Aclaraciones: Sin POV definido
Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial
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Disfruten la lectura
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Capítulo 37. Enfado
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La paciencia no era realmente lo suyo, nunca lo había sido. Es decir, sabía esperar cuando la ocasión lo requería pero solía ser algo insistente para obtener respuestas pronto. Así que el quedarse solamente esperando que Tenten diera alguna señal de vida o reapareciera de dónde sea que se había metido no le parecía sencillo.
Había ido al archivo de la compañía y gracias a su cargo no le había costado nada que le entregaran el expediente de Tenten, siempre que se contrataba un empleado se le pedían varios documentos además del currículo para poder hacer lo del seguro médico, los datos de la cuenta bancaria y demás. Todo eso reposaba en la carpeta y leyó hoja a hoja en busca de algo que pudiera darle ese apellido que era la única pista a seguir que le había dado Kiba. La cuenta bancaria había sido abierta el día que la contrataron como practicante, eso corroboraba lo dicho por el Inuzuka acerca de ser el primer trabajo de ella.
Vio todos y cada uno de los formularios, en todos decía que era casada pero en el espacio correspondiente para el apellido de soltera no había nada, en ninguno de ellos. Lo primero que pasó por su mente es que era incompetencia de la persona encargada el no haber revisado que los documentos estuvieran correctamente diligenciados, pero en Recursos Humanos le dijeron que era un campo opcional. Así que ni siquiera podía quejarse de la incompetencia.
Fue hasta su instituto, ellos eran graduados del mismo plantel y ella se casó al año siguiente a graduarse, lo que le daba el año de grado. Le costó un par de coqueteos y una invitación a cenar a la secretaria académica que lo dejara ver dichos registros. Había solamente una Tenten en el listado de los 2 últimos cursos y su apellido era Inuzuka, lo cual no tenía sentido y era absurdo, no era hermana de Hana que también estaba en las mismas listas ni se había casado en ese entonces para ya aparecer con dicho apellido.
La secretaria revisó, el software de registro se había actualizado 10 años atrás, de lo que alcanzaba a ver en el pasado ese nombre había sido editado antes de dicha actualización y ahora no se podía ver cuál era el anterior. Alguien había intentado desaparecer el apellido de soltera de Tenten y eso solo le generaba más preguntas, pero a su mente solo llegaba un nombre: Tsume. La castaña le dijo que fue la mujer quien los forzó a casarse y organizó todo lo relacionado con la boda, por lo cual no sería del todo extraño que hubiera hecho cambiar dicho registro, aunque no entendiera el porqué querer esconder esa información.
No se le ocurría ningún otro lugar para buscar, su aventura como detective aficionado llegaba hasta ahí y a pesar que por su cabeza pasaba la idea de pagarle a un investigador profesional con el que ya había trabajado, ni siquiera sabía qué decirle que buscara o en dónde. Tampoco tenía una razón válida para querer acecharla de esa forma y llegar hasta donde estaba, más allá de su necesidad de verla y querer saber cómo estaba. Ella lo había sacado de su vida y probablemente debería tomarle la palabra cuando le dijo que el irse significaba la respuesta que él había pedido sobre definir sus sentimientos.
Llegó esa noche a su departamento y se sintió vacío, no aceptaba esa respuesta, había estado completamente seguro que ella le iba a contestar que sí, ella lo amaba, lo había visto en sus ojos incluso antes que él hiciera su declaración. El llorar el día que renunció era casi una confirmación de lo mismo, pero las palabras pronunciadas eran contrarias a su mirada. Fue a la cocina por un vaso de agua mientras veía todo a su alrededor, inhalando profundo y exhalando pesadamente al ver que no había nadie más en el lugar.
