Aclaraciones: Sin POV definido

Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial

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Disfruten la lectura

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Capítulo 26. Omisión

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Había estacionado el auto en la esquina y desde allí estaba viendo su hogar desde hacía media hora. Porque tras vestirse en completo silencio y sin hacer contacto visual había conducido hasta ese lugar. No se reconocía a sí misma ni mucho menos a lo que acababa de hacer, teniendo su cabeza funcionando a mil por hora sin ser capaz de avanzar la distancia que le faltaba para llegar. Las lágrimas empezaron a deslizarse por sus mejillas, no sabía qué era lo peor de todo, el haberse acostado con su jefe tan solo un rato atrás o que lo hubiera disfrutado a tal extremo.

No podía mentirse a sí misma, le había gustado, había tenido el primer orgasmo de su vida provocado por alguien diferente a Kiba y la culpabilidad ahora la estaba cubriendo por completo. Debía hablar con su esposo, contarle la verdad de la falta que había cometido, pero ¿qué justificación podía dar? ¿Cómo explicar lo que había hecho? Llevaba 9 años y medio de casada, precisamente en tan solo unas semanas se cumplirían 10 años de la concepción de Ryuu.

¡Ryuu! Su corazón se aceleró más de lo que estaba y las lágrimas aumentaron la intensidad, ¿Y si Kiba le pedía el divorcio por ese motivo? ¡NO! Ella no podía divorciarse, ella no podía perder a su hijo. ¡¿En qué estaba pensando cuando correspondió ese beso?! Neji era un hombre correcto, de seguro si ella se hubiera rehusado y se apartaba de ese beso él tan solo se habría disculpado. Tampoco podía decir que la había forzado a nada, esa era la mayor culpabilidad de todas, que ella consciente y activamente había participado del encuentro.

Ella misma lo había desvestido a él, lo había tocado de forma nada casta y su cuerpo había reaccionado a todas y cada una de sus caricias. Nunca había tenido con quien comparar el desempeño de su esposo en la cama, solo sabía que lo disfrutaba, así como había disfrutado lo que acababa de hacer.

De nuevo ¿cómo podía justificarse? Si bien el sexo ya no era algo que pasara tan seguido en su matrimonio, lo cual era un poco natural dados los años que llevaban juntos, tampoco significaba que el deseo por su esposo hubiera disminuido, ni que solo tuvieran relaciones en ocasiones especiales por obligación o nada así. Era solo que muchas veces en las noches preferían solamente quedarse abrazados, porque el dormir abrazados era una constante. De hecho en general seguían siendo románticos uno con el otro y todos los días se decían que se amaban. ¿Entonces qué había pasado con ella?

Ninguna mujer con sentido común se atrevería a decir que Neji era feo, era un hombre muy atractivo y eso era innegable, pero eso no justificaba nada. Ella no se iba acostando con cuanto hombre atractivo se encontrara por ahí, ella era una mujer casada y fiel. Nunca había siquiera pasado por su cabeza el vengarse por la aventura de Kiba con Tayuya, el decirse a sí misma en ese momento que dado que él la había engañado esa vez, ella tenía todo el derecho de hacer lo mismo y ahora el marcador estaba igual. No era un maldito partido de futbol en el que se buscaba el empate o anotar más tantos que el rival. ¡Era su matrimonio!

Y era la custodia de su hijo lo que había puesto en juego, lo que había olvidado por completo en el momento que se dejó llevar por ese impulso que le despertaba su jefe. No podía decirle nada a Kiba, era un hecho, no iba a arriesgarse a que le quitaran a su hijo para siempre. Había sido un error que no se iba a repetir, solo tenía que evitar que su esposo se enterara de lo ocurrido y tarde o temprano lo olvidaría, sería por mucho un recuerdo lejano de lo que no debería volver a hacer.

Con ese intento de darse valor encendió el motor del auto para avanzar los pocos metros que le faltaban. Al abrir la puerta de entrada suspiró aliviada, era muy tarde y todos estaban durmiendo. Se sentía sucia en todo sentido, pero en un sentido más estricto lo estaba pues no se había limpiado después que terminaron dado que su única prioridad había sido irse, también podía sentir todavía el olor de Neji pegado a ella. Así que avanzó hasta el cuarto de invitados para usar ese baño.

