Después de mil años por fin traigo el último capítulo de este fic, espero les guste.
Muchas gracias por su apoyo a esta loca idea, nos estamos leyendo y ya saben que
los iloveo un montón .
Contrario a la leyenda popular que era en sí mismo Gojo Satoru, Yuuji descubrió que era un hombre de vida sencilla. Supo por Fishiguro que el hechicero más poderoso, también era muy rico; tenía una silla ridículamente cara en la cual solía dormitar y sus camisas eran también muy caras. Aún le pican los dedos al recordar cuando Kugisaki tiro jugo en una hace ya mucho tiempo, pero resulta que Gojo mismo le dijo que todo eso eran regalos de personas que pensaban que por ser quién era, debía de tener solo lo mejor y lo más caro. Hasta que un día sin mas les pido que mejor ese dinero que derrochaban en tonterías fuera donado a causas que lo necesitaran, eso encajó más en la imagen que empezaba hacerse Yuuji del albino, nunca lo vio portando cadenas de oro, relojes caros, anillos de piedras preciosas, incluso su celular era de gama media; lo indispensable para comunicarse y hacer transacciones bancarias simples cuando los invitaba a comer o algún chuche o escaparate. Jura que una vez lo vio comprando unas gafas de sol que le costaron apenas diez yenes. Después se enteró que solo le había gustado el marco pues mandó a poner las micas completamente negras para su visión. Le gustaba viajar en tren y de las misiones al extranjero, lo vio reservando clase turista en cualquier aerolínea al azar, así como también comía de todo en cualquiera lugar, pues no muchas veces se les antojaba comer en un restaurante cinco estrellas, a veces los izayacas, las tiendas económicas donde vendía ramen o parrilladas o simplemente aceptando la generosidad de algunos ancianos en algún lugar recóndito a dónde eran a veces mandados eran excelente opción, sin embargo, Gojo le dijo que de toda esa comida, la que preparaba Yuuji era su favorita; desde esa vez que compartieron una olla de albóndigas para comer cuando aún era escondido por su bien, hicieron lo posible por tomar aunque sea una de las comidas al día juntos y cuando era inevitable se hacían llamadas telefónicas, si tenían suerte videollamadas para saber qué hacía el otro y platicar de cualquier cosa mundana.
Gojo Satoru era más que la leyenda y el mito alrededor suyo, porque Yuuji descubrió que también era un ser humano con defectos, tantos que había perdido la cuenta, pero también virtudes aunque no le creyeran. Satoru podía desmoronarse enfrente de las personas y nadie podría darse cuenta porque tenía tan bien ensayado el papel del más fuerte que incluso él se lo había creído; autoengañarse de que siempre estaba bien y que todo al final saldría de maravilla si él se hacía cargo o supervisaba a sus queridos estudiantes. Sin embargo estaba solo y había perdido a tantas personas que era obvio que no era del todo el más fuerte, que no dejaba de ser humano, de que tenía tantos errores que ya no podía enterrarlos en la tierra, su soberbia y ego estaban tan inflados que ya escapaban de su infinito y todo llegó al punto de inflexión cuando fue sellado, dándose cuenta que no era muy diferente a cuando era más joven.
Gojo era una persona que creció sola, enaltecida como si fuera el mismísimo mesías bajado nuevamente al mundo o como la reencarnación de buda, necesitado de afecto, abrazos y una infancia normal, pero eso no importaba porque él ya tenía un destino que cumplir, un rol el la sociedad de hechiceros y ciertamente jamás se le llegó a ver cómo un niño, un adolescente o un adulto. Era un dios, debía ser todopoderoso y omnisciente.
Yuuji puede jurar que Gojo Satoru bajo todas esas capas, es solo un pequeño niño que dejó de crecer cuando fue consciente de la maldición que recayó en sus hombros al nacer con los seis ojos y el ritual heredado de su clan, un niño que solo necesitaba un abrazo, alguien que lo escuchara y se preocupara por él, que cuando llegara a casa sea recibido con amor y comida casera. Alguien que se quede a su lado en los mejores días y quién le tenga suma paciencia en los peores, en esos en los que se está resquebrajando y ya no puede más. Justo como ahora, que está sentado en el genkan de su modesto apartamento de dos habitaciones; habían decidido ir a dicho lugar después de la visita a la nueva y reformada academia de hechicería para provechar a recoger algo de ropa y unos papeles para poder identificarse y hacer los movimientos bancarios para regresar su fortuna esparcida a Japón. En cuanto entraron al pequeño edificio de apenas tres pisos, notaron que este estaba completamente vacío; a Yuuji si le sorprendió un poco que este lugar se hallaba un poco más adentrado en el bosque donde una vez estuvo la escuela de hechicería al igual que el templo de Tengen y que lo demás departamento pertenecieron a otros hechiceros.
