Simbología

—Abcdef || Diálogo de los personajes

»Abcdef || Continuación del diálogo

«Abcdef» || Pensamiento de los personajes

[Flashback] || Eventos pasados en la historia

[Flashforward] ||Eventos futuros en la historia

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Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la mente de Rumiko Takahashi

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Nota: Me tomé algunas libertades en el ámbito histórico, geográfico y social para mayor fluidez y comprensión en la historia. La época en que se desarrolla a mediados de los 90's

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Resumen del capítulo anterior:

Soun Tendo decide ocultarle la revista donde aparece Ranma como la pelirroja a su hija, hasta nuevo aviso. Akane entabla un amistoso contacto con Ukyo tras el torneo, ya que esta le confiesa que está por marcharse de la ciudad. Ella también sufre un moderado accidente, que le hace recordar finalmente la forma en que se dio la extraña y cruel ruptura con su prometido.

Mientras los otros guardianes continúan con sus encomiendas, Ranma y Masumi logran que Heizei los entrene. Sin embargo, sufren bastante debido a que Saotome no consigue avanzar como lo esperaba. Por otro lado, Genjuro se muestra listo para la siguiente etapa de su plan. Mediante la magia consigue traer a la vida a un perverso y poderoso séquito de guerreros, listos para el combate.

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Capítulo 25. Valiente he sido... hasta el final.

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3 de julio | Nerima (JPN) | Ocaso

Soun regresaba a casa de muy buen humor. Acababa de visitar a un viejo colega suyo que llevaba mucho tiempo sin ver. Además, esa noche prepararían su platillo favorito para la cena.

No obstante, al llegar le pareció extraño que nadie lo recibiera. Y tampoco escuchó sonidos provenientes de la cocina. «Tal vez deben estar viendo televisión». Por ese motivo fue directo a la sala, pero al entrar quedó asombrado por lo que vio.

La menor de sus hijas estaba sentada sobre sus piernas, con las manos en las rodillas y la mirada perdida en el tatami. Se le oía sollozar en un tono muy bajo. Frente a ella, sus dos hermanas la miraban expectantes.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó el hombre mientras se sentaba junto a las jóvenes.

—Akane está un poco alterada —respondió Kasumi mientras apretaba su delantal un tanto ansiosa.

—Pues ¿qué te pasó, hija?

—Está así porque se acordó de lo que pasó con Ranma —agregó Nabiki, con poco tacto.

—¡Ay, hija! Verás que vas a superar pronto eso.

—No estás entendiendo, papá —interrumpió la joven de corto cabello castaño y añadió :—Ya recordó todo lo que pasó. Lo que se "supone" que no recordaba.

—Pero no era yo. ¡Lo juro! —precisó a su padre, bastante atribulada.

Los hermosos ojos castaños ahora deslucían por una terrible hinchazón. Y aún se miraban algunas lágrimas en su demacrado rostro. Aquello le provocó al señor Tendo el urgente deseo de aliviar esa aflicción que la embargaba.

Por tanto, le dio unas breves palabras de aliento, fue a la habitación y volvió con una revista rápidamente.

—Hija, tal vez esto te tranquilice. —Se la entregó de inmediato.

—Mira las páginas centrales. —Le indicó la hermana de en medio.

Inquieta por la misteriosa actitud, hizo lo que le pidieron. De inmediato le cambió el semblante y un leve destello apareció en sus avellanos ojos. Murmuró el nombre de su ex prometido mientras acariciaba la fotografía donde aparecía una bella pelirroja.

—¿Cómo consiguieron esto?

—Yo la traje antier. La encontré en el consultorio del dentista —confesó la mayor, temerosa de su reacción.

—Hija, no te la entregué porque no estamos seguros de que sea él.

—Pero ¡si es él! —Visiblemente molesta, apretó las hojas del magacín dejándolas bastante arrugadas.

—Es que tampoco queríamos darte falsas esperanzas —complementó Nabiki, para explicar que había sido una decisión conjunta.

—No te enojes con nosotros. Teníamos miedo de que si te la entregáramos pudiera afectarte. —Kasumi tomó la palabra expresando su sentir.

Comprendió que sus familiares habían decidido aquello pensando en su bienestar. Así que no quiso tomar represalias pues, a fin de cuentas, ellos habían estado apoyándola desde sus días más aciagos. Por esa razón evitó hacer más reclamos.

—Claro que no me enojo, hermana. Es solo que me dolió mucho revivir eso y aparte, estoy preocupada por que algo malo le haya pasado. Presiento que quién estuvo detrás de todo esto es alguien con malas intenciones. —Apretó con fuerza la revista contra su pecho.

—Él sabe cuidarse solo, hija. Mira ¡hasta China fue a dar! Tal vez ya hasta se haya curado —mencionó su padre acompañado de una sonrisa, para disminuir la tensión.

«Sé que puede cuidarse solo, pero sigo intrigada por saber quién y por qué hicieron esto. De algo estoy bien segura: alguien quería separarnos y lo logró. Voy a intentar averiguarlo, ya no solo por él, sino también por mí. Quisiera saber por qué se ensañaron tanto con nosotros.».

Después del dramático suceso, aquella revista fue un bálsamo para su alma. Y es que, entre tantos enigmas, no dudaba sobre la identidad de la chica de cabellos rojos.

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4 de julio | Anhui (CHN) | Mañana

Ranma permanecía a ciegas, en silencio y bastante tranquilo bajo el apacible clima del paraje. Aun cuando se sabía observado por el viejo Heizei, eso ya no lo perturbaba. Por fin había logrado superar el nerviosismo que le impedía avanzar en la práctica.

De pronto, la voz de Murakami interrumpió su quietud. Le ordenó que abriera los ojos y observara la gema de su collar. Al hacerlo advirtió finos puntos de color verde en ella; eso significaba que había realizado correctamente el ejercicio.

—Los dos han logrado completar la preparación para la Amalgama. Los felicito por eso —dijo su instructor una vez que la joven Tōdō se acercó al sitio.

—¿Apenas una preparación? —Se hizo visible el estupor en el rostro de su alumno.

—Así es. Este paso es vital para realizarla. Miren, unir sus principios activos es más complicado de lo que parece. Cada elemento debe tener un tratamiento especial.

»El cuerpo requiere de práctica para lograr una coordinación pues la Amalgama solo lo potenciará. Para eso voy a darles un pergamino con ciertos ejercicios, aunque pueden practicar los que consideren necesarios.

»El espíritu es el elemento más complicado; se necesita algo más que la voluntad para unirlos. Sus energías son como ondas de radio; necesitan una frecuencia, un emisor y un receptor para lograr una adecuada sincronización. Sus gemas servirán para eso.

»El último elemento, la mente, requiere una concentración absoluta en el otro, además de un amplio conocimiento mutuo. Por eso es tan importante llevar una convivencia íntima y duradera entre los dos.

A continuación, procedió a explicarles como iniciar la técnica. Les pidió que se colocaran uno al lado del otro, separados por un par de pasos, con los brazos a los costados. Asimismo, deberían alinear los hombros, elevar un poco el pecho, relajar el vientre y cerrar los ojos.

—Primero, necesitan entrar en una profunda meditación. Para eso su respiración será muy importante. Inhalen y exhalen sólo por la nariz. Cuando inhalen, inflen su abdomen y cuando exhalen, oprímanlo.

»Al mismo tiempo, deben visualizar el mejor recuerdo y la mayor virtud del otro. Ignoren sus sentidos; su mente sólo deberá estar enfocada en su pareja.

»Si van en buen camino lograrán visualizarse en un espacio etéreo, aislados de la realidad, sólo los dos. Lo separados que estén el uno del otro dependerá de lo fuerte de su unión.

»Tendrán que tomarse de las manos para poder completar la técnica. Una vez hecho esto, la amalgama estará lista y sus elementos, fusionados. Pero tengan cuidado, hay un límite para completarla y si lo exceden, quedarán agotados y expuestos.

Los jóvenes realizaron el proceso a cabalidad. Pese a que la preparación y el inicio fueron exitosos, las cosas se complicaron en la última etapa. Invariablemente se encontraron en una especie de oscuro limbo.

De pronto, sus gemas irradiaron una pequeña e intensa luz. Eso les ayudó a descubrir que se encontraban separados pocos metros.

Intentaron acercarse de inmediato, pero una extraña fuerza se los impedía. Hicieron gala de todo su potencial, empero, parecía que la gravedad estuviera aumentada en aquella zona.

«Es como esa técnica que me aplicó Kenzo para fortalecer el cuerpo. Sólo que esta se siente mucho peor». Saotome recordaba aquel pasaje mientas seguía tratando de aproximarse a ella.

De pronto, volvieron a la realidad violentamente, cayendo de rodillas, sudando profusamente y respirando con dificultad. Enseguida, el maestro les acercó unos cuencos con agua, que bebieron con celeridad.

—Lo que acaban de sentir es su forma espiritual en un plano fuera del nuestro. Allí las cosas funcionan de maneras extrañas y, a veces, un tanto incomprensibles. Por eso el último paso es el más complejo.

—Por más que lo intenté, ni siquiera pude acercarme a él. —La chica limpió un poco de agua que le quedó en la comisura de los labios.

—Eso es porque les falta compenetrarse más en su relación. La afinidad y la comunicación son las herramientas que les ayudarán a conectarse, no sólo la fuerza física.

—Pero ¿cómo vamos a hacerlo? Tuvimos poco tiempo antes de que nos hiciera volver de donde estábamos —se excusó el joven Saotome, todavía respirando con dificultad por el esfuerzo.

—Es diferente en cada pareja; deberán averiguarlo ustedes por si solos. Aparte, yo no los traje de vuelta. El desgaste fue tanto que sus cuerpos no lo soportaron. Además, duraron más de quince minutos en trance. —Esa respuesta los dejó boquiabiertos.

»El tiempo transcurre de forma diferente en ese plano. Aunque espiritualmente pasaron unos tres minutos, ustedes estuvieron ausentes un cuarto de hora. Esa es la complejidad de este método.

—O sea, el chiste es que la hagamos rápido y bien a la primera. Entonces no veo ventajas en usarla —expresó el alumno un tanto decepcionado.

—Eso es porque nunca la has hecho. Es aventurero de mi parte decirlo, pero creo que, si ustedes la dominan podrán darle batalla a su maestro —les dio la espalda, hizo una breve pausa y añadió :—o incluso vencerlo.

—Sería una gran ventaja para nosotros. ¡Debemos seguir entrenando! —La joven Tōdō se mostraba entusiasmada por la proyección que hizo aquel ermitaño.

—Por ahora será mejor que descansen y coman algo. Necesitan reponer fuerzas para su siguiente intento. Calculo que, por su edad, podrán practicar el ejercicio completo al menos dos veces al día.

»Por las mañanas harán una sesión, que yo supervisaré. Otra puede ser en la tarde o en la noche; esa correrá por cuenta suya. También les recomiendo que no esperen a que la meditación se rompa. Si creen que es suficiente sólo relájense, desistan y automáticamente volverán a la normalidad.

