Capítulo 1. Retroceso

La lluvia caía ignominiosa por las calles de Japón al inicio del verano, era una lluvia inusual, una singularidad, al igual que la presencia de aquel individuo en las afueras de la mansión Kido, ya habían pasado 10 años desde el día en que tuvo que empacar sus cosas e irse lejos de aquel lugar que alguna vez fue su hogar y habían pasado 5 años desde la última vez que pisó Japón.

Mientras se dirigía al lugar que alguna vez había llamado "hogar", recordaba, y mientras recordaba podía sentir mas y mas enojo, su enojo se convertía en furia con cada paso que lo acercaba a aquellas paredes, su recuerdo, la sensación de sentirse desdichado, las humillaciones y las lágrimas habían sido una constante aquellos años, sería difícil incluso imposible, olvidar aquellas historias que lo habían marcado y moldeado a ser el hombre que estaba en frente de aquellas puertas.

El muchacho tocó el timbre fingiendo seguridad, lo cierto es que tenía miedo de enfrentar su pasado y encontrarse de cara a la tristeza nuevamente, casi se sintió aliviado cuando una empleada domestica salió a anunciarle que no había nadie.

—…necesito hablar con Mitsumasa Kido… es de extrema urgencia.

—…—Silencio.—Eso ya no va a ser posible, señor.

"Muerto" había dicho la chica en la puerta. Había esperado demasiado para tomar el valor suficiente e ir a encarar al viejo, al final todo había sido en vano puesto que su alma ya había abandonado este mundo. Ahora ¿Qué se supone que haría? ¿Cómo encontraría las respuestas que necesitaba si ese hombre se las había llevado a la tumba? Pero eso no era del todo cierto, había alguien que seguro conocía todos sus secretos y qué le podía dar las respuestas que su alma tanto había necesitado y por tantos años.

No había tantos cementerios cerca de la mansión pero su suposición era que seguramente estaría en el que pudiera proveer de más lujos al anciano aún en la muerte así que se dirigió hacia allá sin dudarlo.

Caminar por aquellas calles entre la lluvia lo hacían recordar su suerte por aquellos años, haber sentido el desprecio y la furia de una persona sin merecerlo y eso solo lo hacía sentir el mismo desdén de vuelta, su carácter se había vuelto fuerte desde entonces, aprendió a no volver a confiar en las personas, a ir siempre con cautela y a no dar su cariño y confianza a la ligera, eso solo lo había hecho un hombre solitario, a sus 20 años apenas había conocido de manera casual y fugaz las relaciones personales de amistad y amor y salvo unas pocas personas que tenían su amistad y confianza, el era un hombre que la mayor parte del tiempo era solitario, casi no se divertía y trabajaba demasiado para poder volver a verla a ella.

Aquella mujer era la única persona en el mundo que deseaba ver con desesperación, había pasado muchos años buscándola en vano, habia gastado recursos que no tenía y su búsqueda al final debía conducirlo al lugar en donde inicio todo, por mas que él lo odiara. Revivir el pasado y volver a ese horrible lugar después de prometer que nunca volvería a cruzar su camino con los Kido era un sacrificio que solamente estaría dispuesto a hacer por ella, para volver a verla, para velar por su bienestar y para nunca volver a alejarse de su lado.

Su hermana.

Los años habían pasado, y su rostro cada vez se volvía mas y mas difuso en su memoria, los detalles de sus facciones, se desdibujaban con cada año que su memoria de ella se iba perdiendo, es por eso que debía darse prisa.

Perdido en sus pensamientos y después de tomar transporte, se encontraba justo en la entrada del cementerio, supo que ese era el lugar que estaba buscando por todas las carrozas funebres estacionadas en las afueras, por los lujosos autos que las acompañaban y por el tumulto de gente que se veía a lo lejos, parecía que estaban comenzando.

Decidió acercarse solo lo suficiente para encontrar a la persona que le entregaría las respuestas, estaba muy cerca cuando unos hombres lo detuvieron.

—Muchacho, debes irte, este es un evento privado y no puedes venir a husmear.

—No vengo a husmear, yo conocí al viejo.

—Debes referirte al señor Mitsumasa con mucho respeto y además, eso no importa, solo puedes venir aquí con una invitación explicita de parte de la familia Kido. Así que lárgate si no quieres que llamemos a la policía.

