Aclaraciones: Sin POV definido
Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial
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Disfruten la lectura
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Capítulo 32. Contrariedad
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Odiaba el jet lag, lo odiaba por completo. No era suficiente con tener la confusión en sus pensamientos al aterrizar por no entender los cambios de hora y si era más temprano o más tarde en el lugar que estaba, tenía que sumarle que a veces le dolía la cabeza y algo parecido a una bruma se metía en su mente. Lo único que le subía el ánimo es que ya no tenía lo del cambio de horas, había regresado a su ciudad y en solo unos minutos podría ver a su hijo.
Tomó su maleta cuando la reconoció en la cinta transportadora y pudo ver la espalda de Neji, quien iba algunos pasos delante de ella, siempre la esperaba aunque él fingiera que no. En el momento que cruzó la enorme puerta de una vez empezó a buscar el despeinado cabello de su hijo, pero no estaba, tan solo estaba Kiba que se acercó a ella con una sonrisa y la saludó con un ligero beso.
- ¿Y Ryuu? — preguntó de una vez, su esposo tomó la maleta con una mano y a ella con la otra
- En el instituto — su tono de voz tenía un tono de obviedad que solo la confundió y molestó más
- ¿En el instituto? — repitió — ¿Un domingo?
- Cariño, es lunes — ella entrecerró los ojos
- El vuelo fue un... — se quedó pensando un momento
- Por el cambio de hora aquí es lunes — Kiba sonrió al aclararle el día y ella solo maldijo de nuevo en su mente ¡malditos fueran los husos horarios! — Vamos, tenemos el tiempo justo para pasar a recoger a nuestro dragón
Asintió caminando de la mano junto a su esposo hasta el auto, recostando la cabeza en la silla y tratando con todas sus fuerzas de concentrarse en mantenerse despierta hasta la noche. Tenía el día siguiente libre y debía regresar a su trabajo hasta el miércoles, de modo que al menos tenía tiempo para recuperarse y volver a estar tan enfocada como de costumbre. Al llegar a la puerta del instituto pudo ver a su hijo a lo lejos y se bajó, corriendo hasta él para abrazarlo de una vez. La alegría inicial de su pequeño dragón por ver que estaba de regreso fue pronto opacada por su instinto adolescente de no querer que su madre lo llenara de besos en frente de todos sus compañeros.
Fueron todos a un restaurante de hamburguesas y finalmente en casa dedicó toda la tarde a escuchar a su hijo hablar, además de ayudarlo a realizar los deberes. Había descubierto que no había hecho el de literatura inglesa que le habían dejado la semana anterior mientras ella no estaba y evitó fruncir el ceño, no quería regañarlo el mismo día de su regreso. Con lo que podía enfocarse estuvieron leyendo juntos para que lo terminara de una vez.
Su cena fue algo ligero, se sentía completamente agotada y lo único en lo que estaba pensando era en meterse un rato en la bañera antes de poder por fin irse a la cama y dormir hasta el día siguiente. Preparó el agua, agregó un par de sales aromáticas y se desvistió, dejando salir un audible gemido al entrar en contacto con el agua caliente. Quería y a la vez no quería dejar que su mente se enfocara en todo lo que había pasado en ese viaje, en todas las conversaciones que había tenido con Neji.
Porque contarle la verdad acerca de no haberse fugado para casarse había sido apenas lo primero que confesó. No supo el porqué exactamente, o tal vez sí, por una vez en su vida había necesitado dejar salir absolutamente todo lo que había tenido que callar por años en su matrimonio y en su vida. Le contó sobre cómo conoció a Kiba, lo de Tayuya y el porqué había reaccionado de esa forma al haberla visto ese día entre las aspirantes a secretaria, lo de saber que había habido otras mujeres después de esa y lo que había escuchado antes del viaje, y que por encima de todo seguía estando Ryuu. Lo único que no mencionó fue sobre el origen humilde de su familia ni lo de su beca que era el único motivo por el que había llegado al instituto privado.
Y fue entonces cuando el Hyūga habló, no es que él fuera abogado pero conocía algunas cosas de derecho. Diciendo que lo de quitarle por completo la custodia de Ryuu era imposible, por ley tenían que permitirle verlo los fines de semana si es que se la daban a modo parcial, porque por la edad del niño el juez lo escucharía y tendría en cuenta lo que tuviera por decir respecto a con qué padre prefería estar. Era cuestión de tener un abogado competente, pero ni el más incompetente de todos permitiría que le fuera quitada la custodia de forma total. No podían desaparecerla así nada más y era obvio además que su hijo preguntaría por ella, también mencionó que lo de su prenupcial debería poder evaluarse. Ella había guardado silencio, su prenupcial nunca le había importado ni un poco, solamente su hijo. Lo último que le dijo Neji en el aeropuerto antes que se separaran para abordar el vuelo es que si ella quería, él le prestaría a sus abogados, un bufete que no tenía nada que envidiarle a los que trabajaban para Tsume.
