Capítulo 17: Un nuevo camino
Ella falló. El salón del trono se disolvió frente a Rue con esta última idea en mente y los fríos ojos de Kylo Ren grabados en su retina. Luego se deslizó al vacío envuelta en una sobrecogedora quietud. Pudieron pasar horas. Días, tal vez. Pero eventualmente reparó en que aún era consciente de sí y de su cuerpo, en la misma posición en la que colapsó por la herida. Confusa, notó que ésta ya no le dolía.
La Fuerza era intensa a su alrededor. Frunciendo el ceño, abrió los ojos. Y soltó un grito de espanto.
Estaba suspendida en un cielo sin estrellas, sobre nada más que un camino de agua ramificado al infinito. Éste conectaba incontables ventanas. Tuvo la suerte de ya estar botada ahí, de lo contrario se habría caído del vértigo. Se sentó con dificultad, diminuta y desorientada. Aquel espacio era tan vasto que no veía el fin de sus senderos, retorcidos en direcciones imposibles de replicar en el mundo real.
Temblando sin control, concluyó que no era el mundo real. Se cubrió la boca ahogando un sollozo. ¿Era a donde se iba la gente muerta? Tanteándose la herida, notó que tanto su ropa como su vientre estaban intactos. No era su cuerpo. Todo se sentía amortiguado ahí. Pero a la vez, le era tan familiar…
...escuchó que voces la llamaban desde las ventanas, y Rue recordó de golpe todas las veces que había tenido aquel mismo sueño. La llamaban Jaina. O Sun. O Rey. O Rüya, como su madre le había puesto al nacer. Se puso de pie con la cabeza dándole vueltas, y echó a correr en cualquier dirección.
La llamaban para algo, pero ella no estaba lista para oír. Ni siquiera sabía si seguía estando viva.
- ¡Maz! –gritó, intentando resolver aquel escalofriante acertijo de una vez- ¡Maestro Skywalker...!
Solo al moverse notó que el suelo bajo sus pies no era de agua. Era de una negrura resplandeciente que absorbía sus pisadas. Las ventanas no eran ventanas sino portales, que le mostraban imágenes vagas mientras los pasaba de largo. Rue no quería verlas, no quería nada de ellas. No las entendía y no sabía qué hacer con ello. Luego de lo que parecieron horas corriendo, resolvió que era inútil seguir.
- ¿¡Maestro...!? –repitió con voz temblorosa, al borde del llanto- ¿¡Hay alguien aquí!?
No recibió respuesta alguna. Las voces flotando en el aire susurraban historias que no reconocía.
Salvo una, llamándola de vuelta. Se giró al oírla y su pánico fue disminuyendo. Más que una voz, era una presencia cálida. No la de Maz ni del Jedi, pero la reconfortaba lo suficiente como para querer ir tras ella. Caminando esta vez, se dejó guiar por ésta a través de los múltiples senderos. A casa...
Atravesar una nebulosa era una tarea aceptable. El cúmulo de estrellas en su interior, sin embargo, requería algo más que solo esfuerzo. No hay emoción, hay paz. Con toda la tripulación alertada, Nix respiró hondo para calmarse. Intercambiando miradas con Poe, empujó la palanca del hiperpropulsor.
El túnel del hiperespacio se deshizo frente al transpariacero de la cabina. La luz exterior era intensa, difuminada por nubes de polvo interestelar. El resplandor aterciopelado inundaba los rincones de la nave con tonos malva. Nix notó esto en un parpadeo, porque la lanzadera se sacudió dramáticamente.
- Mantenganelcursofirme... –la tensa voz de Jacen sonaba distorsionada en el radio-. Repito, mantengan el curso. Sigan exactamente el camino que hago. La gravedad es engañosa aquí.
No digas. Para lo que costaba mantener el yugo de control en posición, eso era una infravaloración. Sus brazos de bailarina protestaron al esfuerzo. Agregó ejercitar a su lista de pendientes, justo debajo de sobrevivir. Poe no se veía en mejores condiciones, sus nudillos lucían blancos sujetando el de él.
- Un camino endemoniado, en efecto –gruñó por sobre las alarmas, luchando por mantener la nave estable-. Será mejor que me cuides ese X-Wing, Jacen. Tiene un gran valor sentimental...
- Lo estoy cuidando –éste tuvo la audacia de replicar con ironía-. Con mi vida, para ser exactos.
- Finn ¿un poco de ayuda, por favor...? –solicitó Nix a expensas de su orgullo-. Está muy pesado.
La nave comenzaba a vibrar de forma inquietante mientras seguían en una fila a la nave de Jacen... de Poe. Dejó un espacio en el asiento y Finn se sentó junto a ella para sujetar entre ambos el control.
- Esto es una locura... –soltó éste con voz ahogada-. Pero al menos tenemos una gran vista.
Finn tenía razón. Nix jamás habría imaginado que la galaxia podía verse así de bella y aterradora, nubes de algodón de increíbles tonalidades, que de pronto los sorprendían con rayos. El asombro que sentía era recompensa suficiente para la posibilidad de morir en ése misterioso lugar. ¿Cuántos otros sitios la esperarían luego de eso...? Rogaba a la Fuerza poder ver muchos, muchos, muchos más...
Alguien gritó en el radiocanal, haciéndolos dar un respingo. La twi'lek dejó escapar una maldición.
- ¿¡Qué demonios fue eso!? ¿Un animal? –exclamó uno de los pilotos de transporte.
- Puedo sentir algo afuera –Finn apenas hablaba de la impresión-. ¿Cómo viven en el espacio?
