Aclaraciones: Sin POV definido

Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial

Advertencia: Lime/lemon

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Disfruten la lectura

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Capítulo 19. Reinicio

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Mayo se acercaba a su final cuando ellos acomodaron a Ryuu en la silla especial del auto y empacaron en el baúl una enorme cesta con todo lo que habían preparado para ese picnic. El día de llevar a su pequeño dragón a estirar las alas había llegado. Faltando apenas un par de kilómetros Kiba le dijo que cambiaran de puesto y ella condujera desde ahí, se sentía completamente aterrada frente al volante mientras veía los pedales y la palanca de cambios como si nunca los hubiera visto antes. Según él en el tiempo que llevaba enseñándole no lo hacía mal, pero ahora sentía pánico porque la vida de su hijo también estaba en juego.

- No hay nada con que estrellarse y sabes que pocos autos transitan por aquí — le apretó la mano suavemente para que aflojara el agarre rígido que mantenía sobre el volante — recuerda que tienes la cita para el examen la próxima semana — ella asintió y respiró profundo intentando calmarse — la silla, los espejos — obedientemente acomodó estos y luego presionó el botón encendido, pisando ligeramente el acelerador — eso cariño

No era tan malo si solo iba a 20 kilómetros por hora, el Inuzuka pacientemente le había explicado todo y dado que ella siempre lo había considerado un buen conductor, consideraba que le estaba enseñando bien. Al detenerse puso el freno de mano y cambió la palanca a estacionado antes de apagar el motor y sonreír victoriosa, había revisado las rutas de buses desde su hogar a la que sería su futura universidad y sí había un cambio considerable en el tiempo de desplazamiento lo que se traducía como más tiempo con su hijo. No había preguntado aún como se acomodarían con el auto, pues para eso probablemente primero necesitaba conocer su horario de clase, pero ya llegarían a eso.

Se bajó y le lanzó la llave de regreso a su esposo antes de abrir la puerta del asiento trasero para soltar el cinturón de seguridad de Ryuu que ya se movía incómodo porque quería bajarse. Lo dejó en el suelo y el infante señaló algunas flores antes de correr hasta ellas.

- Anda, yo me encargo de lo que falta — ella asintió y se fue tras el niño. Caminando un poco al lado de este, su vocabulario se había ampliado y le encantaba escucharlo intentar pronunciar en chino, en especial porque de alguna forma lo sentía como un lenguaje solamente de madre e hijo. Lo dejó corretear otro poco antes de alzarlo e ir hacia donde se había quedado a Kiba, quien había extendido una manta en el suelo y ya había sacado la comida.

Si su memoria no fallaba, más o menos para esa misma fecha 3 años atrás había sido la primera vez que él la había llevado a ese lugar y le seguía pareciendo tan hermoso como en ese entonces. La diferencia era el infante que ahora los acompañaba y que daba gritos alegres en la medida que su padre le hacía cosquillas. Kiba le entregó al menor la taza con fruta picada que ella había preparado en la mañana y luego le extendió un vaso con té helado que recibió, estaba sedienta por el calor que hacía. Por su cabeza pasaba que sencillamente era uno de esos momentos que se desean pausar y revivir por siempre, un día para recordar porque la alegría los desbordaba.

- Tenten — ella solo giró un poco la cabeza, desde su cumpleaños habían ido acercándose poco a poco y no se sentía incómoda por lo cerca que se habían sentado y por algún motivo tampoco por la forma en que él la estaba viendo en ese momento. Con delicadeza la tomó del mentón solo para que subiera un poco la cara y unió sus labios en un suave beso que hizo que todas las mariposas en su estómago revolotearan y un agradable hormigueo apareciera, era exactamente como se había sentido con su primer beso juntos. Ella ya no era la chica torpe de ese entonces y lo correspondió de una vez, empezando lentamente los dos a aumentar la intensidad al menos un poco. Un suspiro escapó de su garganta conforme avanzaban los segundos, siendo el golpe de algo frío lo que los hizo separarse, Ryuu les había arrojado un trozo de fruta probablemente molesto por ser ignorado — despacio — le susurró él, apartándose para enfocarse en el infante

Ella estaba completamente sonrojada, era su primer beso desde que había pasado todo y le iba a ser imposible negar primero que llevaba anhelando el momento desde unas semanas atrás y segundo que todo su cuerpo reaccionaba a él y le gustaba estar cerca, después de todo Kiba había tenido razón cuando dijo que reharían su relación desde el principio, y la verdad era que ella se había sentido atraída desde ese día en que él dejó su número entre su maleta.

