Aclaraciones: Sin POV definido
Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial
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Disfruten la lectura
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Capítulo 31. Confidencia
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Había escuchado a Neji preguntarle si quería o no que contratara un reemplazo para Shizune durante sus vacaciones. La pelinegra había cumplido su primer año de trabajo y había pasado la carta solicitándolas, estaría por fuera alrededor de 3 semanas y en esos casos se podía conseguir a alguien temporal. Él le preguntaba porque de no haber una nueva persona sería a ella a quien le tocaría reasumir durante ese tiempo las que habían sido sus funciones cuando solo era asistente.
Había aceptado pues no le implicaba mayor esfuerzo y desde que no hubiese algún viaje programado que conllevara a dejar el cargo desatendido. Así que con una sonrisa se despidió de Shizune deseándole que descansara durante esos días y pudo ver algo parecido a una mueca ladeada en el Hyūga, estarían solos en la oficina durante ese mismo tiempo.
Debían evitar a toda costa que la pelinegra sospechara de lo que pasaba entre ellos y por eso por fuera de los viajes no era muy usual que hicieran algo, sin embargo a veces Neji enviaba a la mujer a comprar algo o aprovechaba cuando pedía permisos por citas médicas para que ellos usaran el baño. Seguía siendo indebido y estaría en problemas si los llegaban a descubrir, pero no podía negar que esa adrenalina adicional a veces era muy bien recibida. Y eso era lo que le estaba diciendo esa sonrisa de él, por ese motivo valdría la pena no tener a una secretaria temporal.
Su trabajo le seguía gustando y no tenía que ver con lo que pasaba con su jefe ni con su sueldo que era casi el doble que cuando solo era asistente, le gustaban sus funciones desde que era analista y que pudiera usar los conocimientos adquiridos en su carrera, además de sus idiomas. Porque muchas veces el trabajo no consistía solamente en esperar que Neji encontrara nuevos negocios, sino en revisar las empresas que habían sido adquiridas a través de los años, definir cuáles ya estaban para poner de nuevo en venta o cuáles todavía necesitaban revisión, reformular los planes de negocios actuales y demás.
Las llamadas ofreciéndole trabajo habían disminuido, al parecer otros empresarios por fin se empezaban a resignar en que ella no renunciaría. Era un buen aprendizaje y por algún motivo que no podía explicar del todo, empezaba a creer que el día que decidiera retirarse de su trabajo para Neji, lo haría porque se iba a dedicar de lleno únicamente a ofrecer sus servicios como traductora. Pero no tenía prisa ni nada parecido, tan solo era una idea que siempre había tenido y el tener experiencia la iba a ayudar a conseguir su meta.
Para su cumpleaños 30, Neji le regaló un libro en coreano, lo cual la sorprendió un poco pues en los años que llevaba allí jamás le había dado más que el día libre y eso que el año anterior para esa fecha ya habían empezado la aventura. También le dijo que estaba empezando una negociación que conllevara a un viaje y que así pudieran ir a cenar juntos, ella se había sonrojado al agradecer. No negaría que le gustaba el gesto y que la idea de poder pasar la noche juntos le sonaba bien.
No es que la culpabilidad hubiera desaparecido, o al menos no por completo, era simplemente que no quería pensar en eso y mucho menos en su esposo por esos momentos. De hecho desde finales del año anterior le parecía que Kiba estaba distante, para su aniversario de ese año no vio al Inuzuka muy animado por hacer planes juntos para celebrarlo, siendo la opción elegida tan solo un viaje de fin de semana a las montañas. Seguía siendo una fecha especial para ellos como pareja, o debería serlo pero la realidad es que no lo había visto feliz ni que su atención estuviera con ella, incluso esa noche al estar en la cama también fue algo casi mecánico por parte de él. Suponía que podría tratarse de algún problema en la oficina, pero no obtuvo respuesta al tratar de hablar del tema y simplemente decidió que lo dejaría pasar.