Seiya no dijo nada y decidió esperar afuera para luego ir directamente a la mansión Kido. No le importaba que Mitsumasa acabara de morir, el necesitaba respuestas y los Kido se las debían.


Llegó a la mansión y se quedo cerca para esperar a que los autos llegaran, decidió meterse en la casa haciéndose pasar como uno mas de los invitados al funeral, todo para poder ver si esa persona aún seguía en la mansión.

Había mucha gente en la mansión, todos vestidos de manera muy similar, además de que los años habían pasado y en su memoria estaban grabados rostros diferentes a los que veía en ese momento. Pero habían cosas que no podían cambiar y estos eran los hechos, el muchacho pensó que podía ir a la oficina de Mitsumasa y ver si podía encontrar algo de utilidad, era poco probable pero al menos con eso su viaje hasta la mansión Kido no sería en vano.

Era difícil recordar en donde era esa oficina en esa enorme mansión, subió las escaleras con cautela y comenzó a ver las puertas blancas que estaban cerradas, abrió una de las puertas al azar pero este era un armario en donde habían gran cantidad de trajes de gala de caballero, abrió la siguiente puerta y observó una habitación común y corriente, aunque vacía, continuó con la siguiente habitación y encontró un sanitario blanco e impoluto.

Después de encontrarse con tres habitaciones, un armario y dos sanitarios, abrió la siguiente puerta, definitivamente era otra habitación pero esta parecía ser diferente a las otras, mas grande, con mas cosas y la mayor diferencia es que no estaba vacía.

Los recuerdos volvieron a él en segundos, aquella niña detestable, aquella chica insufrible, esa persona por la que sólo sentía un profundo desprecio y que sólo podía aborrecer. Saori Kido.

Se dió cuenta de que el esa odiosa niña había tomado la forma de una bellísima mujer de cabello lila y ojos azules. Estaba sentada a la orilla de la cama mirando a la ventana, cuando sintió su mirada y dio la vuelta para verlo.

—¿Qué rayos haces aquí?.—Saori lo miro sorprendida y su mirada se encontró con la de Seiya.—¿Quién eres tu?

—Estoy buscando a alguien.—Le dijo Seiya y cerró la puerta con dureza para fingir un poco la vergüenza que sentía.

Seiya comenzó a alejarse buscando la salida. De repente, Saori salió de su habitación.

—Espera, tu eres el hombre que estaba causando problemas en el funeral de mi abuelo.—Le dijo tomándolo del brazo.—¿Quien te crees que eres para venir aquí?

—Parece que ya pasó el suficiente tiempo para que no me recuerdes, no es que eso me sorprenda.—Seiya le hizo una exagerada reverencia a modo de burla.—Si para ti no éramos mas que unos juguetes.

Saori lo miró a los ojos y buscó en sus recuerdos, era un hombre muy apuesto pero no lograba tener claridad sobre su identidad.

—¿Seiya?.—Lo miró muy sorprendida.

—Vaya, la princesa por fin entró en razón.

—¿Qué rayos haces aquí y por qué estas molestando a la señorita?.—Se escuchó el grito de un hombre al fondo y a juzgar por sus atuendos y su porte, iba a acompañado de 3 guardaespaldas.

—Vaya, hasta que al fin apareces.—Los hombres lo sostuvieron con fuerza y rudeza de los brazos dispuestos a sacarlo de la mansión.—Tatsumi.

—¿Quién se supone que eres tú?

—Necesito hablar contigo.—Le dijo Seiya que estaba inmovilizado por dos de los hombres.

—Yo no sé quién eres y no tengo nada de que hablar contigo.—Hizo una seña a los hombres para que se lo llevaran.—Mas te vale no volver a aparecerte por aquí.

—Es sobre mi hermana, Seika.

Al escuchar ese nombre Saori se sobresalto y se puso a observarlo. De inmediato sintió una enorme curiosidad, por supuesto que Saori reconocía ese nombre, también le había despertado algunas dudas en el pasado.

—Déjenlo.—Dijo Saori con voz fuerte y firme.

—Perdone señorita pero no sabemos quien es este hombre.

—Es Seiya, el vivió aquí hace… muchos años.

—Pero señorita, no conocemos sus intenciones… el…

—¿No me entendieron?—Dijo Saori mirando a los hombres que lo sostenían.

De inmediato los hombres dejaron a Seiya quién miró a Saori con recelo y le devolvió la misma curiosidad.

