Capítulo 11: El heredero de Vader

Luego del éxito de Cuyacán, la Flota Libre finalmente se había ganado la confianza de Ackbar. Maz salía de su reunión con el Mon Calamari cuando sintió un cosquilleo familiar. Con una súbita oleada de propósito, se dijo a sí misma que tal vez debería volver a la base en tierra a echar un vistazo.

Emmie, Tía y Bato la aguardaban inquietos cerca de sus naves en uno de los hangares del Raddus.

- ¿Entonces…? –los penetrantes ojos de Tía estaban fijos en ella al acercarse-. ¿Ampliaremos el llamado a la Flota Libre? Ya tengo unos candidatos en mente.

- Ackbar aprobó las rutas de suministro, y ha valorado nuestro trabajo. Pero le preocupa que la Primera Orden ya haya contactado a otros contrabandistas…

- Con el rumor del ataque en Bakura, es el mejor momento para conseguir apoyo –opinó Bato, cruzado de brazos-. Pocos estarán contentos con la noticia. Deberíamos aprovecharlo.

- Lo sé… -ella asintió distraída-. Pero tras lo de Spike, éste es el grupo que tendremos por ahora.

- Al menos podrían prestarnos una lanzadera más grande que la que robamos. Aún me quedan varios contenedores en Kafrene, y tendré que volver por ellos –Tía suspiró-. Extraño mi nave…

Había intentado negociarlo, pero la flota de la Resistencia no contaba con mucho. Una nave menos podía significar el fracaso de una evacuación, y Holdo no daba su brazo a torcer con la seguridad de Ajan Kloss tras lo de Myca. Maz estaba por explicarle esto cuando sintió un cosquilleo más intenso.

La anciana miró las estrellas que se veían en la salida del hangar. Ladeó la cabeza, con la vaga sensación de que la estaban llamando. En sus mil años de vida, no había sentido nada parecido.

- Emmie, ¿tienes la recopilación de datos que te pedí cifrados en tu memoria auxiliar?

Resplandeciente tras su reciente baño de aceite, la droide asintió.

- Bien… -murmuró para sí misma.

Percibía una alteración en la Fuerza, una corriente cambiando de curso. Se sentía como el final de una cosa y el inicio de otra, pero esta vez también dentro de ella misma. La curiosidad la invadió, y es que pocas cosas eran nuevas a su edad. ¿Era el llamado a una nueva aventura, quizás?

Sonrió entusiasmada ante la idea. Hacía mucho que no tenía una de esas. Tal vez ya era momento. Pero para lanzarse de cabeza a su encuentro con lo desconocido, primero tenía que realizar unos últimos arreglos. Sintió la intensa presencia de su hija no muy lejos, justo a tiempo. Estaba volviendo a Ajan Kloss con su maestro, y la anciana se dispuso a bajar a la base en tierra para recibirla.

Pese al entrenamiento de las últimas semanas, sus visiones sobre Rue aún se contradecían, y antes de dar rienda suelta a sus aprehensiones y deseos, Maz estaba decidida a averiguar por qué.


Volver a los stormtroopers era un pésimo consuelo. Sin importar lo lento que respirase, esposada entre Finn y Jacen en un sombrío transporte de prisioneros, Nix no podía despejar su mente del pánico que la atenazaba. Las manos comenzaban a dormírsele, mitad por el susto, mitad por la incómoda posición. Colgados como iban del techo, no alcanzaban a mirarse de frente, menos hacia afuera. No tardarían en notar que sus identificaciones eran falsas, y al reconocerlos de las listas de captura…

El transporte dio un frenazo. Incapaz de usar sus manos para sujetarse, chocó contra la espalda de Jacen. El accidentado avance a través de los repletos callejones de Kafrene no ayudaba a pensar con claridad. Desde fuera se escuchó como alguien protestaba en un idioma desconocido, golpeando el costado de la carrocería. Un disparo le acalló, posiblemente para siempre, dados los gritos que se oyeron luego. En un desesperado intento de buscar una solución, Nix se giró atrás para hablar a Finn.

- Si eres sensible a la Fuerza, puedes persuadir al guardia de soltarnos, como Rue hizo conmigo.

Su amigo dejó escapar un gruñido indeterminado. Llevaban un tiempo discutiendo ideas para salir.

