Aclaraciones: Sin POV definido

Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial

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Disfruten la lectura

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Capítulo 33. Pasmo

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No había roto nada, tan solo se había quedado en completo silencio respirando lenta y profundamente mientras trataba de revisar todo en su cabeza. Empezando por la cirugía en el segundo año de su matrimonio, eso Shion no lo había podido fingir, pero también la recordaba quejándose porque había subido un par de kilos o algo así después de la intervención y que le había costado bajarlos. Lo que sea que la había hecho cambiar de opinión fue posterior a eso, cuando dijo que las píldoras le resecaban la piel.

Él nunca había tenido nada contra la profesión de Shion, era un trabajo como cualquier otro y sabía que a cualquier mujer un embarazo y un hijo solían pausarles la vida al menos momentáneamente, en el caso de ella implicaría que dejara las pasarelas tan pronto su vientre empezara a crecer y que tendría que regresar a su anterior figura lo antes posible. Por eso mismo no había insistido que fuera algo inmediato y al ver el despegue que tuvo su carrera hizo sus propios planes a un lado para respetar eso. Pero no era un secreto lo que él quería, siendo ella misma quien siempre volvía a poner el tema o lo insinuaba.

Cada vez que su matrimonio parecía estarse enfriando o que ellos se estaban separando, la conversación volvía a estar en la mesa y su atención era recapturada. Había sido una maldita jugando con él, y él como un idiota había caído todas las veces. Frunció el ceño pensando en el día que decidió que se divorciaría porque no la aguantaba más, había hablado con sus abogados y como por arte de magia ella había regresado del viaje completamente cambiada, proponiendo ir a la clínica de fertilidad y todo.

Tal y como si la hubiera invocado, su celular empezó a sonar y él tan solo silenció la llamada. La verdad es que sí la había invocado al cancelarle las tarjetas de crédito, era más que obvio que ella llamaría a preguntar qué había ocurrido. Cuando la cuarta llamada se fue a buzón quería reírse como un demente, así que esa había sido siempre la clave para tener una esposa que lo llamara y le escribiera, porque ya había perdido la cuenta de la cantidad de mensajes que habían llegado entre una llamada y otra. Debió hacer eso antes, en alguno de sus viajes para tener un motivo para hablarse. A lo lejos escuchó que empezaba a sonar el teléfono de su secretaria, había previsto esas llamadas y por eso dio la orden explícita que no se las pasaran. No le importaba ni un poco lo que estuviera pasando por la cabeza de Shion en ese momento, lo único que sabía es que ya no era su problema y que no había absolutamente ninguna persona o deidad que lo hiciera desistir de su divorcio.

6 llamadas en menos de 1 hora, eso llevaba la rubia tratando de pasar por encima de Shizune y la pelinegra como una secretaria competente haciendo su trabajo, sin duda le iba a dar un bono en su siguiente sueldo. Agudizó su oído al escuchar que era la voz de Tenten la que se escuchaba y se levantó, abriendo la puerta para ver a la castaña en el teléfono con el ceño fruncido.

- Le repito que está en una reunión — desde su lugar se alcanzaba escuchaba una voz molesta al otro lado de la línea, por lo que avanzó hacia el escritorio de la castaña — lo siento, pero ya le dije que no está aceptando ninguna llamada

- ¡ESCÚCHAME BIEN PEDAZO DE INÚTIL! TE ESTOY DICIENDO QUE QUIERO HABLAR CON MI ESPOSO — había estirado la mano para presionar el botón del altavoz, así que Tenten descargó el auricular y él solo hizo un gesto para que siguiera en la llamada como si no estuviera allí — ERES SU MASCOTA, VE DE UNA MALDITA VEZ Y LE DICES QUE SOY YO

- Como le hemos dicho en las otras llamadas, no atiende a nadie — Shizune llegó en ese momento, al parecer había ido al baño y por eso era Tenten quien había contestado el teléfono

- ¿Cómo es que es tu nombre?

