Aclaraciones: Sin POV definido

Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial

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Disfruten la lectura

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Capítulo 15. Determinación

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Se quedó inmóvil en medio del pasillo mientras veía a la castaña tomar parte de su ropa y luego regresar a la habitación infantil, empacando todo en una maleta grande. Lo que pasaba le parecía irreal, primero porque su esposa nunca tenía esa mirada y segundo porque todo parecía estar en cámara lenta. La vio bajar las 2 maletas y dejarlas junto a la puerta antes de buscar algo en su celular, una notificación sonó y ella asintió hacia el aparato antes de ponerse el abrigo e ir hacia la cama cuna para alzar con cuidado a Ryuu envuelto en la cobija, el menor protestó dormido por haber sido desacomodado, en el momento que la vio colgarse tanto la pañalera como su bolso personal fue que reaccionó al darse cuenta que ella había hablado completamente en serio al pedirle el divorcio.

- Tenten ¡espera! — la tomó del brazo en el momento que ella abría la puerta principal

- ¡No me toques! — fue un siseo bajo para no terminar de despertar a su hijo que había apoyado la cabeza contra el pecho de su madre para seguir dormitando — buenas tardes — saludó ella al conductor del taxi que acababa de llegar y se había bajado para ayudar con las maletas

- Tenten, por favor... podemos solucionarlo — suplicó en un susurro pues el conductor ya había guardado el equipaje y había regresado a la puerta

- ¿Algo más señora? — ella le extendió la pañalera

- Es todo — sin verlo caminó hacia el vehículo en donde el hombre le abrió la puerta de atrás y la castaña se subió, cerrando de una vez

- Tenten, cariño — no quería hacer una escena en la calle — por favor — vio una lágrima aparecer en su rostro pero ella la limpió de una vez mientras le daba la dirección al conductor

Cuando escuchó el motor ser encendido dio un paso atrás y se quedó viendo el vehículo alejarse hasta desaparecer por completo de la vista. Podía tomar su propio auto e ir tras ellos, a fin de cuenta la dirección dada por ella era la de la casa de sus suegros, pero dudaba poder cambiar algo con Tenten tan enojada. Porque además ¿qué le iba a decir? Si bien había dicho que no era lo que parecía, la verdad es que era obvio que sí lo era ¿o con que otras palabras podía expresar que efectivamente la estaba engañando para que no sonara tan mal?

Volvió a entrar a la casa y soltó una maldición en voz alta, avanzando hasta su celular para ver que la conversación con Tayuya seguía abierta y la foto en lugar de excitarlo le provocaba ira. Normalmente mantenía ese chat específico archivado para que no se viera en el historial, pero cuando había mensajes sin leer sí aparecía y era eso justamente lo que había ocurrido. ¿Cómo pudo ser tan imbécil? ¿Cuándo le pareció buena idea tener una amante? ¿Cómo es que le había parecido más importante el sexo que cuidar a su familia?

Subió las escaleras y se asomó a la habitación infantil, los cajones estaban abiertos y se veían vacíos, sobre la cuna estaban los sacos navideños, el de ella y el del niño, aunque eso no le dolió tanto como entrar a su cuarto y ver de una vez algo que brillaba sobre la mesa de noche de la castaña y que captó su atención por lo que avanzó a pasos rápidos para comprobar que los 2 anillos estaban ahí, el de compromiso y el de matrimonio, era como recibir una patada justo en la boca del estómago. Su estupidez había mandado casi 2 años de matrimonio a la mierda y el hogar que ellos como pareja diseñaron con ilusión en ese momento se sentía completamente frío pues quien lo llenaba de alegría se había ido. Se fue a la cocina, a pesar que Tenten no bebía más de una copa de champaña en celebraciones, tenían un pequeño bar bien equipado, así que agarró un vaso y lo llenó a rebosar de whisky, había perdido lo más importante de su vida y todo había perdido el sentido.