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7 de julio | Anhui (CHN) | Tarde

Cada jornada era bastante ajetreada para los guardianes. Al inicio y al final del día realizaban la técnica especial, que para ese momento aún no lograban controlar. Y durante la tarde practicaban una serie de movimientos que Heizei les instruyó. Estos estaban encaminados para un ataque y una defensa combinados; serían de utilidad una vez que dominaran la Amalgama.

Empero, ese día después de la hora de la comida, una persistente lluvia se presentó en la región. Ahora sus planes vespertinos se habían desmoronado. Aun cuando en esencia no era un diluvio, sí les impedía completar la práctica vespertina. Los charcos y las resbaladizas veredas representaban un considerable peligro para salir.

Por tanto, ella prefirió completar algunos de sus bocetos. Y su amigo decidió leer una revista que había comprado en el aeropuerto. «¡Qué fastidio!», se lamentaba en silencio, pues llevaba dos veces que la ojeaba de principio a fin.

Repentinamente, un estruendo en el cielo se escuchó, convirtiendo la llovizna en un torrencial aguacero. Aquello auguraba que no saldrían a practicar el resto de la tarde.

—Creo que ya podemos dar por perdido el día —refunfuñó el artista marcial mientras dejaba la publicación en el suelo.

—Míralo por el lado amable. Nos merecemos un buen descanso. —Masumi guardó sus cosas en la mochila, que tenía a un lado de donde estaba sentada.

—Podremos descansar cuando volvamos a casa. Lo que no tenemos es tiempo. —Miró al techo, ya resignado por las condiciones del clima.

La joven Tōdō caminó hacia una pequeña ventana y la abrió por completo. La fresca brisa y el aroma de humedad invadieron el espacio. Él, sentado junto a una de las paredes de la cabaña, dirigió su atención hacia ella al sentir un ligero rocío sobre la nariz.

—Sabes, hoy hubiéramos ido al festival del Tanabata. Es como una tradición del grupo. —Mantenía la mirada en el exterior, como si aquello la reconfortara.

El chico, al escuchar ese nombre, se perdió en una visión del pasado. Recordó el acoso de sus padres debido a la leyenda asociada con ese festival. También rememoró la intromisión de los hermanos Kuno, los malentendidos con la señorita Hinako, las bromas, los fuegos artificiales, los puestos de comida y más.

«Akane y yo terminamos separados a pesar de que nuestros nombres quedaron en la misma rama… ¡Quién lo hubiera imaginado! Creí que sí acabaríamos juntos... o más bien, yo quería eso». Aquellas sensibles memorias le aislaron por completo de la realidad.

—¡Ranma! —Un grito le devolvió los pies a la tierra.

—¿Me hablas?

—Sí. Llevas mucho rato sin responderme. Pensé que te habías quedado dormido.

—Perdón, es que me acordé de algo. ¿Y qué me estabas diciendo?

—Te estaba contando sobre Tatsuo. Esperaba que en el festival por fin se le declarara a Hikaru.

—Bah, no lo creo. Digo, no sé si a él le guste ella. —Miró nervioso hacia otro lado pues sentía que acababa de cometer una indiscreción.

—Oh, vamos ¿crees que no me doy cuenta? Tiene tiempo que se nota que le gusta. —Cerró la ventana y se dirigió hacia el centro de la habitación.

—Pues si tú lo dices.

—Es que mira, él es tan obvio con las cosas que hace por ella. —Tomó asiento frente a una pequeña mesa que debajo tenía el espacio para una fogata.

—Ah, sí. ¿Y cómo qué tipo de cosas? —Enseguida se sentó en el extremo opuesto de la mesa.

—Pues siempre prefiere estar con ella y la acompaña en misiones cada vez que puede. Aunque haga como que le desagrada la idea, se emociona por eso. Y no olvidemos los celos que tenía de ti. Eso no podía disimularlo. —Rio un poco ante tal declaración.

—Si, lo dijo cuando fuimos a capturar al "oni". —Tapó su boca pues al realizar aquel comentario confirmaba los sentimientos de su amigo.

—No te apures, no sabrá que me lo dijiste.—Le guiñó el ojo izquierdo y añadió :—Y te digo una cosa: a ella también le gusta él.

—¿Es en serio?

—Sí. ¿Por qué te sorprendes?

—No sé, es que son tan diferentes.

—Yo pensaba lo mismo, pero con el pasar del tiempo hicieron tan buena química que creo que sus diferencias ahora los atraen más. Deberías ayudarlo. Según veo, ustedes son muy amigos y, además, te llevas muy bien con ella.

—No me quiero meter en esos asuntos. —Declaró cruzado de brazos.

—¡Vamos, no seas así!

—Sí lo hiciera ese testarudo no me haría caso.

Siguieron en aquella amena discusión sobre el futuro romántico de sus compañeros. En tanto, la lluvia parecía no tener fin y el ocaso estaba por llegar en aquel recóndito paraje de China.

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7 de julio | Nerima (JPN) | Noche

Las miradas de varios jóvenes la seguían por donde pasara y no era para menos. Aquella noche lucía esplendorosa. Estaba vestida con una hermosa "yukata" color salmón, adornada con flores amarillas y con un "obi" en tonalidad cian. Sin embargo, la menor de las Tendo tenía nulo interés de la compañía masculina.

Algunos animosos muchachos que solicitaron su atención fueron rechazados cortésmente. Solo había salido aquel día ya que sus hermanas la convencieron. No quisieron dejarla sola y mucho menos después de la recaída que tuvo días atrás.

Tras realizar varias actividades con la familia, cada uno tomó caminos diferentes, por intereses variados. Akane aprovechó eso para pensar sobre las fotos de la pelirroja en la revista.

«¿Por qué habrá ido a Pekín? ¿Qué habrá estado haciendo en ese evento tan exclusivo?» Aquellas dudas no dejaban de rondarle la cabeza.

Ni el bullicio de los transeúntes ni el incesante sonido de las cigarras la perturbaban. Tan absorta estaba que había ignorado los gritos de alguien que la llamaba con insistencia.

—¿Mousse? Perdona, no te escuché.

—No te preocupes. Oye ¿viniste sola? —El chico limpiaba sus anteojos pues se habían empañado cuando corrió para alcanzarla.

—No, vine con mi familia. ¿Y tú qué haces por aquí?

—Trabajar, como siempre, porque la abuela puso un local para vender comida. Sólo que ya terminamos toda la venta, así que tengo tiempo libre.

—Pues sí, aprovechó que hay demasiada gente.

—Ya sabes como es. —Dio una fuerte risotada y enseguida añadió :—Te vi desde hace rato, pero no te hablé porque estaba ocupado. Sabes, quiero ver si podemos platicar.

—Si, no hay problema. Pero dime, ¿de qué quieres hablar?

—De Shampoo. —Dicha respuesta dejó bastante sorprendida a la menor de las Tendo.

Primero compraron un helado para mitigar el calor y después se alejaron de la multitud. Como era el festival del Tanabata, Mousse no sentía que era el lugar propicio para conversar. «¡Cómo me dan envidia todos esos enamorados!», se lamentaba.

Ella compartía aquel sentir, ya que tenía presentes varios momentos asociados a esa celebración. Particularmente sentía melancolía por uno en especial: cuando pusieron su nombre y el de Ranma en la misma rama del árbol de bambú, como dictaba la romántica tradición. De no ser por la petición del joven, hubiera vuelto a casa para evitar ver aquellas expresiones de amor.

En pocos minutos llegaron a un pequeño y solitario parque, alejado lo suficiente de la algarabía. Transitaron apacibles por sus senderos, bajo la tenue vigilancia del alumbrado público. En aquella soledad por fin inició la charla en forma.

—¿Y exactamente qué es lo que quieres decirme?

—Espero que no lo tomes a mal ni creas que me estoy burlando de ti, pero quiero darte las gracias.

—¿Gracias de qué? —Sus ojos se abrieron un poco más de lo normal, extrañada de tan singular confesión.

—Por vencer a Shampoo. Bueno, es más que eso. —Se detuvo para tirar los restos de su postre en un bote de basura.

»He estado enamorado de ella desde que éramos niños. Y como no hacerlo, si era la mejor de las amazonas: fuerte, orgullosa, decidida, entregada y disciplinada. Eso me cautivó desde que la conocí.

»Pero todo cambió cuando perdió con Saotome y se comprometió con él. Ella, la más orgullosa y digna de la aldea, vivía mendigando su atención. No sabes cuánto detestaba verla así. Dejaba todo lo que la caracterizaba por complacerlo, por hacer que la quisiera. Y lo peor fue que nunca lo logró.

»Cuando supe que ya no eras, ya sabes, novia de Ranma, pensé que todo se había acabado para mí. Creí que ella jamás sería la misma ahora que tú no te interponías en su camino. Sin embargo, después de lo del torneo sucedió algo que siempre había querido: él por fin pasó a segundo plano.

»Dejó de estar pensando en ir a buscarlo y en cambio, comenzó a entrenar muy duro, a idear nuevas técnicas; incluso le pidió a la abuela que le enseñara más trucos. En pocas palabras, volvió a ser la misma Shampoo de la que me enamoré.

»Y todo gracias a ti. Tu victoria sobre ella la hizo darse cuenta de que dejó de ser la persona que era por cumplir una tradición. Sé que aún no me ama, pero tengo esperanza que ahora tendré más oportunidades.

—No creo que todo eso sea porque la vencí. Tal vez que solo quiere seguir adelante con su vida.

—Puede ser también eso. Pero de todas maneras yo quería agradecértelo. —El chico miró al cielo con una satisfacción en el rostro.

—Me da gusto por ti, Mousse. Sé que la quieres en verdad y ojalá puedan estar juntos —Le sonrió al ver su expresión y añadió :—¿Todavía está de viaje?

—Sí, creo que su entrenamiento en China va a durar un poco más de lo esperado. Cambiando de tema ¿has sabido algo de Ranma?

—Muy poco. Pero yo creo que está bien.

El muchacho de gafas entendió que ocultaba algo tras aquel gesto, pues evadió su mirada al responder. Además, conocía de sobra que un amor, como el que ella sentía por Saotome, no se borraría en tan poco tiempo. Lo sabía porque el mismo lo había intentado con su compatriota en infinidad de ocasiones, fallando inevitablemente.

—Akane, quiero confesarte algo. Pero prométeme que no se lo dirás a nadie. —Aprisionó sus manos entre las suyas.

—Lo… prometo. —Estaba asustada por aquel misterioso cambio de actitud.

—Hace un par de meses, la abuela y Shampoo fueron a China por cosas del negocio. Tuve que quedarme para cuidar del local y para labores de limpieza, como siempre.

»Días después de que regresaron las escuché hablar una noche. Yo lavaba los platos y no sabían que estaba ahí. Oí claramente que hablaban de Saotome. Shampoo decía que estaba segura de que era él, mientras que la abuela tenía dudas. Al parecer lo vieron en la capital, pues sólo estuvieron ahí.

—¿Y sabes cómo cuando fue eso? —preguntó con insistencia.

—Creo que a mediados de mayo —respondió mientras se acomodaba los anteojos.

