El Padre A. caminaba -murmurando- por los pasillos de la Capilla.

Inútilmente, intentaba mantener las cosas limpias, pero el polvo y el polvillo de la nieve lo sacaban de quicio.

"¡Por la mierda, me rindo!, ¡Agggr!, si pudiera usar mi magia ahora, maldita sea!", y tiró el paño al suelo, frustrado.

"¿Padre Andrew?, ¿qué pasa?", se volvió y vio a Ellen Kirova, caminando como alma en pena por esos pasillos. "¿qué es eso de no tener magia?, no hay squib entre los morois", movió la cabeza, sonriendo, tentativamente.

"Aunque no lo creas, Ellen, los squib moroi no existen, pero los fabrican", y -levantando una manga de su camisa- le mostró la mitad de un tatuaje.

"He visto esa marca antes... Parabatai, ¿verdad?, ¿lo que Belikov y Hathaway quieren hacer?" movió la cabeza, mostrando su punto de vista sobre eso, ¿por qué la lleva?, no entiendo"

"Es así como castigan -o castigaban- a los morois que queremos usar la magia para defendernos. Usarla, en realidad. Y sé de peores casos, Ellen".

"¡No!, no es posible, ¡eso no es posible!, la reina..."

"Fue una reina quien lo ordenó. Ekaterina. Era esto y entrar a la religión o condena de por vida en la cárcel, sirviendo de snack a quienes cometieran peores crímenes que yo. Yo era demasiado joven para apreciar la ironía, así que acepté. Y sus... sabios -o como llamara a esa manada de chacales y hienas- probaron en mí el ritual inverso del Parabatai, tatuando -al mismo tiempo- un pergamino y mi piel -usando mi propia sangre- este símbolo. Y luego, me obligaron a quemar el pergamino. El dolor... nunca pasa. Y, cada vez que intento hacer o usar magia, el dolor me quema, como el fuego al pergamino"

"Eso es maldad pura, Padre Andrew, ¿y cuál fue el crimen?, no creo que sea sólo por hacer magia..."

"Mis padres huyeron de Europa en tiempos de la guerra", comenzó a recordar, "los morois fueron evacuados, todo para no participar en las guerras de los humanos, como decían despectivamente. Y yo nací acá, en América. Y yo decidí ir a la guerra. Estuve en Vietnam"

"¡Es un veterano de guerra!, ¿y usó la magia allá?"

¿Se nos escandalizó Ellen Kirova?, ¡seguro que ella misma también había usado la suya! ¿o cómo había llegado a ser directora, eh?

"¡Salvé vidas, Ellen. Evité algunas muertes. ¡Fui condecorado!. ¿y cómo crees que me pagaron los morois?, ¡Ekaterina me juzgó por.. herejía!, ¡ordenó que me arrancaran mi magia y me enterró en la religión, para inculcar el miedo al mal uso de lo que es inherente a nosotros!"

"Pero... cuando Rose Hathaway regresó, su discurso cambió, ¿por qué?"

"Es la dueña de este lugar. Vlad mismo le habló de nosotros, ¡Y yo estaba allí, Ellen!, hicieron a los morois volverse valientes y esa valentía pareció borrar siglos de ese enfermedad que parece carcomernos el alma, desde las entrañas mismas. Rose y Dimitri cambiaron a nuestra gente. ¡OH!, sé que hay algunos que aún quieren volver al tiempo de molicie, pero no podrán volver a eso. Pueden irse, claro. Pueden unirse a los carroñeros y traicionarnos, pero no creo que tengan tanta magia o poder para compeler a todos esos matones que nos hacen bullying. Así que andan por allí, jurándose superiores y todo eso. ¿Y los sigues apoyando, Ellen?"

