Un par de meses tarde... un par de varios meses tarde.
Je.
Quiero seguir con esta historia, pero a veces simplemente no se puede con todo.
Gracias por quedarse quienes se quedan, y por esperar a quienes esperan.
Maximum: ya veremos cómo se solucionan los poderes. No puedo spoilear mi propia historia, todo sea por el suspenso (?). Quizá algún día haga otro crossover, por el momento prefiero concentrarme en este.
¡Disfruten!
Capítulo III
Lo que hay que hacer.
No, Nezu no estaba para nada feliz.
Ahí lo tenía, justo frente a él. El héroe número uno, con las manos entrelazadas sobre la mesa, y una mirada desafiante que parecía pretender quemar agujeros en su interlocutor.
No. Nezu no estaba feliz.
—Están afuera, todos —dijo el héroe—. Ninguno va a ir, acabo de decirles antes de tocar tu puerta.
—Me temo que eso no es decisión de ellos. Ni tuya, All Might —retrucó Nezu—. Lamento decírtelo de esta manera, pero tu decisión no influye en esto.
—La mía sola, claro que no. Pero todos mis alumnos están afuera, a punto de hablar con sus padres. Y yo estoy a punto de comunicarme con todos los héroes. No tendrías ningún tipo de apoyo, y los medios buscarían destruirte. No es posible hacer lo que quieres hacer.
Nezu no respondió. No le gustaban los desafíos, al menos no de esta manera. No quería pensar en sacrificar su reputación y la de su prestigiosa escuela por un puñado de alumnos, pero tampoco estaba dispuesto a echarse para atrás.
—Veamos: mandamos a nuestros héroes: la Liga de Villanos toma la ciudad, el país, por qué no el mundo.
—Los jóvenes podrían protegernos de ellos, es mucho más seguro.
—Ay, ay, All Might —Nezu se levantó de su asiento, y se puso a pasear por el recinto. Sus manos estaban detrás de su espalda. Le gustaba construir silencios, esos que rompían a casi cualquier persona. La gente no sabía estar callada, no podía hacerlo. Era algo casi biológico. Por eso se regocijó en notar que, a pesar de su postura, el héroe frente a él empezaba a dudar—. Crees que todo es cuestión de fuerza y de capacidad. No dudo en tus alumnos, porque son míos también. Sé lo que han crecido, lo que se han esforzado. Pero eso no es suficiente. Nunca lo es.
El aludido no respondió. Se quedó ahí, expresión intrigada, sentado, atento. Bien, quizá podría hacerlo comprender.
—Los puños no ponen a salvo a la gente. Ayudan, por supuesto. Atrapar a un villano es una tarea de agilidad y potencia. Pero la gente no se siente segura tan solo por eso. Claro que no.
—¿A qué te refieres?
—Símbolos —dijo Nezu, y se quedó quieto sobre sus dos pies— Símbolos, All Might, de eso se trata. ¿Acaso no había suficiente fuerza cuando no pudiste ser más el símbolo de la paz? Claro que sí. Había y de sobra. Casi todos los héroes estaban más que capacitados. Pero los crímenes subieron. La sensación de desprotección subió. Las personas estaban inseguras, porque no había un símbolo.
—¿Qué mejor símbolo que las generaciones futuras?
—Cualquiera. ¿Qué crees que pasaría si, de la noche a la mañana, murieran todos los héroes conocidos? Caos. Descontrol. Los villanos saldrían trepando por las paredes creyendo que el mundo es suyo. La gente no saldría de sus casas, demasiado temerosa para ir al trabajo.
Nezu guardó silencio un momento, y así permitir que sus palabras decantaran en la mente de All Might.
—Ahora... ¿qué pasaría si un curso de una escuela en una ciudad de Japón desapareciera de un día para otro? Una tragedía, sin lugar a dudas. Yo no me lo perdonaría jamás. Pero la sociedad enfrenta tragedias. A veces, hasta mejora a partir de ellas.
—¿Dices que preferirías matar adolescentes en lugar de mandar a gente más experimentada al caso?
—Si fuera por mí, nadie debería morir. Estás pensando que soy el malo de esta cuestión, pero la realidad es que solo quiero dañar lo menos posible.
—La tarea de un héroe es no dañar a nadie.
—No. La tarea de un héroe es hacer lo mejor.
Y dicho eso, se volteó, dándole a entender a All Might que la discusión había terminado. No importaban las consecuencias o las represalias. Si tuviera que hacerlo, se iría de su puesto (aunque a regañadientes). A veces, las personas podían ser necias, y eso Nezu lo sabía mejor que nadie. Demasiado necias para su propio bien. Ver el panorama completo parecía imposible para cualquiera en casi todas las situaciones. Por eso, su trabajo era ese: tomar las decisiones difíciles. Saber lo que no se debería saber. Entender lo que todos, al dormir, prefieren ignorar.