Se dio una ducha a consciencia, asegurándose de desaparecer cualquier evidencia de sí misma de lo sucedido. Hizo un turbante en su cabello con una toalla y se envolvió en una bata pues no tenía su pijama allí, la ropa la hizo una bola y la arrojó a la basura, no podía permitir que Yuuki mencionara que había encontrado tales prendas en esa habitación lo cual podría suscitar preguntas o que de casualidad Kiba viera en la cesta de ropa sucia y notara los rastros que había en su falda. Subió las escaleras a pasos lentos, asomándose a la habitación de Ryuu, su pequeño dragón estaba profundamente dormido por lo cual no entró, entrecerró de nuevo esa puerta y continuó su camino a su habitación.

Kiba se había dormido ocupando gran parte de la cama, por lo que sin importar como tratara de acostarse, lo iba a desacomodar un poco. Se puso su pijama y fue al baño de nuevo, comprobando una vez más que nada en su apariencia la delatara. Se desenredó el cabello todavía húmedo y tras respirar profundo varias veces se fue a la cama. Con todo el cuidado que pudo movió a su esposo para poder acostarse a su lado, la reacción de él fue inmediata, tomándola de la cintura para pegarla a su cuerpo, suspirando.

- Nunca habías llegado tan tarde — dijo en un murmullo

- Lo siento — él acercó la nariz a su cuello e inhaló profundo

- Hueles a jabón — un escalofrío la recorrió, ella no sabía mentir y había sido tonta al pensar que podía ocultarle algo semejante a Kiba — me gusta

No dijo nada, solo lo escuchó bostezar y reacomodarse con ella en brazos para seguir durmiendo. Algo similar al alivio apareció, no podía cantar victoria, de momento solo había tenido a su favor que su esposo estuviera muy adormilado por la hora que llegó, nada más. Con algo de suerte nunca sabría lo ocurrido.

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Por lo general tomaba una ducha rápida antes de dormir, era parte de su rutina por lo que eran contadas las ocasiones en las cuales omitía esa parte y esa noche había sido una de esas. Tan solo se desvistió y se metió bajo la manta sin ánimos de pensar en nada más en ese preciso instante. Sabía que había cometido un error y que se acababa de quedar sin asistente, pero simplemente no quería que sus pensamientos se fueran a ello en ese momento.

Despertó justo unos minutos antes que la alarma sonara y ahora sí fue la hora de una ducha. No era muy usual que los hombres usaran el cabello largo, pero era algo característico de su familia, eso y su color de ojos. Por lo cual lo desenredó y se vistió, mientras esperaba en el comedor que el desayuno le fuera servido su mente empezó a analizar lo ocurrido la noche anterior en su oficina.

No es que quisiera pensar en todo el encuentro segundo a segundo para revivirlo en sí, sino porque tenía que buscar algún posible indicio de rechazo, de saber si había actuado en contra de la voluntad de Tenten y ella había intentado detenerlo en algún punto sin que él hubiese sido capaz de notarlo. Pero todo lo que podía recordar eran sus suaves suspiros y los gemidos que habían inundado la oficina, apretó su puño ante ese recuerdo exacto de ella moviendo la cadera a la par de sus embestidas, acelerando así la culminación de los dos.

Fue sacado de sus memorias por el sonido del plato que había sido dejado al frente suyo, al menos podía decir que no la había abusado, todo el encuentro había sido consentido. Eso no cambiaba que si Tenten lo acusaba con Recursos Humanos se metería en un problema, él mismo estaba en contra de los empresarios que usaban su posición para aprovecharse de sus subordinadas y de alguna forma inexplicable acababa de volverse uno de ellos. Por más que se dijera a sí mismo que ella también había participado, siempre podía decirse en un juicio que no se había negado porque él era su jefe.