- No sé cómo controlarlo, Nix. ¿Qué nos asegura que funcionará? Creo que nuestra mejor opción es planear una distracción mientras nos cambian de sitio. Si pudiera alcanzar mi cinturón…

- Puedes intentarlo conmigo primero –insistió-. Recuerdo como se siente. Te avisaré si lo logras.

- No es así como funciona la Fuerza… -suspiró Jacen, sin voltear a mirarlos-. Tiene que empezar por lo básico. Sintiéndola.

- ¿Y tú cómo lo sabes? –Nix entornó los ojos, irritada.

No solo les había engañado, se había restado de hablarles y sugerir ideas durante todo el camino.

- Soy un contrabandista –replicó, demasiado tranquilo para su gusto-. Sé muchas cosas.

- Pues dinos cómo salir de esta, gran sabelotodo…

El transporte dio otro frenazo, y se oyeron voces alzándose afuera.

- No de nuevo -exhaló Finn, sombrío, a sus espaldas- Creo que son los…

- ¡Shhh…!

Jacen, el más próximo a la rejilla del conductor, se inclinó a ésta para oír mejor. Nix aguzó el oído.

- …las fuerzas de ocupación de Kafrene están a partir de este momento bajo el mando de Kylo Ren –la distorsionada voz definitivamente pertenecía a uno de sus caballeros-. Nos haremos cargo de los prisioneros desde aquí.

- No hasta recibir la notificación escrita, directo del general Hux –replicó un valiente líder de escuadrón-. ¿Qué nos asegura que ustedes son quienes dicen ser?

Bendita sea la Fuerza, ¿acaso la burocracia de la Primera Orden les jugaría a favor? Volteándose a mirar a Finn, vio que éste pensaba algo similar con los ojos muy abiertos. Se oyó un segundo disparo de blaster, y algo se estrelló contra un lado del transporte. Hicieron muecas de dolor. Al parecer no.

- ¿¡Qué!? –espetó otro caballero- ¿Quieren volver con las manos vacías tras lo del otro desertor?

Nix oyó un suave click dentro del transporte, y frente a sus asombrados ojos, Jacen bajó los brazos, masajeándose un hombro. Dejó las esposas a un lado y se giró de inmediato a revisar las de ella.

- ¿Cómo lo hiciste? –susurró Finn-. Son de última generación. Tienes que enseñarnos ese truco.

- No me hablen. Necesito concentrarme.

En efecto, ella observó como de pronto Jacen ya no estaba ahí con ellos, sino absorto en su tarea. Afuera, la voz del primer caballero apremiaba al recientemente promovido líder de escuadrón.

- Kylo Ren quiere vivos al desertor y la twi'lek. Hagan lo que quieran con el otro.

Los astutos ojos de Jacen se encontraron con los suyos por una intensa fracción de segundo. El alma se le cayó a los pies en cuanto vio en su rostro que pensaba hacer algo de lo que se arrepentiría.

- Conseguiré ayuda –susurró compungido-. Realmente lo lamento.

Él dejó su tarea y le dio la espalda. Con un nudo en la garganta, Nix vio como éste volvía a ponerse las esposas sin cerrarlas, pretendiendo estar atrapado con los brazos arriba. Se oyó un ajetreo afuera.

- Jacen, ¿qué piensas hacer? -¿acaso iba a dejarles ahí?- ¡Jacen!

Su voz fue ahogada por el sonido de la compuerta del transporte al abrirse. La luz del exterior los encandiló por unos instantes. Luego, dos stormtroopers subieron a liberarlos, solo a ella y a Finn. Los condujeron con brusquedad al exterior, al mismo espaciopuerto al que habían llegado horas atrás.

Antes de fijarse en nada más, se hizo un alboroto tras ellos. Jacen saltó ágilmente del transporte mientras la compuerta se cerraba y corrió a refugiarse tras unos contenedores. Dos de los caballeros fueron por él, pero mientras el contrabandista se iba, las grandes cajas de metal cayeron y se abrieron estrepitosamente, bloqueándoles el paso con piezas de repuesto.

Finn gritó algo y empujó al soldado que lo retenía, tomando su blaster. Desprevenida, Nix lo imitó, pero viendo un intenso destello blancoazulado, un correntazo de energía la hizo caer inconsciente.