En un impulso completamente inentendible mientras buscaba un departamento para comprar, y dejar de vivir en el que había rentado a las carreras, había sentido la necesidad de comprar ese específicamente. No había podido explicarlo, tan solo al entrar había tenido esa visión de él envejeciendo junto a Tenten justo en ese lugar, por alguna razón podía verla a ella allí instalada a su lado. Lo había comprado a principios de agosto, justo antes de pedirle que pensara las cosas y por eso ahora que ella se había ido de su vida había algo doloroso en llegar a ese lugar. El lugar tenía 4 habitaciones, las justas para poder tener una oficina en casa, la habitación de invitados y la de Ryuu, porque sabía que ella siempre tendría a su hijo a su lado.
Lo que le transmitía ese lugar en ese momento no era el odio y frío que sentía cada vez que había entrado a la casa que compró por Shion, no, era un vacío porque Tenten no estaba allí y aunque lo sentía algo cálido, no era lo mismo que de llegar sabiendo que sería recibido por la mujer que amaba. Nunca había sido un hombre impulsivo, excepto en lo que se relacionaba a Tenten, sin embargo no se daba por vencido, él tenía buen ojo e instinto para los negocios, por eso se rehusaba a creer que de nuevo este había fallado al fijarse en Tenten.
Esperar, eso era todo lo que le quedaba aunque no supiera de cuánto tiempo se trataba y eso era lo que iba a hacer.
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Para la víspera de navidad había ido al Club, en parte por insistencia de su tío porque sus primas estarían en la ciudad, en parte porque tal vez reconocía que le hacía falta socializar un poco porque estaba completamente sumergido en su trabajo, trabajar hacía que no notara tanto el paso del tiempo y mantenía su cabeza ocupada. De lejos había visto llegar a los Inuzuka, los hombres conversaban entre ellos, Tsume tenía en brazos a su nieta mientras Hana parecía hablar con Ryuu que tenía un puchero en el rostro. A pesar de ser casi idéntico a Kiba, la forma en que inflaba los cachetes era exactamente igual a cuando Tenten hacía pucheros.
Los había visto un rato, buscando esos pequeños instantes en que podía ver la mirada de Ryuu observando a su alrededor con marcado fastidio, pero no era la expresión en lo que se fijaba, era en sus ojos, los mismos ojos chocolate de la castaña que seguía completamente desaparecida. Le había preguntado a Shizune si de casualidad le había escrito y esta había negado, tampoco sabía nada de Tenten.
En febrero había salido, estaba exasperado por los meses que pasaban sin saber nada, por eso mismo decidió acceder a los coqueteos de una mujer en el lugar. Se había ido para un hotel porque le era impensable llevarla a su departamento, no quería que ninguna mujer pisara la vivienda porque lo sentía casi un sacrilegio. Admitía que el sexo lo había ayudado a liberar un poco del enfado que se había vuelto su estado de ánimo habitual, pero a nada más, no le interesaba el nombre de la mujer de esa noche ni mucho menos volverla a ver.
A finales de marzo asistió de nuevo al club, su prima menor estaba de visita, lo cual no era tan extraño, pero al ser justamente su cumpleaños se había hecho una reunión al día siguiente. Cualquier excusa era buena entre los hombres de negocios que lo rodeaban para presumir sus fortunas, y al tratarse de Hanabi él estaba obligado a asistir. La verdad es que adoraba a su prima menor aunque esta viviera a medio país de distancia, era todo lo opuesto a su tío y probablemente por eso mismo el hombre no insistía en que lo visitara más seguido, contrario a su hija mayor.
Hinata se había casado un par de años atrás y desde ese día había decidido que se dedicaría al hogar, actualmente tenía unos gemelos de 2 años y medio con los que cada tanto visitaba a Hiashi mientras su esposo se dedicaba a viajar por su trabajo. Ninguna de sus primas estaba interesada en el negocio de la familia, por eso tal responsabilidad había caído en él y dado que el tema de los negocios le gustaba no lo había sentido como una carga ni les reprochaba nada. Cada vez que ellas estaban en la ciudad se dedicaba a tratar de compartir con los niños que se referían a él como su tío por lo que él pensaba en ellos como sus sobrinos, o de llevarle la corriente a Hanabi en alguna de sus ideas extrovertidas al ser una artista.
