Aclaraciones: Sin POV definido
Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial
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Disfruten la lectura
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Capítulo 16. Remordimiento
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No estaba seguro de en qué momento perdió la consciencia, pero su cabeza lo estaba matando en el momento que despertó y se dio cuenta que se había dormido en su cama abrazando los sacos navideños que aunque le parecían horrorosos representaban a su familia y esa foto de todos vestidos igual. Caminó por la casa con la vaga esperanza de volver a escuchar los ruidos que siempre había cuando su familia estaba allí, su esposa canturreando o leyendo en voz alta algún cuento, la canción del único programa infantil que Tenten dejaba ver al niño, las palabras alegres de Ryuu, o al menos su llanto porque tenía hambre, se había ensuciado o caído, siendo en el último caso cuando parecía que a la castaña le dolía el golpe más que al infante y se apresuraba a dejar todo de lado para consolarlo.
Pero no había nada, estaba completamente solo y esa casa se sentía helada, en la cocina se quedó viendo la nevera abierta, Yuuki había pedido libres esos primeros días del año y Tenten dijo que no era necesario contratar a alguien temporal para reemplazarla mientras tanto, ellos podían encargarse de cocinar. Había algunas sobras de la semana, su estómago se sentía cerrado así que solo agarró una botella de vino y una copa, sentándose en el suelo de la sala en donde todavía estaban las tazas de la fruta y de las palomitas del día anterior, en el momento que era feliz y antes que todo se fuera a la mismísima mierda por su error.
Veía a la nada, dejando que su mente fuera invadida por todos sus recuerdos. Empezando por esa tarde en que había visto a Tenten llorando perdida en el barrio, incapaz de haber creído en ese momento que esa joven se iba a convertir en su esposa y la madre de su hijo. Esa nota presurosa con la que todo comenzó, su primer beso a escondidas y luego ese beso en el parqueadero del aeropuerto, el anhelo por reencontrarse después de estar meses separados. Ella no supo que él se acostó con otras mujeres en Londres, ¿habrían terminado en ese entonces si le hubiese dicho la verdad? Era muy probable, y de haberlo hecho no hubieran tenido relaciones en el auto sin protección por su necesidad de volver a estar juntos y Ryuu no existiría.
Su pequeño dragón, un hueco se instaló en su pecho de pensar en que no tendría a su hijo. Lo amaba y ahora no podía imaginar su vida sin él, pero por encima de todo la amaba a ella y por ser un completo idiota no supo darse cuenta de lo que ponía en juego al hacer la tontería de acostarse con otra mujer. Cuando la botella estuvo desocupada la arrojó a cualquier parte antes de levantarse a buscar una nueva.
Su teléfono había sonado por un mensaje, revisándolo con ilusión de que fuera Tenten quien le escribía que le daría una oportunidad de explicarse, pero era solo su hermana quien lo saludaba. No le contestó, abrió la conversación con su esposa para pedirle que volviera, la necesitaba a su lado más de lo que había llegado a creer. Un nuevo sonido se escuchó, Tayuya le enviaba unas palabras que unos días atrás habrían desatado una conversación obscena con lo que quería hacerle, eliminó esa conversación y volvió a escribirle a la castaña, notando que había cambiado la foto de perfil por una en la que él no estaba. Desocupó la copa en su mano y la volvió a llenar. No estaba seguro de cuantas botellas se había tomado y no le importaba la hora, a pasos tambaleantes había subido las escaleras para ir hasta su habitación, abriendo de par en par el armario.
Tenten no se había llevado toda la ropa, solo la que usaba en su día a día, todos los vestidos elegantes y los tacones que había usado hasta el momento se encontraban allí. Aunque una prenda resaltó porque estaba rasgada dejándola inutilizable, en la confusión etílica que lo envolvía trató de hallar la forma y gritó desesperado al reconocerla. Era esa falda que había usado cuando fue al aeropuerto a recibirlo en su regreso de Londres, la falda de San Valentín que de nuevo los había llevado al asiento trasero de su auto y que a él le encantaba verle puesta. Todo se sentía irreal, su esposa no lo había dejado, era solo una pesadilla.
