Aclaraciones: Sin POV definido
Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial
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Disfruten la lectura
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Capítulo 6. Relación
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Desde antes del viaje le había pedido a un amigo de la facultad que fuera por lo menos una vez a la quincena a darle una vuelta a su auto, los vehículos estacionados por mucho tiempo podían empezar a fallar y lo que menos se le antojaba al regresar del viaje era tener que andar pensando en nimiedades como tener que llevar su auto al taller. Por eso le dejó la llave de repuesto y la tarjeta de encendido.
El tiempo en Londres se le hizo largo, sobretodo porque seguía pensando en la castaña y en lo mucho que quería regresar para estar con ella. En especial al verla solo en ropa interior y luego sin nada del otro lado de la cámara, no se lo diría, pero había buscado a algunas de las mujeres del campus durante el transcurso del semestre tratando de desahogarse un poco, lamentablemente no era lo mismo, quería que fuera ella específicamente.
Suponía que quitarse a su madre de encima los primeros días tras su regreso iba a ser difícil, por lo cual estuvo revisando los vuelos disponibles teniendo en cuenta su último día de clase, encontrando uno que no tenía escalas, lo cual era mejor y además le daba prácticamente un día libre. Día en el cual se podría ver con Tenten, o por lo menos dormir si ella no podía, porque el jet lag era un dolor de cabeza, literalmente hablando.
Tan pronto lo compró le escribió a la castaña y al saber que estaba de acuerdo en verse llamó a su amigo para pedirle que llevara su auto al aeropuerto y dejara la tarjeta de encendido en el portavasos, en algún lugar de su maleta de mano estaba la llave. Era un vuelo nocturno, así que trató de dormir la mayor parte del trayecto y todavía bostezando se había bajado, avisándole que ya había aterrizado y dirigiéndose a la banda transportadora donde debía esperar su maleta.
Tenten había corrido hacia él incluso antes que pudiera verla, igual la abrazó y le besó la coronilla feliz de volver a verla. ¿Qué era lo que tenía esa castaña que lo atraía tanto? No lo sabía, de momento no le interesaba la respuesta, tan solo avanzaron a buscar su auto y al escuchar el pitido de la alarma de lejos fueron hacia este. En la privacidad del vehículo por fin pudo besarla como se debía, sorprendiéndose al ver la excesiva fogosidad en ella, no querían perder el tiempo así que arrancó de una vez.
Mientras estaban atascados en el tráfico de la ciudad veía de reojo como la falda de la castaña se había subido y dejaba a la vista gran parte de sus piernas, no solo las que estaban cubiertas por las medias sino algo de piel y nada se le antojaba más que deslizar su mano por allí. O bueno sí quería algo más, y era salir del condenado atasco en el que estaban. Si bien era cierto que su departamento era en la ciudad vecina y que el pasar por el centro solía ser algo demorado, le parecía que el tráfico estaba peor de lo normal ¿o era solo su afán porque por fin pudieran estar a solas?
Buscó en la aplicación de tráfico la vía más rápida y maldijo de una vez, había 2 rutas posibles para ir hacia el norte y tomar la salida hacia donde él vivía, en el punto que ambas se unían se volvía todo rojo, probablemente un accidente o algo así pero no tenía cara de solucionarse pronto. Una muy descabellada idea surcó su mente y revisó el mapa, la vía estaba despejada así que giró en la siguiente esquina, acelerando para que pudieran ir hacia el occidente. No habían hablado en el camino, tan solo se detuvo un rato después en el campo floreado que habían estado antes, quería explicarle la razón para su poco romántica elección, pero antes de abrir la boca Tenten se había lanzado a sus brazos desde la silla del copiloto.
Podía manejar muy bien su propia paciencia, sabía controlarse cuando la situación lo requería, lo que no había previsto era tener que lidiar con la necesidad de la castaña también y el resultado fue casi explosivo. Ella se pasó al asiento de atrás cruzando en medio de los asientos delanteros en lo que él salía y abría esa puerta para volverse a meter acomodándose encima. Le subió la blusa para poder ver sus pechos sujetos en el sostén y arremangó la falda a su cintura, ¿podía considerar que estaba siendo brusco y algo apresurado? Tal vez, sin embargo en lugar de quejarse Tenten solo se había encargado de abrir su pantalón.
Solo una vez había hecho algo en un auto y le había parecido una experiencia incómoda por la falta de espacio más que del todo placentera, esta vez no era el caso. Sus embestidas eran rápidas y apoyó una de sus manos en el espaldar del asiento delantero para incorporarse un poco y de esa forma darse mejor soporte y aumentar la fuerza. Por su parte la castaña no sabía dónde poner las manos, llevándolas tras la cabeza y rozando la otra puerta mientras gemía a la par de sus movimientos.