En eso estaba divagando en su mente, desconectada de cuánto tiempo llevaba sumergida en el agua hasta que oyó que la puerta se abría y la cabeza despeinada de Kiba se asomó, entrando al recinto y avanzando hacia la bañera envuelto en una bata.
- ¿Hay espacio para uno más? — ella asintió con un movimiento, el haberse desahogado durante el viaje había servido para la molestia que tenía el día que se fue se desvaneciera. La bata cayó al suelo y sintió el movimiento en el agua en cuanto Kiba se metió, acomodándose de modo tal que ella quedara entre sus brazos, recostando su cabeza en el hueco del cuello de su esposo — ¿todavía te duele la cabeza?
- Un poco, el baño ha ayudado a disminuirlo — él la apretó más y ella suspiró, cualquiera podría pensar que era absurdo que se sintiera tan a gusto entre sus brazos a pesar de las circunstancias, pero así era. Un par de minutos más pasaron con ellos en silencio, solamente disfrutando su compañía mutua
- Cariño... — fue un susurro que buscaba que ella lo viera a los ojos, por lo que eso hizo. Sus ojos oscuros estaban fijos en su rostro y por un momento temió que él pudiera ver a través de ella, que leyera lo que estaba pensando poco tiempo atrás — te amo — las palabras fueron seguidas por un beso muy dulce
- Y yo a ti — contestó al separarse, sonriéndose uno al otro antes de volverse a besar. Era inexplicable, pero sin importar nada ella seguía amando a su esposo.
En su trabajo tan solo negó cuando Neji le preguntó si quería que hiciera una cita con sus abogados para pudieran resolverle cualquier duda que tuviera, jamás se había considerado a sí misma como una de esas mujeres que podía sostener más de una relación al tiempo y seguir como si nada pasara, pero en ese momento de un modo u otro su vida estaba en equilibrio. Ella no quería separarse de su esposo porque le gustaba el hogar que tenían y si dejaba de lado lo obvio, que por cierto era un pecado que ella también estaba cometiendo, le seguía gustando estar con él. Tampoco se trataba de pensar en que iba a tener algo más con el Hyūga ni nada semejante, su jefe seguía siendo un hombre casado y lo que ellos estaban teniendo no era más que una aventura, aunque sus conversaciones no fueran superfluas y se contaran cosas personales, igual no llegarían a nada más.
A finales de abril había nacido su sobrina, Sayuri Inagawa, teniendo en cuanta el apellido de Keisuke, el esposo de Hana. Ella no había perdido la oportunidad de pasar todo el tiempo que podía junto a la mamá primeriza, explicándole todo lo que recordaba de los primeros meses de Ryuu. Era de alguna manera una forma de suplir lo que había pensado de tener otro hijo, o disfrutar de un bebé. El día que la conocieron junto a su esposo lo vio de reojo, sin estar segura si él sacaría el tema de darle un hermano a su pequeño dragón, pero no pasó.
Dado el hecho que Neji le había dado un regalo de cumpleaños ese año, decidió hacer lo mismo. Nunca había sufrido mucho en pensar que podía darle a Kiba, cualquier cosa lo hacía feliz y conocía sus gustos a la perfección por todos sus años juntos, pero con su jefe era diferente y no sabía que podía ajustarse a un hombre tan estoico. Había dado una vuelta por el centro comercial tratando de encontrar algo acorde, pensando de paso que era un poco absurdo la cercanía de los cumpleaños de ambos y tener que buscarles regalo a la vez.
En la joyería había visto un reloj, su esposo usaba un smartwatch del que se quejaba seguido y lo cambiaba por uno más avanzado cada tanto, pero lo prefería sobre uno tradicional así que podía decantarse por eso. El Hyūga por su parte sí usaba relojes "normales", y por normales se refería a unos que valían el triple de su sueldo, así que eso no era una opción. Finalmente optó por un pisacorbatas en oro blanco, de Kiba había aprendido a preferir sus joyas en ese color sobre el dorado. Guardó la pequeña caja en lo profundo de su bolso y fue el momento de irse a la tienda de tecnología por el otro regalo. Su yo del pasado, la que no sabía de llamadas subidas de tono o se sonrojaba ante el sexo oral, se habría sentido cuando mínimo sorprendida de la naturalidad con la que ella estaba pensando en ese tema. Y se iba a sorprender aún más al pasar por una tienda de lencería y decidirse a entrar allí también.