Escuchó un portazo detrás suyo, y así supo que estaba solo en la oficina. Si quería llevar a cabo su plan, tendría que hacerlo rápido. Esperaba, con todas sus fuerzas, que saliera bien. Odiaba la idea de tener sangre en sus manos, y todavía más si esa sangre era tan joven (y prometedora).
Al cerrar la puerta, All Might vio a todos los alumnos de la clase 3-A. Tantos ojos adolescentes, algunos dudosos, otros con temor, y unos pocos con la confianza en su mentor y héroe. No quería desilusionarlos, sabía que no podía hacerlo. Símbolos. Él era un símbolo para ellos, lo había sido desde sus nacimientos. Se habían criado con sus productos, con sus videos heroicos. Y ahora, flaco y desgastado, tenía que seguir siendo ese símbolo. Cuando habló, lo hizo con una voz segura, esa que había aprendido a mantener incluso cuando resultaba imposible hacerlo.
—Sé lo que tenemos que hacer. Vengan conmigo.
Y se puso a caminar, sabiendo que detrás de él irían todos sin excepción. Tendría que sacarlos de ahí, pronto. No había tiempo siquiera para buscar sus cosas. Había que alejarlos de Nezu con rapidez, llevarlos a algún lugar donde no pudieran encontrarlos. Una vez allí podría convocar al resto de los héroes, explicarles la situación. Obligarían al director a enviar a los más capacitados.
—¿A dónde vamos? —preguntó el joven Midoriya, mientras caminaba justo a su lado. Desde atrás, llegaban los cuchicheos del resto, algunos más animados que otros.
—Lejos.
Eso pareció sorprender al chico, que se quedó observando a su héroe con algo de inseguridad en los ojos.
Sí. Símbolos.
—Los llevaré a alguna parte donde no pueda enviarlos a ese otro lugar. Desde ahí, podremos planear qué hacer.
No quería revelarle todo a su discípulo, o bien podría arrepentirse. Si Mmidoriya entendía que para que ellos vivieran alguien posiblemente debía morir, no lo aceptaría. Estaba casi seguro de que ninguno lo haría. Aunque, ¿para qué contarle todo si no fuera así?
—¿Conseguiste que Nezu cancelara todo?
Ah.
Ese era el plan de ellos.
—Algo así.
—¿Ningún héroe irá?
—Le dije que teníamos que investigar mejor la situación y, una vez estemos seguros que puede hacerse el viaje sin ningún tipo de consecuencia negativa, podríamos enviar a los mejores a encargarse del caso.
Eso pareció alegrar a Midoriya. A veces las mentiras eran necesarias.
Llegaron pronto a la planta baja, a la puerta de la institución, y salieron. All Might estaba seguro de que, desde las ventanas, más de una persona estaría observando qué hacía la clase más polémica de la escuela. Aunque, claro, después podría excusarse en algún tipo de tarea. Eso callaría posibles rumores sobre por qué salía con el curso entero.
Sí, eso bastaría.
Llegaron al gigantesco portón, que se encontraba abierto. All Might se giró para mirar hacia el edificio, y pudo jurar que Nezu estaba viendo desde su ventana. No podía estar seguro, por la distancia, pero era una sospecha bastante probable.
—¿No tendríamos que ir por nuestras cosas? —preguntó Mina desde algún lugar del fondo.
El mayor se quedó pensando un momento en cómo responder a eso.
—No, claro que no. Volveremos antes de darnos cuenta. Es solo para estar seguros de que nada ocurrirá mientras toda la situación se resuelve.
Una fuerte ráfaga de viento sopló. El mundo estaba cambiando, eso All Might lo sabía. Pero no sacrificaría a sus estudiantes para mantenerlo como lo conocía.
Estaban en una biblioteca, sentados a una mesa. Lucy, Natsu, Erza y Grey no hablaban. Entre ellos, había varios libros, algunos abiertos, otros cerrados. Natsu miraba hacia el cielo raso del techo, concentrado, mientras Grey abría un libro de apariencia antigua y lomo verde oscuro. Era y Lucy leían concentradas, marcando las líneas con sus índices.
—No entiendo, ¿cómo encontraremos información en este lugar? —preguntó Natsu, confundido.
Ninguno le respondió, todos avocados a su tarea.
El chico no insistió en su pregunta y, en lugar de eso, tomó otro de los libros. Abrió el índice y se puso a leerlo.