Por otro lado el viaje con su jefe estuvo programado para la primera semana de abril, Neji llevaba un tiempo tratando de hacer negocios con Estados Unidos y Canadá, en el caso de la primera opción no la necesitaba pues él también hablaba inglés, y para el segundo país dependía de la provincia de la que estuviera hablando. Cuando por fin se concretó una opción era una empresa francesa cuya única sucursal se encontraba en Montreal, así que iba a ser un vuelo de 16 horas contando la escala y ella ya se había rendido a intentar entender cómo era posible que despegaran a las 10 de la mañana y aterrizaran para hacer la conexión a las 8 también de la mañana, pero que fueran 12 horas de vuelo. Hizo un puchero al escuchar a Kiba explicárselo y al final tan solo se resignó a que su teléfono le diría la hora, además del jet lag que seguro la atacaría.
El jueves mientras cenaban Ryuu pidió permiso para ir a una fiesta de cumpleaños que también sería pijamada al día siguiente y ella tras asegurarse que tenía todos sus deberes al día, asintió. Su vuelo era el domingo en la mañana así que todavía tendría el sábado en la tarde para compartir con su hijo. El viernes salió temprano del trabajo por lo que pasó rápidamente por el centro comercial para comprar un par de faltantes para su viaje y el regalo para el amigo de su hijo que cumplía años, porque de seguro su pequeño dragón no había pensado en ese detalle.
A veces se sentía un poco como una mala madre, o al menos una mala anfitriona pues ella en su propio hogar solamente una vez había hecho una pequeña reunión para los amigos de su hijo, controlar tantos niños caprichosos no era tan sencillo y ya bastante trabajo le daba Ryuu. Al llegar a la casa en la que era la celebración saludó a las otras madres y se quedó un rato hablando con ellas viendo a lo lejos al grupo de jóvenes correr y jugar de lado a lado. Su hijo tenía gran parte de la personalidad de su padre, lo que lo hacía uno de los chicos populares. Se despidió no mucho después pensando en pasar una parte de esa noche alistando su maleta para el viaje.
En el momento que fue a estacionar se le hizo extraño ver el auto de Tsume allí, la mujer rara vez iba hasta la casa, Kiba también había regresado de la oficina. El conductor estaba esperando dentro del vehículo y ella solo lo saludó con un movimiento de mano antes de abrir la puerta. Un grito se escuchó a lo lejos y ella se quedó en inmóvil de una vez además de en completo silencio, el sonido venía del estudio que estaba entreabierto.
- ¿VAS A MADURAR DE UNA BUENA VEZ? — fue un nuevo grito, la respuesta de Kiba no se alcanzaba a oír — ¡TIENES QUE DEJAR DE SER TAN IDIOTA! — no iba a interrumpirlos, lo que no sabía era si acercarse y tratar de adivinar de qué iba la discusión que dudaba acabara de empezar, dar media vuelta para regresar más tarde, o subir las escaleras y fingir que no había escuchado nada
- Madre
- ¡MADRE NADA! ¡TIENES 34 AÑOS!
- Y es mi vida — o Kiba había subido la voz o, aunque no fuera su intención, toda su atención se había centrado en tratar de entender qué ocurría
- ¡Tienes un hijo! ¡No puedes jugar así con tu matrimonio!
- ¿Te olvidas que fuiste tú quién me forzó a casarme? — un escalofrío la recorrió por la forma casi rencorosa en que pronunció esas palabras — Y eso que nunca te ha agradado Tenten
- Es la madre de tu hijo, de no ser por ella y el trabajo que está haciendo en su crianza, Ryuu estaría siguiendo tus pasos — hubo silencio, una mosca se escucharía volar en ese momento — Kiba, hijo... — ese era un tono que nunca había escuchado en su suegra — el escándalo porque te vieron con otra mujer puedo controlarlo sin ningún esfuerzo, ese no es el punto
- ¿Cuál es tu punto entonces?
