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ACTO CINCO: LA ANTORCHA HUMANA

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DARIEN

¡¿Esta mujer intenta matarme?! - No podía pensar otra cosa en este momento más que en probar sus labios de manera salvaje y dejar más marcas más placenteras en ella, que la que se supone tiene en su espalda.

Si, es cierto, yo comencé con el jueguito del torso desnudo para usarlo a mi favor, pero en un solo movimiento sentí el jaque mate, la muy condenada no se anda con rodeos, y aunque jamás he conocido a alguien que vaya tan de frente como ella, este lado suyo me está volviendo loco, realmente mi fierecilla me trae de cabeza.

En dos grandes zancadas ya me encontraba frente a ella, admirando sus ojos (bueno, algo más que sus ojos, para que negarlo), pero es que mi fiera tiene la mejor delantera que he visto en mi vida, ¡Es imposible no mirarla!

Me acerco a sus labios de manera rápida, y la retengo entre mis brazos fuertemente ¡Ni loco se me escapa! Y veo como abre sus labios levemente, como una invitación silenciosa. ¡Señor, dame fuerza para ir más lento! En estos momentos mi cuerpo se siente en llamas y no precisamente por la rutina realizada, esta mujer me tiene como antorcha.

Siento el roce de sus labios, y no miento al decir que escucho el maldito coro de los ángeles, no creo que esté en el cielo, porque el calor que siento en este momento debería reflejar otro tipo de lugares, así como también las ideas para nada angelicales que se crean segundo a segundo en mi cabeza mientras el beso se intensifica.

SERENA

¡¿Dónde lo tenías escondido, Dios?! - pienso mientras mi ya para nada odiado payaso me besa como si no hubiera un mañana, siento como el calor invade mi centro de manera arrolladora, me arrincona contra la pared de su remolque y recuerdo el moretón en mi espalda, pero ni loca voy a quejarme, siento un mayor dolor en otros lados de mi cuerpo y exijo que sea mi payaso quien me ayude a calmarlos.

Siento su lucha interna entre si pone sus manos en mi cuerpo o no y decido ayudarlo. ¡Pobre! No sabe que está desatando a mi fiera interior; yo misma tomo una de sus manos y la deposito sin tapujos en uno de mis pechos, una clara invitación a que puede hacerme lo que quiera (Les dije que de tímida no tengo un pelo).

Gracias a todos los cielos no necesitó mayor invitación y comenzó con su recorrido moldeando cada parte de mi cuerpo, mi piel quema por donde pasa sus manos.

Poso mis manos en su increíble paquete (sus abdominales!) Tanto le gustó exhibirlos y ahora tengo la suerte de sentirlos entre mis dedos, comienzo a bajar mi mano peligrosamente por su estómago y lo siento gemir, ¡Ay payasito, las cosas que me provocas con esos ruiditos!

Sigo bajando, casi llegando a mi ansiada meta, cuando la puerta del remolque se abre de golpe, del puro susto me giré para que no viera mi delantera, (si, estoy orgullosa de ella, pero tampoco es para que me la vea medio mundo) y en el proceso me di de lleno con un estante ubicado en la pared, para mi mala suerte en el mismo moretón que ya tenía decorando mi espalda, definitivamente estos no han sido mis días de suerte.

Darien… Andrew quiere saber si quieres comer con ellos. - El desgraciado que nos interrumpió, al ver la escena, se giró inmediatamente deshaciéndose en disculpas.

¡Lo siento! No sabía que ya estabas comiendo. - Indicó ahogando una risita - Me voy ahora, perdón, perdón. - Y tan rápido como llegó se retiró del lugar.

Ambos nos miramos un par de segundos perplejos, vi en su mirada el deseo contenido, se muy bien que si me acerco a sus labios de nuevo no existirá quien nos pare, pero cuando estoy a punto de hacerlo, siento la punzada de dolor en la espalda,

¡Maldita sea! ¿No puedes quedarte tranquila? Si no me molestas ahora espaldita de mi alma, no me importaría pasar la siguiente semana en cama, pero no, la muy desgraciada tenía que revelarse y al parecer mi rostro reflejó mi sufrimiento interno, porque Darien pareció percatarse.

¿Te encuentras bien? - Me preguntó con un dejo de culpa. - Creo que lo único que provoco estos días son lesiones en tu espalda - Se disculpó.

