¡Hola a todos, he vuelto con un nuevo fic! La idea estuvo rondándome la cabeza y antes de que me diera cuenta ya estaba comenzando a escribir. Admito que aún no se que tan lejos llegue, tengo ideas muy dispersas sobre cómo llevar la historia, pero es que tenía que hacerlo xD. Esperando que les guste el principio les dejo para que empiecen a leer.

Advertencias: Universo alterno y probablemente OOC en los personajes.

Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

La vio por primera vez en la secundaria.

—Atención todos, una nueva alumna se acaba de incorporar a este curso. Por favor, preséntate.

Una leve sonrisa del profesor fue suficiente para que la joven comience a hablar.

—Bue…nos días, mi nombre es Hyuga Hinata. E-espero que nos llevemos bien.

Justo después de que ella terminara de hablar e hiciera una marcada reverencia a todos, la sala se llenó de cuchicheos y murmuraciones. Alumnos se hacían muecas unos a otros tratando de decirse algo en concreto.

—Silencio. Sé que se llevaran bien con su compañera de clase. Y si no es así… —El hombre sonrió de medio lado—Me encargaré de avisarle al profesor Guy.

—¡Noo!

—¡Profesor Iruka!

—¿Acaso quiere matar a sus alumnos?

—¡La última vez me hizo dar cincuenta vueltas a toda la cancha! ¡Cincuenta!

—Entonces serán buenos con la señorita Hyuga.

Inmediatamente todos asintieron efusivos.

Todos menos él.

Miró fijamente a la nueva, mientras ella sonreía tímidamente y se acomodaba mejor la mochila la evaluó con extrema concentración. Esos ojos, ese cabello, esa tez… Ella no era común, no había visto jamás a una chica así.

Cuando pasó por su lado una vez que la clase estuvo a punto de comenzar, Naruto fue intensamente consciente de su perfume. Canela. Olía a Canela. Y por alguna razón extraña todo su ser respondió a la fragancia.

Ardor, fuego abrasador.

Nunca se había excitado tanto.

Hinata.

Quería conocerla más…

Un año, dos años, tres años. El tiempo pasaba y lo que comenzó con un anhelo se fue transformando en necesidad. Naruto no supo en qué momento toda su convicción se convirtió en cobardía, por más que se acercaba a ella no era capaz de dirigirle una misera palabra. Veía como algunos de sus amigos le hablaban con naturalidad, bromeando o palmeándole la cabeza y, sin embargo, él no podía.

Cada vez que estaba cerca a Hinata su cuerpo respondía instintivamente, ¿qué era lo que tenía ella que le hacía comportarse como un idiota? ¿Qué era el palpitar errático de su corazón cada vez que olía su perfume?

Quería hablarle… quería ser él mismo y no el chico raro que no decía nada en su presencia.

Graduación.

Otro año más.

Naruto golpeó una pared con una mano, frustrado y completamente desesperado. Afuera, en el salón de la escuela se encontraban todos los alumnos junto a sus amigos, haciéndose fotos, llorando de emoción, abrazándose unos a otros y deseándose lo mejor en su futuro. Alla afuera estaba ella, al lado de Inuzuka Kiba y Aburame Shino, sus dos mejores amigos en esos cuatro años.

—¿Qué tan difícil puede ser?

Su susurro se oyó tan lastimero que sintió compasión de sí mismo, había tenido tanto tiempo para decirle algo y, aun así, nunca lo hizo. Cuando sus miradas se encontraban por error él era el primero en desviarla, si chocaban por no haber visto el camino él recogía lo que se le había caído e ignorando las disculpas que ella le profesaba se iba tan rápido como sus pies daban. Si por alguna razón se quedaban solos lo único que hacía era ignorarla completamente.

Golpeó la pared una vez más.

No esta vez, era la graduación maldita sea, si no le decía algo muy probablemente no la volvería a ver más.

—Sé tú mismo.

Sé tú mismo.

Por favor, no lo arruines esta vez. Eres Uzumaki Naruto, el tio Jiraiya se reiría de ti en este momento si te viera así. Tus padres, Kushina y Minato no criaron un hijo tan cobarde. Por el amor de dios, solo debes plantarte frente a ella, saludarla y felicitarla.

Que tan difícil puede ser, que tan difícil puede ser, que tan difícil pued…

—¡Oh, Naruto!

—¿Naruto? ¡Que susto! Viniste tan silenciosamente que no te vi, ¿también estas triste?

