Albus sonríe mientras escribe su nueva correspondencia a Gellert y hace helado de limón. Lo hace.
Está escribiendo a Gellert... ¡dijo que iba a trabajar!
¡No le regañen! ¡Una cosa llevó a la otra! De hecho le va a preguntar si sabe si se contagia ser hombre lobo por relaciones sexuales.
De esas... cosas.
¿Qué? ¡Es parte del trabajo! Y una cosa que él podría saber.
Claro, claro.
¡Sí! ¿Por qué no?
¡Pues!
¿Estás otra vez discutiendo con la gárgola, Minerva?
¡Noo!
Oh, debes estar dentro ya.
What? ¡No! What?
Pues supongo que sí llego y suspiró.
Pero... P-Pero...
Si quiere podemos empezar desde el baile que dio con la gárgola.
—Cielos... buenas tardes Profesora McDumbledore —la saluda la gárgola.
—Pro... ¿Qué? ¿Cómo me has llamado?
—Profesora McDumbledore, como me han indicado.
—¡No me llames así!
—Son órdenes. ¿Por qué no quiere que la llame así?
—¡Pues yo te ordeno que no lo hagas!
—Mmm... ¿A cambio de qué?
—¿Qué demonios puedes querer?
—Mejores prestaciones. Un día libre a la semana...
—¿Para qué?
—¡Eso que importa! Quizás solo una tarde libre al mes. Me han dicho qué hay una gárgola en el séptimo piso a la que debería conocer...
La cara de dafuq.
—Igualmente no me ha dicho la contraseña, Profesora McDumbledore.
—Porque no soy la profesora McDumbledore.
—A mí me dijo el director... Que había que llamarla así de ahora en adelante.
—No, no es adecuado.
—Bueno, mire, yo puedo llamarle McGonagall si quiere, cuando él no esté.
—¡No!
—No entiendo.
—No puedes llamarme McDumbledore.
—¿Por qué no discute con él ese asunto? Diga la contraseña y la dejaré entrar —propone.
—¡Porque eres tú quien me está llamando así!
—¡Porque él lo ha dicho! Si me pidiera que la llamara gallina loca tendría que hacerlo.
—¿Desde cuándo es todo el bloody mundo tan obediente?
—Desde que usted nos enseñó a serlo, Profesora.
—Esa es una mentira como una catedral, han pasado treinta años como para que empecéis justo ahora.
—Él es más convincente.
—Eso es completamente falso.
—A mí me ha convencido más rápido. Aunque tú eres más platicadora y solo por eso... —se mueve para que pase. Ella se sonroja.
—Aun así, ¡nada de McDumbledore!
—Suena bien, Profesora... —asegura la gárgola que sonreiría si pudiera.
—No, ¡no lo hace!
La gárgola se cierra a sus espaldas. Minerva toma aire profundamente, se arregla el pelo y sube la escalera.
Albus sonríe un poco cuando escucha que ha entrado, levantando la mirada y apresurándose a sellar el pergamino y colocárselo a Fawkes en la pierna, tan contento y lleno de vitalidad como puede estar después de escribir a Gellert.
Minerva toooooca la puerta igual.
—¡Pasa, Minerva! ¡Pasa! —se le ha olvidado ya el que estaba enfadada por el prostíbulo. Aunque se le había bajado ya ese asunto, pero igual ya ni se acuerda del tema.
Ah, no, ahora está asustada.
Tampoco está pensando en ello. Es decir Albus ahora que va de un lado a otro.
—Ten cuidado con unos cactus que he puesto cerca de la entrada...
—Profesor... —igual mete la cabeza.
Hay unos cactus. De hecho es lo que ve. No al... profesor. Minerva parpadea un poco e intenta apartar los cactus con un hechizo
Lo consigue, venga, solo son unos inofensivos cactus, porqué están ahí es la verdadera cuestión y misterio universal.
—Espera, mira que estaba terminando una carta que creo que... anda muchacho, aparece nada más y si intentan sacarte una pluma más tienes permiso de picarles —le asegura a Fawkes.
—Así va a seguir en sobrepeso.
—Eh, eh...que ya ha bajado un poco con el último viaje, ¡mírale! Aunque también se hace viejo. Como todos —sonríe y se gira hacia ella—. ¿Dónde estás?
Ella está recatadamente parada junto a los cactus, esperando. Hace un gesto con la mano para que se acerque.
—Estoy haciendo helado.
—¿Qué? —Dos pasitos.
—Helado. En ese cubo de ahí.
—¿Por qué?
—Hace calor. ¿No tienes calor? Me he encontrado la receta buscando otra cosa... —sonríe y la mira—. Poppy. ¿Cómo está?
—Un poco agobiada, le ha ido bien salir un rato.
—Ah, me alegra —se sienta en su lugar habitual en el escritorio, junta los dedos de las manos y la mira por encima de las gafas.
Juer, Albus...
Es el momento de la radiografía. Espera en esa posición a que respondas la pregunta que aún no ha hecho pero todos sabemos que quiere hacer.
Aja...
Sonríe un poco.
—Siéntate
Ahí va, él se recarga en el respaldo.
—Profesora Mc...—sonríe.
—He oído lo que dice la gárgola y es inaceptable —y además hoy me pone los pelos de punta por otro motivo.
—No me lo parece a mí —Albus se ríe.
—¡A mí sí!
—Porque es inaceptable que te llame así si vienes sola... parecías entretenida con ello en el hotel.
—Era un asunto de incognito Muggle.
Albus suspira y sonríe igual porque no parece ni siquiera sonrojadita por ello, que era su clara intención.
Hoy no. Es que le da miedo ser una Dumbledore de otro modo
—Le pediré que no lo haga más —propone haciendo un gesto con la mano.
Asiente conforme.
—Minerva...
—¿Sí?
—¿Quieres helado?
—Sí —suspira.
Albus le sonríe aunque le mira, escrutándola y a decir verdad la sonrisa no le llega del todo a los ojos.
—Veamos... espero no haber puesto sal en vez de azúcar... —se ríe suavemente.
—Lo dudo muchísimo.
—He puesto tus flores en tu cuarto —vale, tú sigue cambiando el tema conforme tú pensamiento.
—¿Qué flores? —¿puedes dejar de olvidar las malditas flores?
Albus sonríe y niega con la cabeza. Lo que ocurre es que genuinamente le agradas.
—Ah, las de... las flores. Gracias.
—Esas flores, sí... —cucharada de helado a la boca—. Veo que estoy mucho más preocupado yo por ellas de lo que estás tú.
—Han sido un error, esas flores.
—Han habido varios errores. ¿Está todo bien, Minerva?
—Sí... sí —le mira nerviosa, es que no le puede contar, maldita sea.
—Vamos a... quieres... —la mira.
—Estaba hablando con Poppy...
La mira notando que si qué pasa.
—¿Y qué dice?
—¿Tú conoces bien al marido de Batsheda?
—A su marido... sí. Les presenté yo —Las cejas de Albus.
—Archibald Babbling, ¿sabes si se llevan bien? ¿Siguen en una relación... apasionada?
—¿Apasionada?
—Ya sabes qué quiero decir. ¿Qué sabes de ellos?
—Me da más curiosidad saber por qué.
—Ya, pero soy yo quien te está preguntando a ti.
—Archibald trabajaba en la sinfónica como administrativo y acaba de jubilarse —sonríe.
—Aja...
—Es un buen hombre, amable. No sé su... No sé qué quieres saber exactamente. ¿Te interesa?
—Pues si se lleva bien aun con Batsheda o se ha apagado un poco la llama.
—Pues... a todas las parejas se les... ¿no?
—No lo sé —suspira.
—La gente no suele hablar mucho de eso, aunque suele comprarle algo de aniversario. Le encontré hace poco... no, quizás no tan poco...
—¿Aja?
—Unos diez años, comprando un regalo.
—¿Diez años? Bloody hell.
—¿Por qué me preguntas esto? Puedo... preguntarle aunque para ello voy a tener que contarle de nosotros —Albus se ríe.