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Evitó llorar en el taxi, aunque podía sentir la mirada del conductor cada tanto a través del espejo retrovisor y no estaba de humor para hablar. Sabía que su madre había tenido que trabajar ese día, pero su padre no, por lo cual sí habría alguien en la casa cuando llegara. El conductor veía con desconfianza las calles a medida que avanzaban, seguro eran contadas con los dedos de una sola mano las veces que había tenido que prestar un servicio desde esa zona de gente adinerada hasta uno de los barrios bajos, tan pronto dejó las maletas frente a la puerta ella le pagó con el dinero que solía sacar de una de las tarjetas que Kiba le había dado pues cuando pagaba sumas pequeñas en una cafetería o algo así prefería hacerlo con efectivo.

Golpeó la puerta y sintió sus ojos humedecerse mientras esperaba que abrieran, sabía que tenía las llaves en alguna parte de su bolso, pero no se sentía en condiciones ni de buscarlas ni mucho menos de entrar de esa forma al lugar. Su progenitor abrió la puerta con desconfianza pues claramente no esperaba visitas y no ocultó su sorpresa al verla allí de pie con su hijo alzado, quien en el trayecto se había despertado de la siesta, y las maletas en el suelo. Se hizo a un lado para que pasara y se encargó de entrar las únicas pertenencias que había llevado, al cerrar le hizo una seña para que le entregara a Ryuu, sosteniéndolo solo con un brazo para con el otro rodearla y conseguir así que ella rompiera en llanto de nuevo.

- ¿Ya cenaron? — preguntó pasados varios minutos, ella negó todavía gimoteando contra su pecho — hay arroz y un poco de sopa, ¿quieres?

- No tengo hambre

- Tienes que comer hija ¿Qué dices tú, Ryuu? ¿Quieres sopa?

- No — ella no pudo evitar reírse pues su hijo siempre decía esa palabra ante las comidas que no tuvieran la palabra carne en su nombre

- Recuéstate, yo me encargo de hacer que alcance para todos

- Gracias papá

- Pa-pa — repitió el niño y ella trató de controlar sus lágrimas al volver a tenerlo alzado.

Fue a su antigua habitación que estaba tal y como la recordaba, dejando a su hijo sentado en la cama mientras volvía a la sala por las maletas, abriendo en la que estaban las cosas infantiles para entregarle uno de los juguetes y que se entretuviera manoteando mientras ella respiraba profundo para calmarse y recuperar la compostura. En cuanto su progenitor la llamó para que pasaran a la mesa fue al comedor, sentando a Ryuu en sus piernas pues allí no tenían la silla alta especial. Estaba por empezar a cucharearle la comida cuando la puerta se abrió, dejando ver a su madre quien tampoco ocultó su sorpresa porque estuvieran en la casa.

Hubiera podido ser una escena del pasado, una noche cualquiera de ellos cenando juntos, excepto por el pequeño en su regazo que marcaba la clara diferencia y el recordatorio que las cosas habían cambiado en el último tiempo. Al principio sus padres estuvieron en silencio, casi parecía que temían preguntar cualquier cosa y era obvio que era porque ella todavía tenía los ojos llorosos.

- ¿Qué tal tu día mamá?

- Ma-ma

- ¿Qué? — la mujer pareció dudar un momento — ah, bien... el hotel está pasando por una buena racha que esperamos se mantenga este año. Tengo a mi cargo entrenar al nuevo personal de limpieza

Con eso la conversación empezó a fluir, ella por su parte alternaba entre la cuchara con la que estaba alimentando a su hijo y la suya con la que comía de otro plato. La mejor forma de saber si el niño comía o no y la cantidad era que lo hiciera de un plato diferente y no darle bocados del suyo propio, lo había leído y el pediatra lo confirmó en la medida que había ido empezando a incluir otros alimentos y disminuido la leche materna, dejando de amamantarlo desde que había cumplido el año. Aunque en ese momento deseaba volver a hacerlo pues siempre habían sido momentos que le traían paz y tranquilidad, algo que definitivamente necesitaba.

