Otro par de ojos y oídos seguía la conversación, con interés.

El antaño playboy de Pennsylvania, Adrián Ivashkov (minus el Lord, claro. Eso ya servía sólo de papel pal'po, jeje).

Usuario de Espíritu y con la capacidad de visitar sueños, el oír que Croft había sido visitado en sus sueños -¡Y por la Capitana de St. Vladimir!- abría interesantes perspectivas.

Sabía que había un grupo viviendo allá, lógicamente.

Sabía que su -elusivo- tío político -Mazur, claro- declaró tener una hija dhampir, que era -¡ni más ni menos, gente!- que la nueva Princesa Dragomir.

E hija de Janine Hathaway, obviamente.

Y sabía que esa jovencita había recibido la remesa que tan desesperadamente requerían en Pensilvania.

Así que se dio a la maña de perseguir a Croft, para intentar pillarlo desprevenido y... visitarlo en sus sueños, a ver de qué más podría enterarse.


La ocasión se dió dos días más tarde.

Un ultra cansado Croft sucumbió a la necesidad de una siesta, en su ya desierto edificio -vivía allí, ahora- así que cerró los ojos, para descansar.

El jardín de la Reina -bajo el sol-, fue el escenario que vio.

Y a Adrián en él.

"¿Otro sueño como aquel?", sospechó Croft, alerta.

"Háblame del sueño", lo compelió Adrián, al mirarlo a los ojos.

"Alberta Petrova vino a mi oficina. Me dijo que debía...tomar -todo- el control. Convertir el lugar en un asentamiento, hacer a los morois trabajar con su magia. Intenté tocarla, ¡y me golpeó!".

Y sonó como un cachorrito apaleado.

"¿Qué dijo del envío?".

"Mazur lo envió a su hija, en Montana. Es verídico en ambas cosas".

"Y... ¿cómo se comunicó con ella?, ¿por qué ahora?".

"No dijo nada de eso".

"Había algo más, algo que molestó mucho a mi tía, ¿qué fue?". Presionó más aún.

"La hija de Mazur con Janine -Rose-; va a casarse con Dimitri, que es hijo de Randall Ivashkov".

"¿Mi tío Randall?, recuerdo a ese Dimitri. Salió de acá a buscar a la Dragomir, ¿correcto?".

"Correcto".

"Ambas eran menores, eso recuerdo. ¿Quién autorizó a ese matrimonio?, ¿cómo lo harán?".

"No lo dijo. No lo dijo el tec que respondió la radio, tampoco. Pero hay un Pastor en St. Vladimir. Había, al menos".

"Interesante. Porque acá no hubo, no había y no hay... ¿cómo llegó allá?".

"Un Dragomir lo llevó allá. Lo protegió tras sus paredes".

"Un Dragomir", caviló, "Y están todos muertos, salvo esas 3 mujeres... y dos en el mismo lugar", susurró, "además de ese Dimitri y ese Pastor... interesante. Eso suena... preparado. ¿Quién envió a Dimitri?, ¿mi tía?".

"Llegó de St. Basil con provisiones -las últimas, me temo- mientras Janine se quedaba allá. Y él había hecho contacto con la Princesa Vasilissa Dragomir, antes".

"Definitivamente hay algo trucho por ahí. Pero no sé que es... Mazur es dueño de St. Basil. Dragomir de St. Vladimir. Y los Ivashkov apenas somos intermediarios entre ambos... o peor. Mensajeros... Croft, óyeme bien. Si te contactan, me buscas. Si te llaman, me buscas. Si oyes algo, me buscas. Si te... ¡cualquier cosa rara!, ¡me buscas!. Pero no le comentarás a nadie de acá. Ni una sola palabra, hasta que yo lo oiga", lo remeció, y salió del sueño, choqueado por los descubrimientos.

Algo era algo. Y -en este caso- ese algo era mucho.


De la provisión original -la que mencionó Croft en su reporte a Adrián-, ya casi no había que comer.

Y era lo que realmente angustiaba a Croft, el único real administrador de esa inutilidad que era la corte moroi.