—Acompañame, Seiya.—Dijo Saori mientras se dirigía a una habitación al fondo.

Seiya entró y encontró la habitación que originalmente estaba buscando, la oficina de Mitsumasa Kido. Saori tomó asiento en el enorme escritorio de su abuelo.

—Ya puedes retirarte Tatsumi.—Le dijo Saori a su protector en cuanto cruzo la puerta junto con ellos.

—Pero señorita, no esperara quedarse sola con este… hombre.

—Estoy cansada de repetir las cosas dos veces.—Dijo Saori autoritaria y molesta.

—Esta bien señorita, como usted desee.—Le dijo un Tatsumi casi asustado mientras se iba y los dejaba solos.

—Así que ahora tu eres la cabeza de toda esta institución, interesante.

—Mas interesante es tu presencia aquí.

—Vine por respuestas y no pienso irme de aquí sin ellas.—Exclamo Seiya mientras se recargaba en la pared lejos de Saori.—¿En dónde esta ella? ¿En donde esta mi hermana Seika?.—Seiya estaba agitado e irritado.

—No he sabido nada de ella desde hace varios años.—Le respondió Saori de manera cordial y calmada.

—Esta no es una negociación, exijo ver a mi hermana.—Le dijo Seiya acercándose al escritorio muy enojado.

—Lamento decirte, Seiya, que tú no eres nadie para exigirme nada a mi.—Saori se levantó de su silla.—Si tenias asuntos con mi abuelo, ese no es mi problema. ¿Quieres encontrar a tu hermana? Bien. Empresas Kido tiene ilimitados recursos para ayudarte.

Saori se acercó a Seiya con la misma posición desafiante con la que se encontraba el muchacho.

—Pero esto no es caridad. Los recursos estarán a tu disposición siempre y cuando tengas como costearlos.

—Vaya que la muerte de tu abuelo te afecto el cerebro si crees que pagaré por algo que por derecho deberían darme.—Seiya la veía desafiante, no se iba a corromper ante aquella niña mimada.—Respuestas.

—No hables en plural. Yo no le debo nada a nadie y mucho menos a alguien como tu.—Respondió Saori con un atisbo de desdén en su voz.—Esta es sin duda tu mejor opción si quieres encontrarla, es tu punto de partida, es el último lugar en donde alguien que tu conoces la ha visto.

—Primero muerto antes de trabajar contigo o para ti.

—Bien, entonces ya no tenemos mas asuntos que atender.—Saori apartó la mirada y regreso a su escritorio.—Que tengas buena tarde, Seiya.

Seiya la miraba y estaba muy enojado, ella seguía siendo una niña malcriada con aires de grandeza, el problema es que ahora ella era la legitima heredera de todos los negocios Kido.

—Tatsumi.—Grito Saori.

De inmediato Tatsumi con sus 3 acompañantes apareció en la puerta.

—Acompaña a este hombre a la salida.—Le dijo Saori refiriéndose a Seiya.—Y por favor, se amable con él.

Tatsumi hizo que los tres hombres sacaran a Seiya de la mansión a empujones. Seiya estaba tan sorprendido por lo que acababa de pasar que ni siquiera pudo replicar nada.


Mas tarde en su hotel tuvo tiempo para analizar las cosas y para darse cuenta de que aún con toda su experiencia con bravucones Saori seguía siendo una pesadilla, ella no iba a ayudarlo y no tenía forma de obligarla, o quizás solo estaba fanfarroneando y no sabía nada y solo quería burlarse de él. Fuera cual fuera el caso ya no tenía nada mas que hacer en Japón.

Saori por su parte estaba en su cama mirando al techo y preguntándose como el destino había querido que se reencontrara con Seiya poco después de la muerte de su abuelo, ella no tenía las respuestas que él estaba buscando y el único que las podía tener ya estaba muerto. Aún así sintió que debía ayudarlo puesto que ella había visto muchas veces a su abuelo trabajando en encontrar a Seika y mencionar su nombre en su oficina a través del teléfono.

No sabía que tenía que ver Mitsumasa con Seiya y Seika, pero tenía que averiguarlo.


Espero que me acompañen en esta nueva historia, inspirada en el universo de "Secuelas" y en el universo de Saint Seiya, un proyecto que he tenido en mente desde hace mucho tiempo y que hoy por fin ve la luz, disfrútenlo y compartanme sus opiniones.

Muchas gracias, amigos.