Aclaraciones: Sin POV definido
Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial
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Disfruten la lectura
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Capítulo 11. Bienvenida
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Habían salido a caminar por el barrio juntos, a Tenten le habían recomendado además del yoga prenatal que solía hacer todos los días, que caminara al menos 1 hora. Así que esa era la excusa perfecta para de paso buscar propiedades en venta. Anotando los diferentes teléfonos y sacando las citas para ver las casas.
La primera vivienda que vieron era enorme y la verdad no estaba muy bien cuidada, la castaña a su lado parecía un poco abrumada cuando escuchó el precio que pedían y sí, a él también le había parecido excesivo. Pero no porque no estuviera dentro de su presupuesto sino porque por el estado en que la propiedad estaba definitivamente no valía esa cantidad. Dado el fallecimiento de su padre él había recibido lo correspondiente a su herencia desde que fue mayor de edad y adicionalmente cada mes le llegaba un monto por las utilidades de la empresa, y por si eso no era suficiente por su cuenta también había hecho algunas inversiones en la bolsa de valores que redituaban un porcentaje nada despreciable por lo cual el dinero no le era una preocupación.
En el curso de padres habían sido reprendidos por la instructora por reírse del bebé de plástico pues Tenten lo dejó caer la primera vez que lo alzó por no medir bien la fuerza, él mencionó que dado que la criatura en camino tenía alas no debía ser mayor problema pues volaría. Por lo demás trataban de prestar atención a todo, el cómo sostenerle la cabeza, curar el ombligo, sacarle los gases. Nada sobre limarle las garras o qué hacer cuando tuviera colmillos, un pésimo servicio en su opinión.
También hablaban con otros padres, no había nadie tan joven como su esposa pero sí varios que eran primerizos como ellos. Una pareja que esperaba su segundo hijo les decía que debían tranquilizarse pues muchas cosas las improvisarían en el camino y los bebés eran más resistentes de lo que se veían. Ese día se habían reído en el auto mientras la castaña comía un helado con papas a la francesa que dijo era un antojo, probablemente dicha pareja había dejado caer el bebé real y no solo al de plástico.
Una segunda casa fue visitada y la castaña pareció feliz al verla, en general era pequeña y se sentía diminuta en comparación a la de su progenitora y a la que vieron antes, era de 1 solo piso, tenía 2 habitaciones, una cocina decente, el espacio para la sala era aceptable, el comedor por su parte le parecía un poco pequeño pero no planeaba tener algo de 10 puestos, por mucho de 6, y adicionalmente el lugar tenía un sótano igual de grande a toda la primera planta, la edificación estaba en un terreno de buen tamaño por lo que podría expandirse de ser necesario. El precio era bajo, pero precisamente de elegir esa debería hacerse el pago de la construcción para adecuarla pues en su concepto necesitaban 4 habitaciones, la principal, la de su hijo en camino, la de invitados y una que se volvería una oficina con biblioteca. Aunque posiblemente el sótano podría volverse dicha oficina, igual se quedaba corta en 1.
Vieron una tercera opción que tenía 5 habitaciones e incluso piscina y estaba recién remodelada, por lo que de elegir esa tan solo debían instalarse. Su esposa había recorrido lentamente cada una las habitaciones y de los espacios antes de torcer un poco la boca aunque no dijo nada en frente de la vendedora que remarcaba los grandes espacios para que su hijo corriera de lado a lado.
- No te gustó — ella hizo un movimiento de negación con la cabeza
- Se siente fría... — él enarcó una ceja pues estaban en verano — quiero decir... no se siente como un hogar
- Podemos seguir buscando, no hay prisa — la vio morderse el labio y acariciar su creciente vientre — dime qué piensas cariño
- Me gustó la segunda, era... — no dijo más
- Tendríamos que remodelarla
- Lo sé... — se quedó en silencio por un momento — no pasa nada, ya encontraremos otra
- ¿Tanto te gustó?
- No pasa nada, es tu decisión
- No cariño, es nuestra decisión — se inclinó un poco para rozar sus labios — llamaré a la vendedora y le pediré los planos, pero la mudanza tomará un poco más de tiempo
Así que hizo una oferta ligeramente por debajo de lo que pedían por el lugar y fue aceptada de una vez, ya con los planos se sentaron juntos a hacer un esquema de lo que querían, a Tenten no le gustaba la idea de tener la biblioteca en el sótano y dado que era un espacio amplio prefería que este fuera un área de juegos para su hijo, por lo cual debían construir el segundo piso con las 2 habitaciones más que hacían falta y ya que estaban en eso ampliar un poco la cocina. Buscó de una vez una empresa de construcción que se encargara de eso y de paso eligieron los colores que tendría el lugar, recibiendo como tiempo aproximado 2 meses para que todo estuviera listo y se pudieran mudar a vivir solos.