Su mirada azul paso de Shino a Kiba respectivamente mientras el último hablaba hasta por los codos sobre lo horrible que era decir adiós a todos, algo sobre su perro Akamaru y de nuevo a la nostalgia que iba a sentir cuando ya no estuviera en la escuela. Él no le prestaba la debida atención, estaba tratando de controlar su alocado pulso, tal y como lo había planeado estaba frente a Hinata.

En su mente la situación se había visto muchísimo más fácil, pero la realidad era otra cosa, se sentía tan nervioso y frustrado que inconscientemente hizo sus dos manos un puño y las ocultó en los bolsillos de su pantalón.

Ella le miraba de reojo, riéndose un poco por lo que decían sus amigos, pero sentía como toda su atención estaba puesta en él y en su incesante silencio. Estaba nerviosa también y quizás le tenía miedo, el iris de sus ojos perla temblaba a cada minuto.

—Naruto, ¿qué te pasa?

Tenía que hablar, tenía que hablarle, era ahora o nunca.

¿Quieres pasar el resto de tu vida recriminándote a ti mismo?

—Nada—Lo había hecho, su voz había sonado estrangulada, pero eso no importaba. Miró a su castaño amigo y fingió una sonrisa—Debe ser porque hoy es el último día.

Kiba asintió—Todo esto es… es…

—Agridulce—Completó Hinata, mirándolo—Kiba-kun, esto solo es un comienzo no un final.

No es un final. Naruto la observó derrotado, para él era un final pues no la vería de nuevo.

Frunció el entrecejo.

—¿Tú que crees, Naruto-kun? —Te está hablando, ella te está hablando. Retuvo la respiración apenas la oyó terminar de formular la pregunta. Su mente se nubló un par de segundos y dudó demasiado de si mismo, allí estaba, el sentimiento de querer irse de ahí, pero al mismo tiempo la atracción casi bestial que sentía, el impulso físico, la descarga de electricidad recorriendo todo su cuerpo.

La miró, la miró intensamente. Y ella también lo miró. Unos segundos después un rubor subió a sus mejillas, adornando su tez pálida, era la primera vez que ella se sonrojaba en su presencia. Aquello le pareció tan adorable que se imaginó a si mismo tocando uno de sus pómulos en una sutil caricia.

¿Qué tan suave sería su piel?

—Ehh… ¡Shi-Shino, por allá veo a Chouji, vamos a saludarlo!

—¿Saludarlo? Pero si ya lo saludamos ant…

—¡No, no lo saludamos correctamente!

—Pero…

—Hinata-chan, volveremos en unos minutos.

Silencio. Horrible silencio.

No podía seguir así, incluso un idiota como él se había dado cuenta de la pésima actuación de Kiba y su intento por dejarlos solos. Una fina capa de sudor apareció en su frente en respuesta a toda la presión que estaba sintiendo.

—N-no me has respondido.

Apretó los dientes e inhaló profundamente—¿… A qué? —Le pareció que su voz había sonado demasiado dura.

Hinata solo bajó la mirada—A si crees que… bueno…

Ella empezó a balbucear cosas sin sentido mientras trataba de explicarse y él comenzó a sentirse culpable por intimidarla de aquella manera, no era su intención, ¡nunca era su intención! Cualquiera de todos sus compañeros de clase sabía que Uzumaki Naruto no era ni por asomo el chico reticente y silencioso que era cuando Hinata estaba cerca, al contrario. ¿Por qué, maldita sea, le pasaba aquello?

—¿Te… te caigo tan mal?

La pregunta le llegó a él como un balde de agua fría, la miró sin entender.

—En todos estos años…—Vio como ella se mordía el labio inferior claramente nerviosa—No hemos mantenido ningún tipo de conversación, siempre parecías tan esquivo e indiferente conmigo y en cambio con los demás… n-no me malinterpretes, Naruto-kun, es solo que… si no te caigo bien, yo lo entendería… si… me dieses tus razones.

—Razones…—Murmuró y entonces quiso reir de la desesperación, Hinata pensaba que él la odiaba, nada más alejado de la realidad.

Imbécil, imbécil, imbécil.

Una ira abrupta se posicionó en su ser, sus manos ocultas en los bolsillos de su pantalón se empuñaron aún más, estaba casi seguro que aquella emoción podía evidenciarse claramente en su rostro. No podía controlar tanto al mismo tiempo, su pulso, las palpitaciones de su corazón, la excitación en todo su cuerpo y aquel perfume… aquel maldito perfume que le traspasaba la nariz llegando hasta lo más recóndito de su ser.

—Hinata—Le dedicó una sonrisa torcida, fruto del torbellino de emociones en que era preso en ese momento. Ella atinó a mirarle impactada, probablemente porque era la primera vez que le sonreía—Yo…

De pronto un sinfín de palabras estaban a punto de salir de su garganta.