Su corazón dio un vuelco, divisando con el rabillo del ojo una sombra moviéndose junto a ellos.
- Creo que lo vi... –Poe miraba hacia el mismo sitio-. Era gigante. ¿Jacen? ¿Es esto normal?
Si bien sonaba tranquilo, Nix había compartido lo suficiente con él como para notar su inquietud.
- Son pacíficos. Solo flotan por ahí. No nos dañarán si no les hacemos daño.
Pese a los escalofríos que recorrían su espina, ella dejó escapar un bufido. Solo flotan por ahí. Nix ni siquiera lo consideraba posible. Cosas extrañas pasaban en las Regiones Desconocidas, pero la mayoría solían ser meros inventos de gente sin escrúpulos y exploradores desquiciados. O eso creía.
La galaxia era tan grande... y recordarlo era exactamente lo que ella necesitaba para reafirmar su fe en la Fuerza. Ellos eran una diminuta parte de todo eso. Y si seguían vivos, no se debía solo a ellos.
- Prepárense para el siguiente hipersalto... –avisó Jacen-. Uno a la vez. Es una ruta accidentada.
Tomando la desviación para llegar a las coordenadas indicadas, ellos esperaron la señal. Nix echó una última mirada a los arréboles espaciales, y al aviso de la nave que les precedía, hicieron el salto.
Mantener el curso entonces no fue tan difícil. Pero las sacudidas retumbaban en la estructura con una frecuencia desquiciante. Luego de una eternidad, finalmente, llegaron a destino. Se oyeron varias exclamaciones de alivio por el radiocanal cuando el último transporte salió intacto del hiperespacio.
- Gran trabajo a todos los pilotos –suspiró la general-. Estamos prontos a arribar al refugio.
- Ahora viene la parte sencilla –la voz de Jacen destilaba sosiego a su vez-. Síganme.
El polvo apenas era visible ahí, pero los dos soles del sistema brillaban con una luz intensamente blanca. Al igual que el planeta que los aguardaba. Jacen los guió a la zona ecuatorial, descendiendo por las grandes y hondas grietas de un glaciar. Éste se volvió roca tras varios metros, mostrando las estrías del avance del hielo. Volutas de vapor llamaron su atención, saliendo de algunos cráteres en la piedra. El caza de Poe desapareció dentro de uno de ellos. Bajo tierra, a través de un oscuro túnel.
Se oyeron jadeos sorprendidos cuando el túnel que seguían se abrió en una gran cúpula de piedra, una ciudad tallada en la misma se extendía frente a ellos iluminada por fuentes de tenue luz turquesa.
- ¿Por qué hay luces? Dijiste que era un asentamiento deshabitado, Jacen –observó Poe, moderando su voz-. No podemos darnos el lujo de un desastre diplomático con los Chiss...
- Está deshabitado, pueden correr diagnósticos para asegurarse. Las luces son insectos que se alimentan de hongos que crecen en la roca. No matan, pero dan comezón. Eviten tocarlos.
- ¿Por qué ya no vive gente aquí? –preguntó ella, viendo las calles vacías con un escalofrío.
- Es lo que espero que averiguemos estando acá. Cada diagnóstico que he tomado es óptimo.
- Tal vez no es algo ambiental –susurró Finn-. Tal vez la gente escapó de alguien.
- Por nuestro bien, esperemos que no –resolvió Poe.
Se reunieron en una explanada que bien pudo ser una plataforma de aterrizaje. Luego de ejecutar diagnósticos de rigor, los rebeldes salieron de sus naves para realizar un reconocimiento del terreno.
El aire afuera, si bien húmedo, tenía una temperatura agradable. Según las lecturas estaban sobre una especie de falla de agua termal. Kaya estaría encantada con eso. Dejando a Finn en las capaces manos de Quinn en la improvisada zona médica, aprovechó de chequear el estado de la joven twi'lek.
- Puedo llevarte con Shi a Pantora, si así lo deseas –ofreció al verla sentada en el suelo con la cabeza entre las piernas-. Claramente, esto no era lo que tenía en mente al traerte conmigo.
- Solo estoy mareada. Pero aún tras ese viaje del demonio, esto es mejor que el bajo Coruscant –replicó sin levantar la cabeza-. Al menos aquí la gente me recoge si me caigo. Es agradable.
- Te traeré algo para el mareo –resolvió Nix sintiéndose responsable. Vaciló antes de agregar-. Y lamento que hayas tenido que pasar por esto, y por la vida de los niveles bajos. Travis ahora está preso en el Supremacy, me encargué de que se quedara ahí. No volverá a molestarnos.
Kaya alzó un pulgar en señal de agradecimiento, y Nix se fue a buscar alguna medicina para ella.
Jacen se le acercó mientras esperaba a que Emmie hallase el medicamento apropiado para Kaya. La doctora Kalonia, Quinn y otros cuatro asistentes se repartían a los heridos, revoloteando de camilla en camilla. Habían pocos graves, observó optimista. Connix se negaba a reposar, y la vio escabullirse mientras nadie la veía. El contrabandista carraspeó para llamar su atención, y Nix se volteó a mirarlo.
- Realmente lo siento –repitió, mirándola fijo-. Mi madre y yo somos muy unidos. Hemos perdido a mucha gente. Cuando supe que la capturaron, creí tenerlo bajo control, pero lo cierto es que enloquecí. Iba a volver por ustedes tras entregar los datos de éste sitio al Jedi. Sentía que era más urgente. Luego vino la invasión y todo se complicó, y... no debí engañarles en primer lugar.
