Simbología
—Abcdef || Diálogo de los personajes
»Abcdef || Continuación del diálogo
«Abcdef» || Pensamiento de los personajes
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Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la mente de Rumiko Takahashi
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Nota: Me tomé algunas libertades en el ámbito histórico, geográfico y social para mayor fluidez y comprensión en la historia. La época en que se desarrolla a mediados de los 90's
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Resumen del capítulo anterior:
Akane logra recordar, de manera fortuita, los eventos que transcurrieron cuando finalizó su relación con su prometido. También consigue averiguar un poco más sobre los eventos pasados, presentes y futuros mediante una sesión esotérica con una especialista en el tema. Por otro lado, Ranma y Masumi regresan a Japón tras finalizar el arduo entrenamiento en China. Finalmente, Genjuro y sus fuerzas atacan la mansión en un momento de vulnerabilidad, donde masacran a la pequeña Hikaru.
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Capítulo 26. El destino tal vez pueda darte consuelo
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18 de julio | Wakayama (JPN) | Tarde
La zona donde Ranma estuvo aquella tarde era un concurrido punto comercial. Por eso le fue sencillo conseguir lo que Hikaru requería para terminar el postre que preparaba. Mientras abandonaba aquel lugar veía las vitrinas de las tiendas a su paso. De pronto, un objeto tras una de estas le llamó poderosamente la atención.
En el aparador de una joyería se exhibía una bella pulsera hecha de cuentas rosadas y con un broche esférico de plata. Este murmuró "¡Vaya, que linda es!" cuando la miró más de cerca. Como tenía un precio accesible, entró a pedir más información. Una mujer de edad avanzada le recibió gustosa tras el mostrador.
—Quisiera ver la pulsera rosa que tiene en el aparador —preguntó un poco apenado, como si temiera que algún conocido lo viese.
La dama aceptó con agrado y enseguida fue por el adorno. Al volver con la joya, la sostuvo entre sus manos frente a él y comenzó a ensalzar sus características. También puntualizó que tenía un descuento sobre el precio de lista.
En tanto, el guardián aprovechó el discurso de venta para decidirse. «Quiero darle algo a Masumi por todo lo que ha hecho por mí… aunque no sé si esto le guste. ¡Bah! A casi todas las chicas les encantan este tipo de cosas. Podría regresar otro día por ella, pero puede que ya la hayan vendido. Mejor la compro ahora, después veré cuando dársela». "Me la llevo", afirmó sin dudar tras su reflexión.
—¡Será un excelente regalo para tu novia! —declaró la vendedora, feliz por la transacción.
—Más bien, es para una amiga. —El rubor delató su nerviosismo por aquella suposición.
Finiquitada la compra, la mujer le entregó el artículo dentro de una pequeña caja morada de cartón. Estaba adornada con un listón plateado que la cruzaba por ambos ejes. También tenía un llamativo moño en la parte superior izquierda.
Al abandonar la tienda, el joven tomó un taxi para volver a casa. Durante el trayecto fue meditando sobre su actual situación. Tras un inicio dubitativo, ya se sentía completamente integrado al grupo. Además, se hallaba feliz de poder continuar practicando las artes marciales con ellos.
Por último, percibía que las profundas heridas de su corazón habían sanado casi por completo. No quería decir que había olvidado a su ex prometida; más bien, los sentimientos que le afligían por la dolorosa ruptura le afectaban en menor medida.
De repente, el automóvil disminuyó la velocidad, sacando al chico de su concentración. «Parece que hubo un accidente más adelante», mencionó el conductor después de encender la radio. Inesperadamente, un camión de bomberos y una ambulancia los rebasaron por el carril de sentido contrario.
Tras varios minutos de avanzar con lentitud, el taxi por fin arribó a su destino. Regularmente en aquel lugar había gran bullicio turístico, sin embargo, en ese momento una tensa calma dominaba el ambiente. Además, el sendero que llevaba a la mansión era transitado por muchos policías. Curioso, le preguntó al primer oficial que encontró sobre lo que pasaba.
—Al parecer hubo una explosión de gas en una vivienda cercana —respondió adusto sin darle más información.
Muy angustiado, corrió desesperadamente en dirección al inmueble. Cuando llegó a la mansión quedó petrificado ante las ruinas de lo que había sido su hogar. Una cinta amarilla rodeaba los restos de la casa, al menos veinte policías custodiaban el perímetro y el escuadrón de bomberos inspeccionaba el interior.
—¡Espera, no puedes pasar! —Le ordenó un oficial al impedirle el acceso a la vivienda.
—¡Usted no entiende! ¡Yo vivo aquí! —farfulló impaciente.
—Nadie puede entrar porque aún hay riesgo de derrumbe.
—¡Pero mi amiga estaba ahí dentro! ¡Necesito ir a buscarla!
—Tranquilízate, muchacho. Mira, hace poco encontraron a una chica bajo los escombros y se la llevaron al hospital central. Quizás sea ella a quien buscas.
En cuanto escuchó aquellas palabras corrió a toda prisa para conseguir un taxi. Mientras cruzaba el sendero, esquivando a la muchedumbre, su espíritu imploraba al cielo que la chica siguiera con vida.
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18 de julio | Nerima (JPN) | Ocaso
La menor de las Tendo aún tenía el hábito de redactar diariamente todas sus vivencias. Semanas atrás la mayor parte de estas versaban sobre Saotome, pero con el tiempo otros temas, como la escuela y los amigos, prevalecieron. No obstante, aquel día volvió a escribir acerca del joven, gracias a las predicciones de la abuela de Miyo.
«Si hubiera sabido antes lo que esa mujer me dijo hoy, ya habría salido rápidamente a buscarlo de nuevo, pero ahora no quiero. Todavía me sigue importando… es solo que ya no siento las mismas ganas de verlo. Además, prometí que todo esto quedaría en el pasado después del torneo».
