Aclaraciones: Sin POV definido
Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial
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Disfruten la lectura
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Capítulo 28. Recidiva
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Su atención durante las reuniones estaba parcialmente dividida, por un lado se enfocaba en las condiciones y todo lo que Tenten iba traduciendo a medida que los dueños de la compañía en la que estaba interesado iban diciendo, contestando a la par con los espacios de tiempo necesarios para que ella pudiera hacer su trabajo. La otra parte estaba precisamente fija en ella, en las pequeñas microexpresiones que hacía a medida que hablaba o cómo parecía organizar todo en su cabeza antes de pronunciar lo que le era pedido.
No negaría que la encontraba fascinante, especialmente el lograr entender cómo funcionaba su cabeza en esos momentos. Personalmente nunca se había sentido atraído hacia los idiomas, si bien era algo fundamental en su trabajo, no era algo que hubiese estado en sus intereses. Lo único era el inglés, de alguna manera al haberse graduado del colegio dominando tal idioma y haber hecho su universidad en Estados Unidos de alguna forma se convenció a sí mismo en ese momento que era el único que iba a necesitar.
Obviamente no lo era y el haber tenido que contratar varias veces un intérprete era la mejor prueba de ello. De ahí también que le gustara que la castaña trabajara para él, era un bonus tanto porque dominaba varios idiomas como porque no tenía que esperar hasta conseguir a alguien adecuado para traducir una respuesta a un simple correo.
- ¿Por qué ayer el agente de migración te dio la bienvenida a casa? — preguntó curioso mientras almorzaban, era poco lo que sabía de chino, más allá de saludar y preguntar en dónde estaba el baño. Pero había entendido esas palabras, Tenten acababa de llevarse a la boca un dumpling de cerdo
- Porque nací aquí — le contestó tras masticar y pasar la comida
- ¿Aquí?
- Bueno, no aquí, aquí — la castaña sonrió — esto es un restaurante — él sonrió a su vez — quiero decir, técnicamente hablando soy china
- No sabía eso — admitió — ¿por eso dominas el idioma? ¿O a qué te refieres al decir técnicamente?
- Mis padres son chinos, emigraron cuando yo tenía menos de 1 año — hizo algo parecido a un encogimiento de hombros — nací aquí, pero no crecí aquí
- Curioso ¿Y lo del idioma?
- Mis padres a veces lo usaban en casa y ellos me ayudaron en lo que pudieron con las bases y la pronunciación, también tenía varios libros que mamá se llevó al mudarse, el resto fue como autodidacta
- ¿Aprendiste todos tus idiomas de esa forma?
- No, el inglés fue del instituto
- Somos graduados del mismo lugar — aclaró sin ningún motivo
- ¿En serio? — él asintió — bueno, con lo poco que enseñan de francés decidí usar mis vacaciones mientras era mayor de edad para mejorarlo junto con el chino. Siempre quise estudiar algo en lo que pudiera usar los idiomas, pero...
- Ryuu — concluyó él
- Sí, algo así... — estuvo dudosa un momento — en el tiempo que estuve en casa dedicada a mi hijo antes de empezar la universidad usé mis ratos libres siendo autodidacta de nuevo, el coreano lo aprendí en la carrera
- Pocas personas pueden aprender idiomas con tanta facilidad
- Hay algo, no lo sé, curioso en cómo puedes entender otras culturas a medida que entiendes las raíces de un idioma — ella dibujó una sonrisa — por eso intenté que mi hijo también lo sea
- ¿Qué pasó?
- Domina el inglés y se defiende en francés, por falta de tiempo dadas mis clases no seguí sus lecciones de chino así que solamente lo chapucea y no parece interesarle en lo más mínimo mejorarlo — exhaló pesado — pero bueno, es su decisión
- Al menos escribe con las dos manos — dijo a modo de broma y Tenten se empezó a reír. Terminaron de comer en silencio y cuando se dirigían de regreso a la empresa para retomar la reunión él volvió a hablar — ¿Eres de aquí de Cantón?
- No, nací en Zhengzhou y es todo lo que puedo decir al respecto. No conozco mucho de la ciudad.
Volvieron a quedarse callados, al menos hasta que estuvieron en la oficina y los dueños de la empresa insistieron en que hicieran un recorrido por el lugar para que conociera exactamente en qué estaba invirtiendo. Estaba al tanto de a qué se dedicaba la compañía y consideraba innecesario que se la mostraran, su estrategia de negocio una vez adquirida se enfocaría en delegar a otros los cambios que quería hacer y probablemente para esa fecha el siguiente año ya la estuviera poniendo a la venta.