Cruzada de brazos Nix lo veía retorcerse las manos con una mezcla de fastidio y compasión. Hasta que un grupo de adolescentes se acercaron con sendas sonrisas. Un irritado duro los seguía de cerca.
- Este lugar es increíble... –exclamó una entusiasta chica- ¿Cómo lo encontraste siquiera?
- Estuviste genial en Ajan Kloss –agregó un chico pelinegro-. ¿Dónde aprendiste a volar así?
- Es sensible a la Fuerza –el duro hizo una mueca-. Cualquiera puede volar bien si usa la Fuerza.
- No seas aguafiestas, tío –la chica junto a él palmeó su brazo-. También hiciste un buen trabajo.
- Pero apuesto a que Jacen derribó al menos cincuenta TIE –soltó un joven sullustano-. Solo estando en la base. Ninguno de esos pilotos lo vio venir...
- Esto es incómodo... –Jacen soltó una risita, sonrojándose-. Gracias chicos, ustedes también estuvieron fantásticos, pero ¿podemos hablar luego? Les diré todo lo que quieran entonces.
El duro llevó la mirada de Jacen a Nix, y de ella a él. Resopló, llevándose a los cinco adolescentes.
- Claramente los pillamos en medio de algo. La última vez que intervine, terminé con una sobrina.
- ¡Hey! –exclamó la aludida- ¿Y qué pasó con que estabas orgulloso de tenerme de familia?
- Lo mantengo –el duro los empujaba apremiante mientras se iban-. Pero estoy muy viejo para nuevos sobrinos. De hecho, deberás cuidarme tú ahora, Zay. Apenas veo por donde camino...
Nix reprimió una sonrisa, viendo a Jacen tan mortificado como ella. El duro trapeó el piso con ellos.
- ¿Cuánto les pagaste para que dijeran todo eso? –inquirió, cubriéndose la boca para disimular.
- En mi vida había visto a esos chicos hasta hoy. O a ese duro. Lo prometo. Solo fui a ayudarlos.
- ¿Por qué los rastreadores? –alzó una ceja, escéptica-. Haré como que eres alguien honesto. Y que lo de tu madre fue un desliz. Estamos vivos, después de todo. En parte, gracias a ellos.
- Honestamente… -él suspiró-. Finn es sensible a la Fuerza, como yo. Y tú... simplemente eres buena. Puedo sentir tu luz, si me permites decirlo. Es agradable. No se ve mucha gente buena en donde he estado últimamente. Era importante para mí saber en dónde podría encontrarlos.
La twi'lek simplemente no tuvo las fuerzas para seguir enfadada. Pero liviana y sonrojada como se sentía, sabía que aún tenía una gran tarea por delante. No tenía tiempo que perder. Buscó a Finn con la mirada, viendo si lo habían curado ya. Emmie le estaba ofreciendo una bebida analgésica. Bien.
- Ahora estamos rodeados de gente buena –precisó-. Y aquí nos cuidamos los unos a los otros, hasta el final. Lo que me lleva a que Finn, Poe y yo iremos por Rue. Y espero que te nos unas.
Jacen la miró como si estuviera loca, pero tras unos segundos asintió lentamente con la cabeza.
- Puedes contar con mi ayuda.
...se sintió como despertar a la mitad de un sueño. Cuando Rue abrió los ojos, estaba en Takodana.
Lo supo de inmediato por el aroma de las flores de miel bordeando el lago Nymeve. Estaba tendida en la orilla. Sola. Aturdida. Viva. Se sentó con cautela, una mano sobre su vientre ensangrentado pero sin herida, los dedos de la otra aferrados a la tierra mientras se esforzaba en procesar todo lo ocurrido.
Porque finalmente recordaba el sueño que tuvo por años. Salvo que no era un sueño, sino un lugar. Su mente no podía crear algo tan complejo, era la Fuerza la que lo sustentaba. Y no entendía por qué diablos la llamaba. Tampoco sabía cómo fue a dar a Takodana, ilesa, desde el otro lado de la galaxia...
...oyó un débil susurro mecánico por sobre las copas de los árboles. Desde éstas salió un solitario caza TIE que cruzó el lago hacia el ocaso. Lo vio irse desconcertada. La nave se elevó fuera de la atmósfera, pero Rue no sintió a nadie en la Fuerza al despertar. Su aturdimiento se fue despejando.
Kylo debió aprender a cerrarse de la Fuerza. Era el único que podría hacer algo así, tratar su herida y sacarla del Supremacy. ¿Pero cómo...? ¿Y por qué? No tenía sentido. Nada lo tenía a esas alturas.
Examinó su entorno y encontró sobre la hierba junto a ella los dos sables de luz de Skywalker, y una tarjeta de datos. Los recogió con cuidado. Él los dejó ahí por una razón. Sin pensarlo, se incorporó de golpe y corrió al hangar oculto en la cueva. En alguna de las naves habría un lector para la tarjeta.
Rue no estaba débil o cansada, al contrario, se sentía más energizada que nunca. Su ánimo sin embargo pendía de un hilo. Entró al hangar y subió ansiosa al Época Veloz, un carguero ligero olvidado en el fondo. Contuvo el aliento y todas sus tribulaciones mientras se encerraba en la cabina, encendía la nave e introducía la tarjeta en el lector de la consola. La proyección parpadeó al mostrar el contenido.