No me caes mal en lo absoluto.

Perdóname por haberte hecho sentir así, tu no tienes la culpa de nada.

Eres una persona maravillosa… y hermosa.

Me gustas. Me gustas mucho, Hinata.

—Eres muy rara.

—¿Eh?

Detente.

Naruto rio bajo mientras se frotaba la nuca con una mano—Dijiste que me entenderías, ¿no fui demasiado obvio durante estos cuatro años?

—… Quieres decir…

—No me agradas—Se acercó a ella ensanchando su sonrisa—En absoluto.

El último día en que la vería y lo había arruinado completamente.

Fue cuando vio decepción y tristeza en aquellos ojos opalinos que se dio cuenta de la terrible verdad… lo había jodido, lo había jodido todo.

Quería encerrarse en su cuarto y no volver a salir nunca más.

Meses después y aún sin olvidar la última vez que la vio empezó a asistir a la universidad. Contrario a lo que pensó encajó como pez en el agua entre todos, se sentía lleno de energía y con objetivos claros a futuro. Asistía a clases y había formado un grupo de amigos con los que salía a comer.

Haruno Sakura era el nombre que se repetía unas cuantas veces a la semana en su mente, la veía en cada receso y ambos hablaban como buenos amigos cuando se encontraban por casualidad en alguna parte. Naruto sentía que la nefasta experiencia que había tenido en el pasado no había sido más que un error, un capricho que había desaparecido el día en que no volvió a ver a Hinata. Su mundo volvía a girar con normalidad y, pensó para si mismo, Sakura debía ser parte de él.

Ambos se entendían demasiado bien y se complementaban perfectamente. Eran perfectos el uno para el otro.

Fue con ese pensamiento que concentró todas sus fuerzas en estar a su alrededor, día a día la invitaba a comer algo, pronto todo su circulo de amigos comenzó a sospechar y cuando le preguntaron si ella le gustaba, más que contento había respondido que sí. Jamás negó nada, y aquello lo emocionaba, con Sakura no sentía esa opresión en el pecho ni se sentía fuera de sí, tan descontrolado que apenas podía medirse, con ella todo era normal.

Como debía ser.

Pero pronto todo cambió.

Fue tan repentino que no supo que hacer, de un momento a otro había chocado con alguien en los pasillos de la universidad y al querer ayudar y disculparse había visto unos grandes y hermosos ojos perla mirarle con preocupación. Todo su mundo se detuvo en ese preciso instante, fue como si todo aquello que había sentido hubiera vuelto con mayor intensidad.

E hizo algo que hace mucho no hacía.

Se fue sin decirle una sola palabra.

No la volvería a ver, no la volvería a ver mas así que no importaba.

Pero la vida era injusta con él.

La vio tantas veces rondando por el campus que le fue imposible no seguirla con la mirada, ella había cambiado físicamente y eso lo atormentaba, porque la reacción de su cuerpo al verla era incluso mas fuerte de lo que recordaba. Estaba fascinado, no existía otra palabra, cada vez que miraba a Hinata se hallaba más y más consciente de su existencia. Observaba cada detalle, cada gesto, encontrándola más bella que nunca.

Sakura había pasado a segundo plano en menos tiempo de lo que pudo predecir, ya no estaba tan seguro de querer tenerla a su lado, ya no proclamaba a los cuatro vientos lo mucho que le gustaba. Hinata estaba en su mente, día y noche. De nuevo rememoró el día de su graduación, cuando indirectamente le había dado a entender que la odiaba, ¿cómo podría hablarle de nuevo después de semejantes palabras? ¿Después, incluso, de haber vuelto a ignorarla cuando chocaron en los pasillos?

Tenía que hacer algo.

Recordó que la única forma en que pudo conversar con ella —si a eso le podía llamar conversación—fue cuando había sido preso de una incontenible ira que pugnaba por salir en forma de torrentes de palabras, si fuera capaz de controlar eso e incluso si aquella era la única manera…

No volvería a dejar que pasara otro año sin dirigirle la palabra, fuera como fuera. Una vez, solo una maldita vez más, la anhelaría una vez más. Y salieran como salieran las cosas daría por terminado ese estúpido capricho que sentía por Hyuga Hinata.

—¡Oh…!

Se apoyó en uno de los casilleros y la observó a la vez que ella miraba a todos lados menos a donde se encontraba él. Entrecerró los ojos.

Una vez más.

Trató de sonreírle como tantas veces había practicado frente al espejo, tratando de hacerle sentir cómoda con su presencia, mas cuando se dio cuenta de que todo su cuerpo estaba demasiado tenso como para regalarle una sonrisa amigable supo que todo su plan se había ido a la basura.