«Supongo que es mejor dejar que las cosas sigan su curso. Si el destino quiere que nos encontremos tarde o temprano, está bien. Y si no es así, ni modo. He superado tantas cosas difíciles sin él, que siento que cada día me hace menos falta».
Tras reflexionar por varios minutos, Akane cerró el cuaderno y lo colocó en un cajón del armario. A continuación se acercó a su ventana, aquella por donde él siempre se aparecía, y acarició sutilmente el marco. La añoranza por su antiguo compromiso le invadió el alma mientras contemplaba el ocaso veraniego.
Después caminó hacia el librero de la recámara, donde tomó una revista de cocina que meses atrás le obsequió Ranma. Buscó entre las páginas la receta de su postre favorito pues quería hornearlo al siguiente día. Solo que esta vez no lo prepararía para alguien en especial. Sería solo para ella, como una forma de darse ánimos ante la nostalgia.
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18 de julio | Wakayama (JPN) | Noche
La sala de espera en el área de terapia intensiva lucía desoladora. Ocasionalmente crecía la tensión cuando las puertas de aquella sección del hospital se abrían. Pero todo volvía a la calma si quién aparecía no llevaba noticias sobre algún paciente. En ese triste lugar todos los guardianes esperaban información acerca de Hikaru.
Tatsuo no despegaba la vista de la entrada, como si su vida dependiera de ello. Visiblemente angustiado, apretaba los boletos del concierto al que hubiese ido esa noche con la joven. Pese a haberlos cuidado con esmero, ahora estos eran el objeto de su frustración.
Kenzo, de brazos cruzados, ocupaba un lugar en la última fila de bancas. Se le veía preocupado por la salud de la chica, pero también le inquietaba el origen de aquella desgracia. Presentía que, más que un accidente, todo eso había sido algo provocado.
Masumi, cabizbaja y con las manos entrelazadas, se encontraba a un lado del maestro. Desde que conoció a la pequeña Hikaru esta se había convertido en su mejor amiga y confidente. Por esa razón llevaba horas sufriendo en silencio, conteniendo unas inmensas ganas de llorar.
Ranma se sentía bastante culpable por haberla dejado sola en la mansión. Estaba de pie junto a una máquina expendedora y aún llevaba la bolsa con el encargo de su amiga. También le asustaba creer que la tragedia siempre rondaba a sus seres queridos. «¿Será que atraigo la mala suerte para los demás?» meditaba muy consternado.
De pronto, un médico se presentó en la sala preguntando por los familiares de la paciente Konoye. Los guardianes lo abordaron de inmediato y lo atosigaron con varias preguntas sobre su colega. Empero, el maestro pidió paciencia para que el doctor pudiera hablar.
—Miren, el estado de la joven es delicado. Tuvimos que someterla a una cirugía ya que presentaba una perforación en el hígado. Por ahora está sedada y estable, pero aún está muy grave.
»El accidente le ocasionó daños en un pulmón, una laceración en la columna, fracturas en clavícula y en el esternón, además de varias fisuras en las costillas. De milagro llegó viva.
—Pero ¿se salvará? —dijo en tono suplicante Tatsuo.
—Estamos haciendo todo lo posible, pero en este momento sólo queda esperar su evolución.
Kenzo se alejó en compañía del doctor para firmar algunos papeles, ya que era tutor legal de la paciente. En tanto, aquel informe dejó demasiado agobiados a sus amigos.
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21 de julio | Nerima (JPN) | Ocaso
Los rugientes truenos que se oían en el cielo encapotado presagiaban una tormenta en la ciudad. Por ese motivo muchos transeúntes se desplazaban con rapidez por las calles. Otros esperaban en una parada de autobús y unos cuantos intentaban afanosamente conseguir un taxi.
Akane caminaba bastante preocupada bajo esas condiciones. Aquella tarde fue a comprar un libro y, para su desgracia, el clima empeoró rápidamente. El viento arreciaba, los rayos caían cada vez más cerca y el inconfundible aroma a lluvia permeaba la zona.
Una luz roja ocasionó que un nutrido grupo de peatones se detuviera en un cruce. Dentro de esa pequeña multitud, la joven Tendo esperaba su turno de avanzar. De pronto, mientras veía a su alrededor, un muchacho con gafas le llamó poderosamente la atención. Era el eterno pretendiente de Shampoo.
La joven estaba por hablarle cuando apareció la señal para avanzar. Al instante todos cruzaron velozmente la calle, incluido el muchacho. Ella aceleró el paso hasta alcanzarlo y, sin dejar de caminar, lo saludó cordialmente. En ese momento la tormenta tomó forma, por lo que ambos buscaron un sitio para resguardarse. Por suerte encontraron rápidamente una cafetería donde pasar el temporal.
—¿No tendrás problemas por tardar en volver a tu trabajo? —dijo Akane al acomodar su paraguas en el respaldo de la silla.
—No lo creo porque cuando llueve el servicio a domicilio queda suspendido.
—Es que antes de hablarte te vi algo preocupado.
—La verdad es que tenía miedo de transformarme con esta cosa en la espalda. Ya la perdí una vez y la abuela me la descontó de mi sueldo —explicó señalando su valija metálica.
Los dos siguieron la conversación sobre algunas trivialidades en forma amena. Transcurridos unos minutos la charla se decantó hacia temas más serios. Por ende, ella se animó a contarle acerca de las predicciones que escuchó días atrás.
—Muchas veces la gente se deja influir por esas predicciones y de forma inconsciente termina haciendo que se cumplan. —Mousse expresó esa idea con serenidad.
—Lo sé. Y aunque si me preocupé al principio, la verdad es que he decidido no tomármelo tan en serio.
—Creo que haces bien. Es cierto que hay cosas en nuestro futuro ya destinadas, pero a veces es mejor no saber lo que el destino nos tiene preparados.
—Pienso lo mismo. Esa es una de las razones por las que ya no quiero agobiarme por eso. Pero también lo hago porque siento que ya es tiempo de pensar solo en mí y en mi futuro.
—¿Eso significa que ya no lo quieres? —Le preguntó después de una incómoda pausa.
