NOTAS DEL AUTOR: Primero que nada, pido disculpas por subirlo hasta ahora, la verdad tuve muchos contratiempos, la escuela me ha mantenido ocupado, además de que estoy trabajando en otros proyectos fuera del fanfic. Bueno, en fin, aquí esta, señores, el sexto capitulo, espero les agrade.
Descargo responsabilidad, no soy dueño de "AVATAR: THE LAST AIRBENDER" ni estoy asociado de ninguna manera con los creadores.
EL DRAGÓN DE JAZMÍN
– ¿Espera, nos vamos a ir en esa bola de pelos? – decía Azula mientras veía con cierto desagrado a Appa – ¿acaso no tenías un auto… en el que llegamos?
– Amm sí, pero te aseguro que viajar en appa es mejor, además a donde vamos no podemos llegar en auto.
– ¿De qué estás hablando? ¿A dónde vamos?
– Ya lo veras – le contesto Aang
– De acuerdo – respondió Azula con cierto tono de duda.
– Tranquila, es una sorpresa y estoy seguro que te encantara.
– De acuerdo.
– ¿Necesitas que te ayude? – Aang le ofreció la mano, pero azula no la tomo lo miro de reojo y con un salto logro llegar al lomo de appa.
– No necesito ayuda – Azula miraba a Aang desde arriba. Parada sobre appa se veía hermosa, sin duda alguna era la mujer más hermosa que Aang había visto – ¿vas a subir?
– Ah claro – despertó Aang del pequeño trance ocasionado por la belleza de Azula, de un gran salto logro llegar a la silla de montar.
Con una orden dada por Aang appa despego del suelo y se unió al cielo estrellado, la luna brillaba en gran manera aluzándoles el camino, las estrellas se formaban para arropar a la pareja. Una vez que alcanzaron cierta altura y empezaron a volar sobre el mar Aang pasó desde las riendas a la silla donde estaba Azula.
– Es hermoso el cielo, ¿no lo crees?
– Si, si lo es – respondió Azula, mientras lo miraba atentamente, parecía que las estrellas la saludaban con el bello resplandor palpitante. – Sabes, aún recuerdo cuando mi familia y yo viajábamos a la isla Ember. Todas las noches salíamos al patio con mi madre y mi hermano Zuko, nos gustaba mirar el cielo, mi madre siempre decía que cuando anduviéramos perdidos las estrellas nos mostrarían el camino a casa. – Aang la miraba atentamente sus palabras eran suabes y delicadas en sus ojos podía reflejarse su alma. Azula bajo la mirada – todavía no te conozco bien y ya te estoy contando esto.
– Es hermoso – Aang se acerco a ella, saco una manta de una de las bolsas de viaje que estaban en la silla, y le cubrió los hombros – Sabes yo también extraño los momentos familiares, hay noches que me siento cerca de la ventana y miro al cielo recordando a mis padres.
– ¿A caso tus padres no están en la ciudad?
– No… ellos murieron.
– Lo siento mucho. – Azula había cometido otro error o al menos es lo que ella pensaba. – No debí preguntar.
– No te preocupes, eso paso hace años… hace muchos años.
– Dicen que los años curan las heridas.
– Tal vez considerando que murieron hace ciento diez años.
– si es mucho tiempo… – Azula se quedó en silencio, ¿acaso había escuchado bien? ¿ciento diez años? – ¿Cómo qué ciento diez años? – lo miro con los ojos entrecerrados acaso ¿estaría mintiendo? ¿se estaría burlando de ella?
– Si, así como lo oyes, pero déjame explicarte – Aang se percato de que Azula tenia ciertas dudas de lo que el le estaba diciendo, por ello procedió a explicárselo. – Veras cuando yo tenía doce años mis padres eran dueños de una de las empresas mas grandes de las cuatro naciones, tenían tratos con las tribus del agua, con el reino tierra y hasta con la nación del fuego. En cierta ocasión mis padres salieron de viaje a una reunión de trabajo a mi me mandaron al templo aire del sur, ya que los monjes habían descubierto… – miro a Azula, ¿quizás ella no debía saber todavía quien era realmente. – una nueva forma de entrenamiento y querían que yo formara parte de ellos, pasaron los días y mis padres no regresaron, así que regrese a la cuidad de Omashu ya que ahí es donde vivíamos pero me tope con la sorpresa de que mis padres nunca regresarían, se me rompió el corazón y escape hui lo mas lejos posible, pero al llegar a mar abierto una tormenta nos atrapo a appa y a mí, caímos al mar y bueno luego de cien años congelado, la empresa de Sokka realizaba unas pruebas de unos prototipos que lanzarían al mercado y bueno me descubrieron dentro de un iceberg, después de que me descongelaron estuve viviendo con ellos un tiempo, después volví a Omashu y me encontré con un viejo amigo que me ayudo a levantar algo que se había perdido durante mucho tiempo.
