Aclaraciones: Sin POV definido
Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial
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Disfruten la lectura
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Capítulo 34. Alteración
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Cualquier rastro de somnolencia había desaparecido por completo mientras a su lado Tenten había vuelto a respirar de forma acompasada, él la veía sin poder creer lo que había escuchado, debía tratarse de un error. Pero ¿qué era lo que decían acerca que los borrachos y los niños siempre decían la verdad? Si bien la castaña no estaba completamente ebria, había ingerido mucho más alcohol del que acostumbraba.
Su cabeza empezó a empezar a atar posibles cabos, siendo su primer paso revisarle el teléfono. Cada vez que cambiaban los celulares lo primero que hacían era configurarse mutuamente las huellas, lo mismo pasaba con el teléfono de Ryuu a modo que ellos siempre pudieran revisar qué hacía su hijo. Pero no se trataba de su pequeño dragón en ese momento, se trataba de su esposa, así que lo desbloqueó y empezó a revisar lo básico.
Tenten no era tan hábil como él con la tecnología, por lo tanto lo de borrar conversaciones sin dejar rastro o tener aplicaciones secretas no era algo que fuera a pasar. Igual revisó en la aplicación de mensajes, las únicas conversaciones con Neji eran en horario de oficina o eran de ella avisándole que tenía reuniones en el instituto de Ryuu, citas en el pediatra, la última era una cita médica de ella de la cual él no estaba al tanto. No es que exigiera que le contara absolutamente todo, pero en lo relacionado con la salud era importante para él también estar al tanto de lo que ocurría con su esposa.
En las conversaciones archivadas solamente había una, la de su fallecido padre. Abrió conversaciones al azar, Tenten a veces se hablaba con otras madres del instituto sobre los deberes o las actividades que se estaban organizando, nada del otro mundo. Revisó las fotos y tampoco había nada, ¿había escuchado mal? No, estaba completamente seguro de sus palabras y que había sido el nombre de su jefe el que había sido pronunciado.
Estuvo abriendo algunas aplicaciones, solo para comprobar que no había ninguna que simulara ser otra cosa, entrecerrando los ojos al abrir el reloj y ver una alarma identificada solamente con un símbolo que parecía ser una píldora y se repetía a diario. Probablemente en una vida pasada había sido detective, por lo que se levantó de una vez y tratando de no hacer ruido abrió la mesa de noche de ella, no había nada que le llamara la atención. Vio a todas partes antes de pensar en su bolso, por lo que salió de la habitación y fue al primer piso donde Tenten lo dejaba todos los días al regresar a casa. No había encendido la luz, por lo que prendió la linterna del teléfono para poder iluminar lo suficiente y empezó a revisar el contenido, de alguna forma sabía dentro de sí que reconocería lo que buscaba en cuanto lo viera. Y así fue.
Sacó el blíster de medicamentos, viendo que faltaban varias de las píldoras y que estaban marcadas por días. Era ese tipo de cosas que cualquier persona en el planeta reconocería, solo por si acaso buscó en modo incógnito en el celular el nombre para comprobar lo que ya sabía, eran unas píldoras anticonceptivas ¿desde cuándo su esposa había cambiado el método de planificar? Hizo cuentas en su cabeza, los 5 años del segundo dispositivo se habían cumplido tiempo atrás. Volvió a dejar todo como lo había encontrado, apagando la linterna para regresar a la cama, Tenten seguía dormida así que dejó de nuevo el teléfono de ella sobre la mesa de noche y se quedó viéndola.
¿Quién era esa mujer y qué había hecho con su esposa? La Tenten que él conocía y con la que se había casado jamás le ocultaría cosas, sin contar el dinero en el fondo que ella tenía a nombre de Ryuu y creía que él desconocía, SU esposa no sería capaz de serle infiel y mucho menos de ocultarle algo tan importante como lo del cambio de anticonceptivo sin que lo hablaran primero. Esa era una decisión que les competía a ambos y en la que él había creído que el no volver a mencionar el tema de tener otro hijo era porque la carrera de ella iba por buen camino.
