Aclaraciones: Sin POV definido

Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial

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Disfruten la lectura

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Capítulo 14. Grieta

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Agradecía que el pico de trabajo que había tenido Kiba había disminuido y ahora era por mucho 1 vez a la semana que tenía que quedarse hasta tarde, y no era todas las semanas. Así que estaba más en casa e incluso parecía más cariñoso que antes, no es que no lo fuera normalmente, pero de una forma u otra parecía estar un poco más pendiente de todo en el hogar. Los sábados a veces iban al parque en donde a Ryuu le encantaba correr y jugar en la arena, y a pesar de ser una pesadilla bañarlo después, le encantaba ver a su esposo compartir tanto con el bebé. Bebé que por cierto ya la había hecho pasar toda una tarde tapando todos los tomacorrientes, poniendo una cerca que le evitara el acceso a las escaleras y comprar varios tipos de protectores de esquinas para hacer su vivienda un poco más adecuada para su exploración.

No es que entre ellos en algún momento se hubiera apagado la pasión, lo máximo es que estuvo pausada antes que diera a luz y en su recuperación de la cesárea, pero definitivamente nunca había estado tan elevada como en ese momento y eso definitivamente no era una queja o reclamo. Por momentos le parecía recordar tiempo atrás cuando iban al departamento en la ciudadela y tenían que aprovechar al máximo el tiempo pues no volverían a estar juntos hasta la siguiente semana, con la diferencia que ahora estaban casados, vivían juntos y la siguiente vez era a la noche siguiente. En resumen, su matrimonio iba muy bien.

Empezando diciembre habían ido al médico, no le gustaba mucho asistir así que por lo general sus propias citas coincidían con las idas al pediatra, por lo que a Ryuu lo revisaron para corroborar que a pesar del problema en el primer trimestre de su embarazo, era un niño sano que crecía fuerte. En el caso de ella le habían puesto en el brazo un dispositivo que evitaría que quedara en embarazo por los siguientes 5 años, pues estar siendo inyectada trimestralmente era doloroso y poco práctico si de pronto llegaban a viajar cuando la fecha coincidía.

Le había pedido a Kiba que decoraran su hogar por navidad y él le dijo que fuera de compras con Hana y ya el fin de semana la ayudaría a hacerlo. Así que con su cuñada fueron a distraerse a un centro comercial en donde de paso ella estuvo buscando los regalos para la época, en general solo compraba lo estrictamente necesario y en esa ocasión renovar su ropa interior le parecía importante. Llevando de una vez algunas prendas para su hijo y unos suéteres navideños a juego para los 3, le parecían de lo más cursis pero a la vez le hacía ilusión que se tomaran una foto vestidos así. Su cuñada sonreía de verla feliz, aunque era reacia a pensar en la palabra matrimonio a pesar de estar empezando un noviazgo, decía que le gustaba ver que el de ella estaba fluyendo así de bien.

Al día siguiente de su tarde de compras y tras estar segura que su nueva ropa interior estaba debidamente lavada y limpia, se puso uno de los juegos que consideraba muy revelador. En la noche Kiba fue el encargado de dormir al pequeño dragón y cuando entró a la habitación ella estaba sobre la cama solo con esas prendas, no estaba segura de saber cómo ser sensual o sugerente pero la respuesta obtenida en él era la esperada. Se había subido a la cama encima suyo y empezado a besarla casi con desespero, ya no era tan tímida e inexperta como en su primera vez, así que le fue soltando los botones de la camisa, desatando también la corbata para lanzarla al aire y luego arrojar también la camisa. Él se acomodó boca arriba ligeramente incorporado en los codos y su mirada denotaba lo que esperaba que hiciera, por lo que pasó saliva antes de empezar a descender con sus labios desde sus pectorales hasta su ombligo, abrió el cinturón y el pantalón antes de hacer las prendas inferiores a un lado.

Lo escuchó exhalar pesadamente en el momento que empezó a lamerlo, ese era el tipo de cosas que había escuchado en su adolescencia que las parejas hacían y le parecía imposible pensar que ella haría algo así, aunque también lo había pensado de las videollamadas subidas de tono y las dos cosas las había hecho con el mismo hombre. Tomó el miembro desde la base para poder metérselo mejor a la boca y tras subir y bajar un par de veces él la tomó por el cuello con más fuerza de la que había usado hasta entonces y con una estocada dada con la cadera forzó que le cupiera todo, haciendo un par de movimientos a lo que ella con una mano trató de zafarse del agarre y con la otra se apoyó en una de sus piernas para ayudar a empujarse y apartarse, empezando a toser y tratar de recuperar la respiración por la forma en que había sido casi asfixiada.