- Tienes un buen hogar, un hijo brillante y una esposa que te quiere... no lo mandes todo a la mierda siendo un idiota
- Creo madre, que el día que hiciste que Tenten regresara me dijiste que no volverías a meterte en mis problemas de pareja — ella no quería que su respiración se acelerara, ahí estaba la clara explicación para su actitud distante y lo que había pasado en la celebración de su aniversario
- Kiba
- Siempre has sido una mujer que cumple su palabra
Un nuevo silencio inundó el lugar y luego escuchó pasos, por lo que retrocedió lo que había avanzado sin darse cuenta. Cuando Tsume salió del estudio se vieron de frente, siendo ella quien le dio la espalda para abrir de nuevo la puerta principal y salir, corrió hasta su auto para encenderlo de una vez e irse. Condujo hasta la casa de su madre, en parte lo que había escuchado sobre una nueva aventura no le sorprendía y no se sentía tan destruida como lo había estado esa primera vez. Pero igual su estado de ánimo se había ido completamente al suelo y quería algo de consuelo, de ahí que hubiera elegido ese destino.
Su madre le había dado llaves del lugar, pero ella siempre le avisaba cuando iba a ir y llamaba al timbre, ese día no fue la excepción. Entró y se sentó en el sofá mientras esperaba que el té fuera servido, le había escrito a su esposo para avisarle en donde estaba y que todavía no sabía si regresaría esa noche a la casa o no, cuando la respuesta fue un simple "Ok" asumió que él no se había dado por enterado que ella había escuchado la discusión.
- Mamá ¿puedo hacerte una pregunta... muy personal?
- Chiquita — ella sonrió ante el hecho que siguiera diciéndole de esa forma a pesar de su edad — puedes preguntarme lo que quieras, siempre has podido hacerlo
- Es... es de papá — en sus ojos pudo ver un poco de tristeza, pero igual asintió — ¿tú... ustedes alguna vez pensaron en divorciarse?
- ¿Qué pasó, Tenten? — su voz fue preocupada
- No, no es... su matrimonio fue para toda la vida, no recuerdo nunca haberlos visto peleados, sino que los veía felices... ¿siempre lo fueron?
- No — contestó la mujer de una vez — como cualquier pareja tuvimos épocas mejores que otras... cuando inmigramos a este país fue una época muy difícil, fue tu padre quien tuvo la idea de dejar nuestra ciudad natal en búsqueda de un mejor futuro para ti y me convenció... peleábamos a diario mientras nuestros pocos ahorros desaparecían porque conseguir trabajo y establecernos no fue tan sencillo — una sonrisa triste se dibujó en el rostro de la mujer — un día le dije que no aguantaba más y me iría
- ¿Qué dijo papá?
- Dijo que se iría conmigo, que aunque no fuéramos pareja él siempre estaría cerca de donde estuviera su hija — se limpió una lágrima — así que nos sentamos a hablar, dejando de lado el dinero empezamos a buscar cuáles eran realmente los puntos por los cuales discutíamos, preguntándonos uno al otro si realmente el amor con el que fuimos al altar y con el que te concebimos se había esfumado... y eso empezamos a hacer desde ese momento, no recuerdas habernos visto pelear porque siempre nos sentamos a dialogar. Evaluábamos si de verdad queríamos estar juntos, si nuestros planes a futuro todavía coincidían... a pesar que muchos no pudimos concretarlos — se encogió de hombros — también fue difícil el saber de nuestras propias familias solo a la distancia sin poder verlos, apoyarnos el uno al otro al pensar si habíamos hecho lo correcto al irnos — de repente empezó a reírse — creo que tampoco recuerdas esas conversaciones porque siempre las hicimos en chino para que no nos entendieras
- ¿En serio? — sí tenía a algunos recuerdos de su infancia con sus padres hablando sin que ella entendiera nada
- Sí, hasta que nos dimos cuenta que te gustaba escucharnos hablar en ese idioma. Cambiamos entonces a sonreír al enseñártelo — le acarició la mejilla — un plan que no pudimos realizar fue hacer ese viaje juntos... pero, volviendo a tu pregunta, los momentos felices fueron muchos más y fueron esos a los que nos aferrábamos — ella sonrió — ¿me dirás qué pasó?