¿Hacía cuánto se acostaba con su jefe? la castaña viajaba cada 3 meses más o menos, la duda que lo estaba carcomiendo era si de verdad le había ocultado algo así desde que los viajes habían comenzado. Él había visto las reservas de las habitaciones que ella siempre le mostraba por si necesitaba saber a dónde llamarla de llegar a necesitarlo, que cada día tenía su videollamada a Ryuu sin falta, ellos hablaban con normalidad por mensajes todo el tiempo a pesar de la distancia, por eso jamás había llegado a sospechar algo semejante.
Inhaló profundo y exhaló despacio varias veces tratando de calmarse, era hipócrita de su parte hacer un reclamo o enojarse por el asunto. Había perdido cualquier derecho a hacerlo cuando él mismo había sido infiel varias veces, pero era diferente, él era él, en cambio Tenten era... Tenten era pura, era inocente e incapaz de hacer algo de ese calibre y mucho menos de actuar como si nada pasara. Además Tenten era suya, siempre había sido únicamente suya y muchas veces se había sentido de alguna forma orgulloso de saber que tenía algo que nadie más había podido tener.
El sueño le rehuyó por gran parte de la noche mientras seguía rumiando en su mente, tratando de decidir cuál podía ser su siguiente paso ahora que sabía la verdad. No supo a qué hora se durmió, lo único es que se despertó molesto por la luz y mientras parpadeaba lentamente pensando en una grosería pudo sentir un par de ojos clavados en él.
- ¿Tienes resaca? — los orbes chocolate lo veían divertidos. Él siguió parpadeando lentamente tratando de acostumbrarse a la luz y evaluando a la mujer al frente suyo sin querer hablar — ¿Quieres un vaso de agua o que te prepare algo de comer? ¿Tal vez un consomé? — ahora apareció una expresión preocupada al no obtener respuesta — Kiba ¿te sientes bien? ¿te traigo algo?
- Un consomé suena delicioso — dijo por no quedarse callado, la castaña sonrió aliviada y asintió
- Iré a prepararlo — se inclinó para besarlo en la mejilla, levantándose de una vez — buenos días, cariño — la escuchó saludar a lo lejos a Ryuu
Él se sentó en la cama, no tenía resaca, si de casualidad tenía ojeras eran por las pocas horas que había dormido y su actitud confusa era porque estaba intentando ver algo diferente en la forma de actuar de su esposa. Nada fuera de lo normal, o lo que era la normalidad a la que estaba acostumbrado y que no sabía desde cuánto tiempo atrás había empezado.
- Estaba pensando — comentó Tenten mientras almorzaban, él estaba particularmente callado — mayo empieza en unos días, podríamos ir el otro fin de semana a nuestro campo de flores ¿Qué dicen?
- ¿No tienes algún viaje programado? — preguntó tal vez un poco más ácido de lo que debería y la castaña ladeó la cabeza
- No, te mencioné ayer que mi viaje es a fin de mayo y será cosa de un par de días nada más — él no recordaba eso — ¿te sientes bien, Kiba?
- Te fuiste a principios de este mes
- Lo sé, hay una filial muy parecida a la que se acaba de adquirir y Neji planea una fusión, pero para que funcione debe comprarla pronto o los tiempos no van a coincidir
- ¿Y no lo puede hacer desde aquí? Existen las videollamadas o que ellos vengan al país
- Hay que verificar el estado real de las instalaciones, las fotos pueden ser retocadas o ser de otra fábrica y que la maquinaria no exista
- Y si...
- Habían acordado que nada conversaciones de trabajo mientras comemos — los interrumpió Ryuu
- Lo siento, cariño. Tienes toda la razón — la castaña sonrió — ¿qué dices tú? ¿Quieres que vayamos el otro fin de semana de picnic?
- ¿Puedo invitar a algunos amigos?
- No, sabes que ese lugar es solamente de nosotros — las palabras salieron sin pensarlas — ya sabes, un plan FAMILIAR
- Kiba ¿pasa algo?
- No tengo hambre — dijo haciendo a un lado la comida que escasamente había probado — iré a recostarme un rato
- ¿Quieres algo para el malestar? ¿Un té o...?