«Coincide con la fecha de la revista y el lugar donde se tomaron las fotos. Debe ser una señal, son muchas coincidencias». Se había perdido entre aquellos pensamientos que no prestó atención a lo que sucedía con su acompañante.

—¿En qué piensas? Te fuiste por un minuto.

—En nada, es sólo que está semana me han pasado cosas muy extrañas relacionadas con él.

Le contó todos los raros sucesos recientes, desde la recuperación de sus memorias hasta el descubrimiento de la pelirroja en aquella revista.

Escuchó atento cada palabra y al final, quedó con la misma sensación que ella: no podrían ser tan solo simples coincidencias.

—Pues si necesitas ayuda con algo, cuentas conmigo para lo que sea.

—Gracias. Por ahora sólo quiero saber quién y por qué nos hicieron esto.

Prosiguieron la marcha por unos minutos más hasta volver al festival. Se despidieron amistosamente, él volviendo al local de comida y ella reuniéndose con su familia para volver a casa.

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11 de julio | Nerima (JPN) | Mañana

Akane intentaba concentrarse en la conversación, no obstante, le estaba resultando harto difícil. Sus amigas hablaban acerca de los próximos planes estudiantiles, con mucha emoción. Empero, ella solo pensaba en las extrañas cosas que venían sucediéndole.

—¿Y tú ya te decidiste? —Sayuri la incluyó en la charla, interrumpiendo su meditación.

—¿De qué? —respondió con otra pregunta, señal de que había puesto poco interés en la charla.

—Pues de que va a ser, de la carrera universitaria que tomarás.

La recta final de la preparatoria estaba cercana y, por ende, ya debía pensar en la elección de una profesión. Pero era algo en lo que había pensado poco, debido principalmente al compromiso hecho por Genma y Soun. Y es que, pese a que no lo aceptaba en público, en privado tenía otros planes dependientes de su matrimonio pactado.

Como creía que su prometido administraría la escuela marcial, ella pensó que tendría plena libertad para escoger su futuro académico. Ahora bien, con la fractura de la relación, estaba en una espinosa disyuntiva.

Podría entrar a la universidad o bien, debería entrenar para desarrollar sus habilidades y hacerse cargo por completo del dojo. Y aun cuando había explorado un abanico más amplio de profesiones, ahora ni siquiera sabía si seguiría estudiando.

—No sé, la verdad. No he pensado mucho en eso

—Pues ya no te queda mucho tiempo, amiga —dijo Sayuri en tono de reproche.

—Si quieres podemos ayudarte a ver opciones —dijo Yuka con más calma, para evitar un desaguisado entre ellas.

—Si, eso me agrada. —La menor de las Tendo aceptó porque así podría darle la importancia a tan importante decisión.

—Aunque también podríamos tener una ayuda extra —insinuó en voz baja Sayuri.

—¿A qué te refieres? —Akane respondió un poco extrañada.

—Hablo de Miyo. Todos le han estado preguntando si lograrán entrar a la universidad.

—Yo paso. La última vez todo lo que dijo fue muy raro —dijo la chica de cabello azul.

—Pero casi se cumple. ¿Ya olvidaste que estuviste a punto de casarte con Ranma cuando lo predijo? —Una de sus amigas intentaba convencerla.

—Sí, pero todo fue una falsa alarma. Además, no pienso dejar mi futuro a la suerte.

—Tan siquiera acompáñanos, ¡por favor! —Le suplicaron las dos.

Resignada, aceptó acompañarlas. Por ende, en cuanto llegó el receso, las tres acudieron a un sitio a lado de los campos deportivos. Bajo el amparo de un viejo y gran árbol, Miyo tenía el mazo de cartas dispuesto sobre un mantel. Aquella chica era la misma que había predicho los últimos días de Happosai.

—¿Las tres quieren saber su futuro? —dijo aquellas palabras envueltas en un halo de misterio.

—Yo no —La joven de cabello azul se adelantó en responder.

Tras la confirmación del resto, comenzó a realizar su místico ritual. Fue revelando las cartas una a una mientras decía lo que interpretaba.

Las predicciones que dijo a Yuka y Sayuri fueron por completo de su agrado. En resumen, ambas cursarían sus estudios futuros en la misma universidad.

Una vez terminada la sesión, agradecieron las atenciones y se despidieron. En ese instante una ráfaga de viento cruzó por todo el exterior del instituto. Varias cartas salieron volando en diversas direcciones por lo que le ayudaron a recuperarlas.

Empero, cuando recibió una de las manos de Akane, percibió un breve escalofrío. Evitó hacer algún comentario y en cambio, le pidió un par de minutos a solas.

—Antes de que te vayas, quiero mostrarte algo —Señaló la carta que ella recogió.

En esta aparecía una dama con un sombrero en forma del signo de infinito, abriendo el hocico de una bestia con sus dos manos, específicamente un león.

—Esta carta trata sobre el equilibrio físico y mental, la confianza y la fortaleza espiritual de una persona. Pero lo importante es lo que está aquí. —Señaló lo que parecía ser una mancha en la esquina del naipe.

»Este es un símbolo de una antigua magia oscura muy poderosa. Y apareció justo donde tú la tomaste. Tal vez creas que fue una coincidencia; yo no lo creo así. No sé a ciencia cierta que pudo haberte pasado o te pasa ahora. Lo que sí sé es que tu persona fue marcada por algo muy malo.

—Bueno… quizás tengas algo de razón.

—No te puedo ayudar ahora con eso, pero si estás interesada, ve a mi casa esta tarde.

La hija de Soun sintió curiosidad por aquellas palabras y algo de temor porque la maldad parecía estar inmiscuida en todo eso.

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11 de julio | Anhui (CHN) | Mediodía

Varios animales surgieron intempestivamente de las entrañas del bosque. La caída de un par de árboles propició el estridente sonido que ahuyentó a las criaturas de aquel lugar. En la zona del impacto y bajo un montón de ramas yacía bastante maltrecha la joven Tōdō.

En cambio, una pelirroja tosía en la ribera del río cercano. Hacia un visible esfuerzo por expulsar el agua que había tragado. Postrada de rodillas, con los puños apoyados en el suelo y su camisa favorita muy desgarrada, intentaba reponerse lo más pronto posible.

Miraba hacia el suelo aún agotada cuando de repente, alguien se presentó en el sitio. Intentó levantarse con celeridad, empero, los nervios le jugaron una mala pasada, haciéndole trastabillar y caer de sentón.

—¿Estás herido? —Era Heizei, quién le tendió la mano para que la tomara.

No le respondió y en lugar de eso se replegó unos pasos, todavía en el suelo. Su instinto de supervivencia le indicó que hacía lo correcto.

—Todo está bien. Hemos terminado por hoy. —Seguía con la mano extendida mientras se le acercaba.

—¿Qué diablos fue todo eso? —Parecía seguir desorientado a pesar de ya estar de pie.

—Primero deja que llegue tu compañera —Señaló con la mirada hacia el interior del bosque.

Masumi se aproximaba a paso lento ya que cojeaba del pie izquierdo. Su larga cabellera se veía sumamente alborotada, con algunos diminutos trozos de ramas entre esta. Apenas la divisó, su colega corrió hacia ella.

—Los felicito. Consiguieron completar la Amalgama en poco tiempo. No fue perfecta, pero sí tuvo un nivel aceptable. —Murakami les dio alcance pues siguió los pasos de su alumno.

—Gracias, maestro —dijo la guardiana.

—¡Cuál gracias! Casi nos mata y eso que solo era un entrenamiento. —El guardián alzó la mano mostrando los desechos de la manga que colgaban de su preciada camisa roja.

—Exageras como siempre, muchacho —habló el ermitaño mientras movía la cabeza de un lado a otro.

—Ese fue el "Fimbulvetr", ¿cierto? —aseveró ella mientras tocaba el hombro de su amigo, para que guardase silencio.

—Así es. Tu padre te ha enseñado bien todas sus técnicas, por lo que veo.

—¿"Fimbul" qué? —Saotome ni siquiera pudo decir bien el nombre.

—Es un antiguo modo de pelea del norte de Europa, con el cual un guerrero consigue concentrar su energía para potenciar su fuerza y resistencia. Incluso se dice que casi se es insensible al dolor —Explicó a grandes rasgos a su compañero.

—Jamás había escuchado de algo así. Es una técnica terrible. —El oriundo de Nerima trataba de asimilar aún toda esa información.

—Creo que mi padre la utilizó para vencer a los hombres de Deimos.

—¿En serio? —La pelirroja alzó sus cejas mientras miraba a su amiga y añadió :— ¡¿Y usted se atrevió a usar eso contra nosotros?!

—No iba a matarlos. Además, sólo lo hice para comprobar el nivel de su unión.

»Y con esto hemos terminado. Les he enseñado todo lo que vinieron a aprender. Ahora espero que cumplan su parte y se marchen antes del tiempo límite. —El hombre dio la media vuelta y se retiró del lugar.

Quedaron estupefactos ante esa abrupta reacción. Quizás no debían esperar más de aquel hosco sujeto, empero, deseaban despejar ciertas dudas sobre él. La razón del distanciamiento con Kenzo y su separación del grupo, a pesar de tener habilidades extraordinarias, todavía seguían en el aire.

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11 de julio | Nerima (JPN) | Tarde

Aunque la casa de la adivina era de aspecto occidental, la decoración interior parecía una mezcolanza de diversos estilos. Artesanías orientales, amuletos americanos, ornamentos europeos y hasta unos jarrones africanos convivían en el mismo espacio.

La joven de cabello azul aguardaba sentada en un sofá gris frente a una gran pintura de estilo barroco. De pronto, apareció su compañera y cortésmente la invitó a pasar al lugar donde harían la sesión. Entró a la misma habitación en la que meses atrás recibió el remedio para salvar a su familia.

Sin embargo, adentro había una presencia adicional. Una anciana esperaba en una de las sillas dispuestas alrededor de una mesa circular.

Eso era lo único diferente en aquel sitio. El lugar despedía los mismos olores y lucía exactamente igual que la última vez que estuvo allí, con los roperos, estantes, frascos, libros y amuletos perfectamente organizados.

—Akane, te presento a la abuela Yae. Ella nos ayudará con tu problema

—Buenas tardes, señora. Miyo, pensé que tú lo harías.

—Eso iba a hacer, pero por lo que investigué no creo ser la indicada. ¡No te preocupes, la abuela es la mejor! Ella me enseñó todo lo que sé.

Pese a que la mujer poseía un gesto adusto, pronto cambió su semblante. Le pidió amablemente que le contara aquello que la mortificaba, por más inverosímil que fuese.

Ella le narró todo lo sucedido con Ranma, su extraña amnesia y la súbita recuperación de sus vivencias, sin omitir detalles. La anciana, al terminar de escuchar, pidió a su nieta que le pasara un misterioso frasco y un pañuelo blanco.

Colocó el lienzo en la mesa, abrió el recipiente, metió un par de dedos y extrajo una pomada de tono blanquecino. Frotó sus manos con la sustancia y le comenzó a tocar la parte alta superior de la cabeza. Aplicó este masaje de movimientos suaves y circulares por algunos minutos

—Por favor, sacude tu cabeza sobre el pañuelo —ordenó la anciana al terminar.

