"¡Bendita seas!", dijo Ellen Kirova, llegando en ese momento, "¡lo salvaron!, ¡es un psi hound ahora!, ¡eso era imposible con un dhampir!".

"Nada más debe serlo", dijo Alberta, que era también una testigo, "los dhampirs tenemos la magia de la naturaleza, pero nos fue negada por mucho tiempo. Ya es hora de que todos hagamos nuestra parte".

"Es mi parte, ahora", dijo el Padre A., tomando a Kitten de los brazos de Bía. "Con tu ayuda, Kitten, ambos estaremos saludables y felices", y el pequeño perrito pareció maullar de contento, y todos sonrieron. "¿Procedemos?".


Siguiendo las indicaciones y los esquemas, Cristian creó los tres círculos de fuego, y los mantuvo encendidos, para que la magia fluyera.

Ellen Kirova -de tierra, también- se acercó para dibujar con su magia la runa Parabatai, mientras Alberta sostenía la patita de Kitten -delicadamente- a la altura, para que saliera un dibujo de dos mitades perfectas.

Luego, el padre A. tomó la manita del perrito con su otra mano -para estabilizarlo y que así no se asustara por el fuego- para finalizar el Ritual, con las palabras que debía decir.

"No me ruegues que te deje, o que regrese cuando te estoy siguiendo.

Porque a donde tu vayas, yo iré, y donde tu vivas yo viviré.

Donde tú mueras, yo moriré. Y allí seré enterrado;

El Ángel nos bendiga -y mucho más- si nada más que la muerte nos separa a ti y a mí"

Mágicamente, la runa se fue marcando en las pieles, a medida que iba recitando las palabras vinculantes, y he aquí que se volvieron doradas y luego azuladas, pues él era de agua.

Visiblemente Kitten comenzó a recuperarse y a moverse, y el Padre A. sintió como volvía su magia a su -propio- ser, ya liberada de su cadenas.

Se sintió tan poderoso como agradecido.

Y tomó una decisión.

Se arrancó el símbolo de la opresión moroi -la cinta religiosa de su cuello- y se soltó el botón.

"Hola a todos, me llamo Andrew Somerset -claro, se explicaba lo del Padre Andrews, ahora-, pero me pueden decir Andy, y ella es Kitten, aunque sea una perrita. Pero le gusta maullar. Es que es bilingüe... y somos de aire. O sea, soy moroi de aire y ella...", inserte un lenguetazo bien dado, aquí, "es mi Parabatai canina".

"Bienvenido a bordo, Andy", dijo Rose, ofreciéndole la mano y acariciando a Kitten, "soy Rose. y te tenemos una tarea, pero acá no es el lugar para discutirlo".

"Mi cuarto" dijo Kirova, "tengo agua caliente y abrigo, vengan todos, hace tiempo que no recibo visitas".


No tenía mucho más que el resto, la verdad.

Tampoco espacio, porque mucho de él lo usaban de bodega de documentos y cosas valiosas que se habían rescatado, pero les hizo espacio por el lugar.

Luego les ofreció agua caliente con hierbas silvestres y unas gotas de sucedáneo de leche -no era mucho más de lo que todos tenían acceso, claro- y prendió el calentador, que evitaba que se congelaba.

Su cambio era garrafal. ¡Y ya era hora!

"¿Entonces, Rose?, ¿qué propones?", y dio un sorbo a su agua saborizada.

"¿Mikahil?, es tu turno, tú lo oíste", lo conminó.

"Mikaela y Roger volvieron con nosotros", Ellen asintió, ya los había recibido, estaba ok con eso, "les pregunté por un orfelinato del que me habló Setrakian. Había captado una señal en la radio", se volvieron a él, interesados, "lo que me dijeron es lo más interesante. Fue un orfelinato, luego un internado y luego escuela. El sacerdote a cargo es un testaferro y palo blanco de los carroñeros, y que -periódicamente- parece intercambiar niños por provisiones. Los han visto de primera mano. Muchos confiaron en ellos y... probablemente, ya fueron vendidos -como esclavos- o pasto de las bestias".