Y así los besos fugaces o robados empezaron a ser parte del día a día. Kiba regresaba del trabajo y la saludaba rozando sus labios o se despedía de ella de esa forma antes de irse a dormir. Muchas veces cerraba la puerta de la habitación sintiéndose completamente sonrojada mientras su corazón latía acelerado, contando hasta diez para no volver a abrir y lanzarse a sus brazos, aunque entre más días transcurrían más pasaba esa idea por su cabeza. Después que ella acostaba a Ryuu se quedaban juntos en la sala viendo alguna película o cualquier programa, él la acunaba y le acariciaba el cabello o la espalda mientras ella sentía toda su piel erizada, empezando a buscar sus labios también. Siempre era Kiba quien terminaba el contacto, bien fuera porque el programa regresaba de comerciales o porque decía que era tarde y era hora de dormir. Consiguiendo que se sintiera ligeramente contrariada en su interior ¿ya no quería estar con ella? ¿era parte de lo que había dicho de ir despacio? ¿era porque ella no había regresado a la habitación que solían compartir?

Suspiró viendo el techo, ya no le gustaba dormir sola pero no sabía cómo preguntarle si podía volver a la habitación, o si él quería que lo hiciera. Pero es que su esposo tampoco había mencionado absolutamente nada al respecto y no sabía cómo sentirse. ¿Debía mencionar el tema? ¿Y si decía que no? Aunque después de todo había sido ella la que había decidido instalarse en esa habitación porque al regresar después de haberse ido para la casa de sus padres lo hizo con la firme convicción que nunca en su vida iba a volver a compartir su lecho con él, que accediera a seguir casada no implicaba que aceptara absolutamente nada más de lo que la vida marital conllevaba. Pero el problema era ese, había aceptado darle otra oportunidad y asimismo su cuerpo empezaba a pedirle esa cercanía. Se giró para ver la puerta, si la abriera y subiera las escaleras ¿él le pediría que se fuera? Sacudió la cabeza, decidiendo mejor pensar en algo más, como el hecho que Kiba cumpliría 25 años en semana y media y hasta el momento no había mencionado nada de viajar o tener algún plan para ese día, por lo que la idea de mucho tiempo atrás de hacer una cena especial empezaba a rondarla de nuevo.

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Su trabajo podía sin duda llegar a ser exigente en algunos momentos y el cierre de semestre ese año estaba siendo uno de esos. Así que desde la mitad de junio estaba haciendo todo lo posible por no dejar que se le acumulara y no tener que quedarse tiempo adicional, lo cual estaba logrando parcialmente, su máximo hasta el momento había sido 1 hora de más sin tocar todavía sus fines de semana. No quería volver a pasar por algo parecido a año anterior, lo malo es que su cumpleaños estaba cada vez más cerca y por estar con su cabeza ocupada no había buscado ningún plan especial y lo de tomarse aunque sea 1 día para que otra vez hicieran un viaje fuera del país o aunque sea a la playa estaba descartado. En su lista de pendientes iba a anotar el buscar algún tipo de solución para que ese tipo de situaciones no se repitieran y de paso para tener algo más de tiempo para los negocios por su cuenta.

El jueves quería arrojar todo frustrado, había pensado en ir a cenar a un restaurante específico y ya estaba reservado todo para el lunes que era su cumpleaños, así que ni siquiera eso iba a ser. Bueno, al final podía pedir algo que fuera entregado en la casa e igual compartir con su esposa, algo que podía rescatar es que las cosas con la castaña iban por buen camino, un poco más lentas de lo que le gustaría pero entre eso y totalmente detenidas, se quedaba con eso.