- Soy Tenten

- Escúchame bien, Tenten — él frunció el ceño por el tono de voz que usaba — o me pasas a mi esposo de una maldita vez o estarás despedida

- Sigo ordenes directas de mi jefe

- ¡No solo te voy a despedir! ¡VOY A DESTRUIR TU CARRERA EN ESTA CIUDAD! ¡NADIE TE VA A VOLVER A DAR TRABAJO! — Tenten pareció contener la risa

- Puede intentarlo, creo que no está al tanto de quien es mi esposo

- ¡NO ME IMPORTA QUIEN SEA EL INSIGNIFICANTE DE TU ESPOSO! ¡PÁSAME A NEJI!

Antes que la castaña pudiera decir algo más, él estiró la mano y volvió a presionar el botón del altavoz, finalizando la llamada y regresando el silencio al lugar. Las mujeres tan solo lo veían sin decir nada.

- Shizune, por favor consígueme un café — nada de lo que había escuchado en esos gritos por parte de la que pronto sería su exesposa lo sorprendía — trae algo para ustedes también

- Enseguida — la pelinegra tomó una billetera en la que estaba el dinero que tenía para esos gastos como su secretaria — ¿Tenten?

- Un latte, por favor — la vio asentir y en cuanto la puerta del ascensor se cerró Tenten lo tomó de la mano — ¿Estás bien?

- No — admitió — pero no quiero hablar de eso en este momento, tan solo... mi divorcio será un hecho

- Lo siento

- No, no lo sientas, la acabas de escuchar — exhaló pesado — no era mi intención hacerlas pasar por esto, tírale el teléfono si vuelve a llamar — la risa de Tenten se escuchó y él sonrió de lado, aunque no era una broma — debo hablar con mis abogados — la castaña le soltó la mano y él volvió a su oficina.

Al sentarse se quedó viendo su mano por un momento, recordando la calidez de segundos atrás mientras Tenten la sostenía, como si fuera un ancla a la cual aferrarse en ese momento que todo se estaba hundiendo a su alrededor. Por tener su mirada en ese punto se dio cuenta del objeto que todavía tenía allí y volvió a fruncir el ceño. Se quitó el anillo y lo dejó sobre la mesa, en 7 años y un par de meses que llevaba de casado se lo quitaba únicamente en la noche cuando se preparaba para dormir y se lo volvía a poner todas las mañana después de ducharse, era parte de su rutina.

- N...Neji, tu café

- Gracias, Shizune

- También había torta de naranja recién hecha — le extendió los dos objetos y él sonrió — te traje una porción, está tibia

- Gracias — volvió a decir — lo siento por lo de Shion — la pelinegra negó

- Son gajes del oficio, aunque no lo creas no es la primera vez que tengo que hacer algo así

- No volverá a pasar — afirmó — si alguien que no sea Shion llama, pásame la llamada

Y de nuevo estuvo solo, dio el primer sorbo a su café y aunque no era fanático de la torta de naranja, empezó a comérsela de una vez porque olía delicioso. Debía llamar a sus abogados cuanto antes, pero quería darse un momento de disfrutar el silencio. Al parecer la que pronto sería su exesposa se había rendido y nada se escuchaba. Ya había terminado de comer cuando sonó el teléfono fijo, con desgana contestó y del otro lado la pelinegra le avisó que era uno de sus abogados.

- Neji ¿Por qué cancelaste las tarjetas de crédito de Shion?

- Así que fuiste tú quien le avisó la vez pasada que iba a presentar la solicitud de divorcio — contestó atando cabos de inmediato

- ¿De qué hablas?

- Nadie más que mis abogados estaba al tanto que pensaba divorciarme, es todo lo que necesitas saber — aclaró — estás despedido

- Neji, eso...

- No lo voy a repetir, puedes irte con dignidad o te aseguro que sabrás porqué todos en el mundo de los negocios evitan meterse en mi camino — contrario a Shion, él no hacía amenazas en vano y sí tenía el poder suficiente para cumplir algo así

- Lo siento, Neji, no fue mi intención en ese momento...

