Capítulo 12: Chicas mafiosas y talones perseguidos.

(Voz de Takumi)

Dios santo… por qué tenía que caerme a mí aquella cruz…

"Vaya." me dice la pelirroja casi una semana más tarde del primer día que puso sus tacones en el suelo del edificio de la discográfica sin levantar la vista de los papeles que estaba mirando apoyada junto a la cristalera del despacho del dueño "Aún no sabemos llamar a la puerta, pero veo que vamos mejorando los modales."

Morderse la lengua… todos me habían dicho que me mordiera la lengua y cuidara mis contestaciones.

"Si quieres puedo volver a salir y llamo." contesto entre dientes tratando de controlar lo que sacaba de mí.

"No, tranquilo." niega aún sin levantar la mirada de sus papeles pero haciéndome un gesto con la mano para que me acerque "Cierra la puerta y dame un momento. Enseguida termino con esto."

"Claro, como no." respondo cerrando la puerta y acercándome a su mesa para sentarme en una silla frente a su mesa.

Igual aquella mujer no era exactamente de mi gusto, primero por ser mi jefa, segundo por las absurdas normas de convivencia que nos había impuesto que parecían más de un patio de colegio, pero tenía que reconocer su entereza y su disposición ante el trabajo. Desde que llegaba por las mañanas hasta que salía por las noches siempre que la veía estaba trabajando, ya fuera haciendo entrevistas para investigar lo de las drogas que habían encontrado en la sangre de Ren a su muerte o revisando diversos informes de todos los departamentos, supongo a juzgar por la pila de papeles en carpetas finas que tenía en su mesa.

"Vale, disculpa pero estaba terminando de echar un ojo a unos datos y quería dejarlo hecho antes de cambiar mi atención a otro asunto." afirma metiendo la carpeta en una de las bandejas que tenía a uno de los lados de su escritorio en un mueble que tenía cerradura de las de llave "Soy toda oídos."

"Me han dicho que querías verme." le digo "Y he aprovechado para traer unas facturas que pediste."

"Ah, sí." asiente extendiendo la mano para pedírmelas "Gracias, los de contabilidad no me enviaron todas las fotocopias, de ahora en adelante agradecería que me las trajerais vosotros mismos a la vez que las pasáis a contabilidad. No las voy a andar mirando una a una porque eso es trabajo de contabilidad pero me gusta tener 2 copias de todo, por si acaso." afirma cogiéndolas y metiendolas en una bolsa de plástico que pega en un papel dentro de un archivador.

Si verla hacer eso no era suficientemente preocupante, lo que me hace escalofriar es verla centrar toda su atención en mí.

"¿Te apetece algo?" me pregunta levantándose para ir a una cafetera de cápsulas a la que, en lugar de eso, le mete un puñado de granos de café antes de conectarla y que esta se ponga a hacer un ruido algo fuerte pero discreto "Está moliendo los granos de café." me aclara cuando ve cómo lo miro "No me gusta el café que venden por ahí, y no es plan de enviar todo el rato a alguien a la otra punta de la ciudad para que me traiga café de un sitio donde saben hacerlo bien."

"Creo que entonces me tomaré uno, por favor." asiento.

¿Qué? Me había picado la curiosidad. Coincidía en que no me gustaba del todo los cafés que vendían en la zona, no estaban tan mal, pero si estabas acostumbrado al buen café, no sabían demasiado buenos.

Sin embargo, tan pronto como comienza a gotear el café en la taza, me queda más que claro que el café que había usado, era o de gran calidad o especial de algún modo.

"Café colombiano." me vuelve a aclarar "Cuesta encontrarlo aquí, este me lo han enviado por correo express." añade echando otro puñado de granos a la máquina para que empiece el mismo proceso desde cero antes de acercarme la taza que había hecho con una cápsula de leche y un saquito de azúcar.

"Vaya… te imaginaba tomando sacarina." le digo con ironía antes de ver la mirada que me dedica "Mi mujer lo toma todo con sacarina."

"La sacarina es peor que tomarte medio saquito de esos." me contesta "El azúcar es más natural y sana, tan solo debes calcular el aporte calórico."

Otra cosa que tenía que reconocerle era el gusto refinado y la elegancia, porque ni siquiera me doy cuenta de que ya tiene su café hasta que no se sienta con él, ya preparado, delante de mí.