Muchos estaban preguntándole cosas a Hanabi cuando él se excusó en necesitar ir al baño y así de paso tomar un poco de aire por la cantidad de gente que había asistido, por poco y le recordaba su propia fiesta de bienvenida. Salió del baño para ir a una de las terrazas, pero antes de abrir pudo escuchar voces del otro lado, reconociendo la de Kiba y luego la de Ryuu que había contestado en francés, claramente molesto.
- ¡No me importa esta maldita reunión!
- Cuida tu lenguaje, Ryuu — ese era Kiba — y te estoy entendiendo perfectamente, así que deja de hablarme en otro idioma
- ¡Bien! — eso estaba a un segundo de volverse una pataleta — ¡Odio a toda esta maldita gente! ¡Quiero irme a casa y hablar con mi mamá!
- ¡Ryuu!
- ¡NO! ¡QUIERO A MI MAMÁ!
- Baja la voz
- ¡NO QUIERO! ¡No me llamó ayer! — la voz se le quebró y la siguiente frase fue en voz baja que le costó escuchar — tampoco me ha escrito ni llamado hoy
- Lo sé, enano, lo sé — hubo silencio un momento — tu abuela te dijo en la llamada que hay una justificación para eso
- ¡No quiero hablar con la abuela! — volvía a subir el tono de nuevo— ¡Quiero hablar con mi mamá!
- Ryuu...
- ¡No! ¡Ustedes me dijeron que solo serían unos meses! — él frunció el ceño, tanto por entender ese reclamo por el tiempo que había transcurrido como porque no era normal que Tenten dejara de llamar a su hijo — papá... — un llanto empezó — ¿mi mamá se olvidó de mí?
- Claro que no, es solo que...
- ¿Entonces por qué no me ha llamado ni me deja ir a verla?
- Ryuu, tu madre no te ha olvidado ni te ha dejado de querer, solo tiene un contratiempo que le impide llamarte, lo hará mañana o pasado mañana a más tardar
- Papá...
- Te mostraré algo, iba a esperar a que estuviéramos en la casa para que lo supieras — se movió un poco para poder asomarse, viendo a Kiba extenderle el celular a un Ryuu con la cara llorosa — hablé con tu abuela esta mañana, tu madre está de acuerdo
- ¿Qué es esto?
- Es la reserva del vuelo para que vayas a verla
- ¿En serio?
- Sí, solo será una semana por ahora porque estás en clases, ya hablaremos después sobre las vacaciones
No quiso escuchar más, tan solo dio la vuelta para irse de allí. No necesitaba aire fresco, necesitaba un lugar donde no hubiera absolutamente nadie más porque por segunda vez en su vida quería romperlo todo.
El día que había hablado con Kiba, este le había dicho que era decisión de Tenten si regresaba o no, y que de no hacerlo acordaría cuando podría ir Ryuu a verla. Y eso era justamente lo que acababa de escuchar, el adolescente iba a volar a donde sea que estaba su madre porque ella no iba a volver. Había intentado durante todos esos meses hasta el momento de tratar de mantener viva la esperanza que ella aparecería tarde o temprano, entendiendo que había salido de un matrimonio largo y que por eso se había tomado su tiempo para hacer el duelo respectivo antes de poder decidir tener una nueva relación o al menos hablar con él.
Pero en lugar de eso tenía la confirmación que no regresaría jamás, era una puerta que se cerraba por completo y la ratificación que a pesar de su buen ojo para los negocios, era todo lo contrario en su vida personal. Primero al haberse dejado manipular por Shion durante tanto tiempo y luego por haberse permitido enamorarse de una mujer casada. Simplemente no tenía criterio en ese campo, era el último clavo faltante en el ataúd en el que sepultaría todos sus sueños de alguna vez tener su propia familia y un hogar al cual llegar.
Él era lo que se conocía como un tiburón y esa misma definición debía aplicarse a su vida personal, los tiburones no eran animales que formaran manadas o grupos, eran animales solitarios. Tal y cómo él.