Una ansiedad sin nombre revoloteaba en el fondo de su mente al despertar de su siesta, por lo que Rue se dispuso a meditar el resto del viaje. Con el camarote de la tripulación solo para ella, se sentó a practicar su respiración, dejando fluir las ideas. Para llegar a la calma, debía atravesar la tormenta.

Expandir sus sentidos a voluntad se hacía cada vez más fácil. Pudo sentir a su maestro durmiendo tranquilamente en el camarote contiguo, y a Chewbacca en la cabina, absorto en la navegación. Los ronrroneos mecánicos del Halcón curiosamente la reconfortaron mientras conectaba con la luz…

…pero aquel estado de quietud no duró mucho. Sintió un familiar tirón en la Fuerza, y emociones ajenas la abrumaron momentáneamente. Respiró profundo para serenarse. Con sus ojos aún cerrados intentó no atenderlo, pero tras días de íntimo y cargado silencio, Kylo Ren decidió dejar de ignorarla.

- Podrás engañarlos a ellos, pero no a mí. Mírate –escuchaba su voz a cierta distancia, suave y apremiante-. Apenas te contuviste de matar a mis caballeros en Cuyacán. No perteneces ahí...

- ¿Y dónde pertenezco, según tú? –las palabras escaparon de sus labios- ¿A la Primera Orden?

Maldijo para sus adentros por replicar. No debía hablarle, pero su presencia en sí ya era enervante.

- Al lado oscuro. Has sentido su atracción. Tú viniste a mí primero, ¿lo recuerdas? En Takodana. En lugar de huír con tu amiga. Estabas aterrada, pero fuiste a encontrarme de todas formas…

Rue frunció el ceño. Ella lo hizo por Nix. Para protegerla. Él no retorcería sus motivos de esa forma.

- ¿Acaso no lo has visto ocurrir? –ella abrió los ojos, solo para ver en los suyos, triunfales, que se trataba de un farol-. Entonces sí lo has visto. No lo niegues. Puedo sentir cuando mientes.

Ella lo fulminó con la mirada a través de la habitación y cerró los ojos, dispuesta a ignorarlo. Exhaló su frustración. Kylo Ren no tenía idea del cambio de enfoque de Skywalker, ni de la nueva forma de entrenamiento que le proporcionaba a ella... y muy a su pesar, sintió que no era justo que no lo supiera.

Sin la caída de Ben Solo, su maestro jamás se habría cuestionado sus creencias sobre la Fuerza, y ella nunca habría aprendido del balance. En lo que duraba un latido, se resignó a dejar su meditación.

- Luz y oscuridad... –suspiró, buscando su oscura mirada en aquel pálido, infeliz rostro-. Esa es nuestra verdadera naturaleza. Somos ambos, en cada instante de cada día. Significa que podemos elegir a cuál atender, y tal vez incluso, alterar nuestros destinos...

- He aceptado el lado oscuro, y he forjado mi propio destino –replicó él, de pronto rígido.

- ¿Ser un segundo Vader, en un segundo Imperio? –alzó una ceja, manteniendo la calma pese a anticipar su violenta reacción en la Fuerza-. Comenzaba a pensar que eras más que eso.

La ira de Kylo se aplacó al instante, y él ladeó la cabeza, invitándola a continuar. Ella se removió incómoda, aún sentada en su camarote. Sintió sus ávidos ojos recorrerla distinto esa vez, y apartó la idea de su mente con un escalofrío. Él quería algo de ella, , pero no lo mismo que los hombres de la taberna. Escogió sus palabras con cautela. No debía subestimar lo intenso y volátil de su atención.

- Snoke destruyó el templo. Asumiste la culpa para que tus padres no fueran por ti. Sabías que te haría matarlos para probar tu lealtad al lado oscuro… -el dolor en sus ojos fue confirmación suficiente, y con tenebrosa certeza resolvió con voz queda-. Lo estabas demorando. No querías hacerlo. Es la luz en ti, todavía la sientes, ¿no es así? Amabas a Han Solo. Aún lo amas

Él intentó mantenerse inexpresivo y sereno. Realmente lo intentó. Pero ella sintió su desolación.

- Ben Solo lo hacía… -su voz fue apenas un hilo-. Ahora ambos se han ido. Yo los destruí.