- Mamá...
- Sabes que siempre te apoyaré en lo que decidas, te casaste de forma precipitada siendo muy joven y tu esposo... — pareció pensar un momento — Kiba ha hecho cosas muy buenas por ti, pero eso no borra que también tiene sus cosas malas
- Lo sé... — y eso era lo que evaluaba en su cabeza pero no quería hablarlo puntualmente — deberíamos ir juntas a Zhengzhou, ya que nunca fuimos con papá — prefirió cambiar el tema
- Aunque ahora serás tú quien tenga que guiarme, la ciudad ya no es lo que era cuando me fui — ella sonrió asintiendo, agradeciendo por poder seguir teniendo a su madre que la apoyara
Se despidió un rato después, pensando mientras conducía de regreso a su hogar en la conversación. Kiba y ella no discutían, ni siquiera cuando pasó lo de Tayuya habían tenido algo que pudiera definirse como una pelea realmente. Sí hablaban, algunas conversaciones tontas a veces hacían presencia mientras cenaban, se contaban sus días y decidían lo concerniente a las vacaciones o al hogar en sí. Pero en cuanto a tener esos diálogos como pareja para encontrar los acuerdos que había descrito su madre no, eso no lo habían tenido.
Ella tenía completamente interiorizado que no podría divorciarse y por ese mismo motivo buscaba que la armonía se mantuviera, dejaba que lo que hacía su esposo no la afectara del todo y solamente recordarse a sí misma que lo importante era su hijo. Pero igual estaba molesta y le dolía.
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Había visto a Tenten de lejos en el aeropuerto al llegar y se dio cuenta que era una escena un poco diferente de lo habitual. A la castaña siempre la acompañaban su esposo e hijo, ella se dedicaba la mayor parte del tiempo a abrazar a Ryuu, intercambiando un beso con Kiba cuando ya era hora de pasar a la sala de embarque. Pero ese día estaba seguro que de reojo había visto que no se había despedido de esa forma del Inuzuka, que solo había hecho algo como un asentimiento de cabeza antes de presentar el pasaporte para cruzar al área de migración.
Le ofreció un somnífero a Tenten porque la primera parte del vuelo eran 12 horas y técnicamente era un vuelo nocturno porque arribarían al aeropuerto en que harían la conexión en la mañana. Recordaba que la había oído mencionar que en vuelos diurnos no dormía y por la hora difícilmente lo haría. Pero un vuelo de esa duración difícilmente era sobrellevable sino se dormía al menos la mitad del tiempo. La castaña asintió, en lo que había aprendido a conocerla tanto por los años que llevaban trabajando juntos como de estarse acostando, estaba decaída y algo enojada.
Intentó preguntarle al respecto cuando esperaban la conexión, pero ella no contestó y él tenía un ligero dolor de cabeza, así que tampoco estaba en plan de insistir en ese preciso momento. Cuando por fin arribaron al hotel descargó la maleta en su habitación y salió de una vez, no podía dormirse aún o el jet lag sería peor. Tenten hizo un puchero cuando le dijo que ella saldría con él.
En sus años viviendo en Estados Unidos había viajado un par de veces hasta Montreal y conocido esa ciudad, por lo cual pidió un taxi para que fueran a un restaurante que recordaba, y esperaba todavía existiera, a almorzar. Era completamente extraño que siguiera siendo domingo en la tarde a pesar de todas las horas que ya habían pasado y que su cuerpo estuviera en la hora opuesta, nunca había sido una persona de trasnochar mucho más que cuando estaba en época de exámenes y había pasado una década de eso. Así que los dos regresaron al hotel cuando el sol apenas se estaba empezando a esconder.