Llegó a la casa y escuchó a Tenten feliz, le había llegado el resultado de su examen de francés y era otro C1, por lo cual debería enviar ese y el certificado de inglés a la universidad para que se los homologaran desde el principio. Mientras cenaban la escuchó contarle que esa mañana había ido con Ryuu al pediatra para que le pusieran una de las vacunas y que el pequeño estaba un poco gruñón por el tema y no había querido tomar su siesta. Y solo como si hiciera énfasis en las palabras de su madre, el niño tomó la cuchara y la arrojó al suelo malhumorado. Le recordaba a sí mismo de niño, si llegaba a ser la mitad de revoltoso que él en su adolescencia estaban en problemas, pero bueno, un año a la vez.

- Kiba... — la castaña había levantado la cuchara y luego ido a la cocina para volver con una limpia — ¿has planeado algo para tu cumpleaños?

- Hoy traté de reservar un restaurante, no hubo suerte — contó — mañ...

- Yo... — hablaron al tiempo — adelanta, habla tú

- No, no, dime — ella se mordió el labio

- Estaba pensando en pasarlo aquí... — su curiosidad se despertó por completo ¿Tenten estaba planeando algo para él? — digo, si quieres...

- Me encantaría — Tenten sonrió en respuesta y asintió antes de regresar su atención al pequeño tirano que arrojaba nuevamente la cuchara al suelo

Se quedó en el sofá cambiando los canales sin mayor interés pues ningún programa le llamaba la atención. Su esposa llegó un rato después pues el pequeño dragón había tardado en dormirse, él solo abrió los brazos para que se acomodara en su pecho y le cedió el control remoto para que ella eligiera qué verían. Estaba agotado y antes de darse cuenta se había quedado dormido, no supo cuanto después despertó desubicado y al tratar de levantarse un peso se lo impidió, con la luz del televisor alcanzó a notar que la castaña también había caído rendida en su regazo. La apretó un poco y la escuchó suspirar, despertando e incorporándose de a pocos.

- ¿Quieres irte a acostar? — conmigo completó en su cabeza, Tenten asintió adormilada, sin embargo no se movió

Él le acarició la mejilla y un nuevo suspiro sonó, movió la mano que tenía en su cara para agarrarla por detrás del cuello y acercarla, empezando a besarla de una vez. Su paciencia estaba a punto de agotarse, cada noche viéndola despedirse para irse a dormir en la habitación que había declarado suya lo desesperaba un poco más. La extrañaba y la necesitaba de nuevo, no solo porque la amaba y era su esposa sino porque no había mejor forma de liberar su tensión del trabajo. Pero se había prometido esperar, darle su espacio y dejar que fuera ella quien nuevamente mostrara esa iniciativa, después de todo era lo mínimo que debía hacer.

Más de una vez se había quedado de pie en la sala viendo hacia la puerta del cuarto del primer piso, pensando en dar los pasos que los separaban y meterse allí, su máximo había sido un par de noches atrás en que alcanzó a tener el pomo en sus manos, pero al final dio la vuelta antes de hacer algo precipitado o que lanzara por la borda lo que ya habían avanzado en recuperar su relación. El problema es que tampoco sabía cómo plantear la conversación acerca de ella regresando a su habitación, a la habitación de ellos como esposos.

En ese momento no había rechazo ni ninguna señal de desagrado por parte de Tenten por la forma en que la estaba besando, con la mano la apretó un poco para subirla más y sin insinuárselo ella de una vez movió las piernas para quedar a horcajadas sobre él. La castaña desapuntó hábilmente todos los botones de su camisa y tiró de la prenda para que se abriera y poder tocarlo bajo esta, él gruñó al tiempo que levantaba la falda para acariciarle el trasero. No era su imaginación, su esposa lo deseaba también y lo de ir despacio se acababa, de hecho así como estaban iba a pasar en ese mismo sofá. La mordió en el cuello al tiempo que masajeaba uno de sus senos por sobre la blusa y la escuchó gemir, un sonido que podía describir como la ambrosía misma y que definitivamente necesitaba escuchar muchas veces más. Afianzó su agarre para girarlos, listo para soltar su pantalón y un nuevo sonido se escuchó, pero esta vez no fue uno placentero.