Eran los planos del Supremacy. Exhaló, sus hombros cayendo con desilusión. No era lo que tenía en mente. ¿Pero qué esperaba encontrarse? ¿Una nota firmada por Kylo? ¿Algún tipo de explicación a qué diablos hacía ahí? Pues sí. Rue se quedó mirando el mapa por unos instantes. Luego rompió a llorar, sintiendo el aplastante peso de todo lo vivido cayéndole encima.
Había perdido a su madre. Había perdido a su maestro. Había perdido a sus amigos y a gran parte de la Resistencia. Estaba cubierta en su propia sangre sin saber cómo seguía viva y sospechaba estar cerca de perder la cordura. Aquel sitio en el que estuvo simplemente escapaba a su compresión, y la única persona que quizás podría guiarla y hacerla entender se había ido dejándole nada más que eso.
Ni siquiera soportaba al bastardo, pero algo aún los unía. Sentía una especie de vacío ahí en donde él se había cerrado de la Fuerza. Ahora, sollozando desparramada sobre la consola, no tenía a nadie.
Nadie a quien proteger. Nadie que la protegiese a ella. Se sentía derrotada, y completamente sola. Tal vez fue por esto que minutos después, cuando se hartó del llanto y se sentó a meditar como su maestro le enseñó, conectó con la Fuerza como nunca antes. Porque ya no tenía nadie a quién perder.
Libre de aquel miedo a la pérdida, dejó ir sus apegos, y sintió su mente abrirse a las posibilidades. Se dejó envolver por la luz y su calidez. Ésta no solo estaba ahí en su interior sino que en todas partes. Sus pensamientos se volvieron un estanque cristalino, mostrándole que en realidad no estaba sola.
Deja que la Fuerza te muestre el camino, Rue.
Ella dio un respingo y abrió los ojos al oír a su maestro, tan nítido como si estuvieran frente a frente. No estaba ahí. Pero en la Fuerza, sintió su presencia. Con el pulso acelerado, volvió a su meditación. Perdió la noción del tiempo inmersa en aquel trance. La respuesta acudió a Rue como un sentimiento.
Los rebeldes que ayudaron a huír. Se puso a buscar las coordenadas de Bakura. Según el plan de evacuación de la Resistencia, los sobrevivientes irían a ese planeta. Para encontrarlos, debía empezar por ahí. Con ellos y los planos del Supremacy, todavía tenían una oportunidad contra la Primera Orden.
O caerían en otra trampa, pensó mirando el mapa con desconfianza. Sus manos vacilaron en mitad de la búsqueda. Frunció el ceño, evaluando las opciones con la calma de la luz. Respiró profundo. En algún lugar de la galaxia, un Sith orquestaba aquella guerra desde las sombras. Cambiaba las cosas. ¿Pero lo suficiente como para hacerlos aliados, a Kylo y ella? ¿Suficiente como para que él cambiase de bando? Si tan solo pudiese llegar a él por medio de la Fuerza...
Pero aquello no dependía de Rue. Dio un hondo suspiro, retomando el cálculo. Tomaría la decisión de mostrar el mapa cuando diese con los rebeldes. Ahora más que nunca, no solo la Resistencia, sino que la Orden Jedi debían resurgir. Y esa tarea recaería en ella, la última aprendiz del último Jedi.
Juntando valor, sacó la nave del hangar y alzó el vuelo al cielo nocturno. Aún odiaba pilotar. Era testimonio de su entrenamiento; prácticamente un salto de fe en la Fuerza, que dejara que ésta tomara el control de ella, mientras Rue tomaba el control del Época Veloz. Al menos esta vez iba acompañada.
Era como si a través de la Fuerza, Maz, Skywalker, incluso Mara, todos a la vez, guiaran sus manos para conducir la nave al hiperespacio. Entendió entonces lo que era hacerse uno con ésta, realmente volverse parte del todo. Siempre que Rue pudiese conectar con ella, quienes amaba estarían cerca.
No existe la muerte, solo la Fuerza, dijo la voz de Skywalker. Con el tiempo, oirás de mí otra vez.
- Gracias, maestro –respondió en susurros-. Gracias por todo.
Rue aceptó su despedida con lágrimas de alivio. Y es que no solo se sentía en éxtasis por lo intenso de su conexión con la Fuerza. Gracias a ésta, pudo percibir fugazmente dos presencias familiares. Nix y Finn. Sus amigos. De alguna forma seguían con vida tras lo del Supremacy. Y ella iba directo a ellos.
Todo parchado y algo anestesiado, Finn llegaba a la rampa del Halcón cuando se preguntó si acaso no sería mejor esperar antes de ir por Rue. Le tomó unos instantes asumir que se trataba de la Fuerza. Una especie de puerta se abrió en él estando en el Supremacy, y ahora que al fin aceptaba el camino que el lado luminoso le mostraba, debía aprender a confiar en sus instintos. Se detuvo a medio subir.
Una alarma reverberó en la caverna, justo a tiempo. El joven bajó y se acercó a la primera rebelde que vio corriendo con cara de saber lo que pasaba. Ésta no se detuvo en su camino a ver a la general.
- ¿Qué ocurre? –preguntó, adaptándose a su paso, con una leve cojera producto de sus heridas.
- Una nave se aproxima a los túneles. No es de la Primera Orden, pero tampoco de las nuestras.
- Es Rue –resolvió con una oleada de aliviada certeza-. Contáctenla por radio, sé que es ella.
La rebelde lo miró extrañada, pero asintió mientras se adelantaba al improvisado nuevo centro de comando. Finn por su parte, disminuyó el paso al sentir un tirón en la pierna. Sacó el comunicador de su bolsillo y contactó a Nix, ya instalada con Jacen, Poe, Chewie y otros seis rebeldes en el Halcón.