- Solo quiero descansar un rato — cortó, poniéndose de pie y dejando el comedor
Se acostó en la cama y vio al techo, su actitud era hipócrita y no tenía derecho a hacer una escena, pero igual estaba molesto. Desconectó su mente por un rato, tratando de convencerse que debería actuar como si no hubiera descubierto nada, Tenten no le había pedido el divorcio ni dado ninguna señal de estar pensando en hacer algo como eso. Respiró profundo, era algo pasajero en ella así como todas las aventuras que él había tenido y que terminaba sin problema, sin que ninguna implicara que quería dar por finalizado su matrimonio, era lo mismo con la castaña. En cualquier momento se acabaría y ya, aunque también podía significar que él tenía licencia para retomar sus andanzas mientras se hacía el de la vista gorda a lo que había descubierto.
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Durante su viaje con Neji no podía dejar de pensar en la actitud de Kiba ese día después del cumpleaños de Sayuri. Su esposo jamás había mostrado una actitud similar o lo había escuchado hablarle de esa forma, lo cual la había confundido, pero peor que eso, le había hecho darse cuenta que tal y cómo le había reclamado los viajes se estaban empezando a hacer más cercanos.
Si bien ese viaje fue programado para irse el domingo en la mañana y regresar el jueves, igual no alcanzaban a completarse 2 meses desde el anterior. Estaba mal, lo sabía, pero no había podido decirle que no a su jefe. Por momentos le parecía ver que Neji se sumergía en un lugar oscuro y que se estaba volviendo casi un adicto al trabajo, más de lo que lo había sido hasta ese momento, los únicos momentos en que parecía regresar a ser el de antes e incluso sonreír como no lo hacía cuando era casado, era precisamente durante los viajes o cuando Shizune no podía ir a la oficina y ellos se sentaban en la mesa de juntas solamente a hablar de sus vidas.
Tenía que ponerle fin a su aventura pero no se sentía capaz de hacerlo, a ella también le gustaba pasar tiempo con él y muchas veces se encontraba a sí misma pensando que de no ser por Ryuu, ella reconsideraría su relación con Kiba. Como siempre, su hijo era lo primero y la razón para repetirse a sí misma que lo que tenía que hacer era seguir con su esposo y que debía dejar a Neji.
En junio pasaron varias cosas muy seguidas, la primera es que al regresar a la oficina luego de dicho viaje, Neji le comentó que había decidido hacer una nueva travesía de negocios pero ahora solo, iba para Estados Unidos y por lo tanto no necesitaba intérprete, ella quedaba a cargo de la oficina y de hacer el seguimiento a las estrategias implementadas en las empresas actuales durante las 3 semanas que él estaría por fuera. Se había sentido extraña de saber que se iba sin ella, pero era algo bueno, empezar a alejarse era bueno.
Lo segundo es que en un momento muy torpe al ir a abrir la cámara para hacer un vídeo de su hijo, su teléfono había sufrido un golpe que lo había dejado inservible. De no ser porque Kiba iba a su lado, nadie jamás le hubiera llegado a creer la forma en que se le resbaló por el barandal mientras veían a Ryuu desde el segundo piso del centro comercial hacia donde estaba jugando con un visor de realidad aumentada, todos en el primer piso la habían visto y ella se había puesto completamente roja. El personal de limpieza se encargó de levantar los pedazos y entregarle el chip que era lo único que había sobrevivido. La risa del Inuzuka se había escuchado mientras le decía que comprarían otro de una vez, todos tendrían un teléfono nuevo, al de ella le pondrían un accesorio para que pudiera sostenerlo y no se le volviera a caer.
Así que había tenido que pasar toda la tarde después que Kiba lo configurara esperando que la información se sincronizara de nuevo, aunque tenía todas sus fotos guardadas en la nube y un disco duro, le gustaba que se sincronizaran en cada cambio de teléfono, eso y sus contactos. Mientras esperaba que el aparato terminara lo que hacía se dio cuenta de la fecha. Esa era la tercera cosa, estaban justamente en junio y su esposo no había mencionado nada respecto a su cumpleaños que era en julio.
- Kiba — el Inuzuka estaba en el estudio, revisando algo en el computador — ¿has pensado algo para tu cumpleaños?
- ¿Qué?
- Para estas fechas ya sueles tener algo definido, con eso pido los días libres en mi trabajo... — él solo negó con la cabeza — ¿Quieres que lo planeemos de una vez? ¿O prefieres que yo me encargue?