No quería pensar en un juicio, su imagen era impecable, la cuestión es que al tener Tenten el esposo que tenía, la situación no podía resolverse con una indemnización y ya. Aunque precisamente dudaba que los Inuzuka estuvieran dispuestos a involucrarse en un escándalo semejante. ¿Cuál de esas situaciones pasaría? ¿La castaña lo acusaría a Recursos Humanos o lo haría con Kiba y tendría al hombre en su oficina dispuesto a golpearlo? Porque podía apostar que el Inuzuka era de los que resolvería esa situación a los puños, sonrió de lado mientras comía sus huevos cocidos, en toda su vida jamás lo habían golpeado y era algo absurdo que quien lo iba a hacer fuera justamente ese hombre.

Dio el primer sorbo a su jugo de naranja al haber terminado de desayunar cuando escuchó que una puerta en el segundo piso se abría, seguido de varios pasos que reconoció. Dejó el vaso en la mesa y se quedó esperando hasta que la puerta del comedor se abrió, dejando ver a su esposa.

- Buenos días, amor — lo saludó avanzando hacia él para besarlo

- Buenos días — contestó en cuanto ella se sentó

- Pensé que pasarías anoche a mi habitación — él enarcó una ceja, para eso servía tener una casa de 6 habitaciones, para que Shion se hubiera instalado en una diferente a la suya, inicialmente porque en esta había instalado algunas de las máquinas que usaba para sus tratamientos de belleza y tenía ese armario lleno por completo de diferentes cremas, mascarillas y cosas así, luego simplemente empezó a dormir allí algunas noches en las que necesitaba su "sueño reparador". Ahora cuando estaba en la ciudad por lo general dormía la mitad de las noches con él y la mitad sola.

- No me dijiste que habías regresado — no era exactamente un reclamo

- Quería darte la sorpresa — ella sonrió y él no contestó nada — te estuve esperando pero no te escuché llegar

- Estoy en medio de una negociación complicada, regresé tarde

- Lo importante es que ya sabes que estoy aquí — él asintió — podemos ir esta noche a la inauguración del nuevo restaurante, tengo ganas de salir y me invitaron — había vuelto a tomar el vaso para terminar de beber su jugo — ¿Qué dices?

- Si quieres ve, saldré tarde hoy también

- Pe..pero amor, quiero que vengas conmigo y ya confirmé nuestra asistencia

- Debiste decirme para tratar de organizar mi agenda, sabes que detesto que dispongas de mi tiempo y te pregunté hace unos días cuándo regresabas — Shion no fruncía el ceño, decía que no podía tener arrugas antes de tiempo. Igual se notaba contrariada

- Neji, soy tu esposa — su voz denotaba que se había enojado — no puedes pretender que llame a tu oficina y saque una cita con tu asistente solo para que pasemos una velada juntos

- Shion, sabes que por mi trabajo tengo épocas más ocupadas que otras — replicó — hoy saldré tarde

No esperó respuesta, dejó el vaso vacío sobre la mesa y se puso de pie para irse. Si bien ya había tomado la decisión de retirarse de la negociación porque sabía que había perdido a su intérprete y por tal motivo no tendría a tiempo la respuesta, la verdad es que no estaba de ánimo para ir a un lugar con mucha gente ese día.

No se sorprendió al llegar a la oficina y ver que su asistente no se encontraba allí, Tenten solía estar antes que él, pero era obvio que ese día no sería así. Entró a su oficina y se detuvo en la puerta al ver la mesa en la que había pasado todo la noche anterior, varios documentos habían resultado en el suelo, por lo que empezó su día organizando. Una vez se veía todo de forma normal, se sentó en su escritorio y encendió su computador, en ese momento no le importaba ni un poco la diplomacia habitual que lo caracterizaba. Por ejemplo lo de contestar las negociaciones en el idioma de la otra empresa para facilitarles todo, pero esa mañana ni siquiera se molestó en usar el traductor de internet, directamente en su propio idioma escribió que ya no estaba interesado. Que ellos se las arreglaran para traducir eso, punto final.

