... ¿quién les habló de ellos?"
"Setrakian", murmuró, no muy seguro de que Roger lo conociera.
No es que desconfiara de él, pero lo hacía de todos, en mayor o menor manera.
Por eso era parte del equipo de Rose.
"¿El viejo polaco?, es buena gente ese hombre. Ayudó a muchos al inicio. Pero no lo volví a ver más... pero me alegro que esté vivo... ¿está con ustedes?"
"Se niega".
"No cree en guetos. Es judío polaco, ¿lo sabías?", Mikahil asintió, poniendo atención a sus palabras, "estuvo en un campo de concentración y todo eso. Y mezclarlo con morois... no es nada bueno. No para él".
"Te relacionaste con él", y eso no era una pregunta.
"Le llevaba lo que recolectaba de los strigois, y él lo convertía en dinero", se encogió de hombros, "había que vivir de algo. Mika y yo somos buenos en eso. Art también nos ayudó un poco".
"Ah... Art... pobre... no pudimos salvarlo, me temo. Dimitri y Alberta quisieron ir a la casa de los Bádica, pero no encontraron... a nadie vivo. Primero fueron arrasados por strigois, luego se volvieron zombies".
"Qué pena... también le ofrecimos unirse a nosotros acá. Pero dijo que no podía abandonarlos. Estaban atermorizados y solos"
"Cobardes de mierda, tienen magia, ¿verdad?, nosotros sólo nuestros puños"
"Deja a los muertos en sus tumbas, MIkahil. Los morois están casi extintos, por su crueldad y cobardía hacia nosotros... somos nosotros por nosotros... ¿y cómo lo hacen los de St Vlad?"
"Somos un asentamiento, ahora. Rose y Dimitri -anteriormente regentes, ahora gobernadores-; se ocupan de mantenernos ocupados. Y a todos. Ya no hay humanos, o somos dhampirs o son morois. Y punto"
"Eso suena... revolucionario, ¿en serio la corte lo...?"
"NO somos parte de ellos, Roger. St Vlad es propiedad de los Dragomir. Legalmente. Vasilissa y Rose son las herederas de St. Vlad. Así como Mazur lo es de St. Basil. Y Janine es la regente, en nombre de él y de la hija de ambos"
"¡Tatiana debe querer morirse!"
"Que no lo haga, o la haremos leña...", sonrió, malicioso, "es lo que hacemos con los zombis. Los usamos de combustible. Sean morois o no. todos deben ser útiles a la causa".
"No es por ser intrusa, Rose, pero... ¿cuántas veces has tenido sexo con él?", inquirió Mikaela.
"Pocas", reconoció, "al inicio, discutíamos y peleábamos. Pero empezamos a estar cada vez más y más juntos... en normalidad, eso no habría sido tan rápido, pero..."
Un recuerdo de ese otro mundo. El baile de Equinoccio.
Habían llegado hace muy poco de vuelta, ¿verdad?.
Eso fue rápido... lo que sintieron por el otro.
"¿Fue... bueno?, ¿te lubricaste y todo?, fue el primero, ¿cierto?. Eras coqueta, pero todos -al menos los guardianes- sabíamos que tenías un standard alto".
"Es el único. Sí. y él fue cuidadoso, me daba mi tiempo para... todo. Mi nidito es chiquito, ¡y el carpintero es enorme!"
"¿Nidito, eh?, eso hace tiempo no lo oía. Alberta, supongo", sonrió, "¿sigue sola?"
"Tiene a alguien por ahí, pero no la hemos pillado con sus manos en la mole, si me entiendes. Pero anda más suelta... más distentida"
"La distendieron, ¿eh?", y se echaron a reír.
"Tengo algunos libros que pueden entretenerte. Los que tu madre usó conmigo. Son iniciales, pero sirven mucho... una Dominatrix no es sólo sobre sexo dominante y todo eso, también somos terapeutas sexuales"
"Ah, como Lady Heather, la de CSI", reconoció Rose.
Algo para ir derritiendo el hielo y la nieve que quiere caer en Santiago, y se vuelva agüita y todo eso
creo que le estaba faltando algo de aliños, ¿no lo creen?
quizás abran una tienda de intercambios o algo así...
con respecto al orfelinato, si a alquien le pasó a llevar sus creencias, lo siento.
todos tenemos luces y sombras
y Sandy, ¡con el animo arriba todo andará mejor!
gracias a todos por leerme