De la guantera sacó una caja de pañuelos que usó para limpiarse un poco antes de reacomodar su pantalón al terminar el corto pero apasionado acto, ella hizo lo propio y bajó tanto su blusa como la falda, definitivamente una ventaja que siempre estuviera en ese tipo de prendas. Una voz en su cabeza le dijo que había olvidado algo, pero no recordaba el qué, ya más calmados regresaron a los asientos delanteros y ahora condujo a un restaurante que tenía la opción de ordenar sin tener que bajarse y se fueron al mirador a almorzar juntos mientras hablaban y se abrazaban como si el tiempo lejos no hubiera existido.
Hacia la mitad de la tarde insistió en llevarla hasta la casa pero ella igual que siempre se negó, volvió a pedirlo teniendo en cuenta que la temperatura había descendido más de lo previsto y ella no estaba lo suficientemente abrigada, así que con un puchero ella aceptó, poniendo la dirección en el GPS para que los guiara pues la castaña no tenía ni idea si las vías eran en un solo sentido o nada de eso, despidiéndose con un beso y la promesa de volverse a ver la siguiente semana. Una vez en su propia casa su madre se sorprendió de verlo y su hermana se alegró porque podría ir con ella a la graduación, cenó con ellas y al meterse a la cama buscó un servicio de entregas para enviarle un regalo al día siguiente a Tenten, por eso había sido un poco más insistente que antes con obtener por fin su dirección. Con eso resuelto finalmente se dedicó a dormir.
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Su madre había pedido su día de descanso de esa semana para ese sábado que era su graduación, podía entender que ella no hubiera querido asistir pero igual quería que pasaran un día agradable juntas y no pensara en la ceremonia. El desayuno había sido un plato de suculentos hot cakes con miel de maple real, un gusto que no se podían permitir seguido pero que la mujer se había asegurado de tener para ese día.
Para el almuerzo le iba a enseñar a hacer bolas de masa hervida de sésamo, su platillo favorito aunque no lo sabía preparar. Una gran mezcla, dos cosas que le gustaban, cocinar y que fuera esa comida específicamente. Estaban por poner manos a la obra cuando la puerta sonó, se vieron una a la otra con sorpresa, no solían recibir muchas visitas. Su madre se quitó el delantal y abrió con cautela.
- ¿Tenten Ama? — ella se asomó desde la cocina, asustada que alguien la preguntara por su nombre
- Aquí vive — una tabla con una planilla le fue extendida — ¿Qué es esto?
- Tiene una entrega, firme ahí — ¿una entrega? Su progenitora puso la rubrica y entonces se hizo a un lado para que un hombre con un gigantesco arreglo floral ingresara. Descargándolo sobre la mesa y luego ir por algo más, extendiéndole lo que parecía la caja de un pastel
- Gracias — la puerta fue cerrada y el seguro nuevamente puesto — ¿Quién te envía esto? — ella estaba en shock, solo una persona podía haber hecho algo así. Ante la falta de respuesta su madre avanzó hasta la tarjeta
"Una pena que decidieras perderte la ceremonia, aquí algo casi tan hermoso y dulce como tú para que te alegres.
No sabes cuánta falta me habías hecho.
Te quiero,
Kiba"
Leyó en voz alta y luego le mostró la nota a lo que ella se sonrojó. En la caja había un corazón lleno de muchas fresas achocolatadas.
- ¿Es el chico con el que salías antes? — ella asintió — pensé que habían terminado
- No, es solo que su madre lo envío a Londres a hacer el semestre de la univer...
- ¿Universidad? ¡¿Cuántos años tiene?! — la interrumpió y ella se mordió el labio
- 22... pero no es lo que crees mamá, él...
- Dime que no es el hermano de tu compañera del colegio — se veía molesta
- Sí, pero mamá...
- ¿Por qué insistes es meterte con esa familia? ¿Olvidaste quién es su madre y cómo te trató?
- Claro que no, mamá... pero él es diferente a ella y jamás ha dicho nada parecido a esas palabras de Tsume... él no piensa de esa forma
- Tenten... — dejó la nota sobre la mesa y se acercó a abrazarla — es alguien mayor y ha vivido cosas que tú no, puede ver en alguien de tu edad una joven ilusa y aprovecharse de eso
- No, Kiba no haría eso... mamá, yo lo quiero y... y creo que él a mí... — era la primera vez que pronunciaba algo así en voz alta, además el mensaje precisamente decía un te quiero por parte de él
- Ay chiquita, no me gusta — hizo una pausa — pero, voy a confiar en que tienes el criterio suficiente ¿está bien?