- También siento cuando mientes… –concluyó al percibir una vacilación, una diminuta grieta en la máscara de Kylo Ren-. Tal vez no somos tan distintos. Yo habría hecho lo mismo por Maz...

Dijo esto último con una mezcla de horror e indignación. Pero no hacia él, al menos no esa vez. Le había tomado tiempo juntar los fragmentos de recuerdos robados para asimilar su confesión. Ben no había caído al lado oscuro, Snoke lo había empujado, una y otra vez, por años. Rue apretó los puños.

Y los ojos de Kylo se suavizaron.

- Esa ira que sientes, es un poderoso motivador para hacer justicia. Es lo que te ha dado fuerzas para sobrevivir a tanto, tan joven… –vaciló, y mirándola fijo, agregó con voz ronca- también los sentí. A los espías. Nadie tiene derecho a juzgarte por destruirlos. Pero no conoces el poder del lado oscuro, y seguridad que te puede ofrecer. No aún

Estremeciéndose, recordó a su versión oscura en Jedha. No niegues esa verdad que ya conoces...

- ¿Y tú me enseñarás, como Snoke hizo? –se sacudió la idea de la cabeza-. No confío en ti.

- Pero sí en quien intentó matar a su aprendiz mientras dormía… –su expresión se endureció.

- Skywalker ha sido bueno conmigo… -anticipó su ira en la Fuerza, agitándose alrededor.

Kylo dio un paso hacia ella, y Rue se levantó, lista para defenderse. Él se contuvo de seguir, lívido.

- Y ahora tus sentimientos nublan tu juicio –siseó entre dientes-. Descártalos. Él es un fraude...

- Él te dañó –precisó, airada. Ahora fue Rue quien dio un paso hacia él, y otro, y otro más-. Lo confronté por eso. Lo traje de vuelta. ¿Y sabes qué vi? Que la gente puede cambiar y aprender de sus errores, por terribles que sean. Tal vez incluso los bastardos

Se interrumpió al notarse a palmos de él. Tragó saliva al mirar arriba, y se forzó a quedarse ahí. La oscura silueta que enfrentó en Takodana ahora tenía un rostro humano, y Rue ya no le tenía miedo.

- Las cosas podrían ser distintas –gruñó al final, aunque solo fuese para sacárselo del pecho.

Hubo un prolongado silencio en el que las emociones cruzaron el rostro de Ren. Y para su asombro, a través de la Fuerza, encontró esa veta de luz debatiéndose en él, mientras él se inclinaba a replicar.

- ¿Cómo? –su voz era dura, pero había un matiz desesperado en ella. Hasta entonces no había dimensionado lo profundo de su soledad-. No soy un bastardo. Soy un monstruo. Tú lo dijiste.

Rue frunció el ceño al recordarlo. Entonces odiaba a Kylo. Ahora, con una mezcla de compasión e ironía, consideraba que quizás ese vínculo no era una trampa y que la Fuerza los conectaba por una razón. Guardando las proporciones, ella entendía lo difícil que era volver a casa tras cometer un error. Él ya no tendría a quién regresar tras matar a su padre, y con justa razón. ¿Podría tomar el riesgo de ofrecerle ayuda, después de todo el daño causado, a ella y a sus amigos? Suspiró a regañadientes.

- No eres un monstruo. Solo estás sufriendo. Pero podrías aprender a transformar ese dolor...

Estaba por sacar los kyber de su bolsillo cuando Ren giró bruscamente. De algún modo, supo que alguien había llegado a verlo. Él le dirigió una última mirada antes de que la conexión se disolviera.

Dejándola sola, con más preguntas que respuestas.


Las palabras de la ladrona aún revoloteaban en su mente de camino a la compuerta. Ser ambos. Una blasfemia, tanto para los Jedi como para los Sith, pero Kylo estaba por sobre aquellas doctrinas. Snoke lo instó a estudiar ambos aspectos de la Fuerza; aprendió de él que la redención de su abuelo fue un momento de duda en una vida dedicada al lado oscuro, y que volver a la luz era imposible.

Pero ella vio su debilidad por la luz, y su mirada se suavizó por primera vez. Se sintió cálido

La compuerta del Buitre Nocturno se enlazó con la de la lanzadera a las afueras del campo de asteroides de Kafrene. Cardo y Trudgen fueron los primeros en pasar, arrastrando consigo al desertor. Detrás de ellos, Kuruk y Vicrul llevaban a la twi'lek. Estaban inconscientes. Bajo su máscara, observó disgustado como los conducían al área de prisioneros, al fondo de la nave.