- Hasta nunca — colgó, volviendo a levantar el teléfono para pedirle a su secretaria que lo comunicara con sus abogados, no le daría más largas al asunto.

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Había rentado un apartamento amoblado para esa misma tarde, no le importaba ponerse a buscar algo que fuera 100% de su agrado, tan solo tener a donde mover sus cosas de inmediato porque no iba a pasar ni una sola noche más en la maldita casa que siempre había odiado. No pensaba llevarse ningún mueble ni tonterías de esas, la fría vivienda había sido amoblada al gusto de Shion por lo cual no le interesaba quedarse con nada y precisamente era la razón para conseguir un lugar que incluyera unos diferentes, lo único importante era irse cuanto antes.

Shizune se había encargado de empacar su ropa y una compañía de mudanzas de lo concerniente a la biblioteca y la que había sido su oficina en casa, eso era lo más pesado por llevar y por acomodar en el nuevo lugar. De hecho también le había dado el anillo a la pelinegra para que lo tirara, vendiera, quemara, no le importaba. La primera noche la pasó en un hotel y para la noche siguiente a tomar la decisión de divorciarse ya se encontraba completamente instalado en el que sería su hogar al menos de forma temporal. Luego con calma buscaría un nuevo departamento para comprarlo, por ahora se valdría de ese.

Había hablado con sus abogados y con el precedente del inepto que le había dicho a Shion en el pasado lo que él estaba pensando hacer, les advirtió que si a algún otro se le ocurría hacer lo mismo y avisarle, no iba a mostrar ningún tipo de misericordia. Revisaron punto a punto el prenupcial, buscando la forma de romperlo y aunque era consciente que se le avecinaba un divorcio tormentoso, esta vez sí estaba dispuesto a pasar por el proceso al costo que fuera.

La que pronto sería su exesposa no había vuelto a llamar ni a escribir, sabía para qué día y hora estaba programado su regreso a la ciudad y ese fue el único motivo para ir hasta la enorme casa que también dejaría de ser suya prontamente. Sirvió un vaso de whiskey y se sentó en el recibidor, esperando el momento en que la puerta se abrió y pudo ver a la rubia entrar, nunca en su vida la visión de una mujer le había provocado tal nivel de desprecio. Sin decir nada fue al comedor mientras ella daba ordenes al conductor para que subiera las maletas antes de seguirlo.

- ¿Ahora sí me dirás porqué me cancelaste las tarjetas de crédito? — claro que ese iba a ser el primer tema — ¡¿Tienes idea de la vergüenza que pasé al ir a pagar y que me dijeran que había sido rechazado?!

- No me importa

- ¿No te importa? ¡Tuve que pedirles a mis compañeros que me ayudaran los días restantes de mi viaje! — él enarcó una ceja

- ¿Acaso no tienes un sueldo? — los colores subieron al normalmente pálido rostro de la mujer — Igual no me contestes, ya lo dije, no me importa

- ¿Qué pasa contigo? — en respuesta él dio un sorbo pequeño a su trago y movió su mano vacía sobre la mesa, la mirada de Shion fue en esa dirección — ¿Y tu anillo?

- Venir hasta aquí podría decirse que fue una cortesía, eso y que igual exijo una explicación — los ojos azules se abrieron de más — mis abogados te llamarán mañana a decirte lo mismo, presenté la solicitud para el divorcio

- ¿Qué? ¿Por qué?

- ¿Y eres tan embustera de preguntar la razón? ¿Por qué más creíste que cancelé las tarjetas? — fue una pregunta retórica y no esperó respuesta — en la clínica me dijeron la verdad, nunca te has hecho ningún tratamiento

- E...

- El médico lo sospechaba, para eso era el último examen y estoy seguro que por la misma razón trataste de posponerlo — la rubia parecía congelada, pero se notaba que estaba algo enojada — ¿Y bien?

- ¿Y bien qué?

- ¿Qué respondes a eso? ¿No tratarás de manipularme una vez más? ¿Prometerme una mentira?