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Ajustó su traje mientras se veía en el espejo y puso el pisacorbatas en su lugar a la vez que una sonrisa ladeada se dibujaba en sus labios, el accesorio no combinaba del todo con lo que solía usar pero igual le gustaba. En cuanto estuvo listo tomó su maleta para irse al aeropuerto.
El día de su cumpleaños tenía una cena con su esposa planeada en un lujoso restaurante, no viajarían porque eso estaba planeado para unas semanas después que era su aniversario. No tenía problema en trabajar ese día y estaba revisando una negociación que lo sacaría del país junto con su asistente posiblemente para principios de agosto. Y fue entonces cuando Tenten entró extendiéndole la pequeña caja, balbuceando un "feliz cumpleaños" antes de ponerse completamente roja y salir corriendo de su oficina. Tenía buen gusto, eso no lo negaría, tan solo había elegido mal el color, él era más de usar cosas doradas, su anillo de bodas por ejemplo era de ese color.
Su matrimonio, un tema que era cada vez más escabroso y en el que no quería pensar. Había "celebrado" 7 años de casado, si es que celebrar podía ser la palabra para definirlo, aunque si tenía en cuenta que el significado y uso de la palabra también abarcaba el usar la expresión "celebrar un funeral" entonces sí, había celebrado un año más de estar junto a Shion. Recordaba perfectamente que en abril había tenido la esperanza que para esa fecha ya deberían haber recibido la noticia que él tanto esperaba, pero se había equivocado.
Inicialmente al ir a la clínica de fertilidad los términos se le habían hecho confusos pues nunca los había escuchado, pero a esas alturas ya había leído tanto del tema que entendía perfectamente de lo que hablaba el médico. Médico que al empezar el tratamiento los estaba viendo mucho más seguido que antes, para empezar le habían dado a Shion unas píldoras que debía tomarse para aumentar la ovulación, eran solo unos días y luego debía ir a hacerse un examen y si no había resultado tocaba esperar un nuevo ciclo.
2 cosas implicaban el concepto de esperar un nuevo ciclo, lo primero es que tocaba esperar hasta el siguiente mes y lo segundo es que ya no era necesario tener sexo para tratar de conseguir la fecundación. Palabras que fueron interpretadas por su esposa como no volver a tener sexo en quién sabe cuánto tiempo, y para él implicaba que el único lugar en el que la soportaba había desaparecido y la sensación de nunca querer estar en la casa se acrecentaba día a día. Casi agradecía que Shion estaba trabajando y aunque no aceptaba pasarelas fuera del país, sí lo hacía en otras ciudades, yéndose al menos las semanas en que no tenían exámenes o citas programadas y dándole algo de tranquilidad.
Tal vez era por eso que disfrutaba tanto la compañía de Tenten, desde que la castaña había entrado a su vida le había traído algo parecido a la calma y la calidez que siempre había buscado. Al principio en su trabajo al mostrar ser una asistente capaz y facilitarle las cosas, algo tan simple como no renunciar cuando le hicieron una mejor oferta y quedarse. Al involucrarse indebidamente con ella le había traído un nuevo tipo de sensación, le gustaba que compartieran juntos, hablar con ella, escucharla, verla sonreír mientras hablaban de cualquier cosa. Sintiendo una punzada extraña cada vez que la veía hablar de Kiba y sonreír, en especial cuando se había sincerado por completo y ver que en retrospectiva muchas de sus historias no eran realmente felices sino que eran cubiertas por el hecho que ella no discutiera con el hombre por pensar en el bienestar de su hijo.
No podía definir qué era exactamente lo que sentía, más allá de querer encontrar nuevos viajes que lo alejaran de una mujer que lo exasperaba y poder estar más tiempo junto a la que le daba paz, la que hacía que sus noches fueran mucho mejores y acogedoras. Y no, no se refería solamente del sexo o a que fuera atractiva, se refería a estar junto a Tenten en sí, algo en ella era de alguna forma magnético. Tal vez por eso no le gustaba ver lo que pasaba en su matrimonio, ver que se resignaba a estar junto a un idiota solamente porque tenían un hijo en común, ella no se merecía esa vida.