- ¿Por qué la alarma? –la voz de Nix sonaba tensa- ¿Qué sucede? ¿Nos invaden de nuevo?
- Se acerca una nave. Es Rue, estoy seguro de ello.
- ¡Aléjense de la plataforma oeste, y preparen un equipo de rescate! –exclamó Kaydel, corriendo a duras penas desde el centro de comando- ¡Se aproxima una nave aliada, y viene en llamas!
Un carguero ligero salió del tunel a la amplia caverna echando humo por los propulsores. Dio un torpe rodeo antes de aterrizar con estruendo en la explanada vacía a metros del campamento principal. En el silencio que siguió, una menuda figura salió tosiendo del interior. Rue estaba hecha un desastre.
Finn corrió a encontrarla, pero Nix se le adelantó. Apurando el paso al verla, Rue se estrelló contra el pecho de la twi'lek, rodeándola por la cintura. Ésta hizo lo propio. Si bien contento, el joven se acercó inseguro de intervenir. Una pequeña mano se extendió a agarrarlo de la camisa, atrayéndolo al abrazo.
- Gracias a la Fuerza, están bien... –suspiró, con la cabeza enterrada entre Finn y Nix.
- Estábamos por ir a buscarte –Nix se sorbió la nariz entre risas de alivio, él sobó con cariño su espalda y la de Rue-. ¿Cómo estás? ¿Cómo nos encontraste? ¿Y cómo huíste del Supremacy?
- Estoy bien... ¿Cómo escaparon ustedes? Creí que habían muerto con el resto en el hangar.
- Maz nos salvó –dijo Finn tras un triste silencio-. Lo presintió, y nos empujó dentro de una nave.
- Por supuesto que lo hizo –estaba excepcionalmente en paz con ello-. Es lo que siempre hace...
- ¿De quién es esa sangre? –inquirió Quinn, aclarándose la garganta para llamar su atención.
Finn se separó de ellas, mirando la ropa de Rue con preocupación. A su alrededor, un equipo corría a apagar la nave, mientras otro revoloteaba esperando a hacer un chequeo médico a la joven aprendiz.
- Mía –Rue se separó de Nix, ligeramente sonrojada-. Pero estoy bien. Ya me han sanado.
- ¿Dónde está Skywalker? –uniéndose al grupo, Poe miraba aprehensivo el carguero en llamas.
Nadie más bajaba de ahí. Vio como el rostro de su amiga se contraía de pena. Entonces era cierto.
- Él no sobrevivió –respondió Leia, acercándose a Rue con expresión afligida-. ¿Qué ocurrió?
En el tenso silencio que siguió, la joven se mordió el labio, mirando alrededor. Captando el gesto, con palabras amables la general envió a todos menos Finn, Nix y Poe a retomar sus tareas. Luego los llevó al centro de comando, en donde lo que quedaba de los altos mandos esperaban las novedades.
Alrededor de una mesa plegable, Casterfo, D'Acy, Ematt, Chewie, Connix, Syndulla y Gawat, además de C-3PO y Sunrider voltearon al verles llegar, comparando diagnósticos y listas, y señalando puntos estratégicos frente a lo que parecía un holomapa de la ciudad. Jacen apareció a los segundos, con expresión de educado interés. Leia lo dejó quedarse con un asentimiento. Finn se sentó junto a Rue, y Nix la cubrió con una manta mientras ésta tomaba un hondo respiro antes de relatar lo ocurrido.
Cuando acabó, todos quedaron mudos de espanto. Leia dejó escapar un largo y pesado suspiro.
- Luke lo sospechaba antes de evacuar de Ajan Kloss, mas no tenía suficientes pruebas para hacerlo público. El Emperador tenía acceso a secretos de los Sith que creímos haber destruído. Pero necesitamos reunir más información; será lo primero que hagamos, una vez que logremos regularizar nuestra situación. Si no tienes nada más que decir, Rue, puedes ir a descansar...
- ¿Por qué? –interrumpió Jacen con los ojos entornados- ¿Por qué Kylo Ren te dejaría con vida?
Finn sintió cómo el ambiente del concejo se tensaba, al igual que la joven. Era una buena pregunta.
- No estoy segura –echó una fugaz mirada a Leia-. Como dije, sólo sé que se cerró de la Fuerza.
El joven reparó en que la general se aferraba a la mano que Chewbacca posaba sobre su hombro.
- Los Jedi se han ido –masculló Sunrider, visiblemente afectado por la noticia-. Si lo que la joven Rue dice es cierto, no tenemos esperanza frente al Emperador. No si las historias son ciertas.
La atmósfera pesimista que flotaba en el concejo era casi insoportable. Eran terribles noticias, era cierto, nadie quería imaginar lo que significaba el regreso de los Sith para una galaxia ya destrozada por la guerra. El miedo era entendible. Pero ellos seguían ahí. Y tenían que ser más fuertes que éste.
- No –antes de pensarlo, Finn se levantó-. Skywalker se ha ido, junto a muchos de los nuestros, y eso es algo muy triste. Pero la esperanza no se ha ido, no mientras nosotros sigamos vivos. La Fuerza y la luz tampoco se irán. Todos somos parte de ella, y tenemos un rol que cumplir.
- Llegamos hasta este sitio, contra todo pronóstico –agregó Nix-. Debe significar algo. Debemos hacerlo valer. Por todos los que ya no están con nosotros, y por quienes siguen luchando.
