"Hans", entró a la oficina, sin llamar.
Después de todo, era un sueño.
Y el lugar estaba vacío.
"¿Alberta?", él parpadeó, "debo estar loco. Ahora sí que lo estoy. Tal vez soy un zombie"; gimió.
"Ellos no duermen ni sueñan. Sólo están muertos", le dijo Alberta, sentándose, pero no a su alcance. ¡Y con una mano muy cerca de sus armas, claro!. "Supe que intentaste chantajearnos, Hans. eso no se hace, ¿sabías?, pero siempre la preferiste a ella que a tu propia gente".
"Ellos -siempre- vienen primero, Alberta. Pero eso tú -y los tuyos, claro- ya lo olvidaron, ¿cierto?", casi le escupió Croft, amargamente.
"¡Oh, no me vengas con esas estupideces, Hans!, fuiste -siempre- su amante principal, pero te botó por ese niñito bonito, ¿Ambrose lo llamaban, cierto?, ¿y aún le gustan jovencitos?, Mazur tendría unos 21 años entonces, ¿y tú?".
"Ya no importa, Alberta, ¿verdad?, ¿y por qué estamos hablando de esto, ahora?"
"Debes tomar el control, Hans, tú y los dhampirs, claro. Por eso. Convierte ese lugar en un asentamiento. Pon a los morois a trabajar, a cosechar, a cultivar, a hacer cosas con esa magia inútil que tienen. Sus bunkers aún deben tener suministros. ¿Cuántas personas tienes -aún- adentro?".
"Me temo que son casi todos morois, Alberta. Cuándo todo comenzó a ir peor, los guardianes se fueron yendo, uno a uno. Dejaron sus trabajos, ¡a sus morois, que es lo peor!, y simplemente se fueron. Sólo quedó un puñado de nosotros", suspiró, tristemente.
"¿Y creías que esa falacia de ellos vienen primero los haría quedarse, si ven que afuera hay un caos y que hay que sobrevivir por cuenta propia?, no Hans. Somos seres humanos también. Pero me temo que no te habías dado cuenta".
"Estás realmente acá, ¿verdad?, e intentó coger su brazo, pero Alberta le pegó fuertemente en la mano.
¡UY!, ¡eso debió doler!. A juzgar por el gesto de Croft, al recoger su mano... humillada, ¡OH, sí, claro!.
"Ya no soy la tonta que esperaba una palabra tuya, Hans. No me toques", y se echó -más- hacia atrás, cuándo él intentó cogerla, nuevamente.
"¿Cómo es que estás acá?, ¿qué magia es ésta, Alberta?"
"¡Oh, hay tanto que no sabes, Hans!, éramos tan ciegos, pero ya no tanto. Y yo sólo quería saber cómo estabas, si te había amoscado el mensaje que recibiste y todo".
"¡Vamos a morir de hambre, Alberta!", se paró e intentó cogerla, pero ella fue más rápida, y se volvió a correr, "¡necesitamos ese envío!", rogó.
"Durante mucho tiempo, comimos sólo de las migajas de su mesa, Hans. Ahora... nosotros somos los que importamos. Rose -sabes quién es ella, ¿verdad?- recibió lo que era de ella. Después de todo, Mazur es su padre. Y tu Tatiana, sólo es -o era- su esposa", se encogió de hombros, para no decir nada más, ¡ni arruinar la sorpresita que estaba por venir, claro!. "¡OH, SI!, aunque ella no se dignara -nunca- en decírtelo. Y Él -¡finalmente!- escogió a su hija. Al fin un moroi nos escoge. Y para bien. Ya me voy, estamos celebrando el compromiso de Rose con Dimitri, que -como debes saber- es sobrino de tu Tatiana, a través de Randy Ivashkov. Larga vida y felicidad, Hans. No sé si nos volveremos a ver, pero si lo hacemos, espero que no seas strigoi o zombie. Porque con esos... no tengo piedad alguna".
Y se paró, para salir por la puerta.
Luego cerró los ojos, y salió del sueño de Croft.
Y cuándo éste llegó a la puerta, no la vio más.
"¿Croft malo intentó algo, amorcito?, le dijo su amante, cuando salió del trance.
"Intentó tocarme".
¿Y Alberta se hizo la víztima?
"¡Maldito!, ¿necesitas un desagravio?".
¡Y saltó el caballero andante, pero el de los fierros, latas y tuercas!