No podía decir que él podía darle una mejor vida, partiendo del hecho que estaba casado con otra mujer y la tenía de amante. Pero al menos quería que pudiera ser de verdad feliz, que no siguiera atada por obligación, de ahí que le hubiera ofrecido sus abogados. Se había decepcionado al ver que ella rechazaba siquiera hablar con estos para saber realmente en qué punto estaba y la falsedad que había en su creencia ciega sobre perder a Ryuu si pedía el divorcio, sin embargo no podía insistir más ni obligarla. Tampoco era como si él tuviera algún interés adicional en ese tema.
A finales de agosto había tenido junto a su esposa una nueva cita con el médico, contra todo pronóstico la situación no había cambiado y lo que seguía era que Shion ya no tomaría las pastillas, sino que serían unas pequeñas inyecciones las que se aplicaría. Eran unas agujas muy pequeñas, parecidas a las de insulina, dándoles a elegir entre aplicarlas en casa o asistir a diario a las instalaciones de la clínica para hacerlo allí.
La había visto torcer ligeramente los labios antes de decir que prefería hacerlo por su cuenta por lo que en ese momento le aplicaron la primera mientras le explicaban el procedimiento para hacerlo. De nuevo era cuestión de esperar que surtieran efecto para poder tener los óvulos disponibles, cuando eso pasara él tendría que dar una nueva muestra de semen con la que serían fecundados y posteriormente implantar alguno viable. Antes que él la dejara en casa para irse a la oficina, Shion le preguntó si irían a cenar juntos, a lo que él accedió, era nuevamente un paso más cerca a su objetivo y quería creer que era un pequeño precio a pagar por un bien mayor.
Para octubre había vuelto a viajar con Tenten, le agradaba Shizune, su secretaria era también una mujer leal que no parecía tener intenciones de buscar un nuevo trabajo y era eficiente en su trabajo. El problema era la falta de privacidad que a veces implicaba que también estuviera en el mismo piso que ellos. No podía enviarla al otro piso en el que estaba el resto del departamento de negociaciones, era absurdo porque era su secretaria personal, por lo cual muchas veces tenía que pensar nuevas ideas para hacerla salir y que ellos pudieran estar un rato a solas. No era muy frecuente, pero sí necesario, al menos para él.
Otra opción, aunque esa sí podía hacerla en cualquier momento, era pedirle a Tenten que fuera a su oficina y revisar juntos algún negocio o algunas de las propuestas que la castaña había hecho. Eso sí era normal y no tenía que decirle a Shizune que se fuera, se sentaban en la mesa de reuniones que tenía y la puerta solía quedarse entreabierta de modo tal que jamás fuera posible que la pelinegra llegara a pensar que algo diferente ocurría.
De ahí que los viajes siguieran, era en estos que ellos podían realmente desconectarse al menos momentáneamente de todo y no tener que estar pensando todo el tiempo en que alguien podría verlos o que su secreto se sabría. El destino más usual se había vuelto China, había un sinfín de empresas, el vuelo era corto, no había diferencia horaria o si la había era solo 1 hora y el país era lo suficientemente grande además de sobrepoblado para que ellos pasaran muchas veces desapercibidos. No había una provincia específica, lo que sí había descubierto hasta el momento es que sin importar cuál fuera, a Tenten le encantaba esa gastronomía y tenía una fascinación por las bolas de sésamo hervidas.
Los únicos momentos en dichos viajes en que la realidad regresaba, además de cuando estaban en reuniones de trabajo, era a la hora de la cena. Tenten videollamaba sin falta todos los días a Ryuu y cenaban juntos, él por su parte se iba a la habitación contigua o a algún restaurante cercano y comía solo. Al haber crecido sin sus padres, con un tío que trabajaba todo el tiempo, unas primas que vivían en otra ciudad con su madre, sumando que al graduarse un año antes del instituto había decidido que se iría a estudiar su carrera en otro país, la realidad es que se había acostumbrado desde siempre a estar solo. Por eso no solía disfrutar el asistir frecuentemente al club o estar siempre en lugares abarrotados.
