Cuatro pares de ojos se observaban sigilosamente, de -casi- los cuatro extremos de la habitación.
Había sido difícil encontrar un lugar lo suficientemente neutro para reunir a esos cuatro, pero -escarbando un poco- lo habían logrado.
Igualmente, nadie parecía querer abrir los fuegos. De hecho, dejaron sobre la enorme mesa redonda... todas las armas que cargaban.
Como una muestra de buena intención... ¿claro?
"¿Para cuándo el casorio?", comenzó Abe, afable.
Y Janine frunció el ceño.
Sus manos se crisparon con las ganas de agarrar algo -cualquier cosas- y arrojarla.
O para iniciar una guerra, lo primero que surgiera.
"Si esperamos a tu divorcio, me temo que nunca", respondió Rose, en el mismo tono, dejando algo en claro.
QUE HABRÍA CASORIO. Con o sin sus bendiciones, claro.
"Algún día, las cosas pueden normalizarse, y para entonces, tu esposa te exigirá manutención", dijo Janine, amargamente.
"Todo -ya era- online en ese momento. Así que -como soy mi propio abogado- ya subí los papeles... Si ella no se presenta a la audiencia de divorcio..."
"¿Divorcio por desacato, Baba?, ¿es en serio?, ¿en zombieland?"
"Completamente, Kiz... ese matrimonio... no daba para más, me viajando por el mundo y ella enterrada en el mundillo de los royal moroi... ¡claro que sé que ustedes tres son parte royal!, pero no es lo mismo... y yo, un humilde comerciante, self made...", se encogió de hombros.
"¿Y ustedes cuándo se casan", presionó Rose, viendo la cara de limón agrio de su madre.
"Apenas me salga el divorcio, claro... los papeles -ya- están listos. Y firmados"
"¡Yo no he firmado nada, Ibrahim!", saltó Janine.
"¡Oh, es que ya lo habías hecho, ¿recuerdas?, ¿cuándo estuvimos undercover, como marido y mujer?, con ceremonia y todo. Esos papeles... eran legales, claro. Y aún los tengo, y a buen recaudo".
"Undercover, ¿eh?, ¿undercover como el sub de Lady Marion, tal vez?", y Rose levantó las cejas, insinuando.
"¡Oh, esos fueron buenos tiempos!", recordó Janine, con una gran sonrisa en el rostro "¡y yo era tan joven!, y todo ese cuero, y stilettos, y... ¡un momento!, ¡cómo lo supiste!, estábamos undercover"
"Lady Godiva me lo dijo"
"Mikaela, ¿claro?", ¡OH!, ¿esa es una sonrisa, Janine?, "éramos muy jóvenes y el mundo era -apenas- una ostra. Esa fue una oportunidad... única, realmente. Eso no es -o no era- común entre los morois. No les gusta ser sometidos, se juran los alfas de todo... así que ese... antro era algo muy privado... y sólo habían humanas y dhampirs... yo era bonita, Rose, y los hombres me acosaban mucho... y vestida de cuero y con esos tacones..."
"No lo dudo, mamá", y Rose miró a Dimitri, guiñandole un ojo y haciéndole enrojecer.
Ella ya le había modelado algunos disfraces, pero el de Dominatrix lo había dejado caliente y duro como... un atizador.
¡Y, obviamente, ella era el fogón!
"Jani era la mejor... ¡tu padre y tu tío anduvieron por allí, Belikov!", le dijo Abe, y se rió ante la cara de asco que Dimitri puso, "¡Ah, qué curvas, y yo sin frenos!, sobre todo Nat Ivashkov se babeaba por las Dominatrix del lugar... su esposa es linda pero... no creo que él supiera cómo satisfacer a una mujer... En fin, buenos tiempos".
Y Janine le sonrió.
La primera sonrisa real, desde la feroz pelea anterior, en que ella usó su fuerza; y él su magia, su encanto y su labia.
Y luego, sus labios y dedos...
Y acabó usando su arma.
Para acabar siendo sometido en el suelo; lleno de moretones, arañones y mordidas, y total y absolutamente... satisfecho con su vida actual.
"Y, entonces, ¿qué ganará Tatiana en todo esto?", inquirió Dimitri, interesado en la historia, más de lo que quería reconocer.
"Si no se presenta en tres días a la audiencia, nada. Absolutamente nada", se rió Abe, con los colmillos brillantes, "y todo lo que es mío no será más de ella".
"O sea, eso que ella pretendía... ¿será para mi mamá o para mí... o para ambas?"