Lo primero que se le vino a la mente fue que quizás aquella cosa le dejaría residuos en el cabello. «Tendré que lavarme cuando regrese», pensó un poco molesta. No obstante, lo que sucedió a continuación le impresionó.

Finos granos de arena comenzaron a caer desprendidos de la cabeza. Ni siquiera sentía que tuviera algo de eso, por lo que al ver que no terminaban de aparecer, el miedo comenzó a perturbarla. Quiso desistir, pero Miyo la forzó a seguir con la maniobra, sin hacer caso a sus reclamos. Tan real era aquello que percibió el olor de ese polvo penetrar por su nariz. Finalmente, por indicación de la abuela, la nieta se detuvo.

Sobre la tela había bastantes partículas. Miraba expectante aquella evidencia, cuando la vieja cerró la tela, se levantó y la puso dentro de un gran frasco de cristal. Lo selló herméticamente y se dirigió de nuevo a su invitada.

—Temo que fuiste víctima de un maligno ser llamado "ifrit".

—Por eso apareció ese símbolo en la carta, ¿verdad, abuela? —Le mostró aquel naipe, que tenía una especie de media luna partida por la mitad.

—¿Me pueden explicar? Porque no estoy entendiendo nada. —Akane acariciaba su cabello para descartar que aún tuviera arena.

—Jovencita, los ifrits son seres mágicos del mundo árabe. Se les conoce comúnmente como genios, pero no son como los que aparecen en las películas.

»Sí yacen en extraños contenedores y pueden cumplir tu voluntad a un precio muy alto y de una manera diferente. Regularmente lo hacen influyendo en aquellos a los que su amo se los indica o bien, poseyéndolos en cuerpo y mente. Y por lo que vi y lo que me dijiste fuiste controlada por uno de estos.

»Después de que se cumple lo que se les haya ordenado, no dejan rastro de su presencia, excepto por la arena. Sólo que es difícil encontrar ese vestigio, a menos que uses cierto tipo de magia.

—¿Y es por eso no recordaba nada?

—Así es. Te puedo decir que tuviste suerte. La mayoría de las veces quitan la vida a sus víctimas. Y esa muerte termina confundiéndose con un accidente o una enfermedad natural.

A pesar de que estaba bastante asustada ante esa revelación ahora todo cobraba sentido. La amnesia temporal, su errático comportamiento y el misterioso joyero que apareció en la habitación, parecían estar conectados con lo dicho por la mujer mayor.

—Señora Yae, quisiera saber quién me hizo esto y porqué. Por favor.

—Supuse que querrías saberlo. No te aseguro nada, pero vamos a intentar averiguarlo.

De entre sus ropas sacó un juego de cartas del tarot muy antiguas. Las puso sobre la mesa y comenzó con su ritual adivinatorio.

—El responsable de lo que te pasó es peón de alguien muy poderoso, pero fuiste una víctima colateral pues no eras su principal objetivo.

»Y es que tu presencia interfería con los planes de esa persona. Por ese motivo veo que fuiste controlada. Aunque te causó un profundo sufrimiento, has sabido sobreponerte porque tienes un fuerte espíritu.

»Sin embargo, tu futuro luce prometedor. Veo grandes logros personales, profesionales y familiares. También aparece que el amor llegará a tu vida. Esta persona te dará lo que necesita tu corazón. Será justo lo que tu alma requiere para sanar las heridas del pasado.

»Todo lo relacionado con ese turbio momento de tu vida quedará atrás muy pronto. Como te dije, quién hizo esto no está interesado en ti. Por ahora es todo lo que las cartas predicen.

—Gracias por toda su ayuda. Pero —hizo una pausa para tomar aire y añadió :—creo que sé quién era su objetivo. Y me gustaría saber la razón. Lo malo es que esa persona ya no vive en la ciudad.

—Eso es algo difícil, pero voy a ayudarte. Vuelve aquí con algún artículo suyo y haremos una sesión especial. ¿Te parece? —Le dijo la mujer, mientras guardaba sus cartas.

Asintió con la cabeza, se despidió de ambas y volvió al dojo. Estaba complacida por tener al fin una explicación al terrible episodio de su separación. Además, creía que había esperanzas de revelar los misterios sobre el paradero del joven Saotome.

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11 de julio | Anhui (CHN) | Noche

—¿No te parece raro que ese viejo nos haya invitado a su casa, así nada más? —Él caminaba con una mano en el bolsillo y con la otra sosteniendo una lámpara con combustible.

—Quizás sólo quiera ser amable. —Ella, en cambio, cargaba un recipiente mediano en forma de tazón.

—¿Y tenías que traer eso? —Miró de reojo lo que la chica llevaba.

—Pues si nos invitó a cenar es justo que le llevemos algo, ¿no crees? —Sonrió al mencionarlo.

Aquella tarde, al volver a la cabaña, encontraron una nota firmada por Heizei colgada en su puerta. Les invitaba a compartir la cena esa noche, sin dar mayores explicaciones. Aunque Saotome no dio mucha importancia a la petición, su compañera parecía estar emocionada por la reunión.

«Ojalá no sea un truco o una broma de ese viejo. Primero nos dice que nos vayamos, después se desaparece por horas y luego nos invita a cenar». Analizaba el extraño comportamiento de su maestro mientras alumbraba con la linterna el sendero por donde iban.

Un poco antes de arribar a su destino existía un desnivel considerable, por lo que era necesario dar un salto para descender. Él fue el primero en bajar y lo hizo con relativa facilidad. Ella realizó la misma maniobra, empero, derrapó al contacto con el suelo. La llovizna de esa tarde había dejado sumamente resbaladizo el terreno. Por suerte logró atraparla con el brazo haciendo gala de extraordinarios reflejos.

Quedaron cerca el uno del otro y al reaccionar cruzaron sus miradas inevitablemente. La tenue iluminación, los sonidos de la naturaleza, la cercanía de ambos y la brisa que recorría el paraje los envolvió en un inefable momento. Era algo que ambos no sabían explicar, pero que invariablemente les complacía. De pronto, ella se separó de manera fugaz, quebrando aquel instante.

—Lo salvaste. —Alzó la vasija para presumirle que estaba intacta.

—Deberías tener más cuidado por donde pisas. —El intenso rubor de sus mejillas no se notaba por la poca luz.

—Para eso vienes conmigo, por si estoy en problemas. —Le mostró la lengua de forma simpática y reanudó la marcha.

—¡Espera, no me dejes aquí solo! —exclamó caminando aprisa para darle alcance.

Minutos después ya estaban a la puerta de Heizei. En cuanto entraron se sorprendieron de lo bien que lucía su hogar. Tenía las comodidades propias de una choza y poseía una buena distribución del espacio.

Un caldero colgaba de un gancho que sobresalía de un barrote unido al techo. Bajo la vasija había un foso cuadrado de donde unos leños mantenían encendido el fuego.

—Tomen asiento, muchachos. —Pidió con amabilidad, mientras observaba lo que cocinaba.

—Maestro, me tomé la libertad de traerle un presente. Son bolas de sésamo —Ella le extendió el recipiente.

—Oh, gracias. Son mis favoritas. —Se levantó para colocarlas sobre un buró y añadió :—¿Puedes traer los tazones que están allí, por favor?

Agarró los utensilios, volvió a sentarse junto a Ranma y se acomodó la falda de su vestido café. Por la forma en que actuaba, Heizei parecía estar de un carácter más afable, a diferencia del primer encuentro que sostuvieron. Sirvió la cena y tomó asiento con ellos.

—La exhibición que hicieron ayer me impresionó mucho. Tenía tiempo que unos estudiantes no me exigían tanto. —Dio un bocado y enseguida añadió :—Me gustaría saber cómo lograron sincronizarse.

—Solo nos dejamos llevar —Fue lo que dio entender el chico, pues habló con la boca llena.

—Yo tomé mi collar y volví a hacer la dinámica para concentrarme en mi compañero, como usted dijo. Quisimos probar algo diferente. Ahí sentí como si una corriente me moviera alrededor de él. A partir de ese momento decidimos intentar eso hasta que lo logramos.

—Muy lista, jovencita. ¡Qué bueno que lo descubrieron!

—Oiga, si usted es muy fuerte. ¿Por qué no regresa al grupo? —Saotome lanzó aquella cuestión después de terminar su plato.

—¡Ranma! —Su compañera le reclamó pues presintió que aquel comentario incomodaría a Heizei.

—Tranquila, no es nada que no pueda decirles. Es que ya no estoy en condiciones óptimas para ser un guardián.

Les explicó que, aun cuando el motivo inicial había sido un desencuentro con Kusonoki, después se dio cuenta que padecía una extraña enfermedad. Esta le impedía llevar el ajetreado ritmo de un guardián y, por ende, prefirió no volver a Japón. Eligió pasar el tiempo entrenando su cuerpo y dando adiestramiento a los guardianes que lo solicitaran.

—Este estilo de vida me ha ayudado a mantenerme en buenas condiciones; no me puedo quejar. Es un buen lugar para vivir y, además, tengo todo lo que necesito. —Concluyó con una enorme sonrisa, que sorprendió a sus visitantes.

La conversación prosiguió en el mismo tono. Hablaron de las misiones, las habilidades que poseían, anécdotas de su mentor durante la estancia en el grupo y más. Por primera vez en varios días tuvieron un momento de descanso después de la apretada agenda que llevaban.

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12 de julio | Anhui (CHN) | Mañana

El heredero Saotome preparaba bastante apresurado el equipaje. Ya estaban a punto de partir hacia la residencia Kusonoki y aún le faltaban cosas que guardar. Pese a que Masumi le había advertido que lo mejor era hacerlo el día anterior, ignoró aquellos lineamientos pues pensaba que sería fácil realizarlo por la mañana.

Pero no contaba con un pequeño detalle: la bufanda que se llevó sin querer a aquel viaje. «Si la pongo hasta el fondo se maltratará más de lo que ya está. Si la dejo hasta mero arriba se me puede salir y perder. Y no me la pienso llevar puesta con este calor». Rascaba su cabeza mientras sostenía la prenda, analizando como acomodarla.

—¿Piensas tirarla o qué? —Su compañera llevaba varios segundos observándolo, cruzada de brazos y recargada en una pared.

—¡Claro que no! —La dejó caer al suelo después de tener un involuntario espasmo, producto de los nervios por verse descubierto.

—Entonces ¿por qué la miras tanto?

—Bueno, es que yo… —hizo una pausa mientras hacía espacio en su equipaje y enseguida añadió :—no hallaba como acomodarla, pero creo que aquí estará bien. —Colocó rápidamente la prenda dentro del equipaje.

—Deberías conseguir algo donde guardarla, para que no se te maltrate.

—Buena idea. Eso haré cuando volvamos. —Cerró la mochila de viaje, se puso de pie y se la colocó en los hombros.

Apenas salieron de la casa se toparon con la presencia de Heizei. Quedaron sorprendidos de verlo ahí pues el día anterior se habían despedido formalmente de él. Llevaba en sus manos dos objetos con forma cilíndrica, del tamaño de una botella.