Se sentía tan idiota.

No, no importaba, fuera como fuera se había dicho y lo cumpliría. ¡Por dios que lo haría!

—Hinata.

—Na…Naruto-kun.

Tuvo deseos de repetir su nombre una y otra vez para no tener que pensar en que más decirle.

¡No!

Se obligó a sonreír, una sonrisa ladeada que lo hacía parecer a un zorro—¿Qué tal?

Hinata lo miro confundida para luego desviar la mirada—Bien, gracias.

Era obvio que ella quería que se fuera cuanto antes, lo normal sería que le preguntara a él lo mismo y entonces iniciaran una plática. Aquel pensamiento hizo mella en su corazón, casi se sintió herido por su actitud.

¿Qué esperabas?

Nada, no tenía que esperar absolutamente nada porque, en primer lugar, ella pensaba que la odiaba desde la secundaria.

—¿No me vas a preguntar lo mismo?

Apenas terminó de hablar Naruto se sorprendió de si mismo, aquello no había tenido que decirlo con tanto esfuerzo. Sentía que en cualquier momento algo iba a estallar dentro de él y no sabía si dejarlo fluir o refrenarlo tan rápido como pudiera.

—Lo siento… creí que…

Miró su expresión nerviosa, miró sus largas pestañas, sus temblorosos labios al dirigirse hacia él, su postura sumisa y sus dedos jugando entre ellos en un signo inequívoco de incomodidad.

Y tomo la decisión.

—¿Creíste qué? ¿Qué me molestarías?

Hinata asintió levemente—Pero si no es así…

—Estoy bien, Hinata, muy bien.

—M-Me alegra. Si me disculpas, tengo que irme se me hace tarde…

Pero él no la dejó ir, claro que no, antes de que fuera consciente de si mismo ya tenía una manó presionando en la muñeca de ella, aquel roce envió chispas de una electricidad bestial a cada una de sus articulaciones.

—¿Me odias?

Ella solo le miró perpleja, Naruto se acercó un poco más—¿Me odias por lo que pasó la última vez?

Antes de que ella pudiera responder él había extendido una mano para dirigirla a su mentón, levantándole el rostro suavemente le dedicó una mirada burlona.

—No… no te odio.

—Quizás deberías hacerlo.

—¿Por qué?

Él se tomo un momento para responder esa pregunta, sentía la adrenalina corriendo por sus venas, su corazón latiendo frenético dentro de su pecho y, aun así, de alguna manera, su expresión se mantenía serena y relajada. Lo estaba haciendo, estaba controlando la situación… y quería más.

—Porque creo que a partir de ahora no dejaré de molestarte.

Por que creo que he encontrado la forma de acercarme a ti.

Los ojos de Hinata se agradaron—¿…Qué? ¿Por qué harías eso? D-Dijiste que te caigo mal.

—Por eso mismo—La soltó—Prepárate, princesa.

Se fue dando largos pasos, con el sudor perlándole la frente y los dedos de las manos temblándole ligeramente. No tenía idea de qué demonios había dicho, lo único que sabía es que lo cumpliría, a partir de ese momento estaría a su lado el tiempo que quisiera.

Una vez más.

Estúpido capricho.

Se rio fuerte mientras seguía caminando, se pasó una mano por su rubio cabello en señal de euforia. No sería solo una vez y, en definitiva, Hinata no solo era un capricho para él. Estaba completamente seguro que ni Sakura ni ninguna otra chica podrían hacerle sentir lo que sentía a su lado.

Estaba asombrado por ella desde la primera vez que la vio.

Maravillado…

Enamorado.

Estaba enamorado de Hinata.

Y no sabía si estaban hechos el uno para el otro, ni siquiera tenía idea de porqué le gustaba, pero no volvería a huir de su presencia. Nunca más.

O—

—¡Felicidades Hinata!

—¡Economista! ¡Sabía que lo lograrías!

—¡Muchas gracias, Ino, Sakura!

—Es increíble como han pasado cinco años así de rápido, pareciera que fue ayer que entramos por primera vez a la universidad.

—Ya ves a Naruto y a mí que nos graduamos el año pasado y aún pensamos que somos estudiantes, hay cosas que no cambian.

—Señoritas…

Tan pronto la presencia de Naruto lleno el ambiente, con un traje negro hecho a su medida y derrochando carisma, tanto Ino como Sakura intercambiaron miradas juguetonas con Hinata antes de reírse levemente. Él les dirigió una sonrisa cariñosa para luego girarse a observar a la joven de mirada perlada.

