"Reina Tatiana, ¿podemos hablar?", Croft se acercó a la alicaída -y ya sólo nominal, a esta altura- Reina de los morois.

"¿Te comunicaste con Ibrahim o con Kirova, en Montana?", ella fue directo al grano.

¿Sin modales, Tatiana?, ¿y dónde quedó tu barniz social, me pregunto?, ¿o tu acostumbrada magnanimidad?.

"El Señor Mazur no se ha contactado, y en cuanto a St. Vlad... Señora, me temo que ya no responden a nuestras órdenes".

Se irguió, interesada.

Era la primera noticia -interesante- que tenía, desde el inicio de esa nefasta pandemia.

Aparte del escueto mensaje por radio de Mazur, que dijo que no habrían más envíos.

Y que lo poco que quedaba, había sido destinado a Montana.

"Entonces, ¿de quién?"

"La hija de Janine Hathaway, Señora. Por lo que me dijeron, ella es hija del Señor Mazur y él privilegió a su hija para otorgarle sus -últimos- recursos en el país", explicó con un hilo de voz y de una sola vez.

"¡Eso no puede ser verdad!", gritó, "¡Primero se vuelven Dragomir y ahora se apropian de lo que es mío!", estalló. Como una Medusa, de esas de pelo de serpientes (inserte risa sarcástica, acá). "¡Hay que...!"

"¿Qué, Señora?, ¿destituir a la madre y a la hija, ahora?, ya no es posible, me temo. St. Vlad... es propiedad -no nuestra-, pero sí de los Dragomir, y hay 2 de las tres Dragomirs vivas, viviendo allí. Y St. Basil es propiedad ancestral de los Mazur. Y siempre lo hemos sabido, Señora. Y Janine es la madre de la hija de Mazur, y es la Regente en nombre de su hija. Debería saber como la llaman...", temió decirlo.

"¿Cómo?", gruñó, "¿Blanca Nieves, acaso?", se burló.

Y eso puso a Croft sobre aviso.

El chisme era -totalmente- cierto.

Y acabó por romper su -ya- trizado corazoncito.

"A Rose la llaman Step Princess, Señora. Porque ya saben que es su hijastra, o algo así".

"¡A La Bastarda esa, a la hija de esa bloodwhore!", estalló Tatiana, arrojando lejos lo que tenía en las manos. "¿Acaso hay más, que estás allí, parado como un idiota y no haces nada al respecto?"

"Y Rose va a casarse con Dimitri, el hijo de su sobrino Randall, Señora".

Mejor quitar el parche de la herida -y dejarla sangrando- a que se infecte y gangrene, ¿verdad?

¿O no era así?

"¡Sobre mi cadáver!", y se levantó de la silla, furibunda.

"Me temo que ya -casi- somos cadáveres o lo seremos, si no negociamos con ellos... con el padre, con la hija... y con la madre de ella, Señora".

"Hazlo. Sólo... Hazlo, Croft", dijo, con un hilillo de voz, apoltronándose en su silla.

Lo único que le quedaba, ya, a estas alturas.

"Y hay algo más... ¿algo de un correo que le debería haber llegado?, esa parte no la entendí bien".

"¿Un correo de qué?, ¿de quién?, ¡Habla, Croft!, como si pudiéramos revisar los correos, ahora", rebatió, una sensación de temor recorriendo su espalda.

Y no tenía nada que ver con el frío y la falta de calefacción.

Y él salió, dejándola consumiéndose en su agujero negro de ira y odio extremo.


Ni siquiera la llegada de los primeros envíos, -que no eran diarios, obviamente- pudo calmar los ánimos beligerantes del asentamiento.

La primera gran pelea -a cuchillo, ¡además!- acabó con un herido de gravedad, uno que se convertiría en el primer zombie interno, si no hacían algo, ¡y rápido!.

En principio, a los culpables pensaban echarlos (a la calle, que es lo mismo que a los zombies), pero implicaba borrarles la memoria y abandonarlos a su suerte en medio del mundo zombie.

Para salir a cazarlos, posteriormente.