La semana fue pasando lentamente, en los almuerzos solía conversar un poco con Tenten e indagarle sobre su vida, nunca había escuchado acerca de los padres de ella ni a qué se dedicaban exactamente y la verdad es que sin importar cómo formulara la pregunta no obtenía una respuesta directa. Sintiéndose un poco mal también por preguntarle tanto sobre su padre cuando sabía que este había fallecido unos meses atrás.
Nunca cenaban juntos, la castaña compraba la cena y la comía en la habitación, por lo que le dijo después lo hacía mientras hablaba con su familia. Ese viaje le había ayudado a él a darse cuenta de lo solo que se sentía en general, siempre se había considerado algo solitario y socializaba lo necesario, pero a pesar de ser un hombre casado sentía una enorme soledad en ese momento pues él no tenía realmente con quien hablar.
Shion estaba en la casa y no había mostrado mayor reacción cuando él le dijo que estaría fuera una semana, su matrimonio era cada vez más algo decorativo. En julio cumpliría 5 años de casado y ya nada era cómo lo había pensado cuando decidió que ella era la mujer con la que compartiría el resto de su vida. Tal vez precisamente porque la palabra compartir empezaba a ser algo ajeno a su relación. Había decidido no escribirle a su esposa y esperar que fuera ella quien lo hiciera, siendo el miércoles la primera vez que lo había hecho, por lo que la llamó y la conversación se fue por completo en escucharla hablar de las personas que se había encontrado en el Club y en la nueva gira de trabajo que empezaría en un par de meses. Sin preguntarle ni una vez cómo iba él en su viaje.
El jueves la conversación fue bastante parecida, aunque al menos le preguntó cuando regresaría para poder planear que fueran juntos al nuevo restaurante de moda. Asintió con desgana a que ese fuera el plan para el domingo en la noche que ya estaría con ella y al colgar arrojó su teléfono a un lado frustrado.
Al menos el viaje había sido productivo y el viernes estaba cerrando la negociación por la que había tenido que ir hasta allá. Los dueños de la compañía, ahora sus socios minoritarios, abrieron una botella de champaña para celebraran y los invitaron a cenar por el mismo motivo. Vio de reojo que Tenten parecía algo reacia a ir, probablemente por su usual rutina en las noches y en el camino al restaurante la vio concentrada en su teléfono al parecer chateando.
- Lo siento — se excusó ella en cuanto se sentaron por tener toda su atención en el teléfono, porque además debía seguir haciendo de traductora — ya le avisé a mi esposo que me ocupé. ¿Necesitas ayuda con el menú? — él negó, optando por un lo mein de mariscos y no entendió lo que pedía Tenten, pero cuando el plato llegó olía picante
Trató de no hablar mucho no solo porque prefería dedicarse a comer, sino por consideración a la castaña que no podía masticar en paz por estar traduciendo de lado a lado, contestando a su vez algunas preguntas que suponía iban dirigidas directamente a ella.
- Preguntan que si quieres shanniangjiu — él enarcó una ceja — es una especie de vino de arroz, o eso dijeron
- ¿Qué dijiste tú?
- Que no bebo, pero me reprocharon la copa de champaña de hace un rato así que lo probaré aunque dudo que me guste, nunca he sido fanática del vino
- Una copa — aceptó, él tenía ya servida una copa de whiskey por lo cual no se le antojaba particularmente la otra bebida
Las copas fueron servidas y arrugó la nariz disimuladamente al probarlo, era un vino dulce lo cual no combinaba para nada con la comida, personalmente prefería los vinos secos o semisecos. La conversación siguió por un rato más, él rehusó cuando le ofrecieron una nueva copa, curiosamente Tenten sí aceptó que le sirvieran de nuevo. A su mente acudió el recuerdo que la primera vez que escuchó de la esposa de Kiba y que la desaparición del hombre de la velada había sido con las palabras se la tuvo que llevar completamente ebria, ¿sería ese el caso ahora? ¿Iba a tener que lidiar con su asistente borracha? Porque lo de no beber evidentemente era mentira.
No hubo una tercera copa, por fortuna la cena terminaba y era hora de ir al hotel. Al día siguiente no había nada programado, pero por lo general le gustaba dejar ese día de descanso antes de tomar el vuelo de regreso el domingo en la mañana. En el recorrido del taxi vio a Tenten bostezar, no era tan tarde pero había sido un día largo.
