Aclaraciones: Sin POV definido
Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial
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Disfruten la lectura
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Capítulo 12. Familia
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Ryuu había cumplido hacía poco su primer mes de vida cuando la empresa de construcción les notificó que la casa estaba terminada y podían ir a revisar que todo estuviera en orden. Eran menos de 5 minutos en auto y alrededor de 20 caminando, así que metió a su bebé entre el coche infantil y salieron en esa dirección. Técnicamente no era el mismo barrio, aunque seguía siendo el mismo sector de la ciudad repleto de familias acaudaladas.
La fachada de la vivienda había cambiado por dos motivos, el primero era la ampliación hecha y el segundo que habían elegido un acabado en piedra diferente. Resaltaba en esa calle por ser la más pequeña de todas pero era exactamente como ellos la habían imaginado y la sensación que la invadió la primera vez que fueron a verla sobre ser cálida y acogedora seguía allí. Tomó al bebé en brazos mientras caminaban por cada una de las estancias, el área del comedor tenía una hermosa decoración en una de las paredes y en la cocina ya se encontraba la enorme nevera y la estufa, un regalo de la empresa de construcción por la tardanza. Las habitaciones del primer piso solo cambiaron en cuanto a la pintura y apreció el barandal de la escalera elegido por su esposo, afortunadamente ya no estaba tan adolorida por lo que no le incomodó subirlas y ver los nuevos cuartos con sus respectivos baños. En el de ellos por idea de ella se había incluido una pequeña chimenea con la que había soñado desde que era niña, el cuarto de Ryuu tenía un enorme mural infantil.
Kiba firmó el recibido y ella salió con una enorme sonrisa del lugar. Regresaron a la enorme propiedad para ir por el auto y ahora salir de compras, la silla infantil ya había sido instalada por lo que con cuidado acomodó al bebé en esta e igual se fue sentada atrás por si acaso. Había creído que su esposo mudaría las cosas que tenía tanto en su cuarto actual como en el departamento en la ciudadela pero él le dijo que además de una parte de la ropa, los libros y algunos objetos pequeños, no pensaba llevar nada más, todo lo restante tendrían que comprarlo. Así que ese fin de semana ese fue el plan.
Ellos eran 3, por lo tanto un comedor de solo 4 puestos sería pequeño en caso de invitar a cenar por ejemplo a sus padres o a su suegra y Hana, así que la elección era uno de 6 pues algo de 10 ya era demasiado. El que había en la casa de sus padres era sencillo, nada parecido a los que estaban viendo mientras el vendedor explicaba las ventajas de que fuera de roble, nogal o cedro, ya había aprendido que su esposo no le daba importancia realmente al precio por lo que se dedicó a fijarse en la que más bonita le pareciera y dejó las opciones en 2, de las cuales él eligió el de nogal porque prefería las tonalidades oscuras y la filigrana que tenía el vidrio. En el lugar eligieron de una vez el escritorio para el estudio y los juegos de alcobas, tanto el de ellos como el de Ryuu porque tenían una cama cuna que les gustó.
Todo sería entregado directamente en la nueva casa y ella pensó que tendría que estar allí para recibirlo, pero el Inuzuka le dijo que no sería así. Una de los sirvientes de la propiedad se fue hasta el lugar y se encargó de dejar todo en orden, incluyendo el llevar la ropa y los objetos que pasarían. Así que el sábado 3 semanas después ellos se subieron al auto con un par de maletas que era lo último que faltaba y al estacionarse se sonrieron uno al otro, era el primer día en su propio hogar como familia.
- Lo siento, pero tengo que hacer esto — ella no entendió en un principio sus palabras, pero tuvieron sentido en el momento que la levantó en brazos para cruzar de esa forma el umbral juntos. Consiguiendo que ella empezara a reír y tan pronto la dejó en el suelo lo besó.
Todos los objetos estaban en su respectivo lugar e incluso Yuuki iba a pasar ahora a trabajar para ellos, de momento no consideraban necesario tener más personas a su servicio, bueno, a un jardinero que iría un par de veces a la semana para cuidar las diferentes plantas en la enorme zona verde que tenían. Su primera comida fue preparada por ella misma, siendo algo sencillo que estaba dentro de los alimentos que podía consumir dado que estaba lactando.