También fueron a comprar todo lo que necesitaban para la habitación infantil, su progenitora había designado una de las habitaciones de invitados que solía estar vacía para eso y allí ya estaba la cuna armada y demás cosas que iban adquiriendo, con cada ida que hacían a las diferentes tiendas de bebés se sorprendía más y más de la cantidad de objetos que existían, y eso que Tenten no era compradora compulsiva, pero aún así se entretenían bastante en la tarea.
Para su cumpleaños número 23 unos días después fueron a la playa en auto, ninguna aerolínea permitía que una mujer con 7 meses de embarazo volara pues él había pensado inicialmente en ir a la otra punta del país a las montañas, pero ni modo. Lo de verdad importante es que lo había pasado junto a su esposa, el primer cumpleaños estando casado y a su vez el único en el que serían solamente ellos, para el año siguiente ya incluirían a su hijo. No le sorprendió enterarse que Tenten no conocía el mar y parecía una niña pequeña emocionada cuando caminó descalza por la arena por primera vez. Jugando incluso a construir castillos y si él no hubiera estado pendiente del protector solar, ella habría terminado con su piel quemada.
- ¿Qué te parece Ikki? — le preguntó Tenten de regreso en el hotel
- No me gusta como suena Ikki Inuzuka, además no parece un nombre apropiado para nuestro pequeño dragón
- A este paso tendremos un dragón sin nombre — le contestó ella con una sonrisa y él pasó la mano por el enorme vientre — ves, lo estás provocando — se estaba moviendo en respuesta
- ¿Y Ryuu?
- Un poco literal, aunque me gusta... Ryuu Inuzuka — pareció pensarlo — ¿qué dices pequeño dragón? — los dos se quedaron ligeramente pasmados por la patada que siguió a sus palabras
- Creo que eso es un sí — depositó un suave beso en el lugar — nuestro bebé tiene un nombre acorde a lo que es — la castaña volvió a sonreír y se acomodaron en la cama para poder descansar.
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Tal y como había previsto, el director de Finanzas no había estado feliz por su aparición en la empresa y había renunciado sin molestarse en entregarle el área, por lo que tuvo una primera semana muy ocupada intentando organizar y entender todo lo que lo rodeaba. Al menos sus coordinadores a cargo eran un poco más amables y de paso la secretaria no se había retirado, por lo pudo pedirle que se encargara de no pasarle llamadas mientras él se empapaba de todo.
Para su grado le pidió a Hana que acompañara a Tenten a comprar un vestido para asistir a la ceremonia a su lado pues el verde oscuro que le había regalado de cumpleaños le quedaba excesivamente corto dados sus 8 meses y tanto de embarazo. Su madre intentó convencerlo de no llevarla pero no estuvo dispuesto a ceder en eso, era su esposa y claro que la quería a su lado en tan importante día. Así que llegaron al enorme auditorio en el que se llevaría a cabo el evento todos, la castaña en un hermoso vestido de color aguamarina que le quedaba a las rodillas y el cabello en un moño alto con algunos rizos cayendo delicadamente a los lados. Dibujando una sonrisa desde su lugar cuando él pasó a recibir su diploma y luego tomando un par de fotos de él junto a su madre y hermana, quedando para el final el tomarse una foto juntos, foto que sin duda planeaba imprimir y enmarcar para colgarla en alguna de las paredes de su casa, cuando se mudaran.
A medida que septiembre se acercaba podía verla cada vez más incómoda, su vientre era enorme y parecía no hallarse en ninguna posición por su tamaño, además que adentro Ryuu se movía inquieto y no la dejaba dormir mucho. El médico había dicho que todo estaba en orden tanto en tamaño como en todo lo relacionado a la salud del pequeño que también parecía ansioso por salir y estaba ya en posición. Dada la fecha de concepción, el alumbramiento probablemente ocurriría empezando septiembre o a más tardar la segunda semana de ese mes. En las noches pacientemente la ayudaba a acomodar la almohada materna que parecía un chorizo gigante de modo que su espalda no le doliera y que quedara recostada hacia el costado izquierdo.