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Desde que se había divorciado de Shion las ofertas de mujeres habían empezado a lloverle, él las había ignorado todas al principio por la pseudo relación o cómo sea que se llamara lo que tuvo con Tenten, incluyendo el tiempo en que estuvo a la espera de su regreso. Pero desde abril había empezado oficialmente a tener citas, no quería algo serio, ni una relación ni mucho menos algo a largo plazo, tan solo quería tratar de distraerse y olvidarla, tratar de encontrar en esos momentos en que sus instintos como hombre trataban de saciarse la forma de no pensar más en ella ni en que daría toda su fortuna tan solo por haber obtenido la respuesta contraria.
No le importaba conocer a esas mujeres, ni los nombres, ni mucho menos si eran de algún apellido importante, él solo buscaba una cosa y era distraerse por una noche, olvidar todo por una noche. No era alcohólico y en general despreciaba a los borrachos, solo eso lo había mantenido alejado de perderse en la bebida, porque esa era otra forma de olvidar todo momentáneamente, desconectarse de la realidad que lo agobiaba al terminar su trabajo y darse cuenta que fuera de la oficina no tenía una vida propia. Tampoco quería tenerla.
No odiaba su departamento, pero cada día que pasaba allí lo empezaba a soportar menos, a sentirse completamente estúpido por todo lo que había llegado a creer, por permitirse tener un nuevo sueño que había sido aplastado, tal y como su plan de tener un hijo. Estaba a poco más de un mes de cumplir los 38 años y lo único que empezaba a rondar su mente es que cuando cumpliera los 40 se iba a ir de ese país. Él podía trabajar desde cualquier lugar del mundo y por eso mismo se regresaría a Estados Unidos, no haría diferencia, en especial porque no había nada que lo atara allí. Ni siquiera le importaba lo que pensara su tío sobre su decisión de irse, él había aceptado encargarse de la parte de negocios de la compañía Hyūga, pero pensar en asumir lo relacionado a la dirección general no le interesaba porque implicaría dejar de viajar y quedarse para siempre en ese lugar.
Por eso mismo no sabía si valía la pena vender su departamento e irse a otro, a uno que no representara ese sueño frustrado, uno en el que sí pudiera llevar a la mujer de turno sin sentir que sería una profanación. Porque las únicas mujeres que habían cruzado por esa puerta eran la empleada encargada del aseo y Shizune para llevarle unos informes los días en que no quería ir a la oficina. Era absurdo tenerle lealtad a un lugar, casi tanto como lo que había pensado el día que lo compró.
Al final decidió que sí compraría otro lugar, algo más pequeño para empezar. Él no necesitaba algo con 4 habitaciones, de hecho era absurdo tener una habitación de invitados cuando nunca recibía visitas, solamente requería su propia habitación y su oficina en casa, con eso en mente había encontrado pronto un departamento de apenas 2 habitaciones. Era cerca del actual lugar y como las veces anteriores, fue Shizune y la compañía de mudanzas quienes se encargaron de pasar sus pertenencias.
Había recorrido el lugar completamente vacío, dando una especie de despedida precisamente a lo que había significado, a la etapa de su vida que terminaba y al ciclo que cerraba para siempre. Iba para China por un viaje de negocios por lo que esperaría a regresar para decidir si lo ponía en venta o solo lo rentaría, lo único que sabía es que a ese paso iba a volverse un ermitaño, incapaz de tener raíces o apegos en ningún lugar, y por encima de eso, con nadie más allá de su familia actual. Que dicho sea de paso era la única familia que tendría, porque oficialmente se daba por vencido en su objetivo de formar una propia.
Yudachi había renunciado, por primera vez no se lo habían robado, se había ido porque era un incompetente y él le dio la opción de renunciar o despedirlo, obviamente el hombre tomó la primera opción que quedaría mejor en su currículo. Su intérprete actual y la persona con la que viajaría se llamaba Darui, un hombre cuya personalidad era mostrarse aburrido a casi todo, lo cual lo hacía ideal para trabajar con él porque no le hacía conversaciones innecesarias ni se dedicaba a preguntar nada.