- Gracias
- Supongo que ahora tenemos postre para el almuerzo — ella sonrió — anda, esconde esa nota y si tu padre pregunta las flores las enviaron del colegio ¿entendido?
Su progenitor era un hombre serio y generalmente estricto, así que aceptó eso y se comió una fresa antes de ir a dejar la nota en su habitación, escribirle un mensaje de agradecimiento al Inuzuka y regresar a la cocina a lo que hacían antes de la interrupción.
Kiba le escribió que fueran a cine el siguiente sábado, obviamente aceptó de una vez. Esa semana iba a haber una jornada de inscripción a becas para la universidad así que alistó los documentos que decía la convocatoria que debía presentar y temprano había estado en el lugar. Uno de los asesores se vio complacido con su reporte de notas, pero arrugó el ceño al leer el nombre del colegio que era egresada, preguntándole de una vez si era el mismo al que asistían los hijos de algunos políticos y grandes empresarios, ella afirmó y el hombre le devolvió los documentos, si había podido ir a un claustro como ese no necesitaba ningún tipo de ayuda. Explicó que se trataba de una beca que le dieron precisamente por sus buenas notas pero no hubo poder humano que lo hiciera cambiar de opinión.
La situación se repitió a la siguiente semana en otros 2 lugares diferentes a los que se presentó, para esas alturas de diciembre las universidades estaban en inscripciones abiertas y no podía dejar que la fecha se le pasara, las respuestas que obtuvo fueron las mismas.
El domingo que era la víspera a la víspera de navidad se vio con Kiba, pues no podrían verse al día siguiente ni en navidad propiamente. Habían ido hasta su departamento y parte de su enojo con la injusticia de las becas se esfumó en la cama, pero solo una parte, seguía enfurruñada con el tema.
- Lo siento cariño — estaban acurrucados juntos — y... ¿directamente con las universidades?
- Solo alcancé a ir a una, me remitieron a la primera fundación en la que pregunté. También me contestaron uno de los correos, otro no.
- Pero... ¿ya decidiste qué vas a estudiar? La última vez que hablamos del tema dudabas entre filología y... no, no me acuerdo de la otra opción
- Relaciones exteriores o algo para trabajar como traductora oficial, me gustan los idiomas
- ¿Y si estudias en un centro de idiomas mientras?
- Los institutos son caros, soy autodidacta pero... si no tienes un certificado no sirve para nada
- El colegio te certificó C1 en inglés y A1 en francés ¿no?
- El A1 no sirve mucho, con el inglés podría tratar de hacer algo... pero olvidas el problema de siempre
- ¿Cuál?
- Sigo siendo menor de edad, así que nadie me da trabajo... necesito cumplir los 18 para poder empezar a trabajar y ahorrar
- Yo necesito que tengas 18 también — las palabras fueron acompañadas de un mordisco a su cuello por lo que se empezó a reír — estaba pensando...
- Dime
- No quiero que tengamos que seguir escondiéndonos, gritaremos a los 4 vientos que eres mi novia tan pronto cumplas los 18... — no recordaba una propuesta oficial, sin embargo le encantó escuchar que se refiriera a ella de esa forma
- Tengo 2 grandes motivos para desear que marzo llegue pronto.
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Enero había pasado sin mayor novedad, se había rendido ante el sinfín de negativas que había recibido y resignado del todo a que hasta que no pudiera trabajar y ahorrar la idea de ir a una universidad o estudiar algo de manera formal se aplazaba. Así que se la pasaba entre semana en casa buscando páginas en internet que explicaran gramática o diferentes ejercicios de pronunciación de francés y chino, seguía enfocada en que quería mejorarlos y ya después pensarían en lo de certificarlos, los sábados se veía temprano con Kiba y regresaba a su casa cuando el sol se empezaba a ocultar. Exceptuando lo de su novio, su rutina no era muy diferente a anteriores vacaciones del colegio.
En febrero el aburrimiento empezó a sentirse con más fuerza y se manifestaba por ratos con ella picando más de lo usual entre comidas, o a veces se levantaba a mitad de la noche a comerse un pan o lo que encontrara en la nevera que sabía no sería parte del almuerzo de sus padres del día siguiente. Eso también seguía siendo parte de su rutina, adelantar parte de la cena y al almuerzo que sus progenitores llevarían al trabajo, así como terminar de cocinar junto a su madre y por supuesto, igual que todas las vacaciones se encargaba del aseo de la vivienda, eran los momentos en que agradecía vivir en algo pequeño.