—Yo… todavía siento algo por él… pero he decidido dejarlo atrás.
»Hay tantos misterios detrás de su partida que no puedo explicar por más que lo he intentado. Y tal vez ya no sea tiempo de seguir buscando respuestas.
»Revivir de golpe mis recuerdos y escuchar esos presagios me han quitado un peso de encima. Presiento que, si vuelvo a sumergirme en las dudas sobre lo que le ha pasado, voy a recaer.
—Hay mucha verdad en lo que dices. Aunque no soy el indicado para decirte cuando desapegarte de una persona, creo que tienes un punto válido. Si sientes que para avanzar debes dejarlo atrás, entonces es lo mejor que puedes hacer. —El chubasco ya se había degradado a una moderada llovizna.
—Gracias por escucharme, necesitaba contarle esto a alguien. Te agradecería mucho que fuera nuestro secreto.
—De eso no tienes que preocuparte, mi boca será una tumba.
—Bueno, ya basta de hablar de mí. ¿Y a ti como te ha ido? —Ella esbozó una gran sonrisa tras estas palabras.
—A mí me está yendo bien, pero la vieja… digo, la abuela y Shampoo no pueden decir lo mismo. —A continuación limpió los anteojos con su ropa.
—Ah, ¿sí? ¿Y eso por qué?
—Por lo que pasó en el torneo. Eso les trajo peores consecuencias de las que pudieron imaginar.
»Verás, la derrota llegó a oídos de las principales matriarcas de la aldea y eso fue la gota que derramó el vaso. Están muy molestas porque Shampoo no ha podido casarse, porque lleva mucho tiempo fuera de casa y por haber perdido contra una extranjera.
»La última vez que hablamos te dije que ella había estado entrenando en China. Y es porque tiene una importante prueba. No sé bien que es, pero lo que sí sé es que de eso dependerá su rol como amazona.
—Vaya, ¡qué difícil es que otros quieran controlar tu destino!
—Es cierto, pero así han sido nuestras costumbres por mucho tiempo. Y aún hay más: si se enteran de que Saotome ha desaparecido de su vida, corre el riesgo de que su compromiso quede cancelado.
—¿En serio?
—Así es. Las mujeres de la tribu gustan de casarse con hombres fuertes y valientes. Si un hombre comprometido huye de su pareja es considerado un cobarde y por tanto, no es digno de ser el esposo de una amazona.
»Para serte sincero creo que eso pasará tarde o temprano. No veo que encuentre pronto a Saotome y aunque así lo hiciera, dudo mucho que quiera estar con ella.
—Sabes, pienso que lo importante es lo que decidamos hacer cada uno con nuestras vidas. Si Ranma ya encontró su camino, ¿no crees que todos merecemos elegir el nuestro?
Él se quedó bastante pensativo por esas palabras. Con esta declaración la joven mostraba madurez ante la adversidad. Pese a que se notaba melancolía en su voz, también había un esperanzador brillo en sus ojos marrones.
La conversación siguió en otros tenores por unos minutos más. Ellos abandonaron el local cuando la lluvia cesó por completo y, antes de despedirse, prometieron seguir en contacto.
Mientras volvía a su hogar, la menor de las Tendo no dejaba de pensar en una idea que concibió días atrás. Algo que le costó aceptar en un principio y que esperaba pronto sus seres queridos asimilaran. "La etapa de la pareja más famosa de Nerima había terminado. Ahora solo sería el tiempo de Akane, la futura heredera del dojo familiar".
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22 de julio | Wakayama (JPN) | Mediodía
Esa mañana Kusonoki recibió una llamada de su contacto en la agencia de seguridad. A petición del guardián, este se había incorporado a la investigación del accidente. Los recientes peligros que enfrentaba el grupo le orillaron a solicitar su apoyo.
"Es prematuro que lo diga, pero creo que hay ciertos indicios de que no fue un accidente", mencionó aquel funcionario sin más detalles. Esto dejó al maestro un tanto intranquilo. Por ese motivo le solicitó, como un favor, que enviara algunos elementos a vigilar el nosocomio. Agregó también que haría una visita exprés a la casa, cerca del mediodía, para verificar personalmente el estado de los mapas sagrados.
Kenzo constató, en cuanto llegó al sitio, los terribles estragos en la vivienda. Una cinta amarilla delimitaba las ruinas e impedía el acceso a los civiles. Dentro del jardín estaban desperdigadas muchas cosas, como prendas, zapatos, trastes y demás enseres. Únicamente dos habitaciones se mantenían en pie; del resto solo había montones de escombros apilados.
De pronto escuchó que alguien le llamaba por su nombre. Se trataba del individuo con el que había conversado horas atrás.
—¿Cómo está la chica? —preguntó el hombre después de saludarse mutuamente con una reverencia.
—Está estable aunque inconsciente y muy delicada.
—Lamento escuchar eso. Espero que se recupere pronto.
—Y bien, ¿hay novedades sobre la investigación?
—Tengo algo que quiero que vea. Acompáñeme, por favor. —Acto seguido, extendió su mano en la dirección que seguirían.
Ambos emprendieron la marcha por un improvisado sendero en medio de las ruinas. El agente reveló que el peritaje tardaría varias semanas, pero añadió que ya tenía una hipótesis. "Parece que, por la distribución de los restos y la destrucción provocada, lo que pasó fue obra de un ciclón o un tornado", declaró con algo de escepticismo. No hubo más explicaciones porque se detuvieron ante un objeto que aquel individuo quería mostrarle.
Una enorme caja de seguridad abierta yacía en el suelo, con un gran corte transversal a la altura del cerrojo.
—Debería estar intacta o al menos con pocos raspones. Este corte no es sencillo de realizar y mucho menos pudo ser ocasionado por una explosión. —El agente deslizaba en ese momento sus dedos a través del tajo hecho en el metal.