Los días fueron pasando lentamente, la llamaba esperando al menos poder oír su voz una vez más, le escribía esperando una respuesta que no llegaba. Empezó a apagar su teléfono la mayor parte del tiempo pues las llamadas de la oficina estaban llegando porque él no había ido a trabajar cuando sus vacaciones por la temporada finalizaron, no le importaba. Tan solo encendía el aparato para llamarla o escribirle, había perdido por completo la noción del tiempo, ni siquiera estaba seguro de si estaba comiendo o no, aunque a ese paso pronto tendría que ir a la licorera pues el bar que en su momento estuvo equipado estaba menguando a grandes pasos.
Despertó molesto por la luz y porque alguien sacudía su hombro, no entendía las palabras que eran pronunciadas, estaba intentando por encima de la resaca reconocer el rostro que veía.
- Largo
- ¿Señor?
- ¡Dije que te largues!
- Le haré un café señor Kiba — era Yuuki quien estaba al frente suyo claramente desconcertada por su apariencia
- A menos que en ese café venga mi esposa de vuelta, no quiero nada — de reojo pudo ver que en el suelo había una botella en la que todavía se veía algo en su interior, así que estiró su mano para tomarla y beberlo de una vez
- Voy a...
- ¡Vete! ¡Estás despedida! — dio un manotazo con la botella y la mujer se apartó — hablo en serio — no obtuvo respuesta, volvió a ser dejado solo y lo único que procuró fue tener más alcohol a su alcance, en la esquina de la sala estaba todavía armado el árbol de navidad que entre él y su esposa habían decorado, sonrió amargamente ¿de verdad era todo? ¿no la recuperaría nunca? Sus ojos se cerraron en un momento y de nuevo volvió a despertar cuando sintió que lo sacudían — ¡te dije que te largaras!
- No te crie para que fueras alguien tan lamentable — su madre estaba al frente suyo viéndolo con reprobación — levántate y ve a bañarte
- Este es mi hogar, aquí no mandas
- Soy tu madre y te estoy ordenando que te vayas a bañar ya mismo — ante esa voz un escalofrío de miedo lo recorrió y se levantó, avanzando tambaleante a la habitación para ducharse. Lanzó su ropa a cualquier parte y se metió al agua, no recordaba haberse bañado en esos días, se envolvió en la toalla y al salir vio a su progenitora parada en una esquina con los brazos cruzados — te espero abajo en cinco minutos
- Gracias — pronunció al estar sentado en el comedor y que un café fuera dejado al frente suyo por Aoi, la sirvienta con la que fue reemplazada Yuuki al pasar a trabajar para él — ¿No estabas de vacaciones?
- Regresé ayer, fui hoy a la oficina para enterarme que tengo un hijo irresponsable que no ha ido a trabajar estos días ni contesta el teléfono y luego de eso recibí una llamada que me informó que decidiste volver tu pequeña casa una porqueriza y estabas borracho hasta las orejas
- Mi casa tiene el tamaño que...
- ¿En dónde está Ryuu? — lo interrumpió la mujer que probablemente debió ver la habitación infantil y ese armario vacío
- Tenten se lo llevó...
- Déjanos solos, Aoi — la sirvienta asintió y solo hubo silencio hasta que se retiró de la estancia — ¡Es que eres imbécil! ¡¿Cómo así que Tenten se fue con el niño?! ¡¿Por qué la dejaste hacer eso?!
- Madre... Tenten me pidió el divorcio y se fue...
- ¿Y? Eso no significa que pueda llevarse a Ryuu ¿perdiste la cabeza?
- Es su hijo también... mad...