- Ryuu — los dos se detuvieron y como si tuviera un resorte ella saltó de una vez fuera del sofá para correr escaleras arriba. Una maldición surcó su mente y subió a prisa también, su hijo no solía despertarse en las noches y menos llorando de esa forma — shhhh, shhhh, ya cariño, mamá está aquí

- ¿Está bien? — era una pregunta tonta y más si él mismo estaba viendo y escuchando al infante seguir llorando a gritos mientras Tenten hacía el ruido para calmarlo y lo mecía sin conseguir nada

- Tiene fiebre — dijo hacia él — ya cariño, no pasa nada — a ese paso los iba a dejar sordos — por favor pásame uno de los stickers de temperatura — le señaló la cómoda — segundo cajón — él lo abrió, recordaba cuando los habían comprado, el encargado de la tienda de bebés les había dicho que era la forma más fácil de medirle la temperatura a un infante y que no era tan incómodo como un termómetro tradicional — gracias

- Yo lo hago — se lo iba a entregar pero la castaña tenía una de las manos ocupadas sosteniendo al bebé, así que él quitó el protector del adhesivo y se acercó para pegárselo en la frente, los dos esperaron hasta que el número se iluminó levemente

- No es tan alta, no es la primera vez que le da fiebre con una vacuna — un nuevo shhhh sonó — le prepararé la bañera ¿podrías ver si queda gelatina en la nevera?

Él asintió y mientras bajaba a revisar lo que le fue pedido se fue apuntando la camisa, como padres tenían prioridades. Cuando regresó a la habitación lo hizo con un plato pequeño de gelatina que dejó en la mesa de noche antes de asomarse al baño, al menos en el agua el pequeño dragón había dejado de llorar. Pasados casi 30 minutos el adhesivo marcaba que la temperatura era normal, así que le pasó la toalla a Tenten para envolverlo y la vio cucharearle el alimento al niño sentada en la cama.

- ¿Algo más que pueda hacer?

- No, si quieres ve a descansar — el niño no se veía adormilado en lo absoluto — mañana tienes que trabajar, yo lo vigilaré

Le dio un beso en la coronilla al pequeño que hizo un ruido mientras seguía comiendo y a su esposa la besó en la mejilla. Recostado en la cama podía escuchar a Tenten tararear una melodía infantil, no supo si cumplió el objetivo de dormir a Ryuu, pero al menos a él sí.

Se despertó y se bañó de una vez para irse a trabajar. Todo se escuchaba particularmente silencioso, a esa hora normalmente ya se oía a su esposa y su hijo hablando, se asomó sin hacer ruido a la habitación infantil, Tenten no había puesto uno de los barandales de la cama cuna y estaba acostada junto al infante, los dos dormidos tras lo que probablemente fue parte de la madrugada desvelados. En la cocina saludó a Yuuki quien le sirvió el desayuno y tras pedirle que tratara de no despertarlos, se fue.

Estaba terminando de revisar unos informes cuando le llegó un mensaje de Tenten, la fiebre había regresado con más fuerza que antes y Ryuu se estaba molestando la oreja, así que iba para el pediatra. Sin pensarlo se levantó para conducir al lugar, llegando justo en el momento que salían de la consulta, era una infección de oído que aparentemente no era grave, si los síntomas no habían remitido para el lunes o la fiebre subía a 40 grados debían regresar, hasta entonces le fue recetado solo un medicamento que le ayudaría con la fiebre y el dolor. Condujo a casa para dejarlos y luego regresar a la oficina.