- ¿Qué ocurrió?

- Los querías vivos –Cardo resopló, irritado-. No paraban de escaparse, así que los aturdimos.

- Viene otro –avisó Kuruk-. Lo trajimos con nosotros desde Coruscant. Ya estaba así cuando lo encontramos, creí que sería interesante mantenerlo vivo. Puede que tenga algo sobre el rojo...

Esposado y empujado por Ushar, un magullado humano salió al pasillo. Sus ojos, ya saltones de por sí, casi se salen de sus órbitas al ver que era Kylo quien lo recibía. Él reconoció que se trataba de un miembro de Escuadra Civil a partir de su ropa, y gruñó por lo bajo. Le era familiar, y ya lo detestaba.

- Pónganlo en una celda aparte –lo quería lejos de la twi'lek.

Los vio irse con sentimientos encontrados. Su plan había dado resultados, finalmente. Ahora debía continuarlo. Estremeciéndose, notó a Ap'lek observándolo en silencio desde la compuerta aún abierta.

- Habla de una vez, Ap'lek –espetó, percibiendo una disimulada suspicacia a través de la Fuerza.

- Si no te conociera, diría que estás renegando del camino del Ren…

Ustedes no me conocen, nunca lo hicieron. Una oleada de amargura lo inundó al pensar que nadie lo hacía realmente. La camaradería que compartieron años atrás fue meramente instrumental. Seguir el camino oscuro, menos solos. Antes de hacer algo estúpido como agredirlo, se recordó que en la delicada posición en la que estaba con Snoke, podría necesitar de sus servicios en un futuro cercano.

- No dignificaré eso con una respuesta. Me encargaré de que carguen su recompensa a la nave.

Como percibiendo el peligro bajo su contenida voz, Ap'lek se deslizó de vuelta al Buitre Nocturno.

Kylo apretó los puños, furioso consigo mismo. Todo lo que necesitaba era una chispa de esperanza para volver a cuestionarse el llamado con el que el lado oscuro lo atrajo durante toda su vida. Ése era su destino. Alcanzar su potencial en la Fuerza. Llevar orden y estabilidad a la galaxia. Continuar el legado de su abuelo. Ser un segundo Vader, en un segundo Imperio.

Sonó tan estéril viniendo de sus labios. ¿Pero cómo podría él alterar su destino, luego de todo lo que había hecho? ¿Luego de lo que estaba por hacerle? Él pertenecía a la oscuridad, lo quisiera o no. Su furia dio paso a la incertidumbre. Porque lo estaba sintiendo de nuevo, la atracción a la luz...

Pero estaba dolorosamente consciente de que sacrificios debían hacerse para llegar a la grandeza.

Ordenó el regreso al Supremacy con una mezcla de inquietud y anticipación. Tenía ya el señuelo adecuado, ahora ella tendría que oír sus demandas. Su corazón sería su ruina, como lo fue para él alguna vez. Sería lo primero que corregiría al asegurar su lealtad. Y ella volvería a mirarlo como antes.

Solo los monstruos sobrevivían al lado oscuro.


Jacen se encaramó a la rampa del Fantasma IV ya en movimiento, a instantes de recibir una lluvia de disparos. Los stormtroopers esperaban al Espíritu en el espaciopuerto y eso les había dado algo de ventaja, pero tras su aventurilla con los Caballeros de Ren, tendría que dejar Kafrene para siempre. El contrabandista se despidió del feo lugar con sentimientos mezclados. Ahí iba su último buen refugio.

Presintiendo un cambio en la trayectoria de la lanzadera, se sujetó de un asidero justo antes de salir despedido a un lado. Hera no perdía el toque con las maniobras evasivas. Cuando el Fantasma IV se estabilizó lo suficiente, se apresuró a cruzar la zona de pasajeros y sentarse junto a su madre.

- ¿Dónde están tus amigos? –inquirió sin quitar la vista del campo de asteroides-. No los vi subir.

- Salgamos de aquí con vida primero, ¿te parece? –Jacen tomó los controles del cañón trasero.