- No, es completamente cierto — la vio admitir y luego tomar una actitud diferente — y nunca te he manipulado, yo...

- No me vas a hacer cambiar de opinión, así que ahórrate el teatro en el que estás pensando

- Neji... — era su voz suave, por lo que la interrumpió

- Contrario a la vez pasada, ya inicié el trámite con los abogados, mi decisión es definitiva

- Bien — escupió en su dirección — no me gustan los niños, nunca me han gustado. Cuando dijiste que esa era la condición para casarnos pensé que podría cambiar de parecer, estuve dispuesta a intentarlo — se encogió de hombros — cuando la cirugía no fue exitosa supe que no volvería a pasar por algo semejante ¿sabes lo que le pasa a las modelos que son madres? — él no contestó — ¡Olvida las pasarelas de alta costura! Las degradan a harapos diseñados por cualquier aparecido

- Debiste decirme la verdad

- ¿Y divorciarme? ¡Claro que no! Atrapé al soltero más codiciado, no pensaba soltarlo — él frunció el ceño — no soy tonta, sabía que hace mucho reconsiderabas nuestro matrimonio y si te decía la verdad nada te impediría irte, pensé que podría hacerte cambiar de opinión, que en medio de todo el sexo olvidarías tu estúpido plan y te conformarías con que fuéramos solamente nosotros

- Claro, en especial esas noches cuando te ibas a dormir a la otra habitación

- Necesitaba un descanso, amor, ¿no te han dicho que eres un hombre demasiado fogoso? No te podía seguir el ritmo y no tener ojeras al día siguiente — en ese momento venía a su mente Tenten, jamás la había escuchado mencionar o quejarse de nada parecido — mantuve nuestro matrimonio usando la carta que tú mismo me diste

- Solamente pospusiste lo inevitable — de un sorbo desocupó lo que quedaba del trago que tenía en la mano — debiste darme el divorcio hace año y medio, habría sido mejor para ti

- ¿Qué significa eso? Tenemos un prenupcial

- Sí y no, hace año y medio te hubiera dado cualquier cosa que pidieras con tal que firmaras rápido los papeles del divorcio — se puso de pie — con mis abogados revisamos el prenupcial letra a letra, puedo probar lo que hiciste y eso lo anulará por completo, no tengo que darte ni un centavo si no quiero y puedes estar segura que ningún juez conseguirá obligarme — los ojos azules mostraron ira y temor — pero, voy a ser generoso

- Voy a pelear esto y lo sabes

- Adelante, mis abogados están preparados y ya despedí al que tenías engatusado a tu servicio — hizo una seña con las manos hacia lo que lo rodeaba — siempre he odiado esta casa, es lo que te ofrezco y lo único que obtendrás de mí

- ¿A qué te refieres?

- Pondré esta casa a tu nombre, o si lo prefieres la venderé y te daré el dinero que paguen por ella. Ni un centavo más — y la verdad es que no era una cifra despreciable

- No es justo, debería ser más

- Es esto o nada, te dejaré pensarlo y en la reunión con los abogados puedes dar tu respuesta — empezó a avanzar a la puerta, era hora de irse

- ¿A dónde vas?

- Te lo dije, odio esta casa y por eso ya no vivo aquí

- Neji... — fue una voz suplicante cuando estaba a punto de salir y él se detuvo solo un segundo

- Por cierto, si te atreves a intentar cumplir lo de destruir la carrera de mis empleadas, personalmente me encargaré de aplastar por completo la tuya — la vio una última vez, la rubia mostró miedo porque debía ser consciente que sus palabras no eran una amenaza, eran una promesa — y sabes que tengo los contactos a nivel mundial para hacerlo

No esperó nada más, tan solo se subió a su auto para irse y no regresar jamás a un lugar que no le traía más que malos recuerdos. Todos decían que él era un gran negociador con un gran instinto para encontrar tesoros, su instinto por una vez se había equivocado y ese error le había costado más de 7 años de su vida.