- ¿Tienes planes para mañana?
- Quiero ir a la librería a comprar algunos libros para Ryuu y para mi madre. ¿Me necesitas para algo?
- No lo creo
Ella asintió y él tan solo se dedicó a verla de reojo el resto del camino, a pesar de los meses que habían transcurrido y de haber dicho que no volvería a pasar, la verdad era que muchas veces se encontraba a sí mismo viendo de más a Tenten, tratando con dificultad que los recuerdos de esa noche no surcaran por su mente. Habían sido claros el uno con el otro respecto a haber cometido un error que no se repetiría y él era un adulto que no se dejaba llevar por impulsos.
Por eso en cuanto estuvieron en su piso la acompañó hasta la puerta de la habitación, pensando en que fiel a su rutina de la noche iba a tomar una ducha, con la diferencia que iba a ser muy fría, una vez se fuera su propia habitación. Tenten no decía nada, parecía algo ensimismada y en el momento que estuvieron frente a la puerta de la habitación se quedó quieta, su propia mente le decía que volviera a besarla y él solo estaba rogando que abriera de una buena vez para terminar su fase de caballero y poder irse a la ducha mencionada.
- ¿No vas a entrar? — preguntó ella de repente y él analizó la frase varias veces
- ¿Me estás invitando a pasar? — prefirió preguntar para corroborar lo que había escuchado, en ese momento Tenten pareció desconcertada
- ¿Esta no es tu habitación?
- La mía es la del final del pasillo — la castaña empezó a reírse
- Lo siento, creo que me confundí — él asintió y la vio morderse el labio mientras buscaba la tarjeta para abrir.
La espera se le hacía exasperante pero darle la espalda de repente para seguir su camino no era correcto. El clic de la puerta al ser abierta se escuchó por fin y en cuanto él fue a despedirse Tenten se puso de puntas de pies, agarrándolo de la corbata para besarlo. Esta vez fue su turno de corresponder de forma automática, tomándola de la cintura a lo que ella se amoldó para estar más pegada a su cuerpo, así que a pasos seguros se adentró en esa habitación.
Había sido una noche calurosa y la temperatura de ellos estaba muy por encima de la del ambiente, aunque el clima también implicaba que Tenten estaba usando un vestido floral que al quitarlo la dejó de una vez en ropa interior. Recordaba perfectamente lo bien que había podido ver de su cuerpo esa vez en la oficina y era una lástima que por estar concentrado en devorarla no se había preocupado por encender la luz, porque moría por verla de nuevo completamente desnuda. Tampoco le importaba mucho en ese preciso instante, todos sus sentidos estaban inundados de ella y esa iba a ser una larga noche sin duda alguna.
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Se despertó y se sintió desubicada de inmediato, viendo a su alrededor hasta que reconoció la habitación de hotel en la que había estado la última semana por el viaje de negocios en el que tuvo que acompañar a Neji. Neji, miles de pensamientos cruzaron su mente ante la mención de ese hombre y lo que había pasado la noche anterior. Estaba sola en la cama por lo que supuso él se habría ido para su propia habitación, así que trató de reprocharse a sí misma su forma de actuar.
No culparía al alcohol, sus sentidos estaban perfectamente funcionales luego de las 2 copas del vino que extrañamente le había gustado y no había bebido absolutamente nada más en esa cena. Pero el impulso de besarlo no había sido algo surgido por estar desinhibida, tampoco fue de la nada ni del hecho de estar frente a su habitación, llevaba todo el viaje luchando consigo misma por sus pensamientos hacia su jefe, recordándose cada noche que su esposo e hijo la esperaban en casa.
La puerta del baño se abrió y de este salió justamente el hombre en quien pensaba, estaba completamente desnudo y ella sintió los colores subir a su rostro. Pero no de vergüenza como le había pasado muchos años atrás la primera vez que vio a Kiba desnudo, precisamente porque nunca había visto un hombre de esa forma. No, no era algo ni remotamente parecido a eso lo que pasaba por su cabeza en ese momento, era deseo, le gustaba lo que estaba viendo.