- Cariño, lo siento — se excusó él de una vez frotando su espalda y luego ofreciéndole un poco de agua de un vaso que solía mantener en las noches en la mesita, ella negó al agua incapaz de verlo en ese momento. No le había gustado ni un poco sentir que la sometiera de esa forma ni mucho menos que hiciera algo que ya habían intentado en ocasiones previas con el resultado que no podía hacer lo de introducírselo todo en la boca — ven hermosa, perdón — la abrazó — no sé que pensé, no lo haré de nuevo

Habían vuelto a besarse luego que Kiba se disculpara un par de veces más y retomado lo que hacían, antes de dormirse agotada como todas las noches lo vio levantarse para ir al baño y detalló que en su espalda había una marca de un rasguño que si bien no estaba segura de haberle hecho, pues solía mantener sus propias uñas muy cortas por su hijo, no le dio mayor importancia, a veces su esposo era un poco más fogoso de lo usual y de pronto esa fue su reacción llevada por el calor del momento. Pero por si acaso al día siguiente volvería a limárselas, no quería que un incidente así se repitiera.

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Había sido un IDIOTA, sí, con todas las letras en mayúscula. No supo exactamente que pasaba por su cabeza en el momento que agarró a Tenten por el cuello de esa forma, tal vez había sido un ligero lapsus en el que la había confundido con la pelirroja quien sí podía metérselo hasta el fondo de la garganta y con quien podía usar mucha más fuerza de la que solía con su hermosa pero delicada esposa. La castaña entre sus brazos murmuró algo dormida y se acercó más, por lo que enterró la nariz en su cabello e inhaló profundamente mientras su voz interna le reclamaba parcialmente lo que le estaba haciendo.

Porque ese día de la reunión por el cumpleaños de su hijo había hecho uso del sofá que tenía en su oficina para tener sexo con la secretaria del director contable. Tayuya, le dijo que se llamaba y para él fue irrelevante ese dato pues estaba ocupado en desvestirla y volver a abrir su pantalón. La realidad lo golpeó una vez la pelirroja se vistió y se retiró, por lo que se fue para el baño, quedándose un rato viéndose al espejo en busca de alguna señal de la falta que acababa de cometer. Se cepilló los dientes antes de volver a su escritorio, firmar los informes que no había terminado de leer y se fue para el auto, revisó las notificaciones de su celular sin abrir la aplicación de mensajería, su esposa le había escrito varias veces pues se estaba perdiendo el evento y quería que estuviera presente en el momento del pastel.

Condujo mientras se convencía que había sido un error pasajero y ya, sintiendo una nueva punzada de culpa al ver a su esposa saludarlo con alegría y a su hijo pedir que lo tuviera en brazos. Así que mientras daban la caminata para saludar a los invitados y luego se partía el pastel, él se dedicó a intentar hallar algún tipo de calma en el vino que iba de lado a lado. No podía decirle lo que había hecho, no sabía ni por donde empezar pues culpar a su estrés en el trabajo no era suficiente, en eso seguía divagando en la cama a la vez que ella metía a la cuna al bebé y al verla en la habitación decidió que no le contaría, de hecho necesitaba poder por fin estar con ella para recordarse que la amaba y había sido solo un error pasajero que no iba a volver a pasar.

El lunes llegó a la oficina y se concentró en su trabajo, no pensaría en idioteces y no volvería a caer en hacerle esa bajeza a su esposa. O eso quiso prometerse pues en el momento que vio esa diminuta cintura de nuevo sus ojos tuvieron vida propia y el pensamiento que predominaba en su cabeza era volver a arrancar esa falda. Y eso hizo, cuando el reloj marcó el fin de la jornada la pelirroja entró a su despacho empezando de nuevo con una mamada que lo hizo olvidar todo su dilema anterior.

Apaciguaba a la molesta voz en su cabeza estando mucho más pendiente de su familia y de hecho por raro que sonara, deseaba más que nunca estar con su esposa. El sexo era muy diferente entre una y otra, y si bien nunca se había considerado como alguien cuya vida girara en torno al placer, le encantaba poder satisfacer sus más oscuras fantasías con Tayuya a la vez que podía ser solamente cariñoso y atento con Tenten, de ahí que su agenda estuviera organizada para poder verse cada tanto con su amante sin que pareciera sospechoso en casa que tuviera que quedarse muy seguido hasta tarde. Por eso se estaba reprochando tanto su error.