"Por qué me buscabas." le pregunto "Dudo mucho que para tomar un café."

"En realidad… en parte sí." afirma dando un sorbo corto y sin hacer el menor ruido al beberlo "Me he propuesto tomar algo con todos los trabajadores, para conoceros y charlar."

"Disculpa pero no tengo tiempo para tonterías."

"Eh, sien-ta-te." me contesta sin levantar la voz pero haciéndome sentar

Igual sí que la había subestimado. Aquella mujer era un monstruo. No solo me había hecho que este mes en casa fuésemos a ir algo más apurados, sino que no había dudado en marcar su territorio con todo el que cometiera el error de tomarla por el último mono. En eso tenía que reconocerle la valía.

"¿Tienes tabaco?" me pregunta un poco seca "Igual estoy más susceptible porque me falta nicotina…"

"Dudo mucho que sea por eso." afirmo buscando mi pitillera para sacarle un purito y dárselo para que se lo ponga en los labios y me mire hasta que me inclino a encendérselo.

Que conste que yo no la había visto nunca fumar, ni si quiera había rastro de ceniza en el cenicero de la sala, y no creo que fuera de las que se asomaban a la ventana a fumar. Sin embargo tenía los ademanes de una gran dama de la época gloriosa del cine, de esas que fumaban con aquellas boquillas de marfil de varios palmos de largo.

"Cigarro de importación, buen gusto, sí señor." asiente antes de apagarlo.

"Si vas a remostarlo después de dos caladas, al menos no haberlo pedido, ando un poco corto de tabaco este mes." le gruño entre dientes "Y lo siento, pero no me gusta que tiren el tabaco así."

"Tranquilo." niega moviendo la mano para quitarle importancia "Los correctivos son para faltas de verdad, entiendo lo que es un día de mierda, o que despilfarren materiales."

"Ya, pues eso se lo dices a mi mujer."

"A ver si así aprendes la lección." contesta para darle otro sorbo a su taza sin perderme de vista "De todas formas, no te había hecho venir para hablar de tu bajada de sueldo este mes."

"¿Entonces?" le pregunto extrañado.

"Nada, quería hablar sobre Ren." añade volviendo a dar otro sorbo.

"Escucha, si lo que quieres saber es si yo le daba drogas, no." le digo molesto "No niego que haya fumado algún porro que otro, pero las drogas matan, y para muestra un botón."

(Salto espacio temporal)

(Voz de Isa)

Mentía… mentía como un bellaco. Y no era el único, de momento todo el mundo estaba tratando de ocultar algo. Si Takumi sabía algo al respecto, no lo sé, pero desde luego que estaba escondiendo algo, probablemente protegiendo a alguien. Y no necesitaba darle demasiadas vueltas para imaginarme a quién.

"¡Narita!" le grito a través del pasillo cuando acompaño a Takumi al pasillo donde 'ocurría la magia' haciendo que el caballero en la silla de ruedas esté a punto de volcar si no lo hubiera sujetado la persona que iba con él y girándose lentamente para mostrarme que estaba blanco como la leche bajo los kilos de auto-bronceador "Te dije que nada de estar por aquí hasta que te soldara eso. ¿Es que quieres que te mande indefinidamente a casa y sin sueldo?"

"¿Estarías dispuesta a despedirme?" balbucea "¿Por venir a trabajar?"

"Por no respetar las órdenes del doctor." le digo para mirar al hombre que le acompañaba "Tú eres un cuidador ¿no? Pues asegurate de que Narita vuelva a su casa. Si vuelvo a verle hoy por aquí estáis los dos en la calle ¿me he explicado suficientemente claro?"

"Sí, señora." afirma el pobre.

"A este paso vas a quedarte sin trabajadores." me dice Takumi como si se regodeara de ello.

"A veces hay que cortarse el dedo antes de que la infección se extienda al resto del cuerpo." Le contesto "Solo hay que saber cuándo amputar y cuando medicar."

"A mí si me echas no te preocupes que me voy a la competencia." me dice.