En la noche fue ella quien buscó los labios de Kiba, aunque a veces le dolía y todavía no se sentía del todo cómoda con su cuerpo a pesar de estar empezando a hacer un poco de ejercicio para regresar pronto a su talla antes del embarazo, la verdad es que quería volver a estar con él y claramente no encontró una negativa. Disfrutando juntos del hecho que en la clínica le habían inyectado un anticonceptivo por lo que podían continuar igual que desde que se enteraron de su embarazo, es decir, sin pensar de momento en usar alguna protección adicional. Una forma casi perfecta de pasar su primera noche ahora que vivían solos.
Hana fue el domingo a la hora del almuerzo y admiró la vivienda, diciendo de paso que la enorme propiedad ahora se sentía prácticamente vacía sin ellos allí. Le dijo a su amiga, de hecho cuñada, que era bienvenida siempre que se quisiera pasar por la casa.
El lunes Kiba se fue al trabajo y ella se quedó a solas con su hijo, o bueno, algo así. Yuuki estaba en la cocina y le sirvió el desayuno tan pronto bajó, dedicándose luego a limpiar la casa, preparar el almuerzo y posteriormente la cena. Contrario a lo que pasaba cuando estaba en la casa de Tsume, no se sentía incómoda al recorrer la vivienda o en el comedor, de hecho le gustaba.
Acomodó a Ryuu en el moisés para que la acompañara mientras ella hacía yoga en la sala. Alternando su rutina diaria entre el ejercicio, leer o ver algún vídeo en los idiomas que seguía practicando y por supuesto, pasar tiempo con su hijo que parecía por fin estar creando horas de sueño y alimentación fijas. Debía decir que sin duda amamantarlo era su parte favorita del día, era un momento en el que solamente existían ellos dos, en el que lo único en lo que parecían enfocarse sus pequeños ojos del mismo color de los suyos era en su cara y ella también se dedicaba a ver el rostro de su bebé, un rostro con rasgos casi idénticos a los de su esposo.
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Su trabajo era mayormente aburrido, en especial porque lo alejaba más horas de las que él quería de su casa, incluyendo en esta palabra su esposa e hijo. Tenten le había dicho cuales eran las horas en las que Ryuu comía y dormía pues a sus poco más de 3 meses tenía un horario definido, así que él la llamaba cuando sabía que estaba despierto y no amamantando. De hecho, le había tenido que comprar un nuevo celular a su esposa para que tuviera una cámara decente y así retratar cada uno de los momentos que él se perdía por su trabajo. Le parecía increíble ver la velocidad a la que estaba creciendo y ahora pesaba 6 kilos, todos los compañeros y subalternos en la oficina le comentaban que un día parpadeaba y lo siguiente que notaría es que el niño ya caminaba y corría por toda la casa, siendo ahora el dilema atraparlo y ni qué decir de cuando empezara a hablar.
La foto de su graduación junto a su esposa se encontraba tanto en su casa como en una de las paredes de la oficina, también tenía otra del día que su hijo cumplió los 3 meses y que de cierta forma lo alegraba, pues era casi una conmemoración de un año atrás cuando había regresado de su viaje y retomado la relación con la castaña. Aunque cumplía mes los 5 y ellos lo habían concebido un 7 de diciembre, fecha que por cierto habían celebrado con una agradable velada. Aunque ahora lo que se avecinaba era navidad, en la empresa no trabajaría desde el 21 y retomaría el 4, por eso estaba pensando si un viaje corto era una opción o solo quedarse en la casa y ya.
Su progenitora había dicho que haría una cena en la víspera con varios invitados importantes así que lo quería presente y por su parte la castaña dijo que le gustaría ir con sus padres en navidad, si bien era su primer año como esposos, le sentaba mal pasar la fecha lejos de ellos. Así que el acuerdo era ir al menos un par de horas en la víspera a la reunión de su madre y al día siguiente ir con sus suegros, quienes de paso estarían dichosos de poder compartir con su nieto. No iba a decir que su propia madre era una mala abuela, es solo que ni siquiera había sido lo que se considerara una madre cariñosa para esperar una actitud semejante hacia su pequeño dragón.