Mientras tanto, el maestro miraba el interior del arca, que estaba completamente vacía
—Sabe, hay algunos testigos que afirman haber visto un torbellino por aquí. No se lo había comentado porque pensé que eran mentiras de la gente, pero hay evidencias que lo sustentan. Sin embargo, eso no explica lo que le pasó a la caja fuerte
«Genjuro estuvo aquí, ya no me cabe la menor duda», concluyó Kusonoki tras analizar los hechos. Esa catástrofe había sido igual a la que, décadas atrás, acabó con la vida de su esposa e hija. Asimismo, las heridas de Hikaru parecían ser ocasionadas más por una batalla que por una explosión. Por último, los mapas y las llaves legendarios habían sido robados de aquella caja fuerte.
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23 de julio | Nerima (JPN) | Mañana
Akane llevaba casi una hora entrenando a solas en el dojo. Lucía agotada a causa de la extenuante práctica y por el bochornoso clima de esa mañana. A diferencia de unos meses atrás, ahora se le notaba más diestra, rápida y fuerte. Esto era consecuencia del entrenamiento para el torneo en el cual participó.
Después de una vistosa secuencia de ejercicios decidió poner fin a la práctica. Caminó hacia el extremo del recinto, donde cogió una pequeña toalla y una botella de plástico. Se limpió el sudor de la frente, tomó un gran sorbo de agua, se acomodó su alborotado cabello azul y se ciñó el cinturón de tela.
Posteriormente observó con atención el lugar. Aquel espacio se encontraba en buenas condiciones, a pesar de haber sufrido muchos destrozos en el pasado. Estos se habían reducido desde que el dúo Saotome abandonó la vivienda. Asimismo, la familia se esmeraba mucho en su cuidado.
«Siento que el dojo está desaprovechado. Digo, me agrada entrenar aquí, pero debería haber más gente. Ojalá podamos volver a dar clases otra vez».
De pronto, Kasumi la apartó de aquellos pensamientos. "Hermana, papá dice que vayas con él cuando termines porque quiere hablar contigo". Ella agradeció el aviso y de inmediato fue a tomar un baño para después cambiarse de ropa.
Minutos después se presentó en la habitación donde aguardaba el señor Tendo, sentado frente a la mesa. Este poseía un semblante de felicidad que le era difícil de ocultar. Además, estaba acompañado por una mujer que vestía un elegante conjunto sastre en color negro. De finas facciones, con una esbelta figura y de cabello corto, lucía bastante atractiva.
—Hija, la señorita viene de parte de los hoteles Kuwajima. Tiene un importante asunto que tratar contigo —dijo el patriarca mientras le hacía un gesto para que tomara siento.
—Hola, buenas tardes. —La chica de cabello azul saludó cortésmente a la visitante.
—Buenas tardes, señorita Tendo. Es un placer conocerla. Me llamo Kanao Takada y estoy aquí para invitarla a ser expositora en una clínica de artes marciales.
—¿Una clínica? —preguntó dubitativa.
—Si, es como una especie de breve exhibición. Verá, como ya le expliqué a su padre, nuestro consorcio realiza este tipo de eventos como un servicio adicional a nuestros huéspedes.
»Cada año invitamos a los mejores exponentes en sus disciplinas para realizar exhibiciones, sesiones de preguntas y respuestas, convivencias y demás.
»Sentimos que esto ayuda a las futuras promesas, da reconocimiento a los deportistas consolidados y promueve el deporte entre la sociedad. El señor Kuwajima es un gran admirador de las artes marciales; por eso lleva diez años haciendo estos eventos.
—¿Y eso que tiene que ver conmigo? Digo, podría en ese caso invitar a mi padre. Él es un gran maestro en la categoría del combate libre.
—Reconocemos el historial que tiene el señor Tendo, pero sólo la buscamos a usted. Esto se debe a su participación en el torneo del mes pasado.
»Después de ese evento hicimos una lista de posibles candidatos para ser incluidos en el programa. Lógicamente primero incluimos a los ganadores en cada rama; enseguida pusimos como reemplazos aquellos que tuvieron actuaciones sobresalientes. Usted quedó como posible sustituta de la vencedora en la rama femenil.
»Sin embargo, la ganadora canceló su participación debido a una lesión. Por esa razón el comité organizador ha decidido hacerle una invitación formal.
—Es que yo nunca he participado en algo como eso.
—No creo que sea algo de qué preocuparse. Considero que son más importantes sus habilidades que su experiencia en este tipo de eventos.
»Básicamente solo tendría que realizar demostraciones de sus técnicas y acudir a una sesión de preguntas. Además, yo le ayudaré en todo lo que no esté relacionado con las artes marciales.
—Pero… yo… no sé si sea capaz de hacer algo como eso.
—Hija, yo creo que si puedes. Has hecho cosas más complicadas —afirmó el hombre.
—Señorita Tendo, debo decirle que también fue seleccionada por el reconocimiento que ha conseguido. Durante la competencia hicimos un sondeo y usted resultó ser el segundo lugar en la preferencia del público.
Akane guardó silencio para considerar la propuesta. Llevaba mucho tiempo siendo relegada en el combate por Ranma y sus acosadoras. Pero ahora nuevamente estaba en los primeros planos gracias a su brillante exhibición en el torneo.
—Si me permiten, olvidé mencionarles que todo será de carácter legal. Habrá un contrato de por medio, con sus respectivos derechos, obligaciones y honorarios. —Ella abrió un folder en color amarillo que había en la mesa, mostrando hojas membretadas con el logo de la compañía.
»Queremos que nuestros asistentes tengan una grata experiencia. Y para eso necesitamos que los expositores estén lo más cómodos posibles. Por esa razón también tendrá los traslados de ida y vuelta, además de dos noches en una habitación familiar en el hotel donde será el evento.
La joven se mostraba serena aunque estaba muy emocionada. Tener el reconocimiento del público y recibir un pago por mostrar sus habilidades marciales le resultaba algo fabuloso. Aún así, el miedo a ser el centro de atención y la poca experiencia en tales menesteres seguían haciéndola dudar.