Su ceño se frunció ligeramente de pensar que el estar acostumbrado a estar solo no significaba que quisiera eso para el resto de su vida ni implicaba lo mismo que la soledad que definía su matrimonio. Una cosa era ser solitario pero preocuparse por sus seres queridos, por ejemplo el estar pendiente de los gemelos de Hinata o ir donde su tío cuando sus primas estaban de visita, y otra muy diferente que su esposa ni siquiera le escribiera o lo llamara para preguntarle cómo estaba. Ella estaba en la casa cuando él se había ido para el aeropuerto, aunque teniendo en cuenta que llevaba medio mes durmiendo sola lo más probable es que ni siquiera hubiera notado que él no estaba. ¿Cuánto tiempo más iba a poder soportar antes de decidir que ya no lo toleraba ni un segundo más? Porque había un solo motivo para seguir ahí, pero ese motivo tampoco iba a ser eterno.
No quería pensar más en Shion, irse lejos era precisamente para no pensar en ella. Ya había pasado otro ciclo de las nuevas inyecciones y los resultados seguían sin ser favorables, no le importaba la pequeña fortuna que valía cada consulta, pero no podía creer que algo que para otros era tan sencillo y que hasta les pasaba por "accidente" o aunque trataran de evitarlo, a él le fuera imposible.
Su teléfono sonó por un mensaje y lo revisó de una vez mientras le hacía una seña al camarero para que le llevara la cuenta, era Tenten diciendo que ya había terminado su llamada y pidiéndole si podía llevar un postre. Ellos nunca se escribían mensajes a menos que fueran temas de trabajo y tan solo por los teléfonos corporativos, igual sonrió porque a él se le ocurría el mejor postre de todos, pero eso sería más tarde. En el menú vio que había tortas de calabaza rellenas de fríjol y apretó los labios, le encantaban los fríjoles pero odiaba la calabaza, pidiendo unas bolas de sésamo que eran dulces y también tenían el relleno de fríjol. En el momento que regresó a la habitación de hotel, la castaña abrió la puerta y sonrió en su dirección, consiguiendo que la cálida sensación que ya era usual se instalara en su pecho.
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Le había parecido extraño ver un correo a principios de noviembre de la clínica, programando un nuevo examen para Shion y que la mujer contestara que no tenía tiempo para ir a tomárselo. Al parecer no se había fijado que a él también le habían copiado y su cara de sorpresa fue evidente cuando él le reclamó en la noche su negativa. Le había sonreído diciendo en su voz suave que era porque estaba ocupada y tenía una pasarela programada para la cual le habían pedido aprender una rutina que harían varias modelos. En el momento que pasó las manos por su pecho diciendo que tal vez podría hacérselo el siguiente mes cuando regresara de su trabajo él frunció el ceño y la apartó, no iba a dejarse manipular.
De mala gana su esposa había aceptado, prometiéndole que pasaría a la clínica antes de abordar su vuelo hacia dónde sea que fuera, no le importaba. Él personalmente la llevó esa mañana de mediados de noviembre y esperó junto a ella hasta que la hicieron pasar, no habían tardado ni media hora para decir que la posible demora en el lugar era la excusa para no haber ido. La dejó en el aeropuerto y se fue a la oficina, suponiendo que le escribirían para darle una cita unas semanas después. Se había equivocado, esa misma tarde lo había llamado el médico personalmente diciéndole que tenía que verlo de ser posible al día siguiente.
- Disculpe doctor, pero mi esposa no está en la ciudad ¿podemos reprogramar la cita?
- Lo sé, sé que su esposa no está y es por eso que lo estoy llamando directamente
- ¿Pasa algo?
- Se lo diré en mi consultorio mañana, es importante para mí poder hablar con usted a solas
Esa llamada lo había dejado completamente confundido, porque por su mente incluso había pasado antes de esas últimas palabras el escribirle a su esposa y que estuviera presente por videollamada. No tenía sentido dedicar mucho tiempo a intentar adivinar qué era lo que le iban a decir, tan solo esperar y ser tan puntual como siempre en la cita.
- Por favor tome asiento señor Hyūga — en el tiempo que llevaba asistiendo a ese lugar, nunca había visto al hombre tan serio — siento haberlo llamado de esa forma, es solo... nunca había tenido un caso como el suyo
- ¿Qué salió en el examen? ¿Hay algún problema con mi esposa? — además de los que ya sabía previamente
- Sí y no... verá... su esposa es el problema — él frunció el ceño, eso no era una novedad realmente — y más que eso, siento que debo aclarar esto con usted porque mi ética me impide continuar con su caso
- Sea claro, doctor — pidió
- Verá... ¿recuerda usted cuál era el objetivo de las hormonas tanto en píldoras como posteriormente las inyecciones? — él asintió — la estimulación ovárica era fundamental en alguien como su esposa y el antecedente médico que tenía, jamás tuve una paciente que tras tomar tantas veces el tratamiento no tuviera ningún cambio ni nos diera al menos 1 óvulo, es por eso que el último examen de sangre que se le practicó fue para medir las hormonas en su sangre, los resultados... no hay otra forma de decirlo, no hay nada en la sangre de su esposa
- ¿A qué se refiere?