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El lunes estaba completamente curioso por lo que su esposa pudiera estar planeando para ese día, le había preguntado la noche anterior mientras cenaban si quería que pidiera a algún lugar específico, pero ella solo sonrió y le pidió que la dejara encargarse, no era de vigilar lo que ella compraba con las tarjetas, pero había abierto un par de veces la aplicación a la espera de alguna pista de lo que tramaba sin encontrar ningún movimiento extraño o pagos en ningún restaurante. La castaña había ido al supermercado y de paso a comerse un helado con Ryuu, quien afortunadamente ya había superado la infección y por lo que le dijo su esposa en el desayuno había pasado toda la noche sin quejarse de nada y sin que la fiebre regresara.

Su madre y hermana lo invitaron a almorzar, y luego se le hizo ligeramente tarde porque algunos de sus subordinados le habían comprado un pastel y lo repartieron antes de salir. Le había avisado a Tenten de la demora y ya iba en camino, su celebración en casa podía ser simplemente una pizza fría mientras veían una película y le alegraría de todas formas, que su esposa organizara algo para él era la mejor señal que las cosas estaban más que bien entre ellos, aunque todavía tuvieran pendiente terminar lo que fue interrumpido por su hijo unas noches atrás.

Al abrir la puerta de la casa no vio nada extraño, de hecho tampoco veía al pequeño dragón que solía correr a la puerta en cuanto lo escuchaba llegar, pensó que probablemente estarían en el sótano así que iba a ir hacia allá cuando vio a Tenten asomarse desde la parte superior de las escaleras, estaba ataviada con el vestido que él le había regalado para su cumpleaños 18, maquillada, peinada y con tacones, probablemente por eso estaba en el segundo piso, buscando el atuendo en el armario de esa habitación a la que no había regresado.

- ¿A dónde iremos? — preguntó dado que estaba arreglada, ella dibujó una sonrisa negando con la cabeza mientras bajaba

- No vamos a salir — le aclaró y él enarcó una ceja — ven — lo tomó de la mano y lo llevó hacia el comedor — es... espero te guste — abrió la puerta y pudo ver que la estancia había sido decorada para una cena romántica, flores, velas, vino y demás. Él se sentó y de una de las fuentes ella sirvió algunas papas salteadas con especias, un poco de verduras al vapor y luego se fue a la cocina, la escuchó mover algo y luego regresar con una bandeja cuyo olor inundó todo. Era un trozo de rib eye grande preparado al horno, con mantequilla se atrevería a apostar por el delicioso aroma

- Gracias — dijo en cuanto ella dejó su porción y puso una más pequeña en su propio plato

- No sé elegir vinos — se excusó y señaló la botella que estaba en la mesa — solo me dijeron en el supermercado que debía ser tinto — él lo revisó, personalmente no hubiera elegido ese pero la verdad le daba lo mismo — feliz cumpleaños

- Gracias cariño — se inclinó hacia ella para besarla y la vio sonrojada en cuanto se apartó, tomó los cubiertos y cortó el primer trozo de carne, había quedado en el punto justo para estar jugosa y había acertado con lo de la mantequilla, así que el sabor era exquisito

- ¿Qué tal está? — la castaña también estaba comiendo

- ¿Lo preparaste tú? — fue cuando cayó en cuenta en el porqué no había visto compras extrañas, ella había ido al supermercado por los ingredientes, Tenten asintió avergonzada

- No sé si me pasé de punto o...

- Está simplemente delicioso — con una sonrisa siguieron comiendo felices.

El postre fue un pastel de chocolate amargo que no tenía nada que envidiarle al de la pastelería que a él le gustaba. En la sala había también algo preparado que había pasado por alto cuando entró a la casa, su esposa había acomodado todo para que vieran su película favorita recostados en el suelo de la sala. La verdad es que a mitad de esta dejaron de prestarle atención, encontrando mucho más entretenido dedicarse a besarla e inmiscuir su mano bajo el vestido para acariciarla lentamente y disfrutar cada uno de los suspiros y jadeos que le estaba arrancando. Lo había pensado antes y lo reafirmaba, iba a hacerle un altar al hecho que Tenten siempre se vistiera de esa forma. El teléfono de ella sonó interrumpiéndolos y por la forma en que se apartó para contestar a prisa pensó de una vez que el destino, el universo o lo que fuera, lo odiaba y estaba en contra de sus deseos.