Esa madrugada se despertó por un quejido y encendió de una vez la lampara, Tenten parecía estar ligeramente encogida como si de esa forma pudiera apaciguar lo que le estaba doliendo.
- ¿Qué pasa cariño? ¿Es hora de irnos para la clínica? — ella movió la cabeza para negar enfáticamente y nuevamente se quejó, probablemente alguna patada — Tenten...
- Se está girando — posó una mano sobre el vientre y notó que era perceptible lo que ella dijo — ¡se está girando! — repitió asustada
- Respira profundo, cariño
- Kiba ¡no tiene que girarse! — enfatizó
- Tenten, respira profundo — su ceño se frunció — todav...
- Estamos en la semana probable de parto, no tiene que girarse a estas alturas cuando ya estaba acomodado
- No pasa nada, mañana iremos con el médico y buscaremos una solución — los movimientos se habían detenido — ¿quieres que te traiga algo? ¿un té? ¿un vaso de agua?
- No quiero levantarme en una hora al baño — masculló de mala gana — pero gracias
Al día siguiente era viernes 5 de septiembre, él había avisado por un mensaje a su secretaria que se tomaría la mañana libre para llevar a su esposa al médico. Mientras desayunaban podía verla acariciar su vientre, si presionaba ligeramente la barriga podía sentir perfectamente que el bebé se encontraba sentado y con la cabeza justo bajo el seno derecho de su esposa. Quien precisamente le susurraba una y otra vez que por favor regresara a la posición anterior, en el momento que terminaron de comer y se dirigían hacia el auto para ir al consultorio Tenten emitió un grito de dolor que le puso todos los pelos de punta mientras veían con preocupación el pequeño charco bajo ella. Había roto fuente por lo que no tenían ni un segundo que perder. Mientras ella se sostenía de la puerta del auto con claras lágrimas en sus ojos él corrió hasta la casa por la maleta que necesitaban y se fueron a toda velocidad a la clínica que afortunadamente estaba a solo unos minutos.
En la clínica los habían recibido y pasado a ella a una habitación del área materna de una vez, conectándole varios cables en el vientre para supervisar los signos vitales bajo este, comprobando con el ecógrafo lo que ya sabían sobre el cambio de posición del bebé y explicándoles los riesgos que conllevaba intentar un parto natural. Los dos cruzaron una mirada preocupada al escuchar la palabra cesárea pero no había mucho que pudieran hacer para cambiar la situación. Su pequeño y amado dragón había decidido a última hora cambiar el panorama y no les quedaba otra salida, por lo que firmó la autorización y empezaron a prepararla de una vez para ir al quirófano pues las contracciones se estaban acercando entre sí. Él por su parte tuvo que ir a otra área a lavarse las manos y ponerse un traje especial, ingresando un rato después a la sala de cirugía en donde una cortina le impediría ver lo que hacían detrás para sacar a su hijo.
Los minutos le parecían eternos mientras veía a Tenten que tenía los ojos llorosos, recordándole en ese momento que era muy joven para estar ya viviendo una situación así. El inconfundible llanto del recién nacido finalmente llenó la habitación y en lo que le parecieron horas pero probablemente solo fueron unos segundos le acercaron el bebé a la castaña, recostándolo en el pecho de ella para que el pequeño hiciera contacto piel con piel, consiguiendo de paso que volviera a escuchar su corazón y se calmara un poco. No estaba seguro de cuanto tiempo más estuvieron allí viendo los dos con devoción al pequeño que era fruto de esa tarde en que reafirmaron cuanto se habían extrañado. Mientras él sostenía a su hijo quitaron la cortina y la cambiaron a ella de cama para llevarlos a la que sería su habitación por los próximos días. Una vez en esta una enfermera se acercó a ellos con el propósito de ayudarlos con la primera alimentación del pequeño, así que la castaña se incorporó ayudada de los botones de la cama hospitalaria para abrir el frente de su bata y siguiendo las indicaciones que le eran dadas acercarlo a su seno, sonriendo en el momento que lo sintió aferrarse a este y empezar a mamar.