Si supieras las cosas que me provocas - Pensé en mi fuero interno. - Y aunque hubiera querido retomar donde estábamos, mi espalda no me lo permitió, la magia del momento se fue a la misma mierda (matenme!)

DARIEN

Nunca había sentido la necesidad de matar a una persona con mis propias manos, pero Jedite se había ganado ese pensamiento al momento de abrir la puerta.

Miré a mi fierecilla con la esperanza de encontrar la pasión aún brillando en sus ojos, pero para mi desgracias solo me encontré con la expresión de dolor reflejado en ellos, para colmo de mi mala suerte se dio de lleno en la estantería cercana, hoy mismo desecho esa mierda a la basura.

¿Te encuentras bien? - Me atrevo a preguntar, rezando a todos los santos que podamos retomar lo que empezamos, pero se bien que la espalda la debe estar matando y aunque me siento como una antorcha humana, nunca pondré mis necesidades por encima de las suyas. Para mi paz mental me alejo un paso, con la respiración aún agitada, pero la preocupación en el rostro.

Ella hace un gesto para tranquilizarme, pero sé muy bien que le duele, lo noto en la mueca que realiza cuando se mueve. Nos vemos un par de segundos a los ojos y no podemos evitar comenzar a reír de manera descontrolada por lo que acaba de pasar ¿Cómo llegamos de la calentura a las risas? Solo ese pensamiento me hace reír un poco más.

Estoy bien. - Me comenta una vez que la risa remite. - pero muy a mi pesar no puedo continuar con la "conversación" que teníamos en mente. - Me señaló aún manteniendo su sonrisa, pero con gesto de disculpa.

Es una lástima, porque la conversación se estaba poniendo interesante - le comenté con sinceridad, mientras me alejaba otro paso. ¡Piensa con tu verdadera cabeza, hombre! Disimula tu decepción. - Permíteme cambiarme de ropa y te acompaño a casa, es lo menos que puedo hacer.

La ví abrir su boca para protestar, pero de pronto la cerró y solo asintió con la cabeza.

Me indicó que vivía cerca del lugar, así que comenzamos nuestro camino en una lenta caminata. No se quien caminaba peor, si ella por el dolor de espalda o yo por el dolor de huevos que me gané, pero íbamos centrados en un cómodo silencio.

Llegamos hasta su hogar, un bonito conjunto de apartamentos, efectivamente se encontraba cerca, por lo que la caminata fue más corta que nuestro breve momento de pasión.

Me despido algo cabizbajo (por lo menos la de arriba, la de abajo aún no quiere retroceder), tenía planeada todo una velada con mi rubia, pero mis planes se fueron al infinito y más allá.

Gracias por traerme, y por invitarme a la función de hoy.. - me señaló algo apenada.

Es lo menos que puedo hacer y perdona nuevamente, cada vez que te veo tu espalda sale perjudicada. - Señalo lo obvio.

Ella me dedica una sonrisa y siento que me quedo sin respiración nuevamente, ojalá siga viendo su rostro sonreír todos los días de mi vida. - ¿Puedo verte de nuevo? - Pregunto casi en un susurro, temeroso de la respuesta, ella amplía su sonrisa.

¿Debo temer por mi espalda? - Me pregunta mordaz - ¡Dios! Esta mujer cada vez me gusta más.

Puede que te quedes algo dolorida de la espalda, después de hacerte lo que tengo pensado. - pensé internamente mientras cruzaban por mi cabeza imágenes muy gráficas, no sabía el tipo de imaginación con la que contaba (esto no es beneficioso para mi líbido actual).

Te prometo que tu espalda estará bien cubierta.- Le señalé y creo que entendió la promesa en mis palabras, porque pude notar el pequeño sonrojo en sus mejillas.

SERENA

Solo escuchar esa declaración me mandó directo al borde, este payaso me tiene con la hormona revolucionada, estaba a punto de arrastrarlo como desesperada a mi apartamento, pero con la espalda como la sentía solo le habría dado lástima, y quería darle de todo, menos lástima.

Se acercó a mí para despedirse y me propinó un beso en la comisura de los labios en señal de despedida, ¡Claro que no! Que solo tengo lesionada la espalda y no la boca, así que como pude lo tome de su camiseta, y sin ningún tipo de vergüenza lo besé directamente en la boca.