Aunque por un momento también pensó en contestarles que doblaba su oferta, en cuanto la aceptaran se encargaría de quemar dicha empresa hasta los cimientos por las molestias que le había ocasionado. En fin, por ahora tenía que dejar archivado lo que había alcanzado a hacer en la anterior propuesta porque le podría servir a futuro, probablemente más tarde le preguntaría a Konan en dónde podía conseguir una trituradora de papel para pasar toda su mañana destruyendo hoja a hoja lo que había impreso los días anteriores y ya en la tarde o el lunes avisaría a Recursos Humanos que necesitaba una nueva asistente, además de empezar a buscar nuevos negocios.

Estaba revisando los correos que había enviado al respecto cuando escuchó algunos pasos afuera de su oficina. Si bien su lugar de trabajo estaba ubicado dentro del edificio de la compañía Hyūga, no compartía piso con nadie más que su asistente por lo cual a menos que mandara a llamar a alguna de sus coordinadoras, ninguna otra persona iba allí. De hecho cuando su tío quería hablar con él en el trabajo lo hacía ir hasta su oficina, nunca iba a la suya. Antes de tratar de seguir divagando en quien podría ser la otra persona presente en el lugar un par de golpes sonaron en la puerta.

- Adelante

- Bu...buenos días — saludó Tenten y él ocultó su sorpresa al verla

- Buenos días — la palabra silencio incómodo se acoplaba perfectamente a lo que pasaba

- Empezaré con la traducción de cláusulas, mientras corriges el porcentaje repetido — sin decir más avanzó para tomar el portátil que estaba sobre la mesa y lo tomó

- Espera, Tenten — la detuvo cuando estaba a punto de salir — siéntate — señaló la silla del otro lado de su escritorio, le pareció verla respirar profundo antes de obedecerlo — ¿Kiba vendrá a golpearme?

- ¡No! — aclaró con vehemencia — no, yo...

- ¿No lo hablaste con tu esposo? — ella negó con la cabeza — ¿con Recursos Humanos?

- No... yo... Neji, lo que pasó fue...

- Un error — admitió y ella asintió — debo disculparme por lo que hice, no hay una justificación válida y quiero que sepas que estás en todo el derecho de acusarme bien sea con Recursos Humanos o con Kiba

- No puedo hacer eso — fue apenas un susurro — yo... nadie puede saberlo, especialmente mi esposo — la vio jugar con el anillo en su mano — no puedo arriesgarme a un divorcio, así que Kiba no va a saber de mi error

- Entiendo — él no había pensado aun en cómo tomaría Shion enterarse de algo así — ¿Vas a renunciar?

- ¿Me vas a despedir? — él negó — en ese caso prefiero quedarme, es decir... — pareció organizar la idea — nunca me he quejado de mi trabajo en casa o mencionado que esté pensando en renunciar, hacerlo de repente solamente hará que Kiba sospeche que pasó algo y me pregunte al respecto... no sé mentir, podría enterarse en ese momento y... — se quedó callada

- No volverá a ocurrir, sin importar lo que pase tampoco volveré a pedirte que te quedes hasta tarde

- Gracias

- Entenderé que renuncies en cualquier momento — Tenten asintió — bien, aclarando esa situación — cambió el tema — desistí de la negociación, por lo tanto no es necesario traducir nada más

- ¿Por qué?

- Lo primero es que asumí que ya no tendría a mi traductora, lo segundo es que hay mucho pendiente y tendría que trabajar el fin de semana para tener todo listo el lunes. No vale la pena

- ¿Entonces qué debo hacer hoy?

- Consigue una trituradora de papel y rompe todo eso — señaló la pila de documentos — por lo demás empezaré a buscar nuevas inversiones así que por ahora solo tu trabajo normal

- Muy bien — Tenten se puso de pie y tomó los documentos además de nuevamente el portátil — ¿algo más?

- Mi esposa está en la ciudad, por favor haz una reservación en alguno de los restaurantes de siempre para mañana

Ese fue el fin de la conversación, mientras la castaña salía de su oficina le fue imposible no fijarse en ella y recordarla sin ropa, por lo que sacudió la cabeza para deshacerse de ese pensamiento. Era un hombre casado y ella era una mujer casada, aunque no lo fuera a ir a golpear igual debía traer a colación el consejo que le había dado Kiba antes de casarse.