- ¡Madre nada! ¿Cómo se te ocurrió permitir que se lo lleve? ¡Mi nieto no va a crecer en una pocilga! — la mujer se puso de pie y pareció a punto de golpearlo — Hay que sacarlo de allá de inmediato, imagínate ¡Un Inuzuka viviendo en tan asqueroso barrio! — la vio sacar el teléfono y empezar a buscar algo mientras caminaba para salir — haré que lo traigan ya mismo
- La quiero a ella de vuelta
- Si esa pordiosera regresa o no, me es irrelevante — nadie diría jamás que su hijo era un bastardo, cumplido ese requisito que fue el motivo para obligarlo a casarse claramente a su progenitora no le importaba en nada su matrimonio — mi nieto no puede pasar más tiempo lejos
- Madre... no quiero solo a mi hijo, quiero que mi esposa regrese también
- ¿Y qué pretendes que haga? ¿Voy y te la traigo de la mano?
- Mamá, por favor — la mujer se quedó inmóvil, estaba suplicando — sé que puedes hacer lo que sea — se levantó para acercarse a ella — por favor, no quiero perder mi matrimonio... haz que vuelva — ¿cuándo había sido la última vez que había abrazado a su madre? La sintió al principio congelada por su gesto, pero tras unos segundos lo rodeó con sus brazos y lo besó en la coronilla
- Está bien, lo intentaré hijo. Mañana iré en persona y hablaré con ella... pero no puedo prometerte nada
- Gracias
- Ahora come algo, parece que no lo has hecho en días — él asintió todavía disfrutando el consuelo de sus brazos — Yuuki y Aoi organizaran todo, te quiero en la oficina sin falta pasado mañana ¿entendido?
- Sí, madre.
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Así que estaba conteniendo sus ganas de volver a servirse una copa de licor mientras vigilaba con insistencia la puerta a la espera que en cualquier momento se abriera. No había podido dormir bien por la expectativa que lo cubría de pensar en que su madre pudiera solucionar su dilema, si había una persona experta en resolver problemas y hallar soluciones era precisamente su progenitora y sabía que encontraría una forma de convencer a Tenten para que volviera a su lado. Había tentado su suerte escribiéndole en la madrugada un mensaje que de pronto desembocara en una conversación sobre darle una nueva oportunidad a su matrimonio y por respuesta Tenten le contestó que el divorcio era el único tema que tenían pendiente. Exhaló pesadamente, todas sus esperanzas estaban en su progenitora.
La tarde avanzaba demasiado despacio para su gusto, sabía que la mujer iría en la tarde tras resolver algunos pendientes en la oficina, pero no le había dado una hora exacta, tan solo le pidió la dirección y él se la envió aclarando que sus gastos mostraban que seguía en casa de sus padres. Estaba al borde de la desesperación a medida que el sol empezaba a descender sin recibir ningún mensaje o llamada que le anticipara el resultado del encuentro. Estaba a punto de considerar comerse las uñas cuando la puerta se abrió y lo primero que vio fue a su madre, lo que hizo que se le formara un nudo en el estómago al pensar que había fallado, entonces la mujer dibujó una sonrisa altanera y dio un par de pasos para ingresar, tras ella pudo ver a su esposa con Ryuu en brazos.
- Tenten, cariño... — los orbes chocolate vieron al suelo — Ryuu
- Pa-pa — el niño se estiró hacia él como clara indicación que quería que lo cargara y él extendió los brazos para recibirlo, notando que Tenten lo aferraba más fuerte y solo después que el infante se sacudía accedía a soltarlo
- Las maletas en el segundo piso — ordenó su madre al conductor que traía el mismo equipaje que la castaña se había llevado
- Iré a prepararle la cena a Ryuu — con la cabeza agachada la castaña avanzó hacia la cocina
- Gracias, mamá — dijo con sinceridad
- No se irá a ninguna parte — él asintió — te lo advierto de una vez hijo, más allá de evitar un escándalo, no pienso volver a meterme en sus problemas de pareja
- No será necesario, lo arreglaré
- Más te vale, puede que la pordiosera no me agrade, pero estoy segura que no me enfrentaste 2 veces por ella para comportarte como un idiota — no esperó respuesta, el conductor acababa de bajar las escaleras y salió tras este para subirse al auto e irse. El pequeño dragón en sus brazos lo manoteó para que le prestara atención y eso hizo, levantándolo más para hacerle un ruido en el estomago con su boca a lo que lo escuchó reír y luego lo bajó para que correteara
- ¿Quieres cenar? — Tenten había regresado a la sala y veía al niño, no a él
- ¡No!