Buscó por internet una empresa que le llevara a sus suegros los ingredientes para que tuvieran una cena navideña buena, sabía que estaban un poco mejor económicamente desde que la castaña se había mudado a la propiedad, pero seguían manteniendo justos y conociéndolos preferirían gastar lo poco que hubieran ahorrado en algún obsequio para su nieto que en algo para ellos. Al menos tenía la tranquilidad que su proyecto del hotel había sido fructífero y desde que lo había comprado puso en práctica lo que había estipulado, empezando por hacer algunas alianzas para que fuera el lugar de alojamiento cuando se hacían convenciones en la ciudad, de esa forma su suegra tenía su puesto asegurado. Después pensaría si era necesario intervenir en la fábrica de pescado, aunque la verdad es que el negocio de los alimentos no le llamaba mucho la atención.
Junto con Tenten fueron a comprar los obsequios para todos, riendo en el almacén pues ninguno de los dos sabía que darle a su progenitora. Desde la mudanza le había dado a la castaña una tarjeta de crédito amparada en la suya propia, con esto ella podría comprar cualquier cosa que necesitara bien fuera para ella, para la casa o para su hijo y hasta el momento podía ver en los movimientos bancarios que no la usaba para gran cosa, más allá de ir al supermercado o retirar pequeñas cantidades de efectivo con las que probablemente pagaría los taxis. Aunque era obvio que la usaría eventualmente para comprarle su regalo, todavía conservaba la camiseta que le había dado el año anterior de cumpleaños. Por su parte para ella había comprado un juego de joyería en oro blanco, le gustaba mantener el color que combinara con sus anillos de casados.
La noche de la víspera la ayudó a subir el cierre del nuevo vestido elegante que le dio para la ocasión, no estaban seguros si la invitación incluía o no a su hijo, pero igual decidieron llevarlo pues no se sentían bien con la perspectiva de dejarlo a tan corta edad con una niñera, si algo como en la propiedad todavía había una cuna podrían recostarlo en esta de ser necesario o en su antigua habitación. Fueron en el auto pues no sabían a qué hora saldrían y no se sorprendió de ver que los espacios para aparcar estaban llenos casi en su totalidad, el concepto de su madre de algunos invitados era mínimo una treintena.
Al entrar empezaron a saludar de una vez a todos, algunos de los presentes habían estado en el cumpleaños de Hana cuando oficialmente presentó a Tenten como su esposa y la reconocieron, siendo ahora el turno de introducir en sociedad a su hijo para aquellos que no estuvieran al tanto de su existencia, comprobando de paso el probable rumor que existía por ahí que se habían casado tan precipitadamente porque ella estaba embarazada. Los comentarios acerca que Ryuu era una copia en miniatura suya no se hicieron esperar, exceptuando los ojos que eran chocolate en lugar de negros. Cuando por fin se cruzó a su progenitora estuvieron un rato junto a la mujer mientras esta presumía a su nieto, cosa que a solas nunca hacía.
Su esposa se excusó antes que sirvieran la cena para ir a alimentar a Ryuu y de paso acostarlo a dormir, el pequeño le recordaba a sí mismo en que se ponía irritable y algo estresado cuando estaba muy cansado, algo que al menos para él era cosa del pasado al haber terminado la universidad. Tan pronto regresó por fin pasaron a la mesa, optando al final por quedarse en la propiedad pues Tenten dijo estar cansada y no querían despertar innecesariamente al bebé que solía dormir casi toda la noche sin problema.
A la mañana después de desayunar se fueron a su casa para volver unos minutos después y dejar los regalos, recibiendo los de ellos y luego sí yéndose para la vivienda de sus suegros, quienes definitivamente estaban felices de poder tener con ellos al bebé. Tenten no estaba al tanto de lo de la cena y se enteró cuando su suegra comentó que les había guardado un poco, la mujer había cambiado la receta por algo que develaba su país de origen e igual estaba delicioso. Se sorprendió al ver que lo habían incluido a él también en los regalos, entregándole una pequeña caja que contenía una corbata cuyo color le gustó. A la castaña le dieron un vestido de los que normalmente usaba antes del embarazo y a Ryuu le dieron un móvil para colgar encima de la cuna con unos pequeños peluches con los diferentes planetas.