"Historias fantásticas de ayer y de hoy", decía el título. Debajo, había varios cuentos populares. Él conocía algunos, aunque la mayoría le resultaban por completo extraños.
—¿Quién trajo este libro infantil a la mesa?
—Shhhh —soltó Erza, con una mirada irritada—. No sabemos a qué nos enfrentamos, y no sabemos dónde podríamos conseguir alguna pista.
—Esto es inútil —soltó Grey, empujando con algo de ira el libro que había estado leyendo—. No entiendo cómo podría contener algún secreto un simple libro de cocina.
—Algunos hechizos son puestos en clave —dijo Lucy, levantando la vista del grueso tomo que investigaba—. La respuesta podría estar en cualquier parte.
—¿No sería mejor esperar a Loki? —dijo Natsu— Seguro que allí tienen mucha más información de la que podríamos encontrar nosotros en una simple biblioteca.
—No podemos confiar en eso —Ahora, Erza—. Loki bien podría no encontrar nada más. Estamos en un terreno por completo desconocido. ¿Tantas veces tengo que repetírtelo?
Natsu no respondió, sintiendo el instinto asesino en las palabras de su amiga.
Así se quedaron unos minutos más, buscando y rebuscando en cuanta página podían.
—No hay nada —dijo entonces Lucy—. En ninguna parte. Ni una mínima mención a un relato, ni alguna cita que pueda ayudarnos. Nada. Es como si ese otro lugar no existiera.
—Y quizá no existe —dijo Grey— ¿Qué acaso no es una posibilidad?
—Lo es —respondió Lucy—. Pero entonces habría que explicar cómo una fuerza tan potente puede entrar en mis meditaciones sin dejar el más mínimo rastro.
—Quizá solo es un enemigo demasiado sutil —sugirió Erza, pensativa—. Hemos luchado contra enemigos de ese estilo.
—No —dijo Lucy—. No entienden lo que vi. Cuando llegó esa... esa cosa... todo se llenó de nada. No había maldad, no había bondad. Era... nada. Un gran vacío que parecía comerse todo lo que había existido alguna vez. Fue una fuerza que no había sentido nunca en la vida. Hasta diría que ni siquiera era magia.
Eso último dejó intrigados a los otros tres.
Lucy se levantó de su asiento y caminó hasta los estantes que tenían más cerca. Se puso a buscar entre los títulos, los autores. Entre todo lo que conocía y desconocía. Desde siempre había sido una fanática y ávida lectora, y sabía encontrar cosas sin tener que revisar todas las páginas. Con el tiempo, su ojo se había afinado, y sabía que la respuesta debería estar en algún lugar, en alguna parte.
—Quizá no está acá —dijo Lucy, en tono serio. Sus amigos le clavaron la mirada. En el recinto, llegaba el ruido de unos pasos lejanos, y nada más. Desde afuera podían escucharse pájaros y algo de viento. Y, sin embargo, el mundo entero parecía silencioso.
—Te refieres a... —dijo Erza, entre incredulidad y comprensión.
—No todos los libros se encuentran en todas partes —razonó la joven, ya sin pretender buscar ningún título—. De hecho, no me sorprendería que algunos estuvieran escondidos. Incluso destruidos. Hay secretos que es preferible enterrar y no arriesgarse a que algún día salgan a la luz.
—¡Entonces vamos a la capital! —exclamó Natsu, juntando emoción e impulso.
—Pero... —siguió Lucy— nuestro país no es el más fuerte, al menos no en conocimientos. Y eso lo sabemos de primera mano. Las amenazas más fuertes que hemos visto vinieron desde más allá del mar.
—Álvarez —dijo Erza.
—Exacto. Álvarez.
Ninguno dijo nada más. Se levantaron en pocos instantes y, casi sin hacer ruido, salieron de la biblioteca.
Natsu odiaba abandonar misiones. No le gustaba dejarlas por la mitad, así como si nada. Odiaba no poder cobrar una recompensa que tendría que gastar en daños a la propiedad de la persona (o personas) que había salvado con sus esfuerzos.
Pero, mucho más que eso, Natsu odiaba los barcos.
Por eso estaba tirado sobre cubierta, violeta del mareo, con unas increíbles ganas de vomitar. Hubiera preferido nadar hasta el otro continente. Si por él fuera, habría ido sin parar desde una orilla a la otra. Pero a nadie le resultaba conveniente, claro que no. Y por eso, ahí estaban, en el maldito barco, hacía casi un día completo. Y tenía hambre, pero no podía comer nada. También tenía sueño, pero las náuseas no le dejaban dormir. Mierda, ni siquiera podía ir al baño de lo mal que la estaba pasando. Natsu odiaba los barcos, y estaba seguro de que los barcos lo odiaban a él.