Ese iba a ser un viaje de 3 semanas del que regresaría a finales de junio, tenía varias empresas que visitar y su agenda estaba distribuida en que estaría una semana en Hangzhou, una en Shanghái, y la última semana en Zhengzhou. Era algo así como una gira para revisar todos los negocios que tenía en marcha en ese país, en la última ciudad además tenía el viernes programada una reunión con una pequeña empresa que estaba pensando en adquirir y con quienes había intercambiado varios correos. Estos habían contestado sus propuestas y aunque estaban de acuerdo en varios puntos, faltaban por definir un par, pero eso no les tomaría más de unas horas y por eso los había dejado para el último día, confiaba en desocuparse a mediodía o de ser necesario usar la tarde, pero el sábado tenía su vuelo de regreso y ya descansaría en su propio departamento.
Era imposible no pensar en Tenten mientras recorría ese país, recordándola sonreír porque amaba esa comida y el poder hablar en ese idioma. Darui parecía algo hastiado de tener que traducir todo el tiempo y no era tan ágil como lo era la castaña en lo de organizar las ideas para expresar de la mejor manera las propuestas y que las reuniones fluyeran mejor. El día que tomó el vuelo hasta Zhengzhou volvió a pensar en ella, esa era su ciudad natal y ellos habían hecho varios viajes allí.
Sacudió la cabeza, no podía seguir pensando en Tenten, tenía que sacarla de su cabeza de una vez y para siempre. Pero el problema es que estaban los pequeños detalles, como el hecho de recordar que a los dos les gustaba el restaurante que quedaba junto al hotel en el que siempre se hospedaban. Tal vez debería liquidar todos los negocios que tenía en esa ciudad, y en el país ya que estaban en esas, empezar a ver hacia el otro lado del mundo dados sus planes futuros de mudarse.
El viernes mientras iba en el taxi estuvo revisando los puntos que ya estaban listos, estaba agotado luego de un viaje entre una reunión y otra visitando las diferentes empresas. Había algo en ese intercambio de correos que había sido algo extraño, pocas empresas al contraproponer daban esa clase de argumentos o buscaban alterar algunos porcentajes que otros ignoraban. Pero igual estaba interesado en la empresa, sus servicios complementaban otros de los negocios que tenía y de ahí que no hubiese perdido el interés. Al llegar lo hicieron seguir a una sala de reuniones, se presentó junto a su intérprete y los escuchó decir algo inentendible hacia el hombre.
- Dicen que ellos tienen su propio intérprete, por lo tanto puede ser más sencillo mi trabajo
- ¿Y quién es? — Darui tradujo su pregunta
- Está en el baño, ya viene — él solo asintió, tomando asiento mientras esperaban que la persona llegara
- Mil disculpas por la tardanza — las palabras fueron pronunciadas en chino, pero él reconoció de inmediato la voz y se giró para ver a la mujer que acababa de entrar al lugar — Neji
- Tenten — contestó él a su vez, todo el viaje pensando en ella y ahora la tenía al frente. La evaluó de arriba a abajo, viendo las ligeras ojeras bajo sus ojos disimuladas por una capa de maquillaje, el vestido holgado en su acostumbrado estampado floral y los zapatos planos, no los usuales tacones con los que iba a trabajar
- Ella es Tenten Ama — habló Darui traduciendo — es una reconocida intérprete en el área de negocios y es quien los ha estado asesorando en esta negociación — por fin tenían sentido los cambios en las contrapropuestas y que le resultaran familiares
- Tenten Ama — repitió él, ese era el apellido que había tratado de encontrar con desespero el año anterior. Ella solo evadió su mirada y avanzó hacia los hombres, empezando a hablar con estos en chino — ¿alcanzas a escuchar lo que dicen? — Darui asintió — ¿qué es? — dijo rodando los ojos porque no hablaba