—Muchachos, que bueno que los alcancé. Antes de que se vayan quiero darles algo de mi parte. También quisiera hablar con cada uno en privado.

No tuvieron inconvenientes con la solicitud del hombre, así que la joven Tōdō fue la primera. En seguida, maestro y alumna se alejaron unos metros de la cabaña para tener privacidad.

—He de suponer, por lo que vi de ti estos días, que eres el mejor elemento del grupo.

—Más bien diría que soy la de más experiencia —respondió con humildad.

—Bueno, el punto es que yo te considero la más capaz. Tengo que decirte algo sobre la técnica que les enseñé. Te habrás dado cuenta, al momento de unirse, que ambos comparten pensamientos y emociones. Y eso tiene un inconveniente.

»Si cualquiera de los dos posee fuertes emociones negativas, estas pueden permear en el otro de manera exponencial. Y eso les dejaría en un peligroso estado dentro de una pelea, sin contar que esos sentimientos los afectarán de diferentes maneras.

»Si presientes que esto pasa contigo o con él, evita usarla. Te lo digo a ti ya que eres la más sensata porque tu compañero es bastante obstinado.

»Como les dije, su unión estuvo en un rango aceptable. Eso dependerá de la química de pareja o la naturaleza de su relación. No quiero decir que no funcione bien, pero puede que sea mejor con alguien más. Por eso te sugiero que practiquen sus estrategias de combate para complementarla.

—Tomaré todo eso en cuenta, maestro. Gracias por su confianza y por todo lo que nos ha enseñado.

—Y una cosa más. Esto es para ustedes. —Le entregó uno de los contenedores y añadió :—Ábrelo, por favor.

—¡Es el mapa que nos faltaba! —exclamó al descubrir lo que estaba oculto.

—Lo he resguardado desde hace muchos años.

—Pero ¿por qué me lo entrega?

—Tu padre me pidió que se los diera si los consideraba dignos de ser guardianes.

Masumi inclinó la parte superior del cuerpo en señal de respeto. En tanto, Heizei no pudo evitar pensar nuevamente en esa persona especial de su pasado. Esa que aquella chica tanto le recordaba.

Ella dijo que quizás volvería algún día con el resto de sus compañeros. Él, en cambio, no expresó inconvenientes con aquella proposición; incluso le agradó la idea de tener compañía, aun cuando fuera por unos cuantos días. Después de esto, le pidió que enviara a su amigo para dialogar. Minutos después, Saotome ya estaba a solas con el viejo.

—Y bien, ¿para qué quería verme?

—En estos días he visto que posees un gran talento para las artes marciales, pero te falta mucho por mejorar. Por eso quiero darte esto. —Le lanzó el contenedor cilíndrico que le quedaba.

—¿Qué es? —Observaba el objeto desde varios ángulos con curiosidad.

—Son unos pergaminos que tienen algunas técnicas y ejercicios que te serán de utilidad.

—Vaya, no sé qué decir. Supongo que gracias.

—Para serte sincero, tienes un gran futuro, ya sea como guardián, como maestro o como peleador. Pero aún tienes algo que mejorar: tu inteligencia emocional.

—¿Cómo que mi inteligencia emocional?

—Un guardián no solo destaca por su fortaleza. Si no, cualquier practicante de artes marciales podría ser uno. También necesita un desarrollo espiritual y mental. Aunque tu espíritu es fuerte, tu mente no lo es tanto. Todavía te falta reconocer y comprender tus emociones y las de los demás. De eso estoy hablando.

—No veo cómo eso pueda ayudarme.

—Mira, si logras conocer lo que sientes, podrás tomar decisiones correctas. Y si esto lo aplicas con los demás, tus relaciones dentro y fuera del grupo serán mejores.

»Ten en cuenta que muchas veces te enfrentarás a individuos inestables, manipuladores o completamente desequilibrados; puede serte útil en esos casos. Por ejemplo, los Jaan son muy arrogantes y volátiles; detectar eso puede cargar la balanza a tu favor.

»Hay algo más. Supongo que sabes que ella tiene plena confianza en ti. Y pese a que la veas firme y segura de sí misma habrá momentos donde necesite un sostén, un apoyo, una esperanza. Y es posible que tu puedas ser su único sustento.

Asintió con la cabeza con total seriedad pues el hombre lo miraba fija y fríamente. Se hizo un silencio incómodo entre ambos hasta que decidió despedirse para comenzar el viaje de regreso. Apenas se había alejado unos pasos de aquel individuo cuando este le habló.

—Algo más, muchacho. No quiero verte por aquí nunca más.

—¿Cómo para qué querría yo venir a verlo?

—Sólo ten en cuenta que no serás bienvenido si lo haces. Espero haber sido claro.

«Qué viejo tan extraño. Cambia de humor como si nada». Evitó tener un altercado y se retiró sin responderle. Ahora tenía un largo viaje hasta Japón y no deseaba comenzarlo con mal carácter.

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13 de julio | Wakayama (JPN) | Tarde

Un oficial aeroportuario inspeccionaba minuciosamente el equipaje de los guardianes. Para su desgracia, tuvieron la suerte de ser seleccionados al azar para aquella revisión. Habían mantenido la calma mientras esculcaban sus pertenencias hasta que les descubrieron el contenedor del mapa.

—¿Puedo abrirlo? —La autoridad realizó esa petición mientras sostenía el recipiente.

—Claro, oficial. —La chica de ojos azules respondió sin dudar.

El policía giró la tapa de uno de los extremos, extrajo un papel bastante arrugado y lo extendió frente a ellos. Saotome tragó saliva ya que suponía lo peor: que les confiscarían tan preciado objeto. El que Heizei le entregó no le importaba pues su cargamento era mucho menos valioso.

—Todo está en orden, jóvenes. —El empleado guardó todo de nueva cuenta en las mochilas.

Ella sonrió complacida en tanto su colega se limpió unas gotas de sudor de la frente. Apenas finalizó la revisión, tomaron sus cosas y se encaminaron a buscar los boletos de su próxima transportación en las instalaciones del aeropuerto.

—Eso estuvo cerca —dijo Ranma en voz baja mientras se alejaban del punto de control.

—Yo no diría eso. —Ella metió la mano en su bolso y sacó parcialmente lo que parecía ser un pergamino.

—¡¿Lo tuviste todo el tiempo?!

—Claro. Lo que había en el cilindro era una copia de unos recuerdos para turistas que compré en China.

—Me lo hubieras dicho, yo si estaba nervioso.

—No tuve tiempo de hacerlo. Pero dime, ¿no te alegra tener una compañera tan inteligente como yo?

—Y luego dices que yo soy presumido.

—Ya, no te enojes. Mejor dime si vas a ayudarme con lo de Hikaru.

—¿Todavía sigues con eso?—Puso los brazos cruzados por detrás de su cabeza mientras caminaba.

—Vamos, no me dejes sola. Prometo que te recompensaré. —Juntó las palmas una contra la otra a la altura del rostro, con los dedos apuntando al cielo.

En otro punto del aeropuerto, el empleado que había realizado la inspección le pidió un favor a un compañero. «¿Podrías cubrirme por cinco minutos? Necesito hablar con mi supervisor». Fue a la sede central de vigilancia, que se ubicaba en la segunda planta, y entró a la oficina principal.

Minutos después regresó a la estación de trabajo sin mayores contratiempos. Empero, su jefe enviaba en ese instante y de manera apresurada unos documentos vía fax. Parecía tener una especial premura por hacerlo.

Cuando la máquina finalizó, el empleado llamó al número telefónico impreso en una tarjeta de presentación. Del otro lado de la línea respondieron tras un par de timbrazos. No alcanzó a terminar el saludo porque fue interrumpido por su interlocutor.

—Son ellos. Y, además, tienen lo que buscamos —dijo el viejo Jun por el auricular, mientras sostenía los documentos que acababa de recibir.

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15 de julio | Wakayama (JPN) | Mañana

Ranma blandía intensamente un sable de madera, pero su adversario era más rápido y diestro. En el último embate este esquivó un corte horizontal y de inmediato, le golpeó el abdomen a la altura del estómago con la empuñadura. Soltó el arma por el castigo e inevitablemente cayó de rodillas.

Se tocaba la parte afectada cuando sintió que la punta del arma le rozaba por debajo del mentón.

—Necesitas practicar más. Pero por ahora ya es suficiente. Mejor vamos a continuar con otro ejercicio —dijo su mentor, quién ese día era su rival en el entrenamiento.

En cuanto regresaron de China, Kenzo le comunicó que lo instruiría en el uso de armas blancas. El resto ya poseía un entrenamiento en esas lides y, pese a que también se jactaba de ser experto en el arte del combate libre, sus habilidades con esa clase de armamento eran bastante ordinarias.

—Según recuerdo, me dijiste alguna vez que habías perfeccionado la técnica del "Dragón Volador". —Ambos caminaban por el pasillo rumbo al jardín.

—Tanto como perfeccionarlo, no.

—Es un buen movimiento para la defensa. Pero parece que solo lo has usado de forma natural.

—¿De forma natural?

—Es natural porque solo aprovechas la diferencia de temperatura entre tu energía y la de tu oponente. Eso hace que solo la puedas ejecutar pocas veces y bajo condiciones muy precisas.

—Es que así es esa técnica. Bueno, así me dijeron que era.

—Pues ya es hora de que aprendas a utilizarla a tu conveniencia, las veces que sea necesario.

—¿Se puede hacer eso?

—Es posible y, además, muy útil. Por eso necesitaba que conocieras como detectar la energía de tus oponentes. Lo que sigue es que logres controlarla.

»Aparte de defenderte, tendrás la habilidad de liberarla cuando así lo quieras, en la cantidad que mejor te convenga. Seguro te habrás preguntado por qué no funcionó contra Genjuro. Fue porque él conoce todo acerca de ese movimiento. Incluso sabe neutralizarlo.

«Entonces por eso no le hizo ni un rasguño. De haberlo sabido antes». Pensaba en aquel fracaso cuando el viejo guardián le habló. «Por favor, atácame con toda tu fuerza».

Se abalanzó contra él usando varios movimientos combinados con brazos y piernas. Sin embargo, ni siquiera había lanzado una decena de golpes cuando recibió una poderosa descarga de energía.

Esta fluyó en forma de una pequeña y fuerte corriente de aire en espiral, que se generó de la mano de Kenzo y fue directo hacia su pecho. Maltratado y atolondrado cayó tras unos arbustos, amortiguando el castigo.

—No tardes, nos falta mucho por practicar. —Kusonoki lo esperaba con los brazos cruzados tras su espalda.

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16 de julio | Wakayama (JPN) | Mañana

Algunas nubes aventureras surcaban por el cielo costero de la bahía. El profundo color azul del océano parecía estar sincronizado con el firmamento. A lo largo de la playa estaban dispuestas mesas de madera en pares, bajo una estructura con cubierta de palma. Cada una tenía dos piezas similares, aunque de menor tamaño, que funcionaban como sillas. Eran un espacio perfecto para comer, charlar o descansar frente al mar.