Dejó al infante en la sala con sus padres mientras se dedicaba a organizar la cocina y cuando vio que el pequeño empezaba a bostezar se despidió para retirarse a descansar. Lo acostó contra la pared para evitar que se cayera dormido y se acomodó a su lado, dedicándose a acariciar su cabello hasta que se durmió. A lo lejos escuchó cuando el televisor fue apagado y luego a su madre preguntarle a su padre si sabía qué había pasado — que se casó con una escoria que no merece llamarse hombre—fue la respuesta de su progenitor, limpió una nueva lágrima y aunque trató de dormir no lo logró, no quería pensar en Kiba y lo que había hecho pues no se iba a dedicar a rumiar sobre algo que no podía cambiar, lo único en lo que pensaba es que tenía que enfocarse en su futuro y el de su hijo.

- Tenten, chiquita — su madre dio un par de golpes suaves en la puerta temprano en la mañana y ella se levantó de una vez para abrir — con tu padre debemos irnos a trabajar... pero...

- No pasa nada mamá

- ¿Estás segura?

- Sí, le haré el desayuno a Ryuu cuando se despierte y adelantaré la cena... como antes

- Esta bien hija, cualquier cosa me llamas ¿sí?

- Sí señora — de reojo vio que su hijo se movía en la cama, no tardaría en despertarse

- Chiquita... recuerda que puedes decirnos lo que sea y que estaremos aquí para apoyarte

- Mamá... — suspiró

- Tómate tu tiempo, nos organizaremos para que a Ryuu no le falte nada

- Gracias — la abrazó por unos segundos, pero se separaron pronto pues se les haría tarde — que les vaya bien — se despidió mientras ellos salían.

Se mordió el labio y puso la almohada junto a su hijo para evitar que se cayera mientras ella corría a ducharse, tardó los 5 minutos que solía y de regreso en el cuarto envuelta en la toalla vio que el pequeño dragón estiraba los brazos y lloriqueaba un poco en señal que estaba despierto. Así que empezó a hablarle para calmarlo un poco a la vez que iba buscando un vestido para ponerse ese día y tras estar lista sí proceder a cambiarle el pañal que siempre amanecía sucio. Fue con el bebé en brazos a la cocina para revisar la nevera, se había acostumbrado a la variedad de frutas y verduras que nunca faltaba en su anterior hogar, por lo que se mordió el labio antes de improvisar algo con lo que había, no le parecía tan sano como podría ser, pero tampoco podía ponerse de exigente.

La mañana le pareció larga y agotadora, tanto por la falta de sueño como por el hecho que en esa casa no había ningún tipo de seguridad para niños y tenía que estar siempre vigilando que Ryuu no se llevara nada a la boca o se acercara mucho a los cables, afortunadamente era un sitio pequeño, pero igual. A medida que la hora de preparar el almuerzo se acercaba lo dudó por un momento, optando por tomar su bolso y a su hijo para ir al supermercado cercano, no se había vuelto quisquillosa y por su parte no tenía problema en tener que comer solamente arroz si era lo único disponible, pero su bebé estaba en crecimiento y debía velar porque tuviera una adecuada nutrición.

Recorrió los diferentes pasillos del lugar metiendo en el carrito de compras lo necesario para cocinar para todos en la casa, pasando un buen rato en la zona de vegetales frescos pues no había tanta variedad como a donde solía ir antes, igual escogió varias cosas y pagó con una de las tarjetas. Kiba le había dado la primera tarjeta de crédito tras la mudanza al que fue su hogar de casados y después de su viaje a Shanghái le había entregado otra, explicándole de cual podía sacar efectivo y con cual era mejor que pagara directamente, así que esa era la que había usado. Tuvo que tomar un taxi pues no podía cargar las bolsas y su hijo a la vez, y ya en la casa logró improvisar una especie de corral para que el infante caminara sin riesgos mientras ella organizaba y cocinaba.