"Ya no sé, Padre A.", se encogió de hombros, "todo esto es... me supera. Mi madre era una Lady Ivashkov, de una de esas familias tan secundarias que parecerían ramas de plástico del árbol principal. Pero ella era imperiosa, altiva y seguiría usando su nombre para conseguir sus objetivos. Fue ella quien me puso acá. El anterior director -un Voda, si recuerda- iba a retirarse pronto. Y mi madre presionó al cuello todos los Ivashkov importantes, hasta que me pusieran en su lugar"

"A mí me envió un Dragomir", reconoció el Padre A., "nadie me aceptaba. Sabían que yo no quería el sacerdocio, después de ser soldado por tanto tiempo. Y ese Lord habló con el Príncipe y lo convenció de que la Capilla de St Vlad necesitaba... a un Capellán, a una buena mano"

"Imposible que fuera Eric... y no creo que fuera su padre", dudó Kirova.

No de él o de su relato, sino de quién.

"El tío del Príncipe Eric, Ellen"

"¿Tío?, ¡el abuelo de Janine Hathaway!, ¿por qué todo gira en torno a ellas, Padre A., por qué?", se desesperó.

"Ni idea, Ellen. Quizás, eso fue coincidencia, que el abuelo de Janine Hathaway me conociera en la guerra. Y que después de ella se compadeciera de mí, y me enviara acá y no permitiera que me convirtieran en capellán de Azkaban", se encogió de hombros.

"¿Tarasov era tan mala opción?"

"La peor... allá... encerraban a los que eran como Vasilissa y Sonja, los sedaban y ataban a las camas... supe que a los peores casos... eran lobotomizados, para bloquear esa no magia... pobres almas perdidas, ojalá que con esto... al no tener suficientes personas que los controlen, puedan volver a controlar sus vidas... sea lo que fuera que les haya pasado después".

"¿Y... no es posible que -ahora- le ayuden a recuperar su magia?, ¡yo no sabría qué hacer sin la mía!, aunque sea poco más que una inutil acá, pero al menos algo tengo que es sólo mío... ¿y tal vez Sonja o Vasilissa?, ¡algo debe haber!, han descubierto tanto, ¡han cambiado tantas cosas que mi cabeza gira y gira con cada cosa!, ¡y usted puede y debe volver a ser sí mismo!", lo remeció, casi hecha una loca.

"Sí, ¿verdad?", levantó las cejas, "¿y, cómo andamos por casa, Ellen?, ¿volverás a ser tú misma?, eras muy decidida cuando llegaste, y permitiste que te pisotearan, que te moldearan y que te convirtieran en una mujer seca y amargada... Tatiana no te ha dado nada y te lo quitó todo. ¿Eso quieres ahora?, ¿seguir seca y amargada?, Él está en St. Vlad hace mucho y está tan solo, seco y amargado que tú... ¿quieres morir así, teniéndolo a tu alcance?"

"Es un guardián", murmuró Ellen, la vista baja.

"¿Y qué?, ¡usa condones, si no quieres quedarte embarazada de él, Ellen!, pero no lo dejes pasar. Ya no más, ya nunca más... esa vieja vida de mierda está muerta y fue cremada. La nueva vida hay que vivirla a concho, Ellen. Yo intentaré volver a ser uno conmigo mismo. Tú... debes recuperar a tu otra mitad", y sonriéndole, se alejó de ella.


"¿Romper un enlace Parabatai?", dudó Sonja, releyendo los documentos, "es terrible que lo amarraran con eso, pero no sé si eso es posible, ¡es todo tan confuso en estos documentos!"

"Debemos intentarlo, al menos", casi rogó, "tampoco lo creo posible, pero puede servirnos de práctica. Dimitri hablará hoy o mañana con Rose, y pasado la luna llena, ellos van a hacerlo. Y todo debe salir perfecto, Sonja. Estoy dispuesto a ser el Conejillo de Indias, Hamster, Cobayo o lo que quieras, pero... ¿podemos intentarlo?"

"Hámster... ¿Qué me recuerda eso?, ¡algo que me dijo Bía!, ¿vamos con ella?, quizás así, mis ideas se aclaren un poco"

Salieron al canil -en dónde estaban todas las especies animales guardaditas del frío- y vieron a Bía, cuidando de una camada. O, mejor dicho, casi suplicándoles que se sanaran.

"Puppy no pasará la noche", susurró, con lágrimas en los ojos, "pero Kitten", señaló al otro perrito, que maullaba como gatito, y por eso el nombre, "no está mejor. No hay nada que yo pueda hacer, Sonja... si vas a intentar algo... ¡debe ser ya!"