- Somos pocos ahora, pero gente buena nos seguirá si los guiamos con el ejemplo –Poe miró a todos los presentes, quienes lentamente parecían recobrar el aplomo-. Ahora más que nunca, los rebeldes debemos volver. Encontraremos una forma de ganar esta guerra. Y al Emperador.
- Él ya cayó una vez en Endor –Gawat asintió con seriedad-. Y lo haremos caer de nuevo.
- Peleamos contra el Imperio años atrás y lo volveremos a hacer –sostuvo Hera-. Encontraremos más aliados. Incluso si lo dificultan. Es una galaxia grande. Tenemos amigos en todas partes.
- Todo lo que necesitamos es una chispa de esperanza... –concluyó Leia, su rostro de pronto quedó en blanco. Casterfo le tocó un brazo con suavidad, y la general volvió en si con los ojos ligeramente humedecidos- ...y la Resistencia renacerá, igual que la Orden Jedi. Puedo sentirlo.
- Una chispa de esperanza... –repitió Rue con un brillo extraño en la mirada-. ¿Bastará con esto?
La joven se sacó una tarjeta de datos del bolsillo, tendiéndosela a Poe. Éste la examinó con cuidado antes de ponerla en el holoproyector portátil. La imagen azulada que se expandió en la mesa plegable hizo que todos los presentes se removieran inquietos en sus asientos. Eran los planos del Supremacy.
- No puedo creerlo –Poe revisaba el contenido del mapa con afición-. ¿De dónde lo sacaste?
- Un aliado –aseguró levantándose, para vacilar y afirmarse de Finn-. ¿Me llevas al área médica?
Preocupado, él asintió. Pero llegando a la zona médica, Rue se lo llevó aparte con expresión cauta.
- Tienes que dejar de hacer eso –le reprochó al ver que solo había sido un acto-. Hablo en serio.
- Lo siento... –sus grandes ojos marrones lo miraron con usual intensidad-. Pero estás distinto.
- Me siento distinto –reconoció él, sabiendo a lo que se refería-. Oí a Skywalker en el Supremacy. Y a otro tipo, creo. No estoy tan seguro de aquello, me golpearon bastante feo en la cabeza.
- Puedo verlo –su rostro se ensombreció al examinarlo de arriba abajo-. ¿Quién te hizo esto?
- Phasma –Finn hizo una mueca-. Pero lo creas o no, Nix ya se encargó de ella. Fue... confuso.
- Esa es mi chica –alzó una ceja con admiración. Luego sacudió la cabeza-. En fin. Acerca de la Fuerza... Sé que Skywalker deseaba que entrenaras con nosotros. Vio el potencial en ti. Y yo también. No soy Jedi aún, pero si lo deseas, podemos aprender juntos. Nos hará bien a ambos.
Una lenta sonrisa se formó en los labios de Finn. Sin Skywalker con ellos, y con Rue supuestamente prisionera en el Supremacy, había temido que nadie pudiese guiarlo en aquel camino. Y francamente, la idea de pasar más tiempo con su gruñona amiga era un divertido agregado a aprender de la Fuerza.
- Me encantaría –se inclinó ligeramente, mirándola con una mezcla de respeto y travesura.
Rue le devolvió una tenue sonrisa. Luego sus ojos se fijaron como dagas detrás de su espalda.
- Tienes que estar bromeando... –gruñó.
Finn se volteó a mirar a donde Rue veía. Nix se acercaba a ellos prácticamente empujando a Jacen a encontrarlos. Éste se veía ligeramente sonrojado, murmurando cosas ininteligibles a la twi'lek.
- Jacen Syndula, sensible a la Fuerza –presentó ella con un gesto dramático del brazo-. También quiere ser un Jedi pero no se atreve a hablarte. Dice que le das miedo. Le dije que eras amable.
Nix dijo lo último entre dientes, una amenaza implícita en sus ojos y voz. Rue bufó como respuesta.
- ...nos salvó a todos trayéndonos aquí –agregó interpretando su silencio, suplicando a Finn con la mirada para que los apoyara-. Su padre fue Jedi. Y los chicos lo adoran. Es un buen hombre.
Tenía un punto. Y Finn sentía que Jacen, al igual que él tiempo atrás, se merecía otra oportunidad.
- Nix tuvo razón conmigo... –dirigió una mirada persuasiva a Rue-. Vamos. Mientras más, mejor.
Tras una pausa cruzada de brazos, ella rodó los ojos y asintió con desgano. Finn palmeó el hombro de un azorado Jacen como bienvenida. Nix aún no dejaba de aplaudir cuando Leia se les acercó. Se interrumpieron para recibirla. Se veía algo distraída, pero tranquila. Más de lo que él jamás había visto.
- Me alegra encontrarlos a todos juntos. Oí su conversación, y he venido a ofrecerles mi apoyo. Entrené lo básico del camino Jedi con Luke, años atrás. Prometo ayudarles en todo lo que pueda... luego de que tú –apuntó a Finn-, te vayas a descansar. Es una orden y traje refuerzos.
A un chasquido de sus dedos, Poe apareció de la nada, llevándose a Finn en dirección al Halcón.
- Ahora si, a recostarse... –solo entonces, él reparó en lo agotado que estaba. Sus piernas se sentían como trapos. Notando lo inestable de sus pasos, Poe puso sus hombros bajo uno de sus brazos-. No te preocupes, si te caes yo te atrapo. Amé el discurso en la reunión, por cierto. Has llegado tan lejos… Y estoy tan orgulloso de ti, Finn. Creo que serás un gran Jedi...