Comenzó a disparar metódicamente a los TIE que los perseguían. Hasta salir de la zona de peligro no podrían entrar al hiperespacio, e incluso así, Tia le advirtió que la Primera Orden podría rastrearlos de todas formas. Chequeó en el monitor el tiempo restante en el campo de asteroides. Cuatro minutos.

En tres ya había despejado la zona de cazas enemigos, y esperó a que su madre diera el hipersalto para levantarse a abrazarla. No la veía en años. Tomando consciencia de esto, la abrazó más fuerte.

- Es bueno verte, ma. Lamento el desastre. ¿Cómo te encuentras? ¿Te lastimaron?

- Estoy perfecta. Verte a salvo es todo lo que importa –Hera tomó su rostro entre sus manos, y su sonrisa vaciló-. Pero te has expuesto demasiado. ¿Qué pasó? ¿Y dónde están tus amigos?

Tomando aire, Jacen la puso al tanto de su contacto en la Flota Libre, del rumor de Skywalker y de su participación en un atraco a una nave de suministros de la Primera Orden. El rostro de Hera se nubló con preocupación cuando le contó que los Caballeros de Ren lo abordaron en el espaciopuerto.

- Por un momento creí que me habían descubierto, pero no son tan perspicaces como Kylo. Me reconocieron de una orden de arresto, y me dijeron que te dejarían en paz si ayudaba a atrapar a otros fugitivos… -su madre empezaba a mirarlo con reproche- Cosa que no iba a hacer, pero ya te tenían y entré en pánico. Chopper y yo tuvimos que improvisar… pero en fin. No alcancé a soltar a los rebeldes. Se los llevaron de todas formas.

Hera le dedicó una conflictuada mirada. Ella no lo había criado así, pero Jacen llevaba tanto tiempo escondiéndose que comenzaba a pensar y actuar como un verdadero sinvergüenza. Se sonrojó.

- Por lo que antes me encargué de poner rastreadores en todas sus ropas –reconoció con una sonrisa culpable-. No podía descuidarlos. Uno de ellos también es sensible a la Fuerza.

Y la otra arrugaba la nariz adorablemente cuando estaba enfadada. Esperaba que estuviese bien.

- ¿Y qué piensas hacer con esa información? –preguntó Hera, alzando una ceja-. ¿Venderla?

- Vamos. Mamá. ¿Por quién me tomas? Contactaré con Tia para que me lleve a la Resistencia. Y tú irás conmigo. Después de como irrumpieron en casa, será el único lugar en el que ambos podremos dormir con algo de tranquilidad. La Primera Orden está desquiciada.

- ¿Eso significa que te quedarías allá conmigo?

Jacen hizo una mueca.

- Pues, no exactamente -su madre tomaba aire, seguramente para protestar, y él le mostró las palmas para que lo dejara continuar-. ¿Recuerdas ese sueño que solía tener de niño? Pues ha vuelto, y no te enfades por favor, lo he seguido hasta las Regiones Desconocidas…

- ¿Las regio…? –farfulló ella, intentando mantener la calma-. ¡Jacen! Es peligroso. Después de todos a los que hemos perdido allá…

Sintió una puntada de culpa por preocuparla de ese modo. En más de una ocasión creyó que no regresaría del viaje, y que su madre lo esperaría en casa, día tras día. Pero había sido por una buena causa… y si había sobrevivido se debía a algo grande, su rudimentario entrenamiento lo hacía creerlo.

- Lo sé… –juntó valor para lo que iba a decir a continuación-. Pero es lo que papá habría hecho.

Hera abrió la boca para replicar, la cerró, la volvió a abrir, y finalmente se cruzó de brazos, en derrotado silencio. Jacen suspiró para sus adentros, convencido de que estaba haciendo lo correcto, al menos en aquella ocasión. Su madre se dejó caer en la silla del piloto, revisando los monitores. Él la imitó, chequeando el tiempo restante en la ruta de vuelo. El Espíritu les esperaba no muy lejos ya.

- Odio cuando sacas ese argumento –suspiró ella finalmente-. Porque tienes razón.

- Y yo odio tener que hacerlo. No te enfades. No me arrepiento de no ser un Jedi, pero la Fuerza me mostró un lugar. Sé que es importante. Ahora que sé que Skywalker sigue con vida, no puedo seguir huyendo. Debo hacer algo. Tal vez sea un llamado.