- Te leeré un cuento después
- ¡No!
- Es carne... — fue una voz cantarina ante la cual el niño corrió a los brazos de la castaña quien lo atrapó y le besó una mejilla antes de volver a adentrarse en el comedor. Él los siguió, sentándose también a verla alimentar al pequeño, alternando entre dejarlo comer solo y darle una cucharada de los alimentos que no tocaba
- ¿Tú no vas a cenar? — usualmente se sentaban los tres al tiempo y ella iba comiendo también
- No tengo hambre — cualquier rezago del amor y dulzura con la que la castaña solía hablarle no estaban presentes, era como si le hubiera hablado a un desconocido, manteniendo la atención solo en el niño que se comió casi todo lo que le había servido.
Al terminar lo levantó y fue a la cocina a dejar el plato en la encimera antes de irse para la habitación infantil, de lejos la escuchaba hablar con normalidad, contándole al niño lo que hacía mientras preparaba la bañera y luego en la cama cuna leyendo uno de los cuentos. Él los veía de lejos, en cuanto sonó que el barandal de la cuna era puesto en su lugar la esperó, siguiéndola a su habitación pero ella solo entró para buscar la maleta de viaje y tomarla, bajando las escaleras.
- Tenten, por favor... ¿podemos hablar? — ella siguió su camino, abriendo la puerta del cuarto de invitados que estaba en el primer piso y cerrando tras de sí. Dio un par de golpes suaves y no hubo respuesta alguna, así que se quedó en la sala por un rato más hasta que escuchó un llanto lejano, el tema es que no era Ryuu quien lloraba, se acercó sin hacer ruido a la puerta del cuarto solo para corroborar lo obvio, era su esposa quien lloraba. Se maldijo a sí mismo de nuevo, tenía que encontrar la forma de enmendar su error.
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Habían pasado 2 semanas desde que Tenten había regresado a la casa y no había podido intercambiar más de 3 palabras con ella, o bueno, conseguir que le contestara más de esa cantidad de palabras o algún monosílabo que tal y como su hijo que estaba en la fase de siempre decir no, eso mismo pronunciaba ella. Al despertar para ir a la oficina por lo general ella ya estaba levantada pues Ryuu era madrugador y lo estaba bañando o por mucho dándole el desayuno en el comedor, le respondía al saludo y ya. Cuando regresaba del trabajo ellos solían estar en el sótano y ella se aseguraba que el infante no se cayera al gatear escaleras arriba en su dirección para saludarlo, pero nada más, no había felicidad al verlo de regreso en casa. Los fines de semana no había cambiado mucho la situación, compartieron todas las comidas pero ella solo se enfocaba en su hijo, saliendo a caminar con el niño por el barrio.
- Tenten... — la castaña siguió en lo que estaba — en público tienes que usar tus anillos... — él nunca se había quitado el suyo mientras ella no estuvo y podía parecer tonto, pero le parecía un pequeño paso para empezar
- Bien — esa fue toda la conversación, al menos ya no la escuchaba llorar en las noches tras la puerta del cuarto de invitados que había declarado como suya, porque ya había acomodado su ropa en este y se notaba que no tenía ninguna intención de regresar a la cama con él.
En su trabajo se había encargado de despedir a Tayuya, con una indemnización pagada de su propio bolsillo y que había sido lo suficientemente alta para que la mujer no reclamara nada y dejando claro que no quería volver a saber de ella, bloqueando después de eso su número. El director contable lo único que había dicho es que extrañaría deleitarse viéndola mientras paseaba por las oficinas con la ajustada falda, él no contestó, iba a olvidar que alguna vez había existido, aunque las secuelas de su estupidez siguieran repercutiendo con fuerza.