Con la cercanía de la navidad llegaban sus pequeñas vacaciones de la oficina. Se aseguró que todo estuviera en orden en su trabajo antes de irse a su casa, le encantaba que siempre después de abrir la puerta llegaba Ryuu corriendo seguido de cerca por Tenten que de paso le contaba a veces que cada vez le era más difícil cansarlo y por eso el sótano ya estaba adecuado para que pudiera correr a salvo de lado a lado e incluso dibujar en las paredes con libertad.

Por decisión de su madre la víspera de Navidad sería en el club y la invitación decía claramente sin niños, algo a lo que Tenten frunció el ceño, aunque al final aceptó asistir pues entendía que para él era importante ir a ese tipo de eventos por los negocios que solía mantener paralelos a su trabajo. La ventaja es que sus suegros tenían libre al día siguiente y por eso no debían contratar una niñera, estos pasarían la noche en su hogar y así de paso cuidaban a su hijo. La castaña les mostró donde estaba todo, incluyendo la cena para ellos que Yuuki les había preparado y tras abrazar a Ryuu explicándole que volverían en algunas horas salieron rumbo al lugar.

Le entregó las llaves del auto al valet parking y entró con su esposa de la mano al enorme salón en el que se encontraban varias de las familias más acaudaladas de la ciudad e incluso del país, ministros, senadores y otros gerentes de grandes compañías que cada tanto disfrutaban reunirse en ese lugar para hablar entre ellos de cuanto habían crecido sus arcas o sus planes de expansión por lo general internacional. Tenten a su lado guardaba silencio mientras él mencionaba en qué estaba en la empresa, porque la que todavía tenía las riendas del negocio era su progenitora y no aceptaba que nadie le dijera cómo debía llevarlo. Su teléfono vibró mientras reía y bebía una copa de champaña con un nuevo magistrado, así que tras desocupar la bebida y dejarla en una de las bandejas que llevaba los meseros revisó de reojo el mensaje, era una foto de él mismo junto a la castaña y al reconocer el ángulo desde el que había sido tomada dirigió allí su mirada, notando el rojo cabello de Tayuya.

- Voy al baño, regreso en un momento cariño — le dio un ligero beso y un apretón de manos ante el ligero puchero de su esposa por ser dejada sola en medio de todos. Al ver que iba en su dirección la pelirroja le dio la espalda y se alejó de la multitud — ¿qué haces aquí?

- Feliz navidad a ti también — le contestó con una sonrisa provocadora — vine como la pareja de alguien... no sabía que tu inocente esposa asistiría contigo

- Lo dijiste, es mi esposa — se habían apartado y ahora estaban solos — debo regresar — aseveró al reconocer la forma leonina en que ella se le acercaba

- ¿Seguro que no quieres tu regalo primero? — pasó saliva pesadamente por la caricia que dejaba claro a qué se refería y tan solo se recostó contra la pared a la vez que se enfocaba en culminar lo más rápido posible con eso su ausencia del evento no se notaría tanto — espero puedas darme mi regalo pronto — fue la despedida, él se cercioró que su traje estuviera en orden y regresó al salón en donde ya todos estaban tomando asiento para la cena

Tenten se notó aliviada en el momento que se sentó en su lugar y de reojo pudo ver que la pelirroja efectivamente avanzaba entre las mesas, no era el único que la veía pues el vestido era bastante revelador, la mujer tomó asiento junto a un hombre que casi parecía su padre aunque por la forma en que la abrazó era claro que no lo era. Era casi la 1 de la mañana cuando por fin se fueron del club en dirección a su casa, la castaña estaba adormilada pues no solía trasnochar porque su hijo despertaba temprano en las mañanas. Ingresaron en silencio y ella se quitó los tacones en la sala para no hacer ruido al caminar, bajo el árbol que ellos mismos habían decorado ya podían verse varios regalos apilados.

- Oye, espera — le dijo en un susurro al ver que iba a subir las escaleras — ¿qué es esto?

- ¿Qué? — preguntó ella sin entender y él movió el brazo para que viera hacia arriba a lo que estaba sosteniendo — ah, es muérda...

No la dejó terminar la frase pues tal y como dictaba la tradición la besó bajo este, escuchándola reír en el momento que se separaron. Revisaron que su pequeño dragón estaba dormido en la cama cuna y se fueron a su habitación en donde al menos Tenten dejó por un lado el sueño del que se había quejado en el auto.