"No ser un idiota".

Él no era un idiota, tan solo había sido un pequeño desliz que no se repetiría.

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Estaba distraída, mucho más distraída de lo que podía llegar a ser en situaciones normales. Era viernes en la noche y Kiba había pedido hamburguesas para la cena, por lo cual Ryuu estaba feliz mientras esperaban que llegara. Afortunadamente los dos hombres de su vida ya se encontraban recuperados, por lo cual el usual parloteo de su hijo inundaba la estancia.

- ¿Puedo mami?

- ¿Qué? — preguntó, se había desconectado por completo, algo segura que su pequeño dragón no solía decir cosas muy importantes mientras parloteaba de esa forma

- Ir a la pijamada — dijo con obviedad y ella buscó los ojos de su esposo para ver si él sí había prestado atención — ¿Papi?

- Todavía estás castigado — le aclaró Kiba, y Ryuu hizo un puchero

- Por favor — rogó — todos los niños populares estamos invitados — ninguno de los dos contestó — por favor, por favor, por favor — volvió a rogar

- No me gusta que ruegues — contestó ella — ¿ya te pusiste al día en los deberes de los días que faltaste?

- Sí, sí lo hice

- ¿Todos? — volvió a cuestionar y su hijo asintió moviendo la cabeza enérgicamente — ¿Estás seguro?

- Sí, mamá — se levantó y fue corriendo al estudio para regresar con su maleta, sacando cada uno de los cuadernos para mostrárselos — ¿me darás permiso? — antes de contestar el timbre sonó, anunciando que había llegado la cena.

- ¿Cuándo es? — retomó la conversación estando ya todos en el comedor

- Mañana, ya te muestro — fue a buscar el celular y Kiba hizo un ruido para detenerlo

- Ya sabes que sin teléfonos en la mesa — ella sonrió, no había sido una alucinación febril, su esposo estaba siendo más estricto con el pequeño dragón

- Pero de verdad quiero ir, por favor mami... papi... — hizo un puchero de nuevo

- Lo consultaremos con la almohada y mañana tendrás una respuesta, ahora come — le señaló la hamburguesa que no había probado aun

- Pero...

- Come

El castigo por haber ocultado sus deberes la semana anterior todavía se mantenía, aunque la verdad nunca había dicho el tiempo específico para tal castigo. Así que Ryuu tenía prohibido ver televisión, jugar en el teléfono y en la consola que Kiba le había regalado en su último cumpleaños. Era un poco complejo comprobar si estaba cumpliendo al pie de la letra eso pues los dos estaban en el trabajo durante el día.

Ya pensaría al día siguiente si lo dejaba ir o no a la pijamada, por ahora solo tenía que esforzarse en seguir concentrada en lo que pasaba en la casa, se seguía sintiendo completamente culpable por lo que había hecho y temía que en cualquier momento su esposo pudiera ver a través de ella, podía presentir que le gritaría, le diría que era una infiel y que debía empacar su maleta para irse, siendo esa la última cena que había compartido con su hijo.

No podía seguir pensando así, entre más se sumergía en ese tipo de pensamientos, más culpable se sentía y más creía que lo que había hecho se leía en su cara. Por eso también estaba pensando en lo del castigo, tal vez pensando que prefería que su hijo la recordara de una buena forma.

- ¿Pasa algo, cariño? — Kiba ya se había metido a la cama y estaba leyendo en el celular bastante concentrado, pero de reojo había visto que ella se acostaba y solo veía al techo

- ¿Por qué crees eso? — al menos su voz no había fallado, él se encogió de hombros

- ¿Quieres que veamos una película?

- Pensé que ibas a leer — Kiba negó con la cabeza

- Puedo terminar esto mañana — hizo el teléfono a un lado, reacomodándose de forma que podía abrirle los brazos para que se acomodara allí, lo que ella hizo de una vez, inhalando profundo para dejar que su nariz se llenara de ese olor que le encantaba y disfrutando la seguridad que él le transmitía — ¿segura que estás bien, cariño?