- Cariño ¿probaste esto? — febrero llegaba a su fin y esa noche estaba con su progenitora en la cocina, había hecho el arroz y picado unas papas y otras verduras para cocerlas con la carne que la mujer compraría antes de llegar a casa
- Claro ¿pasa algo? — tomó una cuchara y sacó un poquito de arroz, temiendo que tal vez la olla estuviera mal lavada y supiera a jabón o que hubiera faltado cocción, aunque no lo recordaba así. Mordió lo que se había llevado a la boca y no sintió ningún sabor extraño
- Sigues manteniendo contenta al cocinar — le tomó un segundo entender la analogía
- ¿Quedó salado otra vez? — raro, para su gusto estaba en el punto justo
- Solo un poco, lo equilibraremos con el cocido — ella asintió y troceó la carne, manteniendo su mano lejos del tarro de la sal y dejando que fuera la mayor quien se encargara de eso pues en ocasiones anteriores según esta se había pasado — le agregaremos un poco más de agua y papas... con eso alcanza para más...
- ¿Mal día? — preguntó de una vez
- El hotel tiene una mala racha, no nos pagarán las horas extra de esta quincena y no nos darán ninguna para la próxima... y con el aumento de la renta — su madre no solía quejarse, así que le preocupaba un poco
- Ya casi cumplo los 18, trabajaré entonces y ya verás que ajustaremos — se sentía culpable, por ella permanecer en casa todo el día no habían quitado el servicio de internet y ahora se sentía peor de comer de más al estar sola sin siquiera decirles
- No chiquita, no lo decía por eso...
- No pasa nada mamá, saldremos de esto — aseguró, retomando la atención a la olla que ya hervía y que olía bien. Sirvieron y al probar sintió de una vez que la comida estaba demasiado insípida, así que fue a la cocina con su plato y agregó un poco de sal solo a lo que iba a comer, su progenitora ensimismada no mencionó nada al respecto.
Trataba entonces de al servir la cena probar y agregarle sal a su gusto solo a su porción antes de ir a la mesa con eso no tenía que levantarse después y así de paso no había quejas por hacer toda la comida pasada de punto, tratando además de evitar lo de picar entre comidas y bebiendo agua hasta sentirse saciada para engañar a su estómago que reclamaba por más. Aunque admitía que los sábados con Kiba aprovechaba para comer mucho más que en casa, robándole incluso papas a la francesa de su hamburguesa mientras él reía y decía que iba a empezar a pedir las de ella también agrandadas o una porción adicional.
Su cumpleaños era ese fin de semana, así que su novio la llamó y le dijo que pidiera permiso para pasar la noche con él en su departamento. Quería que fueran a cenar y bueno, ya que por fin tenía 18 que se quedara con él pues nunca lo había hecho. Su padre frunció el ceño ante su petición y su madre tampoco parecía muy feliz, no les gustaba ni que tuviera pareja ni el quién era específicamente, porque ante las inquisitivas preguntas de su progenitor tuvo que decirle lo de la edad y el apellido de este. Suplicó y prometió que el lunes después de hacer el trámite para tener la identificación iría a buscar trabajo, finalmente el hombre aceptó y le dijo que si el Inuzuka fuera un hombre de verdad habría dado la cara antes, ella solo guardó silencio ante la acusación.
El sábado en la mañana revisó su guardarropa, la primavera apenas empezaba así que las temperaturas frías se mantenían. En la maleta que Kiba le regaló el año anterior empacó la muda de ropa para el día siguiente y se fue para el centro de la ciudad, era ella quien no quería que él fuera mucho a ese barrio y evitaba que lo hiciera cada que podía. Sonrió al ver el auto de lejos y se subió feliz, la primera parada fue el departamento de él, pidiendo almuerzo a domicilio igual que siempre y a mitad de la tarde el Inuzuka le entregó una caja con su regalo. La abrió y adentro vio un vestido elegante de color verde oscuro y al fondo había un par de tacones de 5 centímetros.
- El restaurante tiene código de vestimenta — asintió y fue al baño a cambiarse de una vez, el vestido era sencillo y le encantaba, tenía un broche al cuello, dejaba sus brazos descubiertos y caía suelto en una forma asimétrica en unas partes a mitad de sus muslos y en otras debajo de sus rodillas. Se puso los tacones y luego peinó su cabello en un rodete alto que se veía mejor que sus usuales chonguitos.
- ¿Qué tal? — preguntó girando sobre sí misma fascinada de la forma en que la tela se elevaba
- Hermosa, como siempre — se acercó y rozó sus labios — es mi turno, no tardo
Unos minutos después Kiba salió en un traje de corbata, la tomó de la mano para ir hasta el carro y condujo alrededor de 40 minutos antes de detenerse frente a lo que parecía una mansión antigua. Un hombre le abrió la puerta del carro y ella se bajó temerosa de hacer algo fuera de lugar, porque así se sentía, recibiendo un enorme recordatorio que ella no pertenecía y jamás encajaría en un lugar así.
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Att: Sally K