Algo que habían cambiado en los viajes es que ya no reservaban 2 habitaciones completamente separadas. Es decir, seguían siendo 2 habitaciones porque no iban a explicar el porqué se quedaban en 1 sola al mostrar el itinerario de viaje o cuando la castaña llamaba a su familia, la diferencia es que ahora eran habitaciones conectadas por una puerta, de modo tal que a él le fuera más fácil regresar a la propia cada mañana para vestirse y de paso quedarse allá precisamente mientras Tenten hablaba por teléfono.
La cena había quedado servida y tapada en la mesa porque ellos se habían ido a la cama, por más que quisiera decir que a tener sexo la realidad es que había sido a dormir, al menos inicialmente. Alrededor de la medianoche él se había despertado al baño y al salir Tenten también estaba despierta, sonriendo en su dirección a medida que él se acercaba.
- ¿Cómo lo supiste? — preguntó viendo al techo al terminar, era algo raro que siempre sintiera la necesidad de hablar después
- ¿Qué? — contestó ella sin entender
- Que estabas embarazada, dijiste que lo descubriste después del primer trimestre, pero ¿qué te hizo darte cuenta? — su mente se iba momentáneamente a Shion, pero ya pensaría en su esposa cuando fuera el momento de volver
- No lo hice
- ¿Cómo fue entonces? ¿Qué pasó antes de ese día?
- Ryuu fue concebido a principios de diciembre, Kiba había estado de viaje y... bueno, eso no importa — movió la mano como descartando la idea — recuerdo que todo febrero tuve mucha hambre, me la pasaba revisando la cocina en busca de cualquier cosa que pudiera picar, en ese momento creí que era aburrimiento porque me había graduado del instituto y nunca había tenido vacaciones tan largas, a veces incluso me levantaba de noche a comer
- ¿Qué comías?
- Lo que encontrara, por lo general era pan, galletas, arroz, cualquier cosa. Cuando me veía con Kiba comía muchísimo más y hasta le robaba sus papas fritas...
- ¿Cada cuánto te veías con él?
- Solo los sábados, además de comer más, también lo estaba haciendo muy salado o de lo contrario la comida me sabía completamente insípida. Mi mamá se quejó un par de veces porque estaba cocinando con demasiada sal
- ¿Y luego de eso?
- Luego de eso... cumplí los 18, así que Kiba me invitó a cenar a un restaurante elegante a las afueras de la ciudad, Tsume se enteró de eso — se quedó en silencio un momento — él me dijo que lo confrontó y la discusión terminó en que se haría una cena en la propiedad. Esa noche... ella lo supo, no sé, instinto
- ¿Tsume?
- Sí, me gritó que cuántos meses tenía y le dijo idiota a Kiba — eso no era una mentira — yo lo negué, así que hizo que compraran una prueba casera y que me la hiciera de una vez, salió positiva... al día siguiente me llevaron al médico, la ecografía mostró no solamente que Ryuu estaba en mi vientre sino que ya estaba por cumplir 15 semanas — hizo algo parecido a un encogimiento de hombros — nos casamos una semana después
- ¿Quiénes te llevaron? — cuestionó pensando que se había perdido una parte de la historia
- Tsume y Kiba — su ceño se frunció de una vez
- ¿Tsume supo desde el principio que estabas embarazada?
- Sí, es lo que acabo de decir — la historia seguía sin encajar en su cabeza
- ¿Por qué decidieron fugarse?
- Eso... — la vio morderse el labio y negar con la cabeza
- Tu suegra nunca te ha querido, eso me ha quedado claro — ahora la escuchó reírse — ¿te dijo algo sobre no tenerlo o...?
- No, de hecho... — volvió a quedarse en silencio — ¿me prometes que no le contarás a nadie?