"El punto es que pueden haber niños inocentes allá adentro"; dijo Rose, "y no quiero que los usen de ganado... pero no podemos llegar y entrar allí, deben estar preparados para engatuzar y capturar a quien sea que entre".

"¡OH!, ese trabajo es perfecto para mí, "dijo Andy, "conozco ese lugar. Sé cómo es y creo saber quién es el encargado. Si no hay problemas, usaré la Net. No va a esperar un ataque psíquico ¡y de mi parte!", sonrió, con los colmillos visibles, "le arrancaré los secretos, uno a uno, y sabremos qué esperan los carroñeros de nosotros... y que podemos esperar de ellos".

"Con cuidado", dijo Ellen.

"¡Oh!, la tendré, es la hora de que yo pueda colaborar... activamente... "


Era de día cuando Andy -disfrazado como el Padre Andrews, claro- llegó a las puertas del orfelinato.

Era un sueño en la matrix de la net dreamer -obviamente- pero debía ser -y verse- real, para pillar desprevenido al administrador.

"Padre Johan", lo llamó, suavemente, "soy el Padre Andrews, me recuerdas, ¿verdad?", y lo miró directo a los ojos.

El otro quedó como en duermevela por un segundo. Y luego parpadeó.

"Claro, Padre Andrews", y le ofreció la mano, "¿a qué debo su visita?"

"Supe que trabajas con un grupo de personas, les pasas a niños, a cambio de comida, ¿es verdad?"

Johan volvió a pestañear.

"Sí. tenemos un trato. Acá son demasiadas bocas por alimentar y son desagradecidos. Y no sirven, así que llegamos a un acuerdo. Me dan comida para el resto, a cambio de esos niños que no tienen a nadie".

"¿Y cómo los seleccionas?"

"Fácil. Si los adultos con los que llegaron enferman o mueren, esos niños ya no nos sirven de nada. Y siempre hay adultos enfermos acá. Siempre llegan"

"¿Y qué pasó con los niños de la escuela?"

"Ya no están, claro. Ellos no nos servían. Son los adultos los que sirven. Los que salen a buscar cosas, los que cocinan y usan las armas. Los niños no sirven, son inútiles".

"¿Y qué les hacen a esos niños, Johan?"

"No sé y no me importa"

"¿Qué crees que les hacen a esos niños, Johan?"

"Lo que un grupo de hombres haría a un grupo de niñitos, obviamente. Después de usarlos, los botarían. Así mantienen a los zombies a raya y pueden moverse. Siempre les dan golosinas".

"¿Qué te han dicho de nosotros?, ¿la escuela en el camino privado?, tú sabes de qué hablo".

"No saben en dónde están. No los encuentran. Saben que están en la zona, pero no los pueden encontrar, no saben por qué. Pero saben que ustedes también buscan lo mismo, y se llevan a las personas que encuentran, con ustedes. Pero nunca pueden verlos. Nunca. Y eso los enfurece".

"¡Ah!, pero tú no les dirás nada más, Johan", y lo cogió del cuello, para morderlo.

Lo sorbió por apenas un ratito, pero tuvo efecto, al ver su cara de éxtasis.

"Yo vendré a verte de tanto en tanto, y tú me lo contarás todo, Johan. Y cuándo debas enviarle a los niños, lo coordinarás conmigo, y los enviarás una hora antes, para que yo pueda venir a buscarlos. Si ellos te preguntan, tú no sabes. Quizás se los comieron los zombies. Y ellos deberán creerte, Johan. ¿Verdad?, y si eres un buen muchacho, entonces te daré de este placer. ¿Sabes lo que soy?"

"No lo sé"

"Soy un vampiro. Y puedo darte mucho placer con mi mordida o hacerte conocer el infierno. ¿Qué prefieres, Johan?"

"Quiero esa mordida, quiero ese placer", murmuró.

"Entonces, ¿qué harás?"

"Te lo contaré todo, todo por esa mordida".

"Pero no dirás nada más"

"No diré nada más".

Y sonriendo, Andy Somerset cerró los ojos y salió del sueño.

Y abrió los ojos, satisfecho.

"Ese hijo'eputa no hablará más", se relamió, "es un adicto. No importa a qué. Pero ahora es mío".