"Complicado que te cojan en otra discográfica." Le contesto divertida "Considerando que los dueños de la competencia son viejos conocidos míos." afirmo viendo cómo se le va un poco el color de la cara parándose en medio del pasillo con cara de entender por dónde iban los tiros "Por no hablar de que la mayoría de gente que se dedica al 'show-bussiness' necesita tarde o temprano habitaciones para sus estrellas o para si mismos, y mi familia controla casi todos los alojamientos con un mediano lujo de casi todo el globo. Pero claro… supongo que emigrarías, lo que te hará pensar que al alejarte de mi influjo no te alcanzaría, pero… volvemos al principio."

"Lo… lo pillo." afirma sudando.

"Buen chico." asiento sonriéndole "Y ahora, va, a trabajar. ¿Diga?"

"¡Angelico!" me llama feliz Lucifer al otro lado "¿Tienes planes hoy para comer?"

"Estoy trabajando, no sé si eso te responde la pregunta."

"Vale, pues me paso." afirma siguiendo a su bola "Un antiguo socio ha abierto un local nuevo de fideos que reparten a domicilio."

"Mmmmm…" gimo entendiendo que no va a darse por vencido "Está bien, cuando vengas diles que me llamen para que te dejen pasar. Depende a la hora que vengas seguiré haciendo entrevistas."

"¡Hecho!" afirma feliz antes de colgarme.

"Y luego me dicen a mí que no tengo modales…" suspiro antes de ver a uno de los directivos que venía sonriendo por el pasillo y se daba la vuelta al verme para volver por donde había venido "¡Nagano, no te escapes que te andaba buscando!"

Bien, los tipos que necesitaba que me temieran estaban muertos de miedo, lo malo era que el resto también.

(Salto espacio temporal)

Horas más tarde…

Toc, toc, toc.

"¡Ahora no!" grito a la puerta mientras miro al hombre que tengo delante.

"Lo siento, señorita." me dice mi secretaria un poco asustada "Pero la llaman de recepción para decirle que ha llegado ya el señor…"

"Ah, sí." asiento frotándome los ojos "Diles que le dejen pasar y le indiquen cómo llegar hasta aquí."

"Desde luego, señorita." asiente para volver a cerrar la puerta tras de si.

"Muy bien… por dónde íbamos…"

Estaba comenzando a estrechar el círculo un poco, el problema era que cuanto más avanzaba, más claro que me quedaba que era posible que fuese un trabajo de grupo, o al menos que hubiera un grupo de personas tratando de encubrir al culpable o culpables.

"¡… abrir sin llamar!" oigo gritar acercándose a la puerta justo cuando esta se abre y veo a Luci entrar con una sonrisa.

"Ya veo que no dejas de trabajar un momento."

"Lo siento mucho, señorita." me dice la pobre secretaria "No he podido…"

"Tranquila." niego sonriéndole "Luci tenía una cita conmigo, es muy amigo así que no necesita llamar para entrar. Aunque… Luci, hubiese agradecido que llamaras a la puerta, como puedes ver no te mentí, sigo bastante ocupada."

"Ah, por mí no te molestes." niega sonriendo "Yo me quedo aquí… y preparo la mesa."

"¿Sabes qué?" le digo divertida al ver que si había alguien que les asustara a todos más que yo, ese era Luci "No, tranquilo. Habla un poco con él, yo creo que voy a ir al baño un momentito… por cierto, ¿recuerdas a Ren, mi amigo el bajista de los Trapnest?"

"¡Ah, coño, sí!" asiente para mirar al caballero "No es que escuche la mierda que tocaban, pero admiro a los que persiguen su sueño artístico."

"Bueno, pues resulta que murió." le digo viendo cómo el tipo se pone cada vez más blanco "Un accidente de coche, por ir hasta las cejas."

"¿Qué dices?" me dice con ironía "Un roquero que se drogaba… ¡imposible!"

"Lo que oyes." asiento viendo cómo el hombre se pone cada vez más pálido "Así que ahora que he heredado este negocio, estoy haciendo una criba. Lo malo es que al parecer, nadie sabe cómo llegaron las drogas a la sangre del pobre Ren…"

"Pobres…" dice dejándome claro que se está riendo del hombre frente a ambos.

"Bueno, pues nada, entreténmelo un poco hasta que vuelva del baño." afirmo "Llevo posponiendo lo de ir al baño un buen rato y ya me duele todo."

"Tranquilo, angelito." afirma mirando al hombre frente a nosotros "Él y yo nos entretendremos mientras estás fuera."

"Por favor…" susurra el pobre infeliz para ser ignorado en mi camino a la puerta.