—Naruto, justo hablábamos de ti.

—¿Ah sí? No imagino por que me nombrarían, ¿Sakura?

—Solamente comente como es que tu y yo aún nos vemos como meros estudiantes y no como licenciados.

Una breve risa por parte de él fue capaz de crispar los nervios de Hinata. Naruto podía notar cada emoción en su rostro, lo sabía, solo era cuestión de tiempo para que él hiciera lo que siempre hacía. El enojo y la frustración en ella se presentaron rápidamente mientras observaba como el apuesto rubio hablaba tan naturalmente con sus dos amigas.

Luego de unos minutos —y cuando Ino y Sakura fueron amablemente echadas por el Uzumaki a ver a otros estudiantes—la ojiperla se vio a si misma en aquella traviesa mirada azulina. Naruto solo se le acercó sonriéndole misteriosamente.

—Felicidades, Hina.

Ella le dirigió una mirada indiferente—Gracias.

—¿Solo gracias?

Hinata se cruzó de brazos rápidamente y suspiró.

—Sí, solo gracias.

—Mal, muy mal Hinata. Así no es como funciona todo esto. Ven aquí.

Hinata no quería ir, en realidad, nunca quería ir hacia donde estaba él cada vez que la llamaba como si fuera un perro entrenado. Frustrada consigo misma ignoro el gesto que Naruto hacia con los dedos.

—Naruto, no tengo tiempo para… eso… me iré ahora mismo…

Un gritito fue lo que le siguió a la frase pues antes de que ella pudiera darse cuenta los brazos de él se habían cerrado alrededor de su cintura, fuertes y suaves a la vez. La atrajo para si y posó sus labios en su oreja mientras susurraba:

—Así es como funciona.

—Naruto, suéltame.

—No.

Hinata quiso gritarle, golpearle el pecho, lo que sea, pero solo se mantuvo quieta donde estaba. Ella no era así, y eso él lo sabía. Naruto la conocía muy bien, cinco años se la había pasado molestándola, insultándola, burlándose de cada cosa que hacía. La tortura a la que la había sometido día a día había creado una relación entre ambos donde no sabía siquiera si existía cariño o afecto, lo único que sabía era que Naruto estaba ahí para hacerle la vida mucho más difícil de lo que ya era.

—Naruto…

—Oh, ¿la princesa esta enojada porque no se le cumplen los caprichos?

—¡No soy una caprichosa!

—Mas lo niegas, mas lo afirmas. Y por cierto, el maquillaje que llevas no te queda nada bien. Sakura hubiera hecho un mejor trabajo, si me hubieras hecho caso…

—El maquillaje que llevo no es por ti—Se alejó de su agarre como si las manos de Naruto tuvieran alguna enfermedad—Y-y a mi me gusta, si a ti no eso no es algo que me interese.

—¿Esta segura de eso?

—¿De qué?

—¿De que no te importa mi opinión?

Una sonrisa ególatra por parte de aquel rubio fue suficiente para acabar con la paciencia de Hinata.

¡Por dios, cuanto lo odiaba!

¡Como se arrepentía de haber querido ser su amiga alguna vez!

—Adiós, Naruto.

—Nos vemos mañana, Hinata.

Ella apretó los dientes y entrecerró los ojos. Dio media vuelta y se alejo a pasos rápidos, no sin antes dejar una frase al aire.

—Solo tu deseas ver todos los días a una persona que odias.

Una vez solo, con la mirada perdida en el camino que había seguido la joven, Naruto fue capaz de soltar un largo suspiro. Aflojándose la corbata que llevaba y relajando su postura fue capaz de relajar los latidos de su corazón, el calor que sentía en todo su cuerpo. Posar las manos en la cintura de ella había sido demasiado, apenas pudo controlar el impulso de acercarla más y hundir su rostro en la curvatura de su cuello para aspirar su exquisita fragancia de canela.

Hinata era una tentación andante. Y odiaba que ella ignorara ese hecho.

Repasó en su mente las últimas palabras que le había dicho antes de irse y quiso patear una silla, desahogar toda su rabia.

—Estoy enamorado, Hinata, estoy malditamente enamorado de ti.

Fue amor a primera vista… y casi diez años después él no tenía el valor de confesarse. De lo único que tenía valor era de remarcarle lo mal que se veía en un vestido. Y eso no era mas que una jodida mentira, le decía cosas así cada vez que veía que estaba tan hermosa que atraería la atención de otros hombres. Y sentía celos… celos de que otro mas pudiera verla.

Ella era suya…

O al menos el odio que había hecho que sintiese por él era completamente suyo.