- Lo prometo
- Nosotros no nos fugamos — fue apenas un susurro y él enarcó una ceja — esa es la historia oficial y Tsume nos prohibió que le dijéramos la verdad a nadie
- No lo entiendo
- Tsume nunca aprobó nuestra relación, trató de separarnos 2 veces. La segunda vez le insinuó a Kiba que ella misma lo acusaría de estupro si él se rehusaba a irse a estudiar a Londres ese semestre. Al descubrir que estaba embarazada dijo que para evitar el escándalo si alguien sabía la edad que tenía cuando pasó y mi ori... — interrumpió la frase — ¿recuerdas la mujer de la foto? — él asintió — viste bien, sí era Tsume. Fue ella quien lo organizó todo, la fecha, el lugar, el juez, los documentos que debíamos tener, el prenupcial... todo
- ¿Prenupcial?
- Claro, si mi hijo no era de Kiba se disolvería el matrimonio y yo no podría pedir ni un centavo. Todo fue redactado de forma que no recibiré nada si me divorcio
- ¿Por qué aceptaste algo así?
- No es como si hubiera tenido mucha opción y... nunca me ha importado el dinero de Kiba, no estaba con él por eso y al saber que esperábamos un hijo tan solo quería que a mi bebé nunca le faltara nada, te lo dije, estaba enamorada y eso fue suficiente para mí
- La historia me parecía mejor cuando creí que se habían fugado — admitió, podía entender que hubiese sido un arrebato pasional por ese embarazo y porque eran jóvenes, no algo fríamente calculado aprovechándose de una casi menor de edad que no comprendía del todo lo que había firmado en ese entonces — Cuando pediste el divorcio ¿lo hiciste sabiendo que no recibirías nada de dinero?
- Sí, y mi decisión era definitiva... hasta que Tsume me amenazó con quitarme por completo la custodia de Ryuu si no desistía. Por eso desde entonces sin importar lo que haga Kiba sé que no puedo divorciarme, no voy a permitir que me separen de mi hijo, jamás.
No dijeron nada más, acomodándose para tratar de dormir y estar centrados al día siguiente en la reunión que les esperaba. Él tan solo pensó en lo que implicaban esas palabras sobre no importarle lo que hiciera Kiba, y seguir casada por su hijo. De una forma u otra era una situación muy similar a la que él se encontraba en ese momento.
Había pasado casi un año desde que había desistido de su divorcio y sus esperanzas actualmente estaban puestas en el médico que estaban viendo con su esposa. El hombre tenía una agenda ocupada y las citas no eran tan seguidas cómo a él le gustaría, pero a fin de cuentas el sujeto debía ser un profesional especializado en el tema por algo. Les habían realizado varios exámenes, uno de ellos algo incómodo para él al tener que llevar una muestra de esperma. Confirmando lo que ya sabían que el problema no era él ni su simiente. Luego de eso Shion le habían hecho muchos más exámenes, incluidos algunos de sangre. Revisando la historia clínica con lo referente al procedimiento quirúrjico que ya se había realizado años atrás y que no había dado resultado.
Por eso ella estaba ahora en un nuevo tratamiento hormonal para una nueva prueba y de acuerdo a ese resultado el siguiente paso iba a ser una fertilización in vitro, siendo optimistas para su aniversario ya deberían estar recibiendo la noticia que tanto esperaba. Porque la verdad es que ese era el único motivo por el cual continuaba allí, porque hablaban de unos meses y por una vez parecía una realidad.
Su relación no había mejorado realmente, él estaba haciendo su mayor esfuerzo por pasar tiempo con Shion y no encontrar su compañía completamente exasperante. Era la futura madre de su hijo y, así como lo había dicho Tenten, él estaba dispuesto a aguantar lo que hiciera falta con tal de poder tener a su primogénito en brazos. Iba a cumplir 36 años en unos meses, era un exitoso hombre de negocios, pero si alguien revisaba su vida personal descubriría que dicha habilidad de salirse con la suya en su trabajo no se reflejaba allí. La perspectiva de ver cada vez más cerca sus 40 sin lograr cumplir esa meta de tener su propia familia le pesaba y lo desesperaba por completo.