En la noche les contó a sus padres que había pedido el divorcio aunque no quiso decirles la razón exacta, solo que estaba completamente decidida a separarse. Ellos recalcaron que la apoyaban y no preguntaron nada más.

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La primera semana se le había hecho eterna, y esa nueva que avanzaba también iba a la misma velocidad. Había tenido que salir de nuevo pero esta vez a comprar pañales y un par de cosas de aseo que se estaban acabando, a medida que caminaba se lamentaba porque en su prisa por irse de la casa de Kiba no había pensado en haberse llevado el coche también. Tal vez podría comprar alguno usado, esperaría al fin de semana para tratar de encontrar algún lugar al cual ir a buscar algo así y una silla alta para el comedor de paso. Estaba ya en su travesía de regreso, vigilando atentamente porque Ryuu quería ir por su propio pie cuando vio a una mujer que se le hizo conocida.

- ¿Michiko? — saludó con duda, había subido de peso y se veía algo cambiada a pesar que no habían pasado tantos años desde la última vez que la vio

- ¡Tenten! — ella asintió con una sonrisa y entonces notó que su excompañera del colegio tenía en brazos a un pequeño bebé de alrededor de 5, o 6 meses — ¡no has cambiado nada!

- Gracias — aunque no podía devolver el cumplido — ¿quieres pasar a la casa y merendamos algo?

- Claro — ella sonrió, alzando a su hijo que dio un enfático NO por la acción, pero era mejor para que fuera más rápido el desplazamiento — es idéntico a su padre

- Lo sé, he escuchado eso muchas — demasiadas — veces — al entrar descargó la bolsa a un lado antes de bajar a su hijo en la sala e ir a la cocina para calentar agua y hacer té para ambas, si la mujer todavía estaba amamantando el café no era tan recomendable

- ¿Estás viviendo otra vez aquí?

- Sí... larga historia — preparó unos sándwiches rápidos y de paso troceó una pera para su hijo — ¿Qué hay de ti? No sabía que tenías una hija — comentó al regresar a la sala, dejando el plato en el suelo donde Ryuu se sentó para comer solo

- Ah sí, Kimi está por cumplir 6 meses

- ¿Puedo? — estiró los brazos para recibir a la bebé que le pareció un poco liviana, aunque podía ser porque su propio hijo ya iba por los 11 kilos — es hermosa

- ¡No!

- Tengo un dragón celoso — comentó con una sonrisa mientras la devolvía

- ¿Un qué? — una maldición surcó su cabeza por el dolor que le causaba recordar el chiste privado que era para Kiba y ella referirse de esa forma a Ryuu. Respirando profundo porque seguía bloqueando sus pensamientos respecto al padre de su hijo con quien no quería hablar a pesar que por lo menos 2 veces al día le marcaba y ella rechazaba las llamadas

- Un hijo celoso que ama decir que no — el infante mordisqueó un trozo de fruta y clavó sus ojos en ella — ¿Y cómo has estado?

Escuchó a Michiko contarle respecto al hombre con quien había engendrado a la niña y que se había desentendido de su embarazo por lo que había tenido que esconder su estado los primeros meses para poder trabajar, teniendo que retirarse cuando no pudo ocultarlo más y sus padres la ayudaban como podían aunque era difícil, de hecho tenía que dejar a la pequeña en una guardería del gobierno que era gratuita desde que tenía 3 meses pues había tenido que volver a trabajar o no podría sostenerla. De ahí que no le diera ni un poco de importancia a perder el peso más allá de adaptar su ropa para poder usarla sin problema y haber parado la lactancia desde ese entonces. Le contó que su parto fue por cesárea y al saber que su hijo también nació de esa forma en algo de demasiada confianza le mostró la enorme cicatriz que tenía para que ella a su vez hiciera lo mismo. Respiró profundo antes de bajar el frente de su falda y mostrar que en su caso era prácticamente inexistente, siendo apenas visible por ser ligeramente más clara que su tono de piel, era mucho más pequeña y estaba ubicada de modo tal que quedaba escondida por su ropa interior.