Neji pareció leer su mirada, acercándose a la cama y en un hábil movimiento estuvo sobre ella, tomando el borde de la manta que cubría su desnudez para deslizarla hacia abajo. Estaba mal, sabía que era completamente incorrecto el no apartarlo mientras esos suaves besos eran depositados en su cuello y toda su piel se erizaba, pero el problema era exactamente ese, todo su cuerpo reaccionaba y suplicaba por volver a tener relaciones con él. Desconectó su mente, era lo único sensato por hacer a medida que sentía las caricias del Hyūga profundizarse y que sus gemidos fueran imposibles de contener.
Su plan de salir para ir a buscar alguna librería aprovechando el día libre no pudo llevarse a cabo, la razón era muy sencilla y caminaba al frente suyo mientras avanzaban por el aeropuerto para registrarse en la aerolínea. No había salido de la habitación el día anterior y sus únicas pausas fueron porque sus cuerpos demandaron alimento y un ligero descanso para poder continuar. Ni siquiera había llamado a su hijo a la hora de la cena y había dudado sobre la excusa a usar cuando revisó su teléfono y encontró varios mensajes de su hogar.
Una vez pasó al área en el que esperaría que su vuelo fuera llamado para abordar, se dedicó a ver en las tiendas los regalos qué iba a llevar, no podía regresar sin nada y tampoco podía explicar porqué no había ido de compras a otro lugar. En la librería encontró una saga de misterios recomendada para niños de 10 años, por lo cual la compró, confiando que ya que a su hijo le gustaba esa temática tal vez se sintiera atraído a retomar su aprendizaje del chino para al menos leerlos.
Estuvo un buen rato paseando sola por la zona de tiendas, le parecía injusto el precio exorbitante de todo pero era su culpa por no haber salido el día anterior. Y de nuevo, no podía explicar el motivo, tampoco quería dejar que su mente se fuera a esos recuerdos que le causaban un agradable hormigueo. Se sentó a una silla de distancia de donde estaba Neji y se dedicó a quitarle las etiquetas de precio a sus adquisiciones, debía meter eso en la maleta que iba en la bodega antes de verse con su esposo para que no fuera obvio que lo había comprado a última hora.
El viaje de regreso se le hizo más corto que el de ida, probablemente porque estaba cada vez más cerca de volver a tener en sus brazos a su pequeño dragón. Tan pronto organizó lo de su maleta avanzó a pasos rápidos hacia la salida, Neji no le había dicho nada desde la sala de abordaje y podía verlo a algunos metros delante de ella, igual su atención no estaba en él, estaba en reconocer los despeinados cabellos de su esposo e hijo.
- ¡Mami! — escuchó a lo lejos y pudo ver a Ryuu corriendo en su dirección, por lo que soltó su maleta para poder recibirlo en sus brazos. Apretándolo con fuerza mientras cerraba los ojos para disfrutar el momento, el mundo podía acabarse siempre y cuando ella tuviera a su hijo entre sus brazos
- ¿Qué tal el vuelo? — Kiba había llegado a su lado también y la besó en la mejilla, tomando la maleta para llevarla
- El aterrizaje fue eterno, no podía esperar la hora de bajarme — admitió, soltando a Ryuu para darle la mano y empezar a caminar hacia el parqueadero.
Una vez en el auto, Kiba se inclinó hacia ella para besarla. Se sonrieron uno al otro con complicidad al recordar la primera vez que se habían reencontrado en ese aeropuerto, ese debería ser el momento en que la culpa la invadiera por completo, pero extrañamente no se sentía así. De alguna forma en su cabeza se estaba justificando a sí misma y su forma de actuar en que el haberse permitido un momento de completa felicidad propia era válido.
Sí, llevaba 10 años casada y los primeros 2 años de su matrimonio se había dedicado de lleno a su hijo. Luego lo único que pasaba por su mente además de su hijo era el tener una carrera y posteriormente un trabajo para poder darle un futuro si llegara a darse el caso. Todas sus prioridades y metas estaban relacionadas a su hogar, por eso el haberse permitido ser egoísta por una vez no la estaba carcomiendo como lo había hecho antes. ¡Claro que sabía que estaba mal! Normalmente cuando una esposa y madre decía que quería darse un capricho para sí misma se refería a irse un fin de semana a un spa y desconectarse de todo, nunca a tener licencia para acostarse con otro hombre, pero se había sentido tan condenadamente bien que le era difícil recriminarse.
Por eso no estaba rehuyendo la mirada de su esposo y tampoco estaba distraída, por encima de todo estaba alegre de regresar a la felicidad y confort de su hogar. Tampoco estaba pensando en renunciar ni tenía exactamente definido si quería repetir o no lo que había hecho, simplemente no quería enfocar su mente en eso y ya.