"Ya veré"; dijo Abe, oscuramente, "las cosas tienen un orden y prioridad. Acabar mi matrimonio -primero- casarme con tu madre -aunque sea por poderes-, segundo, y"
"La manutención que no te cobré por nuestra hija, entre medio", exigió Janine, presionando, "te dejé ser, ¿verdad?, ahora, sé un buen padre... y Dimitri, si no eres un buen esposo... ¡ya verás lo que te espera!, Abe y yo queremos llevarte de excursión, hay unos lugares preciosos que -seguro- no conoces..."
"Y dónde sería fácil hacerte desaparecer sin rastro alguno", completó Abe.
Y Dimitri palideció.
No pasaron ni tres días de esa charla, cuando algo demasiado extraño sucedió.
Se oyó un fuerte golpe -como a mitad del asentamiento- y todos corrieron a ver qué sucedía...
Pero no había mucho que ver.
Nada más que una roca, con un papel, en realidad.
Que decía que fueran al acceso principal, pero por fuera.
Y, nuevamente, corrieron a la puerta, y abrieron una rendija, para asomar la nariz.
Y afuera, ¡había montoneras de cosas!
Paquetes por doquier.
Todos bien embalados.
Algunos -incluso- con papel de regalo.
¿Acaso era un caballo de Troya?.
Pero sin caballos o soldados...
Y menos con esas armas, lástima.
Mikahil se atrevió a salir -junto a otros con cabin fever- y rodearon -cuidadosamente- todo el perímetro.
Con su estaca, tiró de uno de ellos, hasta acercarlo a sí.
Luego, se agachó a desembalarlo.
Milímetro a milímetro.
Y era una caja -completa- de alimento para bebés.
Otro cogió otro paquete y encontró... ¿productos femeninos reutilizables?
Uno a uno, fueron descubriendo -al abrir- cada paquete, que tenían desde víveres a ropa.
Y en el último -y más voluminoso- había ¡al fin!, una nota.
"Dote 1/18", leyó Mikahil. "Querida Kizim, no creas que te dejaré abandonada, ahora que te he encontrado. He dado órdenes para que el depósito que tengo en una zona, por allí; te sea entregado por partes, 18+1, exactamente. Tú sabrás distribuirla mejor que nadie, y eso lo sé. Una igual será entregada a tu madre, como acuerdo de... ejem... manutención adeudada. Y cuándo recibas el último de los envíos -si no hay más moros en la costa, jeje-, Mi gente se moverá a otro lugar -después-, así que te harán llegar las llaves y todo el papeleo. Si consigo un submarino, capaz que vaya a visitarte desde Estambul, para tu boda.
Tu Baba que te ama, Abe Mazur".
"¿Abe, así como Zmey Abe Mazur?", palideció uno, dejando el paquete que curioseaba y mirando todo lo que allí estaba, "¿manutención?, ¿quiere decir que Zmey es...?"
"El padre de Rose y es el esposo de la Reina Tatiana, la de los morois", dijo Mikahil, ya haciéndolo vox populi, "¡ya!, recojan todo para distribuir. ¡Ésta tarde habemus café!", y todos aplaudieron, alborotados. "Uno que corra y avise a Rose. es su manutención y dote, que sea ella la que lo reparta"
"Será justa", dijo uno, "si algo es esa chica, es que no es egoísta con sus juguetitos".
Rose revisó -e indexó- todo, pensando en cómo ser justa, para todos.
Así que llamó a los grupos que se ocupaban de cada área, para pasarles lo que les concernía; como las comidas a los que organizaban las cocinas, la ropas a los de guardarropía y lo de bebés a los del área de guardería y preescolar.
Se guardó algunas cosas -pero no para ellas, sino para una idea posterior- y miró el montón disímil que quedaba.
"Stan, Wanda y Sunny. Organicen algo como una feria de intercambio, de todos y para todos. Todos podemos tener algo que ya no sirve. Y sería bueno que lo compartamos, ¿sí?, y llévense todo esto, que ni sé que es"; se encogió de hombros, "otros ya deben saber que es".
"Conociendo a Mazur, no son cachureos"; tanteó Stan Alto, "¡pero anda a saber qué se trae entre manos tu papi!"
"Nada bueno, Stan, nada bueno", se rió Rose.
Estoy cambiando mis bioritmos de publicación, mi idea es ir revisando los otros cuentos; actualizando los capítulos ya escritos e intentar ir publicando nuevos capítulos, de alguno cada vez; a la vez de irles presentando las nuevas ideas.
Cuando alguna historia vaya cambiando -en lo ya publicado- les iré avisando, para que revisen la nueva publicación. Probablemente, muchas pasarán por reformulación.
También quiero hacerlo con las versiones en inglés, que están sobre abandonadas, me temo.
manténgase en contacto. Y manténgase bajo resguardo.