Sabía que si alguien podía sacar la verdad a alguien ese era mi querido amigo. De modo que voy al retrete y como hago rápido, me entretengo 10 minutos en ponerme al día con el móvil para ver que en el hotel de Nobu parecía haber pasado algo porque tenía varias llamadas. Claro que cuando llamo, me coge su madre y me dice que no era nada grave y ya lo habían resuelto.

Para cuando vuelvo a mi despacho, me encuentro con que ninguno de los dos hombres se han movido y al que estaba interrogando me pide permiso para volver al trabajo y así dejarnos comer.

"¿Algo nuevo?" le pregunto al demonio hecho carne mirando los recipientes que ha traído.

"Nada nuevo para mí." niega sonriendo "Pero ahora ya sabes que la 'nieve' se la daban aquí dentro."

"Lo sospechaba, pero también barajaba la posibilidad de que solo lo supieran y las consiguiera él solito fuera."

"Conozco a la inmensa mayoría de camellos de la ciudad y ellos a los de los alrededores." asiente "Si alguien se la suministraba de fuera en un par de días o tres puedo tener el nombre."

"No voy a hacerle nada si la compraba fuera." reconozco encogiéndome de hombros y sacando la comida de un recipiente a un plato mientras él hacía lo propio con otro "A mí solo me interesa saber quienes de aquí dentro estaban en el ajo y cómo le llegaba a Ren la droga. Quiero saber a quién tengo que recortar el sueldo y a quién tengo que poner de patitas en la calle sin opción a reincoporarse salvo en las cadenas de comida rápida."

"Ugh… y luego se quejan de nosotros." se ríe "Tú eres aún más despiadada que mis chicos."

"Cariño… yo soy el tiburón de los más grandes de la pecera." le digo divertida "Puedo ser un tiburón nodriza si mis pececitos se portan bien, o el cruel tiburón blanco al que se le ha negado la carnaza y no dudar en atacar a los pececitos que peor se porten si me obligan a serlo."

"Dios me libre de pensar en obligarte a ser un gran blanco." afirma riéndose "Pero en serio, eres un peligro. Seguro que a más de uno le has dado pesadillas."

"Es posible." asiento "Disculpa un segundo… Mariko." la llamo tocando el botón que conectaba mi mesa con la de la secretaria y causando que en menos de 15 segundos esta abra la puerta tras llamar con suavidad anunciando su llegada.

"Sí, señorita." me saluda "¿Qué puedo hacer por usted?"

"Tranquila, Luci es casi como de la familia." le sonrío "Puedes seguir tuteándome. No, te llamaba para preguntarte si tenía algún mensaje y si has comido ya."

"No y no, señorita." afirma sonriéndome aliviada "No tiene mensajes nuevos y he traído unos sandwiches de la cafetería para almorzar."

"Vale, pues avisa que no recibiré visitas ni llamadas en una hora porque voy a comer aquí con Luci pero estaré disponible si surge alguna emergencia de las de verdad, y si a Luci no le importa, ven a comer, veo que ha vuelto a pasarse con la ilusión de probar las cosas y se ha traído todo el menú."

"Yo… no quisiera molestar." afirma sonrojándose.

"Para nada." le contesta Luci "Yo como mucho, pero ella tiene razón, igual he traído demasiada comida."

"Está bien." asiente sonriéndo un poco cohibida "Pasaré el aviso y me aseguraré que alguien me cubra antes de venir."

"De acuerdo, pero, ¡eh!" le digo sobresaltándola porque teme mi reacción por lo que me río "¡Relajate, mujer! Solo iba a decirte que tardaras lo que necesitaras, no hay prisa."

Esa mujer me hacía mucha gracia y a la vez me tenía preocupada. Vivía todo el rato al borde de un infarto de pura tensión en la que se obligaba a vivir. Y eso que no es que la tuviera atada a la mesa y cargada de trabajo, procuraba tomarme las cosas con calma, así que ella tenía trabajo pero un volumen bastante ligero. Nada de eso era como para que viviera tan al borde del infarto como lo hacía.

"Pobre chica."

"Vive estresada." le contesto a mi amigo divertida "Mira que le he dicho mil veces que precisamente ella es la primera a la que no pienso despedir porque mis secretarias siempre son de máximo valor para mí, pero… chico, ni con esas."