—No le ha salido Barsheda en el sombrero.
—Ohhh ¿No? —sonríe medio malignamente.
—No. A ella le ha salido Hagrid.
—¡Hagrid! Mira que listo soy.
—No sabías qué le saldría —entrecierra un poco los ojos mirándole sin creerle.
—Pero sabía que le saldría una buena pareja.
Ojos en blanco de Minerva.
—Como yo te salí a ti.
—No tenías ni idea.
—¿¡De qué?!
—De quién les saldría.
—No en realidad... pero sabía yo que les saldría alguien útil.
Minerva suspira.
—Habría que ver, eso sí, qué pasa si ponemos a Archibald.
—Pues que le saldrá a alguien más, desde luego, ese no es el asunto. Creo que a Batsheda le preocupa, piensa que el sombrero es una tontería por eso.
Albus suspira.
—Le explicaré cómo funciona —propone.
—No sé si eso la va a ayudar.
—¿Qué sugieres?
—No lo sé, parece ser un problema, pero prefiero no meterme.
—¿Que no le salga su marido? Pues... ¡no necesariamente es un problema!
Solo es una cuestión de compatibilidad.
—¿Y si acaba creyendo que no son compatibles por eso?
—Llevan años casados ¿Cómo no van a ser compatibles?
—Pues el sombrero no lo opina.
—Quizás haya una pareja para ellos más compatible aún que entre sí, pero el afecto y el amor es también una elección.
—En fin... este asunto es un problema. Lo he dicho desde el principio.
—Vale, vale. Ya me lo has dicho —sonríe porque le riñe de todo—. Igualmente todo es en parte un problema. A mí me gusta que la gente abra su mente y vea qué hay más en el mundo que solo lo que ya conocen. Aun así, es bueno saber que esto no quiere decir nada, no es el fin de su matrimonio ni nada así, creo que... puedo explicarle eso.
—Seguramente eso la tranquilice —asiente—. Pero no le digas que yo te lo he contado, ¡solo falta eso!
—Vale, vale. ¿Eso es lo que te preocupa? ¿Bathsheda?
—¿Eh? Bueno, no... O sea, sí, solo es una de las cosas que hablamos.
—¿Te ha gustado el helado? —le sonríe. Le mira porque... se lo ha comido casi sin pensar.
—Sí, gracias —¡un británico que no miente con la comida! Albus tan contento con esa respuesta.
—¿Que más te ha dicho Poppy? No sé si a ti te ha venido bien, tienes una cara de...
—Ah, no... Es que salió a conversación mi madre.
—Oh, ¿tu madre? —se levanta —. ¿Qué pasa con ella?
—Nada, pero ya sabes que no tengo con ella la mejor de las relaciones... De todos modos pensamos que... Tú debes acordarte de ella siendo alumna.
—Nunca he pensado que te lleves con ella especialmente mal —sonríe haciéndole un gesto y tendiéndole la mano—. Claro que me acuerdo de ella.
Minerva le mira, nerviosa y no se levanta.
—De cuando estuvo embarazada, en su último año. No puedo creer que nadie le recomendara abortarme.
—¿Quién te ha dicho que alguien le recomendó abortarte? —pregunta frunciendo el ceño y recargándose en su escritorio al ver que no se levanta ni se la toma.
—Alguien debió hacerlo. Debió convencerla.
—¿Me estás diciendo que alguien debía haberle recomendado que te abortara?
—¡No solo recomendado! ¡Convencido!
—¿Estás enfadada porque no convencí a tu madre de matarte? Nunca habría convencido a una mujer como ella de matar a su hijo en sus circunstancias y siendo honesto, me sentiría bastante decepcionado de ti si me dijeras que lo has hecho.
—Era una niña, ni siquiera había acabado sus estudios.
—¿Y qué? Los terminó... una chica tremendamente hábil e inteligente, tu madre.
Un poco precoz en ese asunto, pero te quería. ¡Y no había una sola razón para terminar tu vida! Agradezco enormemente que no lo haya hecho porque la mía no sería la que ha sido.
—Yo la habría convencido.
—Minerva, ¿qué estás diciendo? No seas dura con tu madre... —se humedece los labios—. ¿Querrías... ir a verlo?
—¿Eh?
—El recuerdo que tengo de tu madre adolescente y embarazada.
—Sí.
—Bien, ven. No seas demasiado dura con ella, insisto. Si no fuera por ello no estarías aquí —Albus sonríe un poquito.
—Y no debería estarlo.
—Eso es absurdo, ¡sí que deberías! ¿Qué culpa tenías tú de eso? Tu madre además fue responsable e hizo lo correcto contigo.
—Yo, ninguna, pero aun así era demasiado joven y no estaba preparada. Le eché a perder la vida.
—No, no le echaste a perder la vida. ¿Te ha dicho algo de eso? ¿Han discutido? ¿De dónde sacas eso?
—Es un análisis sencillo, Albus. No lo ha dicho ella. Ni siquiera le he hablado.
—Ella te quería, siempre te quiso. Hace cuarenta y tantos años de esto ¿y ahora mismo estás haciendo ese análisis? —Vuelve a ofrecerle la mano.
—No es la primera vez que lo hago.
—¿Hay alguna de nuestra niñas embarazada? —pregunta preocupado porque además, no parece levantarse—. Ahora lo veras, tu madre era feliz y tú contribuías a esa felicidad.
—No que yo sepa y aun así...
—Aun así... menos mal, estás aquí.
Minerva suspira porque ese no es el asunto.
—Además si tu madre había encontrado a tu padre, un buen hombre capaz de cuidarte y quererte también y protegerte... ¿por qué alguien podría pensar en terminar tu vida?
¿Sabes en qué hubiera terminado eso? Tu madre se habría fugado con él sin acabar sus estudios.
—Claro que no, mi madre hubiera acabado sus estudios, hubiera ido con mi padre y tras unos meses de convivencia se habría dado cuenta que no le gustaba esconder sus poderes y como no habría estado embarazada no habría habido motivo para permanecer con él a pesar del desencanto, así que le hubiera dejado y se hubiera ido con algún mago que tal vez le hiciera gracia durante la época del colegio.
Albus suspira.
—No me parece a mí que tu madre se arrepintiera de nada de todo esto. Tu padre es un buen hombre y yo creo que la hubiera aceptado como es desde el principio
—No hay forma de saberlo, de todos modos.
—De haber querido ir con alguien más, habría podido. Era guapa, tenía buenos amigos y excelentes prospectos aquí, no creas que la decisión de irse con él les dejo a todos contentos —se ríe suavemente. Minerva levanta una ceja.
—¿Sí tenía otros pretendientes aquí? ¿C-Cómo quién?
—Por Merlin, es difícil saberlo. Más de alguno estaba tras ella... déjame pienso.
NodigasAlvinMarchbanksnodigasAlvinMarchbanksnodigasAlvinMarchbanks ¡Ni te digas a ti mismo, por Merlín!
—De hecho... —sonríe —. Aún recuerdo el día en que tú y yo nos saludamos por primera vez.
—¿Eh?
—No fue la primera vez, eras poco más grande ya, pero claramente pude sentirte. Recuerdo a Isobel en mi despacho con el abdomen tan solo un poco abultado...
Le mira, escuchándole.
—Eran otros tiempos y su principal preocupación no era tu existencia, era que alguien la notara.
Aprieta los ojos porque... desde luego, la hija bastarda de un párroco muggle. Por Merlín, podría haber sido la protagonista de una novela de Jane Austen.
—Fue lo bastante lista como para contarle a la mejor persona que pudo haberle contado —es decir, a mí—. Con un poco de coerción. Aun así, no creo que bajo ningún motivo se le ocurriera siquiera la idea de matarte.
—De lo que me quejo es de que a ti tampoco.
—No sé qué te hace pensar que yo alguna vez he sugerido un aborto.
—Es que no puedo creer que realmente pienses que está bien.
—La gente joven puede perfectamente bien tomar decisiones importantes. Tenerte fue decisión de tu madre.
—Eso ya lo sé.