—No quisiera presionarlos para que se decidan, pero lamentablemente el evento será en menos de una semana. ¿Les parece si me llaman al final del día, en caso de que acepten? Este es mi número.
Aquella mujer les dejó su tarjeta de presentación y se despidió, no sin antes agradecer su hospitalidad. Ahora padre e hija se quedaban con la tarea de analizar la interesante propuesta.
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23 de julio | Wakayama (JPN) | Tarde
Al no poder regresar a la mansión, Ranma y Tatsuo reposaban en una sencilla habitación de un hotel cercano. Su maestro les pidió, horas antes, se adelantaran para que pudieran asearse y descansar un poco.
Eran casi las cuatro de la tarde cuando Masumi llegó al cuarto. Se notaba muy seria, aunque eso no le impidió preguntarles como estaban. De inmediato, ellos la atosigaron con preguntas sobre su compañera. Solo respondió que todo se mantenía sin novedad, lo que los dejó sumidos de nuevo en la angustia.
—También tengo algo más que decirles. —Hizo una larga pausa y después añadió—: Mi padre inspeccionó ayer la casa y tiene noticias importantes. Todo indica que no fue un accidente, más bien fue un atentado.
El video de un helipuerto cercano, en poder de las autoridades, mostraba al principal sospechoso. En la grabación aparecía el heredero Jaan arribando a la zona minutos antes de la catástrofe.
—¡Cómo que un atentado! —El chico de cabello marrón golpeó con fuerza la mesa.
—¿Quién pudo haber hecho tal cosa? —replicó el artista marcial.
—Me temo que fue Genjuro. Hay informes que muestran que llegó en un helicóptero a un lugar cerca de la mansión. Por la forma en que fue destruida la casa, parece que usó una de sus técnicas más poderosas. Y por último… los mapas y las llaves han desaparecido.
Un silencio sepulcral se hizo presente en el sitio. La joven Tōdō los miró con inquietud, pues no esperaba aquella reacción. Ahí estaba Saotome, recargado en una silla y con el rostro desencajado, en tanto que el otro chico, inmóvil, miraba hacia el suelo.
Pero en un suspiro, todo explotó. Tatsuo se incorporó furibundo y fue hacia su compañero. Lo tomó del cuello de la camisa con ambas manos para presionarlo violentamente contra la pared. De sus ojos brotaban lágrimas de rabia en tanto Saotome respiraba con suma dificultad.
—¡Todo es culpa tuya! ¡Tenías que estar con ella! ¡Debiste protegerla! —gritó bastante encolerizado.
Antes de que la joven pudiese intervenir, este aligeró el agarre solo para darle un fuerte puñetazo en el rostro. Ranma se desplomó estrepitosamente al suelo, rompiendo una mesa durante su caída.
—¡Es suficiente! No tenemos porque pelear entre nosotros. —Ella se interpuso entre ambos para detener la agresión.
—Si algo malo le pasa… ¡nunca te lo perdonaré! —sentenció el irritado joven al señalarlo con el dedo índice.
Enseguida abandonó intempestivamente el cuarto. Masumi le conminó a detenerse, pero este la ignoró por completo.
La chica entonces volcó su atención al lastimado guardián. "¿Estás bien?" le dijo al acercársele, pero él evitó responder. En cambio, se encerró en el baño y abrió el grifo para limpiar la sangre que tenía en la boca. «Si tan solo no la hubiera dejado sola», pensó muy afligido mientras se palpaba la herida.
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23 de julio | Nerima (JPN) | Ocaso
La joven Tendo veía con detenimiento la tarjeta de presentación que horas antes recibió. Sentada frente a su escritorio, analizaba los pros y contras de participar en el evento. «Una cosa es ir como público, pero ¿ser un exponente? De verdad tengo miedo a equivocarme. Tal vez podría hacerlo con un poco más de tiempo. Se hallaba en esa cavilación cuando recordó las predicciones de la anciana.
«Esa mujer dijo que veía buenas cosas para mi futuro. Aunque no crea mucho en eso, parece que las buenas oportunidades ya están llegando. Y sería muy tonto de mi parte dejarlas pasar».
Con renovados bríos, se levantó de la silla y se encaminó a la salida de la recámara. Al abrir la puerta se sorprendió de ver al señor Tendo, quién apenas estaba por llamar a la puerta.
—Papá, ¿qué haces aquí?
—Bueno, yo… sabes hija, ya casi anochece y me preguntaba si tu...
—Sé que ya es algo tarde, pero descuida, ya tomé una decisión. Ahora si me disculpas, debo hacer una llamada. —Con una gran sonrisa, se encaminó hacia el teléfono.
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23 de julio | Wakayama (JPN) | Noche
Los guardianes, tras regresar al hospital, sostuvieron una reunión a las afueras del lugar con su mentor. Este les corroboró que el heredero Jaan había sido el autor material del atentado. Aquellas palabras nuevamente incendiaron los ánimos del chico de cabello marrón, quien clamó ir en busca de revancha.
De manera categórica, el hombre anuló toda posibilidad de acción inmediata. "Ahora es más importante la salud de Hikaru. Si actuamos imprudentemente, todo su esfuerzo habrá sido en vano", explicó a sus alumnos. No obstante, evitó ahondar en el tema porque aún pensaba en una estrategia adecuada.
Una vez al interior del hospital, Kenzo y compañía permanecían callados, a la espera de nuevas noticias. De pronto, un médico apareció en la sala y preguntó por los familiares de la paciente Konoye. Inmediatamente los cuatro guardianes se le acercaron.
—Lamento informarles que la joven entró en coma hace unos minutos. Ahora solo nos queda esperar. Su condición sigue siendo grave y de pronóstico reservado.
Tatsuo se desplomó de rodillas sobre el frío piso del hospital, en completo estado de shock. Masumi se abrazó con fuerza al pecho de su padre, llorando de forma desconsolada. Empero, Saotome huyó con celeridad del lugar.