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Se observó en el espejo y maldijo entre dientes, había logrado crear una excusa el 29 para salir solo sin que pareciera sospechoso e ir a ver a Tayuya, quien había estado escribiéndole insistentemente que estaba esperando su regalo de navidad. El problema es que la mujer le había dejado un nuevo rasguño en la espalda y una marca de dientes justo en su pecho y no había una excusa creíble para justificar tal cosa, menos si tenía en cuenta que Tenten nunca lo había mordido para decir que había sido ella quien lo hizo. Renegó mientras se duchaba pues por ese mismo motivo no la había podido volver a invitar a meterse en el agua con él, debía buscar la forma de mantener la herida oculta hasta que sanara y ya después buscaría la forma de tomar venganza con la pelirroja por ello, era obvio que dejarle marcas visibles no se podía, el anterior rasguño había pasado desapercibido pero la realidad era que ese mordisco sí era imposible de ocultar.

Se las había ingeniado buscando en la cama cuando estaba con la castaña posiciones en las cuales él estuviera tras ella pero igual era un poco raro que no se quitara la camiseta cuando siempre lo había hecho. Al menos su esposa no había pronunciado nada al respecto y esperaba se mantuviera así, se asomó al salir del baño para comprobar que ella no estaba por allí y se puso una camiseta de una vez antes de revisar el armario más a fondo para elegir qué se pondría ese día antes que tuvieran que irse hacia la propiedad. Su progenitora planeaba viajar de vacaciones con su hermana al día siguiente y por eso la despedida de año la pasarían sin un evento grande, nada de invitados de alta sociedad ni mucha gente, solo ellos como familia.

Pasaron la noche en la propiedad, se habían acostado en su antigua habitación tras haber brindado por el nuevo año que comenzaba y que esperaban llegara cargado de nuevos éxitos, Ryuu había levantado su vaso de asa imitándolos mientras ellos chocaban las copas y con una sonrisa Tenten brindó con el bebé. Se había ofrecido a llevarlas al aeropuerto, así que cuando faltaban un par de horas para el vuelo guardó las valijas en el baúl del auto y se fueron todos en dirección al lugar, en la silla de atrás Hana se dedicaba a mostrarle un juguete al infante, quien canturreaba la melodía de la emisora infantil que la castaña sintonizó. Regresaron a su propio hogar cuando el mediodía ya había pasado, por lo que almorzaron algo de recalentado de lo que había en la nevera y Tenten preparó palomitas para que se recostaran a ver una película.

Se habían puesto todos los sacos navideños a juego antes de acomodarse, no era exactamente una película infantil lo que iban a ver, pero sí una que no tenía escenas violentas o subidas de tono pues su hijo estaba recostado con ellos en el suelo de la sala y a su escasa edad ya entendía muchas cosas que pasaban a su alrededor. La castaña le había dado al niño unas fresas cortadas en trozos para que comiera, pues el riesgo de asfixia con las palomitas era alto, lo malo es que no había llevado servilletas o un paño para limpiar al pequeño, por lo que él pausó la película mientras ella se levantaba e iba a buscar con que hacerlo. En ese momento escuchó su teléfono sonar a lo lejos por un mensaje y chasqueó la lengua, lo había dejado en el comedor.

- ¿Te lo alcanzo? — preguntó ella desde donde estaba

- Seguro es la pulga para decir que ya están abordando el avión. ¿Podrías leerlo y contestarle?

- Voy — primero la castaña regresó para entregarle 2 vasos con soda pidiendo que sostuviera el de ella mientras regresaba, luego fue otra vez hacia la cocina y volvió un segundo después, tenía en una mano el trapo que era el motivo para haberse levantado y en la otra el teléfono, estaba viendo la pantalla probablemente leyendo el mensaje de su hermana pues le tenía configurada la huella para que también pudiera usarlo sin problema, caminaba a pasos lentos y de repente se quedó quieta por un momento sin despegar los ojos de lo que veía. Arrojó el trapo y el celular a uno de los muebles y avanzó hacia él, no entendía la actitud pero con decisión ella se arrodilló a su lado empezando a desabotonarle el saco navideño y luego la camiseta tipo polo. Tirando con fuerza de esta hacia un lado y luego pareció congelarse — Kiba...

- Dime — el tiempo parecía haberse detenido

- ¿Quién es Tayuya?

Y ahora fue él quien se quedó completamente frío al comprender que estaba viendo la marca en su pecho que tanto se había esforzado en esconder.

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Tomó a Ryuu en sus brazos y se levantó de una vez, casi había corrido escaleras arriba hasta la habitación infantil para cerrar de un portazo y poner el seguro porque escuchaba a Kiba llamándola antes de perseguirla e intentarla detener. Veía el pomo moverse en el intento de él de abrir desde afuera y solo aferró más fuerte a su hijo mientras intentaba no hiperventilar por lo que acababa de descubrir.