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En su primer y único San Valentín como novios no habían hecho nada más allá de una llamada pues había sido un miércoles y Kiba tenía clases, así que no estaba segura si para ese año ya como esposos harían algo para la ocasión. Podría preguntarle, o tal vez planear alguna cena romántica sorpresa en la casa pues nuevamente la fecha caía entre semana. Esperaría a terminar sus ejercicios de la mañana antes de dedicarse a buscar alguna receta que le pareciera acorde, su esposo era un devoto carnívoro así que le llamaba la atención intentar hacer un tomahawk, un rib eye o algo similar, eso sí, ser ella quien cocinaba y no delegarle nada a Yuuki. Sería su cena especial y si era un éxito o un fracaso dependería únicamente de sus habilidades culinarias.
Había alimentado a Ryuu antes de empezar a hacer su yoga matutino pues de esa forma sus senos le incomodaban menos así que ahora el pequeño estaba cerrando los ojos para tomar su siesta de la mañana. En el momento que comprobó que estaba dormido corrió a la ducha, bañarse en 5 minutos mientras su hijo dormía era una habilidad perfeccionada desde que el pequeño había cumplido los 2 meses. Salió del baño envuelta en la toalla y notó satisfecha que seguía dormido, por lo que fue a su lado del guardarropa y evaluó las opciones, mordiéndose el labio al ver la falda que Kiba le había dicho que quería volver a verle usar. Se puso la ropa interior y dejó la toalla a un lado para verse en el espejo de cuerpo completo, la cicatriz de la cesárea era apenas perceptible y su panty la cubría, además según la balanza le faltaba 1 kilo para tener su peso de antes del embarazo y la imagen reflejada le mostraba que se veía casi igual que el día que se enteraron de estaba encinta.
Así que tomó la prenda y se la puso, dando un grito emocionada al ver que el cierre subía sin complicaciones. Por un momento pensó en tomar la foto al reflejo para enviársela a su esposo, pero al final decidió que la dejaría a un lado y la usaría en San Valentín, que a fin de cuentas faltaban solo unos días. Buscó el vestido que le regalaron sus padres de navidad y eso fue lo que se puso, era una talla más de lo que normalmente le daban y de hecho ahora podía notar que le empezaba a quedar ligeramente holgado. No es que fuera vanidosa, nunca se había considerado de tal forma, pero la idea que su esposo la siguiera encontrando hermosa le gustaba, de ahí que realmente se hubiera puesto como meta regresar a esa falda.
- ¿Cómo está Ryuu? — su usual llamada con Kiba llegaba a tiempo, el bebé acababa de despertarse y ella lo había acostado en el gimnasio infantil que tenía en la sala mientras buscaba en el computador portátil la receta en la que había pensado para hacer la lista de ingredientes
- Está empezando a comer más, ¿qué dices cariño? ¿ya puedes decir mamá? — un balbuceo alegre fue la respuesta y ella le movió uno de los juguetes para que regresara la atención a este — ¿cómo va tu trabajo?
- Aburrido, por cierto hermosa ¿quieres ir a una obra de teatro el jueves?
- ¿El jueves?
- Sí, pensaba que por San Valentín podríamos salir un par de horas solos... uno de los coordinadores me recomendó esa obra y luego podemos ir a cenar — ella sonrió aunque la cámara no la estaba enfocando — la pulga me dijo que podemos dejar a nuestro dragón en la propiedad y ella lo cuida
- ¿Es elegante? — por su cabeza pasaba su plan usar la falda
- Para nada, ¿quieres que vayamos a un restaurante elegante?
- No, cualquier lugar que elijas está bien
- Perfecto, compraré las entradas entonces — a lo lejos pudo escuchar el teléfono de la oficina sonar — lo siento cariño, debo regresar al trabajo
- Nos vemos en la noche, te amo
- Y yo a ti
La llamada se cortó y ella dejó de lado su búsqueda de los ingredientes para la cena, dedicándose entonces a jugar con su hijo que entraba en la fase en que le encantaba escucharla hablar además que gagueaba algunas silabas, por su cabeza solo pasaba que el día que le dijera mamá iba a llorar de emoción.