Casi llegando al Halcón, el exstormtrooper sonrió. Todos sus amigos estaban a salvo ahora, y él iba a hacer que más personas lo estuvieran. Ya no como un rebelde, sino como un Jedi. Podía sentirlo ahora, en la Fuerza. Iba por el camino correcto. Y tras una larga, larga siesta, estaría listo para seguirlo.
Estaba habituado al dolor, el poderoso Kylo Ren. Era la única razón por la que su cuerpo aún no colapsaba. Respirando hondo para serenarse, sentía su identidad derrumbarse a pedazos, junto a las mentiras sobre su familia, su naturaleza y destino. Las voces, las pesadillas, las promesas de alcanzar la grandeza, de encontrarse a sí mismo y seguir su propio camino... Todas, fueron obra del Emperador.
Kylo habría incinerado la galaxia entera a fin de encontrarlo y destruirlo. Pero cerrado de la Fuerza, Ben apenas se mantenía despierto pilotando el TIE a hipervelocidad. El cansancio lo prevenía de dar rienda suelta a sus intensas emociones, algo deseable en su estado. Sería un proceso, salir de aquel sombrío lugar asaltado por la culpa y los remordimientos, pero luego de hablar con su abuelo veía por primera vez una luz en el horizonte. La alcanzaría, a su debido tiempo.
No tuvo la presencia de ánimo para quedarse en Takodana. Se convenció de que le hacía un favor. Si la Fuerza realmente los unía así, no la cargaría con el peso de lidiar con él. Le había quitado tanto, obsesionado como estaba con hacerla caer al lado oscuro. Frunció el ceño, forzándose a dejarla ir.
La próxima vez que se vieran, las cosas serían distintas. Él sería distinto. Tal vez así entendería...
Una alarma lo devolvió al presente. La computadora le indicó que llegaba a su destino, y su mano cayó torpemente a desactivar el hiperpropulsor. Sólo entonces, viendo el planeta cubierto de agua, se abrió a la Fuerza para seguir las instrucciones de su abuelo. La intensidad con la que fue atraído a una isla rocosa le dio la energía suficiente como para salir del TIE a una playa de arenas negras.
Era un sitio pacífico, casi desierto. Cerró los ojos ante el suave calor del sol en el rostro, respirando la brisa salada. El aroma y sonido del mar lo transportó de golpe a la casa de su infancia en Chandrila…
Tuvo que abrir los ojos, ver alrededor. No estaba listo para recordar. Se extendió con sus sentidos.
Debía dejar que la luz lo guiase. Ésta lo llamaba hacia la cima de la montaña que coronaba la isla. Sintió la inquietud de los nativos, ocultos en una aldea a mitad de la ladera. Debería convencerlos de no ser una amenaza para ellos, tal vez luego de descansar. Suspiró, esperando no desmayarse en la subida. Lentamente, paso tras agotado paso, ascendió por la sinuosa escalera de piedra frente a él.
Sentía la Fuerza vibrando en el aire, luz y oscuridad a la vez. Coexistían, de forma cruda y primitiva. Su curiosidad iba superando al cansancio a medida que subía la montaña. ¿Qué era ese sitio? ¿Por qué Anakin lo guió allí? Se detuvo al notar que el interior estaba hueco. Más adelante, vio una entrada.
Sus ojos vagaron por los muros de roca desnuda, y la piel se le erizó con anticipación. Era un lugar sagrado. Un templo. Con el pulso acelerado entró sintiendo en cada fibra de su ser que finalmente iba por el camino correcto. Luego de atravesar túneles y grietas, llegó a una amplia caverna. Una fuente era el único vestigio de civilización. En su fondo se veía un arcáico mosaico de una persona meditando.
Representaba ambos aspectos de la Fuerza, oscuridad y luz. Como los Jedi originales. Las piezas encajaron en su mente mientras se agachaba a estudiar la imagen de cerca. Ben se encontraba en el primer templo Jedi. Dedujo que Luke lo había encontrado, enseñándole a Rue lo que no supo cuando lo entrenó a él. A integrar ambos, y encontrar el balance que Anakin estuvo destinado a reestablecer.
A través del reflejo del agua en la fuente, vio que la grieta por la que la luz entraba era en realidad una zona destinada a la meditación. Fue a sentarse allí, determinado a contactar a su abuelo otra vez.
Lo veía ahora con claridad, sentado en el templo de los primeros Jedi. Aferrarse a quien debía ser, tanto en la luz como en la oscuridad, le impidió entender que siempre fue ambos, como la energía que rodeaba y unía la galaxia. No notó cuánto pasó meditando en el acantilado, intuía que debía esperar. Una ligera alteración en la Fuerza le hizo abrir los ojos, justo a ver como el espíritu de Anakin Skywalker se manifestaba nuevamente frente a él. La luna brillaba en el cielo nocturno. Ben había llegado de día.
- Te tomaste tu tiempo –observó enderezándose-. Entonces, balance. ¿Por dónde empezamos?
- La paciencia es una virtud –replicó Anakin, imperturbable-. Una que debes aprender a cultivar.
Con expresión irónica, Ben Solo ladeó la cabeza dándole la razón. Aún tenía mucho que aprender.
Lo torturaron hasta que olvidó su propio nombre. Azarosamente, con distintas formas y niveles de crueldad. Tenía vagamente la noción de haber pasado por algo similar, antes, en su otra existencia, y que por mucho tiempo había sido lo suficientemente estúpido como para resistir.
Era su primer instinto. Resistir. Como si hubiese nacido para ello, como si tuviese un propósito. Si lo tenía realmente, ya no lo recordaba. El paso del tiempo había reducido su vida a momentos entre el dolor. Había llegado a anticipar aquellos momentos, una sensación fría se arremolinaba en el aire.
Eventualmente esa sensación también la encontró en su interior.
Esa vez, sin embargo, supo que sería diferente. Simplemente lo sabía, y había aprendido a fiarse de su instinto. La compuerta de su celda se abrió y dos Caballeros de Ren lo arrastraron fuera de ésta.
- ¿Van a matarme ahora? –su garganta dolía por el esfuerzo de hablar.
Miró arriba al notar el silencio de sus captores. Éstos se miraron entre sí antes de llevarlo a través de extensos pasillos de piedra fría y húmeda. Ése sitio le daba escalofríos desde que llegó, haciéndolo cuestionar su propio juicio. No dejaba de oír susurros en su cabeza, incluso entonces. Lo arrojaron en medio de una gran recámara de techo alto, una tenue luz roja apenas iluminaba las negras paredes.
- Puedo sentir que tiene potencial en la Fuerza... –una voz áspera y cavernosa resonó en toda la habitación, erizándole los vellos de la piel-. Pero es obstinado. Su mente aún no está limpia.
Volteándose a los caballeros, vio que éstos se arrodillaban sumisamente en dirección a la pared del fondo. Una figura encapuchada surgió de entre las sombras de aquel lugar, caminando con paso lento y tambaleante hacia él. Su primer instinto fue huír, cada fibra de su ser le decía que esa criatura estaba mal. Volutas de sombras manaban de su cuerpo vestido completamente de negro, y en lo que tardó en llegar a su encuentro, daba la impresión de que su contorno se deshacía por momentos.
Pero paralizado por una fuerza poderosa y desconocida, él no podía escapar. Su pulso se disparó.
- Tus emociones son intensas. Podrías ser fuerte en el lado oscuro. ¿Cuál es tu nombre, chico?
No era natural que alguien irradiase frío. No era natural que su forma oscilase bajo su negra capa. Y definitivamente, no era natural que él repentinamente sintiera la irrefrenable obligación de obedecer.
- No lo recuerdo.
- ¿No lo recuerdas? Eso es una buena señal... Agh...
Tras una breve pausa, la figura se agitó con violencia, las sombras escapándose de debajo de su ropa como insectos abandonando una colmena. La criatura alzó un brazo en ademán demandante, y dos guardias de armaduras color rojo sangre se acercaron con un alienígena apresado entre ambos.
Lo sujetaron frente a la figura, y él supo que algo terrible iba a ocurrir. El frío alrededor quemaba. El alienígena, dócil hasta entonces, se agitó con desesperación, rogando en un idioma desconocido mientras la criatura lo tocaba con sus manos negras y decrépitas. Entonces, también se quedó helado.
Ante sus aterrados ojos el alienígena fue perdiendo el brillo de su mirada. Luego el color de su piel. Luego la redondez de su rostro y cuerpo, hasta quedar totalmente drenado de vida. Como un cadáver.
Muerto, cayó al suelo con un golpe seco, y ante un gesto de la mano de la criatura, los guardias se llevaron en silencio el cuerpo inerte con ellos. Él no vio a dónde lo llevaban. Conmocionado, su mirada estaba fija en la mano de la criatura, blanca y lisa. Humana, como el cuerpo ahora sólido bajo la capa.
Ya no había rastro de las volutas de oscuridad. Bajo la sombra de la capucha el rostro de un hombre se giró a examinarlo. Él aún era incapaz de moverse. Pero reconoció con horror a la persona ante sí.
- Un pequeño precio a pagar para sostener este cuerpo defectuoso... –comentó casualmente el Emperador-. No te preocupes, muchacho. Tu destino será distinto al de aquel alienígena. Puedo sentir el odio dentro de ti. Y eso en alguien como tú, puede ser un arma extremadamente poderosa. Ahora... ¿Sabes lo que es la Primera Orden?
Fue como si un océano de fuego se agitase en su interior. Él no sabía quién era, pero tenía absoluta certeza de que la Primera Orden debía desaparecer de la faz de la galaxia. Moriría, con tal de lograrlo. Vagas imágenes acudieron a su mente. Ellos lo habían torturado por algo. Le habían arrebatado su nombre. Frunció el ceño, aferrándose a esa idea. Ellos le quitaron su nombre. Soltó un gruñido.
- Bien... –sus ojos amarillos relujeron al sonreírle-. Te voy a ofrecer la oportunidad de liberar a la galaxia de la Primera Orden. Pero para ello, debes aprender a usar tu poder apropiadamente.
Hipnotizado por su mirada, sentía sus palabras calar hondo en él. Su primer instinto fue resistir, recordar quién era. Antes de todo aquello, él era... ¿quién? Tal vez nunca había existido en realidad. Tal vez todo lo que siempre fue era una persona de la celda, indefenso, esperando la siguiente tortura.
Pero el Emperador le daba una oportunidad ahora. De liberarse. De vengarse de la Primera Orden. Éste chasqueó los dedos, y los Caballeros de Ren se acercaron a entregarle una máscara negra, a juego con las suyas. Él recuperó la capacidad para moverse justo a tiempo para recibirla en sus manos.
- Todo lo que tienes que hacer es ponerte esa máscara. Y hacer exactamente lo que yo te diga.