- Tenten, cariño — un par de golpes ligeros sonaron — abre por favor, no es lo que crees — nuevamente el pomo se movió y ella intentaba recordar si Kiba sabía en donde estaban las copias de las llaves de las puertas, porque unas las tenía Yuuki y las otras estaban en su poder pero no en ese momento — cariño, puedo explicarlo — el infante se removió incomodo, claramente lo estaba alterando al estar ella misma alterada — Tenten, déjame entrar — negó con la cabeza como si de esa forma él pudiera verla — cariño, hablemos

El silencio lo invadió todo y trató de entretener su cabeza preparando la bañera para limpiar a Ryuu pues no le había pasado el paño antes, normalmente le ponía alguna canción infantil o ella misma tarareaba mientras hacía esa labor, pero su atención estaba por completo en tratar de escuchar si la puerta de la habitación era abierta. Había una mecedora en una de las esquinas y tras haberlo vestido se sentó allí a arrullarlo, aunque la verdad es que trataba de calmarse a sí misma.

Aunque Kiba le había programado la huella en su celular para que ella pudiera revisar cualquier cosa o buscar alguna dirección en el aparato mientras él conducía, la verdad es que ella no era curiosa y nunca había sentido la necesidad de revisarle los mensajes o nada parecido, confiaba ciegamente en su esposo y ahora se daba cuenta que no debió hacerlo. Inocentemente había tomado el teléfono para ver lo que él dijo sobre posiblemente ser Hana avisando del vuelo, pero la conversación que tenía una notificación era esa con alguien de nombre Tayuya, era una foto y pensando inicialmente que sería algún mensaje de esos de felicitaciones por el año nuevo que algunas personas le enviaban a todo el mundo lo abrió, notando en cambio que era una foto de una pelirroja casi desnuda, casi, porque tan solo usaba una cinta de regalo en el ombligo con un letrero que decía "de mí para ti"

Quiso convencerse que era una broma de muy mal gusto, por lo que siguió caminando mientras con el pulgar deslizó la pantalla para retroceder mucho en la conversación, llegando a principios de noviembre y leyendo que sus conversaciones eran obscenas, había también algunas fechas acordadas que su mente de una vez trajo a colación que eran esos días en los que casualmente él tenía que quedarse hasta tarde supuestamente en la oficina. Estaba pasmada al ir avanzando hasta esas palabras justo antes de la foto que no habían sido contestadas.

Tayuya:
¿Cómo le explicaste a la santurrona de tu esposa la marca que te dejé en el pecho?

Ella no recordaba ninguna marca, pero la parte racional de su cabeza que estaba trabajando a mil por hora de una vez mencionó que desde esa reunión que dijo tener unos días atrás su esposo evitaba que ella le besara el pecho y se hacía a su espalda, comprobándolo al ver que efectivamente tenía las marcas de unos dientes en su pectoral derecho. ¿Cómo pudo ser tan ingenua y no darse cuenta que la estaba engañando? ¿Hacía cuanto lo hacía? Solo había leído desde noviembre, pero la actitud cariñosa de él había empezado mucho antes de eso ¿Era por eso que se había vuelto así? Debió sospechar desde el principio que la excesiva pasión desencadenada de la nada era su estrategia para que ella no se diera cuenta ¿se acostaba con ella tras llegar de acostarse con otra mujer? ¡la tocaba justo después de revolcarse con su amante!

Fue en ese momento que sintió todo dentro de ella quebrarse y empezó a llorar desconsolada. Su matrimonio no era feliz ni nada de lo que había pensado antes, su esposo no la amaba tampoco. Apretó de nuevo a su hijo en un intento de calmarse porque no tenía 5 años para estar así, era ya una adulta y no solo eso, era una madre que debía velar por su primogénito. Era la hora de la siesta así que esperó hasta que Ryuu estuvo dormido para recostarlo en la cama cuna y luego de eso empezó a sacar la ropa de los cajones y la mayor parte de sus pertenencias, dado que aun no se ocupaba todo el armario tras una de las puertas había unas maletas de viaje que dejó en el suelo para ir metiendo todo. Abrió la puerta de la habitación y vio a Kiba sentado frente a esta, poniéndose de pie de una vez, antes que hablara se fue a su propia habitación para tomar su ropa.

- Tenten, cariño...

- Quiero el divorcio — sentenció completamente segura de sus palabras.

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Att: Sally K