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Diciembre había sido un mes diferente, casi no tenía trabajo ni nada por traducir porque Neji escasamente pasaba tiempo en la oficina. Sabía que era por el tema del divorcio y que Shion no se había tomado muy bien la noticia, por lo cual había decidido pelear para hacer valer el prenupcial así que eran varias las audiencias programadas que él había conseguido fueran lo más seguidas entre sí.

Con Shizune se la pasaban en la oficina algunas veces riendo y perdiendo el tiempo entre ellas, porque hasta los planes de negocio que su jefe le había pedido ya los tenía hechos y en esa época del año escasamente entraban llamadas. Incluso se había tomado una tarde libre para hacer sus compras de temporada sin ningún problema, de nuevo comprando regalos para todos. También había llevado a Ryuu a una cita con el pediatra, esquivando la mirada del médico pues su propia cita la llevaba esquivando un par de meses y sabía que debía ir, pero no quería.

Para finales de enero había salido un viaje de negocios a Corea del Sur, aunque la verdad es que de negocios no había tenido mucho. Tan solo había sido la excusa para viajar junto a su jefe y por fin poderlo escuchar desahogarse sobre lo que habían sido esos tiempos caóticos para él. Neji odiaba a Shion, cualesquiera que hubieran sido los motivos años atrás para que él le hubiese propuesto matrimonio habían desaparecido por completo y en su lugar no quedaba más que desprecio y rencor.

No lo culparía, ella se sentiría de la misma forma de enterarse que su esposo había jugado de esa forma con sus ilusiones, por ejemplo cuando dijo que quería estudiar, que Kiba hubiera pospuesto una y otra vez ese tema con cualquier excusa esperando que lo olvidara. Además por su mente solo pasaba ese recuerdo del momento en que comprendió que sería madre y el amor que la embargó durante todo su embarazo hacia el bebé que se estaba formando. Independientemente de su edad, había aceptado la noticia y añorado conocer a su hijo. Un bebé no era un tema para jugar ni para manipular a otros, era algo supremamente bajo y más si la rubia siempre había sabido que era algo que Neji quería.

El Hyūga era un hombre rico, sin embargo se había empecinado en que dados los artificios sufridos durante su matrimonio el prenupcial estaba anulado y no estaba dispuesto a darle ni un centavo a su exesposa, y por supuesto que se salió con la suya, consiguiendo incluso que Shion tuviera que quitarse el apellido de casada de inmediato. Una prueba que sus abogados eran pesos pesados y que podía obtener cualquier cosa que se propusiera, así como destruir a quien se pusiera en su camino de ser necesario.

Eso la había llevado a pensar por un momento en el día que él le ofreció que sus abogados la asesoraran en sus preguntas respecto a la custodia de Ryuu, que se los prestaría en caso que decidiera separarse. A su mente venía la duda de un pulso entre los abogados de Tsume y los de Neji, precisamente tras los eventos recientes. Aunque era una duda al aire, ella no estaba pensando en dejar a Kiba.

Era extraño, pero su esposo había cambiado un poco y casi le recordaba al Kiba de su primer año de matrimonio, al de antes que el incidente ocurriera. La actitud distante se había ido y de nuevo la hacía reír, estaba pendiente de ella incluyendo ser otra vez romántico, jugaba con Ryuu y lo ayudaba con los deberes, era como si hubiera rejuvenecido de repente. Era una sensación rara, ella no quería creer que lo hacía para ocultar a la nueva amante de turno, porque de hecho no llegaba tarde de la oficina y los viajes fuera de la ciudad sin ellos tampoco estaban pasando. ¿Se habría enterado que ella lo escuchó discutir con Tsume y de ahí que quisiera enmendar las cosas? ¿O simplemente era que había decidido volver a ser un hombre familiar al estar a unos meses de cumplir 13 años de casados?

No lo sabía, solo sabía que eso hacía que su propia infidelidad le estuviera sentando un poco mal. Ella amaba a su esposo, pero no podía negar que las cosas con Neji se habían vuelto más que solamente sexo, disfrutaba su compañía, se preocupaba por él y sus conversaciones aunque no eran sobre temas tontos, como solían serlo con Kiba, también le gustaban. Tampoco podía definir o darle un nombre exacto a qué era lo que sentía, ¡ella era una mujer casada! Su esposo debería ser el único que le provocara esos sonrojos y suspiros, pero no era así.