Azula lo miro muy atentamente, la historia de Aang había tocado su corazón, sus lágrimas querían salir, pero las contuvo no permitiría que Aang la viera llorar.
– Sabes, cuando me descongelaron pase varios años pensando en cómo me vengaría de la muerte de mis padres, pero entendí que eso ya no tenía caso y preferí olvidar y perdonar.
– Es impresionante que tengas tanta sabiduría – Azula acerco su mano a la de él, pero la detuvo a medio camino prefirió no hacerlo.
– Mira ya estamos cerca – las montañas del reino tierra les daban la bienvenida.
– ¿Qué hacemos en el reino tierra? – pregunto Azula mientras veía como pasaban sobre algunos pequeños poblados. – Hace tiempo que no vengo al reino tierra, veo que ya se ha expandido bastante.
– Así es yo también me sorprendió cuando lo volví a ver después de Cien años, creció bastante.
Conforme se acercaban al centro del reino, las ciudades parecían más grandes y más brillantes, ya se notaba la mas grandes todas, la más importante y la mas poderosa ciudad del reino tierra, con sus grandes muros impenetrables, lucia imponente y con los edificios que sobresalían se veía asombrosa. Pasaron por encima del primer anillo y se acercaban al centro donde las luces de los edificios resplandecían sobre toda la ciudad de Basing se la gran capital del reino tierra.
Aang tomo las riendas nuevamente y dirigió a appa por la ciudad entre los edificios, abajo en las calles se podía notar que las personas veían pasar al gran bisonte y como se acercaba cada vez mas al suelo hasta por fin aterrizar enfrente de una gran casa de té, uno de los empleados salió al encuentro miro a Aang e hizo un saludo.
– Me alegra verlo de nuevo Joven Aang.
– Hey Lee ¿Cómo has estado viejo amigo?
– Muy bien joven Aang.
Aang y Azula bajaron de appa y otro empleado se llevo a appa en un patio del lugar donde podía estar y donde siempre lo dejaba Aang cada que venia a la casa de té. La joven pareja camino por unas grandes escaleras rumbo a la gran puerta, las plantas de los costados adornaban perfectamente el lugar un gran letrero sobre la puerta que decía "EL DRAGON DE JAZMIN" les daba la bienvenida.
– Ya veras que aquí esta el mejor té del mundo.
– ¿venimos hasta Basing se por un té?
– No por un té, por el mejor té.
– De acuerdo.
Lee los condujo hasta una mesa donde les atendió como se merecen.
– ¿Ordenara lo mismo de siempre?
– Claro que sí, tráeme dos del mejor té.
– De acuerdo – Lee se retiro para traerles lo que pidieron.
A pesar de que ya era tarde (pues el viaje fue un poco largo) había comensales, lo que caracterizaba a Basing se era que la actividad duraba hasta altas horas de la noche, lo que era muy común que todavía hubiera clientes dentro del Dragon de Jazmín.
Les trajeron la orden a la joven pareja, cuando Azula estaba apunto de beber el primer sorbo, escucho lo que jamás pensó volver a escuchar "¡Azula!" esa voz era bastante familiar, ¿acaso podría ser posible? Dejo la taza en la mesa y se levanto lentamente era inconfundible esa voz, las lagrimas estaban apunto de salir, se volteo y lo miro. Parado frente a ella con esa varaba blanca y esa enorme barriga.
– ¡Tío Iroh! – Dijo entre sollozo. Corrió a abrazarlo un enorme y sincero abrazo.
NOTAS DEL AUTOR: Hasta aquí el capítulo, como ven se reencontraron tío y sobrina, un reencuentro que los dos necesitaban, en el siguiente capitulo verán mas del Tío Iroh.