En una de ellas esperaba hacía varios minutos el líder guardián. Tomaba té acompañado de unos sabrosos bocadillos de harina de arroz y pasta de frijol. Se le notaba bastante relajado ya que las cosas en su organización parecían marchar en buenos términos.

Contemplaba gozoso el vaivén de las olas cuando un antiguo conocido llegó. Era un hombre de mediana edad. Vestía de traje y corbata, usaba anteojos y, además, llevaba un portafolio negro junto con un diario impreso.

—Escogió un fantástico lugar para nuestro encuentro —dijo a su invitado y le invitó a tomar asiento.

—Más bien, yo diría que es un sitio poco común para nuestros encuentros —aseveró el recién llegado mientras tomaba asiento.

—Sabe, solía traer a los chicos aquí para pasar los pocos días libres que tuviéramos. Pero conforme crecieron dejamos de hacerlo.

—Señor Kusonoki, no hubiera recurrido a usted si no fuera estrictamente necesario. — El visitante intentó ir directo al grano.

—Eso lo entiendo, no se preocupe.

—Primero que nada, debe saber que el gobierno está muy agradecido por la cooperación de su equipo en la captura de Deimos. Y a pesar de que no pudo ser condenado, si se logró desarticular por completo su organización. —Se aflojó un poco la corbata y desabotonó el botón superior de la camisa.

—Es nuestro deber. Siempre ayudaremos en lo que se nos requiera.

—Bueno, pues por eso estoy aquí, aunque esta vez de manera extraoficial.

»Hace unos días se realizó un operativo para capturar a un peligroso criminal, a las afueras de Tokio. No tendría nada extraño de no ser porque, cuando el escuadrón arribó al sitio, todos los delincuentes habían sido asesinados.

»Decidieron reportar el incidente a sus superiores. En eso estaban cuando recibieron un sorpresivo ataque y la comunicación se cortó segundos después de iniciada la agresión. Entonces se activó el protocolo de respaldo y un equipo adicional fue enviado al sitio.

»Al llegar descubrieron algo terrible: todos los elementos habían sido brutalmente asesinados, algunos incluso tenían miembros desmembrados. Se aseguró la escena y se realizó un exhaustivo análisis forense. Se averiguó que todos los rastros pertenecían a los fallecidos, excepto uno.

—Hay algunos hombres que son muy hábiles con las catanas. Quizás haya sido obra de un asesino profesional o algún tipo de justiciero.

Se notaba incredulidad por parte de Kenzo; o quizás cierta despreocupación. Por ello decidió mostrarle el diario que llevaba.

—Nuestra primera hipótesis fue esa.—Se quitó los lentes para limpiarlos y añadió :—Aquí hay una nota sobre un accidente ocurrido en una guarnición del ejército ubicada en Yokohama. Lamentablemente, hubo más de una decena de soldados muertos. Pero la verdad es que ni fue un accidente ni ocurrió ayer.

»Hace dos días ese destacamento fue atacado por una extraña fuerza, la misma del evento anterior. Como no se encontró una explicación lógica se decidió encubrir el incidente hasta hoy. Sólo que ahora tuvimos evidencias más claras. El sistema de vigilancia logró capturar gran parte del asalto y a los agresores. Ahora fueron al menos diez individuos.

Kusonoki dejó de lado el diario después de darle un vistazo a la nota. Recibió media decena de fotografías amplificadas contenidas en el maletín. En estas aparecían hombres con ancestrales vestimentas orientales de guerra. No se les alcanzaba a ver el rostro, pero si se notaba que llevaban sables, escudos y mazos.

—Sólo pude traer estas imágenes, usted sabe, por el carácter de nuestra reunión. Pero he visto los videos y lo que pasa ahí, además de espantoso, es increíble. Esos individuos recibieron una lluvia de balas por varios minutos y ni siquiera se inmutaron.

El invitado se angustiaba al pensar que no le creían ni un ápice de aquella historia. En tanto, Kenzo guardaba silencio. Miraba con detenimiento cada impresión mientras la incertidumbre le agobiaba. «¿Cómo es posible que haya traído de vuelta a tantos de ellos?», era una idea que se repetía en su cabeza.

—No me cree, ¿verdad? —Se aventuró a decir ante el silencio reinante.

—Claro que sí le creo. —Le devolvió las fotos después de acomodarlas.

—Entonces, ¿debemos preocuparnos por esto? ¿Quiénes son esos individuos? ¿Qué es lo que buscan? —Guardó los documentos y cerró el maletín.

—Son muchas preguntas y sí se las responderé en una conversación oficial. Por ahora sólo puedo decirle que esto representa un peligro mucho mayor que Deimos.

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17 de julio | Wakayama (JPN) | Tarde

Ranma descansaba mirando televisión ya que estaba muy fatigado por los extenuantes entrenamientos. Sin embargo, ya no tendría práctica el resto de la jornada. Kusonoki les dio esa tarde y la del día siguiente libres porque tendría reuniones fuera de casa.

Antes de partir, el maestro dejó una importante indicación. Al menos un par de integrantes debían permanecer siempre en la vivienda. «Necesitamos estar más prevenidos ahora que tenemos los tres mapas y dos de las llaves», explicó el hombre.

«¡Qué fastidio! Mejor hubiera ido a caminar por ahí.». Decidió apagar la tele y acostarse en el tatami. Miraba al techo casi a solas, pues su único acompañante en ese momento era el incansable sonido de un reloj de pared.

Sus compañeros también decidieron lo que harían con el tiempo libre. Hikaru aprovechó para ordenar su habitación. Masumi fue al centro de la localidad para realizar unos pendientes. Y de paso se llevó a Tatsuo con ella.

El calor de la temporada, el fastidio y el sonido acompasado del reloj causaron somnolencia en Saotome. Empero, de pronto escuchó ruidos provenientes de la entrada y raudo se levantó hasta quedar sentado. Sus compañeros habían arribado pese a que solo su amiga llegó a la habitación.

—¿Cómo va todo por aquí? —Dejó caer las bolsas de una tienda departamental y se sentó en el tatami.

—Aburrido. Pero supongo que a ti te fue mejor.

—Pues te diré que sí. Te digo una cosa, ya está hecho lo de Tatsuo y Hikaru —finalizó en voz baja la oración.

—No me digas que por eso te lo llevaste.

—Así es. Esa era la idea.

—Lo suponía. ¿Y no has pensado que ella tal vez ya no sienta lo mismo?

—Parece que no me conoces. Ayer platiqué con ella y me volvió a decir que todavía le gusta.

—Pues yo sigo pensando que no debemos entrometernos.

—A veces los hombres necesitan un pequeño empujón, aunque otros ocupan que los lleven a rastras.

—¿Por qué lo dices?

—Por nada. Oye ¿si me vas a ayudar? ¿O vas a dejarme sola en esto?

—No lo sé, es que no me gusta meterme en ese tipo de cosas.

—Anda, ¡por favor! Sólo tendrás que hacer algo muy sencillo.

»Mira, el plan es que él la lleve a un concierto que habrá mañana por la noche. Ella se moría de ganas por ir, pero no encontró boletos cuando fue a comprarlos.

»Pero yo tengo un amigo que trabaja donde se va a hacer el evento y pudo conseguirme un par, ¡con acceso preferencial! Fuimos por ellos hoy, pero no pudieron entregárnoslos, apenas hasta mañana.

—¿Y para que me quieres a mí?

—Como Tatsuo irá por los boletos y yo saldré con mi padre a una reunión, ocupo que te quedes con ella. Solo será hasta que él regrese.

—Si no tengo más remedio… —Se cruzó de brazos y añadió :— te ayudaré.

—¡Gracias! Sabía que lo harías. Y para que no digas que solo te busco para pedirte cosas —De una de las bolsas sacó una más pequeña, se la entregó y añadió :—Toma, te traje esto.

En el interior había una caja con forro tipo terciopelo en color gris. Medía en promedio de largo y ancho lo mismo que un libro, con al menos diez centímetros de alto. Tenía una tapa plegable que se abría hacia afuera y estaba dividido internamente en dos compartimientos.

—La vi y recordé que ocupabas algo para guardar tu bufanda. —Cerró los ojos mientras le sonreía.

—Ah, es cierto. ¡Gracias!

—Bueno, te dejo porque necesito acomodar todo esto. —Se levantó, cargó sus bolsas y abandonó la habitación.

Contempló nuevamente aquel obsequio. Acariciaba la superficie de la caja y pensó que sería buena idea darle un presente, por todas las molestias que había tenido hacia él.

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18 de julio | Wakayama (JPN) | Tarde

La joven Konoye preparaba un postre y Saotome le hacía compañía, como acordó con su amiga el día anterior. Sin embargo, por un descuido este agarró uno de los refractarios recién salido del horno. Al instante lanzó un quejido y corrió a colocar la mano bajo el chorro de agua fría. En cambio, ella fue a buscar el botiquín de primeros auxilios ya que la quemadura parecía de consideración.

Volvió a la cocina con lo necesario para aminorar su molestia. Tomó un ungüento especial para quemaduras y delicadamente comenzó a untarlo en la parte afectada. «Parece un niño pequeño» pensaba mientras intentaba contener los lamentos del chico. Por suerte, el efecto del medicamento surtió efecto en poco tiempo.

—Oye, supe que hay un concierto esta noche del grupo que te gusta mucho. ¿Si irás a verlo? —Cerró un ojo en un breve instante, pues todavía le incomodaba la lesión.

—No, y ya ni me digas. Los boletos se agotaron muy rápido y no alcancé ninguno. —En tanto, cerraba el frasco con la pomada.

—Bueno, ya será para la próxima.

—Van como cinco veces que estoy así de cerca de verlos. ¡Qué no daría por ir! —Hizo un puchero de niña mientras guardaba los materiales de curación en el botiquín.

«Ya está. Ahora sí será una sorpresa lo de los boletos. Ojalá el idiota de Tatsuo no lo arruine». Le dijo que se retiraría a ver la televisión para evitar otro desaguisado.

Apenas había tomado asiento frente al aparato cuando escuchó un lamento. No se preocupó ya que aquel sonido parecía más un reproche que una señal de auxilio.

—Ranma. —Apareció en la entrada de la sala mientras sus vivaces ojos verdes parecían un poco entristecidos y, añadió:— ¿Estás muy ocupado?

—No mucho. ¿Qué te sucede? ¿Por qué te quejabas?

—Es que olvidé comprar unas cosas para preparar el betún del pastel y quería ver si pudieras ir a comprarlas —dijo mientras chocaba sus índices y bajaba la mirada.

—Nada más deja que llegue Tatsuo y voy. —Esa respuesta no pareció convencerla.

—Es que quisiera tenerlo listo pronto. Además, la tienda no está muy lejos de aquí. ¿Podrías ir ahora, por favor?

—Bueno. Solo dime que necesitas.

—¡Eres el mejor! —Desapareció por el pasillo para ir a buscar con que apuntar su pedido.

Momentos después, regresó con una pequeña hoja de papel y se la entregó junto con el dinero necesario. Volvió a agradecerle cuando lo despidió por la puerta. «Si hubiera tenido una hermana menor me hubiera gustado que fuera como ella», pensó el joven Saotome al abandonar la vivienda.