- Tal vez -suspiró su madre, volviendo a acariciar su rostro.

Jacen entendía lo difícil que debía ser para ella dejarlo partir. En cuestión de pocos años, su familia se había reducido considerablemente. Y él se parecía tanto a su padre… salvo por el cabello verde.

Salieron del hiperespacio al punto de reunión con el Espíritu. Dentro de éste, Chopper mantenía el carguero funcionando. Atracaron el Fantasma IV en la parte posterior de la nave, y el astromecánico volvió a dar un hipersalto, por precaución. La rodiana nunca le daba información sin fundamento.

En cuanto se aseguraron de que nadie los rastreaba, Jacen partió de inmediato a contactarse con Tía. Casi tropieza con el droide de camino a la cabina. Refunfuñaba algo acerca del pésimo intento de rescate que había organizado. Éste le dio unas palmaditas cerca de su fotorreceptor.

- Vamos, amigo. No seas injusto. Tú también aportaste ideas terribles.

Oyendo su molesta réplica, esquivó a tiempo la sonda de electrochoque con la que lo amenazaba, riendo entre dientes. Su buen humor se desvaneció al sentarse frente a la estación de comunicación. Suspiró, y buscó la línea segura que compartía con Tía. Si su intuición era acertada, y solía serlo, Nix y Finn iban de camino al corazón de la Primera Orden. Por su descuido.

Cuando la rodiana finalmente contestó, no se anduvo con rodeos.

- Tía. Necesito que te saltes los protocolos y me contactes con la Resistencia de inmediato. Su base puede estar comprometida. La Primera Orden capturó a dos de sus rebeldes y tengo su ubicación, pero no sé cuánto duren los rastreadores…

Se mordió la lengua antes de preguntar por Skywalker. La línea era segura. Pero no sabía si tanto.


Su ansiedad se intensificaba, pero con tanto en qué pensar, se obligó a resolver una cosa a la vez. Ya conocía la opinión de su maestro, pero no le parecía suficiente. Mientras el Jedi aún dormía en el camarote de Chewie, Rue fue a la cabina, dividida entre su sentido de la justicia y su sentido común.

- ¿Lo aceptarías de vuelta, luego de lo que le hizo a Han? –preguntó al wookiee, recargada en el umbral de brazos cruzados-. Me refiero a Kylo Ren, si volviese a la luz. ¿Lo recibirías?

La alteración que sintió en la Fuerza la previno de insistir. Se sentó silenciosamente en el asiento diagonal al suyo y entornó los ojos, recordando que no era primera vez que notaba ese estado en él.

- Lo lamento, no debí… -Chewie encendió el autopiloto y salió de la cabina- preguntar.

Desconcertada, se mantuvo unos instantes frente al túnel de luz del hiperespacio. Luego se paró a revisar el tablero, sin saber qué hacer en ausencia del capitán. Comenzaba a inquietarse cuando vio que él volvía con algo. Se lo entregó, y volvió a sentarse en la silla del piloto. Era un disco holográfico.

Chewbacca gruñó suavemente que la ira ya no teñía su visión. Que cuando oía Kylo Ren, eso era lo que él veía. Al activar el aparato, vio una proyección del wookiee sosteniendo a un sonriente niño humano de cabello negro. Rue se dejó caer en la silla con un débil oh. Chewie agregó que él también había cometido faltas graves, y que esperaba que tarde o temprano pudieran enmendarlas.

- ¿A qué faltas te refieres? –frunció el ceño-. Él fue quien hizo…

El wookiee mostró sus garras, gruñendo que había roto dos códigos de honor en la base Starkiller.

- Usaste tus garras para herir –asintió, recordándolo con un escalofrío-. A alguien de la sangre de Han, no menos. No había considerado que una deuda de vida wookiee se extendiera así…

Chewbacca la interrumpió de nuevo, precisando que Ben Solo era parte de su familia. Que siempre lo había sido, y que siempre lo sería. Rue volvió a mirar el holograma con sentimientos encontrados.

- Entonces aún crees en él –le tendió el disco con suavidad-. Gracias, por mostrarme esto.

La decisión de volver a aceptar la luz era enteramente de Kylo, Skywalker se lo había dejado claro. Pero si llegaba el momento de intervenir, lo mejor sería conocer a cada persona dispuesta a hacerlo.