—¡Pero no es una decisión a la que les empujamos!
—Recuérdame que no vuelva a mandar a ninguna niña a hablar contigo si esto vuelve a pasar.
Albus frunce un poco el ceño.
—No me parece que ser madre adolescente sea una buena recomendación... ¡ni decisión!
—Es que no puedo creer que lo que quieras o lo que hagas cada vez que hay una chica embarazada, es dirigirla directamente a un aborto.
—Sí, sí suele ser lo que recomiendo o recomendaría.
—¿Pero directamente? Sin siquiera hablar con la persona, ver qué quiere.
—¡No! Claro que no practico abortos por los pasillos, Albus. Pero sí les diría eso en caso de que sucediera.
—Pero Minerva. ¡Mírate a ti! Quizás tu madre podría haberte abortado justamente a ti, no me parece necesariamente que seas tú la persona apropiada para estar de acuerdo en que eso sea lo correcto.
—Sí, lo hubiera hecho y hubiera sido una tragedia para mí... y nada garantiza que hubiera podido ser más feliz. Hubiera podido conocer a un mal hombre que le hiciera daño o que hiciera daño a otros. Una mala persona de las que apoyaban a Grindelwald... o aunque la alternativa fuera que conociera al mismísimo Grindelwald, un futuro incierto me parece mejor opción que condenar toda tu vida por el error de una noche.
A Albus se le oscurece la mirada de golpe.
—¿¡Quién dice que Grindelwald no podía haberla embarazado igual y haberla dejado a su suerte!? Tener un hijo, Minerva, no me parece una condena —protesta.
La cara de Minerva. No, me niego, no puedes estar emparentada con los dos. Deja de jugar a la Mary-Sue. Ni que fuerais los Black.
Albus piensa para sí que además... eso le haría sentir muchísimo más culpable. Porque ÉL le habría destruido la vida y Minerva además sería hija... de Gellert, lo cual seguramente a Gellert le causaría una risa infinita.
—Eso tendría más gracia que Henry —asiente Gellert.
Haría a Gellert su... suegro. Su demasiadas cosas, pero como diría Sirius, ¡que interesantes cenas de navidad!
Quítale, Gellert, tus sucias manos de encima a Mineva. Minerva es SU niña buena como para que la ensucie con sus problemas. En realidad esto iba de ponérselas sobre él.
—Creo que tu madre habría sido lo bastante inteligente como para no enamorarse de Gellert Grindelwald —sentencia irritado con este tema.
—Solo era un ejemplo, Albus.
Es que se le nota a Albus la incomodidad. Minerva debería de poder notarlo.
—Había hombres mucho mejores alrededor de tu madre que no eran... él.
—Sí, ya... —ahora la mirada cargada de sentido va hacia Albus.
—Me resultaría mucho más simple que me explicaras a qué viene todo esto —se agacha a tomarle él de la mano y tira de ella.
—No viene a nada, solo a que hablé de ello con Poppy. Pero definitivamente sí, tú estabas a su alrededor, eso podría haber sido incluso peor.
—¿Peor? ¿cómo que peor? —pregunta abrazándola un poco de la cintura cuando se levanta.
—¿Tú? ¿Con mi madre? —es que sí se le acelera un poco el corazón.
—¿Q-Qué? —Albus parpadea.
—Eras uno de los hombres a su alrededor, ¿no?
—Tu madre era mi alumna, Minerva McGonagall.
—Yo era su alumna, profesor Dumbledore.
—No recuerdo ningún tipo de encuentro sexual contigo mientras fueras mi alumna. De hecho no me gusta ni siquiera un poco la insinuación, porque no habría sido capaz de aprovecharme de ti a esa edad.
—Solo ejemplifico porqué habría sido peor —suspira—. No digo que pasara.
Albus la mira a los ojos y levanta una mano hasta su pelo haciendo un movimiento y soltándole el moño y ahí va la trenza.
—De todos modos bien que otros no tuvieron tantos problemas —como la pelandusca de Marchbanks que prácticamente te violó en la cuna.
—Otros... —le acaricia un poco el pelo desenredando suavemente la trenza y es que... Minerva no está normal. Lo sabe que no está normal.
—Griselda.
—Griselda —repite e inclina la cabeza y es que se le escapa la sonrisa—. ¿Qué pasa con ella?
¡Yo no era un alumno!
—Por muy poco.
—Por... bastante poco, sí. Era yo un joven muy maduro a sus ojos... —se ríe.
—Y además nunca tuvo marido luego.
—Tuvo uno, muchos años después...
La cara de "bien enterado que estás".
—Minerva...
—¿Qué?
—¿Te pone ansiosa Griselda? ¿Ha pasado algo? ¿Ha escrito para algo?
—No —el que ha escrito es su hijo como te he dicho antes... y estamos haciéndonos una historias, añade para si misma.
Albus se humedece los labios otra vez y se acerca un poquito a ella.
—¿Quieres ir a mi recuerdo entonces? —pregunta con los labios casi encima de los suyos.
—Quiero... —se aparta un poco, nerviosa—. Sí.
Albus se humedece los labios otra vez, pero no insiste ni intenta ir tras ella, sintiendo el ligero rechazo al beso. La suelta. Ella se humedece los labios, nerviosa aun.
—Bien... vamos entonces... —asiente un poquito, más serio que antes y reflexivo. Mueve la varita y ahí viene volando el pensadero, movimientos profesionales entonces—. Recuerda que puedo no recordarlo todo o puede algo estar distorsionado porque no deja de ser un recuerdo.
—Lo sé —se mira los pies.
Albus cierra los ojos y se lleva la varita a la sien, concentrándose en el recuerdo. Lo deja caer en el pensadero. Ella le mira hacer.
—No estoy seguro de que sea tan completo como debería ser... — advierte y la mira de reojo y la verdad, está valorando ahora mismo si todo esto tiene que ver con Mefistófeles. Quizás las flores no eran un indicativo tan concluyente, pero... quizás se arrepentía de haberle echado de ahí. Quizás Poppy le había hecho entrar en razón—. ¿Entramos?
Asiente.
—No te asustes cuando me veas tan joven...
—¿Asustarme? Debías tener... mi edad de ahora, entonces —levanta las cejas.
—Sí. Una belleza despampanante la mía.
Ojos en blanco y sonríe un poco. Él sonríe un poquito al ver que ella lo hace también y le cierra un ojo.
—Luego no voy a tener como traerte de vuelta si te quedas prendida de mí a esa edad.
—Solo es un recuerdo —Se sonroja un poco ahora sí, él sonríe un poco más.
—Y yo soy como el vino, me he vuelto mejor con la edad... anda, tu primero.
—Mejor... —repite e igual ahí va.
—O quizás peor —le susurra al oído cuando han caído en el recuerdo. Y es que está más cerca de lo que estaban arriba. Él en su espalda, aunque no la toca esta vez. En un despacho que Minerva puede reconocer, porque también fue suyo. El despacho del profesor de transfiguraciones... que no es el de subdirector.
Minerva mira alrededor reconociendo el espacio... y la personalidad de Albus en el claro síndrome de Diógenes. El despacho atascado de cosas. Y ahí, sentadito, dando vueltas al chocolate caliente con un dedo, mientras califica, está Albus joven.
Cielos es que... sí que se sonroja.
No tienes remedio, Minerva.
Callaos. Es que si chibi!Minerva que ya no está tenía esa fantasía, esta... las tiene... a veces...
¿Ya no está? No le creo a Minerva que no esté, en serio que no se lo creo.
¡No está! Se ha hecho mayor, ¡Mírala!
Y es que... se mueve, califica y se ríe un poco mientras lo hace, poniendo algunas notas en un examen.
Minerva... se acerca un poco y se sonroja y aunque no lo creas, ahora le sobras aquí, Albus Dumbledore. Tal vez sus próximos muñequitos se parezcan más a este.
De hecho hay una música suave, una voz de mujer, que sale de su varita y el tararea un poco la canción en francés.
Y bueno, es que algo hay que hacer mientras se califica. Y él entonces no tenía tanto trabajo como ahora y podía darse el lujo... Cállenlo por cínico, por favor.