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18 de julio | Nerima (JPN) | Tarde

Akane tardó una semana en volver a la casa de Miyo porque había tenido ciertas dudas. Una era si en verdad quería escuchar algo desagradable relacionado con Ranma.

La otra era más sobre sí misma. Se había propuesto seguir adelante con su vida después del torneo. «No quiero recaer en lo mismo de siempre, de volver a la tristeza y a la desesperanza», fue una de las ideas que la perturbaban.

No obstante, decidió intentarlo ahora que había encontrado a alguien que tal vez podría ayudarla. Así que ese día pactó la cita con la abuela adivina. Prefería haber ido acompañada, pero nadie de su círculo cercano sabía lo que le habían dicho en la sesión anterior. En el trayecto incluso pensó que hubiera sido buena idea haberle avisado a Mousse.

Estaba otra vez bajo similares condiciones que la cita anterior, excepto por una cosa. Sobre la mesa había un pequeño recipiente metálico. Tenía cuatro patas que sostenían una base cuadrada con esquinas cóncavas. Coronada con una cúpula semiesférica, era adornada por una media luna en la parte superior.

Cierto aroma escapaba por unos pequeños orificios del contenedor. Aquello olía a una mezcla de incienso y madera. Unas brasas ardiendo dentro eran las causantes.

La anciana quitó la parte superior de la vasija. Situadas las tres damas alrededor de la mesa, solicitó que le entregara aquel objeto relacionado con la persona de la que quería saber.

—Cuando me dijiste lo que ibas a traer, decidí que este sería el mejor método para mis predicciones. —Extendió entre sus dedos un listón que le acababan de entregar y añadió:—Esto arderá en el fuego, por lo que aún estás a tiempo de retractarte.

—Vamos a hacerlo —respondió decidida la menor de las Tendo.

—Las llamas mostrarán el pasado, presente y futuro del dueño de este artículo. Les pido silencio absoluto. —Ambas asintieron con la cabeza.

Declamó con solemnidad unas extrañas frases en otro idioma mientras sostenía el hilo encima del brasero. Al terminar, lo dejó caer dentro, haciendo que las llamas emergieran. Estas llegaban hasta la altura de sus ojos y el olor que despedían era muy intenso. La abuela, en plena contemplación del fuego, comenzó a interpretar lo que percibía.

—Parece que este chico hizo algo que enfureció a un miembro de la realeza. No puedo ver exactamente que fue. Por lo visto esa persona es el autor intelectual de tu problema con el ifrit.

»El dueño de este objeto ha hecho grandes viajes y pasado múltiples vicisitudes, pero para su fortuna está bajo la protección del sol.

—¿Y puede ver dónde está ahora? —preguntó la joven de cabello azul. De inmediato, Miyo le recordó que no debía interrumpir la visión.

—Se mueve de aquí para allá, de este a oeste, aunque hay un punto en común. Está cerca de las dos rocas del "kami", ahí es donde el astro rey resplandece más. Hay algo muy brillante que no me deja ver claramente, solo alcanzo a distinguir un templo y una cascada. —La anciana agudizaba la vista, pese a que Akane simple y sencillamente no veía más que el fuego.

»En el futuro puedo ver ira, venganza y devastación para él, o para personas de su círculo cercano. Eso no se ve muy claro.

»Hay también un sacrificio de algo que no se puede ver ni tocar. Participará en una cruzada donde el destino del sol estará en juego. Y después… sólo veo luz en su camino. Una luz cálida y reconfortante.

Las flamas desaparecieron al instante mientras las jóvenes tenían el rostro desencajado. La mujer talló sus ojos para aliviar el calor que le provocó mirar el fuego.

—¿Qué significa todo esto? —La menor de las Tendo se notaba desesperada.

—Algunas veces las visiones no son tan claras. Sólo muestran lo necesario o dan pistas de lo que puede ser.

—Pero ¡tiene que haber una explicación!

—Niña, si así fuera yo sabría cuál número de la lotería comprar. Lamento que no sea lo que quieras escuchar. Pero espero que esto de ayude a encontrar a quién buscas.

De camino a casa repetía en su cabeza una de las frases que dijo la mujer: "Las dos rocas del kami". Infinidad de lugares en todo Japón podrían cumplir con ese criterio, o quizás, ninguno. Y algo que le inquietaba en demasía eran esas últimas palabras: "Una luz cálida y reconfortante".

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18 de julio | Wakayama (JPN) | Tarde

La pequeña de ojos verdes, de pie frente a la barra de la cocina, leía con atención un recetario y miraba ocasionalmente el reloj. Esperaba que Ranma volviera con su encargo pronto. «Ojalá no se me haya olvidado escribirle algo», pensaba en aquello cuando la saludaron desde el pasillo.

—Buenas… —Enmudeció de inmediato al descubrir quién había entrado a la vivienda.

—Me disculpo por el atrevimiento de llegar sin invitación.

Tras un breve momento de estupor, asimiló el peligro inmediato. Como solo la parte superior de su cuerpo era visible, sacó con celeridad dos cuchillos de un cajón y, furibunda, los lanzó contra quién había ingresado a la casa. Ninguno hizo blanco en el objetivo, pues aquella persona eludió uno, que terminó incrustado en la pared, y sujetó el otro antes de que se le clavara en la frente.

—Parece que mis disculpas no bastan. Ustedes sí que son bastante groseros. —Dejó caer enseguida el utensilio punzocortante.

—¡Cómo te atreves a venir aquí! —Declaró furiosa mientras intentaba predecir los movimientos de aquella presencia.

—No tengo por qué darte explicaciones, niña. Vine a ver a tu maestro. O más bien, a matarlo.

Los guardianes habían mantenido su guarida oculta de los Jaan por décadas. Empero, justo en ese momento Genjuro estaba en el corazón del grupo. Aquel hombre se veía imponente. Ostentaba el poderoso físico que poseía vistiendo por completo de negro, con una playera de manga corta muy ceñida al cuerpo. Además, la perversa sonrisa, visible incluso bajo su espesa barba castaña, le hacían lucir como un oponente atemorizador.

La chica resolvió abandonar aquel lugar lo más pronto posible. Por ende, saltó encima de la barra, tomó una sartén que tenía cerca y se abalanzó contra este. Lo golpeó con el utensilio, pero reaccionó a tiempo y sólo pudo darle en el dorso de la mano, sin dañarlo de forma considerable. En cambio, le devolvió un puñetazo que ella a duras penas alcanzó a esquivar.

Acto seguido, Jaan arremetió con una hilera de rápidos movimientos ofensivos. Hikaru logró defenderse con éxito, aunque retrocedió inexorablemente mientras derribaba algunos electrodomésticos a su paso. Contraatacó tomando una tabla para picar, aprovechó una abertura en su defensa y le pegó con esta en la zona lateral de la cabeza.

El impacto no lo hirió de gravedad, empero, si paró la pelea por unos segundos. Su equilibrio se vio comprometido, así que se sujetó del refrigerador para evitar desplomarse. Era justo lo que ella necesitaba, ya que ahora tenía vía libre para escapar. Abandonó el lugar con rapidez ante la mirada hostil del invasor.

«Tengo que hacerlo salir de aquí. Así estará más lejos de los mapas y de las llaves». Consideraba aquella idea mientras huía por el corredor, pero súbitamente algo traspasó la pared de madera y la chocó por el costado. Debido al impulso quebró el muro paralelo y cayó de forma descompuesta en el tatami, dentro del cuarto de entrenamiento.

Algo aturdida y con un punzante dolor en el hombro, logró ponerse de pie. De inmediato, un extraño sonido le hizo voltear detrás de sí. Era una especie de crujido metálico que se acercaba. Quiso mirar que emitía aquel ruido, empero, tuvo que eludir un espadazo directo a su yugular.

A pesar de eso logró ver que su agresor portaba una vieja armadura negra de estilo oriental. Pequeñas placas unidas entre sí y adheridas a lo que parecía cuero, como escamas de un pez, eran lo que causaba aquel distintivo sonido.

Su agresor blandió el arma contra ella en repetidas ocasiones y de diferentes maneras. Por la dirección de sus cortes advirtió que estaba dispuesto a matarla sin miramientos. Aun cuando conseguía evadirlos sabía que un paso en falso le costaría la vida.

Atacarlo directamente se tornaba difícil pues llevaba un escudo de madera para protegerse. Por eso consideró necesario incapacitarlo. Su mejor plan era derribarlo para después quitarle el arma. Advirtió que era considerablemente más alto que ella, por lo que tendría que hacer un esfuerzo extra para lograrlo.

Eludió una estocada, saltó y dio un giro en el aire para patearlo en la cabeza. Fracasó porque su pie chocó en la vieja rodela. Al caer sobre el piso, retrocedió velozmente para preparar el siguiente movimiento y recuperar energía. «Necesito encontrar otra manera. Si no lo hago, todo terminará mal para mí».

Entonces, aprovechando la lectura que había hecho sobre su oponente, preparó la siguiente estrategia. Un poco de sudor le bajaba por la sien mientras el extraño sujeto avanzaba lentamente, como si creyera tener la victoria asegurada. «Vamos a ver si no puedo tumbarte, idiota», pensó antes de pasar a la ofensiva.

Avanzó contra el guerrero y este, a su vez, fue directo a ella. Empero, se deslizó hábilmente eludiendo un gran corte horizontal y, en cambio, le dio una patada tipo barredora que lo hizo desplomarse de espaldas. Durante la caída soltó el escudo, que Hikaru tomó de inmediato.

Le golpeó el antebrazo para que soltara el arma, la pateó fuera de su alcance y le pegó en el pecho repetidamente con el canto de la rodela. Desconocía si lo lastimaba ya que no veía más allá de la expresión de sus ojos y, además, porque no se quejaba.

El agresor tenía la mitad inferior del rostro cubierta por un par de trozos de cuero, que colgaban de un casco de metal, amarrados el uno del otro. Por eso sólo podría apreciarse su mirada, que fulguraba de forma sobrenatural, dándole un aspecto siniestro.

Seguía con el castigo hasta que, en un acto reflejo, ella se cubrió con el escudo. Una serie de flechas se impactaron en este, una tras otra. «¡Que suerte que sé distinguir el ruido del arco y la flecha!».

De inmediato observó a otro con ropajes similares a los de su enemigo. Estaba como a tres metros de ella y la tenía en la mira, con el arco tenso. Sin embargo, parecía esperar una señal para continuar con los lanzamientos.

«¿Quiénes son estos sujetos? No se parecen a nada de lo que hemos enfrentado». No terminaba de asimilar la embestida cuando escuchó como la pared a sus espaldas se hacía pedazos. Al virar, comprobó pasmada que otro combatiente venía cayendo hacia ella con una gran maza de hierro con picos metálicos.

Antepuso el escudo para protegerse. Sirvió para su cometido, aun cuando se rompió en varios fragmentos. Tras el contacto, dio un salto hacia atrás esperando el siguiente ataque. Pero un grito hizo que se detuvieran ya que Genjuro apareció en el lugar. Dijo unas cuantas palabras en un extraño lenguaje y de inmediato, aquellos guardaron sus armas y se adentraron en la mansión rápidamente.