- Ella les está diciendo que ya que hay otro intérprete su presencia no es necesaria, que ya tienen el modelo de negocios que ella les hizo, ellos insisten en que se quede, ella dice que no les cobrará pero que 2 intérpretes a la vez pueden llevar a malinterpretaciones
- Traduce — ordenó en un susurro antes de subir la voz — si consideran mejor que solo haya un intérprete en la reunión, preferiría que sea la señora Ama — vio una mueca en Darui antes de obedecerlo, no acababa de encontrarla solo para verla irse sin poder hablarle — yo mismo pagaré sus honorarios si así lo quieren
- No es necesario — Tenten tenía un ligero puchero y gesto contrariado antes de contestar sin que Darui tradujera y sentarse en su lugar
Su propio intérprete había quedado relegado pues él había aprovechado la reunión para hablarle viéndola a la cara, tratando de hacer contacto visual y buscar algún tipo de respuesta al hecho de no querer regresar a su país a pesar de su hijo. O cualquier tipo de señal de arrepentimiento o lo que fuera, pero ella había rehuido a su mirada toda la reunión, limitándose a traducir en representación de la empresa. Tal y como había previsto a mediodía la negociación había terminado, los hombres propusieron un brindis a lo que Tenten negó, diciendo primero que no podía beber y segundo que ya debía irse. Sin esperar que le dieran una respuesta se fue de la reunión, a él no le importó nada, levantándose para salir tras ella.
- ¿Es todo? — reclamó frente al ascensor al ver que ella ya había presionado el botón para pedirlo — ¿te encuentro después de todo este tiempo y ni siquiera me hablas?
- Neji... — todavía sin hacer contacto visual la castaña pareció encogerse en donde estaba
- Puedo entender que no quieras nada conmigo, esa parte me queda clara, pero no acepto que jamás me hayas dado al menos una explicación — los labios de ella se abrieron pero no pronunció nada — ¿lo nuestro no significó nada para ti? ¿ni siquiera valí para ti el actuar como una adulta? — su molestia estaba allí y quería dejar salir toda su frustración
- Neji — podía sentir las miradas de los demás clavadas en ellos, nunca en su vida había hecho una escena
- Te busqué, te esperé y me resigné a que jamás regresarías, pero sigo sin entender el porqué y no hice nada para que estés huyendo de mí de esta forma
- Yo... — la puerta del ascensor se abrió en ese momento — lo siento — Tenten dio los pasos para adentrarse en este, oprimiendo el botón para cerrar la puerta y solo entonces hizo contacto visual, sus ojos estaban completamente húmedos y alcanzó a ver una lágrima resbalando por su mejilla a medida que la puerta se cerraba
Los únicos improperios hacia una mujer que habían pasado por su cabeza fueron dirigidos en su momento hacia Shion, pero sin duda fue una palabra poco amigable la que pensó al verla desaparecer por completo. Podía tomar el otro ascensor, pero estaba seguro que al llegar al primer piso no la encontraría, era una maldita ciudad enorme y sobrepoblada en la cual se podía desaparecer en la multitud en un segundo.
- ¿Neji? — Darui estaba junto a los que ahora eran sus socios minoritarios de su nueva adquisición
- Cambia el vuelo — ordenó sin verlo, oprimiendo el botón del elevador — consigue algo para esta misma tarde, no soporto esta maldita ciudad ni un segundo más.
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Algún día iba a cumplir lo de quemar un lugar hasta los cimientos, porque eso era lo único que pasaba por su mente sobre lo que quería hacer con el departamento vacío que todavía no había puesto a la venta. Pero era un piso 16 y un incendio podía descontrolarse, afectando a las demás personas que habitaban el edificio, igual no quería pensar en eso. No le gustaba viajar de noche, o mejor dicho aterrizar en la madrugada porque todo estaba cerrado. Al menos en su nevera había algo de comida que le sirvió para tratar de calmar su estómago, todos sus meses pensando en Tenten, el haberla buscado y guardado esperanzas solo para encontrar la misma duda al verla.