Revisaba los movimientos bancarios sin saber exactamente qué esperaba encontrar en estos, ni siquiera al irse de la casa Tenten había hecho pagos grandes, durante esos días que no estuvo dichos reportes en la aplicación del banco le daban algo de tranquilidad, sabía que usaba el dinero solo para su hijo y que ella lo cuidaría bien, tal y como lo había hecho siempre, nadie en el mundo podría dudar de la devoción que ella profesaba como madre. Eso le daba una idea, el lunes era feriado, así que buscó un lugar para ir todos en un corto viaje.
- Estaba pensando... — empezó esa noche en la cena — nunca recorrimos el pueblo en el que nos casamos — nada — ¿sabías que hay una granja muy cerca de allí? — parecía más probable que la pared le contestara — ¿qué dices si vamos este fin de semana? Ya sabes... seguro a Ryuu le gustará ver los animales que describe uno de sus libros en vivo
- Si eso quieres — 3 palabras, era el tope
- ¿Qué quieres tú?
- Sabes que quería — su voz destiló su molestia y él trató que no le doliera — ¿qué opinas cariño? ¿quieres ir a ver vacas y gallinas?
- También hay patos — el niño dio un balbuceo alegre, le gustaban las fotos de patos
- ¿Volveremos el mismo día?
- No, pensaba en que pasáramos todo el fin de semana
- Alistaré la maleta — Y eso fue todo, el mutismo regresó.
El sábado en la mañana se levantó temprano, hubiera preferido dormir más, también despertar junto a su esposa, pero ni modo. En una maleta pequeña empacó su ropa y al bajar las escaleras Tenten ya estaba lista, todavía era invierno y se había asegurado de abrigar bien a su hijo. Desayunaron en silencio y no le había pasado desapercibido que desde su petición que usara los anillos ella lo obedeció parcialmente, solo usaba la alianza de casada, el de compromiso no lo tocaba y de cierta forma tenía sentido, el había elegido ese específicamente porque las 3 rocas los representaban a ellos 3 como familia y claramente al dejar que alguien más entrara a la relación habían dejado de serlo y ella ya no los consideraba de esa forma. Tras sentar a Ryuu en la silla especial la castaña tomó su lugar de copiloto, poniendo la emisora infantil y viendo por la ventana sin pronunciar ninguna palabra durante todo el recorrido.
La habitación en la granja tenía una cama matrimonial y una cuna, lo primero hizo que ella frunciera el ceño pero no pronunció palabra, tan solo volvió a asegurarse que el bebé estaba abrigado antes de salir y empezar a caminar por el lugar, que era enorme. A la noche recostó primero a Ryuu, arrullándolo hasta que se durmió y luego acostándose ella en todo el borde de la cama dando la espalda en su dirección. Los separaban apenas unos centímetros físicamente, pero emocionalmente Tenten se hallaba a kilómetros de él.
El domingo despertó solo, fue al comedor en donde ella estaba cuchareando al pequeño dragón que sin duda estaba feliz con el viaje. No esperó a que él terminara cuando ya se había retirado, así que comió con calma a pesar del nudo que no desaparecía y luego se levantó para buscarlos, ella caminaba señalando alguno de los animales y luego decía el nombre en los idiomas que hablaba, sonriendo al escuchar que el niño pronunciaba algo inentendible para él pero que seguro era su intento de imitar una de las pronunciaciones.
- ¿Puedo?
- Pa-pa — la renuencia de ella a entregarle a su hijo tampoco se iba, pero igual lo hacía
- ¿Dónde está la vaca? — preguntó con el escaso francés que recordaba del colegio y que no se había molestado en volver a practicar, el niño señaló a uno de los corrales — muy bien, ¿y cómo hacen las ovejas? — eso fue en inglés que sí se le daba, riendo junto a su esposa al escuchar su imitación de un balido — así es, beeeeeeeeeee — baló ahora él, sonriendo al ver que Tenten se alegraba de ver a Ryuu reír
No era un camino sencillo ni corto, al menos ya la tenía cerca y se iba a asegurar de recuperar su matrimonio a como diera lugar.
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Att: Sally K