Es que... ¡míralo! Tiene que pararse de acercarse, en serio. Se ve tan joven y tan... guapo, bloodyhell
¿Quieres quedarte un poco a solas con él?
O sea, no... es decir, guapo... o sea, es que así maduro de... o sea que empiezan a salirle canas como a ella pero aun así es... no es que sea... súper guapo así de modelo, que no lo es, pero es... tiene un... o sea un... encanto o... ¡maldita sea! ¡Es que nació puta mierda exageradamente tarde!
Lo dice cual si ya no tuviera ese encanto.
Sí, pero solo imagina que... ¡imagina que hubieran sido de la misma edad! O sea es que ¡imagina que ahora fuera así! Habrían sido la bloody pareja PERFECTA. O sea, que qué habrían dado ASCO. Se lo hubiera tirado TODOS los días. Varias veces. Y se la hubieran pasado besándose en los pasillos bajo un hechizo desilusionador y jugando al ajedrez desnudos. Y ya estarían casados, desde luego y no como Batsheda y Archibald. Por el amor de dios puede venir ya su madre antes de seguir contando todas sus bloody fantasías vergonzosamente.
Albus joven abre su cajón del escritorio, en el que hay KILOS de bolsitas y latitas vacías, revuelve un poco, saca unas cuantas y al fin, consigue el caramelo de limón que buscaba. Se lo mete a la boca sacando un poco la lengua.
Albus mayor está un poco ofendido con estas fantasías porque a él se lo tira diario últimamente. No varias veces, no. Pero igualmente a él no me desagrada besarse en los pasillos con ella. Y lo de estar casados, vale, esa sí se la concede, que seguro estarían casados. Pero no es tan terrible ahora que le hace sentir culpable y quizás debería ir con Elphinstone...
Ugh! No leas esto, Albus!
De hecho sí darían asco. Ya se lo está pensando un poco mejor. Porque si a ella le diera un poco menos de vergüenza podrían dar asco ahora con muchísima facilidad.
¡Pues por eso! ¡Pero no lo leas!
Si te sirve de consuelo lejos de parecerle solo entretenido le duele un poquito el corazón leerlo porque ahora, Albus Dumbledore no es lo bastantemente... bastante para ti. Y es justo por eso, que le ha tomado veinte años.
¡Claro que es lo bastanteee para lo que tienen! ¡Pero no puedes quejarte de que fantasee con una situación mejor! Y más cuando te ve ahí de su MISMA EDAD comiendo caramelos como un demente.
Y además es que sabe SABE que aunque nadie le diga nada, todos piensan así como... "¿En serio, Minerva? Podría ser tu abuelo" Y... si fueran así... no lo pensarían.
No, nadie. De hecho serían... la pareja más obvia y perfecta.
Veees?
Insisto, Minerva, te dejamos un poco a solas con él.
Ugh! Ni siquiera puede verla.
Pero ella si a él.
¿Y qué? ¡De que sirve! ¡Tampoco puede tocarle ni nada! Y además habría sido una boda preciosa y ahora sí sería una Dumbledore.
Y... suena la puerta.
Albus Dumbledore joven levanta la vista y pareciera que mira a Minerva directamente a los ojos.
—Adelante...
Y ella se sonroja de MUERTE paralizándose.
Además se relame un poco el caramelo de los bigotes en un gesto medianamente obsceno.
Es que... ¡joder!
Albus mayor ocupa su gran habilidad para quedarse muy quietecito para que Minerva no le vea.
Maldita sea, ¡encima!
Y es que parece además tan... Feliz, como siempre está, FELIZ completamente de que alguien, quien sea, hable con él en vez de tener que calificar que es aburriiiiiiiido.
Dime que no hacías que Minerva corrigiera los exámenes de los niños de primero y segundo cuando estaba en quinto.
Poooooooooor supuesto que lo hacía.
—Disculpe, Profesor Dumbledore... —ahí tienes a tu madre, Minerva.
El susto que se lleva... ¡Por estar teniendo pensamientos impuros!
¡Pues no es ella la que se está relamiendo de ESE modo claramente obsceno!
¡Está solo!
—Ahh! Isobel. Pasa, pasa
¡Y aun así que hace haciendo obscenidades!
¡Solo se estaba relamiendo! ¡Concéntrate!
No... Pero... ¡Pero! ¡No es como que sea culpa de ella!
—Perdone, Profesor, no quería interrumpirle... —asegura Isobel, sonriéndole un poco.
—No, no... No me interrumpes. ¿Cómo estás? ¿Cómo te has sentido? —pregunta él dando vuelta alrededor de su escritorio.
La mira un poco a ella y es que... se parece, se parece aún más a ella ahora que es joven.
—Bien —asegura ella con propiedad y seguridad, asintiendo.
—Bien… Bien cansada, seguro. Ven, siéntate... ¿sigues con náuseas matutinas?
—Casi ninguna —niega con la cabeza y es sonroja un poco, aunque parece bastante en confianza con Albus.
(Con su suegro, dice Poppy)
(Cállate, Poppy! Es su yerno)
Albus se medio sienta en su escritorio, una vez ha sentado a Isobel en la silla y se cruza de brazos, mirándola con una mueca poco convencida.
La verdad... a Isobel hoy le haría muy... poca... gracia. ¿¡Si ves el tamaño de su hija en esta escena?!
Mírala a ella ahora y verás que bien se verían juntos.
—¿Y de lo... otro? —pregunta Albus cambiando un poco el tono de voz. Isobel niega con la cabeza.
Albus se agacha frente a ella y le sonríe.
—Todo va a ir bien. Vas a estar bien tú y va a estar bien el bebé... —le asegura.
—El bebé... aun no debe saber ni su sexo —susurra Minerva reflexionando.
—No... —susurra Albus mayor.
—Hoy... pasó algo distinto —susurra Isobel, mirando a su profesor.
—¿Qué? —pregunta Albus inclinando la cabeza. Isobel se mira las manos y pone la espalda recta.
Minerva la mira, escuchándola con atención.
—Es perfectamente normal, de hecho estoy segura que es algo bueno —asegura Isobel la verdad más a si misma que nada, con esa actitud de... lo que estoy haciendo es un poco idiota, es un drama y no debería hace run drama ni asustarme para nada por nada de todo esto.
—Que va a ser bueno —protesta Minerva apretando los ojos.
—¿Qué ha pasado? —pregunta Albus preocupado y se le nota, cómo es que está pensando muchas cosas a la vez, tratando de leerla.
Minerva se detiene de ir a tomarle del brazo para darle apoyo, sonrojándose otra vez porque no puede ir con él. ¡Es que joder!
—Se ha movido —puntualiza su madre y levanta un poco la mirada hacia Albus, para luego bajarla otra vez, con el gesto estoico. Albus levanta las cejas y sonríe un poco. El abuelo, Albus.
Se va a mover cada vez que esté él aquí, desde luego... piensa Minerva para sí, revolviéndose.
—Oh... ¿Ahora? —pregunta Albus, sonriendo un poco.
—En la mañana... y ahora se ha movido un poco... Oh... esto es extraño —cierra los ojos.
Albus da un par de saltitos en su lugar, un poco emocionado, la verdad.
—Puedo... —empieza Albus y luego parece arrepentirse. Se pone las manos en la espalda.
—Bloody hell —murmura Minerva.
—¿Qué? —pregunta Albus mayor ante semejante protesta.
—¿To... carlo? —pregunta Isobel insegura y a decir verdad, se sonroja un poquito. Pero es que el profesor Dumbleodre era amable... y sinceramente había hecho bastante de buen amigo todo este tiempo. Casi como para ser padrino del bebé. Le mira de reojito.
—Hiciste... me pasaste magia a través del útero, ¿verdad? Debiste hacerlo.
—¿Magia? ¿Qué tipo de magia? —pregunta él acercándose desde las sombras.
—Pues la tuya.