- Tengo unas reuniones programadas y no creo poder cancelarlas, además en agosto tengo el viaje para la inauguración del último negocio que hice con Shino
- ¿Un par de días? Podríamos ir a la playa — sugirió y él no le contestó — no me habías contado que ya tenían la fecha para inaugurar el parque de diversiones — continuó ante la ausencia de respuesta
- Será el 6 de agosto
- ¿En serio? — Kiba asintió — ¿vamos contigo? — como una celebración corta y adelantada al cumpleaños de su hijo, hubo silencio un momento y ella se sintió extraña por la renuencia para hacer planes juntos, algo estaba pasando con su esposo ¿acaso ya había planeado viajar con alguien más?
- Me encantaría — le dijo finalmente tras lo que fue una pausa muy larga — podrías pedir un tiempo más y tenemos unas vacaciones pequeñas
- La semana siguiente a esa fecha es la semana cultural en el instituto de Ryuu, así que eso suena perfecto... ¿Y para tu cumpleaños?
- Organizaré mi agenda, podemos irnos desde el viernes y regresamos el lunes ¿te parece? — Ahora fue ella quien asintió
- Haré la carta para el instituto — y cuando tuviera su teléfono de nuevo, le enviaría el mensaje a Neji pidiendo los días para su familia.
Ryuu sonrió al escuchar que viajarían, tanto a la playa como después al norte del país para la inauguración del parque de diversiones. Su pequeño dragón amaba ese tipo de parques casi tanto como amaba no ir a clase. En cuanto vio que por fin podía usar su teléfono sonrió, enviando el mensaje a su jefe y esperó respuesta un rato, luego recordó lo de la diferencia horaria y que probablemente Neji estaría durmiendo. Así había sido su comunicación mayormente, en la oficina ella le escribía desde el celular corporativo lo relacionado al trabajo y de paso le preguntaba cómo estaba, leyendo al día siguiente las respuestas que habían llegado mientras ella descansaba.
El lunes en que estaba programado el retorno de Neji todavía no había tenido respuesta oficial sobre los días que había pedido, ya habían hecho las reservas para los pocos días julio y no creía que se los fuera a negar, pero de todas formas debía esperar. Él llegó puntual, saludándola a ella y a Shizune mientras pedía un café muy cargado porque había aterrizado el día anterior en la noche y todavía no se recuperaba del todo del jet lag. Por su parte estuvo consolidando los informes de todo lo que había hecho esas semanas de ausencia.
Entró a la oficina del Hyūga para dejar las carpetas y él le pidió que se quedara para revisarlas de una vez, tenía una reunión programada para la tarde y otra al día siguiente en la mañana así que no tenía tiempo. Estaba serio y ella se concentró en su trabajo, lista a explicar cualquier duda que pudiera tener, con el visto bueno a lo que había hecho era el momento de regresar a su escritorio. Se mordió el labio dudando un segundo.
- Disculpa, Neji — él levantó la mirada de lo que leía — no me contestaste sobre los días que pedí
- 2 días en julio y 2 semanas en agosto — ella asintió con la cabeza — sabes que no te los negaré
- Gracias — sonrió aliviada, levantándose para irse
- Espera — su voz había cambiado y ella se sentó de una vez — ¿Puedo pedirte algo?
- Si está en mis manos ayudarte, lo haré — no le gustaba su semblante
- Mi cumpleaños será...
- Lo sé — no lo había olvidado, todavía tenía pendiente ir de compras
- Viaja conmigo — le pidió — sé que es precipitado, pero... — nunca había visto esa faceta de él, ese tono al hablar que le recordaba a Ryuu cuando tenía 4 años y le pedía que revisara que no había monstruos en el armario — no quiero estar solo ese día
- Tengo el viaje por el cumpleaños de Kiba — dijo en un susurro y le pareció ver su mirada dolida — tenemos que volver antes — aceptó, era más algo parecido a su instinto maternal el que le impedía negarse y dejarlo desvalido
- Gracias — ella solo hizo un movimiento de cabeza.