—Cuando lleguemos, deberíamos buscar a Levy —dijo Lucy, sentada al lado de su amigo. Natsu quería decirle que sí, que era una gran idea. Pero no podía festejar si quería que su estómago siguiera dentro de él.
—Pero podría estar en cualquier parte —cortó Grey, sacándose de un tirón su camisa. Natsu quería decirle algo también a él, pero... hasta pensar le estaba costando.
—Hace unos días me llegó una carta de su parte. Nunca dejamos de hablarnos y, por lo que decía, estaría en la capital para estas fechas. Quizá tengamos suerte y todavía estén ahí.
—Mal momento, interrumpir una luna de miel —dijo Grey, sonriendo. Ante eso, Erza solo le dio un golpe en la nuca, y Natsu casi que pudo reírse. Casi.
El viaje se extendió entre conversaciones sin demasiado sentido. Ninguno sabía qué aportar a la búsqueda. No tenían nada, no sabían nada, y, por eso, no podían esperar nada. Lucy decidió meditar un poco, algo que había dejado de hacer en los últimos días (más por precaución que por miedo). Esta vez, se quedó junto con sus amigos, que guardaron un respetuoso silencio. Si algo pasaba, si llegaban a notar algo extraño, podían despertarla de su sopor.
Esa vez, no hubo ningún problema.
Lucy llegó a donde siempre llegaba, y su concentración se maximizó como lo haría cualquier otro día. Pero había algo extraño. Un olor, debía decir. Algo había dejado un retazo que olía distinto al resto del mundo de los espíritus, e incluso al resto del mundo humano. Claro, no era literal, pero Lucy había descubierto que sus sentidos, en ese estado, podían percibir otras cuotas de la realidad. Se sentía orgullosa de haber llegado hasta tal punto, ya que, según le había comentado Virgo, no era fácil que un humano pudiera detectar algo de forma tan precisa.
Estuvo unas dos horas en un profundo estado meditativo, sintiendo cómo sus poderes crecían a través de sus venas. Las estrellas estaban preciosas esa vez, casi extrañándola. Odiaba tener que abandonar esos momentos para vovlerse a la vida normal, pero sabía que era necesario. Meditar era solo una práctica, no una forma de estar viva.
Cuando abrió los ojos, Erza estaba frente a ella, con una mirada algo preocupada.
—¿Todo bien? —preguntó la pelirroja.
—Sí... —respondió la otra, prefiriendo no aclarar nada respecto a ese olor. Si no sabía qué era, y si no le había supuesto ningún peligro, no tenía por qué preocupar a sus amigos.
—Deberíamos estar llegando en unas horas —anunció un hombre en voz alta.
Lucy se alegró por la noticia.
Quizá, había llegado el momento de conseguir alguna respuesta.
Bakugou sorbía el té que tenía en sus manos con mucha paciencia. A veces, se concentraba en cosas diminutas para evitar otras preocupaciones. Con los años, había descubierto que esa era la mejor manera de controlar sus impulsos más destructivos. Y, aunque no siempre conseguía hacerlo, tenía que reconocer que eso lo había vuelto más tolerable para el resto de las personas.
Otra lección que había aprendido por las malas: otras personas.
A su lado, Kirishima tan solo lo observaba. Estaban sentados entre otros tantos de sus compañeros, en un jardín amplio con una casa al fondo. All Might les había asegurado que ese lugar era una base de protección para héroes, que solía usarse cuando, en misiones complejas y secretas, alguien resultaba herido. Neu sabría de su existencia, claro, pero no tenía jurisdicción para intervenir. Hacerlo sería, en palabras de el ex-héroe, declararle la guerra a casi toda la comunidad heroica.
Bakugou no podía creer que hubiera tantas reglas que todavía ellos no conocían. ¿En qué momento se les explicarían? ¿Las aprenderían a las malas? Él ya estaba harto de recibir información de esa manera. Preferiría un maldito tutorial. Didáctico incluso. Agh, se había ablandado con los años. Tenía que trabajar en no hacerlo demasiado, o terminaría siendo un idiota como sus auto-proclamados amigos.
—Estás preocupado.
El pelirrojo al lado suyo habló con voz suave, asegurándose de que solo Bakugou pudiera escucharlo. Y él agradecía eso. No quería que semejante acusación se le lanzara sin escrúpulos frente a todo el mundo.
—Sí.