El joven corrió por el estacionamiento del nosocomio a gran velocidad. Carente de raciocinio, solo el deseo de venganza ocupaba su pensamiento. «¡Esto no se va a quedar así, malnacido!», pensaba furioso mientras el llanto le embargaba.
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24 de julio | Wakayama (JPN) | Mañana
Al empacar sus pertenencias, el joven Saotome trataba de no olvidar la palabra "Ginza". Conocía que en ese distrito residía su principal enemigo y quería buscarlo para cobrar la afrenta de haber herido a su colega.
Los reproches de Tatsuo, la condición de Hikaru y la negativa de Kenzo, le habían hecho perder los estribos. «Tengo que arreglar esto yo solo de una buena vez», pensaba al guardar un cepillo de dientes dentro de su mochila.
Kusonoki llegó justo en ese momento a la habitación. Como la televisión estaba encendida el muchacho no se percató de ello. El maestro había decidido tener una charla al mediodía entre ambos, para darle suficiente tiempo de procesar sus sentimientos. Pero esa mañana cambió de parecer por sugerencia de su hija.
Horas atrás, esta se encontró con Saotome a las afueras del hospital. De un modo bastante grosero, el chico despreció las palabras de apoyo que ella le dedicó. En cambio, no dudó en exclamar a los cuatro vientos sus vengativos planes. "Seguro piensas como Tatsuo, que todo fue mi culpa. Pero no te preocupes, voy a ir por Genjuro yo solo para arreglar esto". A continuación se retiró hacia el hotel, dejando a la joven muy consternada.
"Papá, irá solo contra él y parece que no hay nada que lo detenga. Tengo miedo de lo que pase si cumple su palabra. ¡Por favor, haz algo para que no se vaya!", le pidió casi en tono de súplica.
El viejo apagó el televisor y se paró junto a la cama, lo cual provocó que el chico saliera de inmediato. Cuando comprobó quien era, lo ignoró para continuar con sus actividades en el tocador.
—Me dijo Masumi que no la estás pasando bien —mencionó su mentor con voz suave y pausada.
—¿Se nota? —expresó con sarcasmo al salir del baño.
—Parece que tienes algo que decirme. ¿Por qué no lo haces en este momento?
—Será en otra ocasión, ahora tengo prisa. —Enseguida guardó su billetera en un bolsillo del pantalón, lo único que le faltaba para completar su indumentaria.
Caminó hacia la puerta y esquivó al maestro guardián, sin verlo a la cara. No obstante, este lo sujetó de un brazo y con gran fuerza lo lanzó hasta la cama, donde aterrizó ileso. "¿Cómo se atreve?" masculló en voz baja su alumno mientras se incorporaba muy enfadado.
—¡Saldré de este lugar así tenga que pelear con usted! —farfulló al encarar a su mentor.
—Veo que prefieres llegar a los puños antes de decirme como te sientes.
—No importa como me sienta. ¡Lo más importante es que ese infeliz no se salga con la suya! —exclamó iracundo, apretando los dientes.
—Claro que importa. Si tu alma está perturbada no te permitirá pensar con claridad. Y eso no te dejará en condiciones de enfrentarlo.
Ranma lo miró fijamente a los ojos pues quería que notara sus deseos de venganza. No estaba de humor para recibir lecciones de moral ni su lástima. Solo necesitaba que el hombre aceptara la cruda realidad: Genjuro tenía que ser detenido de inmediato y a toda costa.
—Ese estúpido casi la mata, nos robó todo lo que habíamos conseguido... ¡Y encima decide no hacer nada! Tal vez usted tenga miedo de enfrentarlo, pero yo no.
—Si no tienes miedo ¿entonces que es lo que sientes? —Kusonoki colocó los brazos detrás de su espalda.
—No pienso seguir con esta discusión. —De inmediato pasó junto al hombre, sin que este le impidiera avanzar.
—Percibo que no tienes miedo de Genjuro, pero veo que temes de ti mismo.
Su alumno apenas había tocado el pomo de la puerta, cuando sintió que lo sujetaban de los hombros. Iba a defenderse, pero desistió porque aquel toque fue suave y sin violencia.
—Tienes miedo de fallarle a tus seres queridos, muchacho. Sé cómo se siente eso, equivocarte y decepcionar a los que depositaron su confianza en ti. Incluso ponerlos en peligro por los errores que cometes.
»Pero eso es parte de la vida. Habrá veces en que será inevitable por más que lo intentes. El único camino que te quedará será enmendar tus fallas, aprender tu lección y seguir adelante. Eres joven y sé que es difícil asimilarlo, pero con el tiempo lo entenderás.
—Yo… no quería que esto pasara. ¡Todo es mi culpa! ¡Y lo peor es no se que hacer! —Con voz entrecortada, cerró los ojos para contener el llanto
—No todas las personas reaccionan de la misma manera en episodios como este. Algunos se quiebran y pueden decir cosas hirientes sin pensarlo. Otros pueden bloquearse o hasta niegan la realidad.
»Yo, por otra parte, soy de los que intentan ser lo más racional posible. Sin embargo, la angustia y el dolor me están matando. Sabes, ella es como mi hija; por eso me duele cada segundo que pasa verla así, aunque no lo demuestre.
»Pero la forma en la que lo estás manejando es la más peligrosa. Estás desesperado y veo que tienes miedo. Eso no te conducirá a buen puerto. Nunca, pero nunca caigas en la desesperación. Ese camino sólo te llevará a rendirte a tus instintos más oscuros.
El chico sentía que aquel hombre veía con claridad su alma. Temía lo que le pasara a la pequeña guardiana y se hallaba muy angustiado por toda la situación. Eso, aunado con la culpa, lo estaba llevando a tomar decisiones sin razonar.
Enfrentar solo a Genjuro, sin ayuda ni estrategia y en sus propios terrenos, eran decisiones viscerales. Por ende, aquellas palabras lo ubicaron de nuevo en la realidad. Sin embargo, ahora se sentía con mucha incertidumbre por no saber cómo actuar.