Se sentía un poco tonta al pensar algo así, estaba completamente segura que Kiba nunca había sentido más que lujuria por Tayuya, lo mismo para todas las demás. Él sí sabía cómo se jugaba ese juego y ella no, ella había decidido participar en un juego del que no conocía las reglas más allá de no poder decir nada ni dejarse descubrir, pero nunca se había preocupado realmente por aprender cuál era la estrategia para no mezclar sentimientos y ahora todo se había salido de control.

Eso era lo que se había dedicado a pensar al regresar del viaje, apenas si habían asistido a 1 reunión en la que se cerró el negocio y el resto del tiempo se habían dedicado a recorrer la ciudad como si fueran una pareja de turistas cualquiera, sonriendo al ver que Neji le preguntaba algunas palabras básicas y trataba de aprenderlas aunque su dicción era terrible. Casi le recordaba cuando Ryuu era pequeño y ella le estaba dando clases de idiomas, no lo diría en voz alta, pero su hijo aprendía más rápido.

Hacia mediados de febrero había tenido que ir al médico, llevaba aplazando esa cita mucho tiempo por su aversión de ir al consultorio pero la verdad es que ya le tocaba. Además de odiar la inyección trimestral, los motivos para haber pasado a ese suplicio seguían allí, las migrañas esporádicas, su ciclo irregular prácticamente inexistente y sus cambios de humor que le costaba controlar.

Odiaba la inyección y ya había tenido problemas para no saltarse las fechas y a la vez no explicarle a su esposo lo que estaba pasando si tenía que salir un domingo a mandársela a aplicar o porqué a veces le dolía una nalga. Seguía sin querer tener esa conversación y era la razón por la cual hasta el momento no le había contado del cambio. Por eso mismo cuando el médico le dijo que la opción era una inyección mensual estuvo a punto de tener un ataque de risa en el consultorio. ¡Claro, eso sonaba muchísimo mejor!

Y la solución era algo menos malo que una inyección, pero igual de malo en cuanto a lo de tener que prestarle demasiada atención. El método elegido al menos temporalmente eran las píldoras diarias, con el agravante que debían ser tomadas preferiblemente a la misma hora, probarían inicialmente por 6 meses para ver que tal se adaptaba y si los síntomas desaparecían, porque al parecer esas venían en varias concentraciones de hormonas y podían tenerla el resto de la vida en el método de prueba y error.

Con el ceño fruncido metió las cajas al fondo de su bolso, las había comprado todas de una vez para no tener que estar pensando el siguiente mes en comprarlas. Trató de pensar en donde esconderlas para que nadie las encontrara por casualidad y también en una hora igual para todos los días, un momento que no interrumpiera su día y que su esposo no lo notara, decidiendo que sería a la hora de salir de la oficina. Programó de una vez la alarma en su teléfono y no quería fruncir más el ceño de pensar en lo de no tomarlas una semana al finalizar las 21 píldoras y recordar la siguiente que debía empezar un nuevo blíster.

La cita médica había sido en la mañana, solo había pedido un par de horas de permiso por lo que fue a trabajar con normalidad el resto del día. En la tarde al volver a subirse al auto al terminar su jornada para irse a casa, se sobresaltó ligeramente en el momento que su celular vibró por la alarma. De mala gana tomó la primera píldora con las iniciales del día correspondiente y la tragó con un poco de agua, al menos no sabía mal y era pequeña, solo tenía que asegurarse de no olvidarla.

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Nunca se había considerado un hombre supersticioso o que creyera en leyendas, sin embargo el hecho que ese año fuera su aniversario 13 le daba una mala espina y no sabía porqué. Le daba risa a veces el verse a sí mismo pensando que un simple número podía implicar algo, además que debía ser racional, la realidad es que ellos habían cumplido 13 años de relación el año anterior. Sí, eso debería calmar la absurda preocupación que tenía, el año anterior había sido un buen año para su matrimonio y ellos estaban cumpliendo era 14 años juntos.