Sin importar que los viajes no fueran inusuales, necesitaba una coartada creíble para ese que había sido programado tan de la nada y en el que ni siquiera se había buscado una empresa, era netamente el irse para poder estar solos. Dada la poca disponibilidad de tiempo para buscar un mejor destino o algo cuyo vuelo fuera muy largo, el país elegido fue China, una pequeña ciudad en una provincia mayormente rural.
Kiba había fruncido ligeramente el ceño cuando le dijo del viaje, quejándose del hecho que Neji preciso regresara al país para llevársela. Le mostró el itinerario para que viera que se iría el domingo y el jueves estaría de regreso, por lo que el viaje por su cumpleaños a la playa se mantenía. Pero de nuevo, era muy pronto entre un viaje y otro, no podía seguir tentando al destino al arriesgarse a ser descubierta y durante esos días en que estuviera a solas con su jefe iba a tener que encontrar el momento para que hablaran al respecto, el problema es que no quería hacerlo.
Se despidió de Ryuu prometiendo como siempre que lo llamaría a diario y le dio un beso ligero a Kiba antes de pasar al área de migración. El vuelo había tenido turbulencia, esa era sin duda una señal clara que no debería haber accedido, era esa paranoia de saber que algo iba a pasar en ese viaje. Tenía que relajarse, no era algo que no hubiera hecho antes y solo eran un par de días.
Al entrar a la habitación había llamado a su hogar para avisar que ya estaba allí, mostrándole a su hijo la habitación que tenía un pequeño balcón y una hermosa vista a lo que parecía un bosque, o al menos una arboleda. Un segundo después que colgó la puerta que dividía las habitaciones se abrió, podría haberse enojado porque Neji vigilara de esa forma su conversación, pero antes de decir nada él la había besado.
No lo pensó al corresponderle, a pesar que era un ritmo demandante y algo similar a la desesperación parecía estar presente. Suspiró en cuanto lo sintió deslizar los labios por su cuello, con las manos le había apretado el trasero para acercarla más y de paso permitirle sentir el duro bulto que ya se marcaba en su pantalón. Sería hipócrita y una completa mentirosa si dijera que ella no había estado esperando eso y que no lo había extrañado durante el tiempo que había estado lejos. Sus gemidos no tardaron en aparecer, a pesar de estar sentada sobre él en la cama, era Neji quien había impuesto la velocidad todo el encuentro y estaba a punto llevarla a un nuevo orgasmo a la vez que mordisqueaba uno de sus senos. Enterró sus dedos en el largo cabello al dejar salir un gemido más fuerte y sentir su cuerpo temblar ligeramente, hubo un par más de estocadas pero en el momento que ella dejó de tiritar, él se detuvo. No es que fuera a reclamar, pero le parecía raro porque sabía que al Hyūga todavía le faltaba un poco para terminar.
- Tenten — susurró, buscando sus ojos — te amo
No esperó que ella contestara, volvió a besarla, girándolos en la cama para continuar las embestidas. Ella tuvo que cortar el beso porque necesitaba respirar, escondiendo la cara en el hueco del cuello de Neji, disfrutando esas estocadas que ahora sí estaban muy cerca de hacerlo llegar a él, mientras su mente se había desconectado un poco por lo que había escuchado.
Los pensamientos en su cabeza eran básicamente 2, el primero era lo referente a esa vez que él le dijo que nunca había amado a Shion, lo cual la hacía sentir extraña porque pronunciara esas palabras justamente hacia ella. La segunda la preocupaba de sobremanera, y era la imperiosa necesidad que había tenido de contestarle que ella también. No porque de alguna forma fuera una respuesta casi automática cada vez que Kiba se lo decía o ella se lo decía a él, sino porque lo sentía. Y eso estaba mal.
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Había rehuido todo el viaje a contestar a la declaración de Neji, convenciéndose que tal posible sentimiento de parte de él se debía a que se había divorciado y estaba confundido al acostarse con ella. También culpando a las endorfinas constantemente liberadas durante ese viaje por haber querido contestarle que sentía lo mismo. El problema es que muy dentro de sí misma sabía que se estaba mintiendo, al menos en lo referente a ella.
El Hyūga tampoco había esperado o exigido una respuesta y solo lo había repetido la última madrugada antes que fuera el momento de dormir porque tenían el vuelo de regreso. Eran muchas las cosas en las que no quería pensar o de las que no quería hablar últimamente, a pesar de saber que tendría que hacerlo tarde o temprano, se mentía a sí misma queriendo creer que no le explotaría todo en la cara. Ella no debería estar en semejante situación.