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Estaba viendo una película con Ryuu en la sala antes de dormir cuando su teléfono empezó a sonar. Vio la pantalla que se iluminaba por la llamada entrante, chasqueando la lengua antes de silenciarla y lanzar el aparato a cualquier parte. Odiaba que a pesar de su edad su madre se metiera en su cabeza de esa forma. La semana anterior no habría dudado ni un segundo en contestar, de hecho esa semana era perfecta porque su esposa estaba fuera del país y eso haría que no tuviera que inventar excusas sobre salir tarde de la oficina o nada parecido para verse con la mujer que lo llamaba.
En lugar de eso lo que pasaba por su mente una y otra vez eran las palabras de su progenitora, él tenía un buen hogar y no debería estarlo arriesgando, de nuevo. No era algo frecuente, o no tanto, pero no negaría que a veces se permitía olvidar por un momento que era un hombre casado y salía con alguien más. El reclamo había sido porque había ido a cenar con la mujer de turno y la información llegó a su madre, debía admitir que llevaba viéndola desde enero y de ahí el haber ido a un restaurante.
Se sentía un desgraciado al tratar de justificarse, pero el día que celebró su aniversario número 11 también se dio cuenta de la cantidad de tiempo que realmente había pasado y que le quedaban muchísimos años todavía. No había querido casarse tan joven, y de alguna forma sentía que todo se estaba apagando con su esposa o que no le atraía tanto como antes ¿era algo así como una crisis de los 30 tardía?
Bufó en su mente, sin importar lo que hacía seguía amando a su esposa, Tenten era precisamente la madre de su hijo, su lugar seguro. Ella significaba su hogar y quien lo ayudaba a centrarse, a encontrar su propio camino. ¡Llevaban casados 12 años! Y a pesar de los motivos que los habían llevado a casarse, habían construido un buen hogar, no le iba a decir a su madre que sus palabras eran ciertas, pero la mujer tenía toda la razón en sus reclamos. Ese día que había ido hasta su casa a gritarlo como si fuera un adolescente había tenido toda la justificación para hacerlo.
Algo que había mencionado la mujer y que le calaba cada vez más era que su hermana estaba embarazada y ya en el último trimestre, era cuestión de semanas para conocer a su sobrina ¿qué pensaría él si se enterara que el esposo de Hana la engañaba? le rompería la cara, mínimo. Pero precisamente, era hipócrita sentirse molesto porque alguien lastimara a su hermana menor y al parecer no tener remordimientos por hacerle lo mismo a su propia esposa.
Ese llamado de atención le había hecho falta, el tiempo que llevaba saliéndose con la suya impunemente lo había vuelto confiado también, había sido un llamado a aterrizar y darse cuenta de nuevo de lo que estaba poniendo en juego. A esas alturas su esposa ya tenía su propia profesión y vida fuera de casa, seguía siendo una mujer hermosa y joven que no tendría problemas en encontrar una nueva pareja. Legalmente ya no podía asegurar que la custodia de Ryuu le sería asignada completa a él porque su hijo tenía edad suficiente para que expresar con cual de los padres quería quedarse y sería decisión del juez, además que era bastante obvio que elegiría a su madre. Lo que significaba que ese motivo por el cual la castaña había regresado sumisamente ya no estaba y nada le impedía pedir un divorcio. Nada más que el deseo de seguir juntos.
Se estiró para volver a tomar su teléfono, enviándole un mensaje a la mujer que lo había llamado antes para decirle que no se verían más y bloqueando el número, borrando cualquier rastro de su existencia.
- ¡No viste eso, papá! — su pequeño dragón le reclamó porque por haberse distraído se había perdido algo importante en la película.
Volvió a hacer el teléfono a un lado para regresar su atención al televisor, no distraerse y mantenerse enfocado en lo importante no se aplicaba únicamente a la película. Tenía que hacerlo en su hogar, regresar su atención a su matrimonio antes que fuera muy tarde.
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Att: Sally K