Para el cumpleaños de Tenten habían ido a la casa de Hana, pensando en las palabras de su madre tiempo atrás vigilaba atentamente a Keisuke, el esposo de su hermana, en búsqueda de cualquier indicio que era infiel. Aunque una parte de sí sabía que era en vano, la pulga había encontrado un buen hombre que además de todo había cumplido los estándares de su madre y de ahí que por fin hubiera formado su propia familia. Sostuvo en brazos a Sayuri, riéndose porque Ryuu era celoso y aunque trataba de disimularlo se notaba que no le gustaba el haber perdido el título del único nieto de la familia.

Ni hablar de cuando era la castaña quien cargaba y le hacía carantoñas a la bebé, Tenten no había perdido la habilidad que había tenido cuando su pequeño dragón tenía ese tamaño y de ahí que aunque todavía no hablara, a la criatura le encantara estar en brazos de su tía. Algo que no le gustaba a Ryuu, él era el único bebé de su madre, pero también era un adolescente que rehuía a demasiadas muestras de afecto.

Para su aniversario él le había dicho a Tenten que pidiera la semana libre en su trabajo, llevaban algunos años sin ir juntos a Londres y le parecía que era la oportunidad perfecta para hacerlo. Vio un puchero en su rostro porque eso implicaría que tendría jet lag y que estaría perdida con las horas, como siempre le pasaba. Por eso cambiaron de el lugar de destino y fueron a Cairns, era un vuelo casi igual de largo pero al menos no se desfasaban tanto de la hora. Ya habían ido a Australia en el pasado, pero era un país grande con gran variedad de paisajes por descubrir.

Tal y como pasaba cada vez que la castaña estaba en uno de sus viajes de trabajo, a la hora de la cena llamaba a Ryuu para comer con él, la diferencia es que cuando era su aniversario él estaba a su lado mientras su hijo del otro lado de la línea les contaba su día y prometía que sí estaba haciendo sus deberes. Por ahora no tenía planes para su propio cumpleaños, ya pensaría en algo eventualmente para que fueran todos juntos.

Tuvo algo parecido al deja vu cuando se acercaba el cumpleaños de su sobrina, su madre había tomado la vocería de la celebración y así como pasó en el primer cumpleaños de Ryuu, planeaba un evento en la propiedad con varios invitados prominentes y poder presumir en sociedad a su nieta. Su cuñado era el dueño de varios de los viñedos más importantes del país por lo cual en lugar de molestarse con la fiesta se había ofrecido a ser el encargado de los vinos durante la misma.

Al llegar a la propiedad se sorprendió al ver que justo a la entrada habían ubicado una mesa de bienvenida con varios tipos de vino para que cada invitado eligiera el de su preferencia y los meseros estarían al pendiente de servirles ese específicamente. No negaría que era una forma sutil y muy efectiva de su cuñado hacerse publicidad. Aunque la sorpresa fue más grande al ver que Tenten a su lado empezaba a ver la carta de vinos, preguntando si había alguno dulce.

Él tan solo había probado 2, optando por uno blanco semiseco, la castaña probó el primero y arrugó la nariz, era también un blanco semiseco que obviamente no le había gustado. Le ofrecieron otros y finalmente eligió uno tinto de vendimia tardía, podría decir que su cara parecía como si le hablaran en chino, pero ella dominaba ese idioma, así que era más como si le hablaran en ruso o algo así. La vio asentir aunque al menos para él era claro que no había entendido nada sobre lo que significaba el haber elegido una bebida de vendimia tardía o que fuera un muscadelle.

Dado el hecho que su esposa no tomaba más que un par de copas de champaña en celebraciones, fue curioso y le pidió que se lo dejara probar, siendo su turno de arrugar la nariz. De no ser por el grado de alcohol, eso para él clasificaba más como una bebida azucarada que como un vino que realmente se pudiera degustar. Pero bueno, era cuestión de gustos y era agradable ver a Tenten disfrutando la velada con su copa que cada tanto era llenada.