Y volvía a pensar en su esposo en lo referente al sentirse culpable, algo que no era todo el tiempo y que a la vez parecía un poco absurdo. No es que le diera la razón ni se justificara ella, pero ¿cómo algo que se sentía tan bien podía estar mal? Exhaló pesadamente porque no había detenido para nada las cosas con su jefe, esas semanas que iba a estar con su familia le iban a devolver la cordura.
- Tenten — Neji le recibió las carpetas con lo que había adelantado para poderse ir tranquila y no tener trabajo pendiente al regresar — sé la respuesta — pronunció y ella lo vio confundida — aunque no la digas
- Neji...
- No, no importa — él sonrió de lado — ¿me prometes algo? — ella no contestó — sabes que mis abogados siguen disponibles si así lo quieres — su corazón se aceleró por un momento — yo usé mi tiempo lejos para aclarar mi mente, trata de hacer lo mismo
- La respuesta podría no gustarte
- Lo sé, y como en los negocios estoy tomando un riesgo — se quedó en silencio — disfruta tus días libres
Asintió antes de salir de ahí, despidiéndose de Shizune quien dijo que le haría falta tener con quien salir a almorzar. Bromeó diciendo que si quería haría como con Ryuu cuando viajaba, o sea llamarla a esa hora y se rieron. La pelinegra era una mujer leal y tampoco habían podido robársela, aunque no habían sido tan insistentes dado que solo tenía el cargo de secretaria.
En su casa empacó las maletas, revisando que su pequeño dragón llevara ropa de más porque lo conocía para saber que una ida a un parque de diversiones significaba que se mojaría, se ensuciaría y probablemente hasta rompería alguna camiseta por estar solo concentrado en divertirse, lo normal para un adolescente travieso de casi 13 años.
Esa ciudad al norte del país era un destino turístico que estaba empezando a cobrar fuerza, de ahí que cuando fueron con Kiba este se hubiera fijado en las infinitas posibilidades, siendo precisamente las palabras de su hijo sobre la falta de un lugar divertido lo que sembró esa primera idea. Se la comentó a ella y un domingo habían estado revisando algunos números, extrañamente ellos no solían hablar mucho de negocios. En el momento que algo parecido a un borrador tuvo forma, su esposo dijo que hablaría con Shino.
De eso había pasado 1 año o un poco más, mientras habían comprado la extensión de terreno necesaria, diseñaban todo, asesorándose de gente que realmente supiera al respecto y finalmente en la construcción. El vuelo era corto por lo que se fueron el viernes en la noche y lo primero que hicieron después de rentar un auto fue pasar por afuera del lugar, Kiba quería que fuera sorpresa para ellos el ver el interior y desde la ventana solo podían ver las atracciones más grandes pero la oscuridad ocultaba todo lo demás.
A pesar de siempre haber preferido usar faldas y vestidos, para ese día eligió un pantalón holgado y cómodo, desde que Ryuu había tenido edad para asistir a un parque de diversiones iban al menos 2 veces al año y obviamente a ella le tocaba subirse con él, de ahí que una falda no fuera una gran idea. Tenía un ligero cólico que no iba a permitir que le arruinara el viaje, por lo cual en el desayuno pidió un té que la ayudara y fue la hora de ir.
Saludó a Shino y entraron todos juntos. Había una pequeña multitud esperando porque habían hecho mucha publicidad sobre ese sábado en que se haría la gran inauguración, afortunadamente la comunidad había tomado bien el proyecto tanto por el nuevo turismo que podía atraer como por los trabajos que generaba.
La montaña rusa era enorme y Ryuu dio un grito emocionado anunciando que esa era la primera parada, ella vio a Kiba y él sonrió, dándole un pase VIP para que no tuvieran que hacer fila en ninguna atracción y excusándose en que debía revisar unos pendientes con el Aburame, luego de eso sí se uniría a ellos en las atracciones, así que le tocaba a ella subirse con su pequeño dragón y ya por la tarde se subirían todos. Respiró profundo antes de asentir y dedicar su atención a su hijo.