Su respuesta fue corta, apenas audible. Era obvio, todos lo estaban. Hacía tres días que no tenían ningún contacto con el exterior. Tenían comida, tenían bebida, y sabían que podrían estar así al menos una semana más antes de pasar hambre o algo. Por si fuera poco, All Might les había pedido romper sus celulares, para así evitar cualquier rastreo satelital.
Parece que confía mucho en esa rata.
—Saldremos de esto —dijo Kirishima con una sonrisa—. Siempre lo hacemos.
—Lo sé.
No. No lo sabía. No tenía la más mínima idea. Y a Bakugou no le gustaba ignorar algo, menos cuando resultaba tan importante.
Kirishima se lanzó a hablar de alguna trivialidad. El rubio no lo escuchaba del todo, sino solo a fragmentos. Había algo en la manera en la que su amigo contaba historias que resultaba relajante, y él bien sabía que a todos les sucedía lo mismo. Kirishima tenía una forma de manejar su voz que hacía que todo resultara interesante. Y, en ese momento, Bakugou no podía estar más agradecido por poder escuchar sonidos que lo alejaran, al menos un momento, del destino que pendía sobre todos ellos.
Terminó su té antes de siquiera darse cuenta. En ese lugar, sin sus celulares y con ninguna información del exterior, el tiempo parecía en verdad confuso. Sí, había relojes. Sí, podía notar el paso del tiempo por el cambio de luz. Pero todo parecía más dilatado, como si el tiempo transcurriera sin demasiado sentido.
A esta altura, no muchas cosas tienen sentido ya.
¿Cuánto faltaría para que todo se resolviera? Bakugou no se confiaba de nada. En sus años entrenando como héroe, había aprendido muchas cosas. Demasiadas, diría él. Y una de ellas, la más importante y la que le había servido en cada una de sus misiones como pasante era que, hasta no estar de vuelta en su cama, con sus cosas y su rutina, el peligro no había terminado. Por eso estaba tan alerta, por eso necesitaba esas historias de Kirishima, por eso tomaba su té.
—Y así fue como Denki descubrió que era alérgico al látex —concluyó Kirishima, entre risas. Maldición, esa parecía una historia divertida. A veces Bakugou tenía que prestar más atención, debía reconocérselo. Soltó una media sonrisa, diminuta y casi imperceptible, pero que sabía que su amigo lograría captar.
Les quedaba esperar. Dejar que las horas se estiraran en más días.
No podían retenerlos ahí para siempre.
Le había costado, pero ahí estaban. Nezu los había encontrado.
Las negociaciones marchaban bien, dentro de todo. All Might creía que estaban buscando una alternativa, y todos los héroes (los pocos que sabían de la situación) trabajaban día y noche para resolver un acuerdo que calzara mejor con sus deseos.
Pero no para Nezu. Ya había visto esto de muchas formas. Demasiadas. Esta era la única.
Por eso, cuando detectó la localización de los alumnos, se sintió más tranquilo. Al fin podía iniciar su plan. Lidiaría con el repudio más tarde. Solo esperaba que todo saliera bien.
—Y ojalá puedan volver pronto.
Un rayo. Eso debía lanzar. Le había costado armarlo, pero sabía que tenía que conseguirse algo que pudiera dirigir en cualquier dirección, por si su plan no era apoyado por todos. Y suerte para él que así lo pensó. No sería discreto, eso lo sabía. Los problemas se le vendrían encima casi de inmediato. Pero ya estaría hecho, y nadie podría deshacerlo. Le agradecerían cuando el mundo fuera a salvarse. Y si acaso todo salía mal... prefería no pensar en eso. A veces, era mejor ver el vaso medio lleno (por más que él odiara tener que adaptar esa expresión).
Hizo un llamado, breve, y supo que eso era todo.
Desde algún lugar del cielo, brilló un destello morado que bajó hasta la tierra. Desde su ventana, se veía como algo lejano. Cualquiera que estuviera asomado a la ventana en un amplio rango de kilómetros a la redonda podría verlo. No fue su jugada más sutil, pero las sutilezas ya las podía dejar detrás.
La noche se hizo oscura pasados unos segundos. Todo parecía callado.
Hasta que alguien abrió la puerta de su oficina con un golpe. Aizawa.
—Director, ¿qué mierda fue eso?
Empezaban los problemas.
¿Tarde? Muy. ¿Justificación? Ninguna. Pero bueno, mejor tarde que nunca, y estoy aprovechandon un tiempo libre que tengo para seguir con esto.
¡Muchas gracias a las personas que leen y mayores gracias a quienes comentan! Espero que este capítulo les satisfaga.
Si encuentran algún error, háganme saber, por favor.
¡Saludos!