- Hola — no entendía la voz al otro lado de la línea, pero el tono le recordaba a su hermana — ¿qué tal se ha portado? — nuevamente un par de palabras del otro lado — ¿ha tenido fiebre? — ¿qué? — ¿ya se durmió? — no le recordaba a la pulga, estaba seguro que la persona tras el teléfono era Hana y que hablaban de su hijo — que bueno, cualquier cosa estoy pendiente — no supo que le dijo, pero Tenten se sonrojó por completo — hablamos mañana entonces — y colgó

- Cariño... ¿dónde está Ryuu? — había pensado que por sus días enfermo tal vez se hubiese dormido más temprano y eso explicara su ausencia. La castaña se mordió el labio y pareció dudar

- Hana lo está cuidando por esta noche, pensé que sería bueno que pudiéramos estar a sol... — no la dejó terminar la frase pues se había lanzado a sus labios de nuevo, esta vez con mucha más hambre de ella de la que había dejado traslucir hasta el momento.

Tenten respondió a su demandante beso con la misma intensidad, soltando la corbata y luego desapuntando la camisa para deshacerse de ambas prendas a la vez. Movió la cadera para frotarse contra su intimidad y los dos dejaron salir un gemido por la acción, por su cabeza solo surcaba la idea de hacer a un lado el estorboso panty y poseerla en ese mismo instante, pero no había esperado tanto tiempo para no disfrutar por completo.

Su cadera siguió moviéndose para mantener la deliciosa fricción, a la vez que soltó el broche del vestido para quitarlo. Sus senos eran cubiertos por un sugerente sostén que él hizo desaparecer en un segundo para poder dedicarse a lamerlos, toda Tenten era perfecta y volver a tenerla era lo que llevaba anhelando demasiado tiempo. En cuanto la sintió empezar a soltar su pantalón supo que era el momento de irse para la cama, la duda era para cuál, por cercanía y practicidad iba a ser la del cuarto de invitados, porque definitivamente iba a dejar de ser el autodesignado cuarto de ella y después de todo desde que tenían esa casa nunca habían hecho nada en este.

La castaña se deshizo por completo de su pantalón, su boxer y de su propio panty antes que él se subiera sobre ella en la cama, retomando el devorar sus senos y deleitarse con la inigualable melodía de sus gemidos que subió de volumen en cuanto su lengua empezó a pasar por su intimidad, que por cierto ya estaba empapada. Él había sido el primero y único en despertarle ese tipo de reacciones, y le encantaba serlo. Una de las manos de ella apretó la sabana y la otra tiró de su cabello un segundo antes de escucharla llegar a su orgasmo, se incorporó para verla completamente arrebolada y respirando agitada, orgulloso de saberse el único dueño de sus orgasmos y lo mejor es que ella misma hubiera planeado esa velada incluyendo el que la terminarían de esa forma. No perdió más tiempo, su miembro dolía por la falta de atención y de acción por esos meses, hizo que pusiera sus brazos por encima de la cabeza y los sostuvo con una mano mientras con la otra hacía que flexionara una pierna para dejarla alrededor de su cadera y la besó con fiereza justo antes de enterrarse en ella y empezar un vaivén de caderas desesperado.

Toda la espera había valido la pena, no solo por su propio clímax que en lugar de disminuir su excitación lo único que consiguió fue aumentarla y querer seguir disfrutando por completo de esa noche, sino porque por fin tenía a su esposa de vuelta en todo el sentido de la palabra. Probablemente se iba a quedar dormido al día siguiente sobre su escritorio, pero no le importaba ni un poco.

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¡Hola! Retomo actualizar esta historia, por ahora los sábados.

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Att: Sally K