A lo lejos escuchó su teléfono, ni siquiera se había dado cuenta que las pertenencias que se tuvo que quitar para entrar al quirófano habían sido dejadas en una de las mesas de la habitación, así que fue a buscar el aparato, su hermana le escribía que estaba con su madre en la clínica y querían saber el estado de Tenten, le contestó con el número de la habitación antes de lanzar el aparato al montón pues no le importaba nada más. Regresó junto a la cama y le comentó que su hermana estaba allí a lo que su esposa asintió para que fuera a buscarla, la besó en la coronilla dando un nuevo vistazo al pequeño que se dedicaba a comer antes de salir al encuentro de su familia.
- ¡Kiba! — Hana corrió hacia él — ¿Cómo está Tenten? ¿Ya nació Ryuu?
- Tenten lo está alimentando en este momento, es... — le fue imposible evitar que la sonrisa que había tenido hasta ese momento se agrandara — ¡es hermoso! ¡tienes que verlo pulga!
- Fue un parto rápido — acotó su progenitora aunque él no la estaba viendo
- Tuvo que ser una cesárea casi de emergencia — aclaró — pero en serio ¡mide 50 centímetros y pesa 3850 gramos! ¡Es enorme! ¡Y es perfecto! — tomó a su hermana de la mano y a pasos presurosos fue hacia la habitación, en donde su esposa ya se había cubierto el pecho y estaba haciendo los movimientos aprendidos para sacarle los gases
- Tenten ¿cómo te sientes? — fue el saludo de Hana y él pidió a su hijo para ayudar con lo de los masajes que tocaba hacer
- Feliz — sonrió en su dirección y él hizo lo mismo — es... no puedo creer que por fin puedo ver a mi bebé
- ¿A poco no es hermoso? — ya había escuchado el sonido esperado así que lo acunó viéndolo hacer pequeños movimientos con la boca como si todavía estuviera junto al seno — ¿qué dices madre? ¿No es lo más lindo que has visto? — los ojos de su progenitora se clavaron en el pequeño y frunció el ceño antes de darles la espalda a todos, abandonando el lugar
Ellos le restaron importancia al tema, tan solo siguieron viendo al hermoso bebé en sus brazos. Porque una cosa había sido hacerse a la idea que tendría un hijo y otra muy diferente ahora que efectivamente lo veía y lo podía cargar. Sin importar que no hubiera sido planeado lo hacía el hombre más feliz del planeta en ese momento y más aún ver que el sentimiento era compartido por su esposa.
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Su madre le había dicho que había pedido sus vacaciones en el hotel de modo que pudiera acompañarla al menos las primeras 2 semanas tras el nacimiento de su hijo, aunque ese primer día dada la prisa con la que todo ocurrió no alcanzó a avisarle. Pero el domingo en la mañana la mujer estuvo en la habitación de la clínica presta a ayudarla con cualquier duda o necesidad que tuviera. Por ejemplo el empezar a hacer por su cuenta las curaciones del ombligo o darle el primer baño. Le parecía increíble ver la forma en que Kiba sonreía ante el bebé y que había pasado horas con el pequeño en brazos, entregándoselo para que lo alimentara y luego volvía a pedirlo.
La empresa de construcción encargada de su propia casa no había terminado la obra en el tiempo prometido, algo que no debería sorprender a nadie, fue la expresión que usó el Inuzuka al enterarse pues sin importar cuanto se pagara siempre eran impuntuales con las entregas, por lo que seguirían en la casa de Tsume mientras tanto. En la clínica le habían hecho un sinfín de exámenes tanto a ella como a Ryuu y por fin el martes llegaron a la enorme propiedad, una de las habitaciones de invitados había sido preparada para su madre y la mujer parecía tan anonadada como ella por el tamaño del lugar la primera vez que estuvo allí. Había odiado por completo subir y bajar las escaleras, pero no podía quedarse solamente en la cama, entre las recomendaciones precisamente estaba que tratara de caminar al menos unos minutos por día. ¿A qué genio se le habría ocurrido que era buena idea someterse a una cirugía y luego tener que atender a un recién nacido como si dicha cirugía no hubiera ocurrido? Aunque bueno, no fue algo premeditado y de un modo u otro le había ahorrado el dolor de más contracciones y lo que era el parto propiamente, pero definitivamente le dolía por ratos tener que moverse o levantarse.
Aunque ver a su pequeño la hacía olvidar todo lo anterior, se había sentido temerosa al principio pues a pesar de las clases no sabía bien cómo sostenerlo o estar segura que lo había limpiado apropiadamente al cambiarle el pañal, en eso agradecía tener a su madre a su lado y se daba cuenta además que lo que les dijo esa pareja tiempo atrás acerca de que los bebés no eran tan frágiles tenía su componente de verdad.