Lo tomé por sorpresa, por supuesto, pero se repuso inmediatamente y violó mis labios de la misma forma en que lo hizo en su hogar, estaba casi olvidando mi espalda cuando me levantó sobre sí, cruzando uno de sus brazos por mi espalda, lo que me hizo alejarme abruptamente con expresión de dolor.

Lo siento. - Me indicó afligido, mientras me depositaba en el suelo, con la respiración aún agitada.

No es para tanto, seguro estaré mejor en la mañana. - Le indiqué restándole importancia, nunca había odiado mi espalda tanto como en este momento.

¿Me das tu número? - Me preguntó. - Será más fácil para planear nuestro próximo encuentro.

Le entregaría mis bragas a la brevedad si me lo pidiera, nada difícil era darle mi número, así que lo escribí en su teléfono, minutos después me encontraba en mi departamento con una tonta sonrisa en la cara, así soñadora como estaba me arrojé de espaldas a la cama, lo que me hizo saltar del dolor, he aprendido con los años a amar cada parte de mi cuerpo, pero en estos momentos mi espalda no está pasando el nivel de aceptación requerida.


Me estiro lentamente en cuanto suena la alarma de mi teléfono, indicando que es hora de comenzar a alistarme para mi trabajo y siento la tensión en la espalda. No duele tanto como ayer, pero de que duele, duele.

Evalúo mis posibilidades y decido que lo mejor es reportarme enferma y dedicarme a descansar, no aguantaría manejar un hora, ni menos estar en el escritorio todo el día.

Una vez hecho, dormí un par de horas más, cuando el sonido de whatsapp me despertó nuevamente.

Desconocido: Hola! ¿Cómo amaneció tu espalda? Espero que mejor que mi sentimiento de culpa (carita triste)

Soy Darien, a todo esto (emoticón guiño)

De golpe me senté en la cama, la emoción latente, no pensé que me escribiría tan rápido, no después de lo sucedido ayer.

Serena: Tengo dudas de cual es mi color natural ahora que el moretón se extendió (carita riendo), pero duele menos que ayer, así que vamos mejorando!

Darien: Que bueno saberlo, estaba bastante preocupado, sé lo que duele un buen golpe, así que temí que pudiera ser peor.

En notas más alegres, el que sabe también lo que es un buen golpe es Jedite (quien nos interrumpió ayer), no creo que deba entrar en detalles (carita muriendose de la risa)

Serena: Ahora tienes que contarme todos los detalles! jajaja

Darien: Solo te diré que no podrá sentarse por lo menos en una semana.

Serena: Merecido se lo tiene (cara de diablito) estábamos teniendo un monto "interesante"

Darien: ¿Interesante? No pude dormir en toda la noche pensando en ti.

Serena: (Carita sonrojada)

¡Ay Dios, este hombre me va a matar! Así estuvimos gran parte del día, mensajeandonos, hablando de nuestro día, y bueno… enviándonos indirectas también, lo bueno de este tipo de comunicación es que te permite ser mucho más desinhibida que frente a frente.

Darien: ¿Qué haces ahora, preciosa? Yo saliendo de la ducha, terminamos hace poco nuestro show.

Serena: ¡Envía foto! (emoticón carita babeando) - mensaje borrado.

Espero que haya sido un éxito como siempre, yo acá revisando en todos los rincones por algo que comer, no he salido hoy y me temo que no me he portado bien con las compras (carita sonriente con sudor)

escribiendo… escribiendo…

Pasaron los minutos y la respuesta nunca llegó, nada que hacer, me alcé de hombros mentalmente mientras continuaba mi búsqueda por alimento, no es que no hubiera nada en mi casa, pero tenía cero ánimos de cocinar, quería algo para poder servirme en el momento, pero ni un paquete de galletas encontré.

¡Pero para qué están las aplicaciones de delivery! - Pensé alegremente, mientras tomaba mi celular para realizar la búsqueda, cuando el sonido de la puerta me distrajo.

Al abrir la puerta, veo a mi guapo payaso con una pizza en una mano y una botella de vino en la otra. ¿no es un amor? Casi me encuentro babeando y estoy segura que no es producto del exquisito olor de la pizza.

Veo la comida, luego lo veo a él y decido qué quiero comer primero. La verdad no hubo mucho que pensar y tomándolo de su camiseta lo beso haciendo que ingrese al departamento, ¡La cena está servida!

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