Había una zona infantil designada para los menores exceptuando a Sayuri, por supuesto no había nada de bebidas alcohólicas para estos, así que al ser de noche y que la celebración terminara fue el turno de escuchar a Ryuu quejarse, tenía 12 años y a esa edad no deberían mezclarlo con los otros niños, él ya era un adolescente. Tenten fue quien empezó a reírse, mostrando de paso que habían sido un par de copas más de las que estaba acostumbrada a tomar, aunque no estaba propiamente ebria, solo un poco más achispada de lo que esperado. Era poco probable que tuviera resaca al día siguiente.

Era casi la hora de dormir de Ryuu cuando llegaron a la casa y fue él quien contestó que tenía 1 hora de permiso para estar en la consola cuando lo pidió, los fines de semana solían ser un poco más laxos con la hora de ir a la cama. La castaña dijo que tenía sueño y se daría una ducha antes de acostarse, él no tenía mayor cosa que hacer por lo que todos subieron, el pequeño dragón tenía una consola portátil y se había sentado en la cama a jugar.

- Si vengo en 1 hora y todavía estás jugando te meterás en problemas ¿Entendido? — no obtuvo respuesta, su hijo tenía la mirada fija en la pantalla mientras movía los dedos a toda velocidad — Ryuu

- Sí, papá — le contestó sin verlo y él sonrió, afortunadamente era una versión más obediente de sí mismo. Se desvistió y tras ponerse su pantalón de pijama se metió bajo las cobijas, a lo lejos escuchaba la ducha. Un par de minutos después Tenten salió del baño ya en su pijama, avanzando para acostarse a su lado

- Te ves feliz

- La pasé bien, adoro a Sayuri — su voz estaba un poco enredada por el alcohol

- Lo sé, Hana nos va a odiar porque seremos los tíos que le alcahuetean todo a su sobrina — Tenten empezó a reírse, apoyando la cabeza en su pecho — te amo — susurró

- Y yo a ti — le contestó adormilada y él besó su frente

No tenía sueño todavía y a pesar de escuchar la respiración acompasada de su esposa, estuvo un rato más en su teléfono leyendo el reporte que tenía del avance de un proyecto de construcción que tenía con Shino. Pasada más de 1 hora cuando por fin bostezó con pereza pensó que era la hora de hacer el teléfono a un lado y apagar la lámpara para dormir. Vio el reloj en la esquina de la pantalla, dándose cuenta que el tiempo de Ryuu se había cumplido y a lo lejos notaba que la luz seguía encendida. Frunció el ceño, no quería desacomodar a Tenten pero debía ir y decirle a su hijo que se durmiera. Escuchó algo parecido a un refunfuño de la castaña cuando la movió para levantarse, saliendo rumbo a la habitación del pequeño dragón.

- ¿Cuánto tiempo dije, enano? — vio un puchero de una vez al extender la mano para que le entregara el aparato — será un día más sin teléfono

- ¡Papá!

- Conoces las reglas — regla impuesta por la castaña, quitarle el celular cuando no eran castigos fuertes, durante ese tiempo le daban solo un teléfono básico que lo dejaba llamar y contestar por si se presentaba una emergencia, pero nada de juegos o internet en este — es hora de dormir, que descanses

- Buenas noches — fue la respuesta todavía con el puchero.

Él solo negó con la cabeza mientras regresaba a su habitación, dejando la consola en la mesa junto al mueble y metiéndose a la cama. Se acercó a Tenten y la abrazó por la espalda, pasando la nariz por su cuello a lo que la escuchó suspirar, no estaba completamente dormida así que hizo algo parecido pero dando ligeros mordiscos y ahora la respuesta fue una suave risa.

- Me haces cosquillas, Neji — se quedó quieto de inmediato, apartándose como si la mujer a su lado le fuera completamente desconocida ¿qué acababa de escuchar?

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Att: Sally K