—Te enamoré desde el útero de tu madre... si eso es posible —sonríe un poco y le pone una mano en la espalda mientras Isobel se echa atrás en la silla y se estira un poco.
¡Minerva se sonroja porque justo a eso se refería pero no así!
—A decir verdad, te quise desde que estabas ahí... así que yo llevo más tiempo queriéndote a ti del que tú llevas queriéndome a mí —especifica Albus mayor, sonriendo un poco, de lado.
Y ahí va la mano de Albus joven. EL MOMENTO electrificante.
—¡Lo ves! —protesta porque hasta rayo de luz amarillo le ha parecido ver.
—¿Cree que está sano y bien? ¿Cree que me quiera pese a... todo? —pregunta Isobel en un fugaz momento de debilidad.
—Yo... creo que va a ser niña. Una niña lista como su madre —asegura Albus joven, el insoportable.
—No, no te va a querer. Por Merlín, mamá... ¡Albus! —protesta Minerva.
Albus mayor se ríe y abraza un poco a Minerva.
—¿Por qué protestas así? Vas a querernos a ambos... desde luego.
—¡No debiste decirle eso! ¡Así se encariña!
—¿Se encariña? Pues claro que se encariña, ¡menos mal! ¡Eres terrible, Minerva! —protesta Albus mayor, mientras el pequeño da un saltito.
—¡La he sentido!
—La. LA. Por Merlín, ¡¿cómo no vas a sentirme si acabas de insuflarme toda tu bloody magia?!
Albus se ríe con eso negando con la cabeza.
—Pues es que ahí supe que serías toda una mujer.
—¿Cree que sea niña, Profesor? ¿En serio? —pregunta Isobel un poco sorprendida de las PATADAS que está dando.
—Ugh, esto es un poco humillante.
—¿Qué tiene de humillante, Minerva?
—Sí, sí que creo que será niña. Su padre va a estar muy orgulloso de ella.
Le mira de reojo porque... básicamente, su percepción es lo que lo es.
—Relájate y mira como tu madre está completamente feliz de que estés ahí pateándola por dentro.
—Aun así... no debería estarlo. Sé que me quiere, no lo he dudado nunca, pero no debería estarlo.
—¿Por qué no debería? Solo porque tú no lo hubieras estado... créeme... —Albus vacila un poco y su joven yo se muere de risa con una de las patadas.
Minerva le mira de reojo y se muerde el labio porque maldita sea... Seguro también estaría ella embarazada ya. O lo habría estado.
De hecho no lo estuviste a esta edad porque Albus Dumbledore... tiene un tremendo autocontrol sexual y no se deja seducir por una mujer de 15.
Sí pero de haber tenido la misma edad. Seguro SEGURO ya serían padres.
Sí. SEGURO. De hecho probablemente habrían sido padres a los diecisiete.
Cielos... No, en su fantasía no, así que callaos.
—¿Quieres ver algo más? —pregunta Albus mayor, sonrojándose un poco porque sigue ahí toqueteando la panza de la pobre de isobel.
—Sí... —aunque no quiere irse porque mira que mono es. Y es que seguro estaría así si ella fuera la embarazada. Con sus propios hijos. La niña rubia parecida a Ariana que nunca nacerá.
De hecho, probablemente estaría igual de ridículamente emocionado aún si el niño no fuera suyo. Solo por ser tuyo. O sea si Minerva estuviera embarazada de un niño que no fuera de Albus. Albus estaría igual de idiotizado con el concepto Minerva embarazada, pero si fuera suyo, dios nos libre. Sería un desastre.
—De hecho... no te conocí cuando naciste, ¿sabes? —cuenta Albus mayor.
—Ya me imagino... ¿No te invitaron al bautizo?
—No invitó a nadie que pudiera delatarla —digamos que sus atuendo de estrellas no ayudaban.
Minerva suspira porque ese asunto.
—Igualmente sabía que vendrías aquí tarde o temprano... ¿quién firmó tu carta? —sonríe un poco y la mira de reojo.
—De cuando aún te ocupabas de la burocracia —le mira de reojo. Ojos en blanco.
—Me ocupé de la burocracia hasta que tuviste edad suficiente para ocuparte tú —el cínico.
—Que bonito.
—Sí es bonito. ¿Ya estás menos enfadada? —Albus le da un beso en la mejilla.
—No —pero sonríe un poco.
—¡Oh, por las barbas de Merlín! ¡Mira a tu madre y dime que no está feliz e ilusionada!
—Aun así... —Es que los mira otra vez y otra vez se le van los ojos a él.
Albus joven que está fascinado tocando bultitos sobre el abdomen de Isobel.
—¿Ya sabes cómo la vas a llamar? —pregunta curioso.
Maldita sea, tal vez no debió pedirle esa poción abortiva a Poppy... Ya le tendrías ahora mismo enseñándole magia al vástago. Isobel niega con la cabeza.
—Depende...
Es que sigue mirándole... a él.
—El nombre de una Diosa, quizás... —digno nombre del hijo de un pastor... Un nombre no Cristiano.
—No... —susurra Minerva, porque esto NO ES POSIBLE.
—No sé cómo tú madre consiguió convencer a tu padre de tu nombre... —reflexiona Albus mayor.
Mira que hasta le mira a él ahora.
—Esperaría uno un nombre Cristiano, ¿no? —valora mirándola de reojo.
—¡Bastante dio que hablar!
Se ríe y se mira a si mismo sugerirlo.
—Es un bonito nombre, ¿no crees?
Debe haber habido una bloody contracción del universo o algo.
—Vamos fuera —propone Albus mayor. Despídete, Minerva.
La cara de desconsuelo. Albus la mira de reojo y sonríe un poco, medio malicioso. De todos modos ella asiente con resignación.
—No he dejado de observarte y veo que mis temores no estaban infundados...
—¿Q-Qué?
—Belleza despampanante...
Inclina un poco la cabeza sin entender. Albus se ríe negando con la cabeza y tirando de ella para salir. Y ahí va con él, Albus riéndose bajito igual.
—¿Y bien?
Bueno, por lo menos podemos descartar este asunto de que fuera su padre... aún falta el tema con Alvin Marchbanks pero eso ya lo resolverían
Y ahora ya sabes que te pasó la magia y te puso el nombre. Bueno no LA magia
¡Ugh con eso!
Te paso una magia rara. Eso debe resolver el misterio de por qué sientes su magia, querida
¡Tal vez!
Albus le sonríe igual, levanta la mano y le quita un mechón de pelo que se le ha ido a la cara. Porque por lo visto estás despeinada a su alrededor y peinada con trenza cuando no está.
—Me sorprende no haberte enseñado ese recuerdo antes...
Suspira un poco.
—Esos suspiros... ¿Qué piensas?
Minerva niega con la cabeza porque seguro es una de esas cosas que... quería hacer y luego se olvidó por tener que hacer un millón de cosas más importantes y urgentes que hacer.
—De tu madre... me refiero a tu madre y... tú de pequeñita. ME habría gustado verte de recién nacida —por si esto no era lo bastante raro ya.
—¿Por?
A ver si te parecías a su hijo o no... para salir de dudas. Comenta Poppy.
—Bueno, eras un bebé al que quise y protegí de pequeño...
—¿Cómo, si no me viste?
—De pequeña en el útero de tu madre, me habría gustado verte después.
—Lo hiciste... once años más tarde.
—Vamos a la cama —Albus se ríe.
Se sonroja de golpe con eso
¡Pues es que llevas como tres semanas yendo a la cama así súper naturalmente! Ahora desacostúmbrale, anda.
¡No lleva tres semanas!
¿Ya llevan cuatro?
¡No! ¡Ni siquiera ha sido la luna aun!
Vale pues... tres. De igual manera Albus le sonríe.
Ella le mira un poco sonrojada aun.
Él vacila un instante y se sonroja un poco porque... Bueno, este parecía un acuerdo tácito en los últimos días. Ahora duermes aquí y es normal... aunque hoy no parece tan normal.
—¿P-Pasa algo más?
—No... no.
—¿Pero...?
—¿P-Pero?
—¿Pero... hoy no quieres?