De pronto, el maestro retiró las manos del joven, para que este pudiese enjugar sus lágrimas. Tras un breve momento, hizo que girara para hablarle de frente.
—Una vez te dije que estuviste en nuestro radar por tus habilidades como guerrero desde hace mucho tiempo. Pero un detalle me convenció de que eras indicado para ser uno de los nuestros. —Tocó con el dedo índice el centro del pecho de Ranma mientras lo miraba a los ojos.
»Es tu espíritu, muchacho. Eso es lo que te hace especial más allá de tu fuerza, las técnicas que sabes, tu maldición o tu carácter. Tienes la esencia de un gran guerrero.
»Pero esta puede contaminarse con el dolor, el miedo, la desesperación o el odio. Nunca olvides eso.
—Lo tendré en cuenta, maestro —mencionó un poco cabizbajo, con el ánimo más estable.
—Ahora que sé que no harás locuras, tengo un encargo para ti. Quiero que vayas a comprar ropa especial para el clima frío porque la ocuparás para nuestro próximo viaje.
—Yo pensé que cuidaríamos de Hikaru hasta nuevo aviso —respondió un tanto confundido.
—Eso lo hará Tatsuo pues nosotros iremos por Genjuro, para recuperar lo que nos pertenece. Pero lo haremos juntos, como un equipo.
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25 de julio | Wakayama (JPN) | Tarde
Diversos matices naranjas en el cielo anunciaban la llegada del ocaso. Sin embargo, Kenzo le dio poca importancia pues se encontraba muy ocupado en sus actividades. Este realizaba la limpieza de una tumba familiar con mucho esmero. Cuidadosamente sumergía su cuchara alargada de madera en un balde con agua; después vertía el contenido encima de una gran lápida gris.
De pronto, una conocida presencia se acercó al sepulcro.
—Hace tiempo que no venía por aquí, ¿verdad? —dijo el visitante.
—¡Ah, señor Izawa! ¡Qué bueno que sí pudo acompañarme! —Colocó a un lado la cubeta y añadió—: Ya no recuerdo cuando fue la última vez que vine.
—¿Puedo ayudarle en algo? —Enseguida miró la maleza en derredor de la tumba.
—Claro que sí, la ayuda siempre será bienvenida.
Su invitado se arremangó las mangas de la camisa para facilitar la tarea. Después tomó una pequeña pala, se colocó en cuclillas y comenzó a quitar las crecidas hierbas desde la raíz. Justo en ese momento se animó a preguntarle sobre la joven Konoye.
—¿Cómo está la chica? ¿Hay alguna novedad?
—Por ahora está viva, eso es lo que cuenta.
—Es una joven fuerte y llena de vida. Espero que salga bien librada de esto.
—Yo también confío en que así sucederá. —Kusonoki contempló la tumba tras esa declaración por unos instantes, en silencio.
—Irá tras él, ¿cierto?
—Debemos pararlo antes de que deje más heridos y muertos a su paso. —El viejo acariciaba en ese momento los nombres grabados en la tumba.
»Tengo sentimientos encontrados por todo lo que ha pasado, pero debo actuar con sensatez. Nuestra próxima misión no puede esperar y por eso requiero de su ayuda.
»Primero, quiero que se haga cargo de Hikaru y Tatsuo durante mi ausencia. El chico está muy afectado emocionalmente, por eso creo conveniente que mejor se quede a cuidarla. Usted tendrá el poder de decisión y el dinero para lo que sea necesario.
»También quiero que esté al pendiente de una investigación que he puesto en marcha. He contratado a un detective privado para dar con el paradero de un antiguo objeto. Le he girado instrucciones precisas para que le haga llegar todos sus avances.
»Por último, requiero que usted sea quién active el protocolo "Crepúsculo", en caso de ser necesario.
Kenzo sacó de su bolsillo dos sobres en tamaño carta. Uno era de plástico transparente; el otro, de papel color amarillo, tenía un pequeño círculo rojo en la parte superior derecha. Ambos se los entregó al señor Izawa.
—La última vez que se activó fue hace más de veinte años. Además, ¿no debería usted hacerlo? —expresó un tanto desconcertado tras recibir aquellos papeles.
—No es estrictamente necesario. En casos excepcionales, cualquier persona a quién yo designe puede hacerlo.
En ese momento recordó aquel viaje que hizo junto con Hikaru semanas atrás. «Ya decía yo que enviar cosas a la casa de Saitama no era un buen presagio», pensó mientras guardaba los documentos en su saco.
Por otra parte, el guardián reunió todos los utensilios de limpieza. Después se apresuró a colocar flores e incienso sobre la lápida, en contenedores especiales.
—¿Le importaría acompañarme? —dijo el padre de Masumi, después de encender la resina aromática.
El hombre asintió con la cabeza por lo que ambos comenzaron una oración. Aquel mausoleo tenía un significado especial para el líder del grupo. En ese preciso lugar se encontraban los restos de su amada esposa e hija, quienes fueron asesinadas años atrás por la familia Jaan.
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26 de julio | Tokio (JPN) | Mañana
Ranma miró todo el tiempo por la ventanilla del avión durante el despegue. Aunque el ascenso fue suave, cuando el aparato giró para tomar la dirección correcta sintió un intenso vaivén en el estómago. Tras este incidente, la nave finalmente estabilizó su curso.
La señal del cinturón de seguridad en cada fila se apagó pasados diez minutos. Estaba por desabrochar el suyo cuando escuchó que la joven Tōdō ya lo había hecho. Observó de reojo que esta se dirigía hacia la parte trasera. «Tal vez aún siga molesta conmigo. Y con justa razón, me porté como un idiota». Aquel pensamiento evitó que le hablara por el momento; tan solo se limitó a verla alejarse por el pasillo.
De nuevo con la vista al frente, el joven estiró por completo los brazos al mismo tiempo que bostezaba. Este movimiento le provocó cierta incomodidad por la nueva ropa que llevaba. Esa mañana vestía una chaqueta negra de algodón, un poco afelpada, junto con unos pantalones azules. «¡Cómo extraño mi vieja camisa roja!», pensó quejumbroso para después reacomodarse las mangas.