Kiba quedó de pasar por ella a la casa para luego ir en el auto hasta la propiedad, aunque allá había casi todo lo que su hijo llegase a necesitar esa noche, igual se encargó de extraer la leche suficiente para que pudieran alimentarlo mientras no estaba y empacar algunas prendas. Cuando la tarde iba por mitad tomó una nueva ducha, aprovechando para bañar también al bebé y luego de vestirlo procedió a buscar su falda. Se puso las medias bucaneras grises y unas botas que había adquirido la última vez que había ido de compras con Hana, aunque la blusa era diferente pues sus pechos estaban un poco más grandes, igual le gustaba lo que veía en el espejo.
- ¿Qué dices cariño? — le preguntó a Ryuu que manoteaba con un juguete — ¿Crees que a tu papá le guste? — se mordió el labio y alistó el abrigo largo pues seguían en invierno y sería una noche fría. Retomó lo de tener la maleta infantil lista cuando vio el mensaje del Inuzuka acerca de ya estar llegando. Se puso el abrigo de una vez y tras contar dos minutos salió a la calle en donde él acababa de aparcar, acomodando de una vez a su hijo en la silla especial y luego subiéndose al asiento del copiloto para saludarlo con un beso. Pudo sentir sus ojos oscuros como evaluando su atuendo pero no dijo nada al respecto, o al menos no hasta que salieron de la propiedad tras dejar al bebé con Hana y dudar por un momento si era buena idea el salir solos, confiaba en su cuñada pero era la primera vez que estaría tanto tiempo alejada y se estaba arrepintiendo
- Tenten — la voz de su esposo la sacó de su mente, él ya estaba del lado del piloto listo a subirse mientras que ella dudaba en el pórtico — ¿qué tienes puesto?
- ¿Qué? — solo entonces se fijo que en ningún momento había abierto el abrigo — dijiste que no era elegante
- Así es — pausó por un momento — muéstrame — ella se mordió el labio ¿y si le decía que era inapropiado para la ocasión? Exhaló pesadamente antes de desapuntar los botones y por un momento se sintió como esas películas en las que hay un exhibicionista que no usa nada bajo el largo abrigo. Lo abrió y pudo verlo respirar profundamente
- Vámonos — su voz le pareció irreconocible por un momento, por lo que lo obedeció
- ¿Está mal? — él no le contestó — podemos pasar a la casa y me cambio rápido si no es adecuado
- No es necesario — ¿era su impresión o iba un poco más rápido de lo usual?
Se detuvieron por un semáforo en rojo y dio un respingo cuando sintió la mano de él justo en su pierna arriba de sus medias, ascendió lentamente pero cuando estaba a punto de rozar su ropa interior la luz se puso en verde y volvieron a avanzar por entre las calles. No tenía ni idea de en donde quedaba el teatro pero no le estaba prestando atención al camino, solo a su esposo que cada vez que debía frenar la acariciaba ligeramente bajo la falda.
Las luces de la ciudad quedaron atrás y no estaba segura de cuánto tiempo después se detuvieron en un lugar oscuro que le era imposible reconocer, el sonido del motor dejó de escucharse y lo siguiente fue el clic del cinturón de seguridad que era soltado. Kiba se lanzó a sus labios a la vez que le quitaba a ella el cinturón y no fue difícil entender en dónde estaban además del porqué habían ido hasta ese lugar. El asiento infantil les complicó un poco el asunto pues el espacio disponible en el asiento trasero era menos que la anterior vez, pero eso no impidió que siguieran en lo que hacían.
- Amo esta falda — él tenía la cabeza enterrada en su cuello, recuperando la respiración al terminar
- Pensé que era inapropiada para ir al teatro
- Ah sí, respecto a eso... creo que ya no alcanzamos a llegar a tiempo a la función — los dos empezaron a reírse — pero podemos probar suerte en el restaurante que queda cerca, de pronto nos reciban sin reservación
- No quiero ir a algo estirado — contestó con un puchero, él había ido a la guantera y le entregó los pañuelos para que se pudiera limpiar
- ¿Vamos por una hamburguesa? — ella dibujó una sonrisa, ese plan le gustaba mucho más.
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Att: Sally K