Era demasiado esfuerzo, y no sería tan ejemplar como doloroso, porque era Caja, que le decían -el Guardián Cojarcu- el que inició la pelea con uno de los afuerinos, un humano.

Lo principal era ocuparse del herido, que -según Rose- ya no tenía vuelta.

No lo podían curar -puñalada directo al corazón, me temo- y ya le había entrado el bicho zombie.

Pero no lo matarían a sangre fría o lo echarían a la calle.

Así que habilitaron las celdas de confinamiento -sólo usadas de bodega, actualmente- y Lissa lo haría dormir, para que la transición no fuera tan cruel.


"Lo conectaremos a la net", dijo Sonja, explicando su plan -largamente trabajado con las otras dos usuarias- con la indicación de que sólo piense en los lugares que conoció. Así iremos creando un mapa mental, para poder movernos mejor".

"Una verdadera Matrix", pió Lissa, excitada de poder lucir su cultura pop.

"Lo haremos con todos los involucrados, sin que sepan realmente qué es o para qué... o porqué. Es muy peligroso dejarlos a su libre albedrío allá adentro, me temo. Pueden hablar de más. De todos nosotros y de todos los demás. Pero entre todos", explicaba Sonja, "podríamos tener mejores rutas y mapas. Habrá vacíos, claro. Pero lo iremos subsanando. Oksana hará lo mismo en St. Basil, y esperemos que podamos lograr carreteras más expeditas que las actuales... mover pequeños objetos requiere demasiada energía, pero lo hemos logrado. Mover cosas más grandes... me temo que la energía que se requiere es tanta, que se debe sentir una explosión a algún nivel".


Bajo hipnosis, Juan Pérez -la víctima de apuñalamiento- se unió a la net, y comenzó a relatar su vida, desde sus primeros recuerdos en Argentina y Chile, hasta su migración por pasos ilegales.

Se le permitió recorrer los lugares, y llamar a sus deudos (ya estaba casi muerto, ¿recuerdan?), pero como no era un sueño, sino una red mental, sólo sonaban sus ecos dolorosos... hasta qué...

"¿Agüe?, ¡Güeli!", saltó y corrió a abrazar a la anciana -y confundida- humana, que caminaba por el lugar de su memoria. "¡Soy el Juanito!".

"¿Y Tai vivo, cabro?, ¿acaso que no se los comieron a toítos po'allá en el norte?, al menos, la tv siempre lo decía, na' que lo creyera tantito, yo, pueh".

"Quedó la cagá más uno, Agüe. Me recogieron un grupito de sobrevivientes -uno que otro pelagato, me entendí- pero creo que estoy pa'l gato ya"

"¿Que vai a estirar la chalaila, cabro?"

"Si, Güeli. Y me dijeron que pensara en mi familia, y de pronto, ¡te veo!, ¿dónde estai escondía?".

"¿Te acordai de esa islita privada a la que le vendíamos frutas y verduras?, ¿esa a la que iba gente rara, todos paliduchos y estirados como chicle?, taba vacía y abandonada, y un grupito juntamos lo que encontramos, nos subimos a una lancha y nos juímonos pa'acá. Acá nos escondimos, hay agua en un lago, llueve, hay árboles y pescaos. Así sobrevivimos. Nadie má entra, nadie má sale".

"¿Y me la podís mostrar?, será la última vez que vea algo que no sea acá, Güeli".


Cuál no sería la sorpresa de la comitiva en las sombras -Sonja, Alberta, Rose y Dimitri- al ver algo familiar en una de las estructuras.

Algo como un emblema, tallado en la piedra.

El ícono de la promesa de los guardianes, rodeada de molnijas, de zvada y de otros dos y poco conocidos símbolos de sus propias nomenclaturas.

"La academia sólo dhampirs del sur del continente", susurró Alberta, a los otros, "¿él dijo Chile y Argentina?".

"Chile", susurró Rose, de vuelta "Eric conoció acá a Rea. Entonces creían que era una casona particular, pero la verdad es que los Bádica la arrendaban por el verano, para ofrecerla como resort estacional. Los mismos dhampirs trabajaban acá en el verano".