Las lágrimas en sus ojos no tenían sentido, no habían tenido sentido el día que renunció y mucho menos que después de casi un año al reencontrarla volviera a tomar la misma actitud asustadiza. Le dolía, le dolía que ella huyera de él de esa manera, cómo si él la hubiera lastimado de alguna forma o fuera un recuerdo muy malo para ella y por eso no quisiera verlo. También se sentía un poco estúpido de jamás habérsele pasado por la cabeza que de todos los lugares del planeta, Tenten fuera a refugiarse justamente a su ciudad natal.
Su humor había estado peor de lo normal, lo cual era bastante malo teniendo en cuenta lo oscuro que se había vuelto. Necesitaba una condenada respuesta, hasta Shion le había dado una justificación para la forma en que lo había manipulado, una maldita zorra desalmada como Shion le había explicado sus decisiones y no alguien como Tenten.
Por eso el lunes cuando llegó a la oficina estuvo buscando entre sus contactos la información sobre un investigador privado, lo había usado en contadas ocasiones y era quien se había encargado de hacer el sistema de seguridad informático que lo protegía desde que había llegado a la compañía, por Gai y sus servicios se había enterado desde el principio del espionaje empresarial que le habían hecho los Mitarashi. Llevaba un tiempo sin hablar con el hombre más que para estar seguro que todo estaba actualizado y no había fisuras ni fugas de información.
Así que le envió un mensaje con el nombre, ya que por fin tenía el apellido, y la ciudad en la cual buscarla. De seguro pudo haberlo llamado antes y solo con el nombre el hombre la hubiera buscado por todo el mundo, pero en ese entonces había decidido lo de darle espacio. Ahora sí quería saberlo todo. Esperó y media hora después le llegó el correo de Gai con el recibido de la solicitud, la cantidad de tiempo en que le entregaría un informe básico que se contarían a partir del día siguiente y el cargo adicional por tratarse de otro país. No le importaba el precio, solo quería que las semanas hasta tener el informe en sus manos pasaran a prisa.
Por una vez su deseo fue concedido, sin importarle que en esa espera había estado su cumpleaños que solo transcurrió sin ningún tipo de celebración, eran un par de semanas de plazo para obtener el informe básico que por fin se cumplieron y el viernes cuando llegó a su oficina tras sentarse en su puesto escuchó su teléfono sonar, Shizune le avisaba que Maito Gai estaba allí preguntando por él. Le pidió que lo dejara pasar y que les llevara café. La puerta se abrió dejando ver al excesivamente enérgico hombre que al parecer amaba vestirse de forma llamativa, al menos cuando tenían reuniones, dudaba que también lo hiciera mientras investigaba a alguien o no sería tan bueno en su trabajo.
- ¡Señor Hyūga! — saludó al entrar, extendiéndole la mano a lo que él la tomó, conteniendo sus ganas de quitarla ante el fuerte apretón — no sabe cuánto extrañaba salir del país, China siempre es... — afortunadamente en ese momento entró Shizune con el café, deteniendo momentáneamente el discurso
- ¿Pudo encontrarla? — preguntó tan pronto volvieron a estar a solas
- ¡Por supuesto! ¡A esto me dedico!
- ¿Y? — una carpeta fue extendida en su dirección, no contenía muchas hojas
- Esto es lo que encontré, como lo decía mi correo este es el informe básico. Si desea que investigue más a fondo alguno de los datos solo debe pedirlo y le diré cuánto tiempo me tomará hacerlo.
- ¿Qué encontró? Por favor deme un resumen de lo que dice aquí
- Tenten Ama, 32 años, madre de 2 hijos — antes de poder preguntar al respecto el hombre siguió hablando — vive en un departamento rentado en un barrio de clase media en Zhengzhou, actualmente trabaja de forma independiente haciendo traducciones para varias compañías, tiene un buen salario mensual y con su nivel de ingresos podría permitirse mudarse a un mejor barrio. Junto a ella vive su madre, Xiuying Ama y su hija Haruka Ama, tiene un hijo adolescente de 13 años que no vive con ella, Ryu...