Se bajó mareada mientras Ryuu más emocionado que antes decía que quería volver a subirse, le prometió que lo harían en la tarde cuando su padre se uniera al plan, por ahora era mejor algo un poco menos movido. Al menos su mareo desapareció pronto, pero regresó la segunda vez que se subió, esta vez tomada de la mano de su esposo mientras su hijo iba sentado solo en la primera fila y levantaba las manos en cada curva.
¿Ryuu siempre había tenido tanta energía? Porque en la noche ella había caído rendida en la cama, pensando que todavía le quedaba toda esa semana en la misma rutina. Kiba se compadeció de ella el miércoles tras haberla visto llegar al hotel a vomitar porque el mareo no se iba, diciendo que jueves y viernes él sería quien se encargaría de subirse las 100 veces a la montaña rusa con el pequeño dragón que tenía un oído interno envidiable y no se mareaba, ella los esperaría sentada cerca sin querer ver la atracción subir y bajar porque en su mente se sentía allí subida y quería vomitar, de nuevo.
El sábado lo habían dedicado a recorrer la ciudad aunque su malestar se mantuviera latente muy suave al fondo y regresaba por momentos al ser la hora de comer, algunos habitantes reconocían a Kiba y lo saludaban. Quiso besar el calendario al ver que por fin era domingo y tenían el viaje de regreso a mediodía, así que de vuelta a su hogar después de almorzar un poco más tarde de lo usual decidió que dormiría hasta el día siguiente, por una vez en su vida se sentía vieja y que su energía ya no era la de antes. Casi agradecía haber tenido a su hijo tan joven.
El lunes despertó temprano, parcialmente renovada, porque por lo visto las náuseas habían decidido seguir acompañándola esa mañana, no sería extraño haberse enfermado luego de toda la comida chatarra que había consumido durante el viaje. Ryuu tenía clases y Kiba dijo que le había salido una reunión de imprevisto, por lo que esa semana adicional que había pedido libre para quedarse en casa con su esposo al parecer no había sido necesaria. Tal vez podría usarla para pensar en esos temas que no quería, o al menos para descansar.
Le pidió a Yuuki una infusión herbal para su malestar, así que ya estaba en el comedor cuando su esposo e hijo llegaron a desayunar. Vio la comida con desgana, mordisqueando un poco de cada cosa mientras se convencía que pasar todo el resto de la mañana metida en la cama como si no tuviera responsabilidades sonaba a un gran plan.
- ¿Por qué no puedo quedarme contigo? — se quejó Ryuu al terminar de comer
- Porque ya faltaste una semana al instituto
- A nadie le importa que faltemos a la semana cultural — le contestó con un puchero y ella evitó sonreír porque por eso mismo habían programado el viaje en esa fecha
- Pero hoy sí tienes clase normal — el puchero aumentó — pasaré por ti en la tarde
- No te bajes del auto — fue la respuesta y tanto Kiba como ella se rieron, su hijo era un adolescente sin duda
- Que tengas un lindo día, hermosa — se despidió Kiba, acercándose a darle un beso y ella arrugó la nariz al tenerlo tan cerca
- ¿A qué hueles? — olfateó un poco su cuello y arrugó más la nariz
- ¿De qué hablas?
- No me gusta tu perfume — se quejó
- ¿De verdad? Es el que me regalaste de cumpleaños, hoy lo estrené — él se olió el cuello de la camisa — no es tan diferente al que usaba antes
- Pues ahora no me gusta — hizo una seña con la mano para que se alejara de ella, el mareo volvía al seguir teniendo el olor tan cerca
- Compraré el que usaba antes al salir de la oficina ¿te parece? — ella asintió — bueno, nos vemos más tarde
- Los amo, que les vaya bien — fue su despedida al verlos salir, usualmente se turnaban en quien dejaba a Ryuu en el colegio y dado que Kiba iba para la oficina era su turno.
Vio su plato en el que todavía quedaba más de la mitad de la comida, de mala gana tomó un trozo de sus huevos revueltos y al ir a llevárselo a la boca sintió unas ganas de vomitar imposibles de contener, por lo que corrió al baño para dejar allí lo poco que había desayunado.
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Att: Sally K