—No he dicho eso...
Albus sonríe un poco con esa respuesta.
—Entonces ven —extiende la mano. Ella se la toma, él le aprieta un poco—. Estoy empezando a... acostumbrarme demasiado a esto...
—¿Y eso es... malo?
—Lo es cuando eres un anciano como yo, acostumbrado —eres demasiado cínico—, a la rutina.
—¿Cuál demonios de rutina?
—La de todos los días... ahora la rutina incluye dormir contigo.
—La de no seguir ninguna rutina.
—Tenía una rutina muy específica... que implicaba dormir solo todos los días, casi, a excepción de las noches en las que te quedabas tú... —la mira de reojo y sonríe.
—¡No me quedaba!
—De vez en cuando lo hacías, claro que sí. Cuando se hacía tarde y había que terminar...
—¡Pero no a eso!
—Y a dormir. Por Merlín, tú también estabas —se ríe y es que... Hasta aquí termina su habilidad. Ahora están en su cuarto y... él solo sabe hablar.
—Ugh —se sonroja otra vez.
—Ese ugh es siempre todo menos halagador...
—¡Pues es que mira que cosas dices!
—¿Qué cosas digo?
—Que me quedaba... como si...
—Si te quedabas, como sí... en realidad sigo pensando que era como sí..
—¿L-Lo era?
—No porque ahora sí y no es igual, pero... A mí me parecía entonces que sí.
—Te lo parecía.
—Pues me parecía que era... todo muy cercano, querida.
—¡B-Bueno! ¡Lo era!
—Lo era, todo lo cercano que podía ser con alguien...
—Obviamente no.
—Todo lo cercano que yo podía ser con alguien —se sienta en la cama.
—Que estemos aquí es la prueba clara de que podías serlo más.
—Ya, ahora lo veo... y pienso que esto podría haber sido así desde antes. Debiste besarme hace veinte años.
—¡Por Merlín!
—No te estoy reclamando, solo digo que seguramente si lo hubieras hecho... habría yo entendido el mensaje mejor —la mira y le sonríe.
—No me vengas ahora con que no tenías ni idea, Albus Dumbledore —A.k.A. Mente más brillante del siglo veinte. O voy a pensar que Gellert Grindelwald tiene razón.
—Ahora pienso que no tenía idea de lo que me estaba perdiendo, sí —se le acerca un poco y le da un beso en la mejilla.
Aprieta los ojos.
—¿Me puedes dar un beso?
Minerva se sonroja y asiente UNA SOLA VEZ. Albus sonríe un poco.
—¿Como el primero?
—¿Eh?
—Como el primer beso.
—¿Por... error? ¿Casi accidental?
—No ese beso... El de mi despacho.
—Ah... ese —se humedece los labios—. No creo que haya otro como ese. Ni aunque lo hubiera.
—¿Nuca más?
—Bueno... podría, pero no, creo que no.
—¿Te refieres a esa ansia... ? —ugh, la sutileza.
—¿Q-Qué? ¡No!
—¿Entonces?
—La... sorpresa, más bien.
—A mí me sigue sorprendiendo.
—¿Lo hace? ¿Por?
—Aun soy incapaz de pensar en cualquier otra cosa mientras lo haces...
—Entonces es que lo estoy haciendo bien —sonríe un poco.
—No deja de impresionarme es... relajante. Como silenciarlo todo... casi.
—¿Casi?
—Todo menos a ti.
Ella sonríe un poquito.
—No sé cómo es que lo haces, pero me gusta.
Se sonroja otra vez de forma evidente (Como si las otras veces no fuera evidente.) Albus le sonríe de vuelta.
—Te sonrojas.
—¿Q-Qué? ¡No! ¡No es verdad! —manos a la cara.
—Hace rato pensé que habías perdido esa habilidad...
—Ugh!
—Y sinceramente es una de las que más me gustan. Anda, ven... ven aquí sobre mí.
Ella se acerca, nerviosa, Albus la mira a los ojos y ella también, sonrojándose un poco más
—T-Te he contado... sobre la vez... —así es como ustedes van por el mundo y consiguen no acostarse, porque Albus habla demasiado—. Que me perdí en el desierto y...
La verdad es que esta vez... le escucha.
—Había ido ahí a investigar sobre la arena con solo una tetera en mis manos... —la mira y le acaricia la cabeza.
Se apoya un poco sobre él.
—Mientras bebía los restos del té, esperando poder usar la tetera, vi a un ser acercarse hacia mí... dejaba un rastro en la arena al andar... Y por un momento pensé que era un espejismo.
Levanta las cejas, mirándole.
—Tarde en notar que no era un ser... eran dos. Un hombre a caballo.
—Oh.
—Resultó ser un rey.
—¿Un rey de qué?
—De su gente...
—Ya, pero ¿quiénes eran su gente?
Albus sonríe de lado.
—Un verdaderamente limitado grupo de personas, que intentaban comprarme alfombras.
—¿Por qué vendías alfombras?
—No, en realidad no vendía alfombras. Pero no era difícil transfigurar una para ellos... —de verdad, Minerva, te está contando la historia más random del universo.
—¿Y qué quería el rey? —eso está empezando a notar.
—Una alfombra voladora, claro.
—A saber quién le había hablado de ello.
—Ah, son muy comunes en oriente medio... y por lo visto yo tengo cierta cara de faquir.
La cara de circunstancias.
—Debe ser la barba... aunque soy bastante menos moreno de lo que debería... —le hace un cariño en la mejilla.
—Eres cero moreno para eso.
Albus se ríe.
—Soy más blanco que la clara de huevo cocida, es verdad... y en el sol del desierto. Quizás pensó que mi color natural era rojo.
—Una criatura fantástica.
Se ríe un poco más.
—En el sentido verdaderamente fantástico. Yo que soy un perpetuo optimista voy a tomar eso como un cumplido.
—No del... todo —sonríe igual.
—Me has llamado fantástico. Soy fantástico.
Se ríe, negando con la cabeza y es que le gusta hacerla reír, mucho.
—Luego vienen a decirme que por qué me siento un gran mago... Minerva McGonagall me ha llamado "fantástico". ¿A cuántas personas llama "fantásticas"?
—¡No puedes decirlo a nadie!
—¿No puedo decir a nadie que me consideras fantástico... ?
—¡Exacto!
—¿A qué se debe la restricción? ¿Acaso les has dicho a tus amigas que definitivamente soy malo en la cama? —Tuerce un poco la boca.
—¡Claro que no!
—Peor aún... ¿no en la cama?
—¡Esos son detalles íntimos!
Albus se ríe.
—Eso igualmente me hace preguntarme... dado que son detalles íntimos y son conmigo...
¿Estás, ehm... conforme? ¿Hay algo que deba mejorar? Porque decididamente no soy un experto en ese tema y he estado leyendo...
—¿Qué has leído?
—Cosas... que no responden a mi pregunta. Podría leer cosas más útiles si me dirigieras.
—¿Cómo cuáles?
Albus, deberías dejar de leer revistas de chicas.
—Hice hoy un test sobre si soy bueno o no... en ello...
—¿Un... test?
—Sabes... de esos que ponen las revistas —hola, mi nombre es Albus Dumbledore y no me avergüenza decir esas cosas. "Leí esto en una revista de chicas."
—¿Y?
—Y estamos teniendo esta conversación.
—¿Por lo que te dijo el test de una revista para niñas de quince años?
—Por lo que me dijo el test de una revista para niñas de quince años es que te estoy preguntando... Es una pregunta válida y mejor preguntar qué no hacerlo.
—Quiero saber qué te dijo.
—Algunas cosas sobre la iniciativa y la inhibición... que no me sorprenden del todo.
Por lo visto quizás no fuera mala idea que viéramos revistas pornográficas juntos.
La cara de dafuq.
—A mí me parece que no vamos a VER nada de eso, pero sí que creo que podríamos leer...
—¿El qué?
—¡Pues dependerá... de lo que tú digas! Me estás poniendo genuinamente nervioso.
—¿Qué crees que voy a decir yo para que pienses esto?