- ¿Qué sabe de la hija? — lo interrumpió, sabía quien era Ryuu
- Haruka Ama, nació a finales de marzo de este año, el 27 para ser más exacto y en su registro de nacimiento no aparece el nombre del padre — él empezó a sentir su respiración acelerarse — Nació en un hospital privado cuyo sistema de seguridad no me permitió obtener más datos, al menos en esta pesquisa, si desea puedo ingeniármelas para infiltrarme pero eso no estaba incluido esta vez
- ¿Cuál es el aspecto de la bebé?
- Mientras estuve de guardia no pude verla bien, la señora Ama trabaja desde su casa por lo cual no suele dejar el departamento muy a menudo, en los días que la vigilé salió con ella una vez a una cita médica, pero la tenía envuelta en una manta. Algunos vecinos describieron a la bebé como de cabello castaño con ojos claros, pero no puedo asegurarlo.
- Si un bebé nace a finales de marzo ¿en qué fecha fue concebido? — fue una pregunta retórica, no había necesitado abrir el calendario para comprobar esa respuesta y curiosamente pensaba que podría preguntarle a su tío al ser el mismo cumpleaños de Hanabi
- Bueno, las semanas de gestación se cuentan desde el primer día del último ciclo menstrual, por lo tanto si nació a término estaríamos hablando que en el estricto sentido de la palabra debió ser concebida a principios de julio del año pasado — sí, eso era justamente lo mismo que él estaba pensando — ¿Señor Hyūga? — le preguntó Gai al ver que él no hablaba y su rostro se había puesto completamente rojo
- Averigüe todo lo que pueda sobre Tenten Ama, pero en este país. Usó ese apellido hasta que cumplió los 18
- Enseguida — se quedó en silencio, su respiración estaba completamente acelerada — Señor Hyūga ¿se siente bien?
- Si no es más, le agradezco se retire — Gai era un hombre insistente y algunas veces entrometido, pero en ese momento pareció entender que él no estaba de humor.
Golpeó su escritorio en cuanto se quedó a solas, no podía controlar su respiración errática sobre lo que implicaba esa hija de Tenten de la que él no sabía nada, el no tener un padre registrado en el acta de nacimiento era un claro indicador que no era de Kiba y eso solo podía significar una cosa, eso y la descripción de los ojos claros. Negó para sí mismo, Tenten no sería capaz de hacerle algo así.
Pero a la vez estaba la Tenten que había desaparecido, la que no le había dado la cara ni explicado absolutamente nada. Pensó en su vestido holgado, la castaña solía trabajar en ropa de oficina que moldeaba su figura, con una bebé de 3 meses probablemente no tenía el cuerpo de antes y esa era la razón para usar algo suelto. También estaba lo de haber dicho que no podía beber cuando él la había visto tomar champaña en más de una ocasión. Esa vez en la reunión al día siguiente del cumpleaños de Hanabi había escuchado que no había podido llamar a Ryuu, coincidía con la fecha del parto. No, quería convencerse que ella no sería capaz de hacer algo semejante, ella no pisotearía su sueño como si fuera algo insignificante al ocultarle tal información.
Abrió la carpeta y se quedó viendo esa foto de la castaña cargando un pequeño bulto en sus brazos que al parecer era su hija, vio la imagen por varios segundos como si así la manta que cubría la bebé fuera a desaparecer y él pudiera comprobar de esa forma la verdad. Bufó frustrado, había una sola forma de salir de esa duda, en el expediente estaba la dirección del departamento en el que vivía, por lo que levantó el teléfono para comunicarse con Shizune.
- Consígueme dos tiquetes para un vuelo lo más pronto posible a Zhengzhou
- ¿Señor?
- Lo que escuchaste, no me importa la hora, preferiblemente si es esta misma noche. Dile a Darui que vamos a viajar
Saldría de esa duda de una vez por todas y en un lugar del que la castaña no pudiera huir. Era el momento de obtener respuestas.
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¡Faltan solo 4 capítulos para terminar la historia!
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Att: Sally K