"Y las buenas gentes del lugar sabían que había gato encerrao", dijo Sonja, sonando como Juan.

"Vacía y abandonada", caviló Dimitri, "¿a dónde se fueron todos?, me pregunto. "Si habían dhampirs de diferentes edades..."


Cuando la imagen comenzó a parpadear, supieron que su hora se acercaba.

Así que lo llevaron a su última morada -ya dormido- la doctora le hizo -hábilmente- una incisión con un cuchillo dorado, -atando al zombie, para evitar daños colaterales- y le puso una intravenosa con solución salina y nutritiva.

Además, Lissa lo mantuvo en la net, para ver si su impronta se grababa.

Era algo que había visto en una película.

Y quería probarlo.


Y a Caja -se llamaba Peter, pero siempre le dijeron Caja- quedó en la celda de contención al lado, como su vigía.

Estaría allí hasta el desenlace.

Y los otros, también.

Porque debían ser justos, y también ecuánimes.

Porque al único moroi involucrado -Jesse Zeklos- lo castigaron con el bloqueo de su magia.

Y sin ella, no era mejor que un humano.

Y parte de su castigo sería... creerse un humano.

Para siempre.

Aprendería -por las buenas o por las malas- que se sentía ser -y estar- desvalido.

Cuando los trasladaran a las casas de seguridad, como sus vigías permanentes.

Con las memorias bloqueadas -para evitar traiciones y desesperación- y para que pudieran expiar la falta.


Quizás algún día, más adelante, hayan expiado lo suficiente como para ser admitidos de nuevo.

Y si no, tenían la oportunidad de tener una nueva vida.

Ya no como dhampirs o morois.

Sino como simples mortales.

Humanos, todos.


"Él Hizo algo mucho peor, en ese otro multiverso", susurró Rose, tras el juicio, "Jesse, Ralf y un grupo de estúpidos -y royals- moroi recrearon algo llamado La Maná, y secuestraban a otros morois -desprevenidos- para forzarlos a usar su magia, contra ellos mismos...y ellos forzaron a Lissa", y la miró, con dolor, "Lissa perdió el control y casi lo volvió loco, con sus propios miedos. Yo tomé su... oscuridad... y casi lo maté", reconoció.

"¿Y qué pasó?"; dudó Ellen Kirova.

"¿Qué pasó?, las barreras mágicas se rompieron con sus jueguitos... y atacaron St Vlad".

"Strigois", susurró Andy, frunciendo el ceño, "eso es grave, ¿podrían estar haciéndolo, ahora?, strigois es lo último que podemos aguantar, ya... habrá más muertes, me temo. Y no serán involuntarias", susurró, "hay demasiada oscuridad entre nosotros..."

"¿Qué ha sabido de los niños que esperamos?", dudó Mía Rinaldi.

"Nadita aún... tuvieron un brote de alguna enfermedad. Y los carroñeros no se acercan. Tampoco les dejaron provisiones".

"¿Seguro no es una trampa?".

"Me ocupé personalmente de hacerlo hablar", reconoció, malicioso, "está adicto a las mordidas... aunque su sangre sabe casi a... Rose, creo que deberás ir conmigo uno de estos días, quizás... los carroñeros dejaron algo más que provisiones".

"¿Cree que puede estar mordido o algo así?".

"No lo sé, pero hay algo podrido en todo esto", reconoció.


El guardián Cojarcu es parte del Cannon, en las Untold Stories que aparecen en la edición de los 10 años.

Y la isla es parte del Cannon de Sunshine, una short story que R. Mead publicó en otro libro, y que cuenta la historia de Rea y Eric Dragomir, cuándo tenían 18 o 19 años.

Dice en la historia que la isla estaba en Chile.

El lenguaje es un poco el coloquial de las calles chilenas, y así sonaba más hacia zonas rurales.


que historia les gustaría que actualizara?, miss octopus no puede todas al mismo tiempo, jeje.