Para las diferentes comidas debía bajar las escaleras para ir al comedor y a pesar de ser un ejercicio recomendado, igual se quejaba. Kiba intentó llevarla en brazos en una ocasión, pero la cicatriz en su abdomen le incomodó en el momento que lo hizo, así que no lo volvió a intentar. Tsume por su parte solo la veía tal y como siempre, si antes del parto escasamente le dirigía la palabra, ahora parecía que ni siquiera tenía lengua. Además que las malas miradas también se iban hacia su progenitora que se dedicaba a ignorarla y enfocarse en el motivo por el que había ido hasta allí, y eso era ella.
Pasadas las 2 semanas que su madre tenía de vacaciones fue el momento de despedirse, no fue necesario pedirle a Kiba que la llevara hasta la casa, él mismo se ofreció a hacerlo y ella quiso ir también pues su padre no había tenido la oportunidad de ir hasta allí por lo que quería que conociera a su nieto. Hasta el momento había pensado que su esposo era un buen conductor, y en ese recorrido había sido prudente en exceso pues ella iba sentada en la parte de atrás con Ryuu en brazos porque todavía no habían instalado la silla infantil y él no quería que nada le llegara a pasar a ninguno de ellos.
Su padre siendo un hombre estricto y por lo general muy serio dejó ver otra faceta en cuanto vio al bebé y lo sostuvo en brazos por primera vez, haciendo sonidos infantiles a la vez que lo acunaba y ellos sentados en el comedor se dedicaron a sonreir, al menos por su lado de la familia podían contar con que Ryuu tendría unos abuelos que lo consentirían en exceso. Cenaron todos en el lugar algo que Kiba pidió a domicilio y se despidió de sus padres prometiendo que volvería a llevarles a su nieto pronto. Siendo el trayecto de regreso en el auto nuevamente con toda la precaución de la que su esposo era capaz. Al llegar le abrió la puerta del vehículo y la ayudó a bajar, el bebé en sus brazos se encontraba adormilado así que caminaba más despacio de lo habitual para no sacarlo del letargo y que llorara. En el momento que abrieron la puerta principal se frenaron en seco, Tsume estaba sentada en el recibidor con un sobre en la mano.
- Hoy llegaron los resultados de la prueba de ADN — fue el saludo, por lo que supo después la muestra de sangre fue tomada mientras todavía estaban en la clínica y la respuesta tardaba de varios días hábiles
- ¿Y bien? — Kiba a su lado la abrazó por la cintura
- No lo he abierto, hay algo que quería mostrarles primero — señaló la mesa en donde había lo que parecía un álbum de fotos
- ¿Qué es?
- Es una foto tuya de cuando tenías la misma edad que Ryuu ahora — era la primera vez que la mujer se refería al pequeño y más por nombre propio. Se puso de pie y les extendió la imagen que su esposo recibió con la mano libre — no necesito abrir el sobre, tu hijo es idéntico a ti — los dos vieron la foto, comprobando que sus palabras eran reales — no te equivoques, sigo pensando que es una cazafortunas — y sin más los dejó solos
- ¿No vas a revisar el resultado? — preguntó al ver que Kiba avanzaba hasta el sobre y empezaba a romperlo sin abrirlo
- Nunca he dudado que Ryuu es mío — tras depositar los trozos de papel en la basura se aproximó a ella y la besó suavemente — por si no lo recuerdas... yo también estaba ahí el día que lo concebimos — su piel se erizó por el tono de voz que usó y los colores subieron a su rostro — ¿todavía tienes esa falda? — ella asintió con la cabeza y un nuevo beso hizo presencia, pero ahora mucho menos inocente que solo un roce de labios — muero por verte con ella puesta
- Kiba... — suspiró — lo primero es que no me queda buena en este momento — todavía tenía los kilos de más ganados con el embarazo — lo segundo es que el médico lo prohibió
- No te preocupes, olvidas que puedo ser muy paciente... sé que mi paciencia será recompensada — la besó una última vez antes de apartarse pues su hijo lloriqueó — ¿quieres algo de la cocina?
Negó con un movimiento de cabeza y se dirigió a las escaleras, tomando impulso para empezar a subirlas e ir a cambiarle el pañal al infante. Pensando en lo mucho que amaba tanto al pequeño en sus brazos como al hombre con el que se había casado.
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Att: Sally K