"Debe de temer tu ira." me contesta divertido "Eres extranjera, la nueva jefa y apuesto a que vas con cara de perro todo el día si te estás dedicando a investigar el asunto del grupo ese."

"Ya, pero a ella siempre la trato con delicadeza." le digo "Será una secretaria pero para mí su papel como primera línea en mi despacho es vital. Si no se ocupara ella de mis llamadas y mi agenda yo tendría que perder demasiado tiempo con esas tonterías. Gracias a ella puedo dedicarme por completo a mi labor aquí."

"Oye, sobre lo de la purga." me dice cogiendo un rollito de shushi con bolitas naranjas dentro y metiéndoselo a la boca echando la cabeza hacia atrás y dejándolo caer suavemente dentro "Tú déjame a mí. Yo en uno o dos días te digo si la droga se la vendían de fuera, y si no era a él, de dónde lo sacaban para dárselo o a quién se lo vendían."

"Pero dos días." le digo "Me voy a volver a mi nuevo hotel y así se quedan todos un poquito más tranquilos, a ver quién comete un error."

"¿Quién comete un error?" me pregunta ladeando la cabeza.

"Ah, que no te lo había dicho nunca, claro." recuerdo "Nada, que cuando compro una empresa nueva de la que tengo dudas, suelo contratar a alguien para que se infiltre y me encuentre toda la porquería que haya. Ya sabes: drogas, infracciones que se pasan por alto, negligencias… esas cosas."

"Repito que luego los que hay que temer somos nosotros. Eso es porque a ti no te conocen." me dice mientras vuelven a llamar a la puerta y la secretaria Mariko vuelve a entrar, con un poco de timidez.

"Ah, Mariko, pasa." la animo "Mira, tenemos… sushi, fideos de huevo con…" le voy cantando con ayuda de Lucifer.

Podía imaginarme que Luci rebuscaría entre sus contactos y los de estos para encontrar de dónde salía la droga que tomaba el difunto Ren. Y cuando lo encontrara, probablemente tomara la iniciativa y lo investigaría a su manera, solo esperaba que no se le ocurriera hacer nada que vinculara lo que hiciera conmigo.

(Salto espacio temporal)

(Voz de Shin)

Menos mal que hoy había sido un día de grabación facilito y corto. Luego me habían llevado de aquí para allí a un par de firmas con el resto y finalmente me habían dejado libre. Y me habían llevado a la casa de mi prima, que, una vez más, estaba vacía.

Y como la mayoría de días desde que habíamos ido a vivir allí, a la hora de cenar llega un repartidor de comida a traerme el menú de esa noche.

Y cuando ella llega, me saluda con un beso en la mejilla y va a darse una ducha.

"¿Otro día complicado?"

"Como poco." asiente secándose el pelo "Pero hoy ha venido a comer Lucifer, ya sabes que lo que le digo le entra por un oído y le sale por otro."

"Lucifer era…"

"El que me regaló el coche…" suspira "El caso es que se ha plantado en la compañía y ha traído comida de un restaurante que al parecer ha abierto un conocido suyo. El caso es que estaba todo muy rico y como me va ha hacer un favorcillo… pues me he dicho, Isa, por qué no le compras al amigo un par de cositas, así de paso te solucionas la cena y la comida un par de días."

¿Cómo era eso de que mi prima no era una mafiosa? Porque la verdad es que cada vez que hablaba de cosas como el hacer favores a sus amigos y cosas como hacer criba en sus empresas me daba la impresión de que era una de ellos.

"Bueno, el caso es que voy a ir al hotel de los Terashima unos días, así que hazme el favor de cuidarme bien el piso." me advierte "Y si haces alguna fiesta, luego lo limpias todo."

Eh, si yo había ido allí en lugar de las habitaciones para artistas, porque el tal Lucifer me había pedido el favor porque estaba de bajón.

"¿Ya se te ha pasado lo que fuera que tuvieras cuando te fuiste?" le pregunto.

"Ah, eso… mira, ya somos todos adultos, tampoco voy a ponerme rencorosa por una tontería." me dice como si nada "Además, tengo que ver cómo van las cosas por allí. Lo de aquí ya lo he hecho y así… pues dejo a mis ases en la manga que hagan su trabajo."

A lo dicho, mafiosa seguro.