La puerta de Gojo no necesito siquiera llave pues tenían cerraduras a base de códigos, el cual Gojo tecleo como respirar y una vez Yuuji cerró la puerta a su espalda, Gojo se quedó plantado en la entrada, viendo fijamente hacia el simple sillón de tres piezas que estaba frente a una pantalla plana de quizás 32 pulgadas y una mesa baja de madera. No había comedor pues enseguida también se veía la barra que separaba a la pequeña cocina llena de gavetas de color blanco con azas metálicas; en la encimera a lado de la sencilla parrilla había un microondas y el refrigerador era pequeño. No había cuadros de fotografías ni pinturas estándar que adornarán un poco las paredes, todo era simple y sencillo por no decir que vacío. Yuuji camino adentrándose más, viendo que la puerta de la habitación de Gojo estaba entreabierta y dónde se veía su cama aún deshecha. Absolutamente todo estaba lleno de polvo y ese olor persistía.
Yuuji volteo rápidamente hacia Gojo cuando escucho un golpe seco y lo vio sentado, llevando sus piernas para pegarlas a su pecho, vio que estaba sudando y su pecho se agitaba con violencia. Sus manos las llevó a sus cabellos para jalarlo hacia atrás hasta dejar sus manos en la nuca que empezó a apretar con fuerza; la falta de respiración le hizo a Yuuji entrar en acción pues aunque estuviera moviendo su pecho no oía los jadeos. Gojo no estaba respirando y luchaba por llevar un poco de oxígeno a sus pulmones.
—Satoru respira, ey ¿Que pasa?— Yuuji dijo preocupado y tratando de levantar con sus manos la cara de Gojo que oculto entre sus piernas— Sa-Satoru respira bebé…¡Maldición Satoru tienes que respirar!— Yuuji insistía cada vez más desesperado al sentir a Gojo tan rígido de todos lados, no dejaba que levantará la cabeza o que soltará su nuca, preocupándose al ver que la piel alrededor de los dedos ya se veía muy roja.
—¡Con un carajo Satoru Gojo reacción! —Yuuji terminó gritando y utilizando toda su fuerza para safar las manos de Gojo, una vez lo logró levantó su cara para pegar su frente con la suya y quitándole las gafas de paso. Notó las gruesas lágrimas que caían de sus ojos manchando sus rojizas mejillas, uniéndose al sudor que ahora salía profusamente de sus sienes y que ya empezaba a empapar su camisa. Sus ojos color cielo opacos por el auténtico miedo en ellos.
Estaba teniendo un ataque de pánico, algo con lo que estaba familiarizado e incluso sintiendo ya en su cuerpo el calor insoportable que se experimenta y las ganas enfermizas de querer salir corriendo y no poder por el miedo a simplemente mover unas sola molécula del cuerpo.
Yuuji llevó sus manos a sus mejillas y empezó a acariciarlas con los pulgares de forma suave y circular..
—Sshhh bebé todo está bien, estás aquí conmigo, soy Yuuji, Satoru — Yuuji empezó a decirle de forma tranquila y sin dejar de verlo a los ojos — Estás a salvo, todo está bien, te tengo, no dejaré que nada más te pase.
Los ojos cielo empezaron a regresar a su brillo poco a poco.
—Respira conmigo, exhala...inhala...exhala...inhala, eso así, lo estás haciendo muy bien Satoru.
Las respiraciones de ambos se sincronizaron y para Gojo fue mucho más fácil seguir ese ritmo; supo que efectivamente estaba a salvo, estaba en los brazos de Yuuji, que ya no estaba en la caja confinadora y todo estaba...casi bien.
Gojo empezó a respirar poco a poco con más calma y empezó a sentir su cuerpo cada vez más suelto, la sensación de calor se fue disipando al igual que el nudo horrible en su estómago así como pudo respirar hondo con mucho más facilidad, y cuando menos sintió, sus piernas estaban completamente estiradas a los lados de dónde Yuuji se había arrodillado frente a él, sus manos también las mantuvo laxas a sus costados sintiendo el piso y el polvo en él.
Se sentía doblemente cansado, ese había sido un intenso ataque de pánico y ahora cae en la cuenta de que Yuuji fue testigo, así que no podrá seguir ocultandolo por más que quisiera, Yuuji no dejaría pasar esto por alto de ninguna forma.