- Sí, solo pensaba en Ryuu... — evadió

- Te dejo esa decisión a ti, yo diré que estoy de acuerdo — dijo riendo — es difícil ser un padre estricto ¿lo sabes? — ahora fue ella quien se empezó a reír porque esa tarea siempre le había tocado sola — ¿película?

- Película — aceptó.

Se quedó dormida a mitad de la película, pero con un nuevo día llegaba nuevamente el tener su mente funcionando a mil por hora. Tenía la firme convicción que si hubiera renunciado sin decir nada iba a levantar sospechas o al menos muchas preguntas por parte de su esposo respecto a las razones para hacer tal cosa, el problema es que también le estaba sentando mal no haberlo hecho y que en caso que Kiba se enterara después le recriminara el haber continuado trabajando como si nada.

Es decir, que el no haber renunciado después de acostarse con su jefe pudiera ser interpretado como que pretendía seguir haciéndolo o que lo haría hasta que cambiara de trabajo. Y no, no era así. De alguna forma le había dado calma que Neji dijera que no volvería a pasar, además de lo de no tener que volver a quedarse hasta tarde o nada que la pusiera incómoda. Su jefe había actuado como si la culpa hubiera sido exclusivamente de él y de alguna forma eso también la tranquilizaba.

Así que lo único que tenía era que dejar de pensar en ese asunto, enfocarse en su familia y más específicamente en su esposo. Se había dormido a mitad de película lo que había descartado que tuvieran relaciones la noche anterior, eso podría ser algo importante, enfocarse en su relación de pareja y recordarse precisamente que ella nunca había dejado de amarlo. Por eso le dio permiso a Ryuu para ir a la dichosa pijamada, eso le daría parte de la tarde libre y toda la noche a solas con su esposo. Sacudió la cabeza para no pensar en que algo así había hecho Kiba en su momento para evitar que ella sospechara de su aventura, ¡ella no estaba teniendo ninguna aventura! Había sido solamente un error de una vez, nada más.

Su pequeño dragón canturreaba feliz en el asiento trasero mientras ella conducía hasta el lugar en el que era la pijamada, su esposo se había quedado porque dijo que tenía un negocio en mente y quería leer algunas de las condiciones para saber si le convenía o no. Se detuvo frente a una enorme casa y acompañó a su hijo hasta la puerta, esperando a que les abrieran. Saludó a las madres que estaban allí, le ofrecieron una copa de mimosa que ella aceptó, era la menor de todas las mujeres pero nunca la habían tratado mal o hecho ningún comentario al respecto, a fin de cuentas era la esposa de un hombre importante y nada más era relevante. Se despidió tras estar segura que la llamarían si alguna emergencia ocurría y en el camino de regreso a su propio hogar estuvo pensando en un posible plan.

- Estamos solos — saludó al entrar al estudio, en donde Kiba estaba con su atención fija en la pantalla del computador

- Pensé que no lo ibas a dejar ir — ella avanzó hacia el escritorio, tenía más o menos una idea de lo que quería hacer

- Es una salida con amigos, no me pareció justo negársela, además... — no completó la frase, ya estaba junto a él

- ¿Además? — su esposo dejó de ver la pantalla para ahora verla a ella que se había sentado sobre la mesa a su lado

- Tal vez quería que estuviéramos solos... — Kiba enarcó una ceja y ella sonrió — ¿no crees?

- ¿Qué tienes en mente? — no le había tomado nada de tiempo notar su doble intención y había posado una mano en su pierna, empezando a acariciarla mientras subía su falda

- No lo sé... tal vez podamos pasar un rato juntos... o ir a cenar afuera... — él giró la muñeca para ver la hora en el smartwatch

- Tenemos tiempo para las dos cosas — ella se fue a bajar de la mesa pero el Inuzuka se lo impidió, poniéndose de pie para acomodarse entre sus piernas — no, ha pasado algún tiempo desde que hicimos algo aquí...

Volvió a sonreír antes de empezar a besar a su esposo. Le sentaba mal copiarle la estrategia, pero debía asegurarse que nunca supiera la verdad.

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Att: Sally K