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Al avanzar por el aeropuerto siguió con la mirada al niño que corría emocionado a los brazos de su madre, quedándose unos segundos inmóvil mientras veía la escena de la familia de Tenten reencontrándose y un sentimiento hasta ese momento desconocido apareció. Tenía envidia, sí, esa era la palabra para describir lo que pasaba por su mente al sacudir la cabeza y continuar su camino hacia su auto.
Shion le había confirmado que la reserva para el restaurante era a las 8, lo que le daba toda la tarde libre y no estaba de humor para ir aún a su casa. Así que tan solo condujo a un lugar solitario y dejó que su mente se dedicara a pensar en nada especifico, solamente en dejar que el tiempo avanzara mientras el vacío que lo había acompañado en ese viaje seguía presente. Sabía que llegar a su hogar no traería consigo ninguna calidez o verdadera sensación de haber llegado a un lugar que extrañaba. A decir verdad extrañaba más su departamento de soltero que la fría vivienda que compró por su esposa.
En su departamento de soltero al menos sabía, bueno eso, que le era indiferente llegar y que Shion estuviera o no allí, lo cual no era el caso con la enorme casa que continuaba tan deshabitada como el día que fueron a verla. Inhaló profundo al ver la hora y que ya debía irse para poder alcanzar a estar listo a tiempo para la cena. Encendió el auto y avanzó por la ciudad, sacó su maleta del baúl y no se sorprendió del todo de encontrar las luces del primer piso apagadas.
No las encendió, se veía lo suficiente para poder subir las escaleras y al ir hacia su habitación pudo ver un hilo de luz bajo la puerta de la habitación de su esposa, descargaría la maleta, tomaría una ducha y luego la buscaría. Abrió la puerta y buscó el interruptor, quedándose quieto ante la imagen que apareció frente a él.
- Bienvenido a casa, amor — Shion estaba sentada sobre la cama en un muy diminuto y provocativo atuendo
- Shion — contestó, indudablemente sus ojos se iban a deleitarse con cada una de las curvas del cuerpo de su esposa — creí que teníamos la reservación para la cena — ella negó con la cabeza
- Tienes tu cena frente a ti — él sonrió de lado — adivina también que he hecho estos días mientras te esperaba — ella hizo una ligera seña hacia la mesa de noche, de reojo vio sobre esta el blíster del medicamento hormonal — me parece que tenemos un pendiente ¿no? — no dudó al dejar la maleta a un lado y empezar a desapuntar su camisa. Era agradable regresar de un viaje y tener ese recibimiento.
Dado que el domingo habían tenido el viaje de regreso, decidió darle el lunes libre a su asistente y tomarlo él también. El martes llegó a la oficina puntual como siempre, Tenten se encontraba en su puesto revisando algo en el computador y lo saludó con una sonrisa antes de extenderle una hoja con algunos de los pendientes que había encontrado en el correo hasta el momento dada la semana que había estado por fuera.
Admitiría que probablemente debería haber pensado en cuál era la situación exactamente con su asistente dados los eventos del viaje, pero lo primero es que así como el sábado se había dedicado prácticamente todo el día a tener relaciones con Tenten, el lunes fue la misma situación pero ahora con su esposa. Por lo cual era hasta ese momento en que avanzaba hacia su propio escritorio que lo concerniente a ese nuevo error volvía a surcar sus pensamientos.
Nuevo error no eran las palabras adecuadas para definir lo ocurrido, no había sido un impulso y definitivamente había decidido conscientemente todas y cada una de las acciones que había hecho, cada nueva posición en la búsqueda que disfrutaran mutuamente. No se arrepentía y si la ocasión se volvía a presentar estaba más que dispuesto a repetirlo, curiosamente tampoco sentía culpa o nada parecido a esa sensación, ni en lo referente a que su esposa se enterara ni al perder a una valiosa asistente.
Tampoco sabía en que punto estaba con Tenten, no es que quisiera una etiqueta o algo similar para definir lo que había pasado y por la actitud que notaba al verla entrar a su oficina para entregarle su café podía deducir que tampoco había arrepentimiento en ella ni se veía asustadiza como esa mañana después de la primera vez. La veía actuar completamente normal y tal vez si había una etiqueta o frase para usar.
Lo que había pasado en el viaje, se quedaba en el viaje.
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Att: Sally K