"Es el momento de convertirlos en Psi Hound", dijo el Padre A., tristemente, "no fueron criados ni nacieron para eso... sólo espero que puedan sobrevivir a ese proceso o... Rose sufrirá demasiado".

"Sí, Rose está dispuesta a compartir su elemento vital con Puppy, pero Kitten me preocupa... ¿quién...?"

"Yo lo haré", dijo el Padre A., "yo le daré de mi energía a Kitten. Será mi Psi Hound..."

"Y si rehacemos el Ritual del Parabatai, recuperará su magia", completó Sonja, mirándolo como si la estatua de St. Vlad hubiera bajado de su pedestal, para hablarles y darles su bendición.


Cuando Rose y su equipo regresaron más tarde, encontraron -casi- una revolución, pero en los mejores términos.

Sonja, Lissa y el Padre A. harían un ensayo del Ritual Parabatai, para corregir un prejuicio del pasado, y dos cachorritos intentarían ser salvados, con el proceso de los Psi Pounds.

Así que Rose se hizo parte, porque debía estar allí para vincularse a Puppy y para motivarlo a sobrevivir.

Debería ser al borde del amanecer -para que no fuera muy traumático para los perritos- y para eso, deberían esperar a que los primeros rayos del sol se filtraran por las vidrieras.


"En el acto celebrado para establecer a un par parabatai, se debían crear tres anillos de fuego en el suelo", comenzó a leer, y a recordar la ceremonia que a él lo privó de su magia. "Dos para los celebrantes y un tercero -en el medio- que serviría como el anillo compartido; que -aparentemente- simbolizaba la unión de los Parabatai".

Dio vuelta varias páginas, y miró a la puerta, en donde llegaban algunas personas.

¿Se corrió la voz?, ¿o era que la curiosidad debía salvar a los perritos?

Lo que fuera, no importara.

"No diremos las palabras del juramento Parabatai -obviamente- o no completas, y las runas parabatai se intercambiaran -en este caso, irían mi brazo y en la patita de Kitten, y luego se colocan unas sobre otras... Para no dañar a Kitten, serán dibujadas con magia en él y en mí y no tatuadas... ¿estamos listos?"

"Yo primero", dijo Rose, valientemente, pero con el corazón apretado de pena y dolor. Porque traer a un animalito desde el más allá -aunque no fuera tan así- era crueldad animal.

Bía le pasó a Puppy -ya casi agónico- y Lissa lo compelió a dormirse profundamente, luego Rose lo depositó en una cajita, que cubrió con tierra. No lo hizo demasiado profundo, y dejó la cajita en donde los primeros rayos del sol asomarían, pocos minutos después.

Sonja y Lissa tomaron las manos de Rose, para forzar a su elemento -tierra- a asomar desde dentro de su adn dhampir, porque eso sería lo que sanaría a Puppy y los vincularía.

"Es el momento, Rose, los rayos asoman. No puedes perder ni un segundo más"; le dijo Mikahil, y ella se posicionó sobre la cajita, cerró los ojos y lo llamó.

Puso toda su fuerza, su amor, su valentía y su propia magia dhampir, y sin tocar -apenas- la tierra, lo convocó al mundo de los vivos.

Le pidió despertar de su profundo sueño y volver a vivir su vida, y ser feliz y todo lo que quisiera en adelante.

Y la tierra se movió, un poquito al inicio -coincidiendo con los primeros rayos del sol- y luego más y más, hasta que una patita asomó y luego una nariz... y los brillantes ojos castaños de Rose, pero ya en su Psi Hound.

Y entonces, Puppy aulló, y todos los animalitos parecieron responder con sus propias voces.

"¡Mami!", oyó Rose en su mente, y abrió los ojos, asombrada.

Puppy la lamía con abandono, y saltó a sus brazos, siendo recibido como un héroe.


El macabro ritual de psi hound no se ha descrito nunca en cannon. Así que tomé el proceso -que es más macabro aún- de los feelers de Strain, la serie de libros que hicieron serie de tv, de Guillermo del Toro.

Son básicamente lo mismo, pero acá son menos tenebrosos. y no son vampiros rastreros.