Empero, ese tipo de prendas eran necesarias para su próximo destino. Inevitablemente recordó la reunión de la noche anterior, donde supo cuál sería la siguiente misión.
A diferencia de ocasiones anteriores, la joven Tōdō tomó asiento en el lado opuesto de la mesa, quedando enfrente de él. Ambos aguardaban silenciosos la llegada del líder en la cafetería del hospital, aunque ella había estado distante desde esa mañana.
El señor Kusonoki arribó puntual a la cita y tomó asiento en uno de los lados libres de la mesa. Había pocos comensales en el establecimiento puesto que eran cerca de las diez de la noche.
—Sé que todos estamos preocupados por la salud de Hikaru, pero todavía debemos cumplir con nuestra obligación como guardianes. Por ese motivo decidí que sólo ustedes dos serán parte de la siguiente misión. En cambio, Tatsuo y el señor Izawa se quedarán al pendiente de su compañera.
»Esta consistirá en detener a Genjuro, de ser posible, de una vez por todas. Como tiene los mapas y las llaves es urgente evitar que consiga los dones. Pero antes debo decirles un secreto relacionado con los mapas. Lo que voy a contarles sólo concierne al líder de los guardianes, aunque tengo permitido revelárselos, siempre y cuando enfrentemos una gran amenaza.
»Como sabrán, tenemos duplicados de los tres mapas en nuestro poder. Sin embargo, son inútiles para localizar con precisión los dones. Eso es porque hay una magia especial que poseen los originales.
»Ambas versiones muestran las indicaciones para llegar a un punto cercano al destino final. El resto de la ruta sólo aparecerá en el pergamino auténtico, cuando este sea puesto bajo la luz de la luna llena en su cénit.
»Hoy he podido confirmar, con ayuda del departamento de Seguridad Nacional, la localización de Genjuro. Está en un sitio de partida señalado en uno de los mapas. Como la luna llena inicia en pocas horas, aún no conoce el punto exacto donde se encuentra el don que marca ese pergamino. Eso nos da una oportunidad para alcanzarlo y detenerlo.
—¿Y dónde está exactamente? —preguntó la guardiana.
—Está en una ciudad peninsular de Rusia, al norte de Japón.
De vuelta en las alturas, el chico de Nerima se preguntaba si su nueva ropa lo protegería del clima continental. También estaba inquieto por un posible enfrentamiento en tierras desconocidas y, quizás, bajo condiciones demasiado adversas.
—¿No te gustó tu abrigo? —La joven de cabello castaño había retornado a su asiento.
—No, no es eso. Es que todavía no me acostumbro.
—Aunque sea verano, las noches en esa parte del mundo son muy frías. Créeme, agradecerás haberlo traído.
Hubo una pausa en la conversación porque Ranma quería encontrar las palabras correctas para disculparse.
—Sabes, yo… quiero pedirte perdón por lo que pasó en el hospital. Estaba molesto y no pensé lo que dije.
—Descuida, entiendo cómo te sientes. Han sido momentos difíciles para todos nosotros.
—Es sólo que… no puedo dejar de sentirme culpable por lo que pasó. —Recargó por completo su cuerpo en el respaldo y miró hacia arriba.
Aquella reflexión se vio interrumpida porque la azafata habló por el altavoz. De forma imperativa solicitó que todos tomaran asiento y se abrocharan el cinturón de seguridad. «Acabamos de ingresar a una zona de turbulencia», fue la explicación ante aquella petición.
El guardián apretó fuertemente el respaldo del asiento donde su mano reposaba. De pronto, la aeronave comenzó a sacudirse moderadamente. Eso le causó cierta ansiedad y fastidio, pero dichas sensaciones se desvanecieron de inmediato. El motivo: la joven había colocado sutilmente su mano sobre la suya.
En un acto impulsivo, él separó lentamente sus dedos, provocando que sus manos se entrelazaran con delicadeza. Apenado por el atrevimiento, cerró los ojos para tratar de regular el acelerado ritmo de su corazón. En cambio, ella miraba hacia el frente sin inmutarse, asida física y emocionalmente de aquel muchacho de Nerima.
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Continuará
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Notas adicionales
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Los términos médicos mencionados en el relato pueden tener ligeras inconsistencias ya que los agregué para darle un refuerzo al castigo que sufrió la guardiana. Supongo que es algo complicado que una persona sobreviva a un tornado así que tomé los daños que consideré adecuados para el escrito.
El señor Izawa es un personaje poco recurrente, pero que es un auxiliar para el equipo de los guardianes. Por si no lo recuerdan, él fue quien recogió a Masumi y Ranma la primera vez que llegó a la mansión.
El borrador original de este episodio resultó ser muy largo para hacerlo en un solo capítulo. Para mi mala suerte me di cuenta hasta terminarlo; por eso vino la tardanza en actualizar. Este quedó como una especie de introducción para lo que viene. Pero la ventaja que tengo es que el siguiente ya está terminado, sólo tengo pendiente hacerle algunas correcciones.
No ha sido mi intención tener semejante retraso, pero el ritmo de estos meses fue muy complicado. Por ahora revisaré lo que tengo para liberarlo a la brevedad. Espero que quede listo a finales de octubre :)
Como les mencioné en resúmenes anteriores quedan pocos arcos para finalizar la aventura que ha sido escribir este fic. Espero que no haya más contratiempos y pueda actualizar con mayor regularidad.
Agradezco nuevamente a todos y todas los que se han tomado el tiempo de leer, comentar, compartir y darme ánimos para seguir. Sépanse que leo cada uno de sus críticas, mensajes y demás. Más que cualquier cantidad de vistas o comentarios, lo que más me motiva es que por unos minutos puedan pasar un momento entretenido al leer este relato, en este complicado período que nos ha tocado vivir.
Los dejo por unos días, en lo que viene el siguiente episodio.