Se despidieron después de hablar otro rato, ella trató de comentar algunos trucos que le habían servido con Ryuu para organizarle el horario de sueño, pero no eran muy útiles pues dependían mayormente de tener tiempo libre, algo que ella había tenido por montones al no haber tenido que trabajar hasta el momento porque el Inuzuka se encargaba de todos los gastos. Eso la llevaba a pensar en esa familia, Hana le había mandado un par de fotos del viaje que ella ni siquiera había visto y además de las llamadas, Kiba le escribía varias veces al día mensajes que ella solo ignoraba o borraba de una vez. Incluso cambió su foto de perfil de la aplicación que había sido la de ellos con los sacos a juego y puesto una en la que estaba sola cargando a su bebé.

Kiba:
Tenten, por favor ven a nuestro hogar
...
Tenten, vuelve
Podemos hablarlo

Tenten:
Si no es acerca de los papeles del divorcio, no tengo nada que hablar contigo.

Le contestó esa madrugada molesta, no solo porque se sentía irritable y tenía que empezar a ver cómo era lo terminar su matrimonio, sino porque le había escrito muy tarde despertándola y no estaba dispuesta a seguir soportando sus mensajes. Puso el teléfono en silencio y lo dejó en la mesa comprobando que Ryuu seguía completamente dormido a pesar del sonido anterior, se dio la vuelta y él también se giró pegándose a su pecho como hacía desde la segunda noche que empezaron a compartir cama, al menos ya conseguía dormir algunas horas, todavía tenía que solucionar lo de conseguir un trabajo y eventualmente una guardería, pero quería pensar que podía permitirse un par de días más de solo disfrutar a su hijo como había hecho hasta ese momento, le dolía pensar que tendría que alejarse y verlo solo unas horas cuando trabajara.

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Se despertó esa mañana con un mal presentimiento, por lo que lo primero que hizo fue tocar la frente de su hijo con miedo a que tuviera fiebre, cosa que afortunadamente no pasaba. Estuvo toda la mañana alerta a cualquier incidente, vigilando cualquier movimiento que hacía lista a prevenir un accidente. Tal vez solo era paranoia y no ocurriría nada, cuando la hora de la siesta de la tarde llegó, lo acostó y tan solo unos minutos después que estuviera dormido escuchó que llamaban a la puerta. Su corazón se aceleró con temor y al abrir dio algunos pasos atrás, asustada de la persona que estaba allí.

- Siempre he tenido razón, esto es una pocilga — su respiración se estaba acelerando, había llegado a considerar que algún día tuviera que volver a ver a Kiba cuando fuera a firmar el divorcio, no a esa mujer que tal y como siempre la veía con desprecio y no disimulaba el asco que le producía todo a su alrededor

- Tsume — saludó finalmente en un tono apenas más alto que un susurro, a pasos lentos y calculados la mujer avanzó al sofá y se sentó, cruzando las piernas y señalando el puesto a su lado, por lo que cerró la puerta y se sentó en el otro mueble manteniéndose cautelosa — ¿a qué debo el honor de esta visita?

- Es apenas obvio, vengo a llevarme a mi nieto

- ¿Qué?

- No creerás que voy a permitir que mi nieto sea criado por una pordiosera en estas condiciones

- No soy una...