"¡Nos van a echar de menos!".
¿Ese fue un lloriqueo o un maullido, Bertie traviesa?
"Entonces... ¿uno rapidito?, ¿sólo la puntita, y salgo?", y se hizo el ingenuo.
"¿Cómo la última vez?", y comenzó a desabrocharse la ropa.
¡Y sin esperar una respuesta!, se nos puso osada la Capi Bertie.
"¡Cómo tú la quieras -y dónde tú la quieras-, mi amorcito!".
¡Oh!, si las miradas quemaran...
Ratito después -cuando comenzaban a vestirse-, Alberta notó algo... particular.
Jasón (¡Si!. Ese era su nombre, ¡Y era un moroi!, y más joven que ella, la frescolína) se limpiaba el pene, para enfundarlo.
¡Estaba que echaba humito la llave de... tuerca!
Eso no era lo raro, era que... ¿no se sacó el condón, antes?.
Esperen, ¿y el condón?, se horrorizó Alberta.
"Jas... ¿y el condón?, ¡no me digas que quedó dentro de mí otra vez!".
"¿Condón?, nop... no tenía y cómo no me lo recordaste", y se encogió de hombros, "además, al bebé de mami le falta un hermanito para jugar, ¿sí?".
"¡Jason, si tengo casi 40 años!".
"Y yo casi 20, ¿y qué?".
Hans abrió los ojos de golpe, y se encontró sentado en su escritorio.
Afuera de su puerta, apenas se oían murmullos.
Los pocos guardianes que aún quedaban.
Los que -ya- no tenían nada que perder.
Los otros volvieron con sus familias.
Y si aún estaban vivos, ya no lo sabía más.
"¿Qué fue eso?", se dijo. "¿Acaso eso fue magia de algún tipo?, ¿acaso los dhampirs ya hacemos magia, o estoy alucinando?", se mesó los cabellos, desesperado.
La situación lo era, claro.
Así que decidió una medida así de desesperada.
Acudió a un moroi -el viejo bibliotecario- para hacerle algunas consultas del -extraño- caso.
"¿Hablas de magia no moroi, Croft?, ¿qué tan desesperados estamos, eh?", levantó las espesas cejas blancas, "antaño se hablaba de brujos, claro. De hecho, los Alquimistas partieron como cazadores de brujas, de demonios, de hombres lobo. Y sí, se toparon con nosotros, a los que consideraron los verdaderos monstruos y aberración de la naturaleza. Y aún ahora nos deben ver así. Si sobreviven, claro. Ahora bien, los humanos han manifestado algunas habilidades en el pasado -y aún ahora, claro-, que la ciencia respetable no acepta -pero tampoco puede negar-, como la telepatía, y esas cosas".
"Y lo que yo vi... o viví, ¿puede ser algo telepático?".
"¿Ver a la Capitana de St Vladimir en un sueño... vívido?, puede ser, Croft. También puedes haber percibido su vardøger. Es decir, nadie ha estudiado -ni siquiera en broma, ¡menos seriamente!- qué dones reciben los dhampirs de nosotros. O sea, si nuestra magia acentúa -específicamente- algún don telepático, por decir. Como que -si ella fuera de padre de aire- sería telépata; o si fuera de tierra, sería médium físico. No hay evidencias de ningún tipo en ninguna parte, me temo. Y si las hay, no están a tu alcance ahora, me temo".
"St. Vladimir y , ¿cierto?".
"Eco. sus bibliotecas son las mejores, con respecto a esos temas arcanos. Con manuscritos originales o de copistas. ¿Acá?, no mucho, la verdad. Por eso este lugar no lleva el nombre de algún antiguo moroi, que iba a la par con su dhampir; como Vladimir o Basili... ¿y cómo te llevabas con la Capitana de St. Vladimir, o la madre de la Dragomir dhampir?, ¿cuál era su nombre?, la pelirroja preciosa, esa".
"Janine Hathaway".
¡Oh!, cómo te carcome ese nombre, Hans.
Si -tan- solo hubieras sido -más- leal a tu gente y no a los morois, tal vez -y sólo tal vez- otro gallito te cantaría.
"¡Claro!, que mujer, esa. Si yo hubiera tenido unos añitos menos, le habría hecho ñeque, ¡y capaz yo pudiera ser el padre de la hija!, debe ser una preciosidad, esa niña".