Ya había perdido sus barreras mágicas, mucho tiempo atrás.

Y habían debido tapar los boquetes -antizombies- con autos, mallas, alambres y de todo lo que dispusieran.

Ahora había unos pocos guardianes -dhampirs, realmente- patrullando los bordes, armados hasta los dientes con todo lo que tuvieran-, y el resto de la población se parapetaba en sus casas, consumiendo -desesperadamente- lo que les quedaba.

Y que cada día era menos y menos.


Un grupo de morois (¡y royals, además!) -desesperados- habían desangrado -hasta matar- a una pobre anciana que ejercía de alimentadora (¡ejem!, la habían... contratado, al verla vagando fuera del lugar, confusa).

Por poco y no se volvieron strigois, pero sí se volvieron ferales.

Atacaron a todos los -pocos- alimentadores que quedaban -exigiendo más y más sangre-, y la Reina les dio -sólo- dos opciones.

Echarlos a la calle -solos- o ponerlos a dormir.

Algo así como sedarlos, pero para siempre.

Y servirían de proveedores de sangre, de por vida.


Tatiana quería hacerlos ajusticiar, pero era ridículo.

Así que esos morois taimados -Rufus Tarus y Ronald Ozera, entre ellos- fueron echados a la calle, con la dignidad intacta y casi enloquecidos por la situación... y el hambre, claro.

Y allá andan algunos -como zombies hambrientos-, caminando en torno a las murallas del que fuera su hogar.

Para siempre.


Ronald Ozera corrió con mejor suerte.

Literal.

Salió corriendo como si lo persiguieran los demonios.


Los Ozera -como clan, con el usufructo a nombre del PaterFamilias (o los Príncipes)- tenían una Casa en las afuera de la Corte -su casa de descanso, la llamaban- y la había cedido a su sobrina Natasha, a cambio de la casa de la Corte, que era propiedad de los hermanos Lukas y Natasha. O sea, de ella solita -y de su sobrino menor de edad-, en esos momentos, claro.

Todo en regla, gracias al amigo Tarus, un abogado de renombre. Re-conocido... Comunitario, habría dicho Mazur, en sus encontronazos en la Corte de Justicia, en dónde Mazur siempre le ganaba.

No iba al caso.


Hacia allá partió Ronald, sin invitar a los otros pelmazos.

Usó cuánto vehículo encontró con gasolina.

Esquivó a cuánto zombie halló por el camino.

Y a pocos kilómetros, se encontró sin más movilización que sus doshpatitas.

Así que se puso a caminar.


Un par de ojos rojos seguían sus pasos con interés... e intención.

Era aún de día, así que no podía... acercársele.

Pero era -para él- un viejo conocido, de sus tiempos de guardián.

¿Cuánto, 5 ó 10 años atrás?, ya hacía mucho que Vinh no llevaba la cuenta.

De cuándo su propia raza le dio la espalda, dejándolo desangrarse en el suelo de la casa, mientras rescataban a Natasha y a Cristian, de las garras de su propia familia.

Nunca olvidaría a la pelirroja, que ni siquiera se detuvo a tomarle el pulso -asumiéndolo muerto-, que lideraba el operativo.

Había sido su ídolo, en sus tiempos mozos.

Janine era su nombre.


Uno de los strigoi logró huir de ellos -descolgándose por un balcón-, y corrió hacia él para recargar energías.

Claro.

Lo desangró, pero le dio algo a cambio.

La sed de venganza.

Que partiría con Ronald, seguiría con Natasha y su sobrino, y acabaría con la pelirroja que ahora -su nueva raza- llamaba HellKat.


Ronald Ozera nunca llegaría a destino.

Fue desangrado -casi hasta morir- por Vinh, y dejado a pasto de los zombies del vecindario.

Ya recargado, y con los iris robados de Ronald -como si fueran lentes de contacto- caminó lentamente a la casa -que sabía- aún ocupaba Natasha Ozera.

Hora de actuar su mejor papel, el del amante perdido.


Vihn es parte del cannon de la Ultold Stories, la historia de Natasha y su hermano.

¡Y tenemos a Adrián!