—Quisiera saber mejor qué vas a decir y punto... —y es que... en realidad se está comiendo el coco con qué coño está pasando hoy que no están activamente haciéndolo.
—Ya... pero yo prefiero saber qué piensas tú.
Albus se ríe.
—Yo... sé. Lo sé. Y en este tema en concreto me siento un chico de quince años en un cuerpo de bastantes más, así que... Minerva, querida...
—¿Qué?
—¿Qué tengo que hacer?
—Relajarte.
Parpadea porque no esperaba esa respuesta.
—Rela... relajarme —repite y sonríe un poco, sinceramente.
—Eso es.
Albus la mira y le vuelve a hacer un cariñito en la frente. Se le acelera un poco el corazón, porque lleva desde que apareció en su despacho con unas ganas bárbaras de darle un beso... que no le ha dado, justamente, por no relajarse. Ella le sonríe un poco.
—Es fácil relajarme contigo —asegura... haciéndolo desde ya, sinceramente. Se estira un poco—. Voy a besarte...
—Eso es bueno —no se aparta esta vez.
Le pone la mano en la nuca y creo que esta vez, es ÉL el que te va a comer.
No pues... qué va hacer si no dejarse, abrazarle de la cintura.
Dejarse, pobre víctima. Taaaanto esfuerzo. Y es que en el fondo, sí le agobia. Le agobia Mefis, le agobia no ser joven, no ser lo bastante hábil en esto o lo bastante impresionante. Le agobia bastante que todo esto te decepcione, que estés viendo demasiado de él, tanto que al final descubras que no le quieres lo bastante. El niño perfecto se agobia cuando no es perfecto.
¡Pero si ya sabe que no es perfecto!
Ya, ya... aun así le gusta intentar serlo y no le gusta no serlo.
Pero no va a dejar de quererle... a no ser que siga destrozando la vida de las niñas embarazadas a las que prohíbe abortar.
No les prohíbe abortar, mata niños. De hecho lo único preocupante de esto es que... es como una cebolla. Y Albus siente que hoy le ha quitado una capa bastante gruesa.
Pues solo faltaría, les destroza la vida, el rompehogares. ¿A quién?
¡Ella a él! Le ha contado un montón de cosas, pero un MONTÓN.
¡Que va a contarle un montón!
¡Claro que sí! Si le contó de Gellert y de su hermana y también peleó con Aberforth, de verdad necesitaba este beso.
Vale, vaaaale. Solo que hoy no va a pasar más allá del beso
Oh... ¿C-Cómo? O sea Minerva, tienes una labor compleja ¿va a... hacerse la dormida o algo así? Porque si no, evidentemente él va a notarlo y creo que se va a comer el coco la mitad de la noche pensando en porqué por eso preguntamos cómo es que va a hacerle, de manera bastante textual.
Solo le ha bajado la regla.
Oh... ¿Va a decirle?
Tarde o temprano tenía que pasar. Ah, no lo sé, o sea... depende de qué haga él. O sea, si mete la mano ahí pues... ni siquiera hará falta, por ejemplo.
Ya, sí, no pasa nada... en realidad solo es que... él va a ir a intentar que ocurra como han hecho. Ugh, Minerva.
Pues por eso estaba así con el tema de su madre.
Albus Dumbledore y las cejas directas al cielo cuando se vea el dedo ensangrentado y el largo OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOH
Y la otra muerta de la vergüenza.
Risita. Ohh
¡Se va a ir a dormir a su despacho! Nunca la vas a sacar de ahí. NUNCA.
No se va a ir a dormir a ningún lado. Albus la abraza con fuerza, la enreda con su barba si es necesario.
Noooooo Ugh ugh ugh
Sí. Puedes comer migajas si quieres.
¡Suéltala! ¡Suéltala, cochino! ¡Suéltalaaa!
Nop.
Uuugh
Está amarrada y él no deja de reírse un poco como si fuera un niño pequeño
Tieneslareglaaaaaaa
¡VealavartelasbloodymanosbloodyAlbusDumbledoredeloscojonesporMerlín!
Como le dejes va a ir a meter la mano ahí otra vez y a preguntarte si se pueden tener orgasmos mientras tienes la regla.
¡No va a meter nada ahí mientras tiene la regla!
No tiene que meter nada, puede solo tocar. Es una pregunta por pura cusiosidaaaaad.
¡No va a tocar nada mientras todo está sangroso!
Pero si ya tiene el dedo sangroso... Míralo...
¡Lávalo!
No va a irse a lavarlo. Si acaso estirará la mano y lo limpiará con un calcetín sucio.
Uuuugh!
Aunque hay un principio básico en la alquimia... Lo semejante diluye a lo semejante.
¡Usa agua entonces! ¡Y jabón!
Es que se muere de la risa. De verdad, que le caes jodidamente bien. Dice que puede usar saliva. Solo para ver si le detienes.
¡Te va a llevar al bloody baño de la bloody oreja!
¡Noooooooo! Ugh, para, ¡para!
¡Puees!
¡Solo es sangre!
¡Es insalubre!
No lo es... a menos que esté enferma.
¡No! ¡Pero igual!
Vaaaale, vale, se limpia las manos y deja sus partecitas íntimas en paz. No hay orgasmos para ti esta noche.
Cielos con los diminutivos. Orgasmitos.
No sabíamos que le gustaban los diminutivos pero ahora que nos dice...
¡No le gustan! ¿Se ha lavado ya? ¡Le va a echar agua con la varita hasta dejarlo en remojo del todo!
Sí, sí que se ha lavado ya el dedito con sangrita
Ahora está todo limpito y listo para dormir abrazaditos
—He leído también que hay orgasmos por medio de los pechos.. ¿qúe sabes de eso?
Güat? Albus Dumbledore te está haciendo la pregunta perfectamente en serio.
—L-Las... what?
—Orgasmos de pezón los llaman.
Ese bloody nombre. Pues ella preguntó y con este sujeto es difícil que no llame a las cosas por su Voldemort, digo por su nombre.
—Ugh! No... no.
—Oh... Mmm... ¡Es decir, es algo que de verdad nunca has probado! —la sonrisita
—Pero suena doloroso ahora.
—Vale, no tiene que ser ahora... solo es algo que leí. Lo intentaremos otro día.
Sonríe un poco, aliviada. Albus se pone boca arriba y abre los brazos, para que se acueste ahí otra vez.
Ahí va y él se acurruca y mueve la mano, apagando la luz.
—¿Es cierto que es posible que manchen las sábanas mientras duermen?
—Sí, de hecho, debería ir yo a asearme —hace para levantarse.
—Nooo... que eres capaz de no volver —protesta un poco mirándola de reojo.
—¡Albuuus!
—¿Me prometes que vuelves? —pregunta quitándose los lentes y poniéndolos en la mesita de noche.
Se sonroja.
—Entonces te quedas aquí, lo más que puedo hacer es asearte con la varita —eres su prisionera.
—¡No! ¡No! Vale, vale, ¡vuelvo!
—Mmm... Confiaré en ti —la suelta... sonriendo.
Se levanta... Él la mira hacer y... bueno, le alegra saber que va a dormir hoy. Aunque va a esperarte despierto.
¡Ugh! ¿En serio? ¡Duérmete, Albus!
¡Le has prometido!
¡Pero no tiene por qué esperarle!
Tiene porque le gusta que le haga cariñitos antes de dormir.
¡Cielos!
¿Qué? ¡Se los haces igual!
Que además ella está... un poco blandita.
¡Y QUIERE HACERLE CARIÑOS!
NOOOOOO
Ni siquiera entendemos por qué lo niega si él está diciendo que quiere que le haga cariñitos
Porque... ¡Ugh! ¡No!
De nuevo ese ugh. Si quieres cariñitos tú también no temas, te hará.
¡Pues! ¡Uuugh! ¡Quiere un cubo!
Un cubo... Mmm... Sería incómodo dormir con un cubo en la cabeza.
¡No tanto como todo esto aparentemente!