- Su esposa no está siguiendo el tratamiento indicado — sintió un escalofrío recorrerlo mientras pensaba que algo así no podía ser cierto — ¿la ha visto aplicarse las inyecciones? — él negó — ¿Alguna marca en su piel por las agujas? — volvió a negar, aunque debía tener en cuenta que no la había visto desnuda en un tiempo — ¿alguna vez la vio ingerir las pastillas?
- Vi los blísteres vacíos
- ¿Pero tomárselas como tal? — él negó con la cabeza — creo señor Hyūga, que el deseo de tener un hijo es solo de su parte — él se quedó en silencio tratando de entender esas palabras — debe hablar con ella, a menos que esté dispuesta a venir a aplicarse las inyecciones en nuestras instalaciones, no pienso seguir atendiéndolos
- E... — no dijo más, ni siquiera sabía qué iba a decir o cómo refutar algo de lo que acababa de oír
- Con todo respeto señor Hyūga — continuó el médico, aunque no lo había interrumpido realmente — nos empezamos a ver hace más de un año y creo que tenemos una adecuada relación médico-paciente, cómo profesional le diré no perderé más el tiempo con un caso como el suyo... y como hombre me atreveré a recomendarle que haga lo mismo
- Gracias, doctor — fue lo único que fue capaz de decir tras ponerse de pie.
Año y medio, ese era el tiempo que pasaba por su cabeza a medida que conducía a su oficina. ¡Año y medio! ¡Shion lo había manipulado por año y medio! O bueno, eso contando solamente el tiempo entre que había decidido divorciarse oficialmente y posteriormente desistido porque ella había sacado la carta de tener a su hijo. La realidad es que eran ¡7 malditos años de matrimonio!
Quería convencerse a sí mismo que tal vez el doctor había interpretado mal los resultados del examen, que era algún nuevo problema médico con su esposa, pero la realidad es que las palabras habían sido correctas, su esposa era el problema. Cada fallo de las píldoras había extendido el tiempo un ciclo más, o sea un mes más, luego otro, y otro. Que ni siquiera las inyecciones funcionaran no dejaba lugar a dudas, Shion se estaba riendo en su cara, lo había hecho por años y peor, se estaba aprovechando de la única vulnerabilidad que él tenía, del único deseo que lo había mantenido unido a ella. Claro que ella sabía que con esa frase lo haría desistir, él lo había dejado claro desde antes de proponerle matrimonio, su sueño y plan para después de los 30.
- ¡Llama al banco de inmediato! — fueron sus palabras hacia Shizune al llegar a su piso — pásame la llamada en cuanto te hayan atendido
- ¿Señor? — la pelinegra se veía confusa porque ni siquiera había contestado al saludo de las mujeres
- Dije que llames al banco — repitió — voy a cancelar las tarjetas de crédito de Shion — los labios de la mujer se abrieron un momento y luego los cerró, asintiendo — no me pases ninguna otra llamada.
El gerente era un viejo conocido suyo y con quien a veces se cruzaba en el club o en reuniones organizadas por su tío, además con una cuenta bancaria como la suya era obvio que era un cliente muy importante y a Shizune no le tomó más de 5 minutos que la atendieran y el gerente en persona tomara la llamada. Algo en su voz dejó claro que no bromeaba cuando le dijo al hombre que cancelara todas las tarjetas amparadas a su cuenta que estaban a nombre de su esposa de forma inmediata y que no estaba ni un poco de humor para charlar.
- Si Shion llama dile que estoy ocupado — al colgar volvió a levantar el teléfono para marcar la extensión que lo comunicaba con su secretaria — bajo ningún concepto me vayas a pasar sus llamadas — no esperó que dijera nada más, colgó y se dedicó a ver la pantalla de su computador, antojado por una vez en su vida de romperlo todo.
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¿Ya les avisé por aquí que la historia tendrá en tota 41 capítulos?
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Les recuerdo que todos los comentarios son bien recibidos en forma de review y que pueden ir a darse una vuelta por mi twitter (Idamariakusajis) o mi instagram (idamariakusajishi) en los que intento ser un poquito activa.
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Att: Sally K