- Ahórrate las palabras, mi hijo puede ser muy tonto en algunas ocasiones — la mujer dibujó una sonrisa altanera — fijarse en alguien como tú y embarazarte fue su primer error, el segundo fue dejarte salir de esa casa con el niño

- No me iba a quedar después de lo que hizo

- Los detalles de su matrimonio me son irrelevantes, de hecho tú nunca me has importado ni me importarás así que por mí si decides largarte estás en tu derecho y ya me encargaré de hacer el control de daños para que la separación no sea un escándalo que afecte a mi familia, pero... no te irás con mi nieto

- Es mi hijo — aclaró

- Es un Inuzuka y debe crecer en donde corresponde, no en un cuchitril como este rodeado de un montón de piojosos

- Váyase, no la voy a dejar llevarse a mi hijo

- Verás Tenten, voy a ser sincera contigo... de madre a madre — se pausó por un momento — aunque no me agrades reconozco que has hecho una labor adecuada en su crianza, la cuestión es que mi hijo te quiere de regreso y sé que tú no quieres separarte de Ryuu, así que te daré 2 opciones

- No voy a volver con Kiba

- Ni siquiera me has dejado hablar, querida — su ceño se frunció ante el hecho que la llamara de esa forma — o desistes del divorcio y regresas con mi hijo, o persistes con el tema y perderás la custodia del tuyo

- Soy su madre, no pueden quitármelo

- ¿Estás segura de eso? — le preguntó a punto de reír — no creo necesario recordarte que soy amiga de gente muy importante en esta ciudad, magistrados, jueces y tengo a mi servicio a los mejores abogados del país. Por si eso no fuera suficiente puedo demostrar que le daré un nivel de vida al que tú solo llegaste por ser una trepadora ¿qué puedes ofrecerle tú además de vivir en un barrio lleno de mendigos como este?

- Sigo siendo su madre

- Una mujer que no tiene un trabajo ni ninguna estabilidad económica propia, ningún juez en el planeta te daría ningún tipo de custodia — un nudo se estaba formando en su estómago — jamás voy a permitir que relacionen a alguien de tu nivel con mi familia por lo cual personalmente me encargaré que ni siquiera te permitan una custodia compartida, no podrás estar nunca con él, ni siquiera verlo en fotos. Voy a asegurarme que no tengas ningún derecho sobre el niño

- Eso es...

- Evita desgastarte, firmaste un prenupcial que no te dará un céntimo cuando te divorcies y sé que las compras que has estado haciendo hasta el momento han sido con la tarjeta de crédito de mi hijo, no tienes nada — no quería hiperventilar ni demostrar lo mucho que sus palabras la estaban golpeando — para que veas lo racional que soy, voy a darte media hora

- ¿Media hora?

- Estaré en el auto, tienes media hora para tomar una decisión entre las que te di. Si en 30 minutos no has salido con el bebé y te has subido a ese auto para regresar a la diminuta casa que compartes con mi hijo, entenderé que vas a proseguir con la separación y haré que las tarjetas sean canceladas además de llamar a mis abogados para que tramiten de inmediato que Ryuu nos sea entregado

- No pueden hacer eso

- ¿De verdad quieres poner a prueba mi poder? — un escalofrío la recorrió y recordó todas las veces que Kiba le contó que su madre podía ser más aterradora cuando estaba en completa calma que cuando gritaba — media hora, querida

Sin esperar que ella dijera nada Tsume se puso de pie y salió del lugar. Por su mente no pasaban solamente las palabras y amenazas que acababa de recibir, sino también lo hablado con Michiko el día anterior y como la vida era notoriamente más difícil cuando se tenían las limitaciones económicas de personas como ellas. Enterró su cabeza entre sus piernas por unos minutos mientras lloraba por el panorama al frente suyo, lo único que le importaba era que su hijo estuviera bien y no estaba dispuesta a permitir que se lo arrebataran, que no la dejaran seguir siendo su madre. Se limpió el rostro antes de empacar a prisa todas las cosas que había llevado temerosa que la media hora se cumpliera. Un segundo después que abrió la puerta de la vivienda estuvo el conductor del lujoso vehículo allí para tomar las maletas y meterlas al baúl.

- Buena chica — fueron las palabras de su suegra en cuanto se subió, aferrándose a su pequeño dragón. Velar por su bienestar había sido su única prioridad desde que se enteró que estaba embarazada y sin duda era su razón de vivir.

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Att: Sally K