¿¡Pero qué tiene de incómodo dormir con cariñitos?! Si quiere unos especiales, que le diga.
¡No! ¡No va a meter los dedos ahí otra vez!
Es decir, sí hay alguno concreto que... ¡Oh! Vale, vale, si eso quiere...
¡Que no!
¡Pues nadie habló de eso más que ella! Albus pensaba en otras cosas como en el brazo o en el pelo.
Pues... ¡Pues! ¡¿Qué hace pensando en eso y diciendo sobre concreciones?!
Bueno ¿quiere o no quiere cariñitos en sus partecitas íntimas ahora que se esconda en su barba?
¡No!
Tienes una oportunidad de decir que si. Parpadea dos veces.
¡Ugh! Se cubre la cara con las manos.
Eso es que sí, ¿verdad? Albus tiene dedos largos y si te cubres la cara llegará a todos los lugares que has imaginado.
¡No!
Conocemos a los tsunderes.
¡No es nada de eso!
Si definitivamente no quieres, bajo ninguna circunstancia, cruza las piernas.
Las... aprieta pero no las cruza ¡Pero no significa nada!
¡Mira tú! Lo supimos desde el principio. Ahí va, discretamente a hacerle cariños en el culo.
¡No! Le aparta las manos súper nerviosa
—Shhh... ¿Te acuerdas lo que me pediste hace rato?
—¿Eh?
—Que hiciera que... cuando te dije que qué tenía que hacer.
Parpadea porque... no se acuerda.
—Que me relajara... relájate.
Asiente.
—Estas calientita... —susurra yendo a la zona en cuestión.
—¡No! No, en serio —pide y se esconde.
—Shh...vale, vale... no lo digo en voz alta... —sonríe con completa curiosidad de todo esto... y de ver ella cómo reacciona.
Es que... quiere pero no quiere.
Claro que quiere y le da vergüenza.
No... O sea, sí, pero también...
Mueve un poco los dedos y con suavidad le mete iba pierna entre las suyas para que las abra un poquito.
Ugh, no, venga, en serio...
No seas guarro, Albus. Se detiene un poco sin hacer nada.
Sí, déjalo, de verdad, solo abrázala y ya está.
Mueve la mano y se la pone en el culo porque Minerva parece sufrir... le hace unos cariñitos ahí. Ella se escondo otra vez y se relaja un poco.
—No vas a... cambiar de idea, ¿verdad? —susurra ella.
Albus mueve un poco la mano hacia arriba, al hueco de la espalda y la extiende ahí, pensando.
—No creo que pueda... si me da miedo que no vengas una noche.
—Pero siempre... cambias de idea.
—Siempre creo... que esta vez tendrás bastante y no vas a volver... —ralentiza su respiración.
—Pero si yo siempre estoy.
—Menos mal... —susurra y la aprieta contra sí.
—No lo hagas —suplica en un susurrito.
Albus se humedece los labios cayendo en la cuenta de que... ahora mismo, haría mucho más daño yéndose del que hará quedándose.
—Siempre lastimo a la gente que amo... pregúntale a Abe...
—Todos lo hacemos, se llama convivencia.
—Vamos a hacerlo... hasta que ya no puedas más conmigo.
Ella asiente porque lleva toda la vida... sin cansarse así que parece un buen plan.
—El día que eso ocurra, solo... dímelo. Y yo... —hace una pausa porque no le gusta la idea—, ¿puedes volver y... seguir hablando conmigo...? ¿Por favor?
—¿Eh?
—El día que pase y... te vayas de esto así, por la razón que sea. ¿Puedes seguir... siendo mi Minerva? No así como ahora, pero... como antes.
—¿Y por qué iba a irme?
Niega con la cabeza y se encoge de hombros.
—Esas cosas pasan... —susurra—, la gente cambia y quizás ocurra en un tiempo. Si es el caso...
—Mmmm... —se esconde porque seguro que se refiere a él.
No sabe a qué se refiere ni siquiera pero en términos generales está seguro de que será su culpa.
¡Pues claro que será su culpa!
Ugh. Lo que quiere es que el día que le deje, que va a dejarle y seguro tendrá motivos... aún le quiera un poquito.
¡Eso también será su culpa!
Le da un beso en la cabeza porque es buena esa respuesta y ella suspira porque no quiere pensar en esto
—No voy a irme a ningún lado —le asegura—. Si voy, siempre volveré. ¿Vale? Las cosas están bien ahora, ¿por qué sufrir por lo que puede o no pasar?
Porque tiene la regla y es emocionalmente inestable por las hormonas, ¡No seas idiota y le des la culpa!
—Mírame... —le pide. Ella lo hace por ahí entre el pelo—. Sonríe... o voy a empezar a contar chistes malos.
Aprieta los ojos y sonríe. Albus se ríe
—La amenaza de los chistes malos siempre funciona... ¡como si contara yo chistes tan malos!
—Sí que lo haces —¿Entonces por qué sonríes?
—Son buenos... ¿sabes que se robaron todas las sillas de mi despacho? —pregunta y suspira—. No saben cómo me siento ahora.
Facepalm. ¡Deja de sonreír o no va a parar!
—¿Para qué va una caja al gimnasio?
Niega con la cabeza.
—Para hacerse caja fuerte.
Es que la mirada que le echa. Albus se ríe de su propio chiste malo. Minerva se tapa los ojos con vergüenza ajena.
—¿Cómo maldice un pollito a otro pollito?
Es todo un logro de veras que sigas insistiendo con la mirada que te está echando. Ahí se ve el gran poder de un mago, le sonríe porque este le gusta mucho.
—Caldito seas.
Porque no te ha convertido ya en piedra es un misterio universal. Ella insiste que lo que le hace gracia es la cara que pones cuando los cuentas.
—¿Que le dijo una dona de glass a una de chocolate?
—Estoy empezando a entender por qué temes que me vaya.
—¡Ah! ¡Pero qué fuerte! Eres una desglassiada tú también.
Se tapa la cara con la mano... (e intenta cubrir que se está riendo, la verdad)
—¿Qué es negro por fuera y amarillo por dentro?
Otra vez le mira.
—Un pollito dementor —responde entre risas
—Mereces un beso por eso —suelta sin pesar, refiriéndose al beso de dementor.
—Uno tuyo, de los que me roban el alma...—responde.
—Yo no soy un dementor.
—Quiero mi beso.
Se sonroja.
—Tú lo dijiste.
—Sí, pero...
—¡No puedes prometerme besos que no vas a darme!
—¡No fue una promesa!
—Este es un castigo injusto —hace un mohín.
—¿Castigo?
—Pues es prometerme un postre y luego quitármelo
—¡No te lo he prometido!
—¿Por qué hoy no quieres besarme? —protesta un poco—. A pesar de mis chistes!
—¡No he dicho que no quiera!
—¿Entonces por qué no lo haces? —Albus sonríe.
—Porque... ¿¡por qué no lo haces tú?!
—Porque yo soy muy torpe... —Albus se ríe.
—¡Valiente excusa!
—Es una extraordinaria excusa.
—¡Claro que no!
—¿¡Qué tiene de mala?! Además tú me dijiste...
—Pues que... ¡Ugh!
—De hecho... si tú me pidieras un beso, te lo daría —Albus se ríe otra vez.
—Si yo te... —se sonroja un montón
—Pidieras. Si me pides un beso o dos o cinco te los doy.
—P-Pero...
—¿Qué?
—Yo...
—Solo es cuestión de pedirlo —la sonrisita, de estarle tomando el pelo.
—V-Vale —sí, según ella esa es una petición en toda regla.
—¿Vale... ? Vale ¿qué?
—¡Pues vale!
—¿Pues vale me lo pedirás? ¿O pues vale... quieres besos?
—¡Ugh! ¡Albus! ¡Ya lo sabes!
Albus se ríe porque es muy mona.
—No, no lo séeee —vale, ahora si te está tomando el pelo.
—¿Y esa es la mente más brillante del siglo XX?
Se ríe más, se estira y le besa.
¡Menos mal!
Pues es que ella...
¡Pues es que él!