—Eso no fue muy inteligente de tu parte. Sólo por eso te mataré personalmente.

—Ya verás que no será tan fácil. —La pequeña, una vez salió de su asombro, tomó una postura defensiva.

—Dame un segundo… —sacó el reloj de bolsillo, le echó un vistazo, lo guardó en su pantalón y añadió :—ya podemos empezar.

«Debo hacer el mayor tiempo posible. Pronto regresará Ranma y así podremos vencerlo. Voy a tener que ser muy veloz y hacer que se desgaste». Se mantenía serena frente a él, mientras escuchaba destrozos por el resto de la casa, causados por los secuaces del invasor.

Al ver que no hacía nada por atacarlo, Jaan tomó la iniciativa. Haciendo gala de sus habilidades aplicó una seguidilla de movimientos marciales con pies y manos. Empero, ella parecía flotar en el aire ya que los eludía con singular destreza y velocidad.

El último golpe erró porque esta le interpuso el antebrazo contra el suyo. No podía moverlo y antes de que le atacara con el otro, ella deslizó la misma extremidad para abajo, dejando ir su cuerpo de manera lateral contra su abdomen.

—No eres tan bueno como me dijeron. —Esbozó una pícara sonrisa, ante la mirada atónita de su enemigo.

Visiblemente irritado, dobló un poco las rodillas, puso los brazos en forma de cruz y los abrió hacia adelante rápidamente. Una potente corriente de aire salió impulsada contra Hikaru, Aun así, con gran elasticidad evadió aquella técnica. Insistió múltiples veces, empero, el resultado fue el mismo. El truco siempre acababa destrozando las paredes, pero no le ocasionaba ni un rasguño.

Muy confiada por seguir indemne, avanzó contra él esquivando cada nueva ola de poder. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le dio una pequeña palmada en el plexo y se retiró de inmediato a una distancia prudente. Enseguida cerró la mano y una onda de energía emanó en el punto donde lo tocó. La explosión deshizo parte de su playera y le hizo caer de rodillas.

«¡Maldita mocosa! ¿Cómo pudo lastimarme? Jun tenía razón, los alumnos de Kenzo han progresado mucho. Será mejor tomarme esto más en serio.». Entonces se propuso no contenerse, puesto que corría el riesgo que el resto de los guardianes llegaran, poniéndolo en un predicamento. Al parecer, el plan de eliminarlos a todos juntos sonaba un tanto arriesgado, al menos hasta que tuviera los dones en su poder.

Desistió de más ataques a distancia y eligió llevar la lucha cuerpo a cuerpo. Se abalanzó sobre ella, consiguió acercarse lo suficiente e incluso logró apresarla por la espalda entre sus brazos. No obstante, esta levantó la pierna hacia atrás y le pegó en la frente de forma contundente. Se libró del agarre, lo apresó de un brazo y lo lanzó por encima de su hombro.

El hombre pudo amortiguar la caída al dar una vuelta sobre el tatami y quedó de espaldas a su rival, que aprovechó la confusión para rematar la faena. Se le aproximó rápidamente, le tocó la espalda, se alejó en un instante y volvió a cerrar la mano. Una onda hizo explosión en él, igual que la anterior.

«¡Qué bien! Si sigo así podré lograrlo». Realmente estaba muy satisfecha por el devenir de la contienda. Dedujo que su oponente sabía poco acerca de la agilidad y del control de la energía que poseía. Seguramente se había dejado llevar por su apariencia tierna y juvenil.

Por otro lado, el invasor resoplaba con fuerza y furor. No daba crédito que aquella chica le estuviera complicando la vida. Así que, harto de todas esas dificultades, cedió el control a la parte maligna que habitaba dentro de él. La rabia se apoderó de sí, sus ojos produjeron un fulgor tenebroso y de inmediato, se lanzó hacia ella con más ímpetu y violencia.

Ella esquivó las potentes acometidas, aunque esta vez con mayores problemas. Quiso aplicarle su técnica especial, pero desgraciadamente la sujetó de la muñeca antes de que la completara. De pronto, las fuerzas comenzaron a abandonarle el cuerpo a un ritmo acelerado. A pesar de que le dio varios golpes, este no la soltaba.

Con violencia la lanzó por los aires, no obstante, debido a su gran elasticidad consiguió salir avante. Sin embargo, ahora lucía fatigada pues respiraba con dificultad y no podía sostenerse de pie. «No puedo moverme, ni siquiera puedo respirar bien. ¿Qué me está pasando?».

En cambio, Jaan retomó su pose de los brazos cruzados, generó de nuevo aquella poderosa ventisca y por primera vez logró acertar en el blanco. Aquel poder asestó de lleno en el cuerpo de la guardiana, con una fuerza bestial. La pobre traspasó la pared y cayó en el jardín de la casa, muy cerca del estanque.

Asustada, agotada y muy herida comenzó a arrastrase en un vano intento por solicitar auxilio. Lamentablemente, Genjuro le dio alcance sin esforzarse demasiado.

—Vas a conocer la "Ira de Temujin".—Le susurró al oído después de levantarla por el cuello hasta la altura de sus ojos. Aquella técnica era la misma que había usado contra Ranma en su primer enfrentamiento.

Un fuerte viento en forma de torbellino la envolvió por varios segundos, pese a que para ella fue una eternidad. Arañó el brazo que la aprisionaba con toda la fuerza que le quedaba, en un desesperado intento por ponerse a salvo. No obstante, sintió como si decenas de cuchillos le cortaran cada poro de la piel. En un acto reflejo, cerró sus ojos para no lastimárselos.

Cuando la técnica finalizó, estaba completamente vulnerable y maltrecha. Jaan aprovechó esa ventaja para, todavía sujetándola del cuello, azotarla brutalmente de espaldas contra el suelo rocoso, mientras emitía un grito agudo para marcar su ataque.

Volvió a levantarla y ahora le dio de lleno con la rodilla en el abdomen. Ella expulsó una cantidad considerable de sangre por la boca al recibir el golpe. Desgraciadamente, su calvario apenas iniciaba. Prosiguió con el mismo castigo repetidamente, con la mayor saña posible. La joven emitía lamentos estremecedores, no obstante, conforme pasaba el tiempo, estos eran cada vez menos audibles. Incluso algunas lágrimas se deslizaron por sus lastimadas mejillas.

El hombre se detuvo y la arrastró del cabello hasta el interior de la casa, donde la dejó caer boca abajo sobre el tatami. La miraba con desdén pues consideraba indigno que esa pequeña chica lo llevara a emplearse más a fondo en la batalla.

De pie junto a ella, decidió seguir con el escarmiento. Extendió los brazos hasta quedar justo a la altura de la espalda de su víctima. Después unió los dedos de una mano con los de la otra, tocando las puntas y dejando un hueco en medio; como si fuera una letra "v" en forma horizontal.

Cerró los ojos para concentrar su energía, emitió una exclamación e intempestivamente liberó todo el poder. Una intensa y continua ráfaga de viento brotó de las manos hacia el cuerpo de la chica, machacándole cada músculo. Profirió gritos desgarradores ante aquel martirio, que provenían desde lo más hondo de su alma.

El ataque cesó, más no así sus lamentos. En tanto, su verdugo volvió a mirar el reloj que llevaba entre sus ropas. Sonrió complaciente ya que había terminado la contienda en un tiempo razonable.

—Hubiera sido preferible que mis soldados te mataran. Ellos lo hubieran hecho rápido. Pero querías jugar a ser la heroína —declaró con sarcasmo mientras le presionaba la cabeza con el pie.

De repente, fue interrumpido por la llegada de sus adeptos. Tenían en su poder los tres contenedores de los mapas y dos llaves, que Kenzo había recuperado y guardado celosamente.

—Creo que ya gané. ¿Si sabes que yo tengo la llave restante? —Expresó con cierta mofa mientras le mostraba uno de los contenedores a la distancia.

Después volvió la atención hacia sus guerreros para ordenarles que abandonaran la casa con el botín. Enseguida se acercó a la entrada y contempló el firmamento mientras pensaba: «Por fin lo hice… después de tantos siglos».

—Eres afortunada porque no tendrás que ver morir a tus compañeros. —Declaró con sobriedad y salió al jardín.

«Lo siento, maestro, no pude hacerlo bien. Masumi, Tatsuo, Ranma… los quiero mucho. Gracias por ser mi familia». Aquellos fueron los últimos pensamientos de Hikaru. Fue absorbida por un descomunal tornado que apareció dentro de la residencia, devastando todo el complejo.

Aquel estruendo hizo creer a varios que se trataba de un sismo o una explosión. Sin embargo, la gigantesca columna de viento que se observaba en medio del bosque demostraba otra cosa. En esos instantes, Genjuro miraba satisfecho el fenómeno desde un helicóptero, a pocos kilómetros de distancia. Esta batalla era suya. Y quizás también la guerra que por siglos su linaje había librado contra los Guardianes del Sol.

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Continuará

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Notas adicionales

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En el manga hay un episodio entre Ranma y Akane donde acuden al festival del Tanabata. Decidí incluir parcialmente la mención por la fecha y para efectos de la historia. No consideré ahondar mucho en eso, por lo que, si no han leído dicho arco o quieren volver a hacerlo, lo encontrarán en el tomo 35.

Las técnicas de adivinación pudieran no estar apegadas con exactitud a la realidad. El personaje de Miyo sólo aparece en la versión animada. Ya que los problemas de Akane surgieron por cuestiones mágicas, creí prudente que parte de la solución estuviese ligada a lo esotérico, como la eterna batalla entre magia negra contra magia blanca.

Las armaduras mencionadas en el relato datan de los siglos XIII y XV. Para esa región, diversos países compartían características similares como la forma o las protecciones; solo se diferenciaban por el tipo de arma y las tácticas de guerra. Agrego este dato por si desean investigar o ver imágenes para complementar la lectura.

Sobre el entrenamiento describí mayormente el camino que los resultados, pues en esta parte era más convincente. Respecto a las batallas, espero que no haya sido difícil de leer. Me resulta bastante laborioso narrar una pelea, pero lo creí conveniente en el capítulo. Disculpen si no llega a ser tan dinámica como debiese, aún sigo investigando la mejor manera de redactarlas.

Respecto al texto, esta ocasión quedó bastante extenso debido a que no quiero hacer muchos capítulos para el cierre. Se viene el último tramo y me es más sencillo agrupar y revisar textos extensos que pequeños relatos. Para bien o para mal, no tengo ayuda para redactar o revisar, por lo que se convierte en un proceso largo y complejo.

Además, sin darles mayores detalles, vienen episodios muy difíciles de escribir para mí, por los rumbos que tomará la historia. Así que probablemente tardaré un tiempo considerable para actualizar (como el que me ha estado tomando). Aunque no me vean activo, si estoy trabajando en el fic. No se preocupen, si llego a pausarlo se los avisaré dentro del sitio.

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Gracias por sus reseñas, lecturas y recomendaciones.