—¿Estás mejor? —Yuuji susurra temiendo perturban el ya calmado semblante del más alto, sin embargo Gojo cerró los ojos, inhaló hondo y exhaló largo y tendido para volver a abrirlos y enfrentarse ante la cara llena de preocupación de Yuuji.
—-Si- si te dijera que-que sí…
—No te creería— Yuuji contestó al instante al escuchar la voz trémula de Gojo.
—No-no, estoy bien Yuuji, tengo ataques de-de pánico aleatorios...a veces disparados por nada en particular y...me siento paralizado Yuuji, tengo miedo la mayor parte del tiempo porque esos ataques lleguen y no puedo hacer nada, simplemente me superan.
Yuuji está realmente sorprendido, pero también piensa que esto es normal; Gojo ha vivido tantas experiencias traumáticas que es obvio que en algún punto su cuerpo reaccione en consecuencia, así como el suyo, el de Fishiguro, Okkotsu, Inumaki, Ino, Ieiri, Ijichi, Todou, Kamo, Momo, hasta Panda y todos los hechiceros. Esto solo es una prueba más que él también es humano y tiene derecho a derrumbarse, porque es como dicen, una vez que has caído por completo, lo único que queda...es levantarse.
—Lo entiendo Satoru, en verdad lo hago, así que aquí estoy para lo que necesites; ir a terapia, a mi grupo, psicólogo, psiquiatra lo que tu quieras, pero no lo guardes más, no huyas de esos sentimientos y no sigas cargando con todo, ahora somos los dos, estamos juntos en esto de aquí hasta que la muerte…
—Nos separé — Gojo termina y siente que nuevas lágrima le pican detrás de los ojos al ver los ojos caramelo brillar con lágrimas retenidas junto a una sonrisa torcida y sincera, que hace que la cicatriz de Yuuji en la comisura resalte y le duele. —¿Me prometes que nunca te irás?, que te quedarás a mi lado sin importar todos los errores, todos los defectos, el que por mi culpa pasaste por tantos martirios, que si yo hubiera...
Yuuji calla a Satoru con su mano y deja salir sus lágrimas retenidas.
—El hubiera no existe y si, estaré a tu lado sin importar nada porque estoy seguro que todo ellos estarían felices por nosotros, vivamos por ellos, honremos de esta forma sus memorias, para que cuando nos reunamos nuevamente junto a ellos no tengamos ningún arrepentimiento, Satoru.
Ambos se besan y sabe a sal, pero ya no duele tanto.
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—¿De verdad solo te llevarás esto?. — Yuuji dice desconcertado, observando la pequeña bolsa de lona en la que Gojo apenas metió unos tres chándales, un par de jeans y unas camisas negras de manga corta y otras de manga larga, un par de zapatillas cómodas, unos folders con papeles y su vieja cartera de cuero café.
—Sip, lo demás lo puedo comprar allá, aunque debo comprar más ropa informal. —Gojo le contesta con su usual tono despreocupado, ya encaminados a la salida. —Mandaré a hacerme un nuevo uniforme para trabajar, unos tres repuestos serán suficientes.
—Oh ¿Seguirás trabajando para la academia?. —Yuuji dice oyéndose emocionado, casi haciéndole recordar a Gojo cuando era más joven y se entusiasmaba por todo lo que él le decía.
—No como docente, será más trabajos esporádicos o que necesiten de un grado especial...no creo que me necesiten mucho, Ieiri y Megumi se que están haciendo un excelente trabajo y hasta ahora se las han arreglado sin mi, así que pasaré más tiempo en casa siendo la mejor esposa para mi Yuuji-kun.
Yuuji se detiene a medias escaleras viendo sorprendido al más alto y Gojo se detiene unos escalones abajo volteando a verlo sonriendo con autosuficiencia al verlo sonrojado hasta las orejas.
—Es-esta esta bi-bien, pero no olvides que debes pensar como trataremos los ataques y solo regresaras cuando estés en óptimas condiciones, como tú-tu es-esposo debo de cuidarte.
Gojo soltó una carcajada fuerte, lejos de ser burlona, era de felicidad; sintiendo el pecho cálido por ver la mirada determinada en Yuuji.
—Así es Yuuji, comencemos desde aquí.
si ahora solo queda levantarse, aceptar lo ue no se pudo salvar, proteger lo que aún se tenía...continuar viviendo